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Farmaceutica en Relatos eroticos de Maduras

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enero 17th, 2014 >> Relatos Eroticos

Farmaceutica en Relatos eroticos de Maduras (relatos eroticos )

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Farmaceutica en Relatos eroticos de Maduras (relatos eroticos )

Era principios de noviembre, hacia muy buen tiempo, para ir a clase decidí usar la bicicleta. A la vuelta a casa, justo delante del portal tuve un percance, me caí de la bicicleta varias personas me vieron caer, entre ellas Jimena, la farmacéutica, estaba en la entrada de la farmacia recogiendo el toldo, se me acerco rápidamente.

- ¿Te has hecho daño José Antonio? ? pregunto Jimena.

Lo cierto era que si me había hecho daño, incluso me entraron ganas de llorar; pero no me gustaba que la gente se diera cuenta y menos Jimena, que la conocía de siempre. Desde que tuve conocimiento de las relaciones entre hombres y mujeres me sentía atraído por ella. Jimena era una mujer que pasaba de los treinta, pelo castaño, con una cintura muy marcada, lo que hacia parecer que tenia mas cadera, y unos grandes pechos. Se había casado hacia dos años.

- No ha sido nada, solo un golpe.

- Un golpe. ¿Dónde?

Comenzó a palparme por la pierna el muslo, el sentir su mano era una delicia, tanto que me excite sentí como mi polla se ponía dura.

- En la pierna, pero no es nada.

- Como que no es nada, ven a la farmacia.

Cogiéndome del brazo me arrastro a la farmacia. Dentro estaba su madre, se llamaba también Jimena, era una mujer sesentona, que en su juventud al igual que la hija tubo que ser una preciosidad.

- Señora Jimena ? salude al entrar.

- ¿Qué te ha pasado José Antonio?

- Una caída, pero sin…

- Madre voy arriba con el chaval, le haré una pequeña exploración para descartar daños mayores, atiende tú la farmacia.

Y subimos a su piso, me condujo a una salita y me hizo sentarme en un taburete, ella cogió varias cosas de unos cajones, para seguidamente acercarse a mí, se agacho, se le abrió la bata tanto por abajo como por arriba. Por abajo enseñaba sus muslos, y por arriba el nacimiento de los pechos, el canalillo. Esa doble visión hizo que me excitara más aun.

- Deberías quitarte los pantalones ? dijo.

- Si no ha sido nada.

- ¿Quieres que té de unos azotes? Bájate esos pantalones.

Si me bajaba los pantalones vería el abultamiento de mi paquete. Así que no lo hice. Ella insistió.

- Bájate los pantalones, te tengo que ver la herida. No me dirás que te da vergüenza.

Asentí con la cabeza.

- Vergüenza de que, si te he visto desnudo.

Se refería cuando era un bebe, pero de eso ya habían pasado algo mas de 15 años.

Volvió a insistir tanto que tuve que bajármelos hasta los tobillos, la excitación de mi entrepierna era evidente, pero ella no dijo nada se limito a explorarme. Sus tocamientos hicieron que me excitara mas, creciendo el bulto de mi entrepierna. Termino la exploración, poniéndome una venda en el muslo.

- Ya te puedes subir los pantalones ? dijo con una sonrisa.

Sin decir nada me los subí. Y me marche.

Unos días más tarde, el viernes por la noche, volvía de la ?disco? era temprano, la cruz de la farmacia estaba encendida, lo que significaba que estaba de guardia, me acerque sin tener claro porque, entonces me di cuenta que Jimena estaba en el interior, me vio y abrió la puerta.

- Que tal tu dolor en la pierna.

- Ya no me duele.

- Mejor, pasa hace frío fuera.

Entre dentro, me llevo a la parte trasera, al almacén donde había un pequeño camastro. Supuse que lo utilizaba para descansar en las guardias nocturnas.

- Siéntate ? dijo señalándome el camastro.

Me fije en ella, solo llevaba puesta la bata, se le marcaba la ropa interior.

- Quítate los pantalones.

Nuevamente dude, pero antes de que me lo repitiese me baje los pantalones hasta los tobillos. Ella se acerco, miro el golpe.

- Parece que esta muy bien, lo que veo que está muy bien es esto ? al decirlo me toco el paquete, sentí un escalofrió, mi polla se hincho, dando la sensación que se iba a salir ? aunque aun no esta dura.

Metió la mano por debajo del slip y comenzó a acariciarme la polla.

- ¿Te gusta?

- Siiiiiiiii

- Ahora se empezara a poner dura, que es como debe de estar ? al decirlo me bajo el slip, dejando mi polla al aire.

Comenzó a moverla, acariciándola. En ese momento una voz masculina se escucho por las escaleras.

- Cariño, estas hay abajo.

- Marcelo, estoy aquí en el almacén ? dijo Jimena.

Me señalo la cortina.

- Detrás de la cortina ? dijo susurrando, poniéndose el dedo índice en los labios.

Seguí su consejo, me situé tras la cortina; pero no me subí ni los pantalones ni el slip. Podía ver el almacén por un hueco, mientras me cogía la polla con una mano.

En ese momento entro su marido, Marcelo, era algo mayor que Jimena.

- Estas de guardia.

- Si, pero en lo que lleva de noche solo he atendido a una persona.

- Sabes que estas muy sexy con esa bata.

- ¿Que te ha dado esta noche?

- Nada, solo que te veo muy sexy ? dijo mientras le desabrochaba los botones de la bata.

- Marcelo, estoy de guardia, puede venir alguien ? miro hacia mi posición.

- Pues si viene le atiendes; pero ahora necesito follarte, estoy que ardo.

La bata cayó al suelo, dejando a Jimena en ropa interior. Marcelo, acaricio los pechos de Jimena por encima del sujetador, y su entrepierna. Mientras yo me estaba masturbando viendo la escena, permanecía en silencio, mordiéndome el labio inferior.

Le quito el sujetador, y comenzó a chuparle los pezones, Jimena miraba de vez en cuando hacia mi escondite. Le quito las bragas, hizo que se diera la vuelta, que se apoyara en el cabecero de la cama, subiera una pierna a la cama. Marcelo se bajo los pantalones y el slip, acaricio la entrepierna de Jimena, para seguidamente cogerse la polla y metérsela, Jimena gimió, Marcelo resoplo y comenzó a empujar, cogiendo de la cintura a Jimena, cada envestida de Marcelo, Jimena respondía jadeando y pidiendo mas.

Yo en mi escondite termine corriéndome, la leche impacto en la cortina manchándola. La pareja también había terminado, el se dejo caer en su espalda. En eso que sonó el timbre del exterior, rápidamente ella se puso la bata, mientras salía a atender al cliente, el marido, Marcelo, se subió los pantalones y se marcho.

Cuando Jimena volvió, fue directamente a mi escondite, yo aun permanecía con la verga en la mano chorreando líquido seminal.

- Pobre, has eyaculado, déjame que te la limpie

Jimena cogiendo unos clinex me limpio la polla, que al contacto de su mano volvió a ponerse tiesa. También limpio la mancha de la cortina.

- Siento que lo hayas visto; pero no lo esperaba, llevábamos un tiempo que no lo hacíamos, y precisamente hoy…

No dije nada simplemente me subí los pantalones y me dirigí a la salida. Me abrió la puerta y me marche.

Evite pasar por delante de la farmacia durante unos días, pero un día al volver de clase, Jimena estaba en la puerta de la farmacia, al verme me llamo. Me dirigí hacia ella.

- ¿Cómo tienes la herida? ? dijo en voz alta.

- Bien, si no fue nada ? dije dudando.

- Ven conmigo que te eche un vistazo. Madre voy a subir con José Antonio a echarle un vistazo a su herida.

- Buenas tardes, señora Jimena.

Subimos al piso de arriba, en esta ocasión no fuimos al salón, nos dirigimos directamente a su habitación.

- Te acuerdas lo que vistes que hizo Marcelo la otra noche.

Afirme con la cabeza.

- Sabes lo que hicimos.

Nuevamente afirme con la cabeza.

- Serias capaz de hacerlo tú.

- Puedo ser joven, pero no tonto, di que quieres que te folle y acabaremos antes.

- Fóllame, si fóllame.

La cogí por la cintura y la atraje hacia mí, unos minutos después estábamos los dos desnudos en la cama, acariciándole los pechos, chupándole los pezones, metiendo mi mano en su entrepierna acariciando su clítoris. Ella gemía, y me pedía que le metiera la polla, pero antes de clavarsela ella alcanzo un orgasmo, me metí entre sus piernas, mi polla entró en su vagina arrancándole gemidos de placer, pidiéndome que no parase, que siguiera. Termine corriéndome cuando alcanzo su segundo orgasmo.

Nos vestimos y bajamos a la farmacia, yo me fui, aunque me quede nos segundos en la puerta y pude escuchar la conversación entre madre e hija.

- Estas jugando con fuego, si se entera Marcelo ? dijo la madre.

- Yo no se lo voy a decir, el tampoco, y no creo que tú lo hagas.

- Pero si es muy joven.

- Pero en la cama es?

Me marche de allí, entraron clientes. Había comprobado lo caliente que era la farmacéutica, y lo seguiría comprobando muchas mas veces, sobretodo durante sus guardias.

Farmaceutica en Relatos eroticos de Maduras (relatos eroticos )

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La terapeuta zorra en Relatos eroticos de Maduras

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febrero 11th, 2014 >> Relatos Eroticos

La terapeuta zorra en Relatos eroticos de Maduras (relatos eroticos )

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La terapeuta zorra en Relatos eroticos de Maduras (relatos eroticos )

Me llamo Miguel, tengo 23 años, y he padecido lo que a mí me parece un serio problema. Todo empezó con esos catálogos de venta por correo que le llegaban a mi madre cuando yo apenas tenía 12 años. Al principio llegaban y veía que eran de ropa de mujeres, lo cual no me interesaba para nada, pero un día vi que entre vestidos y blusas había una sección de lencería. Cuando vi aquellas increíbles modelos, específicamente escogidas para quedar increíblemente sexys en aquellos camisones repletos de transparencias, conjuntos de medias, tanga y sujetador de encaje, no pude más que tener una erección de lo más potente. No sabía muy bien lo que pasaba, pero ver a esas mujeres en lencería me puso como una moto. Tiempo después, un día que estaba solo en casa cogí uno de los catálogos, y al cabo de un rato me empecé a masturbar. Al cabo de un par de minutos acabo llegando un momento que cambio mí vida para siempre: tuve mi primer orgasmo. Fue brutal, así que seguí mirando catálogos durante toda la tarde. Me encantaba, así que me masturbaba varias veces al día, y así durante meses. A escondidas cogía los catálogos de ropa que tiraba mi madre a la basura y me masturbaba con la sección de lencería. Con el tiempo, apareció internet en casa, y yo buscaba películas para bajarme y verlas a escondidas.

Era una locura, pero más locura era que no me interesaba realmente por tener sexo real con una chica, siempre estaba más interesado en hacerme una buena paja con el porno, no me interesaban las complicaciones con las chicas, con las que además no tenía mucho éxito. Pero los años fueron pasando, y digamos que el reloj biológico empezó a sonar, y empecé a buscar novia, sin éxito, hasta que un día me di cuenta de que tenía un problema serio: Era adicto a la masturbación y al porno. Cuando salía y conocía a una chica, esta no me atraía lo suficiente, porque yo en cuanto tenía ganas me masturbaba, pero sobretodo porque no era como las de las películas porno. Si una chica quería echar un polvo conmigo, yo siempre me acababa rajando, por miedo a no cumplir.

Así que un día me fui de putas, y lo que me paso es que no conseguimos que se me pusiera dura, por mucho que lo intentáramos. Sin embargo al llegar a casa, me pude masturbar con mi pornografía como siempre. Después de unos meses de reflexión, intentar dejar la pornografía y no conseguir buenos resultados, acabe en la consulta de mi médico, que me dijo que tenía un problema de asociación de estímulos, que mi cabeza no era capaz de asociar el estimulo sexual con una mujer real, debido al fuerte vinculo que había creado viendo porno, así que me mando a ver una sexóloga.

