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Relato porno: “Hasta que hora juegan domino”

Video Porno de: Jovencitas

marzo 29th, 2013 >> Amateurs, Porno

¿Hasta qué hora juegan domino?
Hola, les voy a contar la historia de cómo lo hice por primera vez y donde fue.
Todo comenzó en una fiesta en el instituto donde estudiábamos ambos, estudiábamos para ser paramédicos y esta era la fiesta de despedida. A ella a quien llamaré “Mery”, la conocí ahí, no éramos buenos amigos, solo nos juntábamos en los recreos y cuando salíamos del instituto, pero uno de hombre siempre anda con la malicia… ¿o no?… ella era bajita, pero de piernas bien largas para su tamaño, su cabello le llegaba hasta la cintura, sus pechos eran pequeños pero firmes y apretaditos como si fueran dos naranjas duritas, su culo era redondito y prominente, unos labios carnosos y unos ojos que decían “estoy caliente”, bueno eso último tal vez me lo imaginaba yo.
Fuimos juntos a la fiesta, porque si bien no éramos pololos, éramos amigos y compañeros, pero cuando la vi llegar con ese vestido… era negro, ajustado al cuerpo, tan pegadito que se podían distinguir perfectamente cada contorno de su cuerpo… incluso por su escote, que era bien generoso para los califas que fueron a esa fiesta, me incluyo, se veía por el que no llevaba sostén y lo confirmaban los pezones que se dibujaban por debajo de esa ajustada tela. Esta demás decir que se me paro en el acto, me costaba disimular mi erección ya que se me ocurrió la genial idea de ir sin ropa interior, lo tenía tan duro que podía sentir mis palpitaciones en él. Todo ocurrió con algo de normalidad, si no fuera por mi erección y que no podía sacarle la vista de encima de sus pequeños pero deliciosos pechos y estoy seguro de que ella lo noto. También noto mi herramienta dura cuando ¡por fin sonó un lento! Me apegue a ella y mis manos disimuladamente comenzaron a tocarla, ya no aguantaba más, tuve que ir al baño y me pajie… estaba tan caliente que no tarde más de veinte segundos en acabar. Cuando Salí del baño me pidió que la llevara de vuelta a su casa (en locomoción colectiva, aun no tenía mi propio vehículo) y yo la lleve.
Cuando llegamos ya eran como las 02:30 am y en su casa estaba su papá, su mamá y sus hermanos mayores jugando domino. Me invitaron a jugar y a tomar una piscola a lo que accedí. Poco a poco se fueron a acostar solo quedábamos Mery, su papá y yo, cuando le gane tres veces seguidas me dijo, bueno yo me voy a acostar, se levantó se despidió y se metió en su pieza, pieza que tenía su puerta frente a nosotros a dos metros de donde estábamos sentados. Mire a Mery y ella me pregunto que si me quería quedar (dentro de mi casi le pego, ya eran más de las 4 am y a esa hora donde encontraría locomoción, ya que yo no tenía vehículo), si le dije y ella sonrió.
Me ofreció otra piscola, el número de esta no lo sé ya me había tomado varias, ya estaba hablando algo traposo; cuando se levanta del sillón para servirme la piscola se le quedo enrollado el vestido y pude ver por primera vez su culo ya que usaba un colaless blanco que resaltaba en la penumbra de el living, camino así, no se dio cuenta. Yo sentía como otra vez mi pene luchaba por salir de su encierro. Cuando vuelve a mi lado se sienta en el mismo sillón donde yo estaba y se acerca a mí, me pasa la copa y me dice con una voz suave y llena de malicia… “por fin solos”… mi corazón comenzó a latir tan rápido que no puedo describir lo que sentí. Me tome al seco la piscola y deje el vaso en la mesa de centro. Ella se inclinó y me beso los labios, yo los tenia adormecidos, pero igual los pude sentir húmedos y con un sabor al trago que bebíamos, su lengua jugueteaba por toda mi boca, como buscando algo, se movía habida mente, tal vez ella tenía experiencia, para mi esta era la primera vez en todo. Coloque mi mano derecha en su pierna y comencé a subirla lentamente, sentí que ya no tenía las medias con que estuvo en la fiesta, sus piernas estaban tan suaves y calientes… Hera tanta la excitación… que se me olvido por completo que sus padres estaban detrás de esa puerta a menos de tres metros de distancia, su lengua salió de mi boca y busco mi lóbulo de la oreja y comenzó a jugar allí. Para ese momento mi mano derecha ya había llegado hasta su culo el cual estaba helado… (no sé porque las mujeres pueden estar muy calientes pero su culo igual lo tienen helado…), bueno yo acariciaba su culo y con mi otra mano me había aventurado a sacar sus tetas por su escote y comencé a besar su mejilla, su cuello sus hombros y mientras más bajaba mi corazón más rápido latía, pensaba que me iba a dar un paro cardiaco, pero seguí y bese los bordes de sus pecho y suavemente y despacio iba con mi lengua jugueteando por toda su teta, tan durita… cuando mi lengua llego a su pezón ella tembló y note que su rostro estaba de un color rojo y ella sudaba, con ese temblor llego también un gemido el que me éxito aún más y fue el que me dio permiso para seguir.
Como pude le saque el vestido y allí la vi frente a mi desnuda solo la cubría un pequeño colaless el que ella misma se sacó lentamente dándome la espalda y agachándose, dejándome ver toda su depilada zorrita y el agujero que me quitaba el sueño… fue un sueño. Se gira y me desabrocha el pantalón, lo baja y descubre que estoy sin ropa interior y se ríe de forma maliciosa, pero cuando ve como lo tengo de duro y lo rojo y amenazante que estaba se vio en sus labios un gesto de placer… sin pensarlo dos veces comenzó a chuparlo… yo ya no aguantaba más era tal la excitación que si me movía solo un poco acabaría y yo no quería eso, me estaba retorciendo por contener mi eyaculación cuando ella pareció notarlo y me dijo: será mejor que acabes, para que después sigamos en lo nuestro, yo le dije bueno sal un momento y déjame acabar en un papel… ella me dijo ¡¡NO!!, como vas a desperdiciar tu lechita de esa forma…. Dámela la quiero probar a ver que sabor tiene… dijo eso sonriendo… y yo no pude aguantar más y me salió un chorro de semen tan abundante que creía que su boca se iba a llenar, pero no, nunca se iba a llenar ya que se lo tragaba a medida que iba saliendo y exclamaba ¡que rico!, ¡que rico!… no desperdicio ni una gota, no conforme con haberse comido todo mi semen, siguió chupando. Sentía un dolor raro cuando ella chupaba después de yo haber acabado, pero era un dolor placentero. Mágicamente mi pene se volvía a parar y a estar en las mismas condiciones de hace un rato y ella exclama: por fin tu pico lo voy a probar en mi zorra… me arrojo de espaldas sobre el sillón de tres cuerpos y allí se clavó ella misma y comenzó a cabalgar tan desenfrenada que el ruido que metía la humedad de nuestros cuerpos podría haber despertado a todos, pero a esa altura yo no la podía parar, la avalancha de sensaciones que yo sentía en ese instante era indescriptible, sentía como a ella el sudor le recorría toda su espalda hasta terminar metido en la raya de su culo… comenzó a moverse más rápido… arrugo su rostro e hizo un gesto algo extraño, todo esto acompañado de un temblor en todo su cuerpo y comienzo a sentir más húmedo donde nuestros sexos se unían… gemía de placer, bajo el ritmo de su montura y luego se bajó de mi… hizo que me pusiera de pie, ella me da su espalda y se agacha mira hacia atrás, donde estaba yo y me dijo: qué esperas que no me lo metes por el culo… de seguro yo estaba muerto y había llegado al paraíso mi sueño hecho realidad y todo en la misma noche…
Me acerque a su trasero tan mojado que parecía que se hubiera salido de una piscina, le acaricio su orificio anal, mientras me mojo un dedo con saliva y se lo meto por el ano… otra vez ella gime y me dice: ahora dos… a lo que yo obediente hice lo mismo, pero esta vez con dos dedos, ella vuelve a hablar para decirme esta vez: con tres… con tres… yo rápidamente le hago caso y ella comenzó otra vez a temblar… no deje que pararan sus temblores y le clave mi pene por su culo no fue necesario dilatar más entro de un todo hasta el fondo… todo mi pene dentro hasta los testículos, sentía que saldría por su boca, pero ella me decía: ¡¡sigue!!… ¡¡sigue!!… no te atrevas a detenerte… yo estaba tan caliente que pronto acabaría otra vez (a cada rato miraba la puerta de la habitación de sus padres y pensaba a qué hora salen y nos descubren…) otra vez sentí sus temblores y esta vez me dijo: ya ahora quiero tu lechita calentita se sacó mi pene del culo y se lo puso en la boca y comenzó a chupar al mismo tiempo que me pajeaba… un sueño… eso era, un sueño, otra vez acabe en su boca y se tragó hasta la última gota y seguía lamiendo. Mi pene me dolía de una manera que no la se describir, pero por otro lado el placer que sentía era fenomenal… ella seguía lamiendo… mi pene ya no se paró más por lo que ella comenzó a darme un beso negro, que no sé qué me causo, pero ella era experta otra vez se paró mi pene y lo siguió lamiendo… me pajeo tan fuerte y tan rápido que el dolor a veces era más que el placer… pero otra vez acabe en su boca… esta vez yo me solté de ella… y dije ya!!, ya está bueno… ella rio y me dijo: si ya está bueno… uff me canse dijo ella… (Claro y yo como estaba!!) fuimos al baño y nos lavamos, volvimos al living, nos vestimos y ordenamos un poco el desorden… el sueño se nos había ido, por lo que ordenamos los dominós y cuando estábamos comenzando a jugar se abre la puerta de la pieza de sus padres, sale su papá y nos ve y nos dice: ¿y ustedes hasta que hora pretenden jugar dominó?… nos quedamos mirando con Mery y una carcajada broto de los dos, su padre no entendía nada, pero bueno, esa es la historia de cómo me desvirginaron, otro día les cuento otras locuras que hicimos con Mery, espero que les haya gustado.

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Relato porno: “Con amor, por primera vez.”

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junio 9th, 2013 >> Amateurs, Porno

Holanda, compañeros; hoy les voy a contar otra historia, pero esta es algo especial, no es como las anteriores, ya que en esta se incluye un elemento que no tienen las otras que les he relatado. En esta se funde la pasión, y el amor.

En las otras historias, solo disfrutaba de los momentos de placer que me daba Mery, pero nunca me había puesto a pensar en ella, como algo más que una simple amiga con ventaja. Así era como la miraba, como una amiga a la que yo le podía decir: “chúpamelo y trágate todo mi semen” y ella lo hacía, sin oponer resistencia. Pero, poco a poco, fui entendiendo que lo que realmente me unía a ella, no era solo la calentura, sino, más bien, que ella era mi complemento.

Después de un año y dos meses de haberlo hecho por primera vez con ella… y en mi vida, ya que ella me desvirgo, estábamos viviendo juntos, pero solo por costumbre y sexo, si sexo, mucho sexo, todos los días; con decirles que cuando estaba con su periodo, lo hacíamos anal y ni un problema. Pero esa relación no se basaba en nada más que eso.

Hasta que un día, cuando desperté ya que nuestra ventana daba a donde salía el sol y la cortina estaba entreabierta, sentí un tibio calor en un brazo y eso me despertó, pero lo que vi me ha dejado marcado hasta este día.
Ese rayo de sol iluminaba a Mery desde la cabeza hasta sus pies, cubierta únicamente por una delgada sabana de color blanco que reflejaba la luz del sol y la hacía ver angelical, era una visión de un ángel durmiendo en mi cama. Su rostro con sus ojos cerrados era especialmente bello ese día, como nunca la había visto y nunca me había dado el tiempo de contemplar con clama su rosto, sus pecas, unos lunares, pero todo tan bello y en armonía. La sabana, cubría el resto de su cuerpo, por lo que no tuve distracción y seguí contemplando su rostro y a medida que pasaba el tiempo, que probablemente serían un par de horas, me fui recordando, de las aventuras que habíamos vivido juntos en estos dos años, en como tuvo ella problemas con su familia por mi culpa y como ella me eligió a mí en lugar de ellos. Como me cuido, esa vez que estuve en cama con fiebre. Me acorde de cómo ella me demostraba su admiración, por las cosas que yo hacía. También recordé los malos momentos que ella debió soportar por malas decisiones mías y que no importara lo que yo hiciera, ella siempre estaba a mi lado. Con mi dedo índice acaricie su mejilla y mientras lo hacía, por mi mejilla comenzaron a rodar lagrimas por una extraña mezcla de sensaciones y emociones que por primera vez en mi vida estaba experimentando.

Ella despertó y al verme llorar, se asustó. ¿Qué te pasa?, me pregunto y yo tratando de calmarme le dije… “creo que te amo”… ella sonrió y acercó sus labios a los míos y suavemente los apoyo, comenzó a darme un beso tan delicado que hizo que se me irisara la piel, con una mano yo tomaba su carita y con la otra retiraba esa delgada barrera que cubría su cuerpo desnudo y comencé a tocar sus pechos, delicadamente, haciendo círculos como dibujando algo, con las gemas de los dedos, mientras me acercaba a su aureola, seguíamos en ese beso suave pero lleno de amor, no hacía falta meter toda la lengua o manosear bruscamente sus pecho… era todo lento, armonioso, suave, delicado, pero por sobre todo romántico.

Con mi dedo índice y pulgar derecho, cogí el pezón de su pecho izquierdo, suavemente lo apretaba y giraba y ella lo estaba disfrutando, retire mi boca de la suya y comencé a besar sus mejillas y luego comencé a besar su estilizado cuello, bese sus hombros y por fin llegue hasta sus pechos. Con mi lengua hacia círculos y comencé a mamar su pezón izquierdo y luego lo cambiaba por el derecho y así por otro rato, ya no sabía qué hora esa.
Mery me abrazo y volvimos a besarnos, esta vez éramos un solo cuerpo tan juntitos y apretaditos que estábamos, ella se recostó y yo sobre ella, con mi pierna derecha separe sus piernas y me puse en posición de ataque. No dejaba de besarla y de decirle lo hermosa que estaba, besaba su cuello, sus hombros y con mi mano izquierda recorría su cuerpo desde los pechos hasta los glúteos y los apretaba suavemente, se notaba que esta forma lenta y delicada de poseerla, le gustaba muchísimo; bien lo dice Ricardo Arjona, esto es la graduación: “cuando se incluye el amor”.
Comencé a penetrar con solo la puntita de mi pene y este jugaba en la entrada del placer y chapoteaba los líquidos que por ahí se encontraban, ella me abrazaba por la espalda y me hacía hacia ella para que mi penetración sea más profunda y eso hice. Comencé a bombear despacio y con ritmo suave, ambos iban subiendo de velocidad, como los gemidos de ella también iban subiendo de volumen. Su respiración se volvía mas agitada y cerraba con más fuerza sus ojos, yo también comencé a sentir como mis testículos trabajaban para su pronta descarga y mi respiración se volvió más agitada igual a la de ella, comencé a temblar cuando sentí que ella comenzaba a vibrar desde a dentro hacia fuera y un grito dejo oír, un grito de placer acompañado de temblores, gemidos y movimientos involuntario, pero junto con ella, yo estaba en lo mismo, depositando mi semen dentro de su vagina y sentía como eso le quemaba por dentro, ya que se revolcaba de placer. Esta era la primera vez que acabamos juntos y se sintió tan bien, fue una experiencia distinta y especial, desde entonces nos damos tardes enteras dedicadas a hacer el amor, aunque también seguimos teniendo sexo, ahora ya entendiendo la diferencia de esas dos cosas.

Me despido, amigos míos, pensé necesario contar esto, ya escribiré otras aventuras con Mery de cómo lo hemos disfrutado tanto esta vida, entre nosotros y con otras parejas… nos vemos pronto.

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La esposa y la hermana de un narco en Relatos eroticos de Amor filial

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abril 19th, 2014 >> Relatos Eroticos

La esposa y la hermana de un narco en Relatos eroticos de Amor filial (relatos eroticos )

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La esposa y la hermana de un narco en Relatos eroticos de Amor filial (relatos eroticos )

Estoy jodido. Mi ritmo de vida se ha visto alterado por culpa de mis vecinas. Hasta hace seis meses, siempre me había considerado un perro en lo que respecta a mujeres y aun así, con cuarenta y tres años, me he visto sorprendido por la actitud que han mostrado desde que se mudaron al ático de al lado.

