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La primer infidelidad en Relatos eroticos de Infidelidad

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marzo 9th, 2014 >> Relatos Eroticos

La primer infidelidad en Relatos eroticos de Infidelidad (relatos eroticos )

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La primer infidelidad en Relatos eroticos de Infidelidad (relatos eroticos )

Patricia no sabía bien como había comenzado todo, su marido le había llevado la computadora a casa para que se modernizara, varias veces bromeando le había dicho que conocería a mucha gente y que hasta pretendientes tendría, tras diecisiete años de casados eso no le causaba mucha ilusión, sin embargo reconocía que debía actualizarse para no quedarse atrás de sus hijas, y del resto de las amigas de su círculo.

En un principio no pasó nada fuera de lo común, comenzó a utilizar la aplicación del mensajero, y añadió solo a amigos y conocidos, Patricia puso una foto donde ella se veía guapa, y se sentía satisfecha del aspecto que el trabajo diario en el gimnasio le había ofrecido, a sus treinta y siete años lucia esbelta, y estilizada, sus caderas afiladas, largas piernas de muslos y pantorrillas torneadas, así como sus pechos aun erguidos a pesar de tres embarazos, destacaban en la fotografía donde portaba una pequeña minifalda negra, con una blusa de seda, y unos tacones altos que a su marido le gustaban mucho.

En cuanto la foto estuvo abierta al dominio público, noto como varios desconocidos que hurgaban en la red empezaron a enviarle solicitudes de amistad, en un principio, declino todas, pero la curiosidad de la mujer la llevo a verificar cada solicitud y el perfil de aquellos que deseaban establecer contacto con ella, y su naturaleza hizo que algunos de los perfiles de aquellos aspirantes le llamaran la atención irremediablemente.

Durante toda su adolescencia Patricia había sido muy socorrida por pretendientes que la frecuentaban, se había besado con varios de ellos, pero jamás había tenido relaciones sexuales hasta que conoció a Daniel, a quien le entrego su virginidad a los 16 años, y quien, a la postre se convertiría en su marido, ahora, a través de un medio tan impersonal como la red, se sentía como cuando era una jovencita recibiendo mensajes para que aceptara a gente que no conocía, algunos solo con la solicitud oficial del proveedor del servicio de mensajero, otros con notas más personalizadas, unos muy galantes y correctos, otros totalmente guarros y faltos de la más mínima educación.

Algunos de ellos eran verdaderamente descarados y hasta groseros, especialmente cuando Patricia había dejado bien claro en su perfil de presentación que era una mujer casada que solo buscaba amistad y nada más.

Leyendo algunos de ellos la mujer reía, y en otras ocasiones se escandalizaba, mensajes que oscilaban entre la devoción y el respeto, hasta aquellos que eran francamente ofensivos, uno de ellos decía cosas como: Puta, se nota que quieres verga, yo tengo una de 30 centímetros para romperte el culo y quitarte lo urgida.

Otro más era algo así: Paty, me llamo ——— y me encantaría conocerte para entablar una bella amistad, se nota que eres una mujer elegante y sofisticada con quien me gustaría platicar acerca de nuestros gustos en común, espero me aceptes para ser amigos y pasar horas de excelente charla y diversión.

Fue precisamente ese mensaje al cual Patricia dio el sí por primera vez a un desconocido, y como ella y José Luis iniciaron su amistad, él era un ingeniero en sistemas de veintiocho años de edad y se desvivía en elogios para ella, casi siempre los temas de conversación eran relacionados a música, moda, y muy de vez en cuando sobre las relaciones personales que ellos sostenían con sus respectivas parejas, todo siempre con un lenguaje propio y aseado, sin connotaciones sexuales y totalmente inicuos.

Al paso de tres meses ininterrumpidos de charla cibernética, él se animó a pedirle su teléfono y le ofreció el suyo, ella no reparo en dárselo, eran ya muchos días consecutivos de charlas que se alargaban por más de dos horas, en sesiones que hacían que las tardes de Patricia fueran más llevaderas, Daniel se la pasaba en su trabajo, y sus hijas crecían y se relacionaban más y más con los hijos de sus vecinos pasando poco tiempo acompañando a la joven señora de treinta y siete años que admitía cada vez más una especie de adicción a sus chats de la tarde, donde se divertía conversando con sus primas que radicaban en otras ciudades amigas de su círculo personal y esos desconocidos donde José Luis ocupaba un lugar especial por su corrección y amable platica.

Tras esos primeros tres meses, y darle el teléfono al joven al cual le llevaba nueve años de edad, Patricia noto como se emocionaba inusualmente cuando el teléfono sonó por primera vez y escucho la voz de su amigo cibernético, su voz era varonil, con cierto acento norteño, y a pesar de que él le había mandado ya varias fotografías de el en algún viaje de vacaciones, o en su oficina de trabajo, el escuchar su voz reporto una extraña sensación en la mujer que animada sustituyo la charla del chat por escuchar la voz de aquel joven amable e interesado en todas las cosas que a ella le parecían interesantes.

En esta segunda fase de su amistad, las conversaciones del mensajero terminaban irremediablemente con una charla telefónica al final del día, él le había pedido que si por favor le enviaba algunas fotos más para poder conocerla aún mejor, ella no había reparado en hacerlo, algunas de las fotos mostraban a la atractiva señora en una fiesta formal con un vestido entallado y tacones altos, unas más, en minifalda de mezclilla y zapatillas bajas, con una blusa en cuello en V que dejaba entrever el escote y el canalillo perfecto que se formaba en su bronceada piel color canela, en otra, Patricia aparecía en la escalinata de un conocido centro social de la ciudad con una blusa de seda moteada en blanco y negro, semitransparente, una minifalda negra muy corta y unos enormes tacones de estilete que hacían que sus piernas lucieran tremendamente, ella se sentía halagada de cada uno de los respetuosos piropos de su interlocutor y agradecida internamente por que el joven la hacía sentir atractiva e interesante, reforzando su autoestima y haciéndola pasar ratos sensacionales.

En un día cualquiera, José Luis le pidió a Patricia poder conocerla en persona, ella se sintió turbada, ¿y si en persona la relación derivaba en una falta de respeto? Ella era una mujer casada, y mucha gente la conocía en la ciudad ¿y si alguien la veía con el chico y le decía a Daniel? El le dijo que le diera esa oportunidad, que moría de ganas de poder estrechar su mano y tomarse un café con ella, tras varios días de insistencia, y persistencia del varón, ella finalmente accedió, seria en un restaurante de comida rápida el lunes por la tarde, con lo cual cerraron su plática vespertina de viernes.

Todo el fin de semana Patricia se sintió alegre, dentro de ella se sentía atractiva, y aun cuando Daniel le hizo el amor furiosamente dos veces ese fin de semana, su mente estaba en otro lado, no porque no disfrutara a su marido o por que el no fuera un buen amante, sino porque sentía esa curiosidad y mariposas en el estómago que no sentía desde los días de la secundaria, ¿Por qué estoy así? Pensaba, será solo una charla de café, no va a pasar de ahí, no tengo por qué sentirme de esta manera, pero las sensaciones en su vientre no se detenían e inclusive su imaginación le jugo varias malas pasadas imaginando cosas plenamente sexuales con su interlocutor vespertino, pensamientos que ella reprimió tratando de distraer a su mente que le jugaba estas bromas inconscientes.

Finalmente el día llego, Patricia llevo a sus hijas a casa de su suegra, y manejo rumbo al punto de encuentro, pantalón de mezclilla de diseñador ceñido impecablemente a su curvilínea figura, destacando sus solidas caderas y breve cintura, blusa roja pegada al cuerpo, sin mangas, y una pañoleta a manera de bufanda rematando su cuello y zapatillas de tacón, elegante, actual y finamente sexy, se sentía bien consigo misma y esperaba proyectar eso con su amigo de ya más de cuatro meses de charla diaria, y al que había visto diversas fotografías, y a quien finalmente vería en vivo.

Estaciono su auto, y camino rumbo a la entrada del establecimiento, ahí, un grupo de varias personas hacia antesala esperando mesa, entro al lobby del lugar y oteo hacia las salas del restaurante, no reconoció a nadie ¿se habrá arrepentido? Pensó, al tiempo de que una mano toco levemente su hombro y escucho: ¿Paty? Volteo y ahí estaba el, más alto que ella, de pecho amplio y fuerte, de rasgos medianamente orientales, con una camisa de vestir blanca perfectamente planchada, jeans que mostraban unos muslos fuertes de futbolista, y zapatos de vestir negros lustrosos que denotaban pulcritud.