La doctora Sanz es una mujer de unos 45 años, 1,70 de estatura, pelo rubio, ojos marrones y la verdad es que aunque no está mal, tampoco es una mujer de bandera a simple vista, es más una de esas mujeres que tienen ese don de ser agradables, y que te tranquilizan en cada instante con sus palabras, como si todo lo que dijera fuera música para tus oídos.

Nada mas comentarle lo que me pasaba, me comento que era un problema que empezaba a ser de lo más común en las nuevas generaciones, ya que al encontrar una manera de satisfacernos por nosotros mismos, no desarrollamos la necesidad de una mujer en su aspecto sexual, pero si desarrollamos una necesidad de relacionarnos con una mujer. Todo lo que me mando hacer fue borrar y tirar toda la pornografía que tenía, además de dejar de masturbarme. Así estaría una semana hasta la siguiente visita que fuera a hacerla.

No me fue complicado tirar toda la pornografía, pero teniendo el maravilloso mundo online, apenas tarde 3 días en volver a tirar de él, y como ya había fallado un día, lo volví a repetir 2 veces más antes de ver a la doctora otra vez.

Al llegar a la consulta fui sincero con ella, y ella me dijo que la única manera de sacar esto adelante era tomarme todo el tema en serio, que aunque ella entendía que se puede recaer, hay que hacerlo y punto.

Durante la semana siguiente aguante casi toda la semana, pero volví a caer el día antes de ir a verla. Ella me repitió que me lo tomara en serio, que si no era mejor dejar la terapia.

La semana siguiente me sucedió algo que hacía años que no me sucedía, soñé con la doctora Sainz, y que tenia sexo con ella, así que cuando me desperté no pude evitar volver a masturbarme. No pude evitar pasarme el resto de la semana masturbándome, pero ahora cuando me masturbaba viendo porno, me la imaginaba toda seria, masturbándome ella y diciéndome que eso estaba muy mal, y que tenía que follarmela de verdad.

Cuando llegue a la consulta, solamente le dije que me había masturbado una vez esa semana, pero supongo que después de lo que había sucedido esos días yo ya no la miraba con los mismos ojos, así que de algo se dio cuenta ella. Me ordeno desvestirme e ir a la camilla. Allí empezó a examinar mis genitales, y cuando palpo mi escroto lo tuvo claro. Empezó a abroncarme y decirme que nada de todo eso tenía sentido si yo no ponía mi voluntad por mi parte, que si ella tenía que poner solución sería peor. Lo siguiente me sorprendió aun más:

-¿Te has masturbado pensando en mi verdad?

-¿Cómo?

-Tengo más pacientes como tú, y sé que os empieza a dar morbo el hecho de que yo os ordene no masturbaros, al principio os lo tomáis más en serio, pero un día que caéis, justo os paso por la cabeza y eso os pone aun más. Así que empezáis a masturbaros impulsivamente pensando en mí. Se os nota en la mirada nada más entrar.

-Yo?..no sé qué decirle.

-Pues no me digas nada. Vamos a comprobar que es lo que pasa.

La doctora se empezó a quitar la ropa ahí misma delante de mí. Yo empecé a ponerme de lo más nervioso, y rápidamente me di cuenta de que aunque me había masturbado varias veces con ella, no se me ponía dura, y no tenía ese subidón de querer clavarmela que si tenía imaginándomela, pero con el porno delante claro. Ella empezó a tocármela, suave al principio, luego escupió en ella y empezó a masajearla y sacudirla, pero nada. Entre los nervios y que de repente aquella mujer no me decía nada. Me fijaba en sus pechos, mas grandes y redondos de lo que se apreciaba bajo la blusa, su pubis rasurado, incluso se inclino hacia atrás y se toco a ver si eso me encendía, pero nada, y realmente resultaba una mujer de lo más atractiva.

-¡¡Ves¡¡ No ganas en nada cayendo una y otra vez en tus adicciones. Ahora mismo podrías estar teniendo sexo conmigo, pero no respetas ni los primeros pasos de la terapia. Te quedaras solo, y como dejes pasar los años, tu potencia sexual decrecerá y encima te costara masturbarte con tu porno. Tengo pacientes de más de 40 que ya casi ni se les pone en erección. La semana que viene espero mejoras reales, o tendré que tomar cartas en el asunto.

La doctora y yo nos vestimos, y me fui de aquella consulta con la sensación de que realmente ella se molestaba en ayudar a sus pacientes, pero si algo me hubo preocupado más que defraudar a la doctora, era la sensación de que no me había importado no tener sexo con ella, o de haberme preocupado de saber si podríamos llegar a tenerlo si la terapia funcionaba.

Durante la semana siguiente, el recuerdo de la doctora desnuda me despertó varios días, pero mi pene no estaba erecto, sin embargo me moría de ganas de masturbarme. Dos días antes de la consulta no pude evitar volver a masturbarme.

Al llegar a la consulta, la doctora me mando desnudarme directamente, después me examino y llego a la conclusión de que me había vuelto a masturbar, y no importaba cuantas veces hubieran sido, había vuelto a caer.

-Voy a tratar de hacer algo más agresivo, para ver si eres capaz de contenerte, para que te sea más fácil aguantar durante la semana esos apretones que dices que te entran.

Me llevo a la sala de donantes de esperma, y allí me mando sentar en una comoda butaca que había en el centro, después me dio a escoger una película de entre las que había, y después me dijo que intentara masturbarme. Ella se coloco por detrás mío, para que no la viera a ella, y yo me empecé a concentrar en la película. Después de un rato y mucha paciencia empecé a tener una erección. Ella en todo momento se mantuvo callada, y espero a que yo entrara en funcionamiento. Cuando ya estaba a punto la pregunte si podía masturbarme, a lo que ella dijo que sí. Empecé lentamente al principio, pero no tarde en coger el ritmo que mas me gustaba, de repente ella me cogió los brazos y los puso a ambos lados de la butaca, después se puso delante y me empezó a masturbar lentamente.

-Quiero que sientas el deseo de querer placer, y quiero que me veas aquí, dándotelo lentamente. Asócialo a mí, que yo soy alguien que está aquí, y ahora, y te está dando placer.

Yo miraba a la doctora a los ojos, y a la vez levantaba la mirada hacia la pantalla, viendo aquella escena de porno, con los pechos de esa actriz, con las piernas al aire, con esos grititos pidiendo más y más.

-Tienes que mirarme a mi ? Se desabrocho algunos botones de la blusa, dejando a la vista su sujetador de encaje.

-Es que así de lento, necesito? más velocidad.

Ella aumentó el ritmo un poco más, yo la miraba al escote, junto los codos haciendo que sus pechos sobresalieran? y entonces paro. Apago la pantalla y volvió a masturbarme. Mi erección se resintió como si hubiera bajado la excitación, entonces ella hizo algo que no esperaba, y se introdujo mi pene en su boca. Yo me moría de ganas por correrme, pero por alguna razón notaba que mi pene ya no quería seguir erecto, ya solo la lengua de la doctora impedía que se perdiera la erección por completo.

-Todavía parece resultar inútil, evidentemente te has estado saltando el tratamiento.

Se levanto de nuevo, volvió a poner la película, y después me dijo que me masturbara, pero cuando vio que me iba a correr me volvió a apartar las manos.

-Bien. Ahora has de quedarte quieto, no te vas a correr hasta la semana que viene. Mírame bien, porque si la semana que viene vuelves y te has corrido, te voy a poner esto ? Y saco del bolsillo de la bata un cinturón de castidad de plástico, con un candado- Pero te lo pondré después de haberte hecho esto mismo. Ahora tienes la opción de hacer las cosas por ti mismo, o sino las hare yo por ti.

Estuvo un rato tomándome las manos para que no pudiera tocarme, y cuando se me bajo la erección me soltó. Después me fui a casa y lo primero que hice fue ir al ordenador, lo encendí, pero en el último instante me lo pensé dos veces. Pensé en la doctora haciéndome una felación y yo que no había podido correrme. Pensé en lo que había sucedido aquella tarde y mi pene no reaccionaba como era debido. Así que no hice nada durante toda la semana.

Así a la semana siguiente acudí a ver a la doctora. Era la primera vez que no me masturbaba en toda la semana, y ella se puso muy contenta al verlo, después me llevo a la sala de donantes de esperma, y una vez allí nos desnudamos los dos. Esta vez no me puse tan nervioso, pero si note cierto cosquilleo en mi pene. Se lo comente a la doctora, y esta me mando sentar en la butaca, después se sentó encima de sus piernas y pude volver a observarla en todo su esplendor. Entonces sí que note que aquella mujer me estaba llamando, que realmente quería correrme, y que quería que aquella mujer me tocara, y yo quería tocarla a ella. Me empezó a tocar suavemente, y poco a poco mi pene empezó a ponerse erecto. Yo no sabía si aquella mujer me iba a dejar penetrarla, pero cuanto mayor era mi erección, más ganas tenia de que aquello sucediera.

-Te voy a dejar penetrarme, pero solo eso, soy tu doctora, no una puta y quiero que sientas lo que se siente estando dentro de una mujer, pero nada más. Quiero que me asocies como mujer a tu satisfacción sexual. Después te hare una paja, a ver si eres capaz de correrte. Puedes tocarme si quieres, forma parte de la estimulación así que será bueno para ti.

Se subió encima mío, y empezó a cabalgarme, muy lentamente, pero paro cuando vio que me sobreexcitada paro. Fue mi primera experiencia dentro de una mujer, y aunque no llegue a correrme dentro de ella, bien cierto es que lleno un vacio enorme dentro de mí. Después empezó a masturbarme a buen ritmo pero sin prisas, y yo aproveche para tocarle los pechos e incluso ella me dejo lamerle sus partes durante un rato. No dure mucho, apenas un par de minutos, pero fueron mis primeros síntomas de mejoría en el tratamiento.

La semana siguiente no tuve apenas necesidad de mirar porno, aunque sí que me pase toda la semana pensando en el último encuentro con la doctora Sanz. Me ponía mucho pensar en ella, y me levantaba por las mañanas completamente erecto.

Llego por fin mi cita con la doctora, y esta vez le pude contar no solo que no me había masturbado, también mis mejorías. Ella se sentó en la camilla, cruzo las piernas y se abrió la bata en pose sexy. Me acerque a ella y la empecé a besar el cuello, mientras que ella empezó a manosearme los genitales con la mano abierta. Para mi sorpresa mi pene respondió con rapidez, así que ella me bajo los pantalones y los calzoncillos, se subió la falda y me puso un condón.

-El otro día vi que aguantabas más de lo que yo pensaba, así que te voy a dejar que me folles bien por una vez, aunque creo que ya no te queda mucha más terapia por lo que puedo comprobar.

Yo levantado junto a la camilla, me estaba follando a mi terapeuta, que estaba ahí medio tumbada con las piernas bien abiertas. Todo un sueño para mí. No pude evitar cogerla de uno de sus tobillos y subírmelo al cuello como en las películas porno que más me gustaban. Yo la miraba y ella estaba ahí con sus manos en sus pechos sobre la blusa, con los ojos cerrados?.disfrutándolo.

Creo que esa fue la sensación que realmente me curo, el hecho de darle ese placer, fue realmente mi placer, y supongo que para ella también. Apenas tuve un par de sesiones mas con ella, y en ninguna de las dos volví a tener sexo con ella, pero me obligo a buscar otra mujer para tener sexo, y así con la tontería conseguí tener mi primera amiga con derecho a roce, y así sigo a día de hoy, sin volver a ver nada de porno.

La terapeuta zorra en Relatos eroticos de Maduras (relatos eroticos )

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El dinero infiel en Relatos eroticos de Infidelidad

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febrero 7th, 2014 >> Relatos Eroticos

El dinero infiel en Relatos eroticos de Infidelidad (relatos eroticos )

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El dinero infiel en Relatos eroticos de Infidelidad (relatos eroticos )

Soy Luis y esta es la historia de la primera vez que mi novia Sara, cuando teniendo ella 21 años (ahora tiene 25), me fue infiel.

