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Relato Porno:”¿Hasta qué hora juegan al domino?”

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abril 2nd, 2013 >> Amateurs, Porno

¿Hasta qué hora juegan domino?

Hola, les voy a contar la historia de cómo lo hice por primera vez y donde fue.

Todo comenzó en una fiesta en el instituto donde estudiábamos ambos, estudiábamos para ser paramédicos y esta era la fiesta de despedida. A ella a quien llamaré “Mery”, la conocí ahí, no éramos buenos amigos, solo nos juntábamos en los recreos y cuando salíamos del instituto, pero uno de hombre siempre anda con la malicia… ¿o no?… ella era bajita, pero de piernas bien largas para su tamaño, su cabello le llegaba hasta la cintura, sus pechos eran pequeños pero firmes y apretaditos como si fueran dos naranjas duritas, su culo era redondito y prominente, unos labios carnosos y unos ojos que decían “estoy caliente”, bueno eso último tal vez me lo imaginaba yo.

Fuimos juntos a la fiesta, porque si bien no éramos pololos, éramos amigos y compañeros, pero cuando la vi llegar con ese vestido… era negro, ajustado al cuerpo, tan pegadito que se podían distinguir perfectamente cada contorno de su cuerpo… incluso por su escote, que era bien generoso para los califas que fueron a esa fiesta, me incluyo, se veía por el que no llevaba sostén y lo confirmaban los pezones que se dibujaban por debajo de esa ajustada tela. Esta demás decir que se me paro en el acto, me costaba disimular mi erección ya que se me ocurrió la genial idea de ir sin ropa interior, lo tenía tan duro que podía sentir mis palpitaciones en él. Todo ocurrió con algo de normalidad, si no fuera por mi erección y que no podía sacarle la vista de encima de sus pequeños pero deliciosos pechos y estoy seguro de que ella lo noto. También noto mi herramienta dura cuando ¡por fin sonó un lento! Me apegue a ella y mis manos disimuladamente comenzaron a tocarla, ya no aguantaba más, tuve que ir al baño y me pajie… estaba tan caliente que no tarde más de veinte segundos en acabar. Cuando Salí del baño me pidió que la llevara de vuelta a su casa (en locomoción colectiva, aun no tenía mi propio vehículo) y yo la lleve.
Cuando llegamos ya eran como las 02:30 am y en su casa estaba su papá, su mamá y sus hermanos mayores jugando domino. Me invitaron a jugar y a tomar una piscola a lo que accedí. Poco a poco se fueron a acostar solo quedábamos Mery, su papá y yo, cuando le gane tres veces seguidas me dijo, bueno yo me voy a acostar, se levantó se despidió y se metió en su pieza, pieza que tenía su puerta frente a nosotros a dos metros de donde estábamos sentados. Mire a Mery y ella me pregunto que si me quería quedar (dentro de mi casi le pego, ya eran más de las 4 am y a esa hora donde encontraría locomoción, ya que yo no tenía vehículo), si le dije y ella sonrió.

Me ofreció otra piscola, el número de esta no lo sé ya me había tomado varias, ya estaba hablando algo traposo; cuando se levanta del sillón para servirme la piscola se le quedo enrollado el vestido y pude ver por primera vez su culo ya que usaba un colaless blanco que resaltaba en la penumbra de el living, camino así, no se dio cuenta. Yo sentía como otra vez mi pene luchaba por salir de su encierro. Cuando vuelve a mi lado se sienta en el mismo sillón donde yo estaba y se acerca a mí, me pasa la copa y me dice con una voz suave y llena de malicia… “por fin solos”… mi corazón comenzó a latir tan rápido que no puedo describir lo que sentí. Me tome al seco la piscola y deje el vaso en la mesa de centro. Ella se inclinó y me beso los labios, yo los tenia adormecidos, pero igual los pude sentir húmedos y con un sabor al trago que bebíamos, su lengua jugueteaba por toda mi boca, como buscando algo, se movía habida mente, tal vez ella tenía experiencia, para mi esta era la primera vez en todo. Coloque mi mano derecha en su pierna y comencé a subirla lentamente, sentí que ya no tenía las medias con que estuvo en la fiesta, sus piernas estaban tan suaves y calientes… Hera tanta la excitación… que se me olvido por completo que sus padres estaban detrás de esa puerta a menos de tres metros de distancia, su lengua salió de mi boca y busco mi lóbulo de la oreja y comenzó a jugar allí. Para ese momento mi mano derecha ya había llegado hasta su culo el cual estaba helado… (no sé porque las mujeres pueden estar muy calientes pero su culo igual lo tienen helado…), bueno yo acariciaba su culo y con mi otra mano me había aventurado a sacar sus tetas por su escote y comencé a besar su mejilla, su cuello sus hombros y mientras más bajaba mi corazón más rápido latía, pensaba que me iba a dar un paro cardiaco, pero seguí y bese los bordes de sus pecho y suavemente y despacio iba con mi lengua jugueteando por toda su teta, tan durita… cuando mi lengua llego a su pezón ella tembló y note que su rostro estaba de un color rojo y ella sudaba, con ese temblor llego también un gemido el que me éxito aún más y fue el que me dio permiso para seguir.

Como pude le saque el vestido y allí la vi frente a mi desnuda solo la cubría un pequeño colaless el que ella misma se sacó lentamente dándome la espalda y agachándose, dejándome ver toda su depilada zorrita y el agujero que me quitaba el sueño… fue un sueño. Se gira y me desabrocha el pantalón, lo baja y descubre que estoy sin ropa interior y se ríe de forma maliciosa, pero cuando ve como lo tengo de duro y lo rojo y amenazante que estaba se vio en sus labios un gesto de placer… sin pensarlo dos veces comenzó a chuparlo… yo ya no aguantaba más era tal la excitación que si me movía solo un poco acabaría y yo no quería eso, me estaba retorciendo por contener mi eyaculación cuando ella pareció notarlo y me dijo: será mejor que acabes, para que después sigamos en lo nuestro, yo le dije bueno sal un momento y déjame acabar en un papel… ella me dijo ¡¡NO!!, como vas a desperdiciar tu lechita de esa forma…. Dámela la quiero probar a ver que sabor tiene… dijo eso sonriendo… y yo no pude aguantar más y me salió un chorro de semen tan abundante que creía que su boca se iba a llenar, pero no, nunca se iba a llenar ya que se lo tragaba a medida que iba saliendo y exclamaba ¡que rico!, ¡que rico!… no desperdicio ni una gota, no conforme con haberse comido todo mi semen, siguió chupando. Sentía un dolor raro cuando ella chupaba después de yo haber acabado, pero era un dolor placentero. Mágicamente mi pene se volvía a parar y a estar en las mismas condiciones de hace un rato y ella exclama: por fin tu pico lo voy a probar en mi zorra… me arrojo de espaldas sobre el sillón de tres cuerpos y allí se clavó ella misma y comenzó a cabalgar tan desenfrenada que el ruido que metía la humedad de nuestros cuerpos podría haber despertado a todos, pero a esa altura yo no la podía parar, la avalancha de sensaciones que yo sentía en ese instante era indescriptible, sentía como a ella el sudor le recorría toda su espalda hasta terminar metido en la raya de su culo… comenzó a moverse más rápido… arrugo su rostro e hizo un gesto algo extraño, todo esto acompañado de un temblor en todo su cuerpo y comienzo a sentir más húmedo donde nuestros sexos se unían… gemía de placer, bajo el ritmo de su montura y luego se bajó de mi… hizo que me pusiera de pie, ella me da su espalda y se agacha mira hacia atrás, donde estaba yo y me dijo: qué esperas que no me lo metes por el culo… de seguro yo estaba muerto y había llegado al paraíso mi sueño hecho realidad y todo en la misma noche…
Me acerque a su trasero tan mojado que parecía que se hubiera salido de una piscina, le acaricio su orificio anal, mientras me mojo un dedo con saliva y se lo meto por el ano… otra vez ella gime y me dice: ahora dos… a lo que yo obediente hice lo mismo, pero esta vez con dos dedos, ella vuelve a hablar para decirme esta vez: con tres… con tres… yo rápidamente le hago caso y ella comenzó otra vez a temblar… no deje que pararan sus temblores y le clave mi pene por su culo no fue necesario dilatar más entro de un todo hasta el fondo… todo mi pene dentro hasta los testículos, sentía que saldría por su boca, pero ella me decía: ¡¡sigue!!… ¡¡sigue!!… no te atrevas a detenerte… yo estaba tan caliente que pronto acabaría otra vez (a cada rato miraba la puerta de la habitación de sus padres y pensaba a qué hora salen y nos descubren…) otra vez sentí sus temblores y esta vez me dijo: ya ahora quiero tu lechita calentita se sacó mi pene del culo y se lo puso en la boca y comenzó a chupar al mismo tiempo que me pajeaba… un sueño… eso era, un sueño, otra vez acabe en su boca y se tragó hasta la última gota y seguía lamiendo. Mi pene me dolía de una manera que no la se describir, pero por otro lado el placer que sentía era fenomenal… ella seguía lamiendo… mi pene ya no se paró más por lo que ella comenzó a darme un beso negro, que no sé qué me causo, pero ella era experta otra vez se paró mi pene y lo siguió lamiendo… me pajeo tan fuerte y tan rápido que el dolor a veces era más que el placer… pero otra vez acabe en su boca… esta vez yo me solté de ella… y dije ya!!, ya está bueno… ella rio y me dijo: si ya está bueno… uff me canse dijo ella… (Claro y yo como estaba!!) fuimos al baño y nos lavamos, volvimos al living, nos vestimos y ordenamos un poco el desorden… el sueño se nos había ido, por lo que ordenamos los dominós y cuando estábamos comenzando a jugar se abre la puerta de la pieza de sus padres, sale su papá y nos ve y nos dice: ¿y ustedes hasta que hora pretenden jugar dominó?… nos quedamos mirando con Mery y una carcajada broto de los dos, su padre no entendía nada, pero bueno, esa es la historia de cómo me desvirginaron, otro día les cuento otras locuras que hicimos con Mery, espero que les haya gustado.

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abril 22nd, 2014 >> Relatos Eroticos

Primera y unica vez en Relatos eroticos de Maduras (relatos eroticos )

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Primera y unica vez en Relatos eroticos de Maduras (relatos eroticos )

Mi nombre no tiene importancia, tengo 51 años, casada, dos hijos emancipados y dos nietos maravillosos, vivo en Bilbao, trabajo en una oficina desde hace más de veinte años, mi marido es ocho años mayor que yo y soy feliz a su lado pues siempre ha sido sincero conmigo y me ha dado todo lo que una mujer pueda desear. Aunque soy una mujer madura me conservo bien pues como soy muy activa hago bastante ejercicio, mis amistades suelen preguntarme cual es el secreto para mantener este aspecto tan joven.