Todavía recuerdo el sábado que hicieron la mudanza. Ese día tenía una resaca monumental producto de la ingesta incontrolada de Whisky a la que estoy fatalmente habituado. Me había acostado pasadas las seis de la madrugada con una borrachera de las que hacen época pero con una borracha del montón.

Todavía seguía durmiendo cuando sin previo aviso, llegó a mis oídos el escándalo de los trabajadores de la empresa de mudanza subiendo y colocando los muebles. Tardé en reconocer la razón de tamaño estrépito, el dolor de mi cabeza me hizo levantarme y sin darme cuenta que como única vestimenta llevaba unos calzoncillos, salí al rellano a ver cuál era la razón de semejante ruido. Al abrir la puerta me encontré de bruces con un enorme aparador que bloqueaba la salida de mi piso. Hecho una furia, obligué a los operarios a desbloquear el paso y cabreado volví a mi cama.

En mi cuarto, María, una asidua visitante de la casa, se estaba vistiendo.

-Marcos. Me voy. Gracias por lo de ayer.

En mis planes estaba pasarme todo el fin de semana retozando con esa mujer, pero gracias a mis ?amables vecinos? me lo iba a pasar solo. Comprendiendo a la mujer, no hice ningún intento para que cambiara de opinión. De haber sido al revés, yo hubiera tardado incluso menos tiempo en salir huyendo de ese infierno.

-Te invito a tomar un café al bar de abajo- le dije mientras me ponía una camiseta y un pantalón corto. Necesitaba inyectarme en vena cafeína.

Mi amiga aceptó mi invitación de buen grado y en menos de cinco minutos estábamos sentados en la barra desayunando. Ella quiso que me fuera a su casa a seguir con lo nuestro pero ya se había perdido la magia. Sus negras ojeras me hicieron recordar una vieja expresión: ?ayer me acosté a las tres con una chica diez, hoy me levanté a las diez con una chica tres?. Buscando una excusa, rechacé su oferta amablemente prometiéndole que el siguiente viernes iba a invitarla a cenar en compensación. Prefería quedarme solo a tener que volver a empezar con el galanteo con ese gallo desplumado que era María sin el maquillaje. Ambos sabíamos que era mentira, nuestra relación consiste solo en sexo esporádico, cuando ella o yo estábamos sin plan, nos llamábamos para echar un polvo y nada más.

Al despedirnos, decidí salir a correr por el Retiro con la sana intención de sudar todo el alcohol ingerido. Tengo la costumbre de darle cuatro vueltas a ese parque a diario, pero ese día fui incapaz de completar la segunda. Con el bofe fuera, me tuve que sentar en uno de sus bancos a intenta normalizar mi respiración. ?Joder, anoche me pasé?, pensé sin reconocer que un cuarentón no tiene el mismo aguante que un muchacho y que aunque había bebido en exceso, la realidad de mi estado tenía mucho más que ver con mi edad. Con la moral por los suelos, volví a mi piso.

Había trascurrido solo dos horas y por eso me sorprendió descubrir que habían acabado con la mudanza. Encantado con el silencio reinante en casa, me metí en la sauna que había hecho instalar en la terraza. El vapor obró maravillas, abriendo mis poros y eliminando las toxinas de poblaban mis venas. Al cabo de media hora, completamente sudado salí y sin pensar en que después de dos años volvía a tener vecinos, me tiré desnudo a la pequeña piscina que tengo en el segundo piso del dúplex donde vivo. Sé que es un lujo carísimo, pero después de quince años ejerciendo como abogado penalista es un capricho al que no estoy dispuesto a renunciar. Estuve haciendo largos un buen rato, hasta que el frio de esa mañana primaveral me obligó a salir.

Estaba secándome las piernas cuando a mi espalda escuché unas risas de mujer. Al girarme, descubrí que dos mujeres, que debían rondar los treinta años, estaban mirándome al otro lado del murete que dividía nuestras terrazas. Avergonzado, me enrollé la toalla y sonriendo en plan hipócrita, me metí de nuevo en mi habitación.

?¡Mierda!, voy a tener que poner un seto si quiero seguir bañándome en pelotas?, me dije molesto por la intromisión de las dos muchachas.

Acababa de terminar de vestirme cuando escuché que alguien tocaba el timbre, y sin terminar de arreglarme salí a ver quién era. Me sorprendió toparme de frente con mis dos vecinas. Debido al corte de verme siendo observado, ni siquiera había tenido tiempo de percatarme que además de ser dos preciosidades de mujer, las conocía:

Eran Tania y Sofía, la esposa y la hermana de Dmitri Paulovich, un narco al que había defendido hacía tres meses y que aprovechando que había conseguido sacarle de la trena mediante una elevada fianza, había huido de España, o al menos eso era lo que se suponía. Sin saber que decir, les abrí la puerta de par en par y bastante más asustado de lo que me hubiese gustado reconocer les pregunté en qué podía servirles.

Tanía, la mujer de ese sanguinario, en un perfecto español pero imbuido en un fuerte acento ruso, me pidió perdón si me habían molestado sus risas pero que les había sorprendido darse cuenta que su vecino no era otro que el abogado de su marido.

-Soy yo el que les tiene que pedir perdón. Llevo demasiado tiempo sin vecinos, y me había acostumbrado a nadar desnudo. Lo siento no se volverá a repetir.

-No se preocupe por eso. En nuestra Rusia natal el desnudo no es ningún tabú. Hemos venido a invitarle a cenar como muestra de nuestro arrepentimiento.

La naturalidad con la que se refirió a mi escena nudista, me tranquilizó y sin pensármelo dos veces, acepté su invitación, tras lo cual se despidieron de mí con un ?hasta luego?. De haber visto como Sofía me miraba el culo, quizás no hubiese aceptado ir esa noche a cenar, no en vano su hermano era el responsable directo de medio centenar de muertes.

Al cerrar la puerta, me desmoroné. Había luchado duro para conseguir un estatus y ahora de un plumazo, mi paraíso se iba a convertir en un infierno. Vivir pared con pared con uno de los tipos más peligroso de toda el hampa ruso era una idea que no me agradaba nada y peor, si ese hombre me había pagado una suculenta suma para conseguir que le sacara. Nadie se iba a creer que nuestra relación solo había consistido en dos visitas a la cárcel y que no tenía nada que ver con sus sucios enjuagues y negocios. Hecho un manojo de nervios, decidí salir a comer a un restaurante para pensar qué narices iba a hacer con mi vida ahora que la mafia había llamado a mi puerta. Nada más salir, comprendí que debía de vender mi casa y mudarme por mucho que la crisis estuviera en su máximo apogeo. En el portal de mi casa dos enormes sicarios estaban haciendo guardia con caras de pocos amigos.

Durante la comida, hice un recuento de los diferentes escenarios con los que me iba a encontrar. Si seguía viviendo a su lado, era un hecho que no iba a poderme escapar de formar parte de su organización, pero si me iba de espantada, ese hijo de puta se enteraría y podía pensar que no le quería como vecino, lo que era en la práctica una condena a muerte. Hiciera lo que hiciese, estaba jodido. ?Lo mejor que puedo hacer es ser educado pero intentar reducir al mínimo el trato?, me dije prometiéndome a mí mismo que esa noche iba a ser la primera y última que cenara con ellos.

Recordando las normas de educación rusa, salí a comprar unos presentes que llevar a la cena. Según su estricto protocolo el invitado debía de llevar regalos a todos los anfitriones y como no sabía si Dmitri estaba escondido en la casa, opté por ser prudente y decidí también comprarle a él. No me resultó fácil elegir, un mafioso tiene de todo por lo que me incliné por lo caro y entrando en Loewe le compré unos gemelos de oro. Ya que estaba allí, pedí consejo a la dependienta respecto a las dos mujeres.

-A las rusas les encantan los pañuelos-, me respondió.

Al salir por la puerta, mi cuenta corriente había recibido un bajón considerable pero estaba contento, no iban a poderse quejar de mi esplendidez. No me apetecía volver a casa, por lo que para hacer tiempo, me fui al corte inglés de Serrano a comprarme un traje. De vuelta a mi piso, me dediqué a leer un rato en una tumbona de la piscina, esperando que así se me hiciera más corta la espera. Estaba totalmente enfrascado en la lectura, cuando un ruido me hizo levantar mi mirada del libro. Sofía, la hermana pequeña del mafioso, estaba dándose crema completamente desnuda en su terraza. La visión de ese pedazo de mujer en cueros mientras se extendía la protección por toda su piel, hizo que se me cayera el café, estrellándose la taza contra el suelo.

Asustado, me puse a recoger los pedazos, cuando de repente escuché que me decía si necesitaba ayuda. Tratando de parecer tranquilo, le dije que no, que lo único que pasaba era que había roto una taza.

-¿Qué es lo que ponerle nervioso?- me contestó.

Al mirarla, me quedé petrificado, la muchacha se estaba pellizcando su pezones mientras con su lengua recorría sensualmente sus labios. Sin saber qué hacer ni que responder, terminé de recoger el estropicio y sin hablar, me metí a la casa. Ya en el salón, miré hacia atrás a ver que hacía. Sofía, consciente de ser observada, se abrió de piernas y separando los labios de su sexo, empezó a masturbarse sin pudor. No tuve que ver más, si antes tenía miedo de tenerles de vecinos, tras esa demostración estaba aterrorizado. Dmitri era un hijo de perra celoso y no creí que le hiciera ninguna gracia que un picapleitos se enrollara con su hermanita.

?Para colmo de males, la niña es una calientapollas?, pensé mientras trataba de tranquilizarme metiéndome en la bañera. ?Joder, si su hermano no fuera quién es, le iba a dar a esa cría lo que se merece?, me dije al recordar lo buenísima que estaba, ?la haría berrear de placer y la pondría a besarme los pies?.

Excitado, cerré los ojos y me dediqué a relajar mi inhiesto miembro. Dejándome llevar por la fantasía, visualicé como sería ponerla en plan perrito sobre mis sabanas. Me la imaginé entrando en mi habitación y suplicando que le hiciera el amor. En mi mente, me tumbé en la cama y le ordené que se hiciera cargo de mi pene. Sofía no se hizo de rogar y acercando su boca, me empezó a dar una mamada de campeonato. Me vi penetrándola, haciéndola chillar de placer mientras me pedía más. En mi mente, su cuñada, alertada por los gritos, entraba en mi cuarto. Al vernos disfrutando, se excitó y retirando a la pelirroja de mí, hizo explotar mi sexo en el interior de su boca.

Era un imposible, aunque se metieran en mi cama desnudas nunca podría disfrutar de sus caricias, era demasiado peligroso, pero el morbo de esa situación hizo que no tardara en correrme. Ya tranquilo, observé que sobre el agua mi semen navegaba formando figuras. ?Qué desperdicio?, me dije y fijándome en el reloj, supe que ya era la hora de vestirme para la cena.

A las nueve en punto, estaba tocando el timbre de su casa. Para los rusos la puntualidad es una virtud y su ausencia una falta de educación imperdonable. Una sirvienta me abrió la puerta con una sonrisa y, cortésmente, me hizo pasar a la biblioteca. Tuve que reconocer que la empresa de mudanzas había hecho un buen trabajo, era difícil darse cuenta que esas dos mujeres llevaban escasas doce horas en ese piso. Todo estaba en su lugar y en contra de lo que me esperaba, la elección de la decoración denotaba un gusto que poco tenía que ver con la idea preconcebida de lo que me iba encontrar. Había supuesto que esa familia iba hacer uso de la típica ostentación del nuevo rico. Sobre la mesa, una botella de vodka helado y tres vasos.

-Bienvenido-, escuché a mi espalda. Al darme la vuelta, vi que Tanía, mi anfitriona, era la que me había saludado. Su elegancia volvió a sorprenderme. Enfundada en un traje largo sin escote parecía una diosa. Su pelo rubio y su piel blanca eran realzados por la negra tela.

-Gracias- le respondí -¿su marido?

-No va a venir, pero le ha dejado un mensaje- me contestó y con gesto serio encendió el DVD.

En la pantalla de la televisión apareció un suntuoso despacho y detrás de la mesa, Dmitri. No me costó reconocer esa cara, puesto que, ya formaba parte de mis pesadillas. Parecía contento, sin hacer caso a que estaba siendo grabado, bromeaba con uno de sus esbirros. Al cabo de dos minutos, debieron de avisarle y dirigiéndose a la cámara, empezó a dirigirse a mí.

-Marcos, ¡Querido hermano!, siento no haberme podido despedirme de ti pero, como sabes mis negocios, requerían mi presencia fuera de España. Solo nos hemos visto un par de veces pero ya te considero de mi sangre y por eso te encomiendo lo más sagrado para mí, mi esposa y mi dulce hermana. Necesito que no les falte de nada y que te ocupes de defenderlas si las autoridades buscan una posible deportación. Sé que no vas a defraudar la confianza que deposito en ti y como muestra de mi agradecimiento, permíteme darte este ejemplo de amistad- En ese momento, su esposa puso en mis manos un maletín. Dudé un instante si abrirlo o no, ese cabrón no había pedido mi opinión, me estaba ordenando no solo que me hiciera cargo de la defensa legal de ambas mujeres sino que ocupara de ellas por completo.

?No tengo más remedio que aceptar sino lo hago soy hombre muerto?, pensé mientras abría el maletín. Me quedé sin habla al contemplar su contenido, estaba repleto de fajos de billetes de cien euros. No pude evitar exclamar:

-¡Debe haber más de quinientos mil euros!

-Setecientos cincuenta mil, exactamente- Tania me rectificó -es para cubrir los gastos que le ocasionemos durante los próximos doce meses.

?¡Puta madre! Son ciento veinticinco millones de pesetas, por ese dinero vendo hasta mi madre?, me dije sin salir de mi asombro. El ruso jugaba duro, si aguantaba, sin meterme en demasiados líos, cinco años, me podía jubilar en las Islas vírgenes.

-Considéreme su abogado- dije extendiéndole la mano.

La mujer, tirando de ella, me plantó un beso en la mejilla y al hacerlo pegó su cuerpo contra el mío. Sentir sus pechos me excitó. La mujer se dio cuenta y alargando el abrazo, sonriendo, me respondió cogiendo la botella de la mesa:

-Hay que celebrarlo.

Sirvió dos copas y de un solo trago se bebió su contenido. Al imitarla, el vodka quemó dolorosamente mi garganta, haciéndome toser. Ella se percató que no estaba habituado a ese licor y aun así las rellenó nuevamente, alzando su copa, hizo un brindis en ruso que no comprendí y al interrogarla por su significado, me respondió:

- Qué no sea ésta la última vez que bebemos juntos, con ayuda de Dios-

Es de todos conocidos la importancia que dan lo eslavos a los brindis, y por eso buscando satisfacer esa costumbre, levanté mi bebida diciendo:

-Señora, juro por mi honor servirla. ¡Que nuestra amistad dure muchos años!

Satisfecha por mis palabras, vació su vodka y señalándome el mío, esperó a que yo hiciera lo mismo. No me hice de rogar, pensaba que mi estómago no iba a soportar otra agresión igual pero en contra de lo que parecía lógico, ese segundo trago me encantó. En ese momento, Sofía hizo su entrada a la habitación, preguntando que estábamos celebrando. Su cuñada acercándose a ella, le explicó:

-Marcos ha aceptado ser el hombre de confianza de Dmitri, sabes lo que significa, a partir de ahora debes obedecerle.

-Por mí, estar bien. Yo contenta- respondió en ese español chapurreado tan característico, tras lo cual me miró y poniéndose melosa, me dijo: -no dudar de colaboración mía.

Su tono me puso la piel de gallina. Era una declaración de guerra, la muchacha se me estaba insinuando sin importarle que la esposa de su hermano estuviera presente. Tratando de quitar hierro al asunto, decidí preguntarles si había algo urgente que tratar.

-Eso, ¡mañana! Te hemos invitado y la cena ya está lista-, contestó Tanía, zanjando el asunto.

-Perdone mi despiste, señora, le he traído un presente- dije dando a cada una su paquete. La dependienta de Loewe había acertado de pleno, a las dos mujeres les entusiasmó su regalo. Según ellas, se notaba que conocía al sexo femenino, Dmitri les había obsequiado muchas cosas pero ninguna tan fina.

