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Problemas con mi hijo en Relatos eroticos de Amor filial

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abril 21st, 2014 >> Relatos Eroticos

Problemas con mi hijo en Relatos eroticos de Amor filial (relatos eroticos )

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Problemas con mi hijo en Relatos eroticos de Amor filial (relatos eroticos )

Decidí visitar a Claudia, mi mejor amiga, para que me aconsejara y me ayudara a resolver un inconveniente que me estaba quitando horas de sueño. Ambas rondamos los 40 años, aunque yo tengo un par más? o dos pares más, en fin, a una dama no se le pregunta la edad. Ella decidió mantenerse soltera y sin hijos, en cambio yo soy divorciada y tengo un hijo llamado Franco de 19 años que no es para nada buen estudiante. Ya repitió de años varias veces y aún sigue en el secundario, pero no es ese el problema que me preocupa en este momento.

Mi amiga me recibió con una amplia sonrisa que en lugar de sumarle años, marcándole las patas de gallo, se los restaba al iluminar tanto su bonito rostro. Ella es una rubia preciosa con un cuerpo algo trabajado con imperceptibles cirugías que le garantizaban la figura de una veinteañera que resaltaba con un sutil bronceado. Al estar juntas contrastábamos mucho, mi cabello es oscuro y tengo la piel pálida, algo deteriorada con el paso de los años. No me explico cómo es que hay mujeres que llegan a esta edad viéndose como de 28. Para no deprimirme puedo decir que a pesar de alguna que otra pequeña arruga, no estoy tan mal. Aunque mis pechos y cola ya no se mantienen tan firmes como antes, al menos mantengo un buen peso lo cual me ayuda un poco restando algunos años.

Entré a su casa y nos sentamos a tomar un té, pero no me atreví a tocar las galletitas dulces que me ofreció, aunque luego en mi casa me comiera un paquete entero yo sola.

- A ver, contame cuál es ese problemita que tanto te atormenta Adriana ? me preguntó mi amiga

- El problema es con Franco, mi hijo, últimamente no sé qué le está pasando, hasta me da vergüenza contarlo.

- Vamos, ¿acaso no soy tu amiga? No te preocupes, confiá en mí, esto queda entre nosotras ? me tranquilizó.

- Muchas gracias Claudia. Te voy a contar. Creo que es mejor que empiece por el principio. El problemita empezó hace unas semanas cuando me llamaron de la escuela de Franco. Tuve que reunirme con una de sus profesoras, la mujer parecía muy indignada y de personalidad rígida a pesar de ser tan jovencita, no debe tener más de 31 o 32 años. Me aseguró que mi hijo se había comportado de una manera sumamente irrespetuosa. Al parecer ella estaba hablando a solas con Franco por su bajo rendimiento en la materia que dicta y él sin previo aviso se bajó el pantalón y le pidió que le haga un? que le hiciera sexo oral. Yo no podía creer lo que me decía, cuando al fin me terminó convenciendo de que era verdad le prometí que reprendería a mi hijo y que jamás volvería a suceder algo parecido. El problema siguiente fue que no me anime a hablarlo con Franquito, no sabía cómo entablar la conversación y dejé que el tiempo pase rogando que él ya no actuara de esa forma. Hace un par de días me llamó por teléfono esta misma profesora diciéndome que volvió a suceder eso que yo tanto temía y que se vería obligada a hablar con el director para ponerlo al tanto del asunto y que suspendan a Franco del colegio. Le rogué que no hiciera eso, le aseguré que esta vez sería más severa con Franco. Ella me dio otra oportunidad pero me dijo que de todas formas debía notificar al director y que yo debería reunirme con él algún día. Yo no tengo problemas en ir a hablar con el director, él va a entender que son cosas típicas de la edad, pero hablar del tema con mi hijo me cuesta muchísimo, no quiero avergonzarlo.

- Entiendo perfectamente Adriana.

- ¿Ah sí? Porque yo no entiendo nada.

- Parece un problema serio si se lo mira desde esa perspectiva, pero es más simple de lo que parece. Lo que pasa es que el chico ya entró en la pubertad y le debe gustar la profesora, es algo típico a su edad, como bien dijiste. El pobre no debe ni saber cómo encararla seriamente, tal vez mira muchos videos porno y piensa que todas las mujeres son como las de esos videos ? me inquietó un poco pensar que mi hijo pudiera estar mirando pornografía, pero eso explicaría muchas cosas – Si querés puedo hablar con él, no va a ser tan vergonzoso hablarlo con alguien que no es familiar. Además tengo buen tacto y mucha sutileza.

- ¿Harías eso por mi amiga? Muchas gracias, no tengo palabras para agradecerte. Lo del tacto y la sutileza no te lo creés ni vos, pero en serio, gracias.

Acordamos un día para que ella valla a mi casa, el plan era que nosotras estaríamos charlando como cualquier tarde normal y yo debía irme con la excusa de comprar algo, dejando a Claudia sola con Franco. Como el chico estaba dando vueltas por la casa como bola sin manija, no nos costó mucho trabajo convencerlo de que se una a la conversación. Todo salió perfectamente. Les dije que tenía que comprar algo urgente, tomé el monedero y salí de la casa. Aunque cambie un poquito el plan, cuando salí volví a ingresar por la puerta del patio sin hacer ruido y desde ahí me puse cerca de una ventanita y me quedé observando. Como madre me urgía la necesidad de saber qué le diría a mi hijo, hasta tenía un poco de miedo de que ella fuera demasiado cruel con él. Claudia le estaba hablando a Franco con tono maternal.

- Tu mamá está preocupada por vos Franquito ? comenzó diciéndole ? se enteró del incidente que tuviste con tu profesora y está tan apenada que no sabe cómo hablarte del tema ? mi hijo la miraba sin decir nada ? pero no te preocupes no es tan malo, es algo típico de tu edad y esa profesora se lo debería haber tomado con más humor y como mucho retarte, no hacer tanto escándalo, es una frígida ? mi hijo dejó salir una sonrisa, Claudia tenía un don especial para hablar con la gente, ella se estaba ganando su confianza ? es lógico que a esta edad se te despierten los deseos sexuales. Tengo entendido que le pediste a tu profesora que te la chupe ? él asintió con la cabeza tímidamente – ¿alguna vez te la chuparon? ? mi hijo contestó apenado que no, ahora ella estaba yendo directo al problema, jamás me hubiera animado a preguntarle eso a mi hijo ? ya me parecía y seguramente te gustaría poder saber que se siente ? ahora fue un tímido si por parte de Franco ? bueno, la solución para eso es muy simple, vení, parate acá ? mi hijo pareció confundido, no se movió del lugar ? dale que no pasa nada, vení ? insistió Claudia con una sonrisa, entonces Franco se puso de pie junto a ella. Mi amiga estiró su mano hacia él apretándole el bulto con fuerza y luego metió la mano dentro del pantalón, fue un movimiento tan rápido que tomó al chico por sorpresa ? oh, venís bien equipado Franquito ? cuando sacó la mano pude ver una verga de buen tamaño algo oscura y con muchos pelitos negros. No podía creer que estuviera viendo la verga de mi propio hijo y que mi amiga lo esté tocando. Tragué saliva para reprimir el impulso de intervenir.

Claudia se arrodilló en el suelo. Con una mano lo masturbaba suavemente haciendo que su pene se ponga tieso. Él la miraba incrédulo pero se dejaba tocar, ella saco su lengua y comenzó a pasarla suavemente por el glande, luego abrió grande su boca y se tragó la verga completa. Me quedé de piedra, la muy puta se la iba a mamar de verdad. Comenzó a darle lentas chupadas mientras le apretaba los huevos, se la tragaba toda y se la sacaba despacito de la boca. De a poco fue acelerando el ritmo provocando que mi hijo gimiera. Ella se la sacaba de la boca, la lamia dos o tres veces y se la tragaba otra vez haciendo ruidos mientras chupaba sin parar. Podía ver que el pene abultaba una de sus mejillas.