Como he dicho trabajo en una oficina con horario de jornada partida y normalmente voy a un restaurante próximo donde habitualmente coincidimos los mismos clientes, entre ellos hay uno que siempre ha llamado mi atención, se trata de un joven que no aparenta más de 30 años, muy guapo y con aspecto de deportista. Siempre ocupa la misma mesa y está solo, cuando yo llego él ya toma el café por lo que coincidimos no más de diez minutos. Algunas veces he descubierto que tenía su mirada clavada en mí lo que me provoca cierto sonrojo, es tan guapo e interesante que alguna vez ha estado presente en mis sueños eróticos.

El jueves pasado cuando entré en el restaurante estaba completamente lleno, cosa no habitual y el camarero me dijo que debería esperar diez minutos máximo, el joven, Marcos, debió escuchar el comentario y enseguida se ofreció a compartir su mesa conmigo, después de dudar un momento acepté la propuesta. Tomé asiento y pedí la comanda al camarero, cuando le dije el postre Marcos me interrumpió para aconsejarme que pidiera arroz con leche pues estaba buenísimo, no me gusta pero como una tonta acepté el consejo.

El camarero volvió con mi primer plato y el café de mi acompañante, había intercambiado con él unas palabras para agradecerle su ofrecimiento y me sorprendió diciendo que hacía tiempo que deseaba compartir mesa conmigo, el comentario me resultó tan sorprendente que quedé muda. Siguió hablando que trabajaba como informático y era el último día que iba al restaurante pues había aceptado una oferta para trabajar en Sevilla que era su ciudad natal y ese fin de semana tenía previsto el traslado, le dije que si era por su bien me alegraba y agradeció el comentario con una amplia sonrisa.

A diferencia de lo que hacía habitualmente cuando terminó el café en lugar de marcharse continuó dándome conversación y como parecía una persona agradable yo le correspondía, de vez en cuando le observaba y cada vez me reafirmaba más en que era muy guapo, moreno con una cabellera color azabache larga y bien cuidada, ojos grandes y oscuros de mirada transparente, de su rostro muy proporcionado destacaba los labios carnosos que envolvían una dentadura blanca. Cuando acabé el café pedí la cuenta y él se ofreció a pagarla con la excusa que era su último día y deseaba tener ese detalle, después de una leve protesta cedí a su deseo, dándole las gracias con una sincera sonrisa.

Salimos del restaurante, llovía ligeramente, cuando creí que estábamos a punto de despedirnos preguntó hacia donde iba yo, le contesté y dijo que podíamos compartir durante unos minutos el trayecto pues coincidía durante un tramo. Caminábamos deprisa por la fina lluvia hasta que llegamos a un portal que estaba a cinco minutos escasos de mi oficina, pensé en despedirme pero me sujetó del codo diciéndome que esperara un minutos mientras subía a su piso a buscar un paraguas, le contesté que no me hacía falta pues no iba muy lejos y no llovía tanto.

Insistió y como me había dado muestras de confianza acepté proponiendo que no hacía falta que subiera y bajara sino que ya subiría yo y así sabría donde vivía para cuando llegara el momento de la devolución. Ya en el ascensor no dejó de mirarme y me hizo sentir acalorada. La puerta del ascensor se abrió en la quinta planta, le dije que esperaría en el rellano mientras iba a buscar el paraguas, abrió la puerta del piso y entró, segundos más tarde apareció con el paraguas que puso en mis manos. Le di las gracias insistiendo que se lo devolvería y contestó que me lo quedara como recuerdo de nuestro breve encuentro además de que en Sevilla apenas lo necesitaría.

Cuando llegué a la calle ya no llovía y el cielo se abría paso entre las nubes, tras unos segundos indecisa apreté el timbre del quinto primera, la voz de Marcos pregunto quién era y contesté que ya no llovía, se abrió el portal y fui directa al ascensor. Marcos esperaba en el rellano, hice intención de devolver el paraguas y lo rechazó alegando que era un regalo pero como había vuelto a subir me invitaba a tomar un café, sin dudarlo acepté, me cedió el paso y hasta que no escuché el golpe de la puerta cerrarse a mi espalda no fui consciente que mi comportamiento resultaba inmaduro por encontrarme a solas en casa de un extraño que había conocido escasamente una hora antes.

Era un piso pequeño, tipo estudio de una sala que acogía la cocina, una mesa con cuatro sillas, un tresillo y en un rincón una cama individual cubierta por un edredón. En las paredes colgaban vitrinas y estanterías llenas de libros, trofeos deportivos y sobre un mueble metálico había un pequeño televisor y unos altavoces. En el suelo se amontonaban cajas de cartón con el nombre de una empresa de mudanzas. Marcos me invitó a tomar asiento y mientras hacía los cafés se disculpó por el desorden con la excusa de la inminente mudanza. Le miré y observé que se había cambiado de ropa, llevaba puesto un pantalón de deportes y una camiseta de tirantes bastante ceñida. Tenía un cuerpo escultural, la musculatura sin ser exagerada se le dibujaba en brazos y piernas y como estaba de espaldas aprecié que su culo no tenía nada que envidiar a los modelos que anunciaban colonias en televisión

Se acercó y puso la taza de café entre mis dedos, aprecié el aroma del café mezclado con el olor de la colonia que llevaba puesta, por un momento tuve su abdomen tan cerca de mí rostro que pude apreciar que era liso como una tabla de planchar, una sensación extraña invadió mi cuerpo como si cientos de mariposas revolotearan en mí estómago. Se sentó junto a mí, bebió el café en dos sorbos y yo acabé el mío en uno solo, se incorporó y llevó las tazas a la zona de la cocina, regresó y tomó asiento de nuevo pero esta vez tan junto a mí que sus muslos rozaban levemente los míos y a pesar de que yo llevaba puestos unos tejanos tuve la sensación que su piel y la mía estaban en contacto.

Intenté disimular mí excitación y lo debió notar porque preguntó por qué estaba nerviosa, balbuceando contesté que no lo estaba y para disimular le dije que necesitaba ir al baño, me señaló la única puerta que había en la sala y allí me dirigí. Como el resto del estudio estaba muy limpio y perfectamente ordenado, cuando iba a mojarme la cara pensé que llevaba maquillaje, el espejo reflejaba mi rostro, lo observé durante unos segundos, me vi guapa y noté que los ojos brillaban de una manera especial, llevé las manos a mis pechos y los noté duros pudiendo distinguir claramente los pezones a pesar de llevar puesto un jersey de lana, en ese momento noté humedad entre mis piernas, era leve pero me sorprendió de tal manera que quedé petrificada. Bajé la cremallera del pantalón y mis dedos rozaron la tela de las bragas, no había duda de que estaban algo húmedas y evité buscar una explicación

Me quedé inmóvil y algo asustada, no sabía como reaccionar, jamás había pasado por ese trance, hacía casi veinte y cinco años que estaba casada y nunca había deseado a un hombre que no fuera mi marido, éramos felices y jamás había tenido la mínima tentación de sentir placer con otro que no fuera él. Es verdad que algunas veces me masturbaba pensando en hombres jóvenes que había visto en anuncios de colonia por televisión pero entre mi marido y yo no existían tabús, cuando hacíamos el amor el único límite que nos poníamos era el del respeto mutuo y estaba convencida que era imposible que alguien fuera capaz de hacerme sentir como lo hacía mí marido. Pensé que no tenía sentido entregarme a un desconocido porque no podría darme algo que el hombre al que amaba no me hubiera dado antes.

Debía llevar mucho tiempo dentro del baño porque escuché la voz de Marcos preguntando si me ocurría algo, contesté que ya salía, me recompuse la ropa, me quité el anillo de casada, lo puse en un bolsillo y salí decidida a entregarme a un hombre joven que me tenía totalmente subyugada. Salí del baño y me senté junto a él tan cerca como pude, preguntó si no era hora de volver a la oficina, como no llevaba el móvil pedí que me dejara el suyo. Dije a una compañera que aquella tarde no iría a trabajar y si alguien preguntaba por mí dijera que estaba cerrando la contabilidad trimestral en una empresa. Cuando Marcos escucho la mentira debió pensar que ya era suya porque sin miramiento alguno estampó sus labios contra los míos.

Todo fue muy rápido, nuestras lenguas se juntaron y luchaban entre sí para ver quién de los dos llegaba más al fondo del otro, me pareció una lengua extraña pero no tarde en acostumbrarme a ella. Mis dientes mordían los carnosos labios que en mis sueños eróticos habían sido objeto de deseo. Sentí que una mano se abría sitio entre mi vientre y el jersey, fue directa a uno de los pezones que comenzó a acariciar y pellizcar suavemente. Asumí que no había vuelta atrás, me estaba entregando a un joven cas desconocido y me propuse no volver a recordar a mi marido mientras durara todo aquello.

Marcos decidió abandonar mí boca y llevó la suya a mis pechos, sus dientes rozaron el pezón que no acariciaba y después de un suave mordisco comenzó a succionarlo como si intentara conseguir que manara leche, chupaba como un bebe a la espera de llenar la boca de néctar maternal, yo misma me quité el jersey y saqué el sujetador para hacerle más fácil la mamada. Con una mano busqué su entrepierna, levanté la goma del pantalón y no tardé en notar la dureza de su pene que acogí ávida de tenerlo a la vista, no era ni más grande que el de mi marido pero si más firme y duro. Mis primeras caricias de arriba abajo hicieron que Marcos temblara mientras con sus manos intentaba quitarme mi pantalón, tuve que incorporarme y fui yo quien lo hizo quedándome totalmente desnuda. Sin tiempo a reaccionar sentí su boca estrellándose contra mí entrepierna y su lengua separando mis labios vaginales.

Fue una sensación extraña a pesar de que era habitual en mis relaciones con mi marido, sin usar las manos abrió la vagina y la llenó con la lengua moviéndola de forma continua alternando con suaves mordiscos en los labios vaginales, todo ello me hizo comprender que a pesar de su juventud estaba sobrado de experiencia, mis manos ahora acariciaban alternativamente su cabeza y su espalda y a cada sensación de placer clavaba las uñas con intención de producirle dolor, su piel era suave como la de un bebé y la ausencia de bello me producía una sensación desconocida. Los primeros síntomas de un orgasmo se acercaban, segregaba líquido vaginal sin parar y ahora ya notaba claramente como mis muslos se empapaban, Marcos a lo suyo apenas reaccionaba cuando me estremecía y le clavaba las uñas en la espalda. Mi descontrol era absoluto y sentía próximo el momento definitivo de éxtasis.

Comencé a temblar y una ola de frio me invadió, el sudor resbalaba por mí piel, jadeaba y respiraba entrecortadamente, Marcos me observaba orgulloso por haber provocado en mí aquel momento de éxtasis, generosamente me dio un respiro que agradecí dirigiéndole una mirada que pretendía hacerle saber que me entregaba para lo que deseara, se incorporó y disfruté de la visión de su cuerpo escultural tan diferente al de mi marido.