Mi chica y yo estábamos deseosos de hacer nuestro primer viaje de vacaciones juntos. No obstante, nuestros recursos económicos eran limitados. Aún nos faltaban cerca de 300 ?, y ninguno de los dos tenía trabajo.

Aprovechando que sus padres estaban en el pueblo nos quedamos solos en su casa. Ella estaba abochornada y triste porque se daba cuenta que aquel año, por los estudios, no podríamos trabajar y que no tendríamos el dinero necesario.

LUIS: siempre puedes prostituirte ? le dije en broma

SARA: para lo que iba a sacar? ja ja ja

LUIS: pues no me fastidies, ¡¡estoy seguro que alguien pagaría lo que nos falta para el viaje o más!!

SARA: ¡ja! no me lo creo

LUIS: ¿hacemos la prueba?

SARA: me das miedo?

En ese momento le propuse lo que podríamos hacer para comprobarlo.

LUIS: mira, nos conectamos a un chat de contactos y contamos nuestra situación. Ya verás como más de uno querrá hacerlo.

SARA: pero luego nos desconectamos ¿vale?

LUIS: ¡venga!

Dicho y hecho, tras buscar un rato por Internet encontramos un chat en el que encajábamos. En el chat general enviamos este mensaje bajo el alias de ?chicaXdinero?: ?busco hombre solvente por urgencia económica. Mi novio estaría presente?.

Apenas lo habíamos enviado y ya teníamos un montón de mensajes privados. La mayoría era de chicos que pedían ver fotos, la webcam, etc. Mi novia se jactaba de que ella tenía razón, hasta que 3 personas nos preguntaron que cuál era el precio. Dijimos que cuánto estaban dispuestos a pagar, a lo que los tres dijeron que sin ver ninguna foto, nada.

Me quedé mirando sonriendo a mi novia.

LUIS: ¿y si te hago una foto pero sin que te vea la cara?

SARA: ¿no me reconocerán por Internet?

LUIS: ¡qué va! te tapo la cara y todo lo que sea distintivo de ti

Dicho y hecho. Lo máximo que conseguí fue que ella se quedara en ropa interior. Le hice la foto y luego con un programa de retoque fotográfico le tapé la cara, una marca de nacimiento, las pulseras y difuminé el fondo de la habitación para que no lo reconociera. Satisfecha, enviamos las fotos.

Todos los destinatarios excepto uno dijeron que estaba buenísima y que querían más fotos. Mi novia se negó en rotundo. Uno de los usuarios llamado ?CasadoMorbo? dijo: ?Yo estaría a pagar 200 ? si es ahora mismo?.

Los dos nos miramos petrificados.

SARA: ¿qué le decimos?

LUIS: ¡que queremos más!

Le indicamos que teníamos en mente algo más, y que si encima era ahora mismo, que eso era un extra. Que nosotros no solíamos hacer estas cosas y era un lujo.

?CasadoMorbo? dijo que 300 ? era su última oferta. Que nos decidiéramos ahora o buscaría otra cosa.

Sin esperar a que mi novia dijera nada le dije ?de acuerdo?.

SARA ¿quéeeee? ¡estás loco!

LUIS: ¿no era lo que tú querías?

SARA: ¡Pero si no le conocemos de nada ni sabemos cómo es!

?CasadoMorbo? estaba esperando a que le diéramos un número de teléfono para indicarle la dirección y saber que esto iba todo en serio. Le di mi teléfono y al momento sonó.

CASADOMORBO: Hola, eres ?chicaXdinero? ?

LUIS: sí, bueno, soy su novio.

CASADOMORBO: déjame hablar con ella o colgaré. No estoy para bromas.

Le pasé el teléfono a mi novia.

SARA: ¿hola?

No pude oír la conversación que mantenían. Mi novia dijo unos pocos ?sí? y ?no? y me pasó el teléfono.

CASADOMORBO: tu chica está de acuerdo. ¿Cuál es la dirección?

LUIS: como condición, no harás nada que ella no quiera y yo estaré presente. ¿Cómo te llamas?

CASADOMORBO: Ok. Soy Jesús.

Le di la dirección y colgamos. Me dijo que en 10 minutos estaría allí. ¡Sólo 10 minutos!

Mi novia y yo estuvimos discutiendo sobre el tema y antes de que nos diéramos cuenta, sonó el telefonillo. En seguida tocaron a la puerta. Fui a abrir mientras mi novia esperaba en la habitación.

Abrí la puerta y dejé entrar a Jesús. Se trataba de un hombre de unos 40 años bien cuidado. Estuve hablando con él en el recibidor y le dije que antes de hacer nada queríamos el dinero por si acaso. Lo entendió y dijo que eso no era problema.

JESÚS: antes de venir me he pasado por el cajero ja ja ja

Me guardé los 300 ? en el pantalón y le guié hasta la habitación. Sara nos esperaba sentada en la cama.

SARA: hola

JESÚS: veo que la foto no hacía justicia. Encantado de conocerte. ¿Cómo te llamas?

SARA: preferiría no decir mi nombre. Es la primera vez que hago esto y no lo haríamos si no necesitáramos el dinero.

JESÚS: vale, no te preocupes. Seré discreto. Ya le he dado la pasta a tu novio. ¿No te pondrás celoso?

LUIS: no, podré aguantarlo.

Jesús se sentó en la cama al lado de mi novia. Ella llevaba puesta una camisa y un pantalón corto. Sentada como estaba no podía lucir su increíble culo. La camisa no resaltaba sus pequeños pechos. Pero todo eso daba igual, porque su cara de inocencia era una invitación al deseo.

El hombre puso su mano en la nuca de Sara y acercó su cara delicadamente a la suya. Empezaron a besarse lentamente. Pasó su mano por la pierna de ella y fue subiendo hasta acercarse a sus pechos. Se los acarició primero despacio por encima de la ropa y después a dos manos estrujándoselas.

Le quitó la camisa y el sujetador con rapidez y comenzó a chuparle las tetitas.

JESÚS: ¿por qué no te acabas de vestir?

Dicho y hecho. Sara se desnudó frente a nuestro invitado. Jesús se levantó y la guió delicadamente para que se tumbara en la cama, justo en el borde. Se arrodilló y hundió su cabeza entre las piernas de ella comiéndole el coño. Ella no dejaba de gemir.

Pasado un rato el hombre se levantó y empezó a desabrocharse el pantalón hasta quedarse con una polla enorme mirando al techo. Sara se quedó mirándola y tras reírse, Jesús le dijo:

JESÚS: ¿por qué no me la chupas?

Ella se arrodilló en la cama y sin coger aquel miembro con la mano, se lo metió directamente en la boca. Empezó a succionar hasta que se ayudó de una mano. Ahora le pajeaba a la vez que se la chupaba mientras que él le acariciaba la larga y lisa melena oscura.

JESÚS: ¿sabes qué? Me voy a follar a tu novia. ¿Te gustaría eh?

Nadie contestó con palabras, pero Sara dejó de chupar y se tumbó en la cama. Aquello era toda una declaración de intenciones. El hombre se colocó encima, apoyó los pies de ella sobre sus hombros y empezó a metérsela lentamente. Ella gritaba y él empezó a acelerar.

JESÚS: ¿te gusta cómo me follo a tu novia? ? me preguntó

LUIS: la verdad es que me estoy poniendo cachondo. Cuando termines me la follaré yo.

Jesús se tumbó en la cama e indicó a mi chica que le cabalgara. Ella se encaramó encima suyo, y tras meterse su pene empezó a saltar encima suya como si tuviera muelles en las piernas. Él le apretaba el culito y chupaba los pezones.

Volvieron a cambiar de postura y mi chica se puso a cuatro patas. Él se la metía a toda velocidad hasta que no aguantó más, se la sacó, tiró el condón a un lado y empezó a correrse sobre su espalda.

JESÚS: ufff, ha merecido la pena. Gracias chicos.

El hombre se vistió y se fue por donde había venido.

Sara contó los 300 ? y lo único que me dijo fue:

SARA: ¿no estás enfadado? ¿aún quieres follarme?

Riéndome me despeloté y me abalancé sobre ella. Se la metí de golpe, sin más calentamiento y entró muy bien. Estaba empapada por dentro. Estuvimos follando a toda velocidad en la postura del misionero hasta que no aguanté más y me la saqué justo a tiempo para correrme encima de su coñito.

Nos limpiamos y satisfechos hablamos sobre nuestro próximo e inminente viaje.

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La vuelta de mi madre en Relatos eroticos de Amor filial

Video Porno de: Maduras

febrero 21st, 2014 >> Relatos Eroticos

La vuelta de mi madre en Relatos eroticos de Amor filial (relatos eroticos )

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La vuelta de mi madre en Relatos eroticos de Amor filial (relatos eroticos )

me llamo Fernando, Nando para los amigos. Soy un chico de familia adinerada. Mi padre es un alto ejecutivo que ha pasado ya por varias empresas y que está en el consejo de administración de otras tantas. Mi madre, la mujer de mi vida, es simple, no es mala persona, ni tonta, ni pija, sólo simple. Mis padres me han dado todo lo que necesitaba y más, sin embargo han sabido hacerme apreciar el valor de las cosas. Conocemos el nombre de todos los empleados del hogar, y, por supuesto, les tenemos tanto cariño como a alguien de la familia. Tenemos dos perros, Kuko y Palo.

Mi padre es, para que os hagáis una idea, el tipo de persona que siempre te hace sentir bien, un gran líder. En los momentos en los que le he necesitado siempre ha estado ahí y siempre lo está para sus amigos. Puede ser serio y estricto cuando tiene que serlo, y simpático y divertido cuando la ocasión lo permite. Se llama Joaquín.

Mi madre, Lucía, creo que tiene una carrera, pero no ha tenido que trabajar en su vida. Se casó con Joaquín nada más terminar sus estudios y, poco después me tuvieron a mí. Mi padre le ha dado todo, una gran casa, un físico tremendo (además de gimnasio, masajes, peluquería, manicura y pedicura diarios, la pagó un aumento de pechos y unos retoques de nariz y pómulos), vamos que tengo una madre que podría ser más de una portada de playboy. Sin embargo yo no comencé a apreciar el físico tan arrebatadoramente sexual de mi madre hasta que ocurrió lo siguiente.

Estaba realizando un trabajo para clase en el que se hablaba de la discriminación de la mujer en el mundo, así que me puse a buscar en la biblioteca libros acerca del tema. Nada, casi todas eran novelas de intriga o autoayuda….luego me dirigí a la videoteca y me fijé en unos DVD’s en la parte más alta de la estantería. Todos comenzaban titulados como DOCUMENTAL. Eran varios documentales: “la psicología del soltero”, “la juventud hoy en día”, “cómo educar a tu mascota”; y finalmente uno que podía ayudarme en mi trabajo de clase, “las mujeres en sociedad”.

Puse el DVD en el reproductor, después de haber preparado el cuaderno y el bolígrafo para tomar apuntes de lo que pensé sería un tedioso documental acerca del comportamiento humano y el papel de la mujer en y con la sociedad. Pantalla azul, luego una fecha, de hace un año en verano y de repente la habitación de mis padres….pero qué???

Pocos segundos después mi madre, “vestida” con un bikini ajustadísimo y con poca tela se sentaba en la cama juntó a otra belleza en bikini rubia. Se reían mirando a la cámara y….comenzaron a morrearse y a sobarse los pechos! El bolígrafo se me calló de las manos y la mandíbula no se me desencajó porque sólo es posible en los dibujos animados, pero poco faltó. Seguí mirando y las cosa siguió calentándose. Se empezaron a meter mano por el tanga del bikini mientras se seguían morreando, comenzaron a gemir y en ese momento mi madre se quitó la parte de arriba….qué pedazo de tetas tiene mi madre, redondas pero que no parecían falsas, con unos pezones grandes pero bien proporcionados.