-¿Pasamos a cenar?- preguntó Tania.

No esperó mi respuesta, abriendo una puerta corrediza me mostró el comedor. Al entrar estuve a punto de gritar al sentir la mano de Sofía magreándome descaradamente el culo. Intenté que la señora de la casa no se diera cuenta de los toqueteos que estaba siendo objeto pero dudo mucho que una mujer, tan avispada, no se percatara de lo que estaba haciendo su cuñada. Con educación les acerqué la silla para que se sentaran.

-Eres todo un caballero- galantemente me agradeció Tania. -En nuestra patria se ha perdido la buena educación. Ahora solo abundan los patanes.

Esa rubia destilaba clase por todos sus poros, su delicado modo de moverse, la finura de sus rasgos, hablaban de sus orígenes cien por cien aristocráticos. En cambio, Sofía era un volcán a punto de explotar, su enorme vitalidad iba acorde con el tamaño de sus pechos. La naturaleza la había dotado de dos enormes senos, que en ese mismo instante me mostraba en su plenitud a través del escote de su vestido.

?Tranquilo macho, esa mujer es un peligro?, tuve que repetir mentalmente varias veces para que la excitación no me dominara:?Si le pones la mano encima, su hermano te corta los huevos?

La incomodidad inicial se fue relajando durante el trascurso de la cena. Ambas jóvenes no solo eran unas modelos de belleza sino que demostraron tener una extensa cultura y un gran sentido del humor, de modo que cuando cayó la primera botella, ya habíamos entrado en confianza y fue Sofía, la que preguntó si tenía novia.

-No, ninguna mujer con un poco de sentido común me aguanta. Soy el prototipo de solterón empedernido.

-Las españolas no saber de hombres, ¿Verdad?, -.

Esperaba que Tanía, cortarse la conversación pero en vez de ello, contestó:

-Si, en Moscú no duras seis meses soltero. Alguna compatriota te echaría el lazo nada más verte.

-¿El lazo?, y ¡un polvo!- soltó la pelirroja con una sonrisa pícara.

Su cuñada, lejos de escandalizarse de la burrada que había soltado la pelirroja, se destornilló de risa, dándole la razón:

-Si nunca he comprendido porqué en España piensan que las rusas somos frías, no hay nadie más caliente que una moscovita. Sino que le pregunten a mi marido.

Las carcajadas de ambas bellezas fueron un aviso de que me estaba moviendo por arenas movedizas y tratando de salirme del pantano en el que me había metido, contesté que la próxima vez que fuera tenía que presentarme a una de sus amigas. Fue entonces cuando noté que un pie desnudo estaba subiendo por mi pantalón y se concentraba en mi entrepierna. No tenía ninguna duda sobre quien era la propietaria del pie que frotaba mi pene. Durante unos minutos tuve que soportar que la muchacha intentara hacerme una paja mientras yo seguía platicando tranquilamente con Tania. Afortunadamente cuando ya creía que no iba a poder aguantar sin correrme, la criada llegó y susurró al oído de su señora que acababan de llegar otros invitados.

Sonriendo, me explicó que habían invitado a unos amigos a tomar una copa, si no me importaba, tomaríamos el café en la terraza. Accedí encantado, ya que eso me daba la oportunidad de salir airoso del acoso de Sofía. Camino de la azotea volví a ser objeto de las caricias de la pelirroja. Con la desfachatez que da la juventud, me agarró de la cintura y me dijo que estaba cachonda desde que me vio desnudo esa mañana. Tratando de evitar un escándalo, no tuve más remedio que llevármela a un rincón y pedirle que parara que no estaba bien porque yo era un empleado de Dmitri,

La muchacha me escuchó poniendo un puchero, para acto seguido decirme:

-Yo dejarte por hoy, pero tú dame beso.

No sé por qué cedí a su chantaje y cogiéndola entre mis brazos acerqué mis labios a los suyos. Si pensaba que se iba a conformar con un morreo corto, estaba equivocado, pegándose a mí, me besó sensualmente mientras rozaba sin disimulo su sexo contra mi pierna. Tenía que haberme separado en ese instante pero me dejé llevar por la lujuria y agarrando sus nalgas, profundicé en ella de tal manera que si no llega a ser porque escuchamos que los invitados se acercaban la hubiese desnudado allí mismo.

?¡Cómo me pone esta cría!?, pensé mientras disimulaba la erección.

Tania, ejerciendo de anfitriona, me introdujo a las tres parejas. Dos de ellas trabajaban en la embajada mientras que el otro matrimonio estaba de visita, lo más curioso fue el modo en que me presentó:

-Marcos es el encargado de España, cualquier tema en ausencia de mi marido tendréis que tratarlo con él.

Las caras de los asistentes se transformaron y con un respeto desmedido se fueron presentado, explicando cuáles eran sus funciones dentro de la organización. Asustado por lo súbito de mi nombramiento, me quedé callado memorizando lo que me estaban diciendo. Cuando acabaron esperé a que Tania estuviese sola y acercándome a ella, le pedí explicaciones:

-Tú no te preocupes, poca gente lo sabe pero yo soy la verdadera jefa de la familia. Cuando te lleguen con un problema, solo tendrás que preguntarme.

Creo que fue entonces cuando realmente caí en la bronca en la que me había metido. Dmitri no era más que el lacayo que su mujer usaba para sortear el machismo imperante dentro de la mafia y ella, sabiendo que su marido iba a estar inoperante durante largo tiempo, había decidido sustituirlo por mí. Estaba en las manos de esa bella y fría mujer. Sintiéndome una mierda, cogí una botella y sentado en un rincón, empecé a beber sin control. Desconozco si me pidieron opinión o si lo dieron por hecho, pero al cabo de media hora la fiesta se trasladó a mi terraza porqué la gente quería tomarse un baño. Totalmente borracho aproveché para ausentarme y sin despedirme, me fui a dormir la moña en mi cama.

Debían de ser las cinco de la madrugada cuando me desperté con la garganta reseca. Sin encender la luz, me levanté a servirme un coctel de aspirinas que me permitiera seguir durmiendo. Tras ponerme el albornoz, salí rumbo a la cocina pero al cruzar el salón, escuché que todavía quedaba alguien de la fiesta en la piscina. No queriendo molestar pero intrigado por los jadeos que llegaban a mis oídos, fui sigilosamente hasta la ventana para descubrir una escena que me dejó de piedra. Sobre una de las tumbonas, Tania estaba totalmente desnuda y Sofía le estaba comiendo con pasión su sexo. No pude retirar la vista de esas dos mujeres haciendo el amor. La rubia con la cabeza echada hacia atrás disfrutaba de las caricias de la hermana de su marido mientras con sus dedos no dejaba de pellizcarse los pechos. Era alucinante ser coparticipe involuntario de tanto placer, incapaz de dejar de mirarlas mi miembro despertó de su letargo e irguiéndose, me pidió que le hiciera caso. Nunca he sido un voyeur pero reconozco que ver a Sofía disfrutando del coño de Tania era algo que jamás iba a volver a tener la oportunidad de ver y asiéndolo con mi mano, empecé a masturbarme.

Llevaban tiempo haciéndolo porque la rubia no tardó en retorcerse gritando mientras se corría en la boca de su amante. Pensé que con su orgasmo había terminado el espectáculo, pero me llevé una grata sorpresa al ver como cambiaban de postura y Sofía se ponía a cuatro patas, para facilitar que las caricias de la otra mujer. Fue entonces cuando me percaté que Tanía estaba totalmente depilada y que encima tenía un culo de infarto. Completamente dominado por la lujuria, disfruté del modo en que le separó las nalgas. Mi recién estrenada jefa sacando su lengua se entretuvo relajando los músculos del esfínter. Sofía tuvo que morderse los labios para no gritar al sentir que su ano era violado por los dedos de la mujer.

Si aquello ya era de por sí alucinante, más aún fue ver que Tanía se levantaba y se ajustaba un arnés con un tremendo falo a su cintura. Le susurró unas dulces palabras mientras se acercaba y colocando la punta del consolador en el esfínter de su indefensa cuñada, de un solo golpe se lo introdujo por completo en su interior. Sofía gritó al sentir que se desgarraba por dentro, pero no intentó liberarse del castigo, sino que meneando sus caderas buscó amoldarse al instrumento antes de empezar a moverse como posesa. Su cuñada esperó que se acomodase antes de darle una fuerte nalgada en el culo. Fue el estímulo que ambas necesitaban para lanzarse en un galope desbocado. Para afianzarse, la rubia uso los pechos de su cuñada como agarre y mordiéndole el cuello, cambió el culo de la muchacha por su sexo y con fuerza la penetró mientras su indefensa víctima se derrumbaba sobre la tumbona. Los gemidos de placer de Sofía coincidieron con mi orgasmo y retirándome sin hacer ruido, volví a mi cama aún más sediento de lo que me levanté.

?Hay que joderse, pensaba que la fijación de Sofía por mí me iba a traer problemas con Dmitri, pero ahora resulta que también es la putita de su cuñada. Sera mejor que evite cualquier relación con ella?.

Capítulo dos:

Ese domingo se me pegaron las sábanas de manera que ya habían dado las doce cuando fui a la cocina a desayunar. Esa mañana me serví un café triple que me hiciera reaccionar. La cafeína recorriendo las venas era lo que necesitaba para poder pensar. Haciendo un repaso a las últimas veinticuatro horas me di cuenta de lo mucho que había cambiado mi vida. Hasta ayer, mi profesión era ser abogado penalista pero no sabía exactamente cuál iba a ser en el futuro. Me había vendido a la mafia, y como cuentan de la droga, se sabe cómo uno entra pero no como sale. Solo esperaba que no fuera dentro de un cajón de madera.

Por otra parte estaba el tema de Sofía. La muchacha estaba para mojar pan, pero solo hablarla era peligroso. Si me enrollaba con ella, podía causar el enfado de Dmitri y de Tania y lo más gracioso del asunto, no tenía claro cuál de los dos era más peligroso. Pensando en ello, salí taza en mano a mi terraza. De haberlo analizado antes quizás no hubiese decidido tomar el aire puesto que allí era sencillo que cualquiera de las dos mujeres me viera y eso era lo último que me apetecía. Afortunadamente no había nadie y de esa forma me tumbé tranquilamente en una hamaca sin que nadie me molestara. El sol, pegándome en la cama, me dio sueño y acomodándome, me quedé dormido.

No debía de llevar medía hora transpuesto cuando escuché el clásico ruido de alguien tirándose a la piscina. Creí que era la descarada de Sofía pero al abrir los ojos me llevé la sorpresa que quien estaba subiendo por la escalerilla no era otra que su cuñada Tania. Estaba espectacular con un bikini rojo, de esos, que en vez de ocultar la desnudez de quien lo lleva, realza las formas de su cuerpo.

-¿Todavía durmiendo?, creí que eras activo cuando te contraté. Ven al agua, está buenísima.

-Ahora voy, espera que me ponga un traje de baño- respondí.

Curiosamente creí descubrir un mohín en su rostro como si hubiese esperado que me bañara otra vez desnudo. Me di toda la prisa que pude, de manera que en menos de dos minutos ya estaba con ella en la piscina. La mujer, sin hacerme caso, se dedicó a hacer largos durante media hora, por lo que no tuve más remedio que imitarla. Era una nadadora estupenda, me costaba seguir su ritmo, se notaba que esa mujer estaba acostumbrada a hacer ejercicio. Ya estaba agotado cuando debió pensar que era suficiente y saliendo de la piscina, se acostó en la misma tumbona que la noche anterior usó para tirarse a su cuñada.

Sin saber qué hacer, la seguí afuera y me tumbé en una que había al lado. Era como si yo no existiera. Mirándola de reojo, me encandilé de la perfección de sus curvas. Sus pechos al no ser tan grandes, tenían una consistencia que sería la envidia de cualquier española y el sueño de cualquier español. Sus piernas eran largas y divinamente contorneadas. Su estómago completamente liso no tenía ni rastro de grasa.

?¡Quien se la follara!?, me dije mientras con mi vista la seguía devorando. ?no me extraña que Dmitri sea su perro faldero, yo también me dejaría poner un collar si con ello compartiera su alcoba?.

Como si además de bella, esa mujer tuviese telepatía, de pronto me pidió que le diese crema. Nervioso como un quinceañero, cogí el bote y derramando un podo en su espalda, empecé a extendérsela por su cuello. El tacto de su piel era suave. Poco a poco fui tomando confianza y mis manos empezaron a recorrer su espalda con absoluta libertad. Nunca en mi vida había tenido una hembra semejante a mi disposición para darle bronceador y por eso quizás lo hice tan sumamente lento que parecía un masaje.

Me estaba poniendo bruto mientras Tania, ajena a cuales eran mis sentimientos, permanecía con los ojos cerrados. Al terminar de extenderle la crema por la espalda no creí conveniente seguir con sus piernas y menos con el culo, por lo que cerrando el bote volví a mi tumbona. No me había tumbado cuando la escuché quejarse, pidiendo que terminara. No quería quemarse. Asustado pero a la vez ansioso de tocar sus piernas, me puse a su lado y cuidadosamente fui con mis manos llenas de crema dándole un masaje en las plantas de sus pies. Debió de gustarle por que empecé a oír unos gemidos de satisfacción, lo que me dio pie a sin ningún pudor recorrer sus piernas presionando sus músculos. Podía parecer un masaje profesional, pero yo sabía que no lo era, al ser consciente de la tremenda erección que estaba soportando.

Quedaba lo mejor y lo más difícil. Sus glúteos esperaban mis manos y no podía defraudarlos. Con mi sexo dolorosamente tieso, eché un buen montón de crema en cada nalga antes de siquiera pensar en posar mis palmas en esos monumentos.

?Qué belleza?, me dije al acariciarlos.

Como si fuera una obra de arte y yo un restaurador, fui mimando con mis manos cada centímetro de su piel sin atreverme a acercarme a ninguna de sus dos entradas. Estaba caliente pero no loco. Lentamente, fui profundizando en mis caricias, extendiendo la crema hasta donde la prudencia me dejó, sin dejar de pensar cómo sería poseer a esa mujer. Estaba a punto de cometer una idiotez cuando me habló:

-Marcos, ¡Para!

Saliendo de mi ensoñación, divisé que sus ojos se habían posado en mi pene y que lejos de indignarse, una sonrisa había hecho su aparición en su boca:

- Eres un maestro dando masajes pero yo soy tu jefa-.

No hizo falta que dijera más, avergonzado mascullé una disculpa y sin pensármelo dos veces, me lancé a la piscina esperando que se me bajara la excitación. Al salir, se había ido. Acojonado de haberla molestado, decidí salir a dar una vuelta por Madrid.

?¡Como puedo ser tan imbécil!, ¡Pero qué insensato soy!, ¿Cómo he podido ser tan animal de ponerme cachondo dándole crema??, no paré de decirme mientras me vestía. ?Esa tipa con solo chasquear los dedos podría matarme y voy yo y le meto mano, decididamente ¡Soy gilipollas!?.

Estaba sacando mi coche del garaje cuando uno de los gorilas de Tanía me hizo parar.

-Don Marcos, tenemos instrucciones precisas de protegerle, sino le importa: Yo conduzco.

Lo inesperado de su petición no me dejó reaccionar y antes que me diera cuenta, el ruso conducía y yo estaba sentado en la parte trasera del automóvil. La mafia es como un virus, en cuanto entra se extiende sin control por todos los aspectos de tu vida, dejas de ser libre para convertirte en un engranaje más de la organización. Era un hecho irrefutable que mi existencia rutinaria había cambiado y debía de amoldarme a ese nuevo ritmo de vida. Tenía mucho dinero y desconocía si tendría tiempo para gastarlo por lo que dirigiéndome al chofer le pedí que me llevara a Jockey, uno de los restaurantes más caros de Madrid. Solo había estado una vez y recordaba después de dos años su ensalada templada de cangrejos.

Al llegar a la puerta, el portero me recordó que por protocolo los clientes debían de llevar corbata y que el establecimiento ponía a mi disposición un extenso surtido para elegir. Sonreí pensando que era una pijería a la que tenía que acostumbrarme. Elegí una verde que combinaba con mi chaqueta y pasé adentro. Es una gozada el servicio, nada más entrar el maître me acompañó a una mesa y preguntó:

-Doña Tania, ¿le va a acompañar?

