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Porno colombiano: “La ponen sobre la barda y le rompen el culo”

Video Porno de: Jovencitas

junio 13th, 2013 >> Amateurs, Porno

Tremendo video porno colombiano para hoy, cortesía de Sabuesos que comenta:“Hola parceros, algo de porno colombiano para su pagina que tanto gusta aca en colombia jejej a esta chica que parece prepago la ponen contra la barda y el parcero le rompe el culo mientras otro graba, espero les guste para enviarles mas porno de mi pais soy Sabuesos” Tremendo video, que gran culo tiene esta colombiana y que buena culiada le dieron. Que buenas tomo logro el chico de la cámara, que aunque borros cuando hizo los acercamientos del culo se vio tremendo. Esperamos tengas mas porno como este y lo compartas con toda Colombia. Comenten, voten y envíen sus videos xxx al mail material@pornoenamerica.com especificando su país. Y si se quedaron arrechos y buscan algo mas, visite AMIGOS ARDIENTES La red social para tener encuentros sexuales garantizados !!!

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“Video swinger argentino compartiendo a mi mujer”

Video Porno de: Jovencitas

junio 13th, 2013 >> Amateurs, Porno

Para hoy nos llega un video swinger argentino cortesía de Matrimonio36 que comenta:“Hola pibes, somos de la Argentina, ella es Natalia la puta de mi mujer, le estamos haciendo un trío junto a un amigo, escuchen como lo gozan somos de Bs. As manden comentarios a matrimonio36@hotmail.com para tener algún encuentro y se la cojan tambien….” Excelente video que buena cogida le dieron a tu mujer, esa toma de abajo se ve perfecto como le abren la vagina. Esperamos tengas la segunda parte y mas videos compartiendo a tu esposa. Ahi esta chicos, si son de la Argentina aqui hay una pareja buscando mas tríos. Comenten, voten y envíen su porno latino al mail material@pornoenamerica.com el mejor sitio de videos porno en latinoamerica. Y para los que tambien busca encuentros y conocer gente en su país, únanse a AMIGOS ARDIENTES La red social de encuentros sexuales garantizados !!!

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Melisa Mendiny un culo delicioso, el mejor culo de la red :F (3 puntos)

Video Porno de: Jovencitas

noviembre 17th, 2013 >> Argentinas, Porno

Melisa Mendiny un culo delicioso, el mejor culo de la red :F (3 puntos) (porno pendejas pendejas argentinas )

Si eres un adicto al culaso de melisa mendiny este post es para vz, este culo de mujer es divino, creo q a todos nos vuelve locos, espero difruten los videos xq estan muy buenos sobre todo el ultimo Gracias por la visita.

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La mujer de mi amigo en Relatos eroticos de Infidelidad

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septiembre 24th, 2013 >> Relatos Eroticos

La mujer de mi amigo en Relatos eroticos de Infidelidad (relatos eroticos )

» Relato Erotico: La mujer de mi amigo en Relatos eroticos de Infidelidad

La mujer de mi amigo en Relatos eroticos de Infidelidad (relatos eroticos )

Como tantos otros días nos habíamos reunido los del equipo de fútbol para celebrar que, otro año más, habíamos conseguido un nuevo título. Esta vez salimos de vinos con la intención de tomar unas raciones pero, como suele suceder en estos casos, ya había anochecido hacía tiempo y aun seguíamos por ahí festejando nuestra buena temporada futbolística.

De todos los miembros del equipo tengo especial amistad con seis o siete que son los que siempre nos juntamos e incluso hacemos alguna cena más íntima con las mujeres o novias de todos ellos. Entre las parejas de mis compañeros destaca Mary, la mujer de Xisco, con la que me une una amistad más especial que con las de las demás parejas. Mary es una preciosidad, un auténtico bombón, alta, de pelo rizado, esbelta y con un cuerpazo en el que destacan sus perfectas tetas y un culito muy alto y respingón. Todo en ella se me hace muy sexy desde su forma de caminar, pasando por una cara muy linda, hasta esa sonrisa tan adictiva que tiene.

Desde hace algunos meses solemos mandarnos correos y mensajes para saber cómo nos va la vida y, de vez en cuando, hemos tenido algunos subidos de tono con, incluso, envío de fotos bastante eróticas. El caso es que durante toda la tarde de la celebración había estado mandando y recibiendo mensajes de Mary y supongo que con los efectos del alcohol me estaba envalentonando y los mensajes pasaron a ser de contenido sexual. Ella, incluso, me envío un par de fotos muy insinuantes y eróticas, como ejemplo, en una de ellas se le veía sentada en un sofá, desnuda y tapada únicamente con un cojín. No se le veía nada pero dejaba que volara la imaginación y eso era mucho peor para mi calentura.

Como suele pasar en este tipo de celebraciones las copas ingeridas estaban haciendo efecto y algunos miembros del equipo ya andaban bastante tocados, sobre todo, Xisco que no estaba demasiado habituado a beber y ya llevaba algún tiempo tambaleándose y casi no se le entendía cuando intentaba hablar.

Cláramente, como soy un buen amigo, me ofrecí a llevarlo a casa pero, con toda la intención del mundo, no le dije nada a Mary a través de los mensajes. Camino de su casa seguíamos poniéndonos muy cardiacos con los mensajes y las fotos, la última que me envió, justo cuando estábamos llegando al portal de su casa, fue una con la camiseta de Xisco del equipo de fútbol en el que jugamos. Estaba muy sexy tapada únicamente con la camiseta.

Le cogí a Xisco las llaves y cuando abrí la puerta de su casa notaba como mi corazón latía imaginando que todavía Mary iría con la camiseta de fútbol puesta. Justo cuando abrimos la puerta del amplio y luminoso salón, recibí otro mensaje suyo en el que decía que Xisco ya estaba en casa y que lo dejábamos hasta otro día.

? Te queda mejor la camiseta del equipo que a Xisco y mucho mejor al natural que en las fotos ? le dije a Mary.

Recuerdo perfectamente su cara de alucinada cuando escuchó mis palabras. Se levantó del sofá, se acercó, me dio un par de besos muy cerquita de mis comisuras y miró a Xisco para decirle que siempre le pasaba lo mismo con la bebida en todas las celebraciones del equipo.

Decidimos acostar a Xisco en una cama porque casi no se tenía en pie y le ayudé a desvestirle. No podía ni quería evitarlo y se me iban los ojos a las piernas de Mary, ya que la camiseta apenas le tapaba y buena parte de su culito se le veía desafiante a continuación de la camiseta. Creo que no hay nada más sexy que una mujer vestida únicamente con una camiseta de fútbol.

? Javiiiiiiiiii que se te va la vistaaaaaa ? me decía, mientras ambos reíamos.

Una vez acostado Xisco le dije que por qué no me invitaba a una copa mientras nos sentábamos en el sofá, como agradecimiento a haberme portado tan bien al traer a su marido, sano y salvo, a su casa.