Patricia: Hola, que gusto verte, encantada

José Luis: Al contrario, gracias por aceptar venir a conocernos, estas más bella en persona que en las fotografías, y créeme, eso es realmente difícil, te felicito eres una mujer espectacular.

Patricia: Me halagas José Luis, tú eres más alto de lo que pensaba.

El tomo la iniciativa, tomando suavemente la mano de la mujer halo de ella y dijo que ya tenía una mesa pero que había preferido esperarla en la entrada para no fallar y que por un error no hubieran coincidido, especialmente cuando no se conocían personalmente.

La sensación de la mano del hombre en la suya hizo que Patricia sintiera un torbellino de sensaciones a través de sus terminales nerviosas ¿Cómo era eso posible? Solo la había tomado brevemente para orientarla hacia el lugar donde estaba la mesa y su cuerpo le jugaba rudo, ¡verdaderamente se sentía como colegiala! Caminaron, ella delante de él, y ella vio como la mirada de él se fijaba en sus redondeces establecidas claramente en el pantalón de mezclilla, y contrario a sentirse incomoda, esbozo una pequeña sonrisa, la selección de atuendo había sido la correcta.

Tras sentarse y ordenar café, la charla transcurrió fluida y sin contratiempos, con muchas risas y tocando muchos de los puntos que se daban durante sus pláticas cibernéticas, trabajo, estudios, gustos musicales, películas, parecía que el tiempo se había detenido, ella estaba feliz y el encantado, hasta que el reloj les recordó que era tiempo de marcharse, eran pasadas las siete y media de la noche, cuando la platicaba y el encuentro había comenzado a las cinco de la tarde.

José Luis: El tiempo vuela cuando uno la pasa bien ¿no crees?

Patricia: Si, vaya que ha sido rápido y tenemos más de dos horas charlando y parece que han sido cinco minutos.

José Luis: Si, tantas cosas que pueden pasar en dos horas, y aquí estamos, tranquilos y disfrutando juntos, ha sido algo sensacional que espero podamos repetir seguido amiga, ¡nada se compara a tener la compañía de una mujer hermosa e inteligente como tu durante este tiempo.

Patricia: SI, tienes razón, tantas cosas que se pueden hacer y esto ha sido algo muy bello, lo valoro muchísimo.

El tomo la mano de Patricia y la beso, ella se ruborizo, el sonrió abiertamente y le dijo, ¡me encanta como tus mejillas tomaron color con el rubor! Ella sonrió coqueta, pero después bajo la mirada ligeramente, si afirmo, parezco niña, no me hagas caso al tiempo que dentro de ella esa sensación eléctrica la recorría completa, desde el dorso de la mano donde él había plantado el inocente ósculo, hasta el botón en medio de sus piernas donde la descarga la hizo sentir inquieta.

Pidieron la cuenta y se levantaron, el caballerosamente le ofreció acompañarla a su carro, y caminaron ella delante de el rumbo al amplio estacionamiento donde el vehículo de ella estaba aparcado en uno de los rincones distantes, ya que, cuando llego, el sitio estaba lleno de gente, dejando poco lugar para estacionarse cerca de la puerta, el volvió a estirar la mano y rozando suavemente la mano de ella, se apodero de la llave del auto, apretó el botón del seguro de la puerta y la abrió para ella, el gesto de caballerosidad fue apreciado por Patricia quien agradeció, y procedió a subir al auto, él le entrego las llaves y cerro la portezuela.

Patricia: Todavía tengo media hora para recoger a los niños, ¿Dónde dejaste tu auto?

José Luis: Del otro lado del centro comercial, no había lugar y tuve que caminar para llegar hasta acá.

Patricia: ¿te llevo para que no camines?

José Luis: Es una oferta tentadora, ¡claro!

Dio la vuelta, abrió la puerta del lado del pasajero y se encaramo en el auto, Patricia no encendió el auto inmediatamente, fijo su mirada en el joven, sus anchos hombros, la cara algo tosca, y el aroma de su loción que en la sala del restaurante pasaba desapercibida ante la mezcla de aromas, pero que aquí, en el cerrado ambiente del automóvil se percibía con enorme claridad, restablecieron la plática, y conforme esta avanzaba, el recorría un poco su humanidad hacia donde ella estaba sentada, lucia muy bella, sus pechos apuntaban hacia él, su cadera afilada y sus muslos poderosos, la boca carnosa pintada del mismo rojo de la blusa, era sin duda una tentadora imagen para el que no sabía cómo acercarse más a la mujer.

Patricia comenzó a contarle acerca de cómo muchos de sus ex novios habían tratado de contactarla a través del mensajero pero que no había querido meterse en problemas aceptándolos ya que si Daniel se enteraba podría tener problemas, José Luis le pregunto si había alguno de ellos que todavía ?le moviera el tapete? ella sonrió y dijo que si: Hay uno, que se llama Francisco, a quien quise mucho y con quien andaba antes de conocer a mi marido, y con quien estuve a punto de meterme, pero no paso. ¿Y cuál fue la razón por la cual no consumaste ese amor de juventud?, si es que no te incomoda contármelo dijo el, Patricia le dijo, era una atracción física natural, el me encantaba, besaba deliciosamente, olía rico, me gustaba mucho, incluso llegamos a tener algo más que besos, pero no me anime a dar el paso y acostarme con él.

José Luis: ¿te gustan mucho los besos verdad?

Patricia: Si, mucho, y es que hay muchas clases distintas de besos, hay unos que saben más ricos que otros afirmo entre risas.

José Luis: a ver, ¿Cómo está eso de diferentes clases de besos? Yo pensaba que solo había beso francés y beso ?de piquito?

Y estallo en una carcajada, ella rio al parejo de su interlocutor y le explico:

Patricia: Hay besos consentidos, donde los dos se lo dan de común acuerdo, hay besos de lastima, que se dan a alguien solo por hacerlo sentir bien, también hay besos robados que son un arrebato de picardía cuando uno de los dos lo toma sin?.

José Luis no perdió tiempo, se inclinó sobre su costado y le planto un beso a Patricia, que fue silenciada por sus labios, abrió ligeramente la boca y mordisqueo las carnes de los gruesos labios de ella, y aventuro su lengua al interior de la cavidad bucal de la mujer casada que se sentía estremecida por la caricia e impactada por la velocidad con la cual el joven había dado el paso para besarla sin su consentimiento en perfecta sincronía con la descripción que ella hacía de ese tipo particular de beso, ella aflojo cualquier tipo de resistencia, y respondió al besos, su lengua jugueteo con las del varón que no cesaba de introducirse en su boca ávida, el movió su cuerpo y estrecho a Patricia con sus fuertes brazos, ella gimió ligeramente, en aprobación al abrazo, la apretó contra su pecho, y los besos siguieron uno tras otro, ninguno acertaba a decir nada y continuaron con la rutina amatoria de los besos, el bajo sus labios al cuello de ella, y con sus amplias manos acaricio la espalda de Patricia que ronroneo al contacto dentro de su cabeza resonaba fuertemente la pregunta ¿Qué estoy haciendo? Pero el resto de su cuerpo no desestimaba la oportunidad de que el hombre nueve años menor que ella la acariciara y la hiciera sentir deseada y atractiva, José Luis continuo acariciándola, bajando sus manos hasta la cintura de ella, uno de sus largos dedos se trabo en la presilla del pantalón y jugueteo con la blusa levantándola un poco con lo cual la caricia fue ya, en forma directa a la piel de Patricia, una vez más las descargas eléctricas, y esa sensación recorriendo la punta de sus pechos, y alertando la zona sur de su cuerpo que comenzó a segregar fluidos lubricando las partes íntimas de ella, y provocando una notable erección en él, misma que Patricia notaba por lo abultado que el paquete del hombre joven se veía desde esa posición atrás del volante, retorcida e inclinada hacia el asiento del pasajero, con el besando su cuello y acariciando su cintura y metiéndole la lengua en la boca.

De pronto, ella ceso, aparto a José Luis del beso y le dijo: ¡No, esto está mal ¿Qué estamos haciendo? Él sonrió y contesto quedamente con una voz ronca, No sabes cuánto quería hacer esto desde que te vi entrar al restaurante.