Me quedé pasmado. Al preguntarle como sabía que conocía a esa mujer, me respondió que lo había supuesto porqué era una de sus mejores clientas y yo había llegado con su chofer. Haciendo como si ese detalle no tuviera importancia, pedí que me trajeran un aperitivo. Nada más irse, mi mente empezó a recapacitar sobre su significado. Si un mero maître había hilado cabos que sería de la policía. Estaba seguro que en ese instante, mis datos estaban siendo revisados por la brigada central. En otras palabras; ¡estaba fichado! Cuando ya creía que nada podía ir peor, vi a Sofía entrando por la puerta y dirigiéndose a donde yo estaba. Como no tenía más remedio que aceptar su compañía, me levanté a acercarle la silla.

-Eres malo. Estaba sola y no me has invitado a comer- dijo con una de sus típicas sonrisas de niña buena.

?La verdad es que si esta monada no fuera la hermana de Dmitri, no me importaría nada tener con ella un escarceo. Realmente está buenísima?, pensé al observarla. Sabía perfectamente que no podía dejarme llevar, pero siempre es agradable sentir que una preciosidad como la que tenía enfrente se interesara por uno.

-¿Qué quieres tomar?- pregunté para romper el hielo.

-Un hombre bueno- respondió sin dejar de sonreír.

No me explico porque en vez de salir corriendo, decidí meterme con su deficiente español.

-Pues si quieres un modelo, no sé qué haces conmigo. Te llevo quince años.

Se quedó pensando, creo que tardó en comprender que le estaba tomando el pelo.

-Tu estar bueno pero yo decir corazón-, me contestó cogiendo mi mano y llevándola a su pecho.

No me esperaba que sin importarle las apariencias para explicarse me obligara a tocar esos maravillosos senos. No sé si más cortado que excitado o al revés, retiré mi mano, disimulando.

-No vuelvas a hacer eso- la reñí -estamos en un lugar público-.

-Ellos comprenden, yo con mi novio- dijo alegremente mientras volvía a llevársela a su pecho.

-Sofía, por favor, no hagas el ridículo- le susurré al oído.

La situación me estaba resultando harto incomoda, si Tanía era una asidua visitante no tardaría en enterarse que su cuñada se había comportado como una vulgar fulana.

-De acuerdo, pero tú y yo novios- me soltó como si nada.

Su insistencia hizo que saltaran todas mis alarmas y tomando aliento, le dije muy serio:

-Sofía, soy sólo tu abogado.

En ese momento vino el camarero a preguntarnos qué quería la señorita de beber. La interrupción hizo que tuviera que esperar a que la muchacha pidiera, para oír una contestación que me heló hasta el tuétano.

-No, tú mi novio. Yo ver en el juicio y Tania prometer tú eres mío.

Casi me caigo de la silla al oírlo. La zorra de su cuñada había comprado el piso de al lado y me había contratado, sólo con el propósito de regalarle, a su querida niña, un novio. Tratando de buscar una salida, se me ocurrió preguntarle qué era lo que opinaba Dmitri de eso y al oír su respuesta supe que estaba jodido:

-Gustar, con marido español no deportación.

No me quedaron fuerzas de seguir discutiendo, ese par de hijos de puta vieron, en el capricho de Sofía, una salida perfecta. Dmitri se aseguraba que no deportaran a su hermana y Tanía conseguía una fachada que le permitiera seguir tirándose a la hermanita de su esposo. Durante el resto de la comida, me mantuve en silencio rumiando las noticias que acababan de darme. Tras el sofocón inicial después de analizarlo, no me pareció tan mala idea y no solo porque estaba buenísima sino porque me daba una razón que hiciera dudar a la policía de mi verdadera relación con esa organización.

?Seré el marido de pega de esta niña y así ellos creerán que soy un pelele?.

Habiendo tomado ya la decisión, era necesario que hacerla pública y que mejor que fueran los propios camareros los que les fueran a la pasma con el chisme. Llamé al camarero y le pedí que nos trajera una botella de Moët.

Al venir con el carísimo champán, cogí el alambre del tapón e hice con él un rústico anillo. Sofía no entendía que narices estaba haciendo. Solo lo comprendió cuando poniéndome de rodillas, le pedí que se casara conmigo. El grito de alegría de la muchacha retumbó en el local, haciendo que todos los comensales se voltearan a ver como un cuarentón estaba postrado frente a una bella joven.

-Sí, ¡me caso contigo!- respondió chillando y sin parar de dar saltos de felicidad.

Aunque parezca increíble, los cincuenta ricachones que había en el restaurante se pusieron de pie y empezaron a aplaudir. Abochornado por el rotundo éxito de mi idea, tuve que agradecer a la audiencia. Con Sofía a mi lado, me di cuenta que todos esperaban el beso de rigor, por lo que no me quedó más remedio que agarrarla por la cintura y dárselo. La exagerada pasión que imprimió Sofía al beso terminó de convencer a todos que era real nuestra unión, creo que incluso debieron darse cuenta que cuando la muchacha dejó de restregarse contra mí, mi pene ya estaba en lo más álgido de la erección.

Decidí que ya era suficiente, y pidiendo la cuenta salimos del lugar, con el convencimiento que en ese momento todo el mundo comentaría en las mesas que otro pobre tonto que se había enamorado de su secretaria. No tenía sentido ir en dos coches, por lo que me subí al enorme mercedes 600 que había traído a mi futura esposa. Nada más sentarme junto a ella, me cogió la mano y me dijo:

-No creas que soy tonta. De imbécil, no tengo un pelo. Me gustas desde que te vi en el estrado pero sé que no me amas. Eso es cuestión de tiempo, estoy segura que vas a terminar enamorado de mí. Esto es un negocio, tú me das lo que yo quiero y yo lo que tú necesitas. Por cierto, como ves, ¡Tu mujercita habla perfectamente español y sin acento!

No supe que decir, me había engañado totalmente con su pose de niña boba. La mujer que tenía a mi lado era una actriz maravillosa, escondiéndose detrás de una supuesta estupidez pasaba inadvertida para los enemigos de su hermano y evitaba ser objeto de los celos de Tania.

-Tu llevarme a por anillo, no poder llegar con éste a casa- acurrucándose como una enamorada, me susurró mientras pasaba su mano por mi entrepierna.

Comprar un anillo un domingo en la tarde en Madrid es imposible, excepto si eres un mafioso ruso. Solo tuve que preguntarle al chofer y tras un par de llamadas, nos abrieron una lujosa joyería del barrio de Salamanca. Afortunadamente, Tanía me había dado ese enorme anticipo, porque si no los cien mil euros que me gasté en la puñetera piedra me hubieran quebrado. Mientras Sofía elegía el que más le gustaba, yo no podía dejar de pensar que diría su cuñada de todo esto, sabía a la perfección que formaba parte de su plan pero aún me venía continuamente a la mente la escena lésbica que había presenciado, por eso en cuanto tuve oportunidad le pregunté discretamente, para que no se enterara nuestro guardaespaldas, cómo íbamos a plantearlo.

-Tú, déjame a mí. Para Tania, soy una tonta que se ha encaprichado del primer hombre inteligente con el que se ha topado. Ella sabe que ayer nos besamos y creerá que no ha hecho falta que ella te obligara tal y como tenía planeado, sino que, como hombre, nos has podido resistirte a mis encantos.

Tomándome mi tiempo, fui al grano. Le conté lo que había visto y le expliqué mis temores. Ella al oírme, se echó a reír:

-Ya te dijimos que las moscovitas somos unas calentorras. Ni ella ni yo somos lesbianas pero, cuando no hay un hombre disponible, nos consolamos mutuamente. Por eso no te inquietes, mejor harías en preocuparte por el día que te pille con ella en la cama.

Más tranquilo y siguiéndole la corriente le dije:

-¿Qué harías?, ¿cortarme los huevos?

-No, bobo- respondió con una carcajada -la ayudaría a dejarte seco, ¡mi amor!

Solo piensa con esas dos bellezas en la misma cama, me excitó y fue entonces cuando tomé la decisión de hacerlo realidad y por vez primera, la besé sin que me diese miedo que alguien nos viera.

No me da vergüenza reconocer que, mientras volvíamos a casa, estaba acojonado. Aún después de las explicaciones de Sofía, seguía teniendo miedo a la reacción de la gran Jefa. Tania debía de cargar sobre sus espaldas con la autoría intelectual de un buen número de ejecuciones y de ajustes de cuentas, no me cabía duda que no debía de ser extraño que ella se hubiese despachado en persona a algún competidor pero era un hecho cierto que, siguiendo sus órdenes, sus sicarios se habían desembarazado de una buena cifra. Por eso me alegró que ella no estuviera cuando llegamos a su apartamento.

-¿Qué te apetece hacer?- ronroneó Sofía, pegando su cuerpo al mío.

Estábamos solos y en teoría, esa maravilla de mujer era mi novia. No me costó decidir, agarrándola de la cintura la besé mientras iba desabrochando su falda. Mi querida rusa suspiró al sentir que caía al suelo y como si llevara años sin ser acariciada se lanzó contra mí, desgarrando mi camisa. Sus dientes se apoderaron de mi pecho mientras su dueña intentaba desabrochar mi pantalón. Increíblemente excitada, gimió al ver mi sexo totalmente inhiesto saliendo de su encierro.

-Te deseo, ¡mi querido picapleitos!

Quería que nuestra primera vez fuera tranquila pero su ardor se me contagió y apoyando mi cuerpo contra la pared, le rompí las bragas y poniendo sus piernas alrededor de mi cintura, coloqué la punta de mi glande en su sexo. Sofía no pudo esperar y forzando sus labios, se empaló lentamente, sintiendo como se introducía centímetro a centímetro mi extensión en su cueva. Nada más sentir que la cabeza chocaba contra la pared de su vagina, empezó a cabalgar usándome de montura. Mi pene erecto era un puñal con el que quería matar su necesidad de ser tomada. Moviendo sus caderas se echó hacia atrás para darme sus pechos como ofrenda. La visión de sus pezones, contraídos por la excitación, fueron el acicate que necesitaba el tranquilo abogado para convertirse en Mr. Hade. Completamente dominado por la lujuria, usé una de mis manos para poner su pecho en mi boca.

Sofía gritó al notar que mis dientes se cerraban cruelmente sobre su pezón y agarrando mi cabeza, me pidió que no parara. La humedad que manaba de ella me informó de la cercanía de su orgasmo. Su respiración agitada no le permitía seguir alzándose sobre mi pene, por lo que tuve que ser yo quien, asiéndola de su culo, la ayudara a sacar y meter mi sexo dentro del suyo. Al percatarse que ya no le era tan cansada esa postura, se puso como loca y acelerando sus maniobras, explotó derramando su flujo sobre mis piernas. Los gemidos de placer de la muchacha me espolearon y como un joven garañón, galopé en busca de mi orgasmo. Ya no importaba que esa mujer fuera la hermana de un mafioso, en mi mente era mi hembra y yo, su semental. Siguiendo el dictado de mi instinto busqué esparcir mi simiente en su campo. Con el coño completamente mojado, Sofía gozaba cada vez que mi verga, al entrar y salir, presionaba sobre sus labios y rellenaba su vagina. Su clímax estaba siendo sensualmente prolongado por mis maniobras, llevándola del placer al éxtasis y vuelta a empezar. Clavando sus uñas en mi espalda, me rogó que me corriera, que necesitaba sentir mi eyaculación en su interior.

La entrega de la muchacha era total. Berreando en mis brazos, se estaba corriendo por segunda ocasión cuando al levantar mi cabeza, vi a su cuñada mirándonos desde la terraza. Su gesto no era de enfado sino de satisfacción, dándome a entender que aprobaba lo que estábamos haciendo. El morbo de ser observado, hizo que mi pene estallara dentro de Sofía mientras veía a la rusa volviendo a su piso.

-Vamos a tu cama, esto es solo un aperitivo de lo que vas a disfrutar conmigo- susurró mi recién estrenada novia.

Sus palabras me hicieron soñar en tenerlas a las dos entre mis brazos y llevándola en volandas, me dirigía a mi cuarto.

-¡Qué impetuoso!- me dijo al tirarla encima de mi cama y tumbarme a su lado,-pareces que tienes ganas de seguir dándole placer a tu mujercita-.

-Los españoles también somos unos calentorros- contesté mientras le abría las piernas y sin ningún tipo de delicadeza la volvía a penetrar.

Me recibió totalmente mojada y abrazándome con sus piernas, buscó que mi penetración fuera total.

-Cabrón, ¡Me estás poniendo a mil! Me gustaría que la boba de Tania nos viera. Se moriría de envidia al saber que tenía razón cuando, el día que te vi con el juez, le dije que eras un perfecto semental.

Solté una carcajada al oírla. Moviendo mis caderas, la atraje hacia mí y le expliqué que sus deseos se habían convertido en realidad.

-No te entiendo.

-Tania nos ha estado espiando mientras lo hacíamos en el salón, y te puedo prometer que no se le notaba enfadada-.

-¡Mierda!-, exclamó soltándose de mi abrazo -tengo que ir a hablar con ella. No quiero que se enoje-.

-Ahora soy yo el que no comprende, no me has dicho que estaba todo hablado-.

-Sí, pero la jefa es la jefa y querrá novedades-, me contestó mientras salía completamente desnuda de mi habitación y dando un portazo me dejó compuesto y sin novia.

?Quien entienda algo que me lo aclare?, pensé mientras me vestía. En teoría, las dos mujeres habían maniobrado para que Sofía me llevara a la cama, por lo que no comprendía cual era la urgencia. Con el paso de los minutos me fui poniendo cada vez más nervioso, al imaginarme que la muchacha me había mentido sobre la verdadera relación que le unía con su cuñada. Si en un principio estaba intrigado al cabo de la media hora estaba histérico:

?¡Joder!, la he cagado. ¡Me he tirado a su putita!?.

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abril 19th, 2014 >> Relatos Eroticos

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Estoy jodido. Mi ritmo de vida se ha visto alterado por culpa de mis vecinas. Hasta hace seis meses, siempre me había considerado un perro en lo que respecta a mujeres y aun así, con cuarenta y tres años, me he visto sorprendido por la actitud que han mostrado desde que se mudaron al ático de al lado.

Todavía recuerdo el sábado que hicieron la mudanza. Ese día tenía una resaca monumental producto de la ingesta incontrolada de Whisky a la que estoy fatalmente habituado. Me había acostado pasadas las seis de la madrugada con una borrachera de las que hacen época pero con una borracha del montón.

Todavía seguía durmiendo cuando sin previo aviso, llegó a mis oídos el escándalo de los trabajadores de la empresa de mudanza subiendo y colocando los muebles. Tardé en reconocer la razón de tamaño estrépito, el dolor de mi cabeza me hizo levantarme y sin darme cuenta que como única vestimenta llevaba unos calzoncillos, salí al rellano a ver cuál era la razón de semejante ruido. Al abrir la puerta me encontré de bruces con un enorme aparador que bloqueaba la salida de mi piso. Hecho una furia, obligué a los operarios a desbloquear el paso y cabreado volví a mi cama.

En mi cuarto, María, una asidua visitante de la casa, se estaba vistiendo.

-Marcos. Me voy. Gracias por lo de ayer.

En mis planes estaba pasarme todo el fin de semana retozando con esa mujer, pero gracias a mis ?amables vecinos? me lo iba a pasar solo. Comprendiendo a la mujer, no hice ningún intento para que cambiara de opinión. De haber sido al revés, yo hubiera tardado incluso menos tiempo en salir huyendo de ese infierno.

-Te invito a tomar un café al bar de abajo- le dije mientras me ponía una camiseta y un pantalón corto. Necesitaba inyectarme en vena cafeína.

Mi amiga aceptó mi invitación de buen grado y en menos de cinco minutos estábamos sentados en la barra desayunando. Ella quiso que me fuera a su casa a seguir con lo nuestro pero ya se había perdido la magia. Sus negras ojeras me hicieron recordar una vieja expresión: ?ayer me acosté a las tres con una chica diez, hoy me levanté a las diez con una chica tres?. Buscando una excusa, rechacé su oferta amablemente prometiéndole que el siguiente viernes iba a invitarla a cenar en compensación. Prefería quedarme solo a tener que volver a empezar con el galanteo con ese gallo desplumado que era María sin el maquillaje. Ambos sabíamos que era mentira, nuestra relación consiste solo en sexo esporádico, cuando ella o yo estábamos sin plan, nos llamábamos para echar un polvo y nada más.