Paré el reproductor, intenté pensar…recogí todos los DVD’s de documentales, el que estaba puesto y me fui a mi habitación. Cerré la puerta con llave, encendí mi ordenador y seguí viendo el titulado “Documental: las mujeres en sociedad”. Pasé las escenas ya vistas, y retomé el tramo en el que mi madre se quitó el sostén del bikini. La otra tía comenzó a lamerla los pezones….yo me estaba enfadando con mi madre, la poya se me estaba poniendo durísima, pero ¿cómompodía hacerle eso mi madre a mi padre, que le dio todo? ¡Qué equivocado estaba!

A los dos segundos, vi que el cámara salió de detrás, ya desnudo y se tumbó entre las dos mujeres….era Joaquín, mi padre! Pasé la filmación un poco rápida, vi como se tiraba a una, mientras lamía a la otra, luego a mi madre mientras la otra le chupaba las tetas y al final se corría en una mamada conjunta de mi marre y la otra tía. Poco después, otra fecha, hace un mes, y más o menos lo mismo, mi madre con tres mujeres, todas unos monumentos, lamiéndose, metiéndose dedos en sus agujeros y en un momento sale mi padre y las perfora a todas, recreándose más en follarse a mi madre mientras las otras la lamen y mienten dedos en los orificios que mi padre no utiliza, y mamada de todas a mi padre tragando su lefa.

No pude soportarlo más y me saqué la chorra del pantalón, que ya me hacía daño encerrada en el bóxer.

Decidí poner el DVD titulado “DOCUMENTAL: la psicología del soltero”. En ellos aparecía mi madre hablando sucio mirando a la cámara masturbándose de varias formas, poniendo varias posturas, unas veces con las manos, otras veces con vibradores, pequeños, medianos, grandes, enormes, chupándolos, metiéndose uno, dos, por el coño, por el culo….con cada uno me hice una paja a cada cuál más fabulosa.

No hacía falta decir que los títulos de los documentales hacían referencia al tipo de sexo que habría….así que, suponiendo que lo siguiente que iba a encontrarme sería algo más que llamativo decidí poner el titulado “DOCUMENTAL: cómo educar a tu mascota”.

Efectivamente, ahí estaba mi madre en lencería y con sandalias transparentes de tacón alto tumbada en el suelo cerca de Palo, uno de los dos labradores que tenemos. Le acariciaba la espalda y la barriga. Al rato se acercó Kuko, el otro labrador, se puso cerca de la entrepierna de Lucía y comenzó a lamer. Ella se dejó hacer mientras frotó la entrepierna de Palo y, como con una especie de paja, hizo que el pene de Palo apareciera, fino y sonrosado.

Una vez lo desterró, acercó su boca y comenzó a hacerle una felación tremenda a nuestro can, mientras Kuko bebía del coño de mi madre. Ella paraba de vez en cuando para coger airé, para poder seguir lamiendo a Palo y para poder gemir por el placer cunilingüístico que le daba Kuko. Pocos minutos después se retorció en un orgasmo mientras chupaba a Palo con más ganas que nunca.

Una vez se recobró se acercó a cuatro patas a la zona donde estaba la cámara, mi padre se bajó la bragueta y le ofreció su poya a mi madre y al tiempo Kuko se montó sobre mi madre y empezó a embestirla en lo que era claramente una follada perruna. Mi madre gemía más que antes, casi no atinaba a mamársela a mi padre. Pocos segundos después Kuko terminó y se bajó de mi madre, tiempo que ella aprovechó para mirar a mi padre y decirle “te voy a dejar seco, quiero tu lefa ya!”….yo en ese momento me volví a correr, esos vídeos eran el colmo de la obscenidad y, lo que tenía claro es que mi madre lo disfrutaba.

Mi madre siguió comiéndose la poya de mi padre y, en ese momento se la montó Palo, con mismo efecto, mi madre se desconcentró de sus tareas, gimiendo y disfrutando con cada embestida de Palo, pero esta vez ella agarró una de las patas a Palo y cuando éste terminó de taladrarla quedó trabado en ella. Mi madre siguió lamiendo y lamiendo hasta que obtuvo la recompensa, se bebió la leche de mi padre con un gusto exquisito.

Cuando Joaquín se vio limpio, se levantó con la cámara y se puso detrás de mi madre, enfocando la escena desde cerca. Palo estaba aún dentro de mi madre y Lucía se frotaba el coño, unos cuantos gemidos después se volvió a correr y al soltar a Palo por las convulsiones del orgasmo aprovechó para salir de ella, quedando a la vista el gran bulto que hacía que estuvieran trabados.

El último vídeo zoofílico lo hicieron hace dos semanas…..joder, quién lo habría dicho. No puedo decir que mi madre era una santa, pero nunca me ha parecido una descarada y tampoco he oído a mi padre hablar vulgarmente ni obscenamente de ninguna mujer….

Me quedaba el vídeo “DOCUMENTAL: la juventud hoy en día”. Ya suponía lo que iba a ver, chicas jóvenes con mis padres, sin embargo….me volvieron a sorprender. En ella salía un chico de más o menos mi edad, es más, bastante parecido a mi, que comenzaba a magrear a mi madre, a lo que ella dijo:

- Espera chico, tranquilo…

- Lo siento señora, pero está tan buena – tartamudeaba él, y no me extraña mi madre era un deseo de dioses.

- No me llames señora, llámame mamá, acuérdate de lo que hablamos antes -¿cómo he oídooooo? ¿Estaban teniendo un juego sexual incenstuoso?

- perdón señ…ehhhh…mamá….qué tetas tienes mamá.

- sí hijo, chúpalas como cuando te di leche de pequeño…haz me gozar de nuevo.

Y así siguieron con su juego. Le lamió el coño, ella le chupó la poya, se corrió enseguida, Lucía le dijo que tranquilo que podían seguir jugando aún así, ella se puso boca arriba y primero la folló el coño y luego el culo para luego correrse en la boca de mi madre y luego apareció papá diciendo:

- Muy bien hijo, pero mira cómo lo hace papá.

Ella se volvió a abrir para mi padre y mientras se frotaba el coño mi padre se la folló de nuevo, por los mismos agujeros, pero mi madre disfrutaba más con la poya de Joaquín que con la de mi imitador.

Volví a hacerme otro pajote….menuda tarde de pajas.

Después de ese vídeo, otro y otro, con jóvenes parecidos a mí, repitiendo el mismo juego de roles.

¿A mi madre le gustaría que la follase yo? ¿Y a mi padre no le disgustaría? En ese momento tenía ganas de que mi madre entrara en la habitación, me viera con la poya en la mano y al mirar el ordenador comprendiera que estaba así por ella, por esa actitud lasciva y obscena que me había escondido y de la cuál ahora estaba disfrutando, al menos, como un voyeur.

¿Pero cómo podía disfrutar yo de ese cuerpo, que parecía me estaba llamando a gritos en silencio? ¿Me acercaba por detrás, le agarro las tetazas y la susurro “he visto tus vídeos y te quiero follar”?

No sabía cómo hacer. Hasta que se me ocurrió otra idea. En casa tenemos un solárium, con máquinas de rayos uva en una zona de la piscina cubierta. Allí mi madre, en otoño, toma baños de rayos uva y después se hace unos largos en la piscina cubierta por la tarde/noche.

Esperé a la hora en la que suele ir a tomar los rayos uva, y aparecí por ahí, como si no lo tuviera planeado.

- Hola mamá.

- Ah, hola hijo, ¿qué tal? ¿Vas a tomar el sol?

- Bueno, si llamas a esto tomar el sol…

- jajaja, bueno, ya me entiendes – rió mientras se quitó la bata. Tenía uno de esos bikinis que llevaba en uno de sus vídeos. No pude evitar al verlo recordar todas esas escenas llenas de lujuria y una erección se apoderó ipso facto de mi miembro.

- sí voy a darme unos rayos uva contigo, si no te importa.

Mi erección era evidente, mi madre dirigió su vista a mi entre pierna y dijo:

- no sé si no te vendría mejor el chapuzón refrescante primero, jajajaja.

- jajaja – me reí procurando no perder la naturalidad – ya sabes mamá, soy un chaval y tengo las hormonas a tope y como tú eres un pastelito.

- Ah sí? Crees que soy un pastelito? – sus ojos la brillaron y me pareció ver que se mordía discretamente el labio inferior.

- Claro mamá. Pero no creo que hace falta que te lo diga, tú sabes que eres muy guapa y muy…..

- ¿Muy qué?- preguntó acercándose más a mi.

- Muuuuy muy atractiva.

- Ahá….gracias hijo. – hizo una leve pausa, me volvió a mirar de abajo a arriba, tomó el bote de la loción solar, se sujetó el pelo con la mano para que no le cayera por la espalada y acercándome el bote con una sonrisa, yo diría que de diablesa, me dijo – anda, por favor ponme la crema, pero suave que tengo la piel delicada.

En ese momento me dio la espalda, se quitó el sujetador del bikini y ahí estaba yo, con mi madre, la mujer que había visto protagonizar escenas de lo más tórridas que había visto en mi vida, con la que minutos antes me la había cascado casi hasta que no me quedó ni una gota de lefa, enfrente mío, casi desnuda y con posibilidades de sobarla, al menos haciéndome el descuidado.

Me puse crema en las manos, y comencé a masajearla suavemente los hombros. Qué piel más suave tiene mi madre….impresionante.

Seguí por la zona más cercana al cuello, ella gimió suavemente….no sé si podría aguantar mucho más. Bajé por el centro de la espalda.

- Lo estás haciendo muy bien hijo, me está encantando, sigue así. – me susurró con una voz de lo más sugerente que había oído nunca a mi madre. Me estaba poniendo burrísimo. Ya no podía más, acerqué mis manos a los costados directo pero sin querer llegar, aún, a rozar sus tetones. Eso no hizo más que agravar sus gemidos. – ohhh sí hijo, muuuuy bien, sigue, sigue.

No sabía si era una invitación o no, pero ya no pude evitarlo más y comencé a manosearle las tetas con mis manos grasientas por la crema. Acerqué mi lengua a su oreja izquierda y la dije :

- no aguanto más mamá, estás buenísima.

- ohhh hijo, no pares, no pares.

- te quiero follar ahora.

Mi madre se arqueó sobre una tumbona retirándose el tanga del coño, que por cierto tenía brillante de los jugos que parece ya había empezado a rezumar, y me invitó con un directo:

- clávame hijo, fóllame ya.

Me bajé el bañador, me puse crema solar en la poya y sé la metí de una estacada a mi madre. Soltó un alarido de placer y agarrándose uno de sus bamboleantes pechos, me volvió a pedir.

-vamos, sigue, ohhhh.

Mis embestidas no tardaron, sus gemidos se tornaron continuos y elevados, se veía que le gusta follar sí o sí. No paraba de embestirla hasta que se me ocurrió decirla.

- te quiero follar el culo, lo tienes precioso mamá.

- fóllamelo, es para ti.

Saqué mi poya de ese cálido agujero para taladrarla el culo. En varios sitios veo y leo que tiene que ser despacio por primera vez, pero no a mi madre. Mi poya entró como un guante y se deslizaba de maravilla.

Yo creo, según las quejidos de placer de mi madre, que le gustaba más que la follara por el culo. De hecho mientras la estaba jodiendo agarrándola por sus suaves y torneadas caderas, diría que tuvo un orgasmo. Poco después de lo que yo supuse que era un clímax, paré y la dije que se tumbara boca arriba en la tumbona, se abrió de piernas para mi y volví a clavarsela en el culo, sacándola otro gemido de placer.

Mientras estaba en la tarea, Palo, vino hacia nosotros y se acercó a la cabeza de mi madre. En ese momento de éxtasis lujurioso, sin pensarlo, le dije a Lucía:

- chúpasela a Palo, quiero verte mientras te enculo con una verga en la boca.

Ella me miró como diciendo: eres un depravado. No hizo falta decírmelo, sus ojos transmitían brillantes ese mensaje.

A lo que, como pudo debido a mis embestidas, se acercó a la entrepierna de palo, la frotó y al aparecer su poya sonrosada, se la llevó a la boca para degustar mientras me la follaba. De vez en cuando la soltaba para gemir a gusto hasta que se volvió a correr, esta vez de forma clara.