? Es lo menos que puedo hacer porque, además, te has perdido parte de la noche de juerga por su culpa ? me dijo.

Estuvimos un rato hablando y comentando cómo habíamos pasado la tarde y contando algunas anécdotas graciosas de las ocurridas durante toda la celebración. Lo que, en principio, iba a ser una copa fueron algunas más y entre copa y copa, con la calentura de tenerla vestida únicamente con la camiseta, le sugerí que por qué no le hacía yo algunas fotos con mi móvil.

? ¡De eso ni hablar, Javi! ? sentenció Mary

? Pero, ¿qué diferencia hay entre hacértelas tú y mandarlas, con hacerlas yo en mi móvil? ? le pregunté.

? Venga, dispara ? me dijo tras dudar unos instantes ? Total, tienes razón, no hay mucha diferencia.

Entonces se subió al sofá y comenzó a poner poses a cada cual más sexy. En una de esas poses, cuando se apoyó en la pared dándome la espalda y subiéndose la camiseta un poquito, me mostró ese pedazo de culito que tanto me excitaba. En principio pensé que no llevaba nada debajo pero luego me fijé que tenía un tanguita minúsculo. La sesión de fotos se estaba animando y no paraba de hacer fotos. Los pezones de Mary habían reaccionado, parecía que casi traspasaban la camiseta y mi polla ya no entraba en el pantalón de lo cachondo que estaba. En una de las fotos en las que me mostraba, literalmente, su precioso, alto y respingón culito, noté que le colgaba un hilo de la camiseta. Me acerqué con la intención de quitárselo y de paso rozar ese culito que tanto me enloquecía. Fue un roce pero lo suficiente para notar que se estremecía un poquito. Creía que iba a reventar pero quería seguir disfrutando del momento, no quería que se acabara. Sin pudor alguno tras algunas fotos me volvía a acercar a ella y aprovechaba para seguir con los roces. Unas veces rozaba los pezones por encima de la camiseta y otras el coñito por encima de ese tanga negro con puntillas en la parte superior y minúsculo a más no poder.

No sé cuánto tiempo pasó pero sí sé que hice no menos de doscientas fotos. Nos sentamos en el sofá a verlas en mi móvil, muy juntitos. Podía sentir su respiración agitada y, seguramente, Mary notaría mi excitación en cuanto desviara su mirada a mi pantalón vaquero. Estaba muy empalmado, me dolían los huevos. En lugar de mirar las fotos estaba mirando directamente sus tetas y saboreando en la distancia esos pezones tan erectos que se intuían bajo la camiseta. No aguanté más y empecé a rozar sus muslos mientras ellaseguía pasando y comentando las fotos de mi móvil. Mary no decía nada de mis roces y, consecuentemente, yo me iba animando y cada vez rozaba más. Puse la mano encima de uno de sus muslos y lo empecé a acariciar.

? ¡Javiiiiiiiii! ? me dijo mirándome fijamente, dejando mi móvil sobre el sofá.

Me acerqué más y le di un pico pequeñito. Se quedó callada y le di otro más grande hasta que abrió la boca y empezamos a morrearnos. Mis manos no se quedaron quietas y buscaron sus tetas. Al principio por encima de la camiseta pero enseguida decidí meterlas por debajo para descubrir unas tetas perfectas, muy redonditas, de piel suave y coronadas con unos pezones muy tiesos. Ahí estaba, en casa de mi compañero Xisco, tumbados en su sofá y metiéndole mano a su preciosa mujer.

Dejé de sobarle las tetas cuando decidí comérmelas, le subí lentamente la camiseta sin dejar de morrearnos, nuestras lenguas pujaban por conquistar terreno dentro de la boca del adversario, bajé hacia abajo para con mis manos pellizcar suavemente un pezón y chupar la otra teta. Posteriormente fui bajando hasta su ombligo dándole besitos, con una mano deslicé hacia un lado la parte del tanga que tapaba su coñito totalmente depilado. Notar que no tenía ni un pelo me puso mucho más cardiaco así que comencé a rozarlo con un dedo mientras ella, con los ojos cerrados, se mordía el labio inferior y soltaba gemidos callados. Al rato, seguíamos morreándonos pero ya Mary, con las piernas bien abiertas, recibía dos dedos míos dentro de ese coñito encharcado. Tumbada completamente en el sofá con la cabeza recostada en un brazo del mismo, se dejaba hacer mientras mi polla parecía que traspasaría el pantalón, con lo que yo mismo, sin dejar de meterle dos dedos en el coño y con otro rozándole el clítoris, me desabroché el vaquero y lo bajé hasta mis rodillas.

? Me gustaría que abrieras un poco más las piernas ? le decía al oído

? Mary tienes un coñito muy jugoso y mi polla está a reventar ? añadía también susurrándole.

Ella enseguida obedeció y abrió todavía más las piernas, sus gemidos cada vez eran más fuertes. Le volví a introducir, esta vez, tres dedos mientras con el dedo gordo le acariciaba el clítoris y el meñique jugueteaba con la entrada de su ano.

? Javi, esto no está bien. No sigas, por favor, déjalo aquí ? gimoteaba sin dejar de gemir.

? Estás deseando que siga, Mary ? volví a susurrarle al oído.

? Noooo, Xisco está en la habitación de al lado. No me hagas esto, Javi. Para, por favor ? protestó entre gemidos.

? Mary, golfa, tienes el coño como una fuente. ¡Lo estás deseando! ? le dije mientras mis dedos seguían moviéndose rítmicamente dentro de su coñito húmedo.

Decidí quitarle el tanga y ver ese coñito tan rico desde más cerquita, aprovechando para abrirlo con mis dedos, soplarlo y darle pequeños lametones en el clítoris. Tenía su coño a menos de diez centímetros de mi cara viendo cómo mis dedos se introducían una y otra vez en ese coñito tan sabroso.

? Javi, por favor, por favor? ? gemía Mary ? no me hagas esto ? suplicaba mientras tenía las piernas abiertas como unas tijeras.

Decidí comerle el coño, enterito. Cuando metí la lengua dentro de su coñito, esta explotó en un gemido enorme y comenzó a agarrarme el pelo y traer mi cabeza hacia su coñito rico. Yo lamía su clítoris con la puntita de mi lengua para, al rato, follarle el coño también con mi lengua. Ella gemía y se sobaba las tetas.

? Esto no está bien, Javi? ? me decía Mary varias veces mientras negaba con la cabeza y, en unos segundos, explotaba en un sonoro orgasmo en mi boca. Se corrió en mi boca. Mientras yo aproveché para quitarme el pantalón y dejar libre mi polla de esa atadura y de la de los calzoncillos.

? Ahora te toca a ti ? le dije mientras me levantaba y le ponía mi polla en su boca.

? No, Javi, no ? repetía mientras yo intentaba meterle la polla ? Xisco puede levantarse.

? Mary, preciosa, sabes tan bien como yo que te voy a follar ? le dije al oído a la vez que me levantaba para ponerle la polla otra vez en la boca.