Al despedirnos, decidí salir a correr por el Retiro con la sana intención de sudar todo el alcohol ingerido. Tengo la costumbre de darle cuatro vueltas a ese parque a diario, pero ese día fui incapaz de completar la segunda. Con el bofe fuera, me tuve que sentar en uno de sus bancos a intenta normalizar mi respiración. ?Joder, anoche me pasé?, pensé sin reconocer que un cuarentón no tiene el mismo aguante que un muchacho y que aunque había bebido en exceso, la realidad de mi estado tenía mucho más que ver con mi edad. Con la moral por los suelos, volví a mi piso.

Había trascurrido solo dos horas y por eso me sorprendió descubrir que habían acabado con la mudanza. Encantado con el silencio reinante en casa, me metí en la sauna que había hecho instalar en la terraza. El vapor obró maravillas, abriendo mis poros y eliminando las toxinas de poblaban mis venas. Al cabo de media hora, completamente sudado salí y sin pensar en que después de dos años volvía a tener vecinos, me tiré desnudo a la pequeña piscina que tengo en el segundo piso del dúplex donde vivo. Sé que es un lujo carísimo, pero después de quince años ejerciendo como abogado penalista es un capricho al que no estoy dispuesto a renunciar. Estuve haciendo largos un buen rato, hasta que el frio de esa mañana primaveral me obligó a salir.

Estaba secándome las piernas cuando a mi espalda escuché unas risas de mujer. Al girarme, descubrí que dos mujeres, que debían rondar los treinta años, estaban mirándome al otro lado del murete que dividía nuestras terrazas. Avergonzado, me enrollé la toalla y sonriendo en plan hipócrita, me metí de nuevo en mi habitación.

?¡Mierda!, voy a tener que poner un seto si quiero seguir bañándome en pelotas?, me dije molesto por la intromisión de las dos muchachas.

Acababa de terminar de vestirme cuando escuché que alguien tocaba el timbre, y sin terminar de arreglarme salí a ver quién era. Me sorprendió toparme de frente con mis dos vecinas. Debido al corte de verme siendo observado, ni siquiera había tenido tiempo de percatarme que además de ser dos preciosidades de mujer, las conocía:

Eran Tania y Sofía, la esposa y la hermana de Dmitri Paulovich, un narco al que había defendido hacía tres meses y que aprovechando que había conseguido sacarle de la trena mediante una elevada fianza, había huido de España, o al menos eso era lo que se suponía. Sin saber que decir, les abrí la puerta de par en par y bastante más asustado de lo que me hubiese gustado reconocer les pregunté en qué podía servirles.

Tanía, la mujer de ese sanguinario, en un perfecto español pero imbuido en un fuerte acento ruso, me pidió perdón si me habían molestado sus risas pero que les había sorprendido darse cuenta que su vecino no era otro que el abogado de su marido.

-Soy yo el que les tiene que pedir perdón. Llevo demasiado tiempo sin vecinos, y me había acostumbrado a nadar desnudo. Lo siento no se volverá a repetir.

-No se preocupe por eso. En nuestra Rusia natal el desnudo no es ningún tabú. Hemos venido a invitarle a cenar como muestra de nuestro arrepentimiento.

La naturalidad con la que se refirió a mi escena nudista, me tranquilizó y sin pensármelo dos veces, acepté su invitación, tras lo cual se despidieron de mí con un ?hasta luego?. De haber visto como Sofía me miraba el culo, quizás no hubiese aceptado ir esa noche a cenar, no en vano su hermano era el responsable directo de medio centenar de muertes.

Al cerrar la puerta, me desmoroné. Había luchado duro para conseguir un estatus y ahora de un plumazo, mi paraíso se iba a convertir en un infierno. Vivir pared con pared con uno de los tipos más peligroso de toda el hampa ruso era una idea que no me agradaba nada y peor, si ese hombre me había pagado una suculenta suma para conseguir que le sacara. Nadie se iba a creer que nuestra relación solo había consistido en dos visitas a la cárcel y que no tenía nada que ver con sus sucios enjuagues y negocios. Hecho un manojo de nervios, decidí salir a comer a un restaurante para pensar qué narices iba a hacer con mi vida ahora que la mafia había llamado a mi puerta. Nada más salir, comprendí que debía de vender mi casa y mudarme por mucho que la crisis estuviera en su máximo apogeo. En el portal de mi casa dos enormes sicarios estaban haciendo guardia con caras de pocos amigos.

Durante la comida, hice un recuento de los diferentes escenarios con los que me iba a encontrar. Si seguía viviendo a su lado, era un hecho que no iba a poderme escapar de formar parte de su organización, pero si me iba de espantada, ese hijo de puta se enteraría y podía pensar que no le quería como vecino, lo que era en la práctica una condena a muerte. Hiciera lo que hiciese, estaba jodido. ?Lo mejor que puedo hacer es ser educado pero intentar reducir al mínimo el trato?, me dije prometiéndome a mí mismo que esa noche iba a ser la primera y última que cenara con ellos.

Recordando las normas de educación rusa, salí a comprar unos presentes que llevar a la cena. Según su estricto protocolo el invitado debía de llevar regalos a todos los anfitriones y como no sabía si Dmitri estaba escondido en la casa, opté por ser prudente y decidí también comprarle a él. No me resultó fácil elegir, un mafioso tiene de todo por lo que me incliné por lo caro y entrando en Loewe le compré unos gemelos de oro. Ya que estaba allí, pedí consejo a la dependienta respecto a las dos mujeres.

-A las rusas les encantan los pañuelos-, me respondió.

Al salir por la puerta, mi cuenta corriente había recibido un bajón considerable pero estaba contento, no iban a poderse quejar de mi esplendidez. No me apetecía volver a casa, por lo que para hacer tiempo, me fui al corte inglés de Serrano a comprarme un traje. De vuelta a mi piso, me dediqué a leer un rato en una tumbona de la piscina, esperando que así se me hiciera más corta la espera. Estaba totalmente enfrascado en la lectura, cuando un ruido me hizo levantar mi mirada del libro. Sofía, la hermana pequeña del mafioso, estaba dándose crema completamente desnuda en su terraza. La visión de ese pedazo de mujer en cueros mientras se extendía la protección por toda su piel, hizo que se me cayera el café, estrellándose la taza contra el suelo.

Asustado, me puse a recoger los pedazos, cuando de repente escuché que me decía si necesitaba ayuda. Tratando de parecer tranquilo, le dije que no, que lo único que pasaba era que había roto una taza.

-¿Qué es lo que ponerle nervioso?- me contestó.

Al mirarla, me quedé petrificado, la muchacha se estaba pellizcando su pezones mientras con su lengua recorría sensualmente sus labios. Sin saber qué hacer ni que responder, terminé de recoger el estropicio y sin hablar, me metí a la casa. Ya en el salón, miré hacia atrás a ver que hacía. Sofía, consciente de ser observada, se abrió de piernas y separando los labios de su sexo, empezó a masturbarse sin pudor. No tuve que ver más, si antes tenía miedo de tenerles de vecinos, tras esa demostración estaba aterrorizado. Dmitri era un hijo de perra celoso y no creí que le hiciera ninguna gracia que un picapleitos se enrollara con su hermanita.

?Para colmo de males, la niña es una calientapollas?, pensé mientras trataba de tranquilizarme metiéndome en la bañera. ?Joder, si su hermano no fuera quién es, le iba a dar a esa cría lo que se merece?, me dije al recordar lo buenísima que estaba, ?la haría berrear de placer y la pondría a besarme los pies?.

Excitado, cerré los ojos y me dediqué a relajar mi inhiesto miembro. Dejándome llevar por la fantasía, visualicé como sería ponerla en plan perrito sobre mis sabanas. Me la imaginé entrando en mi habitación y suplicando que le hiciera el amor. En mi mente, me tumbé en la cama y le ordené que se hiciera cargo de mi pene. Sofía no se hizo de rogar y acercando su boca, me empezó a dar una mamada de campeonato. Me vi penetrándola, haciéndola chillar de placer mientras me pedía más. En mi mente, su cuñada, alertada por los gritos, entraba en mi cuarto. Al vernos disfrutando, se excitó y retirando a la pelirroja de mí, hizo explotar mi sexo en el interior de su boca.

Era un imposible, aunque se metieran en mi cama desnudas nunca podría disfrutar de sus caricias, era demasiado peligroso, pero el morbo de esa situación hizo que no tardara en correrme. Ya tranquilo, observé que sobre el agua mi semen navegaba formando figuras. ?Qué desperdicio?, me dije y fijándome en el reloj, supe que ya era la hora de vestirme para la cena.

A las nueve en punto, estaba tocando el timbre de su casa. Para los rusos la puntualidad es una virtud y su ausencia una falta de educación imperdonable. Una sirvienta me abrió la puerta con una sonrisa y, cortésmente, me hizo pasar a la biblioteca. Tuve que reconocer que la empresa de mudanzas había hecho un buen trabajo, era difícil darse cuenta que esas dos mujeres llevaban escasas doce horas en ese piso. Todo estaba en su lugar y en contra de lo que me esperaba, la elección de la decoración denotaba un gusto que poco tenía que ver con la idea preconcebida de lo que me iba encontrar. Había supuesto que esa familia iba hacer uso de la típica ostentación del nuevo rico. Sobre la mesa, una botella de vodka helado y tres vasos.

-Bienvenido-, escuché a mi espalda. Al darme la vuelta, vi que Tanía, mi anfitriona, era la que me había saludado. Su elegancia volvió a sorprenderme. Enfundada en un traje largo sin escote parecía una diosa. Su pelo rubio y su piel blanca eran realzados por la negra tela.

-Gracias- le respondí -¿su marido?

-No va a venir, pero le ha dejado un mensaje- me contestó y con gesto serio encendió el DVD.

En la pantalla de la televisión apareció un suntuoso despacho y detrás de la mesa, Dmitri. No me costó reconocer esa cara, puesto que, ya formaba parte de mis pesadillas. Parecía contento, sin hacer caso a que estaba siendo grabado, bromeaba con uno de sus esbirros. Al cabo de dos minutos, debieron de avisarle y dirigiéndose a la cámara, empezó a dirigirse a mí.

-Marcos, ¡Querido hermano!, siento no haberme podido despedirme de ti pero, como sabes mis negocios, requerían mi presencia fuera de España. Solo nos hemos visto un par de veces pero ya te considero de mi sangre y por eso te encomiendo lo más sagrado para mí, mi esposa y mi dulce hermana. Necesito que no les falte de nada y que te ocupes de defenderlas si las autoridades buscan una posible deportación. Sé que no vas a defraudar la confianza que deposito en ti y como muestra de mi agradecimiento, permíteme darte este ejemplo de amistad- En ese momento, su esposa puso en mis manos un maletín. Dudé un instante si abrirlo o no, ese cabrón no había pedido mi opinión, me estaba ordenando no solo que me hiciera cargo de la defensa legal de ambas mujeres sino que ocupara de ellas por completo.

?No tengo más remedio que aceptar sino lo hago soy hombre muerto?, pensé mientras abría el maletín. Me quedé sin habla al contemplar su contenido, estaba repleto de fajos de billetes de cien euros. No pude evitar exclamar:

-¡Debe haber más de quinientos mil euros!

-Setecientos cincuenta mil, exactamente- Tania me rectificó -es para cubrir los gastos que le ocasionemos durante los próximos doce meses.

?¡Puta madre! Son ciento veinticinco millones de pesetas, por ese dinero vendo hasta mi madre?, me dije sin salir de mi asombro. El ruso jugaba duro, si aguantaba, sin meterme en demasiados líos, cinco años, me podía jubilar en las Islas vírgenes.

-Considéreme su abogado- dije extendiéndole la mano.

La mujer, tirando de ella, me plantó un beso en la mejilla y al hacerlo pegó su cuerpo contra el mío. Sentir sus pechos me excitó. La mujer se dio cuenta y alargando el abrazo, sonriendo, me respondió cogiendo la botella de la mesa:

-Hay que celebrarlo.

Sirvió dos copas y de un solo trago se bebió su contenido. Al imitarla, el vodka quemó dolorosamente mi garganta, haciéndome toser. Ella se percató que no estaba habituado a ese licor y aun así las rellenó nuevamente, alzando su copa, hizo un brindis en ruso que no comprendí y al interrogarla por su significado, me respondió:

- Qué no sea ésta la última vez que bebemos juntos, con ayuda de Dios-

Es de todos conocidos la importancia que dan lo eslavos a los brindis, y por eso buscando satisfacer esa costumbre, levanté mi bebida diciendo:

-Señora, juro por mi honor servirla. ¡Que nuestra amistad dure muchos años!

Satisfecha por mis palabras, vació su vodka y señalándome el mío, esperó a que yo hiciera lo mismo. No me hice de rogar, pensaba que mi estómago no iba a soportar otra agresión igual pero en contra de lo que parecía lógico, ese segundo trago me encantó. En ese momento, Sofía hizo su entrada a la habitación, preguntando que estábamos celebrando. Su cuñada acercándose a ella, le explicó:

-Marcos ha aceptado ser el hombre de confianza de Dmitri, sabes lo que significa, a partir de ahora debes obedecerle.

-Por mí, estar bien. Yo contenta- respondió en ese español chapurreado tan característico, tras lo cual me miró y poniéndose melosa, me dijo: -no dudar de colaboración mía.

Su tono me puso la piel de gallina. Era una declaración de guerra, la muchacha se me estaba insinuando sin importarle que la esposa de su hermano estuviera presente. Tratando de quitar hierro al asunto, decidí preguntarles si había algo urgente que tratar.

-Eso, ¡mañana! Te hemos invitado y la cena ya está lista-, contestó Tanía, zanjando el asunto.

-Perdone mi despiste, señora, le he traído un presente- dije dando a cada una su paquete. La dependienta de Loewe había acertado de pleno, a las dos mujeres les entusiasmó su regalo. Según ellas, se notaba que conocía al sexo femenino, Dmitri les había obsequiado muchas cosas pero ninguna tan fina.

-¿Pasamos a cenar?- preguntó Tania.

No esperó mi respuesta, abriendo una puerta corrediza me mostró el comedor. Al entrar estuve a punto de gritar al sentir la mano de Sofía magreándome descaradamente el culo. Intenté que la señora de la casa no se diera cuenta de los toqueteos que estaba siendo objeto pero dudo mucho que una mujer, tan avispada, no se percatara de lo que estaba haciendo su cuñada. Con educación les acerqué la silla para que se sentaran.

-Eres todo un caballero- galantemente me agradeció Tania. -En nuestra patria se ha perdido la buena educación. Ahora solo abundan los patanes.

Esa rubia destilaba clase por todos sus poros, su delicado modo de moverse, la finura de sus rasgos, hablaban de sus orígenes cien por cien aristocráticos. En cambio, Sofía era un volcán a punto de explotar, su enorme vitalidad iba acorde con el tamaño de sus pechos. La naturaleza la había dotado de dos enormes senos, que en ese mismo instante me mostraba en su plenitud a través del escote de su vestido.

?Tranquilo macho, esa mujer es un peligro?, tuve que repetir mentalmente varias veces para que la excitación no me dominara:?Si le pones la mano encima, su hermano te corta los huevos?

La incomodidad inicial se fue relajando durante el trascurso de la cena. Ambas jóvenes no solo eran unas modelos de belleza sino que demostraron tener una extensa cultura y un gran sentido del humor, de modo que cuando cayó la primera botella, ya habíamos entrado en confianza y fue Sofía, la que preguntó si tenía novia.

-No, ninguna mujer con un poco de sentido común me aguanta. Soy el prototipo de solterón empedernido.

-Las españolas no saber de hombres, ¿Verdad?, -.

Esperaba que Tanía, cortarse la conversación pero en vez de ello, contestó:

-Si, en Moscú no duras seis meses soltero. Alguna compatriota te echaría el lazo nada más verte.

-¿El lazo?, y ¡un polvo!- soltó la pelirroja con una sonrisa pícara.

Su cuñada, lejos de escandalizarse de la burrada que había soltado la pelirroja, se destornilló de risa, dándole la razón:

-Si nunca he comprendido porqué en España piensan que las rusas somos frías, no hay nadie más caliente que una moscovita. Sino que le pregunten a mi marido.