Patricia le dijo que era algo imposible, que ella era una mujer casada y que amaba a su marido, que todo era una amistad y que era un error hacer que degenerara en otra cosa, el asintió y escolio con presteza, no hicimos nada malo, simplemente tu boca es una invitación al beso, y no me pude resistir.

Ella encendió el auto y manejo rumbo al otro lado del estacionamiento para llevar a José Luis a su automóvil, él le pregunto con cierto dejo de timidez, ¿te gusto? Ella sonrió y asintió, si, besas muy rico, te felicito, debes hacer muy feliz a tu novia.

Patricia llego al lugar en donde José Luis le indico que estaba su carro, ella detuvo el auto, y él se inclinó para besarla suavemente en la mejilla, Patricia quedo muda ante el acto tierno del hombre, y no se retiró, él se percató inmediatamente de la actitud de ella y regreso rápidamente para plantarle otra beso apasionado con una batalla lingual intensa a la que la ama de casa casada no opuso la menor resistencia.

El separo sus labios de los de ella y le dijo suavemente, espero que esto que paso no afecta nuestras conversaciones diarias, y que por el contrario haga que podamos vernos personalmente más seguido, lo digo de todo corazón. Ella solo sonrió, asintió con la mirada y acoto, buenas noches José Luis ha sido un placer conocerte, él se apeó, cerró la puerta y ella acelero alejándose de el en medio de la noche.

Patricia no se metió al internet por tres días seguidos, y en el segundo día no contesto una llamada de su amigo cibernético, se sentía extraña, no podía dejar de reconocer cuanto se había excitado con los besos de él, al llegar a casa sus pantaletas estaban completamente empapadas y sus pezones le dolían al retirarse el sujetador, y a pesar de no querer admitirlo conscientemente se había masturbado furiosamente en la regadera al llegar a casa presa de un deseo inédito en ella que la consumía a la par de la culpa por haber caído en ese juego de amantes de internet del cual había leído en repetidas ocasiones y del cual jamás pensó podría haber sido la protagonista.

No había pasado nada realmente, unos besos no significan nada pensaba, no me acosté con él, no me metió mano, ¡fueron solo unos besos! Pero esa vocecilla diabólica que resonaba dentro de su conciencia no cesaba de repetirle ¡que rico seria acostarte con el! Imagínate un joven como el deportista y con esas piernas de futbolista haciéndote el amor, ¡nadie se daría cuenta!

La cordura obraba en dirección distinta a esa vocecilla malévola que aumentaba sus tentaciones, era casada, era feliz, era madre de familia, nunca se había acostado con nadie que no fuera su esposo, ¿sería una puta por haber hecho lo que hizo? Finalmente, cuatro días después cuando todos en su hogar se habían ido, Daniel a trabajar, y sus hijas a casa de algún amiguito de la cuadra, Patricia se sentó frente al ordenador, lo encendió, y abrió las ventanas de sus redes sociales y el mensajero, ahí estaba José Luis, esperándola, y su ventana popeo instantáneamente en cuanto se percató de su presencia.

José Luis: Hola espero estés muy bien, me encanto nuestra charla y haber tenido oportunidad de conocerte.

Patricia: Muchas gracias, a mí también me gustó mucho nuestro encuentro.

José Luis: Espero que pronto repitamos y que podamos hacerlo muchas veces, eres una dama encantadora.

Patricia: Gracias por lo de dama, realmente no sé si merezca ese título después de lo que paso.

José Luis: ¿pues qué paso? Por favor Patricia, eres una dama en toda la extensión de la palabra, ¡no pasó nada! Olvídalo, créeme que nos dejamos llevar como niños, solo fue algo para recordar y reír después, para mí no ha cambiado nada, y espero que para ti tampoco.

Patricia: ¿Entonces para ti no pasó nada, no te gustaron mis besos, fue algo tan insignificante? Porque para mí no lo fue, no sabes lo intranquila que me ha tenido lo que paso, me has hecho pecar, he tenido muchos malos pensamientos desde ese día.

José Luis: ¿Deveras? Por favor ¡cuéntame! Me encantaría conocer tus ?malos pensamientos? que, no creas, también han pasado por mi cabeza, pero prefiero tu amistad a perderte por una tontería. No me malentiendas, es algo muy especial besarse con una mujer como tú, ¡claro que fue algo delicioso! Pero sé también que no me dejaras repetirlo a menos que tú también quieras hacerlo ¿te gustaría?

Patricia: Ya me había hecho pensar en que verdaderamente no habías sentido nada besándome, me sentí herida en mi orgullo de mujer, cuando aquel día note que estaban tan excitado como yo?

José Luis: ¡a caray! ¿Pues que viste? Ja, ja,ja.

Patricia: No me preguntes?

José Luis: ¡Dime!

Patricia: Vi que tenías una erección cuando me besabas, se te notaba en el pantalón.

José Luis: Pues claro, ¡si no soy de madera! Me excite y mucho, me hubiera encantado tocarte y hasta hacerte el amor, pero sé que es algo que muy difícilmente sucederá.

Patricia: Me halaga saber eso.

Después de ese punto la conversación regreso a los tópicos usuales entre ambos, y así siguió en los siete días siguientes, ni siquiera una mención de un potencial nuevo encuentro entre ambos, películas, series de televisión, los juegos de futbol de él, y las rutinas de ejercicio de ella.

Tras dos semanas el volvió a invitarla a verse, y aunque con ciertos remilgos, ella accedió, y se vieron en un pequeño café escondido en un centro comercial, una vez más el ritual fue similar a la primera vez, caballerosidad y galanura ante la gente, ella ataviada con un pantalón de vestir color marrón que acentuaba su figura perfectamente, una blusa de seda con un botón abierto que dejaba ver su escote, y un sujetador de color carne rematado con bellos ornamentos de encaje, por abajo del apretado pantalón, una tanga en juego con el bra, y unas zapatillas muy monas de una marca italiana que levantaban las pantorrillas fuertes de la mujer, el igualmente a la primera vez, camisa de vestir, jeans ajustados, mocasines y un sweater.

Y al igual que en la primera cita, después de dos horas de charla, flirteos, risas y más, se dirigieron al auto de ella donde la rutina de los besos se repitió irremediablemente.

Una vez más, Patricia se abstuvo de entrar a la red por tres días, y al igual que en la primera cita, al llegar a casa se metió a darse un regaderazo buscando aplacar esa calentura que la atosigaba totalmente, sus dedos jugaron con la punta de sus enjabonados senos, acaricio y pellizco sus pezones, bajo sus manos hasta tocar la entrepierna húmeda y pegajosa, y masajeo su clítoris con desesperación, introdujo un par de dedos en su vagina para apaciguar el fuego que la abrasaba masturbándose con fervor.

No le fue suficiente, Patricia espero a su marido Daniel con un coqueto baby doll, y le hizo el amor ardientemente, Patricia era multiorgasmica, y Daniel era un buen amante con un miembro de tamaño promedio y grueso, siempre había conseguido hacerla gozar, y sus venidas eran espectaculares, en esta ocasión con la yesca encendida por su casi amante cibernético, el alcanzar el nirvana fue aún más fácil.

Al regresar a la red, Patricia trato de parecer más seria que la vez anterior, sentía que el juego estaba llegando demasiado lejos y que la próxima vez le sería aún más difícil controlar sus instintos y su ardiente temperamento, ahí estaba la ventana de José Luis, abierta, y esperando, un hola en letras mayúsculas recibió a Patricia que todavía no sabía cómo reaccionar, y que pensaba con seriedad en una forma de encontrar una salida al galimatías que se le presentaba con su cibernético amigo.

José Luis: Quiero decirte que aprecio en lo que vale lo que hicimos el otro día, realmente me hace sentir muy orgulloso el poder estar con una mujer tan elegante y bella, y que además, me prodigue sus atenciones personales, tal vez sin merecerlas, eres algo que no esperaba encontrar en mi vida Patricia, muchas gracias.

Se sintió desarmada, la trababa como a cualquier mujer le gusta que la traten, sabia también que como reza el viejo refrán: el amo acaricia al caballo para poder montarlo. Y quería ser precavida y no dejarse llevar por la pasión y el deseo, cayendo en una aventura que podría destruir su matrimonio y su familia por solamente una calentura.