Todavía estaba abatida pero sedienta de compartir placer con aquel joven cuando debió pensar que ya le tocaba disfrutar, me cogió entre sus brazos y me llevó hasta la cama, me tumbó boca arriba, abrió mis piernas y su polla penetró mi cuerpo sin contemplaciones, fue como si me atravesara una lanza, el golpe seco de sus testículos contra mis muslos me hizo comprender que no podía llegar más a fondo, el mete y saca se hizo constante y volvía a tener síntomas de la llegada de un nuevo orgasmo. Mis piernas cruzadas abrazaban su espalda intentando juntarme aún más a su cuerpo. Se movía a un ritmo pausado y los huesos de su cadera golpeaban mí pelvis, yo susurraba que no parara y él obediente se movía a su antojo encima mío metiendo y sacando la polla con una agilidad a la que no estaba acostumbrada.

El sudor de ambos se mezclaba en uno solo, mis manos recorrían su espalda y buscaban las nalgas duras empujándolas contra mi cuerpo, su piel era tan suave que mis manos deslizándose por ella me producía una sensación que muchos años antes había dejado de tener y que algunas veces había pensado que jamás volvería a tener.

Me encontraba a punto de correrme de nuevo cuando Marcos paró súbitamente, hincó sus rodillas en la cama y puso su pene entre mis pechos, los agarró con ambas manos y comenzó a moverse de delante a atrás cada vez más rápidamente, el glande de la polla me golpeaba la barbilla con tal fuerza que me hacía daño, yo quería compensar a mi amante por el placer que me había dado momentos antes, Marcos ponía ímpetu en su movimiento, su pene tenía un color rojizo y el glande de color rosado brillante poco a poco iba cogiendo color violeta. Por los gestos de su cara creí que estaba a punto de correrse, cogí su polla con una mano y la aproximé a mi boca que abrí tanto como pude, levantó algo su cuerpo y le pajeé a ritmo frenético hasta que un chorro de semen se estrelló en mí rostro, yendo a parar en parte dentro de la boca. Al primero le siguieron otros que golpeaban mi rostro nublándome la visión, fue una sensación extraña que me hizo recordar tiempos pasados cuando mi marido y yo éramos jóvenes. Cerré los ojos y pasados unos segundos la tela de una toalla húmeda me acariciaba la cara, no me había dado cuenta que Marcos había ido al cuarto de baño a buscarla.

Era tal mi excitación que estaba ansiosa por sentir más placer y reaccioné buscando la polla que lamí hasta hacer desaparecer el color blanquecino que la envolvía, Marcos, tumbado miraba el techo y se dejaba hacer, mis lametones provocaron que su polla volviera a endurecerse y creí llegado el momento de sentarme sobre ella para cabalgar en busca de nuevos momentos de placer. Él entendió mi propósito pues facilitó que lo montara y al primer intento insertó su polla en mi coño. Recordé que esta postura era la favorita de mi esposo que tenía costumbre de agarrarme las tetas mientras le cabalgaba, conscientemente agarré las manos de Marcos y las llevé a mis pechos, reaccionó como yo pretendía y mis pechos sintieron su fuerza sobre ellos. El tacto de aquellas manos era muy diferente a las otras que habitualmente me oprimían pero me daba lo mismo, incluso estas me daban más placer porque eran muchísimo más suaves. Me movía a un ritmo lento mirando el rostro de Marcos satisfecho por lo que le estaba haciendo, yo comenzaba a sentir signos de placer que de un momento a otro estallaría en una cascada de gusto, volvía a tener la vagina lubricada el pene que me penetraba resbalaba suavemente por su interior, mis manos se apoyaban en los pectorales de Marcos, aumenté el ritmo del movimiento, el hombre que tenía debajo sudaba y resoplaba y yo hacía lo mismo que él pero además dejaba ir alaridos esforzándome por no decir las palabras que habitualmente decía a mi marido en esas mismas circunstancias, intenté retrasar un poco más el momento culminante pero el roce de la polla con mi clítoris era tan constante que no pude evitar correrme provocando una inundación de jugos vaginales por las dos zonas pélvicas de ambos amantes.

Me dejé caer sobre la cama pensando egoístamente que todo había terminado pues estaba totalmente extenuada, pero Marcos no pensaba igual, levantó mí cuerpo de la cama, me hincó de rodillas, se colocó a mi espalda y no tardé en entender lo que se proponía hacer, no puse objeción alguna a sus deseos pues estaba ansiosa de sentir su leche regando mis entrañas, se hizo amo de mi vagina y sentí su pene entrar y salir deslizándose suavemente en mi interior, a cada penetración el gusto crecía según pasaban los segundos, sus testículos golpeaban mis nalgas, su pecho aplastaba mí espalda, sus manos apretaban mis caderas hacía él y su lengua recorría una y otra vez mi nuca que de tanto en tanto mordía o succionaba, entre jadeos le supliqué que no me dejara señal y su respuesta fue aumentar todavía más la fuerza de sus dientes sobre mi piel.

Una de sus manos acarició mi entrepierna dándome la sensación que recogía jugos y poco después noté que varios dedos entraban tímidamente en mi ano y con un movimiento circular lo masajeaban, a pesar de la sensación continua de placer que me estaba dejando extenuada fui capaz de adivinar que mi amante estaba a punto de buscar su éxtasis follándome el culo, me asusté y supliqué que no me hiciera daño, mientras se lo decía pensé que esa súplica significaba que me entregaba a todos sus deseos.

El primer contacto de su polla con mi agujero fue suave pero la penetración de un solo golpe se transformó en un latigazo que recorrió todo mi sistema nervioso que en cuestión de segundos se convirtió en una sensación de placer que descendía y aumentaba a cada mete y saca de la lanza que me estaba atravesando. Estaba entregada a la voluntad de Marcos que hacía conmigo lo que quería, entré jadeos gritaba preguntándome si quería más, yo sumisa le contestaba que sí y le rogaba que siguiera follándome hasta que él no pudiera más. Cada vez su pelvis golpeaba mis nalgas con más violencia y parecía que de un momento a otro su polla iba a perforarme las entrañas. Se hizo el silencio roto por el tenue murmullo de nuestra respiración, ambos quedamos inmóviles durante unos segundos y noté que mis entrañas se estaban inundando de líquido caliente que las llenaba dando la sensación que un momento a otro me haría reventar.

Durante los últimos momentos no había llegado a sentir ningún orgasmo pero me sentía compensada por haber provocado en Marcos un placer que sus gestos demostraban le había satisfecho. Continuamos inmóviles durante toda la descarga hasta que ambos rendidos por el cansancio nos dejamos caer sobre el colchón, volví a acariciar su pecho pues sentía placer solamente por rozarlo con la palma de mi mano, coloqué la cabeza en su abdomen y besé como gesto de agradecimiento su pene que descansaba totalmente flácido entre sus muslos.

Estaba tan relajada que no era consciente que el tiempo pasaba, rodeada por aquellos fuertes brazos estaba en la gloria hasta que volví a la realidad y asumí que todo había terminado, a mi lado Marcos dormía y orgullosa pensé que había sido capaz de agotarlo hasta la extenuación, por un momento mi autoestima creció pero enseguida fui consciente que lo ocurrido podría suponer problemas en mi vida. Me vestí evitando no hacer ruido, me mojé la cara para eliminar cualquier resto de semen que pudiera tener, volví junto a Marcos y tuve la sensación que dormía profundamente, deseaba besarlo pero no me decidí a hacerlo, abandoné el apartamento cerrando la puerta con cuidado de no hacer ruido.

Ya en la calle me propuse no pensar en lo ocurrido, caminé casi una hora hasta llegar a casa, abrí la puerta y como siempre no había nadie, fui directamente a la ducha, me desnudé y dejé correr el agua por mi cuerpo, a mis pies la ropa que había llevado aquel día se estaba empapando, pensé en la alianza de casada, la busqué y me la puse. No me preocupaba nada, no tenía remordimientos y conseguí que en momento alguno mi marido me hiciera comentario sobre si estaba rara o me pasaba algo.

Ayer lunes pasé delante del apartamento donde viví lo relatado anteriormente, en el portal había colocado un cartel que anunciaba ?apartamento en alquiler? y un número de teléfono, seguí caminando y llegué al restaurante, nada más entrar el camarero me entregó un sobre con mi nombre escrito. Me apresuré a leer la carta que llevaba en su interior, a media lectura fui a esconderme en el lavabo y lágrimas como puños comenzaron a resbalar por mis mejillas, eran unas palabras escritas con una sensibilidad que me emocionó de tal manera que mi cuerpo se estremeció como si recordara en sus poros los momentos de placer vividos con el las había escrito.

Acaba con una post data y en ella me pedía que escribiera un relato describiendo todo lo que recordara de aquel momento y lo enviara a esta web. Cumplo tu deseo y solamente quiero decirte que agradezco su sinceridad al hacerme saber que al igual que yo tú también amas profundamente a otra persona. Siempre te recordaré.

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Mi nombre no tiene importancia, tengo 51 años, casada, dos hijos emancipados y dos nietos maravillosos, vivo en Bilbao, trabajo en una oficina desde hace más de veinte años, mi marido es ocho años mayor que yo y soy feliz a su lado pues siempre ha sido sincero conmigo y me ha dado todo lo que una mujer pueda desear. Aunque soy una mujer madura me conservo bien pues como soy muy activa hago bastante ejercicio, mis amistades suelen preguntarme cual es el secreto para mantener este aspecto tan joven.

Como he dicho trabajo en una oficina con horario de jornada partida y normalmente voy a un restaurante próximo donde habitualmente coincidimos los mismos clientes, entre ellos hay uno que siempre ha llamado mi atención, se trata de un joven que no aparenta más de 30 años, muy guapo y con aspecto de deportista. Siempre ocupa la misma mesa y está solo, cuando yo llego él ya toma el café por lo que coincidimos no más de diez minutos. Algunas veces he descubierto que tenía su mirada clavada en mí lo que me provoca cierto sonrojo, es tan guapo e interesante que alguna vez ha estado presente en mis sueños eróticos.

El jueves pasado cuando entré en el restaurante estaba completamente lleno, cosa no habitual y el camarero me dijo que debería esperar diez minutos máximo, el joven, Marcos, debió escuchar el comentario y enseguida se ofreció a compartir su mesa conmigo, después de dudar un momento acepté la propuesta. Tomé asiento y pedí la comanda al camarero, cuando le dije el postre Marcos me interrumpió para aconsejarme que pidiera arroz con leche pues estaba buenísimo, no me gusta pero como una tonta acepté el consejo.

El camarero volvió con mi primer plato y el café de mi acompañante, había intercambiado con él unas palabras para agradecerle su ofrecimiento y me sorprendió diciendo que hacía tiempo que deseaba compartir mesa conmigo, el comentario me resultó tan sorprendente que quedé muda. Siguió hablando que trabajaba como informático y era el último día que iba al restaurante pues había aceptado una oferta para trabajar en Sevilla que era su ciudad natal y ese fin de semana tenía previsto el traslado, le dije que si era por su bien me alegraba y agradeció el comentario con una amplia sonrisa.