? Hijo puta ? me dijo mientras engullía mi polla hasta las pelotas y me proporcionaba la, sin duda, mejor mamada de polla de mi vida. Mary me mamaba la polla como la auténtica golfa que era. Parecía que se la iban a quitar. Estaba como loca, me tocaba y chupaba los huevos. Estaba ansiosa, como si deseara mi polla desde hacía tiempo. Me metió un dedo en el culo y eso fue como explotar por dentro. La muy golfa me estaba follando el culo con un dedo y yo no paraba de sobarle todo el cuerpo, era un pulpo y ella me correspondía meneándome la polla y morreándome con pasión, casi violencia.

? Mary, golfa, las chicas buenas no comen las pollas de esta manera ? le dije, mientras ella seguía comiéndome la polla y taladrándome el culo con un dedo.

Perdimos la noción del tiempo. Hicimos un 69 perfecto mientras aprovechábamos para introducir un dedo en el culo del otro.

? No aguanto más. Te voy a follar, Mary ? le dije mientras me incorporaba y le abría las piernas buscando con mi polla ese coñito sabroso.

? No, Javi, no. Follar noooooo ? imploraba ? lo que quieras pero follar noooo, por favor, además no llevas condón, hijo puta ? gemía, mientras me arañaba y empujaba.

Yo no le hacía caso. Estaba muy cardiaco. Quería follarla a toda costa. Necesitaba follármela. Y sabía que ella, realmente, quería que me la follara.

? Mary estás deseando que te folle, no grites que vas a despertar a Xisco ? le dije.

? Javi, sin condón… Javi, sin condón… ¡Javi sin condón, no! ? me repetía una y otra vez mientras gemía al tiempo que se defendía empujándome y arañándome.

A estas alturas yo suponía que Mary quería aparentar lo contrario, pero estaba cachondísima y seguro que quería que me la follara. Sabía que en cuanto le metiera la puntita de mi polla iba a abrirse como un compás pero no me dejaba con tanto empujón y arañazo. Eso me estaba poniendo más cachondo todavía, tenía mi polla a reventar. Quería follarla a toda costa. Necesitaba follármela. Y sabía que ella, realmente, quería que me la follara.

? Mary, estás deseando que te folle, ¿a qué sí?

? Noooooo, follar noooooo ? suplicaba a la vez que me morreaba y me masturbaba.

Era acercar mi verga a su coñito y empezar de nuevo la guerra de empujones y arañazos. La verdad es que estábamos muy cachondos.

? ¿Me dejarías jugar con mi polla encima de tu coñito sin metértela? ? le pregunté cambiando de estrategia.

Fue sólo un atisbo de duda en su cara. Puse mi polla sobre el coñito y comencé a recorrérselo desde el culo hasta el clítoris. Ahora se encontraba abierta de piernas tumbada en su sofá con mi polla rozándole el coño depilado y gimiendo como una loca.

? Así está bien, Javi. ¡Ya no más, por favor! ? gemía y me suplicaba.

No le hice caso y en una de las pasadas, apenas sin empujar, le metí la polla. El gemido, casi grito de Mary, vino acompañado de nuevos arañazos.

? Javi, cabrón, me has engañado. Sácala que no llevas condón. Hijo de puta, por favor, no te muevas. ? me gritaba mientras comenzaba a follármela.

? No me folles ? gimoteaba mientras, cada vez con menos ímpetu, seguía defendiéndose.

Habrían pasado menos de diez segundos desde que estaba follándome a Mary cuando se cambiaron las tornas y pasó de los empujones a agarrarme de la cintura y atraerme hacia sí misma.

? Fóllame fuerte, cabrón. No pares, qué bien lo haces, hijo de puta ? Me insultaba

? ¿Te gusta, eh, putita? ? le preguntaba mientras le sobaba las tetas.

? Soy una golfa. Trátame como una puta ? gritaba ya sin importarle que Xisco estuviera en la habitación contigua.

La puse a cuatro patas, me situé detrás de ella y empecé a meterle y sacarle la polla a empujones limpios.

? Dame también por culo. Destrózamelo ? me exigía mientras me sacaba más el culo.

Estuve dándole por culo mientras ella se metía los dedos y acariciaba su clítoris hasta llegar a otro sonoro y descomunal orgasmo que la quedó, literalmente, desmayada sobre el sofá.

? ¡Me voy a correr, Mary! ? ¡Hazlo en mi coño, córrete dentro. Quiero sentir cómo te corres dentro de mí! ? me suplicó.

Escuchar eso fue demasiado para mi así que, tras unos segundos follándole el coño, me corrí dentro mientras tenía el orgasmo más bestial de mi vida.

Estuvimos unos minutos recuperando la respiración hasta que me pidió que me fuera no sin antes prometerme que, cuando se volviera a terciar y sin forzarlo, repetiríamos experiencia.

Ya estoy deseando que empiece la temporada.

La mujer de mi amigo en Relatos eroticos de Infidelidad (relatos eroticos )

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La mujer de mi amigo en Relatos eroticos de Infidelidad (relatos eroticos )

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La madre de mi amigo en Relatos eroticos de Maduras

Video Porno de: Maduras

marzo 7th, 2014 >> Relatos Eroticos

La madre de mi amigo en Relatos eroticos de Maduras (relatos eroticos )

» Relato Erotico: La madre de mi amigo en Relatos eroticos de Maduras

La madre de mi amigo en Relatos eroticos de Maduras (relatos eroticos )

-¡Jano!- Gritó mi mamá.

-¡¿Qué?!

-¡José te busca!

-¡Dile que suba!

Se abrió la puerta y entró mi amigo.

-¿Qué haces?- Preguntó.

-Armando un cohete a escala- Respondí sardónico.- ¿Que no ves que estoy acostado?- Efectivamente estaba acostado, con un montón de revistas porno que había tomado prestadas a mi hermano. José se sentó a mi lado y comenzó a hojearlas conmigo. Estuvimos un rato en silencio admirando la maravillosa constitución biológica de las modelos.

-¿Viste esta?- Me enseñó la imagen de una morena de tetas enormes.

-Me gusta más esta-. Le mostré la foto que estaba mirando hace ya un buen rato. Al verla, frunció el ceño y me dio un puñetazo en el estómago. Me reí ante su reacción.

-No seas imbécil, no tiene nada que ver con tu mamá.- La chica que le mostré era una pelirroja pecosa, sin muchos atributos en comparación a las otras, pero era más linda de rostro que todas.

De seguro se lo tomó a pecho porque su mamá también es pelirroja y no era ninguna novedad que fuera la sensación del barrio. A casi todos los hombres les gustaba, y no era sorpresa. Era una mujer espectacular. A sus casi cuarenta años tenía un cuerpo curvilíneo. Gran culo, grandes tetas, cintura de avispa y una piel demasiado blanca, que hacía resaltar aún más su cabello anaranjado, porque no era rojo, era naranjo. Eso la había hecho ganarse el apodo de ?La Colorina? y a mi amigo el apodo de el ?Fanta?, ya que había heredado el mismo color de cabello de su madre. Podías distinguirlos a cuadras de distancia.