Patricia: A ti, por tratarme como una dama, y hacerme sentir bonita y especial, estoy muy confundida, y si te soy sincera estoy pensando en que tal vez debamos dar por concluidas nuestras charlas y nuestros contactos, no sé a dónde podría llevarnos esto José Luis, y tengo miedo.

José Luis: No te preocupes Paty, llegara hasta donde tú quieras llegar, yo te valoro mucho, y no puedo ocultar que me excitas y me provocas, pero antepongo tu amistad a cualquier cosa, y sería una lástima dejar de hablarnos solo por ese temor infundado que tienes.

Patricia: Es que no es un temor infundado José Luis, no me puedo engañar a mí misma y he llegado a desearte mucho, y eso no es posible, soy una mujer casada y con responsabilidades.

Del otro lado del ordenador, el hombre esbozo una sonrisa, ese deseo de parte de la atractiva treintañera, reconocido ahora ante él, podría llevarlo a conseguir meterla en su cama, y en su espíritu de conquistador, sabía que había tocado los botones correctos.

José Luis: Yo también te deseo Paty, no sabes cuánto, pero respetare cada decisión que tomes, aun y cuando esta sea dejar de charlar o vernos.

La plática entre los aspirantes a amantes continuo por otros derroteros, una vez más temas triviales, motivados más por ella que por él, y así siguió una hora más, al terminar la sesión José Luis acoto que era una lástima que al término de la charla no pudiera haber besos a través de la computadora.

Así siguieron durante tres semanas, ni una mención de una posible cita, cero temas sexuales, muy parecido a la forma en la que había iniciado la relación, y fue en un viernes por la tarde cuando fue Patricia la que le pregunto a José Luis que si no tenía ganas de verla.

José Luis: ¡Claro que quiero verte!, pero la verdad es que después de aquella vez que me dijiste que tal vez ya no charlarías conmigo si las cosas seguían igual entendí que tú eras la que ya no querría verme personalmente otra vez.

Patricia: Lo he pensado mucho, y si en persona, nos comportamos como lo hacemos aquí, y dejamos atrás otras cosas seguiría siendo muy bueno sentarnos juntos a disfrutar de un buen café.

José Luis: ¡Ya está! Yo soy materia dispuesta y como quieras, quiero, tú dime cuando nos vemos y será un placer estar en tu compañía, donde tú digas.

La mujer suspiro, no podía entender cuanto había cambiado la sensación de conversar con su amigo a través de la fría pantalla de la computadora después de haber estado besándose apasionadamente en su carro dos ocasiones, aun recordaba la sensación de su mano jugando con el borde de su pantalón, el roce de esa mancho ancha de hombre tocando su espalda, y los escalofríos que la recorrieron, igualmente no podía dejar de pensar en cómo su urgencia la había llevado a masturbarse tras las dos primeras citas, y cuanto desearía tener esa protuberante erección que denotaban los ajustados vaqueros que José Luis había usado en ambas citas enterrada profundamente en su ser.

Patricia: ¿podría ser el martes próximo en la cafetería de costumbre querido José Luis?

José Luis: Desde luego, donde tú digas, pero quisiera pedirte un favor especial en esta ocasión, ¿puedo?

Patricia: SI claro, ¿dime?

José Luis: ¿Te acuerdas unas fotos tuyas que me mostraste hace unos meses con una minifalda de color rojo? Me encantaría verte con ella en persona, sé que sería algo sensacional y que yo disfrutaría muchísimo, ¡te ves hermosísima con ella puesta! (Y sin ella sería aún mejor? pensó)

Patricia: Ok, pero prométeme una cosa, no trataras de sobrepasarte si la llevo puesta ¿verdad?

José Luis: ¿Cómo crees Paty? El hombre llega hasta donde la mujer quiera ¿o no?

Patricia: Y si, podríamos vernos una hora antes de los acostumbrado, ¿podrías a las cuatro de la tarde? Me gustaría estar más tiempos juntos.

José Luis: Desde luego, ¡ansió profundamente que sea martes para verte en esa hermosa minifalda!

El chat se cerró, Patricia comenzó un fin de semana de inquietud con una enorme cachonderia y enormes deseos, mismos que fueron controlados por su marido que le hizo el amor repetidas veces en días consecutivos, pero, aun así, con varios orgasmos por sesión, Patricia sentía algo que aun la quemaba en medio de las piernas, era un deseo distinto, era algo que ella sabía, la llevaría a finalmente ceder y acostarse con el joven, así lo pensó, y lo acepto, el martes próximo se entregaría a él, a quien convertiría en el primer hombre después de su marido en acostarse con ella y tener relaciones sexuales en treinta y siete años de vida en esta tierra y diecisiete años de casada.

José Luis mientras tanto, y tras cerrar la ventana del chat, abrió la herramienta de fotografía de su ordenador y desplego algunas de las fotos de las que había hablado con Patricia en el chat, en ellas, Paty salía de un vehículo llegando a una fiesta con una minifalda roja que dejaba muy poco a la imaginación y donde se alcanzaba a distinguir un poco el negro de su tanga al descender del automóvil, en otra, estaba ella de pie, sosteniendo una copa de vino, con esas largas piernas torneadas, con unos enormes tacones altos, la minifalda en cuestión sin medias, una blusa negra algo traslucida que dejaba ver un bello sujetador negro con encaje en las copas, llenas, plenas de la carne de la morena, los labios de Patricia rojos carmesí, y una actitud muy sexy que la distinguía, en una foto más, la mujer que estaba por llegar a los cuarenta años se apreciaba bailando, y desde atrás sus espectaculares piernas lucían deliciosas, así como su trasero amplio y levantado, sus amplias caderas y hermosa espalda.

José Luis extrajo su pene del pantalón deportivo, y viendo a Patricia en las fotos, y recordando sus tórridas sesiones de besos se masturbo lentamente pensando en ella, su pene estaba listo, el también, ¿estaría Patricia lista para él? Si paso quince minutos acelerando y disminuyendo la intensidad de la sesión de auto caricias hasta que termino profusamente sin poder controlar que un chorro de semen caliente fuera a parar a la pantalla de la computadora donde la cara de Patricia aparecía en toda la pantalla, el líquido blanco y espeso termino su viaje en los labios rojo encendido y rostro de la mujer a la que el martes siguiente trataría de meter en su cama a como diera lugar.

El martes llego finalmente, patricia se esmeró en su arreglo personal ese día, le pidió a su suegra que si por favor pasaba por sus hijos ya que ella tendría una reunión con un cliente de la casa de joyería en la que ella entregaba diseños como parte de un trabajo adicional que todos en la familia sabían qué hacía para ganar un dinero extra de vez en cuando, se metió a bañar y noto que desde la una de la tarde su sexo estaba húmedo y caliente, se lavó a conciencia, recorto un poco el matojo de pelo que portaba en medio de las piernas dejándolo casi al ras, curiosamente ella y Daniel su marido gustaban de dejarlo largo y profuso, al natural, pero asumió que en esta época, donde muchos varones prefieren a mujeres con el sexo depilado a la brasileña, no quería provocar una mala impresión en su muy pronto nuevo amante, se puso una loción y crema para el cuerpo con un delicioso aroma a chabacano, tomo su fragancia francesa más cara y puso un poco en todos los puntos importantes y viéndose al espejo totalmente desnuda sonrió con picardía.

Tomo una juego de sujetador y tanga hermoso, nuevo el cual extrajo de la envoltura de la marca Victoria Secret, bellamente decorado en el encaje que tanto le gustaba, cuando se puso ambas prendas sintió como si ellas le acariciaran el cuerpo, siendo prendas totalmente de estreno, la sensación era diferente a las que ya había usado con antelación, tomo la minifalda roja y se la puso, después la blusa en color negro, algunas pulseras, un par de aretes diminutos, y procedió a arreglar su hermosa melena leonada de color café claro con algunas mechas en rubio que daban luz a su cara, maquillaje minucioso, sombras para resaltar el efecto dramático, pero sin excederse, no quería lucir como una buscona (¿pero lo era?) y finalmente, el toque definitivo, su boca jugosa de labios carnosos y tiernos en el lipstick rojo que tanto agradaba a su amigo, volteo al espejo de cuerpo entero al lado de su lecho, y aprobó su apariencia, estaba lista, y segura de que si todo marchaba bien, esa tarde sería sensacional y especial en su vida al conocer finalmente la sensación de otro hombre teniendo sexo con ella, y no solamente su marido.