A diferencia de lo que hacía habitualmente cuando terminó el café en lugar de marcharse continuó dándome conversación y como parecía una persona agradable yo le correspondía, de vez en cuando le observaba y cada vez me reafirmaba más en que era muy guapo, moreno con una cabellera color azabache larga y bien cuidada, ojos grandes y oscuros de mirada transparente, de su rostro muy proporcionado destacaba los labios carnosos que envolvían una dentadura blanca. Cuando acabé el café pedí la cuenta y él se ofreció a pagarla con la excusa que era su último día y deseaba tener ese detalle, después de una leve protesta cedí a su deseo, dándole las gracias con una sincera sonrisa.

Salimos del restaurante, llovía ligeramente, cuando creí que estábamos a punto de despedirnos preguntó hacia donde iba yo, le contesté y dijo que podíamos compartir durante unos minutos el trayecto pues coincidía durante un tramo. Caminábamos deprisa por la fina lluvia hasta que llegamos a un portal que estaba a cinco minutos escasos de mi oficina, pensé en despedirme pero me sujetó del codo diciéndome que esperara un minutos mientras subía a su piso a buscar un paraguas, le contesté que no me hacía falta pues no iba muy lejos y no llovía tanto.

Insistió y como me había dado muestras de confianza acepté proponiendo que no hacía falta que subiera y bajara sino que ya subiría yo y así sabría donde vivía para cuando llegara el momento de la devolución. Ya en el ascensor no dejó de mirarme y me hizo sentir acalorada. La puerta del ascensor se abrió en la quinta planta, le dije que esperaría en el rellano mientras iba a buscar el paraguas, abrió la puerta del piso y entró, segundos más tarde apareció con el paraguas que puso en mis manos. Le di las gracias insistiendo que se lo devolvería y contestó que me lo quedara como recuerdo de nuestro breve encuentro además de que en Sevilla apenas lo necesitaría.

Cuando llegué a la calle ya no llovía y el cielo se abría paso entre las nubes, tras unos segundos indecisa apreté el timbre del quinto primera, la voz de Marcos pregunto quién era y contesté que ya no llovía, se abrió el portal y fui directa al ascensor. Marcos esperaba en el rellano, hice intención de devolver el paraguas y lo rechazó alegando que era un regalo pero como había vuelto a subir me invitaba a tomar un café, sin dudarlo acepté, me cedió el paso y hasta que no escuché el golpe de la puerta cerrarse a mi espalda no fui consciente que mi comportamiento resultaba inmaduro por encontrarme a solas en casa de un extraño que había conocido escasamente una hora antes.

Era un piso pequeño, tipo estudio de una sala que acogía la cocina, una mesa con cuatro sillas, un tresillo y en un rincón una cama individual cubierta por un edredón. En las paredes colgaban vitrinas y estanterías llenas de libros, trofeos deportivos y sobre un mueble metálico había un pequeño televisor y unos altavoces. En el suelo se amontonaban cajas de cartón con el nombre de una empresa de mudanzas. Marcos me invitó a tomar asiento y mientras hacía los cafés se disculpó por el desorden con la excusa de la inminente mudanza. Le miré y observé que se había cambiado de ropa, llevaba puesto un pantalón de deportes y una camiseta de tirantes bastante ceñida. Tenía un cuerpo escultural, la musculatura sin ser exagerada se le dibujaba en brazos y piernas y como estaba de espaldas aprecié que su culo no tenía nada que envidiar a los modelos que anunciaban colonias en televisión

Se acercó y puso la taza de café entre mis dedos, aprecié el aroma del café mezclado con el olor de la colonia que llevaba puesta, por un momento tuve su abdomen tan cerca de mí rostro que pude apreciar que era liso como una tabla de planchar, una sensación extraña invadió mi cuerpo como si cientos de mariposas revolotearan en mí estómago. Se sentó junto a mí, bebió el café en dos sorbos y yo acabé el mío en uno solo, se incorporó y llevó las tazas a la zona de la cocina, regresó y tomó asiento de nuevo pero esta vez tan junto a mí que sus muslos rozaban levemente los míos y a pesar de que yo llevaba puestos unos tejanos tuve la sensación que su piel y la mía estaban en contacto.

Intenté disimular mí excitación y lo debió notar porque preguntó por qué estaba nerviosa, balbuceando contesté que no lo estaba y para disimular le dije que necesitaba ir al baño, me señaló la única puerta que había en la sala y allí me dirigí. Como el resto del estudio estaba muy limpio y perfectamente ordenado, cuando iba a mojarme la cara pensé que llevaba maquillaje, el espejo reflejaba mi rostro, lo observé durante unos segundos, me vi guapa y noté que los ojos brillaban de una manera especial, llevé las manos a mis pechos y los noté duros pudiendo distinguir claramente los pezones a pesar de llevar puesto un jersey de lana, en ese momento noté humedad entre mis piernas, era leve pero me sorprendió de tal manera que quedé petrificada. Bajé la cremallera del pantalón y mis dedos rozaron la tela de las bragas, no había duda de que estaban algo húmedas y evité buscar una explicación

Me quedé inmóvil y algo asustada, no sabía como reaccionar, jamás había pasado por ese trance, hacía casi veinte y cinco años que estaba casada y nunca había deseado a un hombre que no fuera mi marido, éramos felices y jamás había tenido la mínima tentación de sentir placer con otro que no fuera él. Es verdad que algunas veces me masturbaba pensando en hombres jóvenes que había visto en anuncios de colonia por televisión pero entre mi marido y yo no existían tabús, cuando hacíamos el amor el único límite que nos poníamos era el del respeto mutuo y estaba convencida que era imposible que alguien fuera capaz de hacerme sentir como lo hacía mí marido. Pensé que no tenía sentido entregarme a un desconocido porque no podría darme algo que el hombre al que amaba no me hubiera dado antes.

Debía llevar mucho tiempo dentro del baño porque escuché la voz de Marcos preguntando si me ocurría algo, contesté que ya salía, me recompuse la ropa, me quité el anillo de casada, lo puse en un bolsillo y salí decidida a entregarme a un hombre joven que me tenía totalmente subyugada. Salí del baño y me senté junto a él tan cerca como pude, preguntó si no era hora de volver a la oficina, como no llevaba el móvil pedí que me dejara el suyo. Dije a una compañera que aquella tarde no iría a trabajar y si alguien preguntaba por mí dijera que estaba cerrando la contabilidad trimestral en una empresa. Cuando Marcos escucho la mentira debió pensar que ya era suya porque sin miramiento alguno estampó sus labios contra los míos.

Todo fue muy rápido, nuestras lenguas se juntaron y luchaban entre sí para ver quién de los dos llegaba más al fondo del otro, me pareció una lengua extraña pero no tarde en acostumbrarme a ella. Mis dientes mordían los carnosos labios que en mis sueños eróticos habían sido objeto de deseo. Sentí que una mano se abría sitio entre mi vientre y el jersey, fue directa a uno de los pezones que comenzó a acariciar y pellizcar suavemente. Asumí que no había vuelta atrás, me estaba entregando a un joven cas desconocido y me propuse no volver a recordar a mi marido mientras durara todo aquello.

Marcos decidió abandonar mí boca y llevó la suya a mis pechos, sus dientes rozaron el pezón que no acariciaba y después de un suave mordisco comenzó a succionarlo como si intentara conseguir que manara leche, chupaba como un bebe a la espera de llenar la boca de néctar maternal, yo misma me quité el jersey y saqué el sujetador para hacerle más fácil la mamada. Con una mano busqué su entrepierna, levanté la goma del pantalón y no tardé en notar la dureza de su pene que acogí ávida de tenerlo a la vista, no era ni más grande que el de mi marido pero si más firme y duro. Mis primeras caricias de arriba abajo hicieron que Marcos temblara mientras con sus manos intentaba quitarme mi pantalón, tuve que incorporarme y fui yo quien lo hizo quedándome totalmente desnuda. Sin tiempo a reaccionar sentí su boca estrellándose contra mí entrepierna y su lengua separando mis labios vaginales.

Fue una sensación extraña a pesar de que era habitual en mis relaciones con mi marido, sin usar las manos abrió la vagina y la llenó con la lengua moviéndola de forma continua alternando con suaves mordiscos en los labios vaginales, todo ello me hizo comprender que a pesar de su juventud estaba sobrado de experiencia, mis manos ahora acariciaban alternativamente su cabeza y su espalda y a cada sensación de placer clavaba las uñas con intención de producirle dolor, su piel era suave como la de un bebé y la ausencia de bello me producía una sensación desconocida. Los primeros síntomas de un orgasmo se acercaban, segregaba líquido vaginal sin parar y ahora ya notaba claramente como mis muslos se empapaban, Marcos a lo suyo apenas reaccionaba cuando me estremecía y le clavaba las uñas en la espalda. Mi descontrol era absoluto y sentía próximo el momento definitivo de éxtasis.

Comencé a temblar y una ola de frio me invadió, el sudor resbalaba por mí piel, jadeaba y respiraba entrecortadamente, Marcos me observaba orgulloso por haber provocado en mí aquel momento de éxtasis, generosamente me dio un respiro que agradecí dirigiéndole una mirada que pretendía hacerle saber que me entregaba para lo que deseara, se incorporó y disfruté de la visión de su cuerpo escultural tan diferente al de mi marido.

Todavía estaba abatida pero sedienta de compartir placer con aquel joven cuando debió pensar que ya le tocaba disfrutar, me cogió entre sus brazos y me llevó hasta la cama, me tumbó boca arriba, abrió mis piernas y su polla penetró mi cuerpo sin contemplaciones, fue como si me atravesara una lanza, el golpe seco de sus testículos contra mis muslos me hizo comprender que no podía llegar más a fondo, el mete y saca se hizo constante y volvía a tener síntomas de la llegada de un nuevo orgasmo. Mis piernas cruzadas abrazaban su espalda intentando juntarme aún más a su cuerpo. Se movía a un ritmo pausado y los huesos de su cadera golpeaban mí pelvis, yo susurraba que no parara y él obediente se movía a su antojo encima mío metiendo y sacando la polla con una agilidad a la que no estaba acostumbrada.

El sudor de ambos se mezclaba en uno solo, mis manos recorrían su espalda y buscaban las nalgas duras empujándolas contra mi cuerpo, su piel era tan suave que mis manos deslizándose por ella me producía una sensación que muchos años antes había dejado de tener y que algunas veces había pensado que jamás volvería a tener.

Me encontraba a punto de correrme de nuevo cuando Marcos paró súbitamente, hincó sus rodillas en la cama y puso su pene entre mis pechos, los agarró con ambas manos y comenzó a moverse de delante a atrás cada vez más rápidamente, el glande de la polla me golpeaba la barbilla con tal fuerza que me hacía daño, yo quería compensar a mi amante por el placer que me había dado momentos antes, Marcos ponía ímpetu en su movimiento, su pene tenía un color rojizo y el glande de color rosado brillante poco a poco iba cogiendo color violeta. Por los gestos de su cara creí que estaba a punto de correrse, cogí su polla con una mano y la aproximé a mi boca que abrí tanto como pude, levantó algo su cuerpo y le pajeé a ritmo frenético hasta que un chorro de semen se estrelló en mí rostro, yendo a parar en parte dentro de la boca. Al primero le siguieron otros que golpeaban mi rostro nublándome la visión, fue una sensación extraña que me hizo recordar tiempos pasados cuando mi marido y yo éramos jóvenes. Cerré los ojos y pasados unos segundos la tela de una toalla húmeda me acariciaba la cara, no me había dado cuenta que Marcos había ido al cuarto de baño a buscarla.