- Dale Franquito, apurate a acabar que ya está por venir tu mamá ? le decía mientras lo pajeaba, siguió chupándosela con más fuerza, sus cabellos dorados saltaban para todos lados con el rápido movimiento de su cabeza ? a ver si con esto terminás más rápido ? dijo sacando sus grandes y firmes tetas por el escote y poniendo la verga entre ellas y frotándola dándole chupadas al glande hasta que un chorro de líquido blanco salió de la verga chocando directamente contra los labios de Claudia, mi hijo empezó a llenarle las tetas, la cara y el cuello de abundante leche, ella lo pajeaba y le daba chupadas tragándose parte de lo que salía, luego se la mamó hasta que quedó muerta ? anda para tu cuarto ahora q seguramente ya vuelve tu mamá.

Franco se fue satisfecho a su cuarto y Claudia se disponía a limpiarse con el agua de la pileta de lavar, entonces me asomé por la ventana para que pudiera verme. No se asustó, creo que ella sabía que yo estaba ahí.

- ¿Ese era tu brillante plan para ayudar a mi hijo? ? le pregunté

- Así es, y estoy segura de que funcionó ? me decía mientras jugaba con la leche que tenía salpicada encima ? ahora ya sabe lo que es un pete, se dio el gusto, no la va a joder más a la profesora.

- Espero que tengas razón, bueno aunque el método me pareció un poco drástico, gracias amiga por tu ayuda.

- De nada Adriana, además hice tantos petes en mi vida que hacer uno más no me afecta en nada.

- Claro? que le hace una raya más al tigre? – me quedé mirando sus grandes tetas salpicadas por el semen de mi hijo.

- Tigresa? – corrigió mientras se llevaba un dedo lleno de espesa leche a la boca.

- ¿Está rica? ? le pregunté irónicamente.

- Muy rica ¿Querés un poquito?

Pasó la mano por una teta cargando en ella una buena cantidad de blanco semen y cruzó con ella el marco de la ventana hasta tocar mi boca. El líquido sexual se me impregnó en los labios.

- ¡Ay no, que asco! ? me quejé y escupí porque podía sentirlo dentro de mi boca, pero por instinto metí mi labio inferior dentro de la boca y sentí algo espeso en mi lengua, me quedé con la mente en blanco, como saboreándolo. Era el semen de mi propio hijo.

- ¿Hace cuánto que no tomás la leche Adriana? ? me preguntó mientras se lavaba.

- Mucho tiempo ? un extraño cosquilleo invadió mi entrepierna.

Desde el evento con Claudia mi hijo quedó más relajado y feliz, me alegraba verlo de esa forma. Por desgracia eso sólo duró unos días. Empecé a notar que a él se le paraba todo el tiempo, era una situación muy incómoda para ambos. A veces intentaba disimular y se iba al cuarto, yo me hacía la boluda como si no hubiese visto nada, pero me apenaba un poco saber que no podía controlar su excitación, ni siquiera frente a su madre. Hubo ocasiones en las que fue muy evidente mi reacción, miraba asombrada su erección, pero no podía decirle nada, ni siquiera que era algo normal y que no debía preocuparse. El problema empeoró. Un día llegué a la casa luego de hacer unas compras y me sobresalté al ver a mi hijo en el sillón de la sala haciéndose una paja, él me vio al instante. Esta vez no podía quedarme callada.

- ¡Ay hijo! pero estas cosas tenés que hacerlas en tu cuarto, no en el medio de la sala ? lo regañé severamente. Estaba muy enfadada y confundida al mismo tiempo. Era muy impactante verlo dándose placer.

- Ahhh, ya acabo ? me dijo él con voz entrecortada.

No sabía qué hacer, si lo detenía ahora tal vez lo humillaría, intenté actuar como una madre moderna y comprensiva. Fui rápido a la cocina a buscar unas servilletas de papel, se las acerqué pero no las agarró. Él movía su mano con gran rapidez sobre todo su tronco erecto, al parecer lo había lubricado bien con saliva. Pude ver que su glande estaba hinchado y gruesas venas se marcaban a lo largo de su miembro.

- Tomá, sino me vas a manchar todos los muebles ? no me hizo caso.

A los pocos segundos vi la leche saltando de su pene, dibujó un arco en el aire y cayó al piso alfombrado. Me desesperé al ver eso y en un acto casi compulsivo me agaché a limpiar con la servilleta. No me di cuenta de lo cerca que su verga quedó de mi cara, no eran más de dos centímetros. Tampoco pensé que algunas eyaculaciones pueden ser intermitentes. Creí que ya había salido toda la leche pero me equivoqué. Todo ocurrió en cuestión de pocos segundos. Siguió pajeándose, otro chorro de leche saltó y fue a dar justo contra mi mejilla, atónita no tuve mejor reacción que voltear para mirar boquiabierta y otro chorro me cayó en la frente y un tercero fue a dar justo contra mi boca, cayó sobre mi labio superior y de ahí dibujó una línea inclinada hasta mi labio inferior, como si fuera un corte a cuchillo. Hasta me dio la impresión de que él había apuntado en esa dirección. Parte del semen quedó en mi lengua, pero no podía reaccionar. Me quedé mirando a Franco anonadada, con los ojos muy abiertos. Él tenía la misma expresión en su rostro. Miré su verga y ésta estaba solando unas pocas gotitas de semen que chorrearon por su tronco oscuro y venoso. Cuando intenté decir algo sentí el sabor a semen en mi boca, estaba tibio y cremoso, era mucho más de lo que yo creía. Involuntariamente lo tragué y sentí algo caliente bajando por mi sexo, fue casi instantáneo, pocas veces mi cuerpo reaccionaba de esa manera. Franco se puso de pie y se fue corriendo hasta su cuarto sin que yo pudiera decirle nada.

Era inútil intentar decirle algo en ese momento, sólo empeoraría las cosas. Me dirigí apresurada al baño y miré mi cara en el espejo, estaba llena de blanca leche. Parecía salida de una película porno. A veces el semen de los hombres es un líquido claro con algunos pocos rastros de esperma, pero éste no era el caso, el semen era bien blanco y espeso. Podía sentir como se deslizaba por mi cara lentamente. Metí la mano en mi pantalón y toqué mi vagina. Me sorprendió encontrarla tan húmeda, toqué mi clítoris y un destello de placer cruzó mi cuerpo. Solté un gemido cerrando los ojos y automáticamente pasé la lengua por mis labios recolectando más semen. Lo sostuve dentro de mi boca por unos segundos mientras introducía un dedo en mi vagina y lo tragué. Rápidamente llevé mi otra mano a la mejilla que estaba llena de semen, lo junté y me chupé los dedos desesperadamente sin poder parar de masturbarme, pero repentinamente recobré la cordura. No podía creer que estuviera pajeándome y tragándome el semen de mi propio hijo. Me lavé la cara inmediatamente y salí del baño.

Fui hasta la cocina y tomé un vaso de agua para quitarme el sabor a semen. Funcionó pero aún me quedaba la tremenda calentura de mi concha. Pensé y pensé, no sabía qué hacer, finalmente me decidí. Caminé rápidamente hasta mi cuarto y me encerré en él, me desnudé completamente y me tendí sobre la cama, me dije a mi misma que me quitaría la calentura pensando en cualquier cosa. Empecé a masturbarme rápidamente, intentaba pensar en actores de cine que estuvieran buenos o cualquier estúpida fantasía que se me viniera a la mente pero no podía dejar de pensar en esa verga soltando grandes chorros de semen o en el pete que Claudia le había hecho. Mis fluidos estaban mojando todas las sábanas pero no me importó, seguí frotando mi clítoris y en mi tremenda calentura llegué a pensar en las grandes tetas de mi amiga cubiertas por el semen de Franco, hasta me imaginé a mí misma chupándoselas hasta dejarlas limpias. A pesar de que intentaba reprimir mis pensamientos, mi libido me traicionaba. En secreto me permitía masturbarme pensando en mujeres desde hace muchos años, pero lo hacía sólo como fantasía erótica, nunca tuve la necesidad de recurrir a personas de mi género. Tuve un orgasmo y lo expresé arqueando la espalda y soltando grandes cantidades de jugo, hice lo posible por no hacer ruido mientras metía por última vez los dedos en mi concha, que me agradeció la atención ya que hacía tiempo la tenía olvidada.