La saqué del culo de mi madre y me dirigí a su boca, haciendo que saboreara ambos falos. Los engullía con una ferocidad tremenda, hasta que la dije que me iba a correr, momento en que se olvidó de Palo, para concentrarse en beber toda mi leche. Mientras ella me chupaba, Palo se acercó a su entrepierna a lamer todos nuestros flujos, acto que la arrancó otro orgasmo mientras ahora yo descargaba en la cara de mi madre, su boca y sus tetas. Ella no paraba de temblar y frotarme como podía mi poya mientras yo escupía mi leche en ella.

Cuando ya no pude más, quité a Palo de encima de mi madre, mandándolo a otra habitación mientras ella se acercaba mi leche a su boca con sus manos.

- Ha sido maravilloso hijo….cuando quieras..

- Gracias mamá, eres maravillosa.

Y así es como mi madre comenzó a ser mi real fantasía sexual.

La vuelta de mi madre en Relatos eroticos de Amor filial (relatos eroticos )

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La esposa y la hermana de un narco en Relatos eroticos de Amor filial

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abril 19th, 2014 >> Relatos Eroticos

La esposa y la hermana de un narco en Relatos eroticos de Amor filial (relatos eroticos )

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La esposa y la hermana de un narco en Relatos eroticos de Amor filial (relatos eroticos )

Estoy jodido. Mi ritmo de vida se ha visto alterado por culpa de mis vecinas. Hasta hace seis meses, siempre me había considerado un perro en lo que respecta a mujeres y aun así, con cuarenta y tres años, me he visto sorprendido por la actitud que han mostrado desde que se mudaron al ático de al lado.

Todavía recuerdo el sábado que hicieron la mudanza. Ese día tenía una resaca monumental producto de la ingesta incontrolada de Whisky a la que estoy fatalmente habituado. Me había acostado pasadas las seis de la madrugada con una borrachera de las que hacen época pero con una borracha del montón.

Todavía seguía durmiendo cuando sin previo aviso, llegó a mis oídos el escándalo de los trabajadores de la empresa de mudanza subiendo y colocando los muebles. Tardé en reconocer la razón de tamaño estrépito, el dolor de mi cabeza me hizo levantarme y sin darme cuenta que como única vestimenta llevaba unos calzoncillos, salí al rellano a ver cuál era la razón de semejante ruido. Al abrir la puerta me encontré de bruces con un enorme aparador que bloqueaba la salida de mi piso. Hecho una furia, obligué a los operarios a desbloquear el paso y cabreado volví a mi cama.

En mi cuarto, María, una asidua visitante de la casa, se estaba vistiendo.

-Marcos. Me voy. Gracias por lo de ayer.

En mis planes estaba pasarme todo el fin de semana retozando con esa mujer, pero gracias a mis ?amables vecinos? me lo iba a pasar solo. Comprendiendo a la mujer, no hice ningún intento para que cambiara de opinión. De haber sido al revés, yo hubiera tardado incluso menos tiempo en salir huyendo de ese infierno.

-Te invito a tomar un café al bar de abajo- le dije mientras me ponía una camiseta y un pantalón corto. Necesitaba inyectarme en vena cafeína.

Mi amiga aceptó mi invitación de buen grado y en menos de cinco minutos estábamos sentados en la barra desayunando. Ella quiso que me fuera a su casa a seguir con lo nuestro pero ya se había perdido la magia. Sus negras ojeras me hicieron recordar una vieja expresión: ?ayer me acosté a las tres con una chica diez, hoy me levanté a las diez con una chica tres?. Buscando una excusa, rechacé su oferta amablemente prometiéndole que el siguiente viernes iba a invitarla a cenar en compensación. Prefería quedarme solo a tener que volver a empezar con el galanteo con ese gallo desplumado que era María sin el maquillaje. Ambos sabíamos que era mentira, nuestra relación consiste solo en sexo esporádico, cuando ella o yo estábamos sin plan, nos llamábamos para echar un polvo y nada más.

Al despedirnos, decidí salir a correr por el Retiro con la sana intención de sudar todo el alcohol ingerido. Tengo la costumbre de darle cuatro vueltas a ese parque a diario, pero ese día fui incapaz de completar la segunda. Con el bofe fuera, me tuve que sentar en uno de sus bancos a intenta normalizar mi respiración. ?Joder, anoche me pasé?, pensé sin reconocer que un cuarentón no tiene el mismo aguante que un muchacho y que aunque había bebido en exceso, la realidad de mi estado tenía mucho más que ver con mi edad. Con la moral por los suelos, volví a mi piso.

Había trascurrido solo dos horas y por eso me sorprendió descubrir que habían acabado con la mudanza. Encantado con el silencio reinante en casa, me metí en la sauna que había hecho instalar en la terraza. El vapor obró maravillas, abriendo mis poros y eliminando las toxinas de poblaban mis venas. Al cabo de media hora, completamente sudado salí y sin pensar en que después de dos años volvía a tener vecinos, me tiré desnudo a la pequeña piscina que tengo en el segundo piso del dúplex donde vivo. Sé que es un lujo carísimo, pero después de quince años ejerciendo como abogado penalista es un capricho al que no estoy dispuesto a renunciar. Estuve haciendo largos un buen rato, hasta que el frio de esa mañana primaveral me obligó a salir.

Estaba secándome las piernas cuando a mi espalda escuché unas risas de mujer. Al girarme, descubrí que dos mujeres, que debían rondar los treinta años, estaban mirándome al otro lado del murete que dividía nuestras terrazas. Avergonzado, me enrollé la toalla y sonriendo en plan hipócrita, me metí de nuevo en mi habitación.

?¡Mierda!, voy a tener que poner un seto si quiero seguir bañándome en pelotas?, me dije molesto por la intromisión de las dos muchachas.

Acababa de terminar de vestirme cuando escuché que alguien tocaba el timbre, y sin terminar de arreglarme salí a ver quién era. Me sorprendió toparme de frente con mis dos vecinas. Debido al corte de verme siendo observado, ni siquiera había tenido tiempo de percatarme que además de ser dos preciosidades de mujer, las conocía:

Eran Tania y Sofía, la esposa y la hermana de Dmitri Paulovich, un narco al que había defendido hacía tres meses y que aprovechando que había conseguido sacarle de la trena mediante una elevada fianza, había huido de España, o al menos eso era lo que se suponía. Sin saber que decir, les abrí la puerta de par en par y bastante más asustado de lo que me hubiese gustado reconocer les pregunté en qué podía servirles.

Tanía, la mujer de ese sanguinario, en un perfecto español pero imbuido en un fuerte acento ruso, me pidió perdón si me habían molestado sus risas pero que les había sorprendido darse cuenta que su vecino no era otro que el abogado de su marido.

-Soy yo el que les tiene que pedir perdón. Llevo demasiado tiempo sin vecinos, y me había acostumbrado a nadar desnudo. Lo siento no se volverá a repetir.

-No se preocupe por eso. En nuestra Rusia natal el desnudo no es ningún tabú. Hemos venido a invitarle a cenar como muestra de nuestro arrepentimiento.

La naturalidad con la que se refirió a mi escena nudista, me tranquilizó y sin pensármelo dos veces, acepté su invitación, tras lo cual se despidieron de mí con un ?hasta luego?. De haber visto como Sofía me miraba el culo, quizás no hubiese aceptado ir esa noche a cenar, no en vano su hermano era el responsable directo de medio centenar de muertes.

Al cerrar la puerta, me desmoroné. Había luchado duro para conseguir un estatus y ahora de un plumazo, mi paraíso se iba a convertir en un infierno. Vivir pared con pared con uno de los tipos más peligroso de toda el hampa ruso era una idea que no me agradaba nada y peor, si ese hombre me había pagado una suculenta suma para conseguir que le sacara. Nadie se iba a creer que nuestra relación solo había consistido en dos visitas a la cárcel y que no tenía nada que ver con sus sucios enjuagues y negocios. Hecho un manojo de nervios, decidí salir a comer a un restaurante para pensar qué narices iba a hacer con mi vida ahora que la mafia había llamado a mi puerta. Nada más salir, comprendí que debía de vender mi casa y mudarme por mucho que la crisis estuviera en su máximo apogeo. En el portal de mi casa dos enormes sicarios estaban haciendo guardia con caras de pocos amigos.

Durante la comida, hice un recuento de los diferentes escenarios con los que me iba a encontrar. Si seguía viviendo a su lado, era un hecho que no iba a poderme escapar de formar parte de su organización, pero si me iba de espantada, ese hijo de puta se enteraría y podía pensar que no le quería como vecino, lo que era en la práctica una condena a muerte. Hiciera lo que hiciese, estaba jodido. ?Lo mejor que puedo hacer es ser educado pero intentar reducir al mínimo el trato?, me dije prometiéndome a mí mismo que esa noche iba a ser la primera y última que cenara con ellos.

Recordando las normas de educación rusa, salí a comprar unos presentes que llevar a la cena. Según su estricto protocolo el invitado debía de llevar regalos a todos los anfitriones y como no sabía si Dmitri estaba escondido en la casa, opté por ser prudente y decidí también comprarle a él. No me resultó fácil elegir, un mafioso tiene de todo por lo que me incliné por lo caro y entrando en Loewe le compré unos gemelos de oro. Ya que estaba allí, pedí consejo a la dependienta respecto a las dos mujeres.

-A las rusas les encantan los pañuelos-, me respondió.

Al salir por la puerta, mi cuenta corriente había recibido un bajón considerable pero estaba contento, no iban a poderse quejar de mi esplendidez. No me apetecía volver a casa, por lo que para hacer tiempo, me fui al corte inglés de Serrano a comprarme un traje. De vuelta a mi piso, me dediqué a leer un rato en una tumbona de la piscina, esperando que así se me hiciera más corta la espera. Estaba totalmente enfrascado en la lectura, cuando un ruido me hizo levantar mi mirada del libro. Sofía, la hermana pequeña del mafioso, estaba dándose crema completamente desnuda en su terraza. La visión de ese pedazo de mujer en cueros mientras se extendía la protección por toda su piel, hizo que se me cayera el café, estrellándose la taza contra el suelo.

Asustado, me puse a recoger los pedazos, cuando de repente escuché que me decía si necesitaba ayuda. Tratando de parecer tranquilo, le dije que no, que lo único que pasaba era que había roto una taza.

-¿Qué es lo que ponerle nervioso?- me contestó.

Al mirarla, me quedé petrificado, la muchacha se estaba pellizcando su pezones mientras con su lengua recorría sensualmente sus labios. Sin saber qué hacer ni que responder, terminé de recoger el estropicio y sin hablar, me metí a la casa. Ya en el salón, miré hacia atrás a ver que hacía. Sofía, consciente de ser observada, se abrió de piernas y separando los labios de su sexo, empezó a masturbarse sin pudor. No tuve que ver más, si antes tenía miedo de tenerles de vecinos, tras esa demostración estaba aterrorizado. Dmitri era un hijo de perra celoso y no creí que le hiciera ninguna gracia que un picapleitos se enrollara con su hermanita.

?Para colmo de males, la niña es una calientapollas?, pensé mientras trataba de tranquilizarme metiéndome en la bañera. ?Joder, si su hermano no fuera quién es, le iba a dar a esa cría lo que se merece?, me dije al recordar lo buenísima que estaba, ?la haría berrear de placer y la pondría a besarme los pies?.

Excitado, cerré los ojos y me dediqué a relajar mi inhiesto miembro. Dejándome llevar por la fantasía, visualicé como sería ponerla en plan perrito sobre mis sabanas. Me la imaginé entrando en mi habitación y suplicando que le hiciera el amor. En mi mente, me tumbé en la cama y le ordené que se hiciera cargo de mi pene. Sofía no se hizo de rogar y acercando su boca, me empezó a dar una mamada de campeonato. Me vi penetrándola, haciéndola chillar de placer mientras me pedía más. En mi mente, su cuñada, alertada por los gritos, entraba en mi cuarto. Al vernos disfrutando, se excitó y retirando a la pelirroja de mí, hizo explotar mi sexo en el interior de su boca.