José Luis salió de la oficina temprano, era jefe de sistemas en una compañía de exportación de tecnología para discos compactos, y no tenía un horario fijo, la mayor parte de las veces podía entrar y salir del complejo industrial donde está ubicada su fuente de empleo cada vez que lo requiriera.

Un pantalón nuevo, de mezclilla como le gustaba a Patricia, pegado, resaltando sus genitales, una camisa de vestir blanca y vaporosa, una cadena de oro discretamente colgada al cuello, calcetines de vestir, y zapatos negros formales brillosos y listos para atraer a la mujer que esperaba profundamente poder hacer suya esa tarde.

Estaba nervioso, ansioso, algo desesperado, el reloj transcurría con mucha lentitud y a las tres de la tarde ya había pasado por el café donde sería el encuentro un par de veces, decidió ir a la farmacia de un centro comercial cercano a comprar preservativos y una botella de lubricante, por si llegara a necesitarse, en su mente ya había penetrado a Patricia por todos sus orificios, la había deseado de todas las formas posibles, era una incógnita como seria aquella hembra morena en el terreno sexual, si bien, ya sabía que ella decía tener una vida una vida sexual plena dentro de su relación matrimonial, le calentaba saber que también aparte de acostarse con su marido ella se tocaba íntimamente con el como objeto de sus deseos más ocultos.

Compro los preservativos y bobeo un poco en la farmacia tratando de matar el tiempo, el estante de revistas fue un buen pretexto para tardar diez minutos más, y después pidió una bebida refrescante que pago al mismo tiempo que un par de revistas y los condones, se dirigió a la salida con el reloj indicando 20 minutos para la cita.

Patricia manejo rumbo al café, lucia esplendorosa, era un manjar para la vista, la señora resaltaba notablemente, al salir de su casa y subir al carro un camión de construcción atestado de obreros se habían encargado de recordarle que tan bien se veía, cualquier cantidad de guarradas, y piropos populacheros invadieron el aire, cosas tales como ¡mamacita, en esa cola si me formo! o vulgaridades detestables como: ¡Culito, me como tu caca! o un estentóreo ¡te bajo la regla a chupetones! Mas silbidos y otros signos de admiración la hicieron sonrojarse profundamente ¿luciría como una puta? Se preguntó a sí misma, cavilando si debió haber escogido tal vez algo más conservador y apropiado para el horario, sin embargo, siendo diseñadora sabía que siempre había tenido buen gusto y que la elección del vestuario si bien era atrevido, no caía en la vulgaridad.

El teléfono celular sonó en el auto de Patricia, pensó que tal vez sería José Luis, pero era Carmen, la hermana de la mujer que le pregunto qué planes tenia para el resto de la tarde, ella contesto que tenía una cita de trabajo relacionado con la joyería siguiendo con el mismo cuento que le había contado a su suegra, Carmen noto algo en su voz, por que inmediatamente le dijo: Hermanita, no se te olvide usar condón, y espero que te la pases muy rico?

¿Cómo sabia Carmen que estaba a punto de consumar su infidelidad? ¿Se notaría mucho? ¿y si su marido o su suegra notaron lo mismo que Carmen y sabían que iba a entregar su cuerpo a otro hombre que no era su esposo? Patricia le dijo: Pendeja ¿de dónde sacas eso? A lo que su hermana le contesto con total descaro: Hay mija, ¿le quieres enseñar el padre nuestro al papa?, si alguien sabe de putear soy yo, y lo sabes bien (Carmen se había divorciado ya un par de veces y había tenido una incontable cantidad de amantes a lo largo de su vida que entre matrimonio y matrimonio era totalmente promiscua) Patricia se rio fuerte disimulando en lo posible su preocupación: Si no soy tu pendeja, afirmo, Carmen le dijo, hace rato pase por tu casa pero no me viste, vi como estas vestida, y estoy seguro que esa ropa no es la que te pones para las citas de trabajo, siempre usas trajes sastre y ropa mucho más formal, es claro que vas con un hombre y que vas a ir a coger ¿para qué te haces la mosca muerta? Soy tu hermana y apoyo lo que quieras hacer, pero ten precaución, usa condón y cógete a este o a los que quieras pero siendo inteligente, acuérdate hermanita que el que se enamora pierde y tú tienes una familia muy bien hecha y un buen cornudo, ¡upps! Perdón, marido, disfruta y coge riquísimo, pero se inteligente, me voy, que disfrutes mucho tu verga nueva.

Patricia no pudo contestar, se quedó callada ante la asertiva declaración de su hermana menor, estaba impactada de que la gran experiencia sexual fuera del matrimonio de Carmen, así como el ver la ropa que traía puesta habían sido suficientes para que ella dedujera al pie de la letra a donde iba, que haría e inclusive darse el lujo de darle consejos ante esta situación inusual en su vida.

Llego al café, estaciono el vehículo, descendió de él y camino rumbo a la recepción del establecimiento, ahí, José Luis la esperaba, ella noto que él se había ataviado exactamente como alguna vez le había dicho que le encantaba verlo, camino hacia el con ese contoneo de caderas tan natural en ella, varios de los hombres de la recepción y aquellos que caminaban en el estacionamiento voltearon y la devoraron con la mirada, se sabía atractiva, lo que le daba enorme seguridad en sí misma y ese día lucia despampanante.

José Luis extrajo una rosa de castilla de atrás de su espalda y la extendió hacia ella, quien la recibió mostrando sus perlados dientes con una sonrisa que podía derretir un tempano de hielo, le agradeció el gesto dándole un beso en la mejilla, caricia que el regreso de forma inmediata rematando con una afirmación sobre lo bien que el perfume se fijaba en su piel ¡hueles divinamente!

Entraron al café y al caminar por entre las mesas una vez más Patricia fue objeto de atención y miradas tanto de hombres como de mujeres, José Luis caminaba orgulloso detrás de la casi cuarentona que en ese momento lucia más espectacular que cualquier jovencita en sus veintes, al llegar a la mesa él le retiro la silla y la invito a ocuparla, el gesto de caballerosidad volvió a cautivar a la fémina que procedió a sentarse, el aroma de su piel era intoxicante y estando así, detrás de ella, se percibía aún más, el varón dio la vuelta a la mesa y se sentó a un lado de ella, y le pregunto que si deseaba algo de tomar, ella asintió y pidió una copa de vino rosado, mientras que el opto por una cerveza, la conversación fue rápidamente en dirección hacia lo que pasaría más adelante.

José Luis: ¿No quieres ir a un lugar donde estemos más cómodos y sin tantas personas alrededor?

Patricia: La verdad sí, pero no sé a dónde, ¡tú dime!

José Luis: Me han dicho de un bello motel con vista al mar que está a 25 minutos de aquí, espero que no te moleste que te sugiera ir a ese sitio, pero muero de ganas de estar contigo, y más después de ver como luces el día de hoy, ¡tengo muchas ganas de ti!

Patricia: Sé que quieres hacerme el amor, y que sabes que yo también muero de deseo de tenerte dentro de mí, no me molesta, al contrario, me ilusiona muchísimo, que te parece si tomamos esta copa de vino y nos marchamos a donde tú digas.

El arreglo estaba hecho, finalmente los dos consumarían con un acto sexual lo que había comenzado como una amistad a través de la computadora, Patricia recordó las palabras de su marido cuando llevo la computadora a casa por primera vez ? hasta pretendientes tendrás ? y tenía razón?

Apuraron el vino, el pago la cuenta, se levantaron y se dirigieron al vehículo de ella, el volvió a retirar las llaves de su mano y tomo a la mujer del brazo encaminándola hacia el lado del pasajero, el tomaría el volante en esta ocasión.

José Luis dirigió el vehículo rumbo a la carretera que llevaba al poblado costero cercano a su ciudad, un lugar bello, y muy discreto donde la mayoría de las parejas ?prohibidas? terminaban haciendo sus sesiones amatorias, en el trayecto, la charla seguía siendo animada, ella hablaba más que de costumbre, Patricia era tradicionalmente reservada, pero ante el nerviosismo de la situación y hacia donde iban, no paraba de parlotear, el extendió la mano que le quedaba libre al ser el vehículo de ella de transmisión automática, para tocar su rodilla desnuda, siguiendo con la plática pero acariciando largamente la suave y aromática piel de la morena, quien en medio de la plática ronroneaba al sentir el contacto de las grandes manos del hombre sobre su piel desnuda.