Muchos la deseaban, incluso mi padre, e incluso mi hermano mayor, que tenía dieciocho. Él a veces solía decirme que tenía pinta de ?depredadora sexual?, a pesar de ello, nunca dio a pie a que hablaran mal de ella, pues tenía buena relación con los vecinos hasta cierto punto. Nunca llegaba a sobrepasarse con nadie, manteniendo así la cordialidad y la intimidad con todos, además, ella poseía un carácter muy juvenil. Todos conocíamos su risa fresca y alborotadora.

Por eso, mi amigo el Fanta siempre se enojaba cuando alguien hablaba de su madre, o si insinuaban algo con respecto a ella, porque era consiente delo que su mamá provocaba en el sexo masculino. Yo antes solía pasar gran tiempo de mis días en su hogar, sobretodo porque José se sentía solo. Su viejo era camionero y pasaba tres semanas fuera y una en casa, hasta que por alguna razón comencé a sentirme incómodo allí. Había algo en la forma que ella, la Colorina, tenía al mirarme, que hacía que me intranquilizara. No lo sé, sus gestos hacia mí, sus roces casuales? algo.

-Ni te atrevas a pensarlo-. Me advirtió. Me reí con fuerza, esa señora me ganaba casi por veinticuatro años.

-Vale, buscaré a otra con quién hacerlo.- Fingí molestia.

-¿Aún no lo haces?- Me preguntó mi amigo. Lo miré como diciendo: ?No hagas preguntas idiotas?. Rió.

-¿Y tú?- Contraataqué.

-Y eh? casi.

-¿Casi?- Me mofé-. Es un sí o un no.

-Y eh?no.- Admitió al fin. Carcajeé y le pegué un revistazo porno en la cabeza.

-Deja eso niñato. Venía invitarte a mi casa.

-¿Para qué?

-Mi papá antes de irse, me compró el nuevo GTA.

-¿El GTA cinco?

Asintió con presunción.

-¿Y por qué no jugamos aquí?- No quería ir a su casa.

-Vamos, no seas mala onda. No quiero dejar a mi vieja sola, siempre se deprime cuando mi papá se va.

Lo pensé un rato, quizá después de todo, sólo era mi imaginación, así que accedí. Le pedí permiso a mi mamá y me fui con José a su casa. Subimos a su habitación, y como siempre, estaba reluciente, en comparación a la mía que era un auténtico chiquero. Cuando iba a sentarme en la alfombra, la puerta se abre y aparece su mamá. Tragué saliva instintivamente.

Sabía que no tenía que mirarla fijamente, o si no Fanta se daría cuenta y armaría un escándalo. Sin embargo, el impacto de su belleza no disminuía ni aunque la viese cien veces al día. Jamás en mi vida había visto un par de ojos más negros que los suyos, y a sabiendas de su hermosura, no tenía la necesidad de maquillarse, con suerte se encrespaba las pestañas.

Esta vez traía un vestido corto, a tiras, con un gran escote. Me obligué a mirarla a los ojos. Calzaba unas sandalias y como siempre, su cabello largo y colorín estaba libre. Al verme, me sonrió al instante.

-¡Hola!- Me saludó, acercándose. Me puso las manos en los hombros, estudiándome- ¡Cómo has crecido! Si parece que no te veo hace años, en vez de meses ?. Dijo mientras me besaba con fuerza en la mejilla. Olía a dulces.

-He crecido un poquito.- Murmuré entre dientes, aquella mujer me cohibía.

-¿Un poquito?- Se burló, alzando una ceja caoba. Sentí mis mejillas arder.

-Ya mamá, no sigas avergonzándolo.- Intervino mi amigo. Le pegué un codazo fuerte en las costillas para que se callara y no siguiera resaltando lo obvio. Ella rió desvergonzada y estrepitosa, su risa resonó por toda la habitación, como si le hubiesen contado el mejor chiste de su vida.

-Vale, vale, los dejo.- Acarició la mejilla de Fanta y volteó para irse, pero antes de cerrar la puerta, giró un tanto hacia mi dirección y me guiñó un ojo. Tragué saliva, ¿A qué iba eso? Mire a mi amigo que pareció no percatarse al estar conectando el Play.

Toda la tarde que pasé allí, no pude dejar de sentirme turbado por alguna razón. Supuse que era por el hecho de estar en un hogar ajeno. No supe qué horas eran hasta que la voz de la? Señora? nos trajo de vuelta al mundo real, sin duda el GTA te absorbe.

-¡Hijo!- Gritó desde el primer piso- ¡Ve a comprar el pan!

-¡Ya!- Respondió Fanta, sin soltar el joystick. Observé por la ventana y vi que estaba oscureciendo.

-¿Qué hora es?- Le pregunté.

-No sé- Respondió aún absorto en el juego.

-Tengo que irme, mi vieja debe estar preocupada.

-Deja pasar esta y bajamos.

Cuando lo hicimos, olisqueé un suave olor a cebollas asadas, todo mi estómago rugió de hambre. Alguien estaba preparando la cena. Nos dirigimos a la cocina y nos encontramos con la mamá de mi amigo, enfrascada en cortar unos trozos de carne, aunque no parecía estar cocinando. No sé, la imagen de mi madre cocinando es con un delantal ancho, todo roñoso y con manchas de aceite eternas que no salían ni con cien lavados, y muy, muy poco femenina. En cambio ella parecía conservar toda la delicadeza de una mujer al hacerlo. Seguía con su vestido floreado, cubierto por un delantal que se ceñía demasiado a su cuerpo. Su cabello estaba tomado y relucía aún más naranjo gracias a la luz artificial de la ampolleta.

-Mamá- Habló Fanta, llamando su atención- Voy a dejar al Jano y de vuelta compro el pan.

-¿Pero cómo? ¿No te quedarás a cenar?- Me preguntó torciéndose hacia nosotros. Su cara redonda lucía más infantil con el pelo tomado.

-No, gracias. Es que ya es tarde y mi mamá debe estar preocupada. ? Me excusé.

-No te preocupes por eso, si te dice algo, yo hablo con ella. No puedo dejar que te vayas sin comer algo, han estado todo el día encerrados, haciendo quizá qué cosas.- Dijo irónica entrecerrando los ojos. Los tres reímos.

-No seas tonta mamá. Entonces, vamos a comprar y volvemos, ¿No?- Inquirió dirigiéndose a mí.

-Vale.- Accedí.

-Ve tú a comprar pan, hijo.- Interrumpió su mamá.- Necesito que alguien ponga la mesa mientras me doy una ducha.

Dejé de respirar, no quería quedarme a solas con ella. Sí, soy un capullo, pero ella me intimidaba demasiado. Las manos me sudaron un poco de solo imaginarlo.