Me preocupaba mucho lo sucedido pero también pensaba que se trataba solo de un infortunio porque llegue justo en el peor momento y fue mi culpa el haberme metido delante. Hice todo lo posible por reprimir lo sucedido. Actué como si nada hubiera ocurrido. Un par de días más tarde estaba sentada con Franco en el mismo sillón en el que él se había masturbado, estábamos mirando televisión. Me puse un tanto incómoda al estar sentada tan cerca de él, tuve que pararme a buscar agua y me senté en otro sillón, algo apartada. Nada me hubiera preparado para lo que ocurrió después.

Miré a mi hijo de reojo, había sacado la verga del pantalón y se estaba pajeando lentamente. Me quedé helada, no supe cómo decirle que no hiciera eso. Él muy tranquilamente se humedecía el pene con saliva y se daba cada vez más fuerte con la mano como si yo no estuviese allí. Intenté centrar mi atención en la tele pero no podía evitar pensar que ahora si me arruinaría la alfombra, pero no cometería dos veces el mismo error. El corazón se me aceleraba mientras él aceleraba los movimientos de su mano. Pasaban los minutos y él no detenía su sesión de masturbación.

- ¿Otra vez con eso? ? le dije intentando sonar indignada ? antes de que termines te vas para otro lado, sino me vas a arruinar la alfombra ? Sus testículos parecían dos grandes bolsas recubiertas de pelitos negros.

- ¿A dónde querés que vaya? ? preguntó sin dejar de pajearse.

- No sé, al baño o a tu cuarto. Donde sea, pero no me arruines la alfombra ni los muebles ? siguió pajeándose frenéticamente y de pronto se puso de pie, pensé que se alejaría pero en lugar de eso caminó hasta donde estaba yo.

- ¿Si acabo acá arruino algo? ? dijo apuntando su verga hacia a mí.

Me aparté pero él se me tiraba encima, lo empujaba pero termino haciendo que quede acostada en el sofá. Se puso sobre mí y mis brazos quedaron prisioneros debajo de sus rodillas. Apuntó la verga directamente hacia cara y descargó. La leche caía a montones sobre mi rostro y mi cuello, la podía sentir cálida y fluyendo sobre mí, esta vez intenté mantener la boca y los ojos bien cerrados. Cuando terminó abrí los ojos y vi esa gran verga a pocos milímetros de mi cara todavía soltando algunos vestigios de semen. Sentía la tibieza de ese líquido por toda la cara.

- ¿Pero vos estás loco? ¿Cómo se te ocurre? ? lo regañé casi empujándolo para q se apartara, él se puso de pie ? que estúpido que sos Franco, soy tu madre carajo, un poquito de respeto ? intentaba concentrarme en la ira para no pensar en otra cosa.

- Hay no te bancás una joda vos también – me dijo desilusionado. Pensé q había sido muy severa con él ? era una broma, nada más. No lo hice con mala intención.

- Perdoname hijo, es que estas cosas no son para hacer jodas, no quiero hacerte sentir mal, pero creo que te excediste un poco ? en ese momento sentí una gota de semen cayendo en mi ojo derecho, hice un gesto y me lo limpié con un dedo. Pude escuchar la risa de mi hijo.

- Pero que boluda que sos, parece que te estás poniendo esas cremas de mierda que te cobran re caras y no sirven para nada ? me dijo Franco matándose de risa, no tuve más remedio que reírme junto con él.

- Puede que esto me mejore el cutis más que las cremas ? agregué. Se fue a su cuarto riéndose, me alegraba que la incómoda escena haya terminado con humor, aunque seguía un poco enfadada con él.

Caminé hasta el baño y cerré la puerta. Me miré en el espejo, esta vez tenía mucha más cantidad de semen en mi cara, no podía creer que mi hijo tuviera tantas reservas. Abrí la canilla para lavarme y me quedé pensando en el tiempo que había pasado desde la última vez que había estado con un hombre, estaba muy excitada. Pero no. No era el momento de sentirse así, era el semen de mi hijito. Lamí sin querer mis labios y el sabor me embriagó. Cerré la canilla y me quité el pantalón y la bombacha de un tirón. No pensaba, sólo actuaba. Me senté sobre la tapa del inodoro y comencé a masturbarme con la mano derecha y con la izquierda sacaba el semen de mi cara y lo llevaba a mi boca, me lamía los dedos con placer. Pensaba en lo cerca que había estado la verga de Franco de mi boca. Tan cerca? y tan dura? tan grande, mi concha se llenaba de fluidos y el sabor a semen me enviciaba. Siempre fui bastante reservada en temas sexuales, pero tuve varias parejas en mi vida y con ellos experimenté varias cosas, incluso el sexo anal. Levanté mis piernas flexionando las rodillas, humedecí mi ano con los jugos que salían de mi sexo. Me metí un dedo en el culo mientras con la otra mano me frotaba el clítoris. Me ardió un poco ya que hacía tiempo que no me masturbaba por allí. Estuve unos cinco minutos así hasta que llegó un rico orgasmo. Mientras acababa no pude evitar pensar en el gran problema que tenía con mi hijo.

Continuará…

Problemas con mi hijo en Relatos eroticos de Amor filial (relatos eroticos )

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Los mecanicos y mi esposa en Relatos eroticos de Infidelidad

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septiembre 24th, 2013 >> Relatos Eroticos

Los mecanicos y mi esposa en Relatos eroticos de Infidelidad (relatos eroticos )

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Los mecanicos y mi esposa en Relatos eroticos de Infidelidad (relatos eroticos )

Hoy les voy a relatar una de las historias que nos ha pasado no hace mucho tiempo y que nos pone muy calientes solo con recordarla.

Por suerte nunca había tenido problemas con los autos que tuve. Es cierto que nunca fui de usarlos mucho y que los cambiaba con pocos kilómetros, así que no sabía lo que era llevarlos al mecánico, solo a los Services oficiales. Pero como en todo, siempre hay una primera vez.

Un sábado a la mañana habíamos decidido ir a visitar a unos familiares que viven a unos 100 kilómetros de distancia. Pero tuvimos que suspenderlo, el auto no quiso arrancar. Nunca imaginamos que la amargura y bronca de ese momento, iba a terminar en una de las situaciones más excitantes que hemos vivido.

Mientras mi esposa telefoneaba a los familiares para explicarle lo sucedido yo salí en busca de alguien que nos pudiera solucionar el problema.

Hacía unos meses se había instalado un taller a unas 3 cuadras de casa. No tenía ninguna referencia de ellos pero la verdad que tampoco conocía otro lugar, así que me dirigí allí en busca de ayuda.

Al llegar me sorprendió ver lo grande que era y la cantidad de autos. Ocupaba una superficie enorme y había como 10 personas trabajando entre la parte de mecánica y de chapa y pintura.

Apenas crucé la puerta de entrada del taller un muchacho me recibió:

- Mi nombre es Carlos, ¿en que puedo ayudarlo señor? me preguntó muy amablemente.

Carlos tendría alrededor de 35 años, de tez morena, de contextura delgada pero bastante musculosa. Estaba vestido con una camiseta sin mangas color blanca y un pantalón gris, ambos llenos de manchas de grasa, lo que le daba un aspecto bastante desagradable.

- Hola, mi nombre es Jorge y desearía hablar con el encargado, dije.

- Sígame por favor.

Atravesamos todo el local hasta llegar a una pequeña oficina que se encontraba al fondo.

- Tome asiento que ya le aviso al patrón.

Le agradecí y me senté en una silla que estaba detrás de un escritorio lleno de papeles, revistas de mecánica y algunas herramientas.

La oficina era típica de un taller. Estaba ?decorada? con pósters de autos y principalmente de mujeres desnudas en poses muy sexys. Me detuve en una morocha que estaba de espaldas sacando el culo para afuera. Imaginé cuantas pajas se habrían hecho los mecánicos con ese póster y automáticamente se me apareció la imagen de mi esposa en esa posición parada delante de los mecánicos. Un terrible escalofrío recorrió toda mi espalda a tal punto que tuve una erección inmediata.

- ¿Que pedazo de culo eh?, escuche detrás de mí.

- Como pude recuperé el aliento y gire la cabeza para ver quien era.

- Hola como le va, soy Oscar, el encargado del taller, me dijo mientras me tendía la mano.

- Jorge, mucho gusto.

Oscar era un tipo rústico de unos 50 años, muy fornido, cabello bastante largo y como Carlos, tenía las ropas llenas de grasa.

- Y, que me dice, tremendo culo, ¿no le parece?