Era tal mi excitación que estaba ansiosa por sentir más placer y reaccioné buscando la polla que lamí hasta hacer desaparecer el color blanquecino que la envolvía, Marcos, tumbado miraba el techo y se dejaba hacer, mis lametones provocaron que su polla volviera a endurecerse y creí llegado el momento de sentarme sobre ella para cabalgar en busca de nuevos momentos de placer. Él entendió mi propósito pues facilitó que lo montara y al primer intento insertó su polla en mi coño. Recordé que esta postura era la favorita de mi esposo que tenía costumbre de agarrarme las tetas mientras le cabalgaba, conscientemente agarré las manos de Marcos y las llevé a mis pechos, reaccionó como yo pretendía y mis pechos sintieron su fuerza sobre ellos. El tacto de aquellas manos era muy diferente a las otras que habitualmente me oprimían pero me daba lo mismo, incluso estas me daban más placer porque eran muchísimo más suaves. Me movía a un ritmo lento mirando el rostro de Marcos satisfecho por lo que le estaba haciendo, yo comenzaba a sentir signos de placer que de un momento a otro estallaría en una cascada de gusto, volvía a tener la vagina lubricada el pene que me penetraba resbalaba suavemente por su interior, mis manos se apoyaban en los pectorales de Marcos, aumenté el ritmo del movimiento, el hombre que tenía debajo sudaba y resoplaba y yo hacía lo mismo que él pero además dejaba ir alaridos esforzándome por no decir las palabras que habitualmente decía a mi marido en esas mismas circunstancias, intenté retrasar un poco más el momento culminante pero el roce de la polla con mi clítoris era tan constante que no pude evitar correrme provocando una inundación de jugos vaginales por las dos zonas pélvicas de ambos amantes.

Me dejé caer sobre la cama pensando egoístamente que todo había terminado pues estaba totalmente extenuada, pero Marcos no pensaba igual, levantó mí cuerpo de la cama, me hincó de rodillas, se colocó a mi espalda y no tardé en entender lo que se proponía hacer, no puse objeción alguna a sus deseos pues estaba ansiosa de sentir su leche regando mis entrañas, se hizo amo de mi vagina y sentí su pene entrar y salir deslizándose suavemente en mi interior, a cada penetración el gusto crecía según pasaban los segundos, sus testículos golpeaban mis nalgas, su pecho aplastaba mí espalda, sus manos apretaban mis caderas hacía él y su lengua recorría una y otra vez mi nuca que de tanto en tanto mordía o succionaba, entre jadeos le supliqué que no me dejara señal y su respuesta fue aumentar todavía más la fuerza de sus dientes sobre mi piel.

Una de sus manos acarició mi entrepierna dándome la sensación que recogía jugos y poco después noté que varios dedos entraban tímidamente en mi ano y con un movimiento circular lo masajeaban, a pesar de la sensación continua de placer que me estaba dejando extenuada fui capaz de adivinar que mi amante estaba a punto de buscar su éxtasis follándome el culo, me asusté y supliqué que no me hiciera daño, mientras se lo decía pensé que esa súplica significaba que me entregaba a todos sus deseos.

El primer contacto de su polla con mi agujero fue suave pero la penetración de un solo golpe se transformó en un latigazo que recorrió todo mi sistema nervioso que en cuestión de segundos se convirtió en una sensación de placer que descendía y aumentaba a cada mete y saca de la lanza que me estaba atravesando. Estaba entregada a la voluntad de Marcos que hacía conmigo lo que quería, entré jadeos gritaba preguntándome si quería más, yo sumisa le contestaba que sí y le rogaba que siguiera follándome hasta que él no pudiera más. Cada vez su pelvis golpeaba mis nalgas con más violencia y parecía que de un momento a otro su polla iba a perforarme las entrañas. Se hizo el silencio roto por el tenue murmullo de nuestra respiración, ambos quedamos inmóviles durante unos segundos y noté que mis entrañas se estaban inundando de líquido caliente que las llenaba dando la sensación que un momento a otro me haría reventar.

Durante los últimos momentos no había llegado a sentir ningún orgasmo pero me sentía compensada por haber provocado en Marcos un placer que sus gestos demostraban le había satisfecho. Continuamos inmóviles durante toda la descarga hasta que ambos rendidos por el cansancio nos dejamos caer sobre el colchón, volví a acariciar su pecho pues sentía placer solamente por rozarlo con la palma de mi mano, coloqué la cabeza en su abdomen y besé como gesto de agradecimiento su pene que descansaba totalmente flácido entre sus muslos.

Estaba tan relajada que no era consciente que el tiempo pasaba, rodeada por aquellos fuertes brazos estaba en la gloria hasta que volví a la realidad y asumí que todo había terminado, a mi lado Marcos dormía y orgullosa pensé que había sido capaz de agotarlo hasta la extenuación, por un momento mi autoestima creció pero enseguida fui consciente que lo ocurrido podría suponer problemas en mi vida. Me vestí evitando no hacer ruido, me mojé la cara para eliminar cualquier resto de semen que pudiera tener, volví junto a Marcos y tuve la sensación que dormía profundamente, deseaba besarlo pero no me decidí a hacerlo, abandoné el apartamento cerrando la puerta con cuidado de no hacer ruido.

Ya en la calle me propuse no pensar en lo ocurrido, caminé casi una hora hasta llegar a casa, abrí la puerta y como siempre no había nadie, fui directamente a la ducha, me desnudé y dejé correr el agua por mi cuerpo, a mis pies la ropa que había llevado aquel día se estaba empapando, pensé en la alianza de casada, la busqué y me la puse. No me preocupaba nada, no tenía remordimientos y conseguí que en momento alguno mi marido me hiciera comentario sobre si estaba rara o me pasaba algo.

Ayer lunes pasé delante del apartamento donde viví lo relatado anteriormente, en el portal había colocado un cartel que anunciaba ?apartamento en alquiler? y un número de teléfono, seguí caminando y llegué al restaurante, nada más entrar el camarero me entregó un sobre con mi nombre escrito. Me apresuré a leer la carta que llevaba en su interior, a media lectura fui a esconderme en el lavabo y lágrimas como puños comenzaron a resbalar por mis mejillas, eran unas palabras escritas con una sensibilidad que me emocionó de tal manera que mi cuerpo se estremeció como si recordara en sus poros los momentos de placer vividos con el las había escrito.

Acaba con una post data y en ella me pedía que escribiera un relato describiendo todo lo que recordara de aquel momento y lo enviara a esta web. Cumplo tu deseo y solamente quiero decirte que agradezco su sinceridad al hacerme saber que al igual que yo tú también amas profundamente a otra persona. Siempre te recordaré.

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No quería irme a la tumba sin cumplir dos de mis sueños más deseados, viuda de mi amado pero zafio y bruto Nicasio desde hace la friolera de doce años y a punto de cumplir los setenta me propuse llevar a cabo esa idea que me rondaba la cabeza desde hace meses y no era más que fumarme un porro y acostarme con un negro, pido disculpas si alguna persona de edad se siente avergonzada con mi lenguaje pero soy una mujer de campo venida a la ciudad que estudió lo justo y que para colmo nunca supo nada de la sexualidad y lo poco que he aprendido lo he hecho a través de lo que he descubierto por Internet porque si es por mi Nicasio yo me voy a la tumba sin saber que es tener un orgasmo, del mismo modo pido disculpas a todos aquellas personas de color que se pudieran sentir ofendidas pero no es mi intención faltarles; descubrí casi por casualidad que acariciarme a mi misma me llevaría a un goce del que no creía que existiese palabra para describirlo y a partir de ahí fue un no parar, casi podría decirse que era una jovenzuela en busca de pastor para que me cubriera y eso que estoy seca por dentro desde hace muchos años, lo que no quiere decir es que por el hecho de que haya nieve en lo alto del horno no significa que no haya brasas en el interior y vaya si las había, mmm.

Una vez decidí llevar a cabo mi plan, busqué en muchas páginas de Internet de contactos sin saber si lo que encontraría sería lo que deseaba o no, como una ya es ?abuela? y con el colmillo revenido, antes me di de alta en foros para saber como debía buscar y hallar lo que necesitaba, no fue complicado pero si laborioso, seleccionar un ?semental? negro que me diera placer al principio fue una locura, de haber hecho caso a todo lo que decía en las fotos o anuncios hubiera sido de locas y al final me di de alta en un portal de citas de pago y busqué entre todos los candidatos, de entre los cerca de cien que vi me quedé sólo con tres y rápidamente les envié un pequeño correo a modo de formulario, no era complicado, les preguntaba si querrían fumarse un porro conmigo y si luego me harían el amor, como soy muy honrada les dije mi edad, les mandé una foto y les pregunté sus tarifas, espere a sus respuestas ansiosa y casi al borde de un colapso porque no sabía si responderían me preparé, reconozco que quería ser sincera, en mi foto podían ver a una mujer de 1.65, es decir alta para mi generación, de 58 kilos es decir que muy bien porque me cuido pero a la que colgaban las pieles de los brazos y sus muslos ya no lucían tersos y firmes, mis pechos pequeños gracias a no ser demasiado pesados la gravedad no les había hecho un estropicio y no lucían demasiado mal; a primera vista, podría depilarme por primera vez en mi vida para esa ocasión, cosa que pensaba hacer porque había leído que se sentía más, a todo ello lo acompañaba con unos ojos color miel y un cabello teñido de castaño porque una es madura pero muy coqueta, jeje.

A los tres días recibí la primera de las respuestas y dos días más tarde la otras dos, una de ellas la desestimé o mejor dicho, me desestimaron a mi por ser demasiado mayor para ese formidable macho que había seleccionado, pero tampoco me importó porque de las dos que si me respondieron las dos me satisfacían, me propuse decidirme por cual de los dos y tas pensarlo creo que no más de medio minuto opté por el más caro de los dos pensando que sería una garantía de un mejor sexo, quizás equivocada pero mi Nicasio me dejó el bolsillo bien cubierto y que porras, una alegría es una alegría, ays si mis hijos me vieran, prefiero no pensar en ello.

El elegido era David, un morenazo de 1,80 y que en canal como un cochino en la matanza pesaría 75 kilos, 75 kilos de hombre fibroso y musculoso, negro azabache casi azul dotado como nunca pensé que un hombre podría estarlo, no sabría decir cuanto medía pues yo mido en palmos o con el metro de coser y en la foto puesta hacia arriaba a David le pasaba el ombligo, uys, perdonar a esta vieja que se sobresalta pensando en ese miembro. Le di el visto bueno y le pedí el favor de que accediera a traerme un porro para que me lo fumara con él, David no se extrañó de mi rara petición y me dio su dirección y su tarifa; no se si sería su costumbre pero me dijo que el me invitaba a tan divertida sugerencia y a su vez yo le dije que me sentiría más cómoda y segura en mi casa; le facilité mi número de teléfono y acordamos la fecha, el sábado siguiente a las 8 de la tarde le esperaba en mi casa, ays que nervios, todavía me tiemblan las rodillas, en fin, ahora os cuento como fue mi cita.