Al llegar a un crucero, detuvieron el auto con el semáforo en rojo, el volteo y la beso fuertemente, su mano se aventuró directamente de la rodilla pasando por el muslo hasta introducirse debajo de la minifalda roja, tocando la parte interna y la cara externa de sus muslos , la piel de ella era una delicia, suave, aromática, tibia, y la respiración de José Luis se descompuso, su erección era casi dolorosa, el semáforo se puso en verde y muy a su pesar detuvo momentáneamente las caricias para arrancar y doblar en dirección a la carretera que lo llevaría al motel que ya tenía en mente para tener sexo con la mujer a la que había trabajado por tanto tiempo.

Patricia se veía menos descompuesta que él, quien seguía respirando profundamente, y que evidenciaba la excitación sexual con un enorme bulto en su entrepierna, bulto que no pasaba desapercibido para la fémina quien extendió su mano y toco la protuberancia pulsante que permanecía envuelta en el pantalón y que amenazaba con reventar en su prisión de tela, era la primera vez que ella tocaba su miembro, las largas unas, y dedos de pianista de ella se posaron en su pene, ronroneo juguetonamente, parecía que el ama de casa se había quedado en algún otro lado, y en ese momento solo existía una mujer que estaba húmeda y caliente en su sexo, y que no repararía en nada para buscar y encontrar el placer de un miembro diferente al que había conocido toda su vida, las caricias de ella, y su atrevimiento tomaron por sorpresa a José Luis, quien emitió un sonido de aprobación al sentir la mano en su parte más íntima, ella siguió apretando, y acariciando, el solo sintiendo y disfrutando, al frente de ellos apareció un puente vehicular grande y un desfogue de la carretera principal que conducía a uno de los suburbios, y José Luis no lo pensó dos veces, se salió de la ruta principal, tomo el brazo de la derecha, dio vuelta rápidamente y estaciono el auto abajo del puente, detrás de un gran pilar que hacía difícil que quienes circularan por la vía alterna pudieran de primera mano ver al vehículo que estaba estacionado detrás de la mole de concreto que sostenía el puente.

Al detenerse, noto como Patricia no cesaba de acariciar y apretar, parecía estar hipnotizada ante su dureza, y su mano subía incesantemente frotando con denuedo, de hecho, parecía que la mujer ni siquiera se percató de que el automóvil se había detenido, sus ojos tenían una mirada vidriosa, fija en los ojos de él, con ligeros desvíos para contemplar lo que su mano derecha acariciaba ambiciosamente.

José Luis: ¿Quieres verla, quieres ver tu chocolate?

Patricia: Sí, hummm, quiero verla, ¡quiero chuparla! Se ve riquísima, me encanta mi chocolate.

El varón procedió a desabrochar el cinturón, ella lo ayudaba, presta, dispuesta, hasta con cierta prisa, sin duda parecía que era una mujer totalmente diferente a la que él había conocido en el café, presa totalmente del deseo y la lujuria.

Tras retirar el cinturón, el bóxer era ya el único obstáculo para extraer y mostrar su miembro viril, levanto un poco sus nalgas del asiento, y halo hacia abajo, lo que hizo que el órgano fuera liberado de su última frontera, el resorte que ceñía la prenda interior a la cintura del portador, el pene de José Luis quedo expuesto a Patricia, de un bote salió, y quedo expuesto, de aproximadamente dieciséis centímetros, y largo, mas no ancho, a pesar de que ella sabía que no había que hacer comparaciones pensó en el pene de toda su vida, el de Daniel su marido que era aproximadamente igual de largo, pero al parecer bastante más grueso que el de su nuevo amante.

Patricia: ¡Que rico y bonito se ve m chocolate! ¿Me lo puedo comer?

Patricia apretó y halo de arriba abajo el miembro erecto y duro como una roca, noto que sus testículos estaban levantados y plenos, al parecer repletos de semen de la enorme calentura que el magreo acucioso y preciso de ella habían provocado, además desde luego del a tremenda excitación visual que representaba el aspecto de ella vestida para matar esa tarde, y la excitación psicológica de tener a esa mujer casi de cuarenta años, casada y hasta ese momento respetable escurriendo jugos vaginales de excitación por tener su herramienta en mano y al parecer su boca y vagina muy pronto.

José Luis: Claro Paty, es tuyo ¡mámamelo!

La palabra salió como natural, la orden fue directa, las buenas maneras se estaban quedando en la memoria, y el deseo controlaba su actitud, esa insoportable necesidad de poseerla.

José Luis: Chúpamelo todo, mámame la verga Paty, cómetela toda?.

Ella fue obediente, ni una palabra, inclino su cuerpo del asiento del pasajero hacia el del conductor, al hacerlo, la blusa dejo entrever aún más su senos, el canalillo en el escote era una bella visión para él, y así, inclinada, la parte baja de su espalda y sus anchas caderas, quedaban expuestas para el que extendiendo su mano toco por primera vez de manera total las bellas nalgas de la casada que sujetaba con poderoso agarre su miembro, la mano de el apretó sobre la falda roja, se sentía caliente, Patricia emanaba un enorme calor desde su entrepierna, sobo, apretó, provocando gemiditos de gusto en ella quien a su vez procedió a posar sus labios en el capullo del miembro enrojecido, lo puso completo en su boca, uso su lengua para lamer alrededor del frenillo del glande, saco coqueta la lengua y procedió a limpiar con ella el orificio del pene que brillaba y producía abundante líquido seminal, ella no reparo en el sabor o el olor, quería tenerlo en la boca y nada más, movió su cabeza hacia abajo y trato de introducir lo que más podía e su boca, la realidad es que para ella, mamar no era una de sus especialidades, lo había hecho ya varias veces con su marido pero jamás había sido su parte favorita en el sexo, inclusive y en algo que era un secreto hasta para su marido, se la había chupado a uno de sus ex novios, pero igualmente la experiencia no había sido del todo placentera.

La lengua de Patricia serpenteaba por la cabeza y el tallo de José Luis, quien resoplaba y no dejaba de tocar el trasero de su amante, por momentos Paty engullía lo más que podía del sexo de él, sin dejar que la lengua cesara en moverse, lamer y acariciar, la mano derecha de la mujer jugaba también con el escroto del hombre que se sentía en el séptimo cielo, ella parecía toda una experta, y el sin saber que realmente era la tremenda lujuria del momento y no la experiencia la que hacían que ella le prodigara una felación de campeonato del mundo.

José Luis aprovecho la posición desde la que estaba, para bajar la mano izquierda sin que ella dejara de chupársela, y echo el respaldo del asiento hacia atrás, parecía increíble que estuvieran debajo de un puente en plena vía pública y que el mundo hubiera parecido detenerse para los amantes, ni siquiera un auto pasaba a su lado, y el pilar ofrecía un cobijo único e infranqueable para obstruir la vista si alguien hubiera transitado por ahí, ya reclinado, la mano derecha de el se aventuró a levantar la minifalda, dejando por primera vez al descubierto el hilo negro de la tanga que Patricia llevaba puesta, la visión de sus glúteos morenos, perfectamente bronceados y con la blanquecina piel del bikini marcada en la redonda superficie de su trasero eran una vista encantadora, metió un dedo por en medio de la delgada tira, y halo un poco, eso hizo que el hilo de la prenda se metiera entre los labios externos completamente empapados de ella, el ligero tirón apretó de igual forma la telita transparente posicionada sobre su monte de venus ofreciendo a su clítoris una inesperada caricia que la hizo ronronear aún más, el ya no podía aguantar, Patricia mamaba y mamaba, la succión era sistemática, pulcra, perfecta, la conjunción de la lengua, los gruesos labios, y las manos de ella recorriendo sus bolas y abdomen eran casi insoportables, no llevaban más de cinco minutos en el acto y el estaba al borde de un poderoso orgasmo, quiso retirarla un poco, pero ella se empecino en la postura, siguió chupándole el miembro como poseída, y si más, el no pudo contenerse, un grueso chorro de semen se impacto contra la garganta y paladar de Paty quien no esperaba que esto sucediera asi de rápido, y, que para ser sinceros, no deseaba, ella pensó que la caricia serviría solo como preámbulo para que el se pusiera aún más duro y deseoso pero jamás pensó que se tragaría varios chorros de hirviente esperma, algo que ni siquiera a su marido le hacía con regularidad, recordó un poco y fugazmente aquella primera felación que le había hecho a su ex novio, quien también había llenado de semen su boca haciéndola vomitar, y dándole una primera impresión de la venida de un hombre en su boca como algo asqueroso y poco deseable.