- Si claro, dije yo, sin poder sacar a mi mujer de la cabeza.

- Me encantan las morochas, son todas putas, rió

Apenas sonreí. Que mal momento le haría pasar si como respuesta le dijera que mi esposa es morocha, pensé y volví a sonreír.

- Bueno, ¿que puedo hacer por usted?, prosiguió

- Mire Oscar, vivo acá a tres cuadras y hace un rato intente arrancar el auto pero no pude, quería preguntarle si es posible que fuera alguien a ver de que se trata el desperfecto.

- Sabe que pasa los sábados cerramos a las 2 de la tarde y estamos tapados de trabajo, lo vamos a tener que dejar para el lunes, me dijo.

- Que macana quedarme todo el fin de semana sin el auto. Bueno pero si no hay remedio, paso el lunes, gracias igual, le dije mientras le tendía la mano.

- A ver, me puede esperar un momento que le entrego el auto a un cliente y como favor se lo veo yo.

- Le agradecería mucho.

Mientras esperaba volví a observar el póster y nuevamente imaginé a Marce en esa foto exhibiendo su hermosa cola y yo ahí disfrutando como la deseaban.

- ¿Veo que lo pone loco ese culo?, escuche detrás de mí. Era Oscar que había regresado y me hacía volver a la realidad.

- Me voy a poner celoso, es mi culo preferido, rió, mientras le daba un beso al póster.

- Sonreí.

- Como me gustará esta puta que acá tengo dos pósters iguales, dijo.

- Tome le regalo uno, prosiguió, mientras me entregaba una lámina enrollada.

- No, esta bien, gracias

- Tome hombre, es un regalo de la casa.

- Bueno, gracias.

- Si le parece vamos a ver su coche, me dijo mientras tomaba un maletín lleno de herramientas.

En el camino a casa no hizo otra cosa que contarme lo que le gustaban las morochas y afirmarme lo puta que eran. Narró algunas historias con unas vecinas del barrio que yo no conocía por lo que solo me limité a escuchar sin hacer ningún comentario.

Al llegar al garaje de casa, me pidió que abriera el capó y que le diera marcha al auto. Así lo hice.

- Está bien, suficiente, me dijo.

- Tengo poca luz acá, si no le parece mal lo empujamos hacia la calle.

- No hay problema, le respondí.

- Aguarde que llame a mi esposa así ella lo guía mientras nosotros empujamos, continué.

No creo que fuera necesario que Marce nos ayudara, solo fue una excusa para que Oscar la conociera. Me calentaba la idea que la viera después de lo que habíamos conversado.

- Marce, ¿podes venir un minuto?, le grite.

Bastó que ella apareciera por la puerta, para que Oscar le clavara la mirada y mostrara en su cara una expresión de vergüenza mezclada con deseo.

No era para menos, por un lado me había hablado de lo putas que eran las morochas y por el otro estaba viendo una morocha que estaba vestida solo con una remera y unas calzas de algodón color gris que le marcaban su fabulosa cola.

- Te presento a Oscar, es el mecánico, le dije.

- Mucho gusto dijo Oscar, todavía perturbado.

- Igualmente dijo ella, extendiéndole la mano.

- Necesitamos sacar el auto, podrías conducir mientras empujamos.

Marce subió al auto y con Oscar fuimos a la parte trasera.

- Perdóneme lo que le dije de las morochas, no sabía, me dijo.

- Quédese tranquilo, no hay problema le contesté.

- Además yo creo lo mismo, continué, mientras reía.

Oscar solo me miro y sonrió, tratando de entender lo que había escuchado.

Sacamos el auto a la calle y cuando Marce se bajo, Oscar no pudo evitar clavarle los ojos en el culo, sin importarle que yo estuviese delante, acción que hizo que comenzara a excitarme.

- Ya le traigo algo de tomar, le dije, mientras Oscar ponía manos a la obra.

- No se moleste, me dijo.

- No es molestia, es a cambio de su regalo le dije riéndome.

- ¿Que regalo?, preguntó Marcela.

- Nada, un póster que me regaló Oscar, dije.

Oscar asomo su cabeza por detrás del capó y me miro sorprendido.

- Donde está, deseo verlo, dijo ella, seguro es una foto de una chica desnuda, típica de taller, continuó.

Oscar seguía mirándome y no decía palabra.

- Así es y es parecida a vos le dije riéndome.

- A verla, quiero verla, dijo.

Oscar sonrió nerviosamente mientras le daba arranque al auto y este arrancaba. Yo ya estaba caliente y el juego ese me estaba gustando.

- ¿Ya está?, que rápido lo arregló, dije.

- Era una pavada, contestó el.

- Venga Oscar ya que terminó, vayamos adentro a tomar algo y mientras le muestro el póster a mi mujer.

Note que la mirada de Oscar se había transformando de sorpresa a la de desconcierto.

La agarre de la mano a Marce y entramos a casa. Oscar venia detrás y apostaba que le estaba comiendo con los ojos la cola a mi esposa. No solo yo estaba seguro, ella también se había dado cuenta y, como es su costumbre cuando esto pasa, arqueo mas la espalda para parar mas el culo, mientras me apretaba la mano y me lanzaba una mirada cómplice.

- Marce, acompañalo al living al señor que voy a buscarle algo de tomar, le dije.

Oscar ya a esta altura no pronunciaba palabra, solo asentía con la cabeza.

- ¿Y el póster?, preguntó ella.

Lo saqué de mi campera y se lo di. Así los vi alejarse camino al living, ella delante con el póster en la mano y el detrás visiblemente exaltado y con la mirada clavada en el culo de Marce.

Yo corrí hacia la cocina, llene 2 vasos con jugo y fui tras sus pasos.

Al atravesar el pasillo que da al living, me detuve antes de llegar. Quería espiar lo que estaba pasando.

La escena era de lo más caliente. Todo estaba en silencio. Oscar estaba sentado en un sillón doble y mi esposa había desenrollado el póster y parada de espaldas a el estaba observando la foto de ese terrible culo.

La vista que ella le estaba dando era fabulosa. Oscar podía ver a la morocha y a su vez su cola que, se notaba, había parado a propósito.

- La verdad tengo que reconocer que tiene una linda cola, dijo ella.

- Su marido quedo embobado cuando la vio, por eso le regale el póster, dijo el.

- ¿En serio?, preguntó ella.

- Si, y la verdad que no entiendo porqué, usted tiene una cola preciosa, dijo un poco tímido.

- Gracias, respondió ella, sacándola más para afuera.

- Es más me animaría a decir que es mas linda que esa, siguió Oscar, ya un poco mas seguro.

- ¿Le parece?, respondió ella, acercándole un poco el culo y ya claramente excitada.

Ver a mi esposa poner la cola parada a un metro de la cara de un desconocido me puso como loco. En ese momento decidí entrar, quería mirar eso más de cerca.

- Aquí están lo jugos, dije y le extendí uno a cada uno.

- Gracias, dijo el, con la voz medio entrecortada.

Mi esposa seguía en la misma posición. Yo pensaba la gran templanza que tenía Oscar para no extender la mano y acariciar esas calzas metidas en la cola de mi mujer.

- ¿Así que te quedaste embobado con esta cola?, dijo Marce en un tono simulando estar enojada, mientras me mostraba el póster y abandonaba su postura para irse a sentar en un sillón frente a Oscar.

- No mi amor, lo que pasa es que, como ya te dije, me pareció que esa cola era parecida a la tuya, le respondí.

- Acá el señor dice que la mía es mas linda, ¿no?, preguntó mientras volvió a pararse a mostrarle la cola.

- Si, contesto Oscar. Se notaba en su cara que la situación lo incomodaba, pero que lo había puesto muy caliente.

- En realidad mucho no puedo comparar porque usted esta vestida, dijo un poco tímido.

- ¿Y que quiere, que mi mujer se desnude? , le dije con cara de enojado.

- No, por favor, no lo tome a mal, solo decía, contesto todo ruborizado.

- En realidad el señor tiene razón, así vestida no puede cotejar si mi cola es mas linda que esa, dijo ella, señalando el póster.

- Sabes que me encanta que me elogien la cola, ¿me dejas que se la muestre al señor, así puede decirme que le parece?, continuó ya totalmente excitada.