El día previsto unas horas antes me di un baño relajante y procedí a usar crema depilatoria por las partes de mi cuerpo que pensé que debía usar, imprudentemente no la puse antes sobre mi piel para comprobar si me quemaba o no pero la fortuna me sonrió y no tuve sobresaltos, con la máquina de afeitar de mi difunto Nicasio apuré los pelillos que pude con un pequeño espejo y me puse lo más guapa que sabía; el resultado es que parecía al menos una mujer de sesenta y muy atractiva, no recurrí a colores de mujer de mala vida porque me parecía demasiado atrevido pero si a un vestido con gasa que me resultaba coqueto y sensual a a vez. Nerviosa como estaba, me senté a esperar y mi ansiado David llegó con algunos minutos de retraso, ays mis nervios, bueno, la espera valió la pena, muy atento David se disculpó y me trajo un clavel a modo de presente, nos dimos dos besos y le hice pasar al salón a la vez que le preguntaba si deseaba tomar algo.

Hola, soy David, ¿eres Ana?

Si, pasa, uys que hombretón, pasa pasa, no te quedes fuera.

Que sorpresa, eres más guapa que en las fotos, dijo de forma zalamera

Eso se lo dirá a todas, dije coqueta, toma esto es lo que acordamos, comprueba que esté bien, ¿quieres tomar algo? Dije mientras le daba el sobre con la cantidad acordada sin caer en que semejante hombre podía darme un golpazo, robarme la casa entera y violarme si le daba la gana.

Si tienes agua fría me viene bien, pero siguieres que compartamos juntos ese ?encarguito? un poquito de ron solo nos vendría bien, dijo con una sonrisa que dejaba ver unos dientes blancos como la nieve y unos labios carnosos que ansiaba que me besaran.

Jiji, ahora la traigo, siéntate, ponte cómodo.

Me fui a la cocina a la velocidad de un galgo y cuando volví con el ron, dos vasos y el hielo, David me esperaba con un par de cigarrillos liados sobre la mesita del salón.

Me senté a su lado y poniendo su mano sobre mi rodilla, me dio un suave beso en los labios pillándome desprevenida, uff que respingo di.

Ay David, que susto me has dado

¿Te he asustado? ¿no te gusto?

Si, si, perdona, es que estoy muy nerviosa

Tranquila, no me como a nadie, bueno si, a ti si pero muy despacito, me dijo acercándose suavemente hasta ponerse frente a mi y volver a besarme de nuevo pero ahora de forma mucho más erótica, vamos aprobar este porro que te traigo, ¿no has fumado nunca antes?

Pues no, ni porros ni tabaco

Vale, pero no aspires muy profundo porque si no toserás

Encendió el porro y dio una calada profunda y expulsando el aire al aire de una forma arrebatadoramente sexy y me lo pasó.

Recuerda, suave, no aspires demasiado fuerte, y pasándome el porro dio un sorbo al vaso de ron que le había preparado.

Di mi primera calada, un chorro de aire caliente me entró por los pulmones achicharrándome por dentro y me puse a toser como una tísica.

Cof, cof, cof

Ves, las prisas, no debes ser tan ansiosa, dijo quitándome el porro de entre los dedos y acariciando mi espalda lo puso en un cenicero y me dio a beber de su vaso.

Yo puse mis labios en la marca que el había dejado y bebí despacito, y ahora otro chorro ardiente me atravesó el gaznate.

Ays perdona a esta vieja, dije avergonzada

No te apures, mira yo creo que esto lo podemos dejar para luego, para cuando estés más relajada, ¿te parece?

Si, me parece bien, estoy nerviosa como una niña el día de reyes, ¿necesitas algo antes de hacer, ejem?

Nada, una toalla para lavarme un poco antes y acompañarte al dormitorio donde te veo en un decir atchis.

Nos levantamos y siguiéndome le llevé hasta el cuarto de baño donde le di una toalla limpia y me fui al dormitorio a esperarle.

Sentí el ruido del agua caliente mientras abría el lecho donde había yacido con mi difunto Nicasio muchas veces dispuesta a ponerle unos cuernos en toda regla, me desvestí pero quedándome en ropa interior y una pequeña bata de gasa porque me daba vergüenza que me viera, dejé una luz de penumbra y cuando estaba retirando la colcha entró David en el dormitorio, con la toalla sobre los hombros y con su sexo al aire, uf que temblores, era más grande de lo que había imaginado.

Está a tiempo de que me marche

No David, quédate, eres un ser perfecto

Y antes de que volviese a decir nada sus enormes y negras manos me atraparon llevándome hacia el y darme un beso en la boca en la que metió una cálida y húmeda lengua hasta lo más profundo de mi, su lengua roja me abrasaba tan calidamente por dentro que casi me desmayo y sin percatarme que me cogía en volandas hasta colocarme sobre la cama aferrada a él como una serpiente.

- No pienses en nada, déjate hacer, voy a tratarte como una reina.

No dije nada y me dejé hacer, sus hábiles dedos me sacaron la batita de gasa dejándome en bragotas y sujetador, un conjunto negro que había comprado para la ocasión y que hacía un homenaje a ese cuerpo de atleta que me iba a poseer.

Su cuerpo desnudo se movía suavemente al lado del mío y colocado a mi lado me vi mirándome a sus ojos mientras sus manos me despojaban de toda la vergüenza que me quedaba y sin ropa interior.

Mis manos seguían acariciando un palpitante pecho negro que parecía tallado en piedra y tomando mi mano derecha, la llevó hasta su pene, yo seguía nerviosa pero cada vez me movía con menos torpeza y sentir su inmenso miembro en mi mano me dejó sin respiración, creo que David se dio cuenta y sonriendo maliciosamente besó mi cuello y empezó a acariciarme creo que hasta la sombra que hacía mi cuerpo en el lecho porque me sentía llena de él; sus carnosos labios me comían tanto por dentro como por fuera y ya solo podía guiarme por lo que sentía mi piel porque mis ojos estaban cerrados a ver pero completamente abiertos al placer, no se si el poco alcohol que había bebido o la calada al porro que había dado pero me vi clavando mis dientes en el hombro de David como una leona.

No se como debe moverse un profesional del sexo pero David parecía saber todo lo que yo quería, cuando lo quería y como lo quería.

Sus dedos se movían con una delicadeza absoluta, acariciando mi piel que se erizaba de placer con solo imaginar que me iba a tocar, su lengua leía los poros de mi piel y su sexo aumentaba de tamaño preparándose para penetrar mi alma hasta lo más profundo. Abrió con dulzura mis muslos con su mano izquierda y mientras lamía mis pechos fue colocándose entre mis piernas cada vez más abiertas, mi sexo sexo por décadas empezó a sudar o eso creí yo al contacto con el pecho y abdomen de David que bajaba bien lento recorriendo mi torso besando mis pezones, mi ombligo, mi pubis recién arreglado, cerré mis piernas en torno a su cuerpo en un intento de que no se escapara pero su fuerza me hizo desistir, tenía esa necesidad vital de que me poseyera, que me atravesara y sentirle dentro de mi pero David debía saber que era mejor esperar un poco más y posó sus labios sobre los labios de mi vagina, su lengua pasó suavemente entre los labios y por primera vez en mi vida supe lo que era el sexo oral, como podía haber vivido tanto tiempo sin disfrutar de semejante experiencia, esa lengua fue abriéndose paso poco a poco levantando cada rincón de mi vagina mientras sus dedos exploraban mi vagina doblándose y retorciéndose dentro de mi, su largo dedo corazón tocó algo dentro de mi y una oleada de placer me inundó por dentro, no se que era, pero un espasmo me subió por la espalda desde mi sexo hasta mi cabeza en un latigazo de algo más de medio minuto que me afectaba hasta los dedos de mis pies que se crisparon como si me hubiese dado un tirón estando acostada; David sintió mi espasmo y bajó la intensidad pero sin perder el contacto con mi sexo, poco a poco mi respiración fue calmándose sin saber que me había pasado, mi pecho se iba relajando y mis manos que se habían aferrado a mis pechos apretándolos como para sacar la poca leche que me quedase fueron aflojando su presión hasta soltarse y llevarlos a la cabeza de mi oscuro amante.

Pocos minutos más tarde David pareció encontrar algo que nunca sospeché que tuviese, escondido entre los labios de mi vagina tocó algo que me volvió a estremecer por dentro, de forma distinta, más ardiente y el contacto de su lengua sobre esa parte de mi me estaba volviendo loca y eso que todavía no me había penetrado, jugó conmigo, primero la punta de su lengua, la parte suave de su lengua, la parte áspera de su lengua, su lengua, su lengua, ese pedazo de carne creado para dar placer de David me aceleraba el pulso, el calor interior; oleadas de placer me volvían a arrebatar, no podía comprender que me estaba pasando y que era eso que me hacía gemir como una gatita; mis piernas parecían tomar vida propia temblando cada vez que me tocaba con sus labios o su lengua; no era capaz de poder focalizar el placer en un solo lugar porque sus manos me acariciaban hasta la entrada de culo, si, mi culo, ese sitio por el que solo sale suciedad; daba lo mismo, no dio tiempo a que pensara en nada más porque esa oleada de placer que me había invadido como una condenada a la hoguera me volvió a llevar a un estado de ceguera absoluta y abandono de mi; apreté mis manos contra su cabeza llevando la boca de David hacia mi sexo, que no me abandonase y por segunda vez me sentí húmeda y llena de felicidad, las sábanas de mi cama estaban siendo testigos de un combate que nunca antes habían visto porque mis encuentros con mi difunto eran más un combate que lo que yo estaba disfrutando ahora.

Creo que no dije nada, solo se que me faltaba el aire, el placer me desbordaba y hasta mis orejas estaban tan sensibles que podía haber tenido un orgasmo con solo decir mi nombre esa noche mi deseado David; un amante paciente que levantó su mirada para ver como me estremecía pero que no decía nada, porque creo que no había nada que decir; se puso a mi lado y puso su pierna entre las mías y me besó calmando mis ansias de aire, me insufló energía de nuevo. Se colocó sobre mi y cogiéndome por la espalda me incorporó hasta colocarme sentada sobre él, su sexo inhiesto estaba pegado en mi sexo, subiendo entre el poco espacio que quedaba entre su cuerpo y el mío mientras yo le abrazaba pegándome a él todo lo que podía, sentía en mi abdomen su pene palpitante y esperaba ansiosa sentirlo dentro, ya no tenía miedo si me rompía por dentro o no, le quería sentir plenamente y no pensé en protecciones o no protecciones, ¿quién iba a pensar que me dejasen embarazada a mis años? ¿y eso de las ETS?