Fanta fue a comprar el pan y la ?Señora? fue a tomar su ducha. Un tanto más relajado sin su presencia, me dediqué a colocar el mantel en el comedor de diario de la cocina, los servicios, los vasos y de vez en cuando revolvía lo que parecía ser un guiso. Cuando estaba en ello, sentí una presencia a mis espaldas y me giro para ver quién era, y de manera instantánea sufrí una erección. La mamá de mi amigo estaba semi desnuda intentando apagar el calefón de la cocina. Una toalla violeta la envolvía, tratando de cubrir su carnoso cuerpo. Sus piernas extremadamente blancas, aparecían torneadas y fibrosas. Su culo (¡Dios mío!) su culo, su enorme culo apenas era tapado por la toalla, y su espalda lucía tersa sin nada que entorpeciera su belleza de mármol. Ella aparentaba no notar mi presencia mientras se inclinaba tratando de desconectar el aparato que daba agua caliente a la casa; y al hacerlo, pude atisbar un poco lo que parecía ser la entrada de su coño.

Abrí los ojos de forma exagerada y redirigí mi vista hacia la olla en el fuego y retomé la tarea de revolver el guiso, aunque ahora lo hacía casi de forma robótica, como si mis extremidades no respondieran al cien por ciento las órdenes de mi cerebro.

-¿Cómo va eso?- Preguntó caminando hacia mí.

-Bien, va? bien.- Respondí sin saber a qué se refería, fingiendo que no había notado su desnudez. Aún traía el cabello tomado, con algunos mechones húmedos pegados a su nuca y rostro.

-¿A ver? Déjame probar-. Se situó a mi lado y me quitó la paleta. Al hacerlo, sus dedos rozaron el dorso de mi mano. Sentí su piel fría y una corriente hizo que se me erizaran todos los pelos del cuerpo. Traté de no mirarla, sabía que si lo hacía, mis ojos se irían a ese gran par de tetas. Probó un poco de la cocción y frunció los labios.

-Le falta sal. ¿Me la pasas?- Pidió sin mirarme.

-Si señora.- Respondí nervioso, tratando de resguardar mi polla más que erecta. Busqué por encima de la alacena sin éxito.

-Está dentro del estante, a un lado del aceite.- Informó al ver que no la encontraba.

-Si señora.

-No me digas señora- Me reprochó-. Me hace sentir vieja-. Le pasé la sal y me sonrió pícara, con algo oculto dentro de sus ojos negros.

-Está bien señora, es decir?- Me interrumpí a mí mismo, ¿Puedo ser más idiota? Ambos nos miramos y reímos ante mi estupidez.

-Dime ?Tía?. Así me llaman los otros amiguitos de José.

-Está bien.- Asentí mecánico, sin saber aún cómo comportarme ante la diosa desnuda que mi amigo tenía por madre.

Añadió un poco de sal a la cacerola y volvió a degustar la comida.

-Ahora sí que sí, Janito. Mira, pruébala.- Acercó la paleta de palo hacia mi boca y esperó a que yo la probara. Crucé las manos por delante de mi entrepierna y abrí la boca tímidamente. Allegó la paleta más hacia mí y testeé la comida. Sinceramente, incluso si hubiese sabido a mierda, no me hubiera dado cuenta, ya que había cedido a la tentación.

Al estar frente a frente a ella, mis ojos bajaron y se quedaron plantados en sus senos. La toalla los apretaba, haciendo que se abultaran y lucieran más grandes.

-¿Está rica?- Preguntó.

-Muy ricas.- Respondí distraído. Oí que rió bajito y subí mi mirada hacia ella.- Este? muy rica quise decir.

-Iré a vestirme.- Dijo de pronto, sin darle importancia a mi desubicación.

Cuando desapareció de mi vista, caí en la cuenta de que estuve conteniendo el aire. La sangre parecía haber huido de todo mi cuerpo para ubicarse en dos lugares: La cara y cómo no, mi pene, que parecía un vibrador a pilas.

Cuando llegó mi amigo cenamos tranquilamente, aunque claro, traté de sentarme lo más lejos posible de ella y rehuí de su mirada todo el tiempo. Sólo quería escapar de allí, mas, para mi desgracia, mi amigo me pidió que me quedara allí, diciendo que podríamos jugar hasta tarde. Decliné la oferta argumentando que tenía que preguntarle a mi mamá primero.

-Deja llamarla, de seguro a mí me dice que sí.- Sugirió José. Era obvio que mi mamá le diría que sí a él. Mientras Fanta llamaba, observé como su mamá recogía la mesa, sin prestar una mínima atención a nuestros planes. Era exquisita, era la MILF perfecta, que llenaba todos los requisitos, ¿Por qué quería escapar de ella? Sí eran ciertas mis conclusiones, tendría que estar haciendo todo lo contrario, debería buscar la forma de que algo pasara, ¿Por qué entonces? Porque eres un capullo, me respondió mi subconsciente. No, no era por eso, era por Fanta? Nah, era porque era un cobarde de tomo y lomo.

Al fin, mi mamá concedió su permiso para que pasara la noche allí, es más, mi mamá parecía más alegre de lo normal al darme permiso.

Antes de ir a acostarnos, ella se despidió de nosotros, esta vez sin muestras de acoso conmigo, lo que me decepcionó un poco, al parecer, sí era mi imaginación después de todo. Estuvimos jugando hasta como a las dos de la mañana, hasta que nos aburrimos. José tenía una cama nido, así que lo único que tuve que hacer fue taparme con algunas frazadas. Él se durmió al instante, era típico en él. Fuera donde fuera, si tenía sueño, dormía como un tronco, en cambio yo de por sí tenía el sueño escaso, de por sí no podía dormir bien en casas ajenas y de por sí, la presencia de la Colorina me ahuyentaba toda posibilidad de reposo.

Estaba que me meaba, pero esperé hasta no escuchar ni un ruido para ir al baño.

Bajé al primer piso, que es donde se encontraba el baño, pero cuando iba llegando a la puerta, vislumbre una luz que provenía desde dentro. ¡Mierda!

-¿Quién está allí?- Preguntó ella.

-Soy yo, tía.- Respondí acercándome. La Colorina abrió la puerta y casi me da un infarto. Tenía puesto un babydoll negro, de satén o seda, qué se yo, que resaltaba aún más el blanco enfermizo de su piel.

-Janito, eres tú. Me asusté por un momento-. Reveló mientras volvía a mirarse al espejo, al parecer estaba echándose de las mismas cremas que usa mi mamá para las arrugas, aunque parecían funcionarle mejor a la Colorina.

Las ganas de orinar se fueron a la mierda, sobretodo porque yo sólo llevaba puesto el bóxer, y ahora ambos estábamos semi desnudos. Instintivamente volví a cubrirme la entrepierna con mis manos.