Oscar me miro no entendiendo nada. Yo tenía una erección que ya no podía disimular.

- Bueno, pero solo la cola eh, le dije, para poner un límite y evitar que todo se desmadrara.

Marce, de espaldas a Oscar, metió dos dedos al costado de las calzas y se las bajó hasta las rodillas. Tomó el póster y lo puso al lado de ella, tratando de imitar la pose de la foto.

- ¿Y ahora que me dice señor? Le preguntó con cara de puta.

Ahí estaba mi esposa, como otras tantas veces, mostrándole el culo a un desconocido, solo cubierto por una tanguita blanca que se perdía entre sus nalgas.

- Si, si es muy linda, es, es mejor su cola, tartamudeó Oscar, mientras se acomodaba en el sillón.

- Bueno ya es suficiente, súbete las calzas, dije

Marce se subió muy sensualmente sus calzas y volvió a sentarse.

- Podría ser usted la del póster, la verdad, no tiene nada que envidiarle a esa chica, rompió el silencio Oscar.

- Gracias, a mi me encantaría estar en un póster pegado en un taller y que todos se exciten con mi cola, es mi fantasía, dijo ella, mirándolo a los ojos.

- ¿Y a usted no le molestaría ver a su señora calentar hombres?, me preguntó.

- No, al contrario, me excita mucho que la deseen, respondí.

- Si no lo toma a mal puedo llamar a los muchachos del taller, dijo Oscar.

- ¿Para que?, pregunté haciéndome el ingenuo.

- Para que su señora se muestre delante de nosotros como si fuera una foto y le cumplimos su fantasía, me respondió Oscar, ya totalmente lanzado.

- ¿Lo dejas amor que llame a los señores? me preguntó ella con deseo.

Estaba demasiado caliente para negarme.

- Está bien, pero no más de 4 y sin hacer bardo, es solo mirar, esta claro, dije.

- Por supuesto, dijo Oscar, mientras marcaba en su celular.

- Hola Carlos, ¿quien esta todavía en el taller?? bueno deja todo y venite ya con Alberto y con Fabián que los necesito acá, anota la dirección? no, no traigan herramientas?

- Ya vienen, son buenos chicos, no va a ver problemas, dijo.

La espera se hizo interminable. Estábamos los tres muy excitados y tratábamos de disimularlo hablando de cualquier cosa. Oscar a cada rato se acomodaba en el sillón lo que demostraba que estaba con una erección que no podía bajar. A mi me pasaba lo mismo, y a Marce se la notaba súper ansiosa por mostrarse.

La charla ya no daba para más cuando se escucho el timbre. Yo me levante a abrir.

A Carlos ya lo había visto en el taller, Alberto era morocho y corpulento aparentaba unos 50 años como Oscar y Fabián era mas delgado y mas joven, de unos 40 años. Todos estaban con la ropa del taller bastante sucia de grasa por todos lados. Solo Alberto tenía una musculosa blanca que dejaba ver un gran tatuaje en el hombro.

- Pasen por acá, les dije, mientras los guiaba al living.

- Les presento a mi esposa, su nombre es Marcela.

Todos le extendieron la mano mientras miraban desorientados. Ella, sonriendo, le dio la mano a cada uno. Se notaba que le encantaba la situación

- Vengan siéntense acá, así no manchan nada, dijo Oscar, señalando el piso delante del sillón donde estaba sentado el.

- Los hice venir porque la señora necesita un favor ¿no?, pregunto Oscar mientras me miraba.

Yo solo asentí, estaba demasiado caliente para hablar.

- Póngase de pie señora y dénos la espalda por favor, continuó.

Mi esposa obedeció. Oscar tomo el póster y lo extendió cerca de ella.

- No les parece que la señora tiene mas linda cola que la de la foto, preguntó a sus compañeros.

Los tipos con cara de asombro, clavaron la mirada en el culo de mi mujer. Se hizo un silencio total. Marce paró un poco mas la cola y los miro con cara inocente.

- Les gusta mi colita, preguntó.

La cara de asombro de los mecánicos se transformo de inmediato en cara de deseo. Oscar ya sin disimulo, se metió la mano en la entrepierna, como tratando de calmar el dolor que le causaba la erección que tenía.

- Si, respondieron casi al unísono.

Yo como pude me pare, la agarre de la mano y la alejé un par de metros de ellos. Estaba muy cerca y temía que alguno no pudiera controlarse. Me gustaba demasiado esa situación como para que se terminara rápido.

Marce seguía con la cola parada apuntando a los cuatro tipos. Yo me puse de frente a ella y escuche lo que estaba esperando

- Señora, no le muestra la cola a mis compañeros como me la mostró a mí, pidió Oscar.

Me miro, cerro los ojos, y se mordió el labio inferior. Oír ese pedido y ver como ella se había puesto hizo que me llenara de perversión. Mi erección ya no me permitía estar parado, así que tome por los costados su calza y se la baje de un tirón dejando su culo al aire.

- Está bien así, pregunte, mientras regresaba a mi asiento.

Oscar me miró fijo y sin decir una palabra, desabrochó su pantalón y sacó su miembro totalmente erecto. Yo solo le hice un gesto de aprobación, mientras hacía lo mismo. Esto fue aprovechado por el resto que terminaron también sin sus pantalones.

- Mi amor, mira como se masturban los señores con tu cola, dije para poner mas caliente todavía el momento.

Ella les miró los miembros con esa cara de puta que solo ella puede poner.

- Sáquese todo señora que queremos verla desnudita para compararla con la foto, pidió Oscar.

- Siempre que a usted señor no le moleste, continuó.

- No, esta bien, es necesario para que comparen, dije haciéndome el ingenuo.

Marce se arrodillo, se desató las zapatillas, se saco las calzas y luego la remera, quedando solamente con la tanga blanca metida en la cola y un par de medias del mismo color. Se paró en la misma posición que estaba y me preguntó:

- ¿La tanguita también mi amor?

- No creo que sea necesario, ¿vos querés sacártela?, le pregunté.

- Y? la chica de la foto no tiene tanga, no se si ellos podrán verificar así si mi cola es mas linda, dijo con voz entrecortada por lo excitada que estaba.

- Tiene razón su esposa, dijo Oscar. Los demás no hablaban, solo se masturbaban de un modo frenético.

- Bueno, esta bien amor, quitate la tanga, dije.

Eso fue mucho para Carlos que no aguanto más y eyaculó, desparramando semen por todo el piso. Pregunto donde estaba el baño y se dirigió hacia el.

Mientras se alejaba, Marce lo miro y se paso la lengua por los labios, mientras bajaba sensualmente su tanga, dejando a la vista de todos su hermosa cola.

- Que divina cola que tiene su esposa, me dijo Oscar.

- Gracias, conteste yo mientras hacia un esfuerzo terrible para no acabar.

- Mostrales el hoyito amor, le pedí.

Marce se abrió un poco de piernas, se agacho y se puso un dedo en la cola, mientras les regalaba a todos unos constantes jadeos debidos al primer orgasmo que estaba teniendo.

Hasta aquí llegaron Alberto, Fabián y Oscar que casi al mismo tiempo esparcieron todo su semen.

Yo me deje llevar y también tuve un terrible orgasmo. Marce al ver esto, se incorporó, tomó su ropa y salio corriendo para el baño.

Tardamos unos minutos en recuperar el aliento. Oscar trataba de limpiar el piso con su pantalón y Alberto y Fabián estaban fatigados recostados contra el sillón.

- Vio que ser potaron bien los muchachos, dijo Oscar

- Si, les agradezco, ¿la pasaron bien?, les pregunte solo para decir algo.

- Si señor, su esposa es muy caliente dijo Alberto.

- ¿Podemos volver a venir?, continuó.

- Mientras se porten así no hay problema, le respondí, mientras me dirigía a la cocina a buscar algo para beber.

Al atravesar el pasillo, pase por el baño de las visitas y no había nadie. Supuse que Marce estaba en un baño que esta pegado a nuestra habitación. Fui a la cocina y mientras servía las bebidas, me acorde de Carlos, ¿donde está?, pensé.

Enfilé hacia el dormitorio y tuve un pensamiento que lejos de enojarme, me hizo correr un frío por la espalda que me dejo nuevamente con el miembro como una roca. Estaba en lo cierto.

- Perdoname amor, no me pude aguantar, dijo ella entre gemidos.