Era un imposible, aunque se metieran en mi cama desnudas nunca podría disfrutar de sus caricias, era demasiado peligroso, pero el morbo de esa situación hizo que no tardara en correrme. Ya tranquilo, observé que sobre el agua mi semen navegaba formando figuras. ?Qué desperdicio?, me dije y fijándome en el reloj, supe que ya era la hora de vestirme para la cena.

A las nueve en punto, estaba tocando el timbre de su casa. Para los rusos la puntualidad es una virtud y su ausencia una falta de educación imperdonable. Una sirvienta me abrió la puerta con una sonrisa y, cortésmente, me hizo pasar a la biblioteca. Tuve que reconocer que la empresa de mudanzas había hecho un buen trabajo, era difícil darse cuenta que esas dos mujeres llevaban escasas doce horas en ese piso. Todo estaba en su lugar y en contra de lo que me esperaba, la elección de la decoración denotaba un gusto que poco tenía que ver con la idea preconcebida de lo que me iba encontrar. Había supuesto que esa familia iba hacer uso de la típica ostentación del nuevo rico. Sobre la mesa, una botella de vodka helado y tres vasos.

-Bienvenido-, escuché a mi espalda. Al darme la vuelta, vi que Tanía, mi anfitriona, era la que me había saludado. Su elegancia volvió a sorprenderme. Enfundada en un traje largo sin escote parecía una diosa. Su pelo rubio y su piel blanca eran realzados por la negra tela.

-Gracias- le respondí -¿su marido?

-No va a venir, pero le ha dejado un mensaje- me contestó y con gesto serio encendió el DVD.

En la pantalla de la televisión apareció un suntuoso despacho y detrás de la mesa, Dmitri. No me costó reconocer esa cara, puesto que, ya formaba parte de mis pesadillas. Parecía contento, sin hacer caso a que estaba siendo grabado, bromeaba con uno de sus esbirros. Al cabo de dos minutos, debieron de avisarle y dirigiéndose a la cámara, empezó a dirigirse a mí.

-Marcos, ¡Querido hermano!, siento no haberme podido despedirme de ti pero, como sabes mis negocios, requerían mi presencia fuera de España. Solo nos hemos visto un par de veces pero ya te considero de mi sangre y por eso te encomiendo lo más sagrado para mí, mi esposa y mi dulce hermana. Necesito que no les falte de nada y que te ocupes de defenderlas si las autoridades buscan una posible deportación. Sé que no vas a defraudar la confianza que deposito en ti y como muestra de mi agradecimiento, permíteme darte este ejemplo de amistad- En ese momento, su esposa puso en mis manos un maletín. Dudé un instante si abrirlo o no, ese cabrón no había pedido mi opinión, me estaba ordenando no solo que me hiciera cargo de la defensa legal de ambas mujeres sino que ocupara de ellas por completo.

?No tengo más remedio que aceptar sino lo hago soy hombre muerto?, pensé mientras abría el maletín. Me quedé sin habla al contemplar su contenido, estaba repleto de fajos de billetes de cien euros. No pude evitar exclamar:

-¡Debe haber más de quinientos mil euros!

-Setecientos cincuenta mil, exactamente- Tania me rectificó -es para cubrir los gastos que le ocasionemos durante los próximos doce meses.

?¡Puta madre! Son ciento veinticinco millones de pesetas, por ese dinero vendo hasta mi madre?, me dije sin salir de mi asombro. El ruso jugaba duro, si aguantaba, sin meterme en demasiados líos, cinco años, me podía jubilar en las Islas vírgenes.

-Considéreme su abogado- dije extendiéndole la mano.

La mujer, tirando de ella, me plantó un beso en la mejilla y al hacerlo pegó su cuerpo contra el mío. Sentir sus pechos me excitó. La mujer se dio cuenta y alargando el abrazo, sonriendo, me respondió cogiendo la botella de la mesa:

-Hay que celebrarlo.

Sirvió dos copas y de un solo trago se bebió su contenido. Al imitarla, el vodka quemó dolorosamente mi garganta, haciéndome toser. Ella se percató que no estaba habituado a ese licor y aun así las rellenó nuevamente, alzando su copa, hizo un brindis en ruso que no comprendí y al interrogarla por su significado, me respondió:

- Qué no sea ésta la última vez que bebemos juntos, con ayuda de Dios-

Es de todos conocidos la importancia que dan lo eslavos a los brindis, y por eso buscando satisfacer esa costumbre, levanté mi bebida diciendo:

-Señora, juro por mi honor servirla. ¡Que nuestra amistad dure muchos años!

Satisfecha por mis palabras, vació su vodka y señalándome el mío, esperó a que yo hiciera lo mismo. No me hice de rogar, pensaba que mi estómago no iba a soportar otra agresión igual pero en contra de lo que parecía lógico, ese segundo trago me encantó. En ese momento, Sofía hizo su entrada a la habitación, preguntando que estábamos celebrando. Su cuñada acercándose a ella, le explicó:

-Marcos ha aceptado ser el hombre de confianza de Dmitri, sabes lo que significa, a partir de ahora debes obedecerle.

-Por mí, estar bien. Yo contenta- respondió en ese español chapurreado tan característico, tras lo cual me miró y poniéndose melosa, me dijo: -no dudar de colaboración mía.

Su tono me puso la piel de gallina. Era una declaración de guerra, la muchacha se me estaba insinuando sin importarle que la esposa de su hermano estuviera presente. Tratando de quitar hierro al asunto, decidí preguntarles si había algo urgente que tratar.

-Eso, ¡mañana! Te hemos invitado y la cena ya está lista-, contestó Tanía, zanjando el asunto.

-Perdone mi despiste, señora, le he traído un presente- dije dando a cada una su paquete. La dependienta de Loewe había acertado de pleno, a las dos mujeres les entusiasmó su regalo. Según ellas, se notaba que conocía al sexo femenino, Dmitri les había obsequiado muchas cosas pero ninguna tan fina.

-¿Pasamos a cenar?- preguntó Tania.

No esperó mi respuesta, abriendo una puerta corrediza me mostró el comedor. Al entrar estuve a punto de gritar al sentir la mano de Sofía magreándome descaradamente el culo. Intenté que la señora de la casa no se diera cuenta de los toqueteos que estaba siendo objeto pero dudo mucho que una mujer, tan avispada, no se percatara de lo que estaba haciendo su cuñada. Con educación les acerqué la silla para que se sentaran.

-Eres todo un caballero- galantemente me agradeció Tania. -En nuestra patria se ha perdido la buena educación. Ahora solo abundan los patanes.

Esa rubia destilaba clase por todos sus poros, su delicado modo de moverse, la finura de sus rasgos, hablaban de sus orígenes cien por cien aristocráticos. En cambio, Sofía era un volcán a punto de explotar, su enorme vitalidad iba acorde con el tamaño de sus pechos. La naturaleza la había dotado de dos enormes senos, que en ese mismo instante me mostraba en su plenitud a través del escote de su vestido.

?Tranquilo macho, esa mujer es un peligro?, tuve que repetir mentalmente varias veces para que la excitación no me dominara:?Si le pones la mano encima, su hermano te corta los huevos?

La incomodidad inicial se fue relajando durante el trascurso de la cena. Ambas jóvenes no solo eran unas modelos de belleza sino que demostraron tener una extensa cultura y un gran sentido del humor, de modo que cuando cayó la primera botella, ya habíamos entrado en confianza y fue Sofía, la que preguntó si tenía novia.

-No, ninguna mujer con un poco de sentido común me aguanta. Soy el prototipo de solterón empedernido.

-Las españolas no saber de hombres, ¿Verdad?, -.

Esperaba que Tanía, cortarse la conversación pero en vez de ello, contestó:

-Si, en Moscú no duras seis meses soltero. Alguna compatriota te echaría el lazo nada más verte.

-¿El lazo?, y ¡un polvo!- soltó la pelirroja con una sonrisa pícara.

Su cuñada, lejos de escandalizarse de la burrada que había soltado la pelirroja, se destornilló de risa, dándole la razón:

-Si nunca he comprendido porqué en España piensan que las rusas somos frías, no hay nadie más caliente que una moscovita. Sino que le pregunten a mi marido.

Las carcajadas de ambas bellezas fueron un aviso de que me estaba moviendo por arenas movedizas y tratando de salirme del pantano en el que me había metido, contesté que la próxima vez que fuera tenía que presentarme a una de sus amigas. Fue entonces cuando noté que un pie desnudo estaba subiendo por mi pantalón y se concentraba en mi entrepierna. No tenía ninguna duda sobre quien era la propietaria del pie que frotaba mi pene. Durante unos minutos tuve que soportar que la muchacha intentara hacerme una paja mientras yo seguía platicando tranquilamente con Tania. Afortunadamente cuando ya creía que no iba a poder aguantar sin correrme, la criada llegó y susurró al oído de su señora que acababan de llegar otros invitados.

Sonriendo, me explicó que habían invitado a unos amigos a tomar una copa, si no me importaba, tomaríamos el café en la terraza. Accedí encantado, ya que eso me daba la oportunidad de salir airoso del acoso de Sofía. Camino de la azotea volví a ser objeto de las caricias de la pelirroja. Con la desfachatez que da la juventud, me agarró de la cintura y me dijo que estaba cachonda desde que me vio desnudo esa mañana. Tratando de evitar un escándalo, no tuve más remedio que llevármela a un rincón y pedirle que parara que no estaba bien porque yo era un empleado de Dmitri,

La muchacha me escuchó poniendo un puchero, para acto seguido decirme:

-Yo dejarte por hoy, pero tú dame beso.

No sé por qué cedí a su chantaje y cogiéndola entre mis brazos acerqué mis labios a los suyos. Si pensaba que se iba a conformar con un morreo corto, estaba equivocado, pegándose a mí, me besó sensualmente mientras rozaba sin disimulo su sexo contra mi pierna. Tenía que haberme separado en ese instante pero me dejé llevar por la lujuria y agarrando sus nalgas, profundicé en ella de tal manera que si no llega a ser porque escuchamos que los invitados se acercaban la hubiese desnudado allí mismo.

?¡Cómo me pone esta cría!?, pensé mientras disimulaba la erección.

Tania, ejerciendo de anfitriona, me introdujo a las tres parejas. Dos de ellas trabajaban en la embajada mientras que el otro matrimonio estaba de visita, lo más curioso fue el modo en que me presentó:

-Marcos es el encargado de España, cualquier tema en ausencia de mi marido tendréis que tratarlo con él.

Las caras de los asistentes se transformaron y con un respeto desmedido se fueron presentado, explicando cuáles eran sus funciones dentro de la organización. Asustado por lo súbito de mi nombramiento, me quedé callado memorizando lo que me estaban diciendo. Cuando acabaron esperé a que Tania estuviese sola y acercándome a ella, le pedí explicaciones:

-Tú no te preocupes, poca gente lo sabe pero yo soy la verdadera jefa de la familia. Cuando te lleguen con un problema, solo tendrás que preguntarme.

Creo que fue entonces cuando realmente caí en la bronca en la que me había metido. Dmitri no era más que el lacayo que su mujer usaba para sortear el machismo imperante dentro de la mafia y ella, sabiendo que su marido iba a estar inoperante durante largo tiempo, había decidido sustituirlo por mí. Estaba en las manos de esa bella y fría mujer. Sintiéndome una mierda, cogí una botella y sentado en un rincón, empecé a beber sin control. Desconozco si me pidieron opinión o si lo dieron por hecho, pero al cabo de media hora la fiesta se trasladó a mi terraza porqué la gente quería tomarse un baño. Totalmente borracho aproveché para ausentarme y sin despedirme, me fui a dormir la moña en mi cama.