No se, cuando me elevó lo suficiente como para colocar la punta de su pene en la entrada de mi coño no pensé en nada, mientras me besaba con dulzura dejó que mi propio peso fuera la fuerza que me hiciese sentirle dentro de mi, un instante eterno de placer que me abría por dentro hasta llegar hasta sentarme sobre sus muslos, todo su miembro estaba dentro de mi, solo podía gemir, gemir y gemir, mis ojos cerrados y mi cabeza echada hacia atrás en una imagen de abandono total eran todo un poema.

David me cogió en volandas y me echó sobre la cama, ahora descargaba todo su peso sobre mi, le sentía cada vez más dentro, comenzó un lento movimiento de sus caderas saliendo de mi y volviendo a entrar, mis piernas s se aferraban y cada vez que llegaba hasta mi sus muslos chocaban con el interior de los míos en un ruido seco, círculos de su cadera me estimulaban por todo mi interior o sacaba del todo su pene y volvía a meterlo de un golpe, era un repertorio de doctor del sexo, mi boca entre gemido y gemido se encontraba de vez en cuando con la boca de David y mis uñas se clavaban en su espalda como una gata salvaje, esta vez el placer se hizo esperar un poco más, no se si porque me descubrió partes de mi cuerpo que desconocía o porque yo misma me contuve, da igual, recuerdo que cuando empecé a moverme en la web de contactos todas las experiencias hablaban del tamaño del pene, pero yo estaba descubriendo que David me estaba haciendo el amor hasta con las pestañas, todo su cuerpo me estaba dando placer, ya fuese con su precioso y enorme miembro o con sus hábiles labios o sus no menos diestras manos.

La última oleada de placer de mi encuentro con David me estaba inundando, era más contenida, menos juvenil que las anteriores, mis manos acariciaban ahora su espalda con dulzura y notaban como el mismo se crispaba, sus músculos se volvían cada vez más duros y mi memoria se acordó del torpe de mi difunto esposo, un chorro de semen me inundó por dentro, cuatro chorros de leche blanca caliente me llenaba a la vez que su pene descargaba toda la tensión que había acumulado dándome tanto placer. Cuando sentí su último espasmo, David se quedó dentro de mi resoplando como un búfalo mientras empujaba con fuerza tratando de atravesar mi cuerpo; ese Adonis negro musculoso, de labios carnosos y cálidos me estaba saciando de todo lo que no había conocido que el negocio de contratarle me pareció una ganga.

Con movimientos dignos de un felino de la selva se separó de mi sin perder del todo el contacto con mi cuerpo y sin dejar de mirarme, que escalofríos sentía cuando esos ojos me penetraban, brr, sonriendo volvió a acariciarme y besándome puso la palma de su mano sobre mi ardiente y mojado sexo y empapando su mano me sonrió y me confirmó que realmente me había tendido varios orgasmos.

Discretamente se levantó y se dirigió a la ducha, pensaba que me iba a dejar en la cama para que disfrutara de lo que habíamos hecho juntos pero me tomó de la mano y me llevó a horcajas hasta la ducha con él mientras su lengua volvía a meterse dentro de mi; pero lo que hicimos en la ducha después forma parte de lo que contaré en otro momento, pero que sepáis que un agujero que nunca pensé que pudiera penetrarse por sucio, fue dulcemente penetrado por un miembro digno de un museo y con la destreza de los que saben meterla, si tu eres uno de ellos, quizás me encuentres en las páginas de contactos.

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abril 20th, 2014 >> Relatos Eroticos

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No hay edad para un orgasmo en Relatos eroticos de Maduras (relatos eroticos )

No quería irme a la tumba sin cumplir dos de mis sueños más deseados, viuda de mi amado pero zafio y bruto Nicasio desde hace la friolera de doce años y a punto de cumplir los setenta me propuse llevar a cabo esa idea que me rondaba la cabeza desde hace meses y no era más que fumarme un porro y acostarme con un negro, pido disculpas si alguna persona de edad se siente avergonzada con mi lenguaje pero soy una mujer de campo venida a la ciudad que estudió lo justo y que para colmo nunca supo nada de la sexualidad y lo poco que he aprendido lo he hecho a través de lo que he descubierto por Internet porque si es por mi Nicasio yo me voy a la tumba sin saber que es tener un orgasmo, del mismo modo pido disculpas a todos aquellas personas de color que se pudieran sentir ofendidas pero no es mi intención faltarles; descubrí casi por casualidad que acariciarme a mi misma me llevaría a un goce del que no creía que existiese palabra para describirlo y a partir de ahí fue un no parar, casi podría decirse que era una jovenzuela en busca de pastor para que me cubriera y eso que estoy seca por dentro desde hace muchos años, lo que no quiere decir es que por el hecho de que haya nieve en lo alto del horno no significa que no haya brasas en el interior y vaya si las había, mmm.

Una vez decidí llevar a cabo mi plan, busqué en muchas páginas de Internet de contactos sin saber si lo que encontraría sería lo que deseaba o no, como una ya es ?abuela? y con el colmillo revenido, antes me di de alta en foros para saber como debía buscar y hallar lo que necesitaba, no fue complicado pero si laborioso, seleccionar un ?semental? negro que me diera placer al principio fue una locura, de haber hecho caso a todo lo que decía en las fotos o anuncios hubiera sido de locas y al final me di de alta en un portal de citas de pago y busqué entre todos los candidatos, de entre los cerca de cien que vi me quedé sólo con tres y rápidamente les envié un pequeño correo a modo de formulario, no era complicado, les preguntaba si querrían fumarse un porro conmigo y si luego me harían el amor, como soy muy honrada les dije mi edad, les mandé una foto y les pregunté sus tarifas, espere a sus respuestas ansiosa y casi al borde de un colapso porque no sabía si responderían me preparé, reconozco que quería ser sincera, en mi foto podían ver a una mujer de 1.65, es decir alta para mi generación, de 58 kilos es decir que muy bien porque me cuido pero a la que colgaban las pieles de los brazos y sus muslos ya no lucían tersos y firmes, mis pechos pequeños gracias a no ser demasiado pesados la gravedad no les había hecho un estropicio y no lucían demasiado mal; a primera vista, podría depilarme por primera vez en mi vida para esa ocasión, cosa que pensaba hacer porque había leído que se sentía más, a todo ello lo acompañaba con unos ojos color miel y un cabello teñido de castaño porque una es madura pero muy coqueta, jeje.

A los tres días recibí la primera de las respuestas y dos días más tarde la otras dos, una de ellas la desestimé o mejor dicho, me desestimaron a mi por ser demasiado mayor para ese formidable macho que había seleccionado, pero tampoco me importó porque de las dos que si me respondieron las dos me satisfacían, me propuse decidirme por cual de los dos y tas pensarlo creo que no más de medio minuto opté por el más caro de los dos pensando que sería una garantía de un mejor sexo, quizás equivocada pero mi Nicasio me dejó el bolsillo bien cubierto y que porras, una alegría es una alegría, ays si mis hijos me vieran, prefiero no pensar en ello.

El elegido era David, un morenazo de 1,80 y que en canal como un cochino en la matanza pesaría 75 kilos, 75 kilos de hombre fibroso y musculoso, negro azabache casi azul dotado como nunca pensé que un hombre podría estarlo, no sabría decir cuanto medía pues yo mido en palmos o con el metro de coser y en la foto puesta hacia arriaba a David le pasaba el ombligo, uys, perdonar a esta vieja que se sobresalta pensando en ese miembro. Le di el visto bueno y le pedí el favor de que accediera a traerme un porro para que me lo fumara con él, David no se extrañó de mi rara petición y me dio su dirección y su tarifa; no se si sería su costumbre pero me dijo que el me invitaba a tan divertida sugerencia y a su vez yo le dije que me sentiría más cómoda y segura en mi casa; le facilité mi número de teléfono y acordamos la fecha, el sábado siguiente a las 8 de la tarde le esperaba en mi casa, ays que nervios, todavía me tiemblan las rodillas, en fin, ahora os cuento como fue mi cita.

El día previsto unas horas antes me di un baño relajante y procedí a usar crema depilatoria por las partes de mi cuerpo que pensé que debía usar, imprudentemente no la puse antes sobre mi piel para comprobar si me quemaba o no pero la fortuna me sonrió y no tuve sobresaltos, con la máquina de afeitar de mi difunto Nicasio apuré los pelillos que pude con un pequeño espejo y me puse lo más guapa que sabía; el resultado es que parecía al menos una mujer de sesenta y muy atractiva, no recurrí a colores de mujer de mala vida porque me parecía demasiado atrevido pero si a un vestido con gasa que me resultaba coqueto y sensual a a vez. Nerviosa como estaba, me senté a esperar y mi ansiado David llegó con algunos minutos de retraso, ays mis nervios, bueno, la espera valió la pena, muy atento David se disculpó y me trajo un clavel a modo de presente, nos dimos dos besos y le hice pasar al salón a la vez que le preguntaba si deseaba tomar algo.

Hola, soy David, ¿eres Ana?

Si, pasa, uys que hombretón, pasa pasa, no te quedes fuera.

Que sorpresa, eres más guapa que en las fotos, dijo de forma zalamera

Eso se lo dirá a todas, dije coqueta, toma esto es lo que acordamos, comprueba que esté bien, ¿quieres tomar algo? Dije mientras le daba el sobre con la cantidad acordada sin caer en que semejante hombre podía darme un golpazo, robarme la casa entera y violarme si le daba la gana.

Si tienes agua fría me viene bien, pero siguieres que compartamos juntos ese ?encarguito? un poquito de ron solo nos vendría bien, dijo con una sonrisa que dejaba ver unos dientes blancos como la nieve y unos labios carnosos que ansiaba que me besaran.

Jiji, ahora la traigo, siéntate, ponte cómodo.

Me fui a la cocina a la velocidad de un galgo y cuando volví con el ron, dos vasos y el hielo, David me esperaba con un par de cigarrillos liados sobre la mesita del salón.

Me senté a su lado y poniendo su mano sobre mi rodilla, me dio un suave beso en los labios pillándome desprevenida, uff que respingo di.

Ay David, que susto me has dado

¿Te he asustado? ¿no te gusto?

Si, si, perdona, es que estoy muy nerviosa

Tranquila, no me como a nadie, bueno si, a ti si pero muy despacito, me dijo acercándose suavemente hasta ponerse frente a mi y volver a besarme de nuevo pero ahora de forma mucho más erótica, vamos aprobar este porro que te traigo, ¿no has fumado nunca antes?

Pues no, ni porros ni tabaco

Vale, pero no aspires muy profundo porque si no toserás

Encendió el porro y dio una calada profunda y expulsando el aire al aire de una forma arrebatadoramente sexy y me lo pasó.

Recuerda, suave, no aspires demasiado fuerte, y pasándome el porro dio un sorbo al vaso de ron que le había preparado.

Di mi primera calada, un chorro de aire caliente me entró por los pulmones achicharrándome por dentro y me puse a toser como una tísica.