Ahí estaba mi esposa en nuestra cama totalmente desnuda, puesta en cuatro patas con la cola bien parada, y en el medio de ese fabuloso culo, la cara de Carlos, con su lengua que entraba y salía a toda velocidad de su hoyito.

El ni me miró, estaba como alienado. Marce gritaba cada vez mas fuerte y yo me senté al costado de la cama para no perderme nada.

De repente Carlos salió de su posición, apoyo su verga en el hoyo y le entro hasta el fondo. Marce grito.

- Traelos a todos mi amor, por favor, me pidió, ya sacada y mientras se hamacaba al ritmo de las embestidas.

- Eso señor, vaya a busca a mis compañeros que la puta de su mujer necesita vergas, dijo Carlos descontrolado.

Lo dude un instante, pero mi calentura fue mas fuerte.

- Muchachos pueden venir, les grite saliendo al pasillo.

Un minuto después los tenía a los tres en la puerta de mi habitación. Seguían sin pantalones y Oscar se había sacado la parte de arriba.

- Menos mal que sus compañeros se iban a portar bien, le recrimine a Oscar mientras le señalaba a Carlos dándole por el culo a mi esposa.

En realidad no se si me escuchó. Todos se treparon a la cama y manoseaban a Marce por todas partes. Alberto y Fabián fueron hacia su cara y metieron sus vergas en su boca, mientras Oscar corrió a Carlos de su lugar y empezó a meterle lengua al culo, mientras sus manos acariciaban sus pechos.

Marcela solo gemía descontroladamente.

- Que culo hermoso tiene su mujer, me dijo sacando la cara de su cola.

Ella lo escucho, sacó las vergas de su boca y lo busco con la mirada.

- Si le gusta mi cola, cójamela por favor, le grito, y volvió a lamer.

- Primero quiero su conchita dijo, mientras introducía su verga ahí y dos dedos en el culo.

A Marce le encantaba y yo quería que eso no terminara nunca.

- ¿Querés uno en la cola también mi amor?, pregunte. Ya me dolía la verga de tanto pajearme.

- Si, si, si, si, gritaba ella.

Oscar la levantó, le ordenó a Alberto que se acostara y la empujo a Marce arriba. El busco con su verga la concha y la penetró y Oscar desde atrás la ensarto por el culo.

- Hija de puta, que buen culo que tiene, le gritaba Oscar. Ella le respondía con mas gemidos.

Estuvieron así un buen rato y luego se fueron turnando no dejando nada en el cuerpo de mi esposa por explorar. Yo estaba exhausto, había acabado 3 veces.

- Acábenle dentro de la cola que le gusta, dije con mi último aliento.

Me hicieron caso, uno a uno le dejaron la leche dentro del culo.

Ella gozó como pocas veces.

Regresaron un par de veces más. Pero eso es otra historia.

Los mecanicos y mi esposa en Relatos eroticos de Infidelidad (relatos eroticos )

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Metiendo pija en una vagina muy resbalosa

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febrero 19th, 2013 >> Porno

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Dándole caña a una negra entre dos

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febrero 19th, 2013 >> Porno

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Agua bendita en Relatos eroticos de Infidelidad

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septiembre 24th, 2013 >> Relatos Eroticos

Agua bendita en Relatos eroticos de Infidelidad (relatos eroticos )

» Relato Erotico: Agua bendita en Relatos eroticos de Infidelidad

Agua bendita en Relatos eroticos de Infidelidad (relatos eroticos )