-¿No vas a entrar?- Inquirió volviéndose hacia mí. Me quedé en silencio-. ¡Ay, pasa! No seas tímido- Me azuzó. Me quedé en el umbral de la puerta, sopesando la posibilidad de entrar. Rió y volvió a mirarse al espejo con mofa. El pelo cobrizo pasaba su cintura? era tan lacio, tan luminoso. Las rodillas me temblaron de sólo pensar lo que había debajo de ese camisón. ¿Qué haría otro chico en mi lugar? Más bien, ¿Qué haría mi hermano en mi lugar? Y la sola idea de imaginarme el rostro de él al contarle esto y lo que sucedió hoy en la cocina, me animó a entrar.

Carraspeé para darme ínfulas de hombre mayor y pasé por detrás de ella. Me paré junto al inodoro, pensando si debía hacer lo que tenía que hacer (mear) o simplemente fingir que quería lavarme los dientes.

-¿Cierro la puerta para que estés más cómodo?-La miré por el espejo, mientras ella seguía embadurnándose con crema el rostro. ¿Significaba algo el que ella quisiera cerrarla? El estómago se volvió bola en mi vientre- ¿La cierro?- Preguntó de nuevo, esta vez contemplándome a través del espejo, nuestras miradas se cruzaron.

Asentí.

Giró y cerró la puerta sin darle importancia al hecho, y siguió mirándose al espejo.

Bien, ahora me tocaba actuar, o sea, mear. Inspiré con fuerza. Este es el paso. Bajé un poco el bóxer y mi erección apareció igual que esos payasos que salen de una caja al darle a la manija. Un subidón de vergüenza me llego a la cabeza al ver lo excitado que estaba. ¡Se suponía que quería mear! ¿Cómo mierda iba a hacerlo si la cabeza de mi pene me apuntaba al ombligo? Mátenme, mátenme ahora. Ni siquiera quise levantar la vista por miedo de que ella pudiese estar observándome. Me relajé pensando en mi abuela y poco a poco fui forzando mi polla para que bajara y así al menos, poder apuntarle al agujero.

La miré de reojo al oír el correr del agua de la llave. Estaba lavándose las manos, sin prestarme atención. Vale, era obvio que notaba lo que me estaba pasando, pero el que me ignorara adrede ayudó bastante. Más tranquilo, pude orinar, tratando de no derramar nada, tarea heroica al tener mi falo tieso. Cuando ese placer único de vaciar la vejiga me invadió, cerré los ojos como siempre suelo hacerlo, y sin darme cuenta solté un suspiro de satisfacción.

Cuando hube terminado, abrí los ojos, y así se quedaron: Abiertos al darme cuenta de que la tía me estaba mirando por el espejo, sonriendo, deleitándose con mi espectáculo.

-Veo que te excitas fácil.- Indicó luego de un momento. Yo no fui capaz de contestarle. Quedé petrificado, sin pestañear. Sus ojos parecían más oscuros que de costumbre.

Soltó una risa burlesca, gutural. Dio media vuelta y quedando aún a mi lado, pero mirándome de frente. Apoyó su cadera contra el lavamanos y se cruzó de brazos, con ese aire jovial que la caracterizaba.

Y ahí estaba yo, mudo, inmóvil y más tieso que el pelo de la estatua de la libertad.

-¿Te gusto?- Inquirió irguiéndose.

Asentí. Dio un paso hacia mí.

-¿Me deseas?

Asentí. Avanzó nuevamente hasta situarse a mis espaldas. Me rebasaba en estatura. En mi defensa, aún me faltaba por crecer. Apoyó su cabeza en mi hombro y nuestras miradas volvieron a encontrarse en el espejo. Volví a oler su perfume. Sus manos se aferraron a mis brazos y fueron bajando por ellos. Al darme cuenta de lo que quería hacer, trate de alejar mis manos de mi entrepierna, pero ella me detuvo.

-¿Te excito?- Su aliento me acarició el cuello, y un espasmo me sacudió el cuerpo. No me perdía de vista, por el espejo seguía cada una de mis reacciones. Arrellanó aún más su cara a la mía y lentamente, como si de una gata se tratase, me mordió el lóbulo de la oreja. ¡Oh Dios! No pude seguir mirándola, era demasiado para mí. Cerré los ojos, concentrándome en no correrme delante de ella.

-¿Te excito o no?- Repitió la pregunta. Ralenticé mi respiración y abrí nuevamente los ojos. Seguía observándome.

-Sí.- Respondí al fin, tragando saliva.

Me sonrió complacida. Retomó el camino y bajó por mis antebrazos. Llegó hasta mis manos, que sujetaban mi erección. Con suavidad, hizo que las retirara. Lo hice. El espejo sólo abarcaba la imagen de ella ?abrazándome? por la cintura, pero sus manos ágiles llegaron hasta mi polla, sujetándola con fuerza. Inspiré y boté el aire despacio al sentirla tocándome, y de forma casi irreal, mi pene parecía seguir creciendo bajo su tacto.

-Al parecer te excito mucho.- Dijo al reparar en lo mismo. Le sonreí tímido.

Una de sus manos empezó a masturbarme lentamente, sin apuros. Me tensé completamente. Lo hacía con delicadeza, moviéndose de arriba abajo. Llegando al glande, me lo apretaba con firmeza y con su pulgar recorría su hendidura. Yo estaba en el paraíso, en cualquier momento mis ojos se volteaban hacia dentro.

Arriba, abajo, lo movía de un lado a otro. De repente, su mano libre bajó aún más, llegando a mis testículos, y los apretó, pero guardando reparos en su ?fragilidad?. No pude evitar quejarme de placer. Ella ya no me miraba, tenía la vista fija en lo que me estaba haciendo. Yo sí observaba su rostro y cada mueca de satisfacción en él al masturbarme. Mi hermano tenía razón, era una depredadora.

Después de unos cuantos minutos, no pude seguir aguantando. Quise quitarla para no correrme en sus manos, pero nuevamente me lo impidió.

-Vamos?- Susurró- Relájate, déjate ir-. Instó mientras movía su mano con más prisa, acuciándome al orgasmo.

Está de más decir que necesité cinco segundos luego de eso para correrme sin vergüenza. Todo mi cuerpo se sacudió como un pececillo fuera del agua. Ella rió contra mi clavícula y me plantó un beso húmedo en la mejilla, antes de separarse. Quiero besarla en los labios.

Fue al lavado y enjuagó sus manos de mi, eh? ¿esperma? Yo retrocedí unos pasos buscando apoyo en la pared. Una corrida así no debe recibirse de pie.

-Tienes manchado el bóxer-. Me advirtió.

Miré hacia abajo y claramente vi una mancha blanquecina que se notaba de lejos gracias a que mi ropa interior era oscura. Quité la mancha con mi pulgar, pero aún quedaba huella.

-Buenas noches-. Se despidió al terminar de lavarse, y antes de que siquiera tocara la perilla, me interpuse y le bloqueé el paso-. ¿Qué haces?- Preguntó risueña. Era una pregunta retórica.