Las carcajadas de ambas bellezas fueron un aviso de que me estaba moviendo por arenas movedizas y tratando de salirme del pantano en el que me había metido, contesté que la próxima vez que fuera tenía que presentarme a una de sus amigas. Fue entonces cuando noté que un pie desnudo estaba subiendo por mi pantalón y se concentraba en mi entrepierna. No tenía ninguna duda sobre quien era la propietaria del pie que frotaba mi pene. Durante unos minutos tuve que soportar que la muchacha intentara hacerme una paja mientras yo seguía platicando tranquilamente con Tania. Afortunadamente cuando ya creía que no iba a poder aguantar sin correrme, la criada llegó y susurró al oído de su señora que acababan de llegar otros invitados.

Sonriendo, me explicó que habían invitado a unos amigos a tomar una copa, si no me importaba, tomaríamos el café en la terraza. Accedí encantado, ya que eso me daba la oportunidad de salir airoso del acoso de Sofía. Camino de la azotea volví a ser objeto de las caricias de la pelirroja. Con la desfachatez que da la juventud, me agarró de la cintura y me dijo que estaba cachonda desde que me vio desnudo esa mañana. Tratando de evitar un escándalo, no tuve más remedio que llevármela a un rincón y pedirle que parara que no estaba bien porque yo era un empleado de Dmitri,

La muchacha me escuchó poniendo un puchero, para acto seguido decirme:

-Yo dejarte por hoy, pero tú dame beso.

No sé por qué cedí a su chantaje y cogiéndola entre mis brazos acerqué mis labios a los suyos. Si pensaba que se iba a conformar con un morreo corto, estaba equivocado, pegándose a mí, me besó sensualmente mientras rozaba sin disimulo su sexo contra mi pierna. Tenía que haberme separado en ese instante pero me dejé llevar por la lujuria y agarrando sus nalgas, profundicé en ella de tal manera que si no llega a ser porque escuchamos que los invitados se acercaban la hubiese desnudado allí mismo.

?¡Cómo me pone esta cría!?, pensé mientras disimulaba la erección.

Tania, ejerciendo de anfitriona, me introdujo a las tres parejas. Dos de ellas trabajaban en la embajada mientras que el otro matrimonio estaba de visita, lo más curioso fue el modo en que me presentó:

-Marcos es el encargado de España, cualquier tema en ausencia de mi marido tendréis que tratarlo con él.

Las caras de los asistentes se transformaron y con un respeto desmedido se fueron presentado, explicando cuáles eran sus funciones dentro de la organización. Asustado por lo súbito de mi nombramiento, me quedé callado memorizando lo que me estaban diciendo. Cuando acabaron esperé a que Tania estuviese sola y acercándome a ella, le pedí explicaciones:

-Tú no te preocupes, poca gente lo sabe pero yo soy la verdadera jefa de la familia. Cuando te lleguen con un problema, solo tendrás que preguntarme.

Creo que fue entonces cuando realmente caí en la bronca en la que me había metido. Dmitri no era más que el lacayo que su mujer usaba para sortear el machismo imperante dentro de la mafia y ella, sabiendo que su marido iba a estar inoperante durante largo tiempo, había decidido sustituirlo por mí. Estaba en las manos de esa bella y fría mujer. Sintiéndome una mierda, cogí una botella y sentado en un rincón, empecé a beber sin control. Desconozco si me pidieron opinión o si lo dieron por hecho, pero al cabo de media hora la fiesta se trasladó a mi terraza porqué la gente quería tomarse un baño. Totalmente borracho aproveché para ausentarme y sin despedirme, me fui a dormir la moña en mi cama.

Debían de ser las cinco de la madrugada cuando me desperté con la garganta reseca. Sin encender la luz, me levanté a servirme un coctel de aspirinas que me permitiera seguir durmiendo. Tras ponerme el albornoz, salí rumbo a la cocina pero al cruzar el salón, escuché que todavía quedaba alguien de la fiesta en la piscina. No queriendo molestar pero intrigado por los jadeos que llegaban a mis oídos, fui sigilosamente hasta la ventana para descubrir una escena que me dejó de piedra. Sobre una de las tumbonas, Tania estaba totalmente desnuda y Sofía le estaba comiendo con pasión su sexo. No pude retirar la vista de esas dos mujeres haciendo el amor. La rubia con la cabeza echada hacia atrás disfrutaba de las caricias de la hermana de su marido mientras con sus dedos no dejaba de pellizcarse los pechos. Era alucinante ser coparticipe involuntario de tanto placer, incapaz de dejar de mirarlas mi miembro despertó de su letargo e irguiéndose, me pidió que le hiciera caso. Nunca he sido un voyeur pero reconozco que ver a Sofía disfrutando del coño de Tania era algo que jamás iba a volver a tener la oportunidad de ver y asiéndolo con mi mano, empecé a masturbarme.

Llevaban tiempo haciéndolo porque la rubia no tardó en retorcerse gritando mientras se corría en la boca de su amante. Pensé que con su orgasmo había terminado el espectáculo, pero me llevé una grata sorpresa al ver como cambiaban de postura y Sofía se ponía a cuatro patas, para facilitar que las caricias de la otra mujer. Fue entonces cuando me percaté que Tanía estaba totalmente depilada y que encima tenía un culo de infarto. Completamente dominado por la lujuria, disfruté del modo en que le separó las nalgas. Mi recién estrenada jefa sacando su lengua se entretuvo relajando los músculos del esfínter. Sofía tuvo que morderse los labios para no gritar al sentir que su ano era violado por los dedos de la mujer.

Si aquello ya era de por sí alucinante, más aún fue ver que Tanía se levantaba y se ajustaba un arnés con un tremendo falo a su cintura. Le susurró unas dulces palabras mientras se acercaba y colocando la punta del consolador en el esfínter de su indefensa cuñada, de un solo golpe se lo introdujo por completo en su interior. Sofía gritó al sentir que se desgarraba por dentro, pero no intentó liberarse del castigo, sino que meneando sus caderas buscó amoldarse al instrumento antes de empezar a moverse como posesa. Su cuñada esperó que se acomodase antes de darle una fuerte nalgada en el culo. Fue el estímulo que ambas necesitaban para lanzarse en un galope desbocado. Para afianzarse, la rubia uso los pechos de su cuñada como agarre y mordiéndole el cuello, cambió el culo de la muchacha por su sexo y con fuerza la penetró mientras su indefensa víctima se derrumbaba sobre la tumbona. Los gemidos de placer de Sofía coincidieron con mi orgasmo y retirándome sin hacer ruido, volví a mi cama aún más sediento de lo que me levanté.

?Hay que joderse, pensaba que la fijación de Sofía por mí me iba a traer problemas con Dmitri, pero ahora resulta que también es la putita de su cuñada. Sera mejor que evite cualquier relación con ella?.

Capítulo dos:

Ese domingo se me pegaron las sábanas de manera que ya habían dado las doce cuando fui a la cocina a desayunar. Esa mañana me serví un café triple que me hiciera reaccionar. La cafeína recorriendo las venas era lo que necesitaba para poder pensar. Haciendo un repaso a las últimas veinticuatro horas me di cuenta de lo mucho que había cambiado mi vida. Hasta ayer, mi profesión era ser abogado penalista pero no sabía exactamente cuál iba a ser en el futuro. Me había vendido a la mafia, y como cuentan de la droga, se sabe cómo uno entra pero no como sale. Solo esperaba que no fuera dentro de un cajón de madera.

Por otra parte estaba el tema de Sofía. La muchacha estaba para mojar pan, pero solo hablarla era peligroso. Si me enrollaba con ella, podía causar el enfado de Dmitri y de Tania y lo más gracioso del asunto, no tenía claro cuál de los dos era más peligroso. Pensando en ello, salí taza en mano a mi terraza. De haberlo analizado antes quizás no hubiese decidido tomar el aire puesto que allí era sencillo que cualquiera de las dos mujeres me viera y eso era lo último que me apetecía. Afortunadamente no había nadie y de esa forma me tumbé tranquilamente en una hamaca sin que nadie me molestara. El sol, pegándome en la cama, me dio sueño y acomodándome, me quedé dormido.

No debía de llevar medía hora transpuesto cuando escuché el clásico ruido de alguien tirándose a la piscina. Creí que era la descarada de Sofía pero al abrir los ojos me llevé la sorpresa que quien estaba subiendo por la escalerilla no era otra que su cuñada Tania. Estaba espectacular con un bikini rojo, de esos, que en vez de ocultar la desnudez de quien lo lleva, realza las formas de su cuerpo.

-¿Todavía durmiendo?, creí que eras activo cuando te contraté. Ven al agua, está buenísima.

-Ahora voy, espera que me ponga un traje de baño- respondí.

Curiosamente creí descubrir un mohín en su rostro como si hubiese esperado que me bañara otra vez desnudo. Me di toda la prisa que pude, de manera que en menos de dos minutos ya estaba con ella en la piscina. La mujer, sin hacerme caso, se dedicó a hacer largos durante media hora, por lo que no tuve más remedio que imitarla. Era una nadadora estupenda, me costaba seguir su ritmo, se notaba que esa mujer estaba acostumbrada a hacer ejercicio. Ya estaba agotado cuando debió pensar que era suficiente y saliendo de la piscina, se acostó en la misma tumbona que la noche anterior usó para tirarse a su cuñada.

Sin saber qué hacer, la seguí afuera y me tumbé en una que había al lado. Era como si yo no existiera. Mirándola de reojo, me encandilé de la perfección de sus curvas. Sus pechos al no ser tan grandes, tenían una consistencia que sería la envidia de cualquier española y el sueño de cualquier español. Sus piernas eran largas y divinamente contorneadas. Su estómago completamente liso no tenía ni rastro de grasa.

?¡Quien se la follara!?, me dije mientras con mi vista la seguía devorando. ?no me extraña que Dmitri sea su perro faldero, yo también me dejaría poner un collar si con ello compartiera su alcoba?.

Como si además de bella, esa mujer tuviese telepatía, de pronto me pidió que le diese crema. Nervioso como un quinceañero, cogí el bote y derramando un podo en su espalda, empecé a extendérsela por su cuello. El tacto de su piel era suave. Poco a poco fui tomando confianza y mis manos empezaron a recorrer su espalda con absoluta libertad. Nunca en mi vida había tenido una hembra semejante a mi disposición para darle bronceador y por eso quizás lo hice tan sumamente lento que parecía un masaje.

Me estaba poniendo bruto mientras Tania, ajena a cuales eran mis sentimientos, permanecía con los ojos cerrados. Al terminar de extenderle la crema por la espalda no creí conveniente seguir con sus piernas y menos con el culo, por lo que cerrando el bote volví a mi tumbona. No me había tumbado cuando la escuché quejarse, pidiendo que terminara. No quería quemarse. Asustado pero a la vez ansioso de tocar sus piernas, me puse a su lado y cuidadosamente fui con mis manos llenas de crema dándole un masaje en las plantas de sus pies. Debió de gustarle por que empecé a oír unos gemidos de satisfacción, lo que me dio pie a sin ningún pudor recorrer sus piernas presionando sus músculos. Podía parecer un masaje profesional, pero yo sabía que no lo era, al ser consciente de la tremenda erección que estaba soportando.

Quedaba lo mejor y lo más difícil. Sus glúteos esperaban mis manos y no podía defraudarlos. Con mi sexo dolorosamente tieso, eché un buen montón de crema en cada nalga antes de siquiera pensar en posar mis palmas en esos monumentos.

?Qué belleza?, me dije al acariciarlos.

Como si fuera una obra de arte y yo un restaurador, fui mimando con mis manos cada centímetro de su piel sin atreverme a acercarme a ninguna de sus dos entradas. Estaba caliente pero no loco. Lentamente, fui profundizando en mis caricias, extendiendo la crema hasta donde la prudencia me dejó, sin dejar de pensar cómo sería poseer a esa mujer. Estaba a punto de cometer una idiotez cuando me habló:

-Marcos, ¡Para!

Saliendo de mi ensoñación, divisé que sus ojos se habían posado en mi pene y que lejos de indignarse, una sonrisa había hecho su aparición en su boca:

- Eres un maestro dando masajes pero yo soy tu jefa-.

No hizo falta que dijera más, avergonzado mascullé una disculpa y sin pensármelo dos veces, me lancé a la piscina esperando que se me bajara la excitación. Al salir, se había ido. Acojonado de haberla molestado, decidí salir a dar una vuelta por Madrid.

?¡Como puedo ser tan imbécil!, ¡Pero qué insensato soy!, ¿Cómo he podido ser tan animal de ponerme cachondo dándole crema??, no paré de decirme mientras me vestía. ?Esa tipa con solo chasquear los dedos podría matarme y voy yo y le meto mano, decididamente ¡Soy gilipollas!?.

Estaba sacando mi coche del garaje cuando uno de los gorilas de Tanía me hizo parar.

-Don Marcos, tenemos instrucciones precisas de protegerle, sino le importa: Yo conduzco.

Lo inesperado de su petición no me dejó reaccionar y antes que me diera cuenta, el ruso conducía y yo estaba sentado en la parte trasera del automóvil. La mafia es como un virus, en cuanto entra se extiende sin control por todos los aspectos de tu vida, dejas de ser libre para convertirte en un engranaje más de la organización. Era un hecho irrefutable que mi existencia rutinaria había cambiado y debía de amoldarme a ese nuevo ritmo de vida. Tenía mucho dinero y desconocía si tendría tiempo para gastarlo por lo que dirigiéndome al chofer le pedí que me llevara a Jockey, uno de los restaurantes más caros de Madrid. Solo había estado una vez y recordaba después de dos años su ensalada templada de cangrejos.

Al llegar a la puerta, el portero me recordó que por protocolo los clientes debían de llevar corbata y que el establecimiento ponía a mi disposición un extenso surtido para elegir. Sonreí pensando que era una pijería a la que tenía que acostumbrarme. Elegí una verde que combinaba con mi chaqueta y pasé adentro. Es una gozada el servicio, nada más entrar el maître me acompañó a una mesa y preguntó:

-Doña Tania, ¿le va a acompañar?

Me quedé pasmado. Al preguntarle como sabía que conocía a esa mujer, me respondió que lo había supuesto porqué era una de sus mejores clientas y yo había llegado con su chofer. Haciendo como si ese detalle no tuviera importancia, pedí que me trajeran un aperitivo. Nada más irse, mi mente empezó a recapacitar sobre su significado. Si un mero maître había hilado cabos que sería de la policía. Estaba seguro que en ese instante, mis datos estaban siendo revisados por la brigada central. En otras palabras; ¡estaba fichado! Cuando ya creía que nada podía ir peor, vi a Sofía entrando por la puerta y dirigiéndose a donde yo estaba. Como no tenía más remedio que aceptar su compañía, me levanté a acercarle la silla.

-Eres malo. Estaba sola y no me has invitado a comer- dijo con una de sus típicas sonrisas de niña buena.

?La verdad es que si esta monada no fuera la hermana de Dmitri, no me importaría nada tener con ella un escarceo. Realmente está buenísima?, pensé al observarla. Sabía perfectamente que no podía dejarme llevar, pero siempre es agradable sentir que una preciosidad como la que tenía enfrente se interesara por uno.

-¿Qué quieres tomar?- pregunté para romper el hielo.

-Un hombre bueno- respondió sin dejar de sonreír.

No me explico porque en vez de salir corriendo, decidí meterme con su deficiente español.

-Pues si quieres un modelo, no sé qué haces conmigo. Te llevo quince años.

Se quedó pensando, creo que tardó en comprender que le estaba tomando el pelo.

-Tu estar bueno pero yo decir corazón-, me contestó cogiendo mi mano y llevándola a su pecho.

No me esperaba que sin importarle las apariencias para explicarse me obligara a tocar esos maravillosos senos. No sé si más cortado que excitado o al revés, retiré mi mano, disimulando.

-No vuelvas a hacer eso- la reñí -estamos en un lugar público-.

-Ellos comprenden, yo con mi novio- dijo alegremente mientras volvía a llevársela a su pecho.

-Sofía, por favor, no hagas el ridículo- le susurré al oído.

La situación me estaba resultando harto incomoda, si Tanía era una asidua visitante no tardaría en enterarse que su cuñada se había comportado como una vulgar fulana.

-De acuerdo, pero tú y yo novios- me soltó como si nada.