Debían de ser las cinco de la madrugada cuando me desperté con la garganta reseca. Sin encender la luz, me levanté a servirme un coctel de aspirinas que me permitiera seguir durmiendo. Tras ponerme el albornoz, salí rumbo a la cocina pero al cruzar el salón, escuché que todavía quedaba alguien de la fiesta en la piscina. No queriendo molestar pero intrigado por los jadeos que llegaban a mis oídos, fui sigilosamente hasta la ventana para descubrir una escena que me dejó de piedra. Sobre una de las tumbonas, Tania estaba totalmente desnuda y Sofía le estaba comiendo con pasión su sexo. No pude retirar la vista de esas dos mujeres haciendo el amor. La rubia con la cabeza echada hacia atrás disfrutaba de las caricias de la hermana de su marido mientras con sus dedos no dejaba de pellizcarse los pechos. Era alucinante ser coparticipe involuntario de tanto placer, incapaz de dejar de mirarlas mi miembro despertó de su letargo e irguiéndose, me pidió que le hiciera caso. Nunca he sido un voyeur pero reconozco que ver a Sofía disfrutando del coño de Tania era algo que jamás iba a volver a tener la oportunidad de ver y asiéndolo con mi mano, empecé a masturbarme.

Llevaban tiempo haciéndolo porque la rubia no tardó en retorcerse gritando mientras se corría en la boca de su amante. Pensé que con su orgasmo había terminado el espectáculo, pero me llevé una grata sorpresa al ver como cambiaban de postura y Sofía se ponía a cuatro patas, para facilitar que las caricias de la otra mujer. Fue entonces cuando me percaté que Tanía estaba totalmente depilada y que encima tenía un culo de infarto. Completamente dominado por la lujuria, disfruté del modo en que le separó las nalgas. Mi recién estrenada jefa sacando su lengua se entretuvo relajando los músculos del esfínter. Sofía tuvo que morderse los labios para no gritar al sentir que su ano era violado por los dedos de la mujer.

Si aquello ya era de por sí alucinante, más aún fue ver que Tanía se levantaba y se ajustaba un arnés con un tremendo falo a su cintura. Le susurró unas dulces palabras mientras se acercaba y colocando la punta del consolador en el esfínter de su indefensa cuñada, de un solo golpe se lo introdujo por completo en su interior. Sofía gritó al sentir que se desgarraba por dentro, pero no intentó liberarse del castigo, sino que meneando sus caderas buscó amoldarse al instrumento antes de empezar a moverse como posesa. Su cuñada esperó que se acomodase antes de darle una fuerte nalgada en el culo. Fue el estímulo que ambas necesitaban para lanzarse en un galope desbocado. Para afianzarse, la rubia uso los pechos de su cuñada como agarre y mordiéndole el cuello, cambió el culo de la muchacha por su sexo y con fuerza la penetró mientras su indefensa víctima se derrumbaba sobre la tumbona. Los gemidos de placer de Sofía coincidieron con mi orgasmo y retirándome sin hacer ruido, volví a mi cama aún más sediento de lo que me levanté.

?Hay que joderse, pensaba que la fijación de Sofía por mí me iba a traer problemas con Dmitri, pero ahora resulta que también es la putita de su cuñada. Sera mejor que evite cualquier relación con ella?.

Capítulo dos:

Ese domingo se me pegaron las sábanas de manera que ya habían dado las doce cuando fui a la cocina a desayunar. Esa mañana me serví un café triple que me hiciera reaccionar. La cafeína recorriendo las venas era lo que necesitaba para poder pensar. Haciendo un repaso a las últimas veinticuatro horas me di cuenta de lo mucho que había cambiado mi vida. Hasta ayer, mi profesión era ser abogado penalista pero no sabía exactamente cuál iba a ser en el futuro. Me había vendido a la mafia, y como cuentan de la droga, se sabe cómo uno entra pero no como sale. Solo esperaba que no fuera dentro de un cajón de madera.

Por otra parte estaba el tema de Sofía. La muchacha estaba para mojar pan, pero solo hablarla era peligroso. Si me enrollaba con ella, podía causar el enfado de Dmitri y de Tania y lo más gracioso del asunto, no tenía claro cuál de los dos era más peligroso. Pensando en ello, salí taza en mano a mi terraza. De haberlo analizado antes quizás no hubiese decidido tomar el aire puesto que allí era sencillo que cualquiera de las dos mujeres me viera y eso era lo último que me apetecía. Afortunadamente no había nadie y de esa forma me tumbé tranquilamente en una hamaca sin que nadie me molestara. El sol, pegándome en la cama, me dio sueño y acomodándome, me quedé dormido.

No debía de llevar medía hora transpuesto cuando escuché el clásico ruido de alguien tirándose a la piscina. Creí que era la descarada de Sofía pero al abrir los ojos me llevé la sorpresa que quien estaba subiendo por la escalerilla no era otra que su cuñada Tania. Estaba espectacular con un bikini rojo, de esos, que en vez de ocultar la desnudez de quien lo lleva, realza las formas de su cuerpo.

-¿Todavía durmiendo?, creí que eras activo cuando te contraté. Ven al agua, está buenísima.

-Ahora voy, espera que me ponga un traje de baño- respondí.

Curiosamente creí descubrir un mohín en su rostro como si hubiese esperado que me bañara otra vez desnudo. Me di toda la prisa que pude, de manera que en menos de dos minutos ya estaba con ella en la piscina. La mujer, sin hacerme caso, se dedicó a hacer largos durante media hora, por lo que no tuve más remedio que imitarla. Era una nadadora estupenda, me costaba seguir su ritmo, se notaba que esa mujer estaba acostumbrada a hacer ejercicio. Ya estaba agotado cuando debió pensar que era suficiente y saliendo de la piscina, se acostó en la misma tumbona que la noche anterior usó para tirarse a su cuñada.

Sin saber qué hacer, la seguí afuera y me tumbé en una que había al lado. Era como si yo no existiera. Mirándola de reojo, me encandilé de la perfección de sus curvas. Sus pechos al no ser tan grandes, tenían una consistencia que sería la envidia de cualquier española y el sueño de cualquier español. Sus piernas eran largas y divinamente contorneadas. Su estómago completamente liso no tenía ni rastro de grasa.

?¡Quien se la follara!?, me dije mientras con mi vista la seguía devorando. ?no me extraña que Dmitri sea su perro faldero, yo también me dejaría poner un collar si con ello compartiera su alcoba?.

Como si además de bella, esa mujer tuviese telepatía, de pronto me pidió que le diese crema. Nervioso como un quinceañero, cogí el bote y derramando un podo en su espalda, empecé a extendérsela por su cuello. El tacto de su piel era suave. Poco a poco fui tomando confianza y mis manos empezaron a recorrer su espalda con absoluta libertad. Nunca en mi vida había tenido una hembra semejante a mi disposición para darle bronceador y por eso quizás lo hice tan sumamente lento que parecía un masaje.

Me estaba poniendo bruto mientras Tania, ajena a cuales eran mis sentimientos, permanecía con los ojos cerrados. Al terminar de extenderle la crema por la espalda no creí conveniente seguir con sus piernas y menos con el culo, por lo que cerrando el bote volví a mi tumbona. No me había tumbado cuando la escuché quejarse, pidiendo que terminara. No quería quemarse. Asustado pero a la vez ansioso de tocar sus piernas, me puse a su lado y cuidadosamente fui con mis manos llenas de crema dándole un masaje en las plantas de sus pies. Debió de gustarle por que empecé a oír unos gemidos de satisfacción, lo que me dio pie a sin ningún pudor recorrer sus piernas presionando sus músculos. Podía parecer un masaje profesional, pero yo sabía que no lo era, al ser consciente de la tremenda erección que estaba soportando.

Quedaba lo mejor y lo más difícil. Sus glúteos esperaban mis manos y no podía defraudarlos. Con mi sexo dolorosamente tieso, eché un buen montón de crema en cada nalga antes de siquiera pensar en posar mis palmas en esos monumentos.

?Qué belleza?, me dije al acariciarlos.

Como si fuera una obra de arte y yo un restaurador, fui mimando con mis manos cada centímetro de su piel sin atreverme a acercarme a ninguna de sus dos entradas. Estaba caliente pero no loco. Lentamente, fui profundizando en mis caricias, extendiendo la crema hasta donde la prudencia me dejó, sin dejar de pensar cómo sería poseer a esa mujer. Estaba a punto de cometer una idiotez cuando me habló:

-Marcos, ¡Para!

Saliendo de mi ensoñación, divisé que sus ojos se habían posado en mi pene y que lejos de indignarse, una sonrisa había hecho su aparición en su boca:

- Eres un maestro dando masajes pero yo soy tu jefa-.

No hizo falta que dijera más, avergonzado mascullé una disculpa y sin pensármelo dos veces, me lancé a la piscina esperando que se me bajara la excitación. Al salir, se había ido. Acojonado de haberla molestado, decidí salir a dar una vuelta por Madrid.

?¡Como puedo ser tan imbécil!, ¡Pero qué insensato soy!, ¿Cómo he podido ser tan animal de ponerme cachondo dándole crema??, no paré de decirme mientras me vestía. ?Esa tipa con solo chasquear los dedos podría matarme y voy yo y le meto mano, decididamente ¡Soy gilipollas!?.

Estaba sacando mi coche del garaje cuando uno de los gorilas de Tanía me hizo parar.

-Don Marcos, tenemos instrucciones precisas de protegerle, sino le importa: Yo conduzco.

Lo inesperado de su petición no me dejó reaccionar y antes que me diera cuenta, el ruso conducía y yo estaba sentado en la parte trasera del automóvil. La mafia es como un virus, en cuanto entra se extiende sin control por todos los aspectos de tu vida, dejas de ser libre para convertirte en un engranaje más de la organización. Era un hecho irrefutable que mi existencia rutinaria había cambiado y debía de amoldarme a ese nuevo ritmo de vida. Tenía mucho dinero y desconocía si tendría tiempo para gastarlo por lo que dirigiéndome al chofer le pedí que me llevara a Jockey, uno de los restaurantes más caros de Madrid. Solo había estado una vez y recordaba después de dos años su ensalada templada de cangrejos.

Al llegar a la puerta, el portero me recordó que por protocolo los clientes debían de llevar corbata y que el establecimiento ponía a mi disposición un extenso surtido para elegir. Sonreí pensando que era una pijería a la que tenía que acostumbrarme. Elegí una verde que combinaba con mi chaqueta y pasé adentro. Es una gozada el servicio, nada más entrar el maître me acompañó a una mesa y preguntó:

-Doña Tania, ¿le va a acompañar?

Me quedé pasmado. Al preguntarle como sabía que conocía a esa mujer, me respondió que lo había supuesto porqué era una de sus mejores clientas y yo había llegado con su chofer. Haciendo como si ese detalle no tuviera importancia, pedí que me trajeran un aperitivo. Nada más irse, mi mente empezó a recapacitar sobre su significado. Si un mero maître había hilado cabos que sería de la policía. Estaba seguro que en ese instante, mis datos estaban siendo revisados por la brigada central. En otras palabras; ¡estaba fichado! Cuando ya creía que nada podía ir peor, vi a Sofía entrando por la puerta y dirigiéndose a donde yo estaba. Como no tenía más remedio que aceptar su compañía, me levanté a acercarle la silla.

-Eres malo. Estaba sola y no me has invitado a comer- dijo con una de sus típicas sonrisas de niña buena.

?La verdad es que si esta monada no fuera la hermana de Dmitri, no me importaría nada tener con ella un escarceo. Realmente está buenísima?, pensé al observarla. Sabía perfectamente que no podía dejarme llevar, pero siempre es agradable sentir que una preciosidad como la que tenía enfrente se interesara por uno.

-¿Qué quieres tomar?- pregunté para romper el hielo.

-Un hombre bueno- respondió sin dejar de sonreír.

No me explico porque en vez de salir corriendo, decidí meterme con su deficiente español.

-Pues si quieres un modelo, no sé qué haces conmigo. Te llevo quince años.

Se quedó pensando, creo que tardó en comprender que le estaba tomando el pelo.

-Tu estar bueno pero yo decir corazón-, me contestó cogiendo mi mano y llevándola a su pecho.

No me esperaba que sin importarle las apariencias para explicarse me obligara a tocar esos maravillosos senos. No sé si más cortado que excitado o al revés, retiré mi mano, disimulando.

-No vuelvas a hacer eso- la reñí -estamos en un lugar público-.