En esta ocasión, Paty aguanto a pie firme la inundación seminal en su boca, trago lo más que pudo, el sabor salado del proteínico líquido del amante resbalo por su garganta, pero al ser abundante, una buena porción se vacío de sus labios en el regazo de su amante, quien gritaba y gruñía como loco, la mujer no se retiró inmediatamente, tenía esperma en las comisuras de los labios, en la nariz, y a pesar de haberse tragado casi todo, aun había más para limpiar, lo que procedió a hacer con su lengua venciendo el asco que esto le producía, el repetía incesantemente en inglés: Oh my God!, Oh my God!, y ya en castellano: ¡que rico mamas la verga, eres una experta, que rica puta, que rica puta, eres una Diosa mamadora, te comes la leche, mmmmmm, puta, puta que rico!!!!!

El epíteto de puta entro en el cerebro de la mujer, no lo proceso mal en un principio, el trato caballeroso del joven amante ahora la llevaba a ser nombrada como puta, dentro de su cabeza pensó: A final de cuentas es lo que soy, aquí estoy en plena calle, con un hombre que no es mi marido mamándole la verga y comiéndome su leche.

José Luis se repuso, su respiración seguía siendo agitada, sus ojos estaban semi cerrados, lo que aunado a sus rasgos orientales lo hacían parecer estar a punto de quedarse dormido, ella rio de buena gana al ver la expresión de su rostro, el sonrió de igual forma, y tomo unos pañuelos faciales que estaban en la guantera tras haber regresado el asiento del conductor a su posición original, limpio las gotas de mecos que aún estaban en parte de su pantalón, y la barbilla de la fémina que había conservado el esperma al no tener a la mano con que limpiar lo que no había podido retirar con su lengua.

José Luis: ¡quiero metértela!

Patricia: Pues métemela, ¿me vas a coger aquí en el carro?

La pregunta de la mujer fue legitima, se la había mamado en la calle, expuesta, ¿sería que una puta como ella no merecía algo más, como un cuarto de hotel privado donde pudiera dar rienda suelta a sus instintos?

José Luis: Como crees (¡Increíble!, la tierna y educada Paty había dicho la palabra coger) vámonos al motel, me muero de ganas de tenerte bien ensartada, Paty, ¡jamás me habría imaginado cuanto te gusta la verga!

El comentario de él, no le cayó en gracia a Patricia, primero la había llamado puta, después ahora los modales y buen uso del lenguaje del joven había cambiado totalmente tras haber tenido su miembro encajado en su boca, y llenarle el intestino de semen, ¡cuánto cambia la gente después de algo así!

Patricia: Claro que me gusta, a todas las mujeres nos gusta, como a ti te gusta la vagina o los pechos.

El rio a carcajadas, ya había terminado de acicalarse y guardar su flácida herramienta bajo la ropa interior y el pantalón de mezclilla, encendió el automóvil, y dio una vuelta en U para retomar el camino rumbo al motel que estaba ubicado a aproximadamente tres kilómetros de ahí, casi frente a un cuartel militar y donde ya anteriormente había llevado a un par de amantes ocasionales, jovencitas inexpertas que, a su gusto, no estaban ni cerca de la apariencia felina y sensual de esta mujer casada, de edad madura y sobre todo de la forma arrebatada y ardiente de realizar el sexo oral de la que en ese momento era ya su amante.

Patricia se acomodó y arrellano su hermoso trasero en el vehículo, no volteo a ver al joven, un torbellino de pensamientos asaltaban su mente, ¿Era una puta? Si era una infiel, de eso no cabía duda, lo que había comenzado inocentemente como un juego de chat, ya había dado por consecuencia que se bebiera una cantidad importante de esperma de este hombre al que veía en persona apenas por tercera vez en su vida, ¿y mi marido? ¿Qué pensaría de esto? ¿Mis hijos? El sabor salado del líquido de su amante aun persistía en su paladar y lengua, sentía su vagina húmeda y receptiva, sus pezones estaban endurecidos, y sentía un deseo total de ser penetrada, eso aminoro los reclamos bajos de su conciencia y los reproches sobre su actividad como amante de internet.

Llegaron al pórtico del motel, no hubo una sola palabra entre los amantes desde la felación hasta su arribo, el saco la cartera, extendió el dinero del costo de la habitación hacia el empleado que estaba en la ventanilla de acceso, quien desde su posición podía checar perfectamente la anatomía de la mujer que estaba en el auto, pero no así su cara por el ángulo desde el que se encontraba, ¡qué piernonas tiene esta puta! Pensó sin perder detalle de las extremidades inferiores de Patricia dentro del auto y que resaltaban desde su mini falda, y regreso el cambio al conductor, señalando que la habitación 117 era la que les correspondía y acotando que el costo cubría dos horas y media de estancia, así como servicio de bar y restaurante a la habitación llamando a recepción desde el cuarto, así como servicio de televisión por cable y películas de las que les gustan para ponerse en ambiente completamente gratis (¡vaya comentario!)

José Luis agradeció la información secamente, guardo el cambio, y manejo hacia el interior del reducto amoroso de muchas parejas que, como ellos buscaban el anonimato para sesiones de sexo prohibido.

El incómodo silencio siguió hasta entrar al estacionamiento del cuarto, ¡Listo Paty, llegamos, te voy a coger delicioso!

Ella sonrió, para ese momento ya se sentía como un objeto, parecía que la galanura se había escurrido junto al semen de José Luis dentro de su boca y desaparecido en algún lugar?.

Bajaron del automóvil, el procedió a cerrar la cortina plástica que impedía ver hacia el interior del garaje donde estaba el auto, Patricia lo esperaba recargada en la parte posterior del vehículo, el llego, la abrazo, fuertemente, y la beso apasionadamente, ella respondió en forma automática, a pesar de sus pensamientos y de sentirse sucia y usada, la humedad de su sexo y el dolor en sus pezones le recordaban que estaba ahí para algo, que era abrirle las piernas al joven amante y estrenarse en la modalidad de las esposas infieles de una ve y en forma completa.

Las anchas manos de José Luis se posaron alrededor de las redondas nalgas de ella, uno de sus largos dedos estaba en contacto con la piel de sus piernas, y ese dedo se metió debajo de la prenda levantándola y hurgando hacia abajo, toco primero el ano de ella que respingo y gimió involuntariamente, y el dedo siguió el recorrido hacia abajo tocando su humedad que resbalaba profusamente por la parte interna de los muslos de ella quien en parte se sentía un poco avergonzada de la cantidad evidente de líquido transparente y brillante que iluminaba la cara interna de sus muslos, el dedo encontró su objetivo y entro en la cavidad, hurgo en el sexo de Patricia que gimió deliciosamente, el beso y el dedeo borraron de tajo cualquier duda, abrió un poco las piernas aun recargada en el caro, y se dejó llevar, beso furiosamente a José Luis quien continuo con el faje bajando a besar su cuello y a extraer la blusa de ella de debajo de la falda, desfajándola y metiéndose por abajo hasta llegar a sus pechos, aun cubiertos por el fino sujetador negro, apretó fuerte, sus manos eran como ya había mencionado muy grandes, un detalle que a Patricia el encantaba del joven amante, el dedo de él estaba metido ya hasta más adelante de la segunda falange y ella sentía la caricia abrasadora pujando y meneando su trasero, el beso siguió, el dedo se movía ahora más rápido, y ella rompió el contacto diciendo, ¿vamos arriba? O me quieres coger en el garaje cuando arriba hay una cama cómoda donde me desnudare para ti, sonriendo maliciosamente y dando un paso lejos del alcance del macho.

Caminaron rumbo a la escalera, ella delante de él que se devoraba con la mirada las nalgas y cintura de la casi cuarentona, estaba sorprendido de la sensualidad de ella al momento de emprender actos sexuales, parecía natural en ella, no existía al menos por el momento inhibición alguna, ella se dejaría hacer ¡todo lo que él quisiera! Es una vieja caliente y cabrona pensó, le encanta la verga, y continuo detrás de ella que ya había superado la entrada de la habitación.