Su insistencia hizo que saltaran todas mis alarmas y tomando aliento, le dije muy serio:

-Sofía, soy sólo tu abogado.

En ese momento vino el camarero a preguntarnos qué quería la señorita de beber. La interrupción hizo que tuviera que esperar a que la muchacha pidiera, para oír una contestación que me heló hasta el tuétano.

-No, tú mi novio. Yo ver en el juicio y Tania prometer tú eres mío.

Casi me caigo de la silla al oírlo. La zorra de su cuñada había comprado el piso de al lado y me había contratado, sólo con el propósito de regalarle, a su querida niña, un novio. Tratando de buscar una salida, se me ocurrió preguntarle qué era lo que opinaba Dmitri de eso y al oír su respuesta supe que estaba jodido:

-Gustar, con marido español no deportación.

No me quedaron fuerzas de seguir discutiendo, ese par de hijos de puta vieron, en el capricho de Sofía, una salida perfecta. Dmitri se aseguraba que no deportaran a su hermana y Tanía conseguía una fachada que le permitiera seguir tirándose a la hermanita de su esposo. Durante el resto de la comida, me mantuve en silencio rumiando las noticias que acababan de darme. Tras el sofocón inicial después de analizarlo, no me pareció tan mala idea y no solo porque estaba buenísima sino porque me daba una razón que hiciera dudar a la policía de mi verdadera relación con esa organización.

?Seré el marido de pega de esta niña y así ellos creerán que soy un pelele?.

Habiendo tomado ya la decisión, era necesario que hacerla pública y que mejor que fueran los propios camareros los que les fueran a la pasma con el chisme. Llamé al camarero y le pedí que nos trajera una botella de Moët.

Al venir con el carísimo champán, cogí el alambre del tapón e hice con él un rústico anillo. Sofía no entendía que narices estaba haciendo. Solo lo comprendió cuando poniéndome de rodillas, le pedí que se casara conmigo. El grito de alegría de la muchacha retumbó en el local, haciendo que todos los comensales se voltearan a ver como un cuarentón estaba postrado frente a una bella joven.

-Sí, ¡me caso contigo!- respondió chillando y sin parar de dar saltos de felicidad.

Aunque parezca increíble, los cincuenta ricachones que había en el restaurante se pusieron de pie y empezaron a aplaudir. Abochornado por el rotundo éxito de mi idea, tuve que agradecer a la audiencia. Con Sofía a mi lado, me di cuenta que todos esperaban el beso de rigor, por lo que no me quedó más remedio que agarrarla por la cintura y dárselo. La exagerada pasión que imprimió Sofía al beso terminó de convencer a todos que era real nuestra unión, creo que incluso debieron darse cuenta que cuando la muchacha dejó de restregarse contra mí, mi pene ya estaba en lo más álgido de la erección.

Decidí que ya era suficiente, y pidiendo la cuenta salimos del lugar, con el convencimiento que en ese momento todo el mundo comentaría en las mesas que otro pobre tonto que se había enamorado de su secretaria. No tenía sentido ir en dos coches, por lo que me subí al enorme mercedes 600 que había traído a mi futura esposa. Nada más sentarme junto a ella, me cogió la mano y me dijo:

-No creas que soy tonta. De imbécil, no tengo un pelo. Me gustas desde que te vi en el estrado pero sé que no me amas. Eso es cuestión de tiempo, estoy segura que vas a terminar enamorado de mí. Esto es un negocio, tú me das lo que yo quiero y yo lo que tú necesitas. Por cierto, como ves, ¡Tu mujercita habla perfectamente español y sin acento!

No supe que decir, me había engañado totalmente con su pose de niña boba. La mujer que tenía a mi lado era una actriz maravillosa, escondiéndose detrás de una supuesta estupidez pasaba inadvertida para los enemigos de su hermano y evitaba ser objeto de los celos de Tania.

-Tu llevarme a por anillo, no poder llegar con éste a casa- acurrucándose como una enamorada, me susurró mientras pasaba su mano por mi entrepierna.

Comprar un anillo un domingo en la tarde en Madrid es imposible, excepto si eres un mafioso ruso. Solo tuve que preguntarle al chofer y tras un par de llamadas, nos abrieron una lujosa joyería del barrio de Salamanca. Afortunadamente, Tanía me había dado ese enorme anticipo, porque si no los cien mil euros que me gasté en la puñetera piedra me hubieran quebrado. Mientras Sofía elegía el que más le gustaba, yo no podía dejar de pensar que diría su cuñada de todo esto, sabía a la perfección que formaba parte de su plan pero aún me venía continuamente a la mente la escena lésbica que había presenciado, por eso en cuanto tuve oportunidad le pregunté discretamente, para que no se enterara nuestro guardaespaldas, cómo íbamos a plantearlo.

-Tú, déjame a mí. Para Tania, soy una tonta que se ha encaprichado del primer hombre inteligente con el que se ha topado. Ella sabe que ayer nos besamos y creerá que no ha hecho falta que ella te obligara tal y como tenía planeado, sino que, como hombre, nos has podido resistirte a mis encantos.

Tomándome mi tiempo, fui al grano. Le conté lo que había visto y le expliqué mis temores. Ella al oírme, se echó a reír:

-Ya te dijimos que las moscovitas somos unas calentorras. Ni ella ni yo somos lesbianas pero, cuando no hay un hombre disponible, nos consolamos mutuamente. Por eso no te inquietes, mejor harías en preocuparte por el día que te pille con ella en la cama.

Más tranquilo y siguiéndole la corriente le dije:

-¿Qué harías?, ¿cortarme los huevos?

-No, bobo- respondió con una carcajada -la ayudaría a dejarte seco, ¡mi amor!

Solo piensa con esas dos bellezas en la misma cama, me excitó y fue entonces cuando tomé la decisión de hacerlo realidad y por vez primera, la besé sin que me diese miedo que alguien nos viera.

No me da vergüenza reconocer que, mientras volvíamos a casa, estaba acojonado. Aún después de las explicaciones de Sofía, seguía teniendo miedo a la reacción de la gran Jefa. Tania debía de cargar sobre sus espaldas con la autoría intelectual de un buen número de ejecuciones y de ajustes de cuentas, no me cabía duda que no debía de ser extraño que ella se hubiese despachado en persona a algún competidor pero era un hecho cierto que, siguiendo sus órdenes, sus sicarios se habían desembarazado de una buena cifra. Por eso me alegró que ella no estuviera cuando llegamos a su apartamento.

-¿Qué te apetece hacer?- ronroneó Sofía, pegando su cuerpo al mío.

Estábamos solos y en teoría, esa maravilla de mujer era mi novia. No me costó decidir, agarrándola de la cintura la besé mientras iba desabrochando su falda. Mi querida rusa suspiró al sentir que caía al suelo y como si llevara años sin ser acariciada se lanzó contra mí, desgarrando mi camisa. Sus dientes se apoderaron de mi pecho mientras su dueña intentaba desabrochar mi pantalón. Increíblemente excitada, gimió al ver mi sexo totalmente inhiesto saliendo de su encierro.

-Te deseo, ¡mi querido picapleitos!

Quería que nuestra primera vez fuera tranquila pero su ardor se me contagió y apoyando mi cuerpo contra la pared, le rompí las bragas y poniendo sus piernas alrededor de mi cintura, coloqué la punta de mi glande en su sexo. Sofía no pudo esperar y forzando sus labios, se empaló lentamente, sintiendo como se introducía centímetro a centímetro mi extensión en su cueva. Nada más sentir que la cabeza chocaba contra la pared de su vagina, empezó a cabalgar usándome de montura. Mi pene erecto era un puñal con el que quería matar su necesidad de ser tomada. Moviendo sus caderas se echó hacia atrás para darme sus pechos como ofrenda. La visión de sus pezones, contraídos por la excitación, fueron el acicate que necesitaba el tranquilo abogado para convertirse en Mr. Hade. Completamente dominado por la lujuria, usé una de mis manos para poner su pecho en mi boca.

Sofía gritó al notar que mis dientes se cerraban cruelmente sobre su pezón y agarrando mi cabeza, me pidió que no parara. La humedad que manaba de ella me informó de la cercanía de su orgasmo. Su respiración agitada no le permitía seguir alzándose sobre mi pene, por lo que tuve que ser yo quien, asiéndola de su culo, la ayudara a sacar y meter mi sexo dentro del suyo. Al percatarse que ya no le era tan cansada esa postura, se puso como loca y acelerando sus maniobras, explotó derramando su flujo sobre mis piernas. Los gemidos de placer de la muchacha me espolearon y como un joven garañón, galopé en busca de mi orgasmo. Ya no importaba que esa mujer fuera la hermana de un mafioso, en mi mente era mi hembra y yo, su semental. Siguiendo el dictado de mi instinto busqué esparcir mi simiente en su campo. Con el coño completamente mojado, Sofía gozaba cada vez que mi verga, al entrar y salir, presionaba sobre sus labios y rellenaba su vagina. Su clímax estaba siendo sensualmente prolongado por mis maniobras, llevándola del placer al éxtasis y vuelta a empezar. Clavando sus uñas en mi espalda, me rogó que me corriera, que necesitaba sentir mi eyaculación en su interior.

La entrega de la muchacha era total. Berreando en mis brazos, se estaba corriendo por segunda ocasión cuando al levantar mi cabeza, vi a su cuñada mirándonos desde la terraza. Su gesto no era de enfado sino de satisfacción, dándome a entender que aprobaba lo que estábamos haciendo. El morbo de ser observado, hizo que mi pene estallara dentro de Sofía mientras veía a la rusa volviendo a su piso.

-Vamos a tu cama, esto es solo un aperitivo de lo que vas a disfrutar conmigo- susurró mi recién estrenada novia.

Sus palabras me hicieron soñar en tenerlas a las dos entre mis brazos y llevándola en volandas, me dirigía a mi cuarto.

-¡Qué impetuoso!- me dijo al tirarla encima de mi cama y tumbarme a su lado,-pareces que tienes ganas de seguir dándole placer a tu mujercita-.

-Los españoles también somos unos calentorros- contesté mientras le abría las piernas y sin ningún tipo de delicadeza la volvía a penetrar.

Me recibió totalmente mojada y abrazándome con sus piernas, buscó que mi penetración fuera total.

-Cabrón, ¡Me estás poniendo a mil! Me gustaría que la boba de Tania nos viera. Se moriría de envidia al saber que tenía razón cuando, el día que te vi con el juez, le dije que eras un perfecto semental.

Solté una carcajada al oírla. Moviendo mis caderas, la atraje hacia mí y le expliqué que sus deseos se habían convertido en realidad.

-No te entiendo.

-Tania nos ha estado espiando mientras lo hacíamos en el salón, y te puedo prometer que no se le notaba enfadada-.

-¡Mierda!-, exclamó soltándose de mi abrazo -tengo que ir a hablar con ella. No quiero que se enoje-.

-Ahora soy yo el que no comprende, no me has dicho que estaba todo hablado-.

-Sí, pero la jefa es la jefa y querrá novedades-, me contestó mientras salía completamente desnuda de mi habitación y dando un portazo me dejó compuesto y sin novia.

?Quien entienda algo que me lo aclare?, pensé mientras me vestía. En teoría, las dos mujeres habían maniobrado para que Sofía me llevara a la cama, por lo que no comprendía cual era la urgencia. Con el paso de los minutos me fui poniendo cada vez más nervioso, al imaginarme que la muchacha me había mentido sobre la verdadera relación que le unía con su cuñada. Si en un principio estaba intrigado al cabo de la media hora estaba histérico:

?¡Joder!, la he cagado. ¡Me he tirado a su putita!?.

La esposa y la hermana de un narco en Relatos eroticos de Amor filial (relatos eroticos )

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Malena y Gabriel en Relatos eroticos de Maduras

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octubre 9th, 2013 >> Relatos Eroticos

Malena y Gabriel en Relatos eroticos de Maduras (relatos eroticos )

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Malena y Gabriel en Relatos eroticos de Maduras (relatos eroticos )

Este relato es de como tuve sexo por primera vez con una mujer madura; soy de México Distrito Federal.

Todo sucedió ya hace 6 años cuando la conocí en el chat de Terra; se llamaba Malena, era una mujer mayor, al menos para mí, yo tenía en ese entonces 17 años (aunque lo que sucedió y que voy a narrar ya me pasó a los 18), ella ya contaba con 39 cuando la contacté por el chat tenía miedo que me ignorara al ser yo menor, pero por algún motivo no lo hizo y pudimos conversar, después de unos minutos pregunté por su msn, a lo cual ella aceptó en darmelo, inmediatamente la agregué y de ahí en adelante comenzariamos a conocernos más.

Diario me conectaba para poder platicar con ella, trabajaba de mesera en un salon de eventos al sur de la ciudad, cerca del metro barranca del muerto, me contaba sobre sus aventuras en el trabajo, sus compañeros, sus labores, así como también de su vida personal, era una mujer separada con dos hijos, una mujer de 21 años y un hombre de 19, no muy productivos que digamos, dos ?ninis?, ni trabajaban, ni estudiaban, no hacían nada.

Conforme nos ibamos conociendo más nos adentrabamos en temas más personales e intimos, de vez en cuando tocabamos el tema del sexo, sin que ella se adentrara mucho, sin embargo si notaba cierto interés o curiosidad, yo le conté de como fue mi primera vez a los 15 años con un prostituta y luego a los 16 años con mi novia de la preparatoria, y de mi gusto por las mujeres que usan medias y lenceria sensual.

Ella me contaba que no podía estar mucho tiempo sin tener relaciones sexuales; desde que se separó de su marido había andado con varios, pero que no era el mejor sexo que digamos.

De vez en cuando me gustaba provocarla un poco para ver su reacción, tenía unas fotos que me habia tomado un día después de volver del gimnasio, no soy un modelo, soy delgado y marcado, nada espectacular pero agradable a la vista, en fin, en esas fotos aparecia con el torso desnudo, cuando se las mostraba ella solo reía y me decia que me veia bien, agregando que me veía yo muy jovencito….

El tiempo pasaba y yo seguia coqueteandole, y ella seguia con el juego, el tema del sexo siempre salia de alguna forma, repito, sin ser de forma vulgar ni adentrarnos mucho, pero se notaba su apertura hacia ese tipo de pláticas.

Después de un tiempo, por cuestiones del destino, me reencontré con mi ex-novia de la preparatoria, algo que me hizo alejarme del msn y con ello de Malena; ya casi no me conectaba y cuando lo hacía, Malena no estaba en línea.

Una vez que sí la encontré platiqué con ella; se notaba interesada en saber de mí y por qué no me había conectado. Le conté de mi reencuentro con mi ex novia; la noté tal vez un poco celosa, no lo se, pero me preguntaba si la queria mucho, que por qué regresaba con ella si no habia sido tan buena novia y aparte ya tenía una hija, de otro, y que si pensaría en ponerle los cuernos. A todo ello respondí de mala manera y realmente no queria saber más de Malena, no me habia agradado su forma de cuestionarme.

Durante mi regreso con mi ex-novia me di cuenta de que realmente ya no la queria como antes, y se habia convertido en una mujer mentirosa y convenciera (creo realmente siempre lo fue) decidí alejarme de ella para mi bien, lamento por su hija porque sinceramente si me estaba encariñando con ella.

Me sentía molesto, enojado conmigo mismo por lo sucedido, pero al mismo tiempo me sentia libre y decidí que volvería a buscar a Malena y la haría mía, tal vez solo para demostrarme a mi mismo que podia estar con quien yo quisiera.

Regresé a mi rutina de conectarme diario al msn, sin embargo ella no aparecía hasta que una noche casi a la media noche la vi conectarse, inmediatamente le escribí y ella no tardó en responder, me preguntaba como habia estado y le comenté sobre lo que me había pasado con mi ex-novia. Recibí un ligero regaño de su parte, el cual acepté, aunque de no muy buena gana, pero también me dijo que le daba gusto que volvieramos a encontrarnos y platicar de nuevo.

No tardamos en volver a sacar el tema sexual, ella me preguntó si en otra ocasión volvería a acostarme con mi ex-novia a lo cual dije la verdad, un rotundo no, pero agregué que me gustaría mucho volver a estar con alguien y le confesé que simpre habia tenido la curiosidad de estar con alguien mayor que yo. Inmediatamente me preguntó mis motivos y solo le dije que era una fantasía que queria cumplir, que las mujeres mayores se me hacen mucho más sensuales y atractivas, y que seguro podría aprender mucho más teniendo sexo con alguna, ella solo reía con mis respuestas.