Mientras tomamos el café pienso en cómo he mentido a mi marido, diciéndole que nunca había estado con otros hombres. Para qué se lo voy a contar si no tuvo importancia, ahora pienso que no lo tuvo , pero cuando ocurrió sí me afectó.
Lo de Bea es otra historia , fuimos los dos los que tuvimos que estar con ella. Es Pablo el que comenta: – ?Ha mandado un mail que vendrá la semana que viene?-
-?Pues ya puedes hacer una provisión de pastillas que no es lo mismo cumplir con una con la que estás todos los días, que con dos. ¿ Crees que vendrá con hambre atrasada??- – ?Creo que no, ahora anda con uno de cincuenta que la debe dar caña. Pienso que viene por cariño, porque le apetece estar con nosotros?-
Pero lo del otro hombre ocurrió antes, bastante antes.
Hay que vivir lo que vivimos entonces, no soy una puta, pero…era joven y atractiva, junto a un ambiente que se cargaba de erotismo.
Estudié con Bea informática, una técnica que empezaba, me volví a quedar en estado, tuve otro hijo. Y allí estaba con veintipocos y madre de dos criaturas.Seguía delgada pero los senos habían aumentado de los casi 85 había pasado a los casi 90.
La democracia había llegado a España y con ella la movida y el destape, un país reprimido se convirtió en un lugar cargado de libertad y erotismo.
A mí me salio trabajo en un banco , me vinieron a buscar, era de las pocas personas que sabía montar sistemas. A parte del sueldo, nos dieron un crédito estupendo con el que pudimos comparar el piso donde vivimos en Madrid. Pablo acababa de ganar las oposiciones a profesor de instituto, nos iba todo de color de rosa.
Para los jóvenes Enmanuelle no es nada, para mi generación fue un mito. Yo me daba un aire a Silvie Kristel, que acentuaba cortándome el pelo y vistiendo como ella. Estaba guapa y me lucía.
Bea se había casado con Juan, un hombre guapo, inteligente y encima rico Tenía una constructora que se dedicaba a la obra pública y a la vivienda, no era de las más grandes pero sí lo suficiente para tener pasta por tubo. Nos llevábamos bien. Enseguida tuvieron dos niñas, nos reíamos con casar a nuestros hijos cuando se hicieran mayores. Solíamos pasar cuatro días juntos de vacaciones, en su velero, liberales , tetas al aire, cada una con su chico, pero con el morbo de hacer el amor oyéndonos , mientras los pequeños quedaban con sus abuelos. Pudimos liarnos pero no lo hicimos.
Yo acababa de cumplir los treinta, a la vuelta de vacaciones, yo estaba morena, con ese dorado que se nos pone a las de piel clara. Había acudido a la oficina central con un vestido escotado, no mucho pero sí lo suficiente para que cuando me incliné para saludar al director de desarrollo, responsable de mi trabajo, él pudiera ver mis tetas sin sujetador, todas morenas, de hacer topless.
Me di cuenta que le ponía nervioso y me salió la vena perversa y coqueta que todas tenemos. Mientras hablábamos del trabajo del próximo trimestre, dejé que echara una buena visión a mis piernas y hasta jugué a que se empapara del paisaje de mis pequeñas braguitas. Yo estaba bien atendida sexualmente en casa, follaba con Pablo unas tres veces por semana, pero Antonio, con sus cuarenta seductores cargados de poder, se convirtió en una fantasía erótica.
Desde aquel día me encantaba seducirle, me vestía con cuidado cuando tocaba ir a verle, buscando estar atractiva e incitante. Yo le calentaba a él , pero yo también llegaba a casa caliente y jodía con Pablo que estaba feliz con los ardores de su mujer después de nueve años casados.
Llegó la fiesta de fin de año en el banco, era una cena con baile, yo no era jefa pero trabajaba en un tema importante así que me tocaba acudir. Elegí un smoking de seda negro con un top blanco, un collar de lapilazuli que me dejó Bea y unos pequeños pendientes a juego. Con los tacones altos de aguja estaba espectacular. Las mujeres , excepto la esposa del director general y el de sucursales, eran las secretarias de confianza. Había una intimidad a la que yo era ajena, la única profesional casi jefa común a casi todas las dependencias.
La mujer del director general, una rubia teñida en los cincuenta conocía a mi madre, estuvo dándome cháchara durante un buen rato hasta que empezó el baile. Creo que bailé con casi todos, por no decir todos, los hombres. Estaba pletórica, tanto que mis pezones se habían puesto duros como piedras. Llegaba la hora de retirarse, en un aparte, Antonio me dijo en voz baja:- ? Pilar, tengo un notición que darte. Yo estoy en la habitación 402. Pasa si quieres , pero que no te vea nadie. Es un secreto.?- Yo tenía que volver a casa, Pablo me esperaba con los niños, pero …hice que salía y me quedé en el hotel. Estaba bien caliente, me sentía una mujer capaz de cualquier cosa. El darme cuenta que había atraído a varios de los altos ejecutivos del banco, el aroma del poder, todo había influido en mi libido, así que antes de llamar a la habitación de Antonio, me quité el top, dejando sólo la chaqueta , cerrada sí, pero desnuda debajo.
Me abrió, me dio un beso en la mejilla, con sus labios casi rozando los míos, yo suspiré y entonces me abrazó, y me besó de verdad, pegándome a su cuerpo. Noté la polla dura contra mí. – ?¿Qué tenías que contarme??- dije al separarnos, la chaqueta se había abierto mostrando mi cuerpo desnudo con mis pechos y los pezones enhiestos prácticamente al aire. – ?Se va a crear la dirección de sistemas e informática y tu eres candidata. Hoy era una prueba para ver como te desenvolvías en el ambiente y que todos te fueran conociendo. Lo de la mujer del padre prior amiga de tu madre es un punto…..pero tienes que hacer buena letra los próximos meses.?- No lo pensé, me salió de dentro, las ansias de poder y dinero, el atractivo de Antonio, con su bronceado de golf y playa, sacó una puta que había en mí. Me quité la chaqueta, sólo en pantalones, me paré ante él y con un susurro seductor musité: – ?¿ Cómo de buena letra??- Se abalanzó sobre mí, sus manos , su boca recorría mi cara, mis pechos, totalmente loco. Yo estaba entregándome a una ola de lujuria que me llenaba….me vi en el espejo ?…una hembra a punto de ser devorada por el macho, no sé como fui capaz de decir: – ? No puedo…hoy no puedo….me están esperando mis hijos en casa. Tenemos tiempo …por favor?- Me separé de él, me miró con ojos de loco poseso, se agarró el bulto que deformaba sus pantalones. – ? Y ¿ con esto qué hago?….Me has puesto a mil. ?- – ? Hoy no puedo, es muy tarde, pero tenemos tiempo…..otro día..?- me sentí culpable de haberle puesto tan cachondo , me sentí una puta calientapollas- ?Anda , ven aquí. No te voy a dejar así, sería cruel?-
Mi experiencia de hacerle pajas a mi marido de novios me había convertido en una sabia masturbadora. Le saqué la verga, dura como una piedra y la meneé con habilidad, él estaba extasiado, cuando me di cuenta que iba a correrse , cogí un vaso ancho que había encima del tocador y lo enfilé a su glande, allí derramó su leche abundante. Mientras se quedaba temblando, me acerqué al frigorífico, saqué hielo y una botella de vodka y lo añadí a su semen. – ?Has oído de la leche de pantera, esto es leche de tigre?- bebí un trago después de remover con el dedo.- ? ¿ Quieres probarlo??- tomé otro sorbo, dejando un culo para Antonio. -?Qué puta eres…..me debes un polvo?- – ? Nos lo debemos…..otro día?- me puse el top, la chaqueta , el di un beso light en los labios, y salí. No había nadie de la empresa cuando cogí un taxi y me fui a casa. Pablo dormía tranquilo en la cama, llevaba sólo el pantalón del pijama. Me desudé, me acosté a su lado, busqué su verga en la bragueta abierta, la saqué y la acaricié hasta que se puso dura y mi marido despierto. – ?Ponte boca arriba?- le pedí, la polla apuntaba al techo, le cabalgué ardiendo hasta que me corrí, él tardó más que yo, así que seguí mi galopada ensartada hasta que se derramó en mí, tocándome el clítoris le acompañé en el estallido del placer. Llegaron las navidades y el fin de año, no vi a Antonio, el trabajo bajó con las fiestas. Después de Reyes sólo estuvimos juntos en una reunión, yo me veía cada día más directora. Juan nos propuso ir con ellos a Lisboa, tenía que ver unos terrenos y juntarse con una empresa portuguesa para intentar comprarla. Él tenía reuniones mientras Bea, Pablo y yo recorríamos la ciudad y sus alrededores, no juntábamos al anochecer para tomar una copa y cenar. Fue la última noche , tras volver del casino, cuando tomando una copa, Juan me dijo algo, que me sentó mal, francamente mal. – ?Pilar, Bea me ha contado que crees te están tanteando para ser directora. Sé que no te va a gustar lo que voy a decirte. NO LO VAS A A SER. Eres mujer, y además atractiva y su mundo es muy machista y no van a aceptar una directora mujer. ?.Es así, aunque parezca otra cosa….procura jugar hábil para que no te dejen con ese culo tan bonito al aire.?- – ? La verdad, Juan que tienes una lengua de víbora. Y te das una maña para joder ?..?- dijo Bea indignada – ?Maña para joder me doy y lengua de serpiente sí tengo y bien que te gusta cuando me bajo al pilón?-le contestó su marido- ? Pilar es mi amiga, sé como funciona estos asuntos y creo que le pueden hacer daño si pone muchas ilusiones. Pero vamos a dejarlo y vamos a ver cómo se me da eso de joder?- Nos separamos para ir cada cual a su habitación, yo me había quedado preocupada, Pablo tranquilo , sólo me comentó que no echara en saco roto la advertencia de Juan, él sabía de enseñanza pero nuestro amigo dominaba el mundo de las empresas, y al besarme mientras sus manos me acariciaban a través de la tela del vestido, me susurró- ? Me ha encantado eso de bajarse al pilón, podemos probar.?- No lo habíamos hecho nunca, a mi sólo me había comido el chocho Silvia, y en di cuenta que me apetecía un montón. – ?Me parece una idea perfecta. ¿ Quieres que me lo lave??- -? No, prefiero sentir su sabor después de un día , un sabor a hembra?