-Usted no se puede ir.- Me asombré de la firmeza en mi voz. Volvió a sonreír, divertida.

-¿Y qué harás para que me quede?- Me desafió.

Y antes de que pudiera siquiera respirar, tomé su rostro entre mis manos y la besé, la besé con toda mi experiencia. Desde que había empezado en esto del ?sexo? lo único que había hecho era besar, y con suerte llegar a segunda base. Me tenía fe, sí.

La arrinconé contra la pared y le metí lengua hasta el fondo. Ella estaba sorprendida, pero al sentir mi lengua contra la suya, reaccionó, y cómo reaccionó. Pronto dejé de ser yo el que daba el beso y fue ella quién tomó la batuta. Sus labios eran carnosos. Yo olvidé que mi amigo estaba en la misma casa y comencé a hacer ruidos mientras la besaba. Envalentonado al ver que era correspondido en el sentimiento, le tomé una teta y se la masajeé con fuerza. Gimió en mis labios.

Le di un último beso en los labios y decidí bajar hasta su cuello, tal cual mi hermano me había recomendado alguna vez hacerlo. Fui dándole lametones suaves y besos sonoros en él, haciendo que ella suspirara. Iba por buen camino. Alcé una de sus piernas e hice que la sujetara en mi cadera. Pesaba, pero mi súper pene me daba las fuerzas necesarias para seguir.

Comencé a acariciarle el muslo levantado, palpando la turgencia de sus carnes. Subí, subí hasta alcanzar su culo. Toqué una de sus nalgas y ella la contrajo en acto reflejo. Reímos. Ella estiró el cuello hacia tras y posó ambos brazos por encima de mis hombros, dejándose llevar por mis caricias inexpertas. Con más confianza, descendí con mi boca, tiré como pude de su camisón hacia abajo y en cuanto vi un seno con un pezón duro y rosado me lo eché a la boca.

Lamí su areola unas cuantas veces para luego succionar, mientras le corría mano en el culo. Ella trataba de reprimir sus gemidos, pero cada vez eran más audibles. Con la mano que tenía en su culo, fui adentrándome aún más, hasta que con las puntas de mis dedos logré acariciar la tela empapada que pobremente trataba de tapar su coño. Ahora gimió sin tapujo. Yo me excité aún más, quería follármela. Traté de levantarla un poco más, y con más libertad, ahora pude introducir un dedo por su vagina, que prácticamente resbaló hacia dentro.

-Espera, para.- Dijo súbitamente. Me detuve al instante.

Ambos nos quedamos quietos, a la espera de oír algo.

-Creí haber escuchado a José. ¿Estás seguro de que dormía?- Bajó su mirada hasta la mía. Estaba sudorosa.

-Sí, estoy seguro.- Afirmé.

Me sonrió. Me dio un beso caliente y apretado e hizo que nos separáramos. Dejó caer la tapa del inodoro y prácticamente me empujó para que me sentara allí. Echó llave a la puerta, giró y se quedó mirándome, mordiéndose el labio inferior, como si fuera una persona de mi edad.

-¿Es malo lo que estamos haciendo?- Preguntó, sentándose a horcajadas sobre mí.

-No lo creo.- Contesté de forma inmediata, pasándome literalmente por el culo la amistad de mi amigo-. ¿Y usted?

-¿Aún me tuteas?- Entrelazó los dedos detrás de mi nuca y volvió a besarme, esta vez sin apuro como antes. Me daba besos cortos que me dejaban con ganas de más.

-Lo siento-. Susurré distraído por su boca

-No lo sientas. Me excita-. Confesó con picardía. Le sonreí y la jalé por la cintura, atrayéndola.

Bajé mis manos a su culo. Poco a poco, gracias a sus besos, retomé la celeridad de mis movimientos. Ella tomó una de mis manos y la guió hasta uno de sus senos, y con lentitud fue enseñándome para que la tocara de la forma que ella deseaba. Le apreté esta vez con suavidad, y por encima de la tela, apreté su pezón entre mis dedos. No pudo evitar gemir, y yo tampoco al escucharla.

-¡No aguanto más!- Enunció de pronto. Se elevó un tanto, hizo a un lado su inútil ropa interior, sacó mi pene que apenas lograba esconderse y se sentó sobre él, introduciéndoselo hasta el tope.

Ella pareció olvidar que su hijo dormía en la habitación de arriba, porque gimió con todo el aire de los pulmones. Yo traté de ser más recatado y apreté la mandíbula.

-Esto es lo que quería.- Bisbiseó junto a mi rostro, buscando apoyo en mi cuerpo.

Lo único que atiné a hacer fue sujetarla firme por las nalgas con ambas manos, mientras ella se removía sobre mi regazo. Con destreza se balanceaba hacia delante y atrás, apretando con su ¿vagina? Mi polla dentro de ella. Era tan delicioso, no podía haber rezado por una mejor primera vez. Con mis manos traté ayudarla, siguiéndole el ritmo. Comenzó a gemir contra mi cuello, acallándose de alguna forma. Yo hice lo propio, cerrando los ojos y pensando en no correrme tan pronto.

Esta mujer tenía una aspiradora entre las piernas. Me succionaba literalmente. Volví a coger una de sus tetas, y con la pasión del momento, giré su pezón como si fuera la perilla de una caja fuerte. Al parecer el dolor sólo la excitó más, porque pegó un alarido, para luego besarme con todo el sentimiento del momento, sin dejar de moverse.

-Espere, espere?- Dije separándome, tratando de recobrar el aliento.

-¿Qué sucede?

-Si sigue así voy a?

-No, no te corras aún-. Adivinó.

Se retiró de mi regazo, dejándome empalmado y con frío. Su cara de loza lucía gotas de sudor, y su cabello caoba estaba húmedo cerca de las sienes. Sin dejar de mirarme, se sacó el camisón y lo tiró a un lado. Hasta ahora no tuve oportunidad de admirar sus senos con paciencia, tomando en cuenta la situación clandestina en la que nos encontrábamos. A mi parecer eran hermosos, no eran ?firmes?, pero aún guardaban redondez al caer. Quería hundirme en ellos, pero al parecer ella tenía otros planes. Se agachó un tanto y retiró sus bombachas a juego con el babydoll. Recién ahora pude percatarme de que tenía una pequeña motita anaranjada en la cúspide de su entrada. Mi pene y yo dimos un salto al verla por completo al desnudo. Se parecía demasiado a esa pintura? ¿Cómo es que se llama? ¿Venus de Nilo? No sé, pero sinceramente era una diosa con cabellos de fuego.

Yo estaba completamente abstraído en ella, contemplando su cuerpo de mármol, cuando ella hizo a un lado la cortina del baño, se inclinó hacia delante, apoyando ambas manos en el borde de la bañera, dejando todo su culo al aire, en mi dirección.

Mis ojos volvieron a desorbitarse. Su culo yacía abierto para mí, y con él, la abertura de su intimidad se divisaba sin problemas.