Cof, cof, cof

Ves, las prisas, no debes ser tan ansiosa, dijo quitándome el porro de entre los dedos y acariciando mi espalda lo puso en un cenicero y me dio a beber de su vaso.

Yo puse mis labios en la marca que el había dejado y bebí despacito, y ahora otro chorro ardiente me atravesó el gaznate.

Ays perdona a esta vieja, dije avergonzada

No te apures, mira yo creo que esto lo podemos dejar para luego, para cuando estés más relajada, ¿te parece?

Si, me parece bien, estoy nerviosa como una niña el día de reyes, ¿necesitas algo antes de hacer, ejem?

Nada, una toalla para lavarme un poco antes y acompañarte al dormitorio donde te veo en un decir atchis.

Nos levantamos y siguiéndome le llevé hasta el cuarto de baño donde le di una toalla limpia y me fui al dormitorio a esperarle.

Sentí el ruido del agua caliente mientras abría el lecho donde había yacido con mi difunto Nicasio muchas veces dispuesta a ponerle unos cuernos en toda regla, me desvestí pero quedándome en ropa interior y una pequeña bata de gasa porque me daba vergüenza que me viera, dejé una luz de penumbra y cuando estaba retirando la colcha entró David en el dormitorio, con la toalla sobre los hombros y con su sexo al aire, uf que temblores, era más grande de lo que había imaginado.

Está a tiempo de que me marche

No David, quédate, eres un ser perfecto

Y antes de que volviese a decir nada sus enormes y negras manos me atraparon llevándome hacia el y darme un beso en la boca en la que metió una cálida y húmeda lengua hasta lo más profundo de mi, su lengua roja me abrasaba tan calidamente por dentro que casi me desmayo y sin percatarme que me cogía en volandas hasta colocarme sobre la cama aferrada a él como una serpiente.

- No pienses en nada, déjate hacer, voy a tratarte como una reina.

No dije nada y me dejé hacer, sus hábiles dedos me sacaron la batita de gasa dejándome en bragotas y sujetador, un conjunto negro que había comprado para la ocasión y que hacía un homenaje a ese cuerpo de atleta que me iba a poseer.

Su cuerpo desnudo se movía suavemente al lado del mío y colocado a mi lado me vi mirándome a sus ojos mientras sus manos me despojaban de toda la vergüenza que me quedaba y sin ropa interior.

Mis manos seguían acariciando un palpitante pecho negro que parecía tallado en piedra y tomando mi mano derecha, la llevó hasta su pene, yo seguía nerviosa pero cada vez me movía con menos torpeza y sentir su inmenso miembro en mi mano me dejó sin respiración, creo que David se dio cuenta y sonriendo maliciosamente besó mi cuello y empezó a acariciarme creo que hasta la sombra que hacía mi cuerpo en el lecho porque me sentía llena de él; sus carnosos labios me comían tanto por dentro como por fuera y ya solo podía guiarme por lo que sentía mi piel porque mis ojos estaban cerrados a ver pero completamente abiertos al placer, no se si el poco alcohol que había bebido o la calada al porro que había dado pero me vi clavando mis dientes en el hombro de David como una leona.

No se como debe moverse un profesional del sexo pero David parecía saber todo lo que yo quería, cuando lo quería y como lo quería.

Sus dedos se movían con una delicadeza absoluta, acariciando mi piel que se erizaba de placer con solo imaginar que me iba a tocar, su lengua leía los poros de mi piel y su sexo aumentaba de tamaño preparándose para penetrar mi alma hasta lo más profundo. Abrió con dulzura mis muslos con su mano izquierda y mientras lamía mis pechos fue colocándose entre mis piernas cada vez más abiertas, mi sexo sexo por décadas empezó a sudar o eso creí yo al contacto con el pecho y abdomen de David que bajaba bien lento recorriendo mi torso besando mis pezones, mi ombligo, mi pubis recién arreglado, cerré mis piernas en torno a su cuerpo en un intento de que no se escapara pero su fuerza me hizo desistir, tenía esa necesidad vital de que me poseyera, que me atravesara y sentirle dentro de mi pero David debía saber que era mejor esperar un poco más y posó sus labios sobre los labios de mi vagina, su lengua pasó suavemente entre los labios y por primera vez en mi vida supe lo que era el sexo oral, como podía haber vivido tanto tiempo sin disfrutar de semejante experiencia, esa lengua fue abriéndose paso poco a poco levantando cada rincón de mi vagina mientras sus dedos exploraban mi vagina doblándose y retorciéndose dentro de mi, su largo dedo corazón tocó algo dentro de mi y una oleada de placer me inundó por dentro, no se que era, pero un espasmo me subió por la espalda desde mi sexo hasta mi cabeza en un latigazo de algo más de medio minuto que me afectaba hasta los dedos de mis pies que se crisparon como si me hubiese dado un tirón estando acostada; David sintió mi espasmo y bajó la intensidad pero sin perder el contacto con mi sexo, poco a poco mi respiración fue calmándose sin saber que me había pasado, mi pecho se iba relajando y mis manos que se habían aferrado a mis pechos apretándolos como para sacar la poca leche que me quedase fueron aflojando su presión hasta soltarse y llevarlos a la cabeza de mi oscuro amante.

Pocos minutos más tarde David pareció encontrar algo que nunca sospeché que tuviese, escondido entre los labios de mi vagina tocó algo que me volvió a estremecer por dentro, de forma distinta, más ardiente y el contacto de su lengua sobre esa parte de mi me estaba volviendo loca y eso que todavía no me había penetrado, jugó conmigo, primero la punta de su lengua, la parte suave de su lengua, la parte áspera de su lengua, su lengua, su lengua, ese pedazo de carne creado para dar placer de David me aceleraba el pulso, el calor interior; oleadas de placer me volvían a arrebatar, no podía comprender que me estaba pasando y que era eso que me hacía gemir como una gatita; mis piernas parecían tomar vida propia temblando cada vez que me tocaba con sus labios o su lengua; no era capaz de poder focalizar el placer en un solo lugar porque sus manos me acariciaban hasta la entrada de culo, si, mi culo, ese sitio por el que solo sale suciedad; daba lo mismo, no dio tiempo a que pensara en nada más porque esa oleada de placer que me había invadido como una condenada a la hoguera me volvió a llevar a un estado de ceguera absoluta y abandono de mi; apreté mis manos contra su cabeza llevando la boca de David hacia mi sexo, que no me abandonase y por segunda vez me sentí húmeda y llena de felicidad, las sábanas de mi cama estaban siendo testigos de un combate que nunca antes habían visto porque mis encuentros con mi difunto eran más un combate que lo que yo estaba disfrutando ahora.

Creo que no dije nada, solo se que me faltaba el aire, el placer me desbordaba y hasta mis orejas estaban tan sensibles que podía haber tenido un orgasmo con solo decir mi nombre esa noche mi deseado David; un amante paciente que levantó su mirada para ver como me estremecía pero que no decía nada, porque creo que no había nada que decir; se puso a mi lado y puso su pierna entre las mías y me besó calmando mis ansias de aire, me insufló energía de nuevo. Se colocó sobre mi y cogiéndome por la espalda me incorporó hasta colocarme sentada sobre él, su sexo inhiesto estaba pegado en mi sexo, subiendo entre el poco espacio que quedaba entre su cuerpo y el mío mientras yo le abrazaba pegándome a él todo lo que podía, sentía en mi abdomen su pene palpitante y esperaba ansiosa sentirlo dentro, ya no tenía miedo si me rompía por dentro o no, le quería sentir plenamente y no pensé en protecciones o no protecciones, ¿quién iba a pensar que me dejasen embarazada a mis años? ¿y eso de las ETS?

No se, cuando me elevó lo suficiente como para colocar la punta de su pene en la entrada de mi coño no pensé en nada, mientras me besaba con dulzura dejó que mi propio peso fuera la fuerza que me hiciese sentirle dentro de mi, un instante eterno de placer que me abría por dentro hasta llegar hasta sentarme sobre sus muslos, todo su miembro estaba dentro de mi, solo podía gemir, gemir y gemir, mis ojos cerrados y mi cabeza echada hacia atrás en una imagen de abandono total eran todo un poema.

David me cogió en volandas y me echó sobre la cama, ahora descargaba todo su peso sobre mi, le sentía cada vez más dentro, comenzó un lento movimiento de sus caderas saliendo de mi y volviendo a entrar, mis piernas s se aferraban y cada vez que llegaba hasta mi sus muslos chocaban con el interior de los míos en un ruido seco, círculos de su cadera me estimulaban por todo mi interior o sacaba del todo su pene y volvía a meterlo de un golpe, era un repertorio de doctor del sexo, mi boca entre gemido y gemido se encontraba de vez en cuando con la boca de David y mis uñas se clavaban en su espalda como una gata salvaje, esta vez el placer se hizo esperar un poco más, no se si porque me descubrió partes de mi cuerpo que desconocía o porque yo misma me contuve, da igual, recuerdo que cuando empecé a moverme en la web de contactos todas las experiencias hablaban del tamaño del pene, pero yo estaba descubriendo que David me estaba haciendo el amor hasta con las pestañas, todo su cuerpo me estaba dando placer, ya fuese con su precioso y enorme miembro o con sus hábiles labios o sus no menos diestras manos.

La última oleada de placer de mi encuentro con David me estaba inundando, era más contenida, menos juvenil que las anteriores, mis manos acariciaban ahora su espalda con dulzura y notaban como el mismo se crispaba, sus músculos se volvían cada vez más duros y mi memoria se acordó del torpe de mi difunto esposo, un chorro de semen me inundó por dentro, cuatro chorros de leche blanca caliente me llenaba a la vez que su pene descargaba toda la tensión que había acumulado dándome tanto placer. Cuando sentí su último espasmo, David se quedó dentro de mi resoplando como un búfalo mientras empujaba con fuerza tratando de atravesar mi cuerpo; ese Adonis negro musculoso, de labios carnosos y cálidos me estaba saciando de todo lo que no había conocido que el negocio de contratarle me pareció una ganga.

Con movimientos dignos de un felino de la selva se separó de mi sin perder del todo el contacto con mi cuerpo y sin dejar de mirarme, que escalofríos sentía cuando esos ojos me penetraban, brr, sonriendo volvió a acariciarme y besándome puso la palma de su mano sobre mi ardiente y mojado sexo y empapando su mano me sonrió y me confirmó que realmente me había tendido varios orgasmos.

Discretamente se levantó y se dirigió a la ducha, pensaba que me iba a dejar en la cama para que disfrutara de lo que habíamos hecho juntos pero me tomó de la mano y me llevó a horcajas hasta la ducha con él mientras su lengua volvía a meterse dentro de mi; pero lo que hicimos en la ducha después forma parte de lo que contaré en otro momento, pero que sepáis que un agujero que nunca pensé que pudiera penetrarse por sucio, fue dulcemente penetrado por un miembro digno de un museo y con la destreza de los que saben meterla, si tu eres uno de ellos, quizás me encuentres en las páginas de contactos.

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