Noté como mi confesión le habia dado curiosidad, ya que en platicas posteriores ella me preguntaba si ya habia encontrado alguna madura con quien tener relaciones; le decía que aún no, pero que conocía a alguien con quien me gustaría hacerlo, claro, sin decirle que era ella a la que me quería coger.

Un día decidí decírselo directamente; me conecté y ella estaba ahí. Platicamos un poco y le dije:

= hay una mujer con la que queria acostarme, es mayor pero no se si ella quiera

+ tu pregúntale y ya?, ¿qué puede pasar??.

Lo pensé por última vez y dije:

= eres tu Malena, me gustaria estar contigo, quiero hacer el amor contigo.

Se quedó sin contestar por unos minutos, bastantes a mi parecer en esos momentos, creí que no escribiría más.

+ ¿porqué??, ¿porqué yo??, si no nos conocemos realmente.

= quiero estar contigo porque siento que nos llevamos bien, porque tienes apertura conmigo para hablar de sexo y porque siento que a ti también te gustaría.

+ pero soy muy grande para ti

= eres exactamente lo que quiero, alguien mayor, que me enseñe, que disfrute conmigo

+ ¿pero y si ya en persona no te gusto?

= ¿qué vas a hacer manana? ¿tienes trabajo? me gustaria verte

+ no, no tengo trabajo… pero no lo se

= anda, vamos a vernos y platicamos ya en persona, nos decidimos….. ¿qué dices?

+ no lo se, tengo que pensarlo….

= no pierdes nada, si no te gusto o no quieres no te preocupes, ahí dejamos el tema

+ ¿dónde nos veríamos??

= me dices que trabajas por barranca del muerto… ¿te quedaría plaza loreto?

+ si, si me queda… pero, ¿estás seguro?

= sí, quiero verte, ¿aceptas?

+ está bien?, nos vemos a las 9 de la mañana, afuera de la plaza, ¿está bien??

= esta perfecto…….. oye, ¿puedo pedirte algo??

+ ¿qué pasa??

= me gustaría que fueras vestida con una falda, medias y zapatos bonitos…

+ jajajaja, tú y tu atracción por las medias….. Está bien?, veré que tengo.

= gracias, ahí te espero, me voy a dormir ya para estar listo mañana, duerme rico.

+ ok descansa.

Esa noche me dormí totalmente excitado y pensando en lo que pasaria al siguiente día; tenía ganas de masturbarme pero no queria desperdiciar energía, por si algo sucedía con Malena.

Desperté muy temprano y tomé un rico baño, me vestí con una bonita camisa, pantalón de vestir y zapatos negros. Me puse perfume y me dispuse a salir a mi encuentro.

Llegué al lugar acordado unos 10 minutos antes; estaba un poco fresca la mañana pero era bastante agradable. Me senté en una banca fuera de la plaza a esperar. El tiempo se me hacía eterno. Pasaban ya de las 9:15 y ella no llegaba; pensé que no aparecería y tenía decidido irme en unos minutos más.

Un par de minutos después la vi acercarse: era una mujer un poco pasadita de peso, no muy alta, pero me agradaba lo que veía, y más porque en verdad iba vestida como le habia pedido. Vi sus piernas enfundadas en unas medias color natural. ¡Inmediatamente comencé a sentir excitación al ver que habia cumplido con mi pedido!.

+ ¡hola?, como estás?!

= bien gracias, pensé que ya no venías

+ perdón, es que se tardó en pasar el camión, pero bueno, ya estoy aqui.

Se notaba un poco apenada, nerviosa, ella traía una rosa en la mano.

= que bueno, me da gusto verte y por fin conocerte en persona, quieres sentarte?

+ si claro.

= ¿y esa rosa?

+ la tomé de uno de los centros de mesa del trabajo, me gustó y pues me la llevé a mi casa, quise traerla conmigo hoy.

= está bien, y que tal ¿como me ves?

+ te ves bien, ¿te vestiste así para verme?

= si, quería verme bien

+ pero estás muy chiquito?, hasta te ves más chico que mi hijo…, ¡podrías ser mi hijo!.

= ¡claro que no?!, me veo así pero no soy tan chico?, ¡acabo de cumplir mis 18?!, ¡ya soy mayor de edad?!, ¡me tienes que festejar?!.

+ ¡Ah bueno?!, pero?, de todas maneras?, ¡te ves más chiquito que mi hijo?!, hasta me das un poco de ternura.

= pero?, ¿te agrado??,

+ pues sí?, sí?, eres guapo?, eres un guapo kaliente?, ¡pero aún estas muy chiquito…, muy jovencito?!.

Durante toda esta plática ella jugaba con la rosa que traía y comenzaba a quitarle los petalos

+ bueno, que hacemos

= pues como te dije ayer, me gustaría que hicieramos el amor

+ ¡ay niño….!, ¿y si te invito a desayunar?, ¿ya desayunaste?

= ya, muchas gracias, mejor yo te invito a otro lado, tu y yo solos, ándale, ¿no te gustaría??

+ pero eres un bebé?, estás muy jovencito?, no lo se….

Me acerqué a ella e intenté besarla, no se movió pero no respondió al beso…

+ eres un bebé, ay mi niño…. ¿estas seguro?

= estoy muy seguro, anda vamos.

Malena terminó de quitar todos los petalos de su rosa, se le veía timida y más nerviosa; tiró todos los pétalos al suelo:

+ ¡está bien?, vamos?!.

Yo no cabia de alegría y excitación; creo ya se notaba en los pantalones que mi pene comenzaba a endurecer.

Abrí la puerta de mi carro para que subiera; subí y nos dirigimos a un hotel que yo conocía.

En el camino ibamos platicando de cualquier cosa. En un semaforo aproveché para acariciarle su rodilla. ¡Sentir las medias me excitó mucho!. Le pregunté si le molestaba y dijo que no, entonces, en el resto del camino seguí acariciando su rodilla y muslo, sin atreverme a adentrarme más dentro de la falda.

Llegamos al hotel (hotel castillo para los curiosos) y pedí la habitación; ella aún se mostraba timida y apenada.

Subimos las escaleras, abrí la puerta del cuarto y entramos. La abracé y me correspondió el abrazó. La besé timidamente en los labios y esta vez sí me respondió.

Al sentir su respuesta me animé más y la besé más apasionadamente. Le acariciaba sus labios con la lengua hasta que los abrió y nuestras lenguas se acariciaron un rato.

Cerré las cortinas, prendí una pequeña luz y volvimos a besarnos. Comenzó a desvestirme; comenzó por la camisa, botón por botón. Luego la camiseta, el cinturón… En ese punto me separé de ella, me quité mis zapatos y calcetines, desabroché mi pantalón y lo dejé caer: quedé en boxers, negros, ajustados, se veía mi verga dura, queriendo salir.

Ella se acercó y retiró mi bóxer: ¡quedé completamente desnudo ante ella!. Tomó mi pene y comenzó a acariciarlo. Me dijo al oído:

+ “¡mmm?, grandote?, como me gustan?!”.

Ella lo acariciaba; yo le besaba el cuello, la oreja, los labios.

Me puse a sus espaldas; le acariciaba su cuerpo por encima de la ropa, le arrimaba la verga en las nalgas, Le dije:

= ahora te toca a ti.

Metí mis dedos entre su cintura y la falda y tiré de ella. Quedó su culo al aire. Vi su calzón, de encaje, blanco, a través de las pantimedias que llevaba. ¡Eso me excitó!, me excitó mucho.

Mientras le restregaba el pene directo en el culo cubierto con las medias, le acariciaba y quitaba la blusa, le besaba la nuca. Ella solo se dejaba hacer.

Quité su blusa y su brasier. Le tomé las tetas con ambas manos: ¡eran grandes!, aunque un poco colgadas. Sus pezones eran muy grandes y ya estaban duros.

Se separó de mí, se volteó, nos besamos. La empujé a la cama y cayó de espaldas, dejando las piernas colgadas.

Verla así, tumbada en la cama, con las piernas semi abiertas, con su calzón blanco, sus medias y sus zapatos aún puestos, me puso aún más cachondo.

Me hinqué en el piso, la jalé un poco para que sus nalgas quedaran en la orilla de la cama y comencé a lamerle sus muslos por encima de las pantimedias.

Fui subiendo hasta llegar a la zona de su sexo: percibía su aroma, ¡un aroma fuerte!. Lamí todo lo que podía, ella disfrutaba, me acariciaba el cabello y me preguntó:

+ “¿no que no sabías?. Igual y hasta tú me enseñas algo el día de hoy”

Levanté la vista, la vi a los ojos y reí. Dejé su sexo para seguir subiendo. Besé su barriga, su ombligo; llegué a sus tetas, las lamí, las mamé, le mordí suavemente los pezones: ella ya gemía suavemente

+ “¡qué rico, mi bebé?, me gusta, aaayyy?, qué rico?!”

Ella solo acariciaba mi cabeza y mi espalda; mi pene se rozaba con sus piernas.

Nos besamos de nuevo; me empujó para quedara yo de espaldas. Se levantó y se retiró sus medias junto con su calzón, quedando completamente desnuda, mostrando todo su cuerpo, su intimidad, cubierta de una mata de vello negra.

Vi sus calzones blancos, tirados: ¡estaban mojados?!. No se si por la lamida anterior que le di o por su excitación tan tremenda que ya tenía; ¡seguramente por ambos!.

Ahora fue ella la que se hincó y me pidió que me acercara a la orilla de la cama. Me senté en la orilla del colchón, tomó mi pene y comenzó a mamarlo: ¡era una maestra en el arte de mamarlo!, ¡nunca había sentido tal gozo!. Se lo metía todo en la boca, sentía su saliva, su lengua, su calor. Se lo sacaba, lo lamía de arriba a abajo, de abajo a arriba, ¡me lamía los huevos?!, ¡qué ricura?!, ¡era la primera mujer que me lo hacía!.

Los lamía muy rico: se metía uno en la boca, jugaba con él, lo liberaba y tomaba el otro. Yo reía un poco, ya que me causaba cosquillas, pero eso sí?, ¡mucho placer!.

Volvía a lamer mi pene: se lo metía. ¡Así estuvo unos buenos minutos?, minutos deliciosos:

= lo mamas muy rico, Malena

+ ¿te gusta??. ¿Porqué te ríes??.

= es que?, me gusta mucho, pero?, es que?, también me dan cosquillas?, pero?, ¡no te detengas?, eres una experta?, eres una linda?!.

+ es que?, me gusta tu pene, está grande y sabe rico…, ¡todo un jovencito…!.

(Aclaro: no tengo muy grande mi miembro, lo normal, 17 cm, pero a ella le parecía muy grande, o al menos eso me decía para mi ego)

= ¿quieres que te la meta??.

+ ¡sí?, ya?, ya quiero ver cómo se siente?!.

Malena dejo de mamarla, se levantó y me empujó para que quedara recostado de nuevo; yo seguia en la orilla, con las piernas colgando. Se montó en mí y ya iba a meterse mi verga cuando la detuve:

= ¡no?, espera?, sin condón no (muy precavido yo)!. ¿Me pasas uno??, están en la bolsa de mi pantalón.

Malena se levantó, tomó la caja y me la dio; saqué un condón y me lo puse.

+ ¡ahora sí, mi bebé?!.

Se volvió a montar en mí, de rodillas. Cada una de sus piernas a cada lado mio, ¡bien abierta!. Yo veía sus pelos íntimos, sus tetas colgando.

Agarró mi pene, se levantó un poco y lo dirigió a su entrada: ¡oh Dios?, quéeee maravilla?!. Se dejó caer lentamente hasta llegar al fondo: ¡sentía su calor?, sus jugos mojando mi pelvis!. Comenzó a moverse, de arriba a abajo, de abajo arriba, muy lentamente, sintiendo la penetración. ¡Yo también la sentía toda!. No apretaba mucho, ¡pero se sentía rete rica!.

Poco a poco aceleraba el sube y baja, sus tetas se bamboleaban, yo las acariciaba, se las apretaba; le apretaba sus nalgas, le daba nalgadas, ¡sentía sus pelos rozarme!. Ella se movia a la velocidad adecuada, ni muy lento, ni muy rápido; ¡ambos gozábamos!, y sus jugos no dejaban de humedecer su cuevita.

Era tanto el movimiento, que al estar en la orilla el colchón comenzó a moverse, a salirse de la base; yo, con un pie, me recargué en una de las paredes para detenernos y no caer. Seguíamos cogiendo, pese a ello. Subía y bajaba, se movia en círculos. El cuarto olía a mujer, ¡olía a sexo!.

Así seguimos hasta que vimos que no tardariamos en caernos. Nos detuvimos, muertos de risa; nos levantamos y acomodamos el colchón, nos dimos un beso en la boca y regresamos de nuevo a la cama.

La tiré en la cama, igualmente, sus nalgas en la orilla, yo de pié. Tomé sus piernas, las abrí y las cargué con mis brazos. Apunté mi verga a su vagina y de nuevo comenzamos a coger: ¡se la sacaba toda y se la volvía a clavar!. Ella gemía más duro, no gritaba, pero sí era más fuerte que antes.

Tuvo un orgasmo: lo supe porque sentí cómo se mojaba más todo. Sentí como mis piernas escurrian sus líquidos y?, ¡sus gemidos y respiración eran más que notorios!.

Seguí metiéndole la polla, ¡duro?!, ¡cada vez más duro!. Se escuchaban los chirridos de la cama, desbaratándose; se escuchaban los gemidos de ambos y sus nalgas chocando con mis muslos: ¡era puro sexo?!, no hacíamos el amor?, ¡estábamos cogiendo!: un jovencito hambriento de mujer madura, y una madura con mucho tiempo sin coger, sin sentir una verga adentro: ¡ahora la tenía?, la tenía muy adentro?, y era la de un jovencito?!.

Tras otro orgasmo más, ya se le notaba cansada:

+ mi bebé?, déjame descansar un rato, pequeño?, aaayyy?, ¿no te has cansado??.

= ¿tan pronto te cansaste Malenita??

+ es que?, tú resistes mucho?, ¡mi esposo y mis parejas nunca me duran tanto!.

Bajé la velocidad de las embestidas hasta quedar quieto dentro de ella; me dejé caer sobre su cuerpo. Su respiración seguia agitada. Le saqué la verga y me acosté a su lado, le mamé y acaricié un poco las tetas, la besé y le dije:

= “¿quieres comértela otra vez??”

Ella no dijo nada, solo se arrodilló entre mis piernas, sobre la cama; me quitó el condón y empezó a mamar, de la misma forma tan deliciosa que antes: mamaba el pene, los huevos, me lamía toda la zona. ¡Era todo un placer!.

Tras unos buenos minutos de deliciosa mamada sentí mi eyaculación venir y:

= ¡aaayyy?, qué rico lo haces?, sigue mamando?!.

+ ¡estás muy rico, mi bebé?!.

Mientras hablaba, Malena me masturbaba, para que siguiera gozando.

= ¡así Malenita?, así?, uuuyyy?, me vengo?, ya?, me vengo?!.

+ ¡pues ya vente mi niño?, ya vente?, déjalo salir?!.

Malena no alcanzó a metersela de nuevo a la boca; justo se estaba agachando cuando solté mis chorros de semen, que cayeron en su cara y su cabello.

+ ¿te gustó, mi bebito??

= ¡sí?, mucho?, eres una experta mamando?!, perdón por mancharte.

+ ¡no te preocupes?, ahorita me limpio!.

Malena se levantó y fue al baño por papel para limpiarse.

+ ¡la próxima vez me dejas probarlos?!.

= ¡claro que sí?, te los voy a dar en la boca!.

Nos recostamos y nos quedamos dormidos. Al despertar ya era tiempo de dejar la habitación. Nos vestimos; le pedí que me regalara sus medias para tener su recuerdo. Me las entregó.

Antes de que terminara de vestirse le pedí que si se las podía pasar por su sexo; se rió un poco pero lo hizo rápidamente, se las pasó de una manera maliciosa y cachonda y me las entregó. Las olí y las guardé.

Pasé a dejarla donde la había visto esa mañana; quedamos en vernos en el msn para seguir platicando y tal vez repetir lo de ese día.

Malena y Gabriel en Relatos eroticos de Maduras (relatos eroticos )

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