-Ellos comprenden, yo con mi novio- dijo alegremente mientras volvía a llevársela a su pecho.

-Sofía, por favor, no hagas el ridículo- le susurré al oído.

La situación me estaba resultando harto incomoda, si Tanía era una asidua visitante no tardaría en enterarse que su cuñada se había comportado como una vulgar fulana.

-De acuerdo, pero tú y yo novios- me soltó como si nada.

Su insistencia hizo que saltaran todas mis alarmas y tomando aliento, le dije muy serio:

-Sofía, soy sólo tu abogado.

En ese momento vino el camarero a preguntarnos qué quería la señorita de beber. La interrupción hizo que tuviera que esperar a que la muchacha pidiera, para oír una contestación que me heló hasta el tuétano.

-No, tú mi novio. Yo ver en el juicio y Tania prometer tú eres mío.

Casi me caigo de la silla al oírlo. La zorra de su cuñada había comprado el piso de al lado y me había contratado, sólo con el propósito de regalarle, a su querida niña, un novio. Tratando de buscar una salida, se me ocurrió preguntarle qué era lo que opinaba Dmitri de eso y al oír su respuesta supe que estaba jodido:

-Gustar, con marido español no deportación.

No me quedaron fuerzas de seguir discutiendo, ese par de hijos de puta vieron, en el capricho de Sofía, una salida perfecta. Dmitri se aseguraba que no deportaran a su hermana y Tanía conseguía una fachada que le permitiera seguir tirándose a la hermanita de su esposo. Durante el resto de la comida, me mantuve en silencio rumiando las noticias que acababan de darme. Tras el sofocón inicial después de analizarlo, no me pareció tan mala idea y no solo porque estaba buenísima sino porque me daba una razón que hiciera dudar a la policía de mi verdadera relación con esa organización.

?Seré el marido de pega de esta niña y así ellos creerán que soy un pelele?.

Habiendo tomado ya la decisión, era necesario que hacerla pública y que mejor que fueran los propios camareros los que les fueran a la pasma con el chisme. Llamé al camarero y le pedí que nos trajera una botella de Moët.

Al venir con el carísimo champán, cogí el alambre del tapón e hice con él un rústico anillo. Sofía no entendía que narices estaba haciendo. Solo lo comprendió cuando poniéndome de rodillas, le pedí que se casara conmigo. El grito de alegría de la muchacha retumbó en el local, haciendo que todos los comensales se voltearan a ver como un cuarentón estaba postrado frente a una bella joven.

-Sí, ¡me caso contigo!- respondió chillando y sin parar de dar saltos de felicidad.

Aunque parezca increíble, los cincuenta ricachones que había en el restaurante se pusieron de pie y empezaron a aplaudir. Abochornado por el rotundo éxito de mi idea, tuve que agradecer a la audiencia. Con Sofía a mi lado, me di cuenta que todos esperaban el beso de rigor, por lo que no me quedó más remedio que agarrarla por la cintura y dárselo. La exagerada pasión que imprimió Sofía al beso terminó de convencer a todos que era real nuestra unión, creo que incluso debieron darse cuenta que cuando la muchacha dejó de restregarse contra mí, mi pene ya estaba en lo más álgido de la erección.

Decidí que ya era suficiente, y pidiendo la cuenta salimos del lugar, con el convencimiento que en ese momento todo el mundo comentaría en las mesas que otro pobre tonto que se había enamorado de su secretaria. No tenía sentido ir en dos coches, por lo que me subí al enorme mercedes 600 que había traído a mi futura esposa. Nada más sentarme junto a ella, me cogió la mano y me dijo:

-No creas que soy tonta. De imbécil, no tengo un pelo. Me gustas desde que te vi en el estrado pero sé que no me amas. Eso es cuestión de tiempo, estoy segura que vas a terminar enamorado de mí. Esto es un negocio, tú me das lo que yo quiero y yo lo que tú necesitas. Por cierto, como ves, ¡Tu mujercita habla perfectamente español y sin acento!

No supe que decir, me había engañado totalmente con su pose de niña boba. La mujer que tenía a mi lado era una actriz maravillosa, escondiéndose detrás de una supuesta estupidez pasaba inadvertida para los enemigos de su hermano y evitaba ser objeto de los celos de Tania.

-Tu llevarme a por anillo, no poder llegar con éste a casa- acurrucándose como una enamorada, me susurró mientras pasaba su mano por mi entrepierna.

Comprar un anillo un domingo en la tarde en Madrid es imposible, excepto si eres un mafioso ruso. Solo tuve que preguntarle al chofer y tras un par de llamadas, nos abrieron una lujosa joyería del barrio de Salamanca. Afortunadamente, Tanía me había dado ese enorme anticipo, porque si no los cien mil euros que me gasté en la puñetera piedra me hubieran quebrado. Mientras Sofía elegía el que más le gustaba, yo no podía dejar de pensar que diría su cuñada de todo esto, sabía a la perfección que formaba parte de su plan pero aún me venía continuamente a la mente la escena lésbica que había presenciado, por eso en cuanto tuve oportunidad le pregunté discretamente, para que no se enterara nuestro guardaespaldas, cómo íbamos a plantearlo.

-Tú, déjame a mí. Para Tania, soy una tonta que se ha encaprichado del primer hombre inteligente con el que se ha topado. Ella sabe que ayer nos besamos y creerá que no ha hecho falta que ella te obligara tal y como tenía planeado, sino que, como hombre, nos has podido resistirte a mis encantos.

Tomándome mi tiempo, fui al grano. Le conté lo que había visto y le expliqué mis temores. Ella al oírme, se echó a reír:

-Ya te dijimos que las moscovitas somos unas calentorras. Ni ella ni yo somos lesbianas pero, cuando no hay un hombre disponible, nos consolamos mutuamente. Por eso no te inquietes, mejor harías en preocuparte por el día que te pille con ella en la cama.

Más tranquilo y siguiéndole la corriente le dije:

-¿Qué harías?, ¿cortarme los huevos?

-No, bobo- respondió con una carcajada -la ayudaría a dejarte seco, ¡mi amor!

Solo piensa con esas dos bellezas en la misma cama, me excitó y fue entonces cuando tomé la decisión de hacerlo realidad y por vez primera, la besé sin que me diese miedo que alguien nos viera.

No me da vergüenza reconocer que, mientras volvíamos a casa, estaba acojonado. Aún después de las explicaciones de Sofía, seguía teniendo miedo a la reacción de la gran Jefa. Tania debía de cargar sobre sus espaldas con la autoría intelectual de un buen número de ejecuciones y de ajustes de cuentas, no me cabía duda que no debía de ser extraño que ella se hubiese despachado en persona a algún competidor pero era un hecho cierto que, siguiendo sus órdenes, sus sicarios se habían desembarazado de una buena cifra. Por eso me alegró que ella no estuviera cuando llegamos a su apartamento.

-¿Qué te apetece hacer?- ronroneó Sofía, pegando su cuerpo al mío.

Estábamos solos y en teoría, esa maravilla de mujer era mi novia. No me costó decidir, agarrándola de la cintura la besé mientras iba desabrochando su falda. Mi querida rusa suspiró al sentir que caía al suelo y como si llevara años sin ser acariciada se lanzó contra mí, desgarrando mi camisa. Sus dientes se apoderaron de mi pecho mientras su dueña intentaba desabrochar mi pantalón. Increíblemente excitada, gimió al ver mi sexo totalmente inhiesto saliendo de su encierro.

-Te deseo, ¡mi querido picapleitos!

Quería que nuestra primera vez fuera tranquila pero su ardor se me contagió y apoyando mi cuerpo contra la pared, le rompí las bragas y poniendo sus piernas alrededor de mi cintura, coloqué la punta de mi glande en su sexo. Sofía no pudo esperar y forzando sus labios, se empaló lentamente, sintiendo como se introducía centímetro a centímetro mi extensión en su cueva. Nada más sentir que la cabeza chocaba contra la pared de su vagina, empezó a cabalgar usándome de montura. Mi pene erecto era un puñal con el que quería matar su necesidad de ser tomada. Moviendo sus caderas se echó hacia atrás para darme sus pechos como ofrenda. La visión de sus pezones, contraídos por la excitación, fueron el acicate que necesitaba el tranquilo abogado para convertirse en Mr. Hade. Completamente dominado por la lujuria, usé una de mis manos para poner su pecho en mi boca.

Sofía gritó al notar que mis dientes se cerraban cruelmente sobre su pezón y agarrando mi cabeza, me pidió que no parara. La humedad que manaba de ella me informó de la cercanía de su orgasmo. Su respiración agitada no le permitía seguir alzándose sobre mi pene, por lo que tuve que ser yo quien, asiéndola de su culo, la ayudara a sacar y meter mi sexo dentro del suyo. Al percatarse que ya no le era tan cansada esa postura, se puso como loca y acelerando sus maniobras, explotó derramando su flujo sobre mis piernas. Los gemidos de placer de la muchacha me espolearon y como un joven garañón, galopé en busca de mi orgasmo. Ya no importaba que esa mujer fuera la hermana de un mafioso, en mi mente era mi hembra y yo, su semental. Siguiendo el dictado de mi instinto busqué esparcir mi simiente en su campo. Con el coño completamente mojado, Sofía gozaba cada vez que mi verga, al entrar y salir, presionaba sobre sus labios y rellenaba su vagina. Su clímax estaba siendo sensualmente prolongado por mis maniobras, llevándola del placer al éxtasis y vuelta a empezar. Clavando sus uñas en mi espalda, me rogó que me corriera, que necesitaba sentir mi eyaculación en su interior.

La entrega de la muchacha era total. Berreando en mis brazos, se estaba corriendo por segunda ocasión cuando al levantar mi cabeza, vi a su cuñada mirándonos desde la terraza. Su gesto no era de enfado sino de satisfacción, dándome a entender que aprobaba lo que estábamos haciendo. El morbo de ser observado, hizo que mi pene estallara dentro de Sofía mientras veía a la rusa volviendo a su piso.

-Vamos a tu cama, esto es solo un aperitivo de lo que vas a disfrutar conmigo- susurró mi recién estrenada novia.

Sus palabras me hicieron soñar en tenerlas a las dos entre mis brazos y llevándola en volandas, me dirigía a mi cuarto.

-¡Qué impetuoso!- me dijo al tirarla encima de mi cama y tumbarme a su lado,-pareces que tienes ganas de seguir dándole placer a tu mujercita-.

-Los españoles también somos unos calentorros- contesté mientras le abría las piernas y sin ningún tipo de delicadeza la volvía a penetrar.

Me recibió totalmente mojada y abrazándome con sus piernas, buscó que mi penetración fuera total.

-Cabrón, ¡Me estás poniendo a mil! Me gustaría que la boba de Tania nos viera. Se moriría de envidia al saber que tenía razón cuando, el día que te vi con el juez, le dije que eras un perfecto semental.

Solté una carcajada al oírla. Moviendo mis caderas, la atraje hacia mí y le expliqué que sus deseos se habían convertido en realidad.

-No te entiendo.

-Tania nos ha estado espiando mientras lo hacíamos en el salón, y te puedo prometer que no se le notaba enfadada-.

-¡Mierda!-, exclamó soltándose de mi abrazo -tengo que ir a hablar con ella. No quiero que se enoje-.

-Ahora soy yo el que no comprende, no me has dicho que estaba todo hablado-.

-Sí, pero la jefa es la jefa y querrá novedades-, me contestó mientras salía completamente desnuda de mi habitación y dando un portazo me dejó compuesto y sin novia.

?Quien entienda algo que me lo aclare?, pensé mientras me vestía. En teoría, las dos mujeres habían maniobrado para que Sofía me llevara a la cama, por lo que no comprendía cual era la urgencia. Con el paso de los minutos me fui poniendo cada vez más nervioso, al imaginarme que la muchacha me había mentido sobre la verdadera relación que le unía con su cuñada. Si en un principio estaba intrigado al cabo de la media hora estaba histérico:

?¡Joder!, la he cagado. ¡Me he tirado a su putita!?.

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