-¿Qué esperas?- Dijo al ver que yo no atinaba a actuar.

Me paré como un resorte.

-¿Así?- Susurré inseguro, ubicándome detrás de ella.

-Sí, venga.- Me urgió.

Tomé mi verga y con cuidado fui ubicando el glande en la entrada de su cuño. Y con mucho cuidado de no salirme fui introduciéndome en su interior, acariciando el calor de su cuerpo. Ella ronroneó satisfecha y yo casi me desmayo de placer. Retrocedí, pero me salí, y con torpeza volví a penetrarla.

-Adoro tu inexperiencia, pero no debes retroceder tanto-. Miró hacia atrás.- Sólo sácala hasta la mitad y sujétame firme por las caderas.

Asentí como buen alumno. La tomé por las caderas y hundí mis dedos con fuerza en ellas. Me salí un poco de su interior, tal cual ella lo dijo y la penetré con fuerza hacia delante. Gimió.

-Bien, ahora?- Habló con voz trémula-? cuando vayas a meterla, tira de mí hacia ti, al mismo tiempo.

Lo hice. Salí un poco, y al momento de volver a introducirme, la atraje hasta a mí, ensartándola.

-¡Sí!- Masculló.

Y poco a poco, fui tomando el ritmo, hasta que luego de unas cuantas veces lo hice a la perfección. Tiraba fuerte de ella, embistiéndola con toda mi fuerza novata, arrastrando todo lo que estaba en su interior con mi falo. Ella comenzó a gemir más alto y yo por fin pude disfrutar al completo lo que estaba pasando. ¡Esta mañana había despertado virgen!

Giré mi cabeza a un lado y vi mi reflejo en el espejo. Ella, la mamá de mi amigo, casi en cuatro, aguantando a penas mis penetraciones, con sus senos moviéndose en una armoniosa cadencia, con un halo anaranjado que envolvía su rostro gimoteante. Le sonreí a mi otro yo en el espejo. Puse cara de macho alfa como en las películas porno mientras seguía introduciéndome hasta lo infinito en su coño

-Venga, dime algo.- Manifestó de repente.

-¿Qué?- Dije sacado de mi ensueño.

-¡Qué me digas algo!- Exclamó, sin dejar de gemir.

¿Qué le diga algo? ¿Qué le digo?

-Eh? no sé qué decirle-. Le respondí asombrado por la petición.

Seguí cogiéndomela ininterrumpidamente. De nuevo se avecinaba mi clímax.

-Dime? ¡ah! Dime señora-.Volvió a insistir.

-¿Señora?- Un golpe eléctrico tocó mi nuca y se esparció por mi columna hacia todas mis extremidades, llegando a mi entrepierna.

-¡Sí! ¡Dilo!

-¡Señora! ¡Señora! ¡Señora!- Grité dejándome llevar por la inminente corrida que me sacudió hasta las rodillas. Me derramé con todo en su coño. Lamentablemente, no medí mi fuerza, y tratando de darle una última estocada, me fui con todo mi peso hacia delante. Ella no pudo soportar mi empuje y trató de agarrarse a la cortina de baño, pero fue tanto la fuerza, o el peso, que la cortina cedió, rasgándose. Ambos caímos con todo dentro de la bañera.

-¡Ay!- Oí que gritó.

Nuestros cuerpos se contorsionaron de tal forma que yo seguía dentro de ella, pero no sé cómo, ambos teníamos las piernas fuera de la tina.

Cuando el alboroto de la caída se calmó, nos quedamos un rato así, creo que ambos, esperando escuchar alguna respuesta por parte de José. Al no percibir nada, me relajé y recién ahí pude notar un líquido tibio que salía de la intimidad de ella.

-¿Está bien?- Atiné por fin a preguntarle. Me erguí como pude hasta lograr salirme de la bañera. Luego la tomé por la cintura y la ayudé a levantarse. Se sentó al borde de la tina, tratando de sacarse el pelo que tenía pegado al rostro.

Cuando terminó con su tarea, me miró fijamente a los ojos. En serio era imposible creer que ella fuera madre de alguien.

-Sí que tienes fuerza, ¿eh?- Rió y yo la seguí. Qué situación más patética.

-¿De verdad se encuentra bien?- Volví a preguntarle, tomándola de la mano mientras se ponía de pie.

-Sí, muy bien. Excelentemente cogida-. Me guiñó un ojo con desfachatez.

No pude evitar sonrojarme como un bebito, pero al menos ya no me ponía nervioso. Me sonrió con dulzura al notar mi vergüenza. Tomó mi cara y me besó con delicadeza. Pasé mis manos por su cintura, acercándola hacia mí profundizando el beso.

-Basta- Dijo, separándonos-.Tenemos que ir a dormir. Hemos estirado demasiado el elástico.

Hice un mohín infantil y ella soltó una carcajada tan característica suya, que podía espantar a todas las aves de su alrededor.

-Ya habrá tiempo para más-. Me dio un último beso, y cogiendo del suelo el camisón y sus bragas, salió del baño a hurtadillas, vigilando que su hijo no estuviera rondando por allí.

Yo me quedé en el baño, en un espacio sideral paralelo. Había follado con ella, con la mamá de mi mejor amigo. Perdóname amigo, me dije en mi interior. Me contemplé nuevamente en el espejo y me reí ante mi mentira. Nah, no lo sentía, además, al parecer se repetiría.

Me acomodé el bóxer y traté de quitarle con agua la mancha blanquecina que tenía. Me lavé las manos y subí al segundo piso. Todo estaba a oscuras, en silencio. Con gran sigilo ubiqué mi cama y me acosté tratando de no emitir ni un solo ruido.

-¿Jano? ¿Eres tú?- Habló de pronto mi amigo, con voz adormecida.

-Sí- murmuré-. Sigue durmiendo.

-¿Dónde estabas? Sentí un ruido hace rato.

Dejé de respirar.

-Yo también, por eso bajé a ver- Mentí.

-Ah, vale-. Oí cómo se volteaba en la cama, buscando una posición más cómoda para dormir-. ¿Había algo?

-No, parece que son esos gatos de mierda que andan por el techo.

-Putos gatos.- Coincidió José-. ¿Mi mamá se despertó?

-Parece que no.

-Bien. Nos vemos mañana, Jano-. Susurró durmiéndose de nuevo.

-Hasta mañana- me despedí.

Respiré más sereno. Crucé mis brazos detrás de mi cabeza y rememoré todo lo que había pasado, y no pude evitar sonreír. José era mi amigo, mi mejor amigo para ser franco, pero esto que había pasado, ¿Tenía algo que ver con nuestra lealtad? Creo que no. Yo quiero mucho a mi amigo, y ahora, al parecer deseaba a su mamá. Volví a sonreír orgulloso. Sí, había cogido con la mamá de mi mejor amigo, había cogido con la Colorina.

La madre de mi amigo en Relatos eroticos de Maduras (relatos eroticos )

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