- Me desnudé , él hizo lo mismo, no hubo ninguna caricia previa, los dos queríamos empezar de una manera fría, científica. Me tumbé en la cama, dejando las piernas fuera . Pablo se arrodilló entre ellas y sin más me agarró los muslos y acercó su boca a mi sexo. Fue una lamida lenta por toda la boca del coño, la repitió, lo volvió a hacer. Con la lengua aró mi chocho, y ahí empecé a disfrutar de verdad. Sus lamidas eran cada vez más rápidas, más profundas, yo gemía, y él había encontrado el ritmo de darme placer. La punta de su lengua entró entre mis labios íntimos tanteando el principio de mi vagina, jugó conmigo y yo estaba ardiendo. Soltó mis piernas y con dos dedos de una mano me penetró, con la otra dejó al descubierto mi clítoris, apenas lo besó tres veces me vine, pero siguió. Con los dedos dentro jugando como si fuera un pene siguió chupando y lamiendo mi botón rosado. No sé las veces que me vine, sólo que mis gemidos se habían convertido en gritos de placer y se levantó , cogió mis tobillos los puso en alto, me abrió y me la clavó. Su polla me llegó al fondo, agarré la sabana y la mordí, no podía más, sus embestidas era salvajes, yo seguía en un orgasmo volcánico cuando descargó su leche. Nos quedamos abrazado, sudorosos, felices. – ?Creo que necesito practicarlo más. A mi me ha gustado y ¿ a ti??.- – ?Cabrón casi me matas de gusto.? – fue todo lo que acerté a decir. Desde aquella noche en Lisboa, el comerme el coño se convirtió en una de nuestras actividades favoritas.Pablo siempre fue bueno aprendiendo , e igual que yo creo soy una buena mamadora de pollas , él es un sabio en comer coños. – ? ¿ Qué copa quieren??- nos pegunta el camarero sacándome de mis recuerdos. Dejo que elija mi marido, me apetece estar un poco bebida, me encanta verle, tan guapo, tan dulce, tan macho. – ?Dos gin tonic de Bombay?- sabe que me encanta. ¿Cómo pude ser tan tonta, tan ambiciosa, tan puta para engañarle?. Por que le puse los cuernos con Antonio . Sacábamos intimidad para meternos mano, él me besaba, me tocaba las tetas y el coño en cuanto nos quedábamos solos, yo le masturbaba, le ordeñaba con pajas rápidas que recogía en su pañuelo. No follábamos , no teníamos tiempo, ni donde, y quizás ese sexo sin penetración nos calentaba más, esperando ese polvo que ambos sabíamos nos íbamos a echar. ¿Qué me ocurría? Creo que fue una mezcla de hechos y circunstancias, por un lado los años que llevábamos de pareja , por otro la ambición profesional, estaba en juego una dirección en el banco, también el encanto del poder, Antonio era un hombre que mandaba, mi marido era un profesor de instituto, la crisis de los treinta, pero lo que creo me enceguecía era el saberme atractiva, deseable pese a mis dos hijos, el volver loco a un hombre y a Antonio lo tenía como a un perro en celo. Lo calentaba, lo pajeaba y yo acababa ardiendo. En casa follaba con Pablo como una posesa, con gran alegría por su parte, que no sabía el origen de mi cachondez. Teníamos una reunión de trabajo en Aranjuez, se juntaban los responsables de lo zona de centro del banco, me tocaba llevar la voz cantante, me encantó, eso de ser la diva que explicaba como debía desarrollarse los nuevos procesos que imponía el desarrollo informático. Acabó a las cinco de la tarde, había que volver a Madrid, yo había ido en el autobús de la empresa . Antonio de la manera más natural me propuso llevarme a casa en su coche. Yo había sido la protagonista de la reunión y era una forma de evitar que me volvieran loca en el viaje de vuelta. Pareció algo natural que no levantó sospechas. En el coche , yo le lucí las piernas enfundadas en medias negras dejando que la falda subiera a medio muslo, Antonio posó una mano sobre ellas, subiendo hasta el final acariciando la carne desnuda. Yo estaba mojada, y me di cuenta que él tenía una erección de campeonato. Deseaba follar, quería que me jodiera bien jodida, Antonio lo tenía claro, sabía lo que íbamos hacer desde hacía mucho tiempo. Antes de llegar a la capital entró en un hotel, el coche directo a un pequeño garaje privado, una escalera que llevaba a una puerta que daba paso a una habitación grande con una cama enorme. Uno frente al otro, sin tocarnos, todas las ganas se concentraron en nuestras miradas. – ?Quiero ver como te desnudas. Lo llevo esperando desde que te vi la primera vez?- me dijo sentándose en un sillón. – ?Tus deseos son órdenes .?- le contesté lujuriosa. Me quité despacio la chaqueta, me estiré para que me viera bien, después bajé la cremallera de la falda, solté el broche y con un golpe de cadera dejé que cayera al suelo. La camisa apenas cubría por debajo de la braga, luego la carne de mis muslos, las medias negras y los zapatos de tacón alto. Estaba en la gloría seduciendo a un macho lleno de poder , fui desabrochando la camisa al tiempo que me movía con un ritmo suave, de samba en mi mente. La abrí mientras me soltaba los puños, quería que me viera bien, volverle loco de deseo. Me la saqué echando el cuerpo hacia adelante y luego me quedé parada ante él. Con mi sexy ropa interior me sentía una tigresa ante su presa. Me di la vuelta para soltarme el sujetador, me tapé los senos con la manos y giré hasta quedar de nuevo frente a mi jefe , estaba sentado, con el cuerpo hacia adelante, feliz del espectáculo. Me acaricié las tetas un poco y luego jugué con los hombros para que viera su movimiento. Y comencé a bajarme las braguitas cuando llegaron a medio muslo las dejé deslizar al suelo. Y me quedé en cueros, con mis medias negras y mis tacones altos, ante su mirada que lamía mi cuerpo. Sabía lo que iba a hacer, me acerqué, me arrodillé entre sus piernas , le abrí la bragueta del pantalón, mi mano buscó y le saqué la polla tiesa como un palo. Sé que sé mamar una verga y aquel día me esmeré. Labios, dientes, lengua jugaron con su pija lamiendo, besando, mordiendo. Yo lo hacía bien, pero Antonio tenía su experiencia en dejársela chupar, quieto, siendo objeto, sólo gimiendo de placer, sin agarrarme la cabeza para que yo pudiera moverme bien. – ?Trágala? – me ordenó, no hacía falta, yo estaba deseosa de beber toda su leche. Y la soltó, me llenó la boca con su semen. Me separé poniéndome de pié. Hice que un poco de su esperma saliera de mis labios, deslizándose por la comisura de la boca, y sacando la lengua, golosa me lamí sus restos de pasión . – ?Estoy muy cachonda, ¿ quieres ver cómo me hago una pajita??- le dije ronroneante. No esperé su respuesta, mi mano derecha bajó a mi entrepierna y comencé a tocarme. Él se levantó sin dejar de mirarme y empezó a desnudarse. Yo me corrí antes de que él acabara, estaba a mil, pero seguí masturbándome. Tenía un buen cuerpo, con vello que agrisaba en el pecho poderoso, se notaba que dedicaba muchas horas al deporte, estaba moreno destacando el blanco de la zona que tapaba el traje de baño, y ahí la polla que volvía a levantarse. Se la agarró y la meneó buscando que se pusiera más dura. Pajeándonos los dos fui retrocediendo hacia la cama, la abrí de un tirón y me tumbé a lo ancho, abrí los muslos esperándole. No se hizo esperar. La metió de un golpe, yo estaba tan mojada que le fue fácil hacerla deslizar hasta lo más profundo de mí. Me llevó al paraíso del placer , me sometió a sus antojos, a su ritmo de embestidas posesivas, primero usándome como receptáculo de su verga que hizo que me fuera mientras me montaba en un acompasado galope y luego haciendo que yo me pusiera encima, guiándome con sus manos en mis caderas, haciendo que me moviera descansando una y otra de mis nalgas en él, de modo que su polla pegaba en uno u otro lado de mi vagina empapada. – ? Eres una potrita deliciosa?- dijo, tirando de mi cabeza para que me inclinara hacia adelante empotrada en su pija, mientras se metía un dedo en la boca sacándolo lleno de saliva. Ese dedo que tanteó mi trasero e introdujo en mi esfínter anal. Nadie me lo había hecho y dí un respingo. – ? Me encanta tu culo, tan estrecho, tan prieto?-me obligó a ponerme derecha con su dedo en mi interior- ?Y ahora tócate el coño. Y note muevas. Vas a saber lo que es bueno?- El hijo de puta me tenía loca, penetrada por delante y por detrás mientras mis dedos acariciaban mi clítoris, él llevaba el ritmo de la penetración con su pelvis. En sus ojos había una mirada de poder, de dominio, que me arrastraba hacia mi entrega total. Me llegó como un maremoto, fue un orgasmo que me arrasó, quedé tumbada sobre él, que siguió moviéndose hasta que se corrió. – ?Anda, ve a lavarte que se nos ha hecho tarde?- me temblaban las piernas cuando me levanté. Me lavé el coño, él se metió en la ducha, Me di cuenta que era suya, podía hacer conmigo lo que quisiera. – ?Dentro de un mes tenemos una reunión en Zaragoza para el desarrollo conjunto del programa informático del banco. Y ahí, Pilar, te voy a romper ese culito tan delicioso ?.Anda, acelera que hay que volver a casa?- Cuando llegué los niños estaban dormidos, Pablo había cenado, me había dejado un poco de tortilla de patatas, estaba buena, la devoré con una cerveza.Mi marido, encantador y dulce, me preguntó por la reunión, le dije que había sido un éxito y que dentro de un mes habríamos una puesta en común en Zaragoza, sería tres días. Dijo que había problema, que él se quedaría con los niños y que en todo caso su madre y la mía le echarían una mano. Me desarmó, le dije que estaba agotada y me acosté, me hice la dormida cuando llegó a la cama. Lo terrible era que no tenía remordimientos, había gozado como una perra en celo, me encantaba el poder de Antonio, cómo me usaba para su placer, quería a Pablo pero aquel polvo había sido diferente , entrar en un mundo de vicio que me encantaba. Hemos acabado el gin tónic, nos levantamos, nos despedimos diciendo que volveremos por la noche a pagar y a repetir las gambas, nos prometen un pulpito a la plancha con alioli para acompañar. Vamos de la mano, me gusta andar así con mi marido, dos personas que han vivido la vida juntos. – ? Sabes que a mi padre, no le acababas de gustar. Decía que eras muy flaca…..Coño , como canta Serrat, ?.claro que yo no necesito que te bañes en agua bendita..?- – ? Te quiero.?- le digo después de pararme a darle un beso en la mitad de la calle.

Agua bendita en Relatos eroticos de Infidelidad (relatos eroticos )

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