Patricia camino hacia un costado de la cama donde puso su bolsa, y se sentó a la orilla del lecho, cruzando una pierna sobre la otra ofreciéndole una vista sensual a su amante, el, lejos de hacer algo consecuente, solo oteo brevemente las piernas de ella, y camino al lado opuesto del lecho, se sentó y se quitó bruscamente el calzado, se levantó y retiro el pantalón con celeridad, retiro la camisa de vestir, y finalmente el bóxer, estaba totalmente en pelotas sin siquiera haber volteado a ver a su amante, parecía que llevaba prisa, un detalle más que fastidio a la mujer que esperaba algo más cargado de sensualidad, él se acostó rápidamente en el lecho, y halo su enhiesto miembro para prepararlo para ponerse el condón que ya tenía en la mano, lo hizo, puso el látex alrededor y lo coloco con propiedad, volteo a ver a Patricia y le dijo bruscamente:

José Luis: Estoy listo putita encuérate y siéntate en mi verga.

Ordinario, falto de tacto, poco romántico, demasiado apresurado, todo eso cruzo la menta de Patricia quien procedió a levantarse, tomo la blusa por los ribetes que colgaban después del faje al que Jose Luis la había sometido en el estacionamiento, y la retiro lentamente por encima de su cabeza donde su melena leonada se movió sensualmente al pasar la prenda por su cuello, ahí estaba, en la roja mini falda y en brasiere delante del hombre desnudo tendido en la cama masturbándose burdamente contemplando el strip tease de la mujer.

Patricia dio un paso hacia atrás, aun provocando a su amante, deseaba vehementemente que este burdo mocetón regresara a ser el romántico galán que había conseguido hacerla cometer adulterio, paso sus largos y elegantes brazos detrás de la espalda, y con esa habilidad única que tienen las mujeres desabrocho el sujetador lentamente, sus pechos de copa C quedaron por fin totalmente al descubierto para el macho que seguía acariciando su miembro viéndola quitarse la ropa, los duros pezones de ella eran una invitación permanente al pecado, las aureolas no eran grandes, sino delicadas, los senos algo caídos por su edad, pero aun atractivos y de forma ligeramente alargada ¡que ricas tetas, me muero de ganas de mamarte los pezones! Acoto bruscamente José Luis que estaba totalmente transformado, apresurando el movimiento de su mano derecha sobre su miembro erecto y enrojecido, Patricia arrojo la prenda a la cama al alcance de la mano izquierda de él, quien tomo la prenda y la aspiro profundamente, el delicioso perfume de ella completamente impregnado en la íntima pieza de vestir.

Ella retomo el ritmo de su improvisado espectáculo, se volteo dándole la espalda al hombre, volvió a poner sus manos detrás de su cuerpo y retiro el broche de la falda a la altura de la cintura, bajo el cierre de la prenda, y tomando la falda por ambos lados se inclinó hacia adelante retirándola lentamente, la delgada tela de la tanga en el nacimiento de su enorme y bien formado trasero y el hilo en medio de sus poderosas nalgas hicieron que José Luis silbara, y gritara ¡que rico culo mami! Ella de espaldas a el sonrió, pero volvió a pensar ¿y este corriente quien es, donde está MI José Luis? La prenda termino su viaje hacia abajo con Patricia completamente inclinada ofreciendo todo el panorama de su trasero a él devorando el hilo de la tanga brasileña, el seguía masturbándose lenta y constantemente, pero ahora lo hacía con su verga envuelta en el brasiere de ella, un gesto que tampoco agrado a la mujer quien se abstuvo de decirle algo al respecto.

Volteo hacia el macho, en portando solamente la tanga y los zapatos de tacón alto, se sentía bella, deseada, atractiva, sensual, y sexual, pero también pensaba en que él estaba haciendo muy poco de su parte para que la ocasión fuera aún más especial desde el punto de vista femenino, su poco tacto, la poca interacción física, su lenguaje ahora vulgar y poco ingenioso eran puntos a demeritar en la labor del amante joven y fogoso, pero descuidado y burdo.

Camino hacia el lecho, se subió en el y se posó al lado del hombre quien volteo hacia ella y la beso toscamente, el suspiraba y jadeaba como una locomotora, parecía que el corazón se le saldría por el pecho, estaba descompuesto y sudaba, el beso más que una caricia era un recordatorio de que ella estaba ahí para su placer y nada más, Patricia respondió al beso y trato de dejarse llevar, las manos de el ya habían soltado su irritado miembro y ahora manoseaban toda la humanidad de ella, los muslos, el abdomen marcado por el ejercicio y que tanto trabajo le costaba a ella en interminables horas de gimnasio, y que le dada enorme orgullo tener a pesar de tres embarazos, magreaba sus tetas con descaro y cierta violencia, pellizco sus pezones, los lamio, los mordió haciendo que la mujer soltara un gritito de dolor, y que con su mano lo retirara de la rústica lisonja, él se dio cuenta del rechazo, pero poco le importo y volvió a meterse entre sus pechos lamiéndolos como un gato a su plato de leche, una de sus manos se metió en medio de sus piernas donde, todavía por encima de la ropa interior masajeaba el monte de venus de la hembra que seguía respondiendo a pesar de la torpeza de su amante, el advirtió de cuan mojada estaba la prenda íntima, y el brillo de sus muslos en la parte interna le hacían sentir que estaba haciendo las cosas correctamente, la hembra estaba empapada y deseándolo.

Tras solo cinco minutos de juegos sexuales previos, el tomo la tanga de Paty y la bajo rudamente, metió el dedo índice en la raja lubricada de ella, quien prorrumpió una vez más en un gemido, mas como queja que como muestra de placer, una vez más, el actuaba torpemente, ella pensó que tal vez era el hecho de que fuera un amante joven y vigoroso, y ante su total falta de experiencia cometía errores de estas características al momento de los juegos preliminares.

La tanga de Patricia paso por sus delgados tobillos, y abrió las piernas completamente para dejar que su amante la tocara sin ningún obstáculo, tal vez si ella cooperaba aún más, el aminoraría el ritmo frenético que llevaba y podía dedicarse a darle más placer con caricias más sensuales y estudiadas, y no solamente rudezas que lejos de estimularla la le estaban bajando el deseo.

La visión del hermoso cuerpo de Patricia, ahí, en el lecho, completamente abierta de piernas, con el mullido matojo de pelo púbico cortado minuciosamente, sus senos expuestos y sus pezones relucientes, era algo como para fotografiarlo, metió dos dedos en el sexo de la mujer, quien gimió otra vez, el comenzó un mete y saca a un ritmo desenfrenado como lo había visto hacían los protagonistas de las películas porno, pensó que eso le daría un placer único a la mujer, quien sin embargo y a pesar de su jadeos mostraba una mueca incomoda en su hermoso rostro, una vez más, era más dolor que placer.

Sin reparar en ello, José Luis procedió a subirse en el cuerpo de Patricia en la posición del misionero tradicional, y sin avisarle, la penetro de un solo golpe, ella estaba tan lubricada que el delgado miembro de el no hizo que la penetración fuera sentida y gozada, fue solamente el quien gozo, y aulló al sentir su miembro dentro de ella, iniciando un frenético ritmo entrando y saliendo de la mujer sin miramiento alguno, acelero sus caderas y cintura, jalaba aire por la boca y gritaba en inglés: Oh my God!!! Oh my God, tras solo cinco minutos, el hombre arqueo la espalda, profirió una maldición, y se vacío nuevamente en el condón que aprisionaba su falo dentro de la vagina de la morena que no había sentido nada, y que expectante contemplaba al que ella asumía sería su amante perfecto desfalleciendo y terminando en un poderoso orgasmo dejándola a ella con un palmo de narices, él se recostó todavía encima de ella torpemente, quitándole la respiración, y después se hizo a un lado con la cara desencajada y ella con un rostro de estupor y sorpresa muy difícil de ocultar.

Los profusos fluidos vaginales de Paty habían hecho que la delgada virilidad de José Luis no fuera suficiente para llenarla, y esa misma lubricación había hecho que la fricción del condón y su excitación contribuyeran a que el varón tremendamente excitado hubiera terminado con una rapidez pasmosa, él estaba terriblemente avergonzado, ella, sorprendida y decepcionada, tras un leve respiro, ella de dirigió a él comprensivamente:

Patricia: No te preocupes, es normal, estábamos muy excitados, te entiendo y no te reprocho nada.

José Luis: La verdad no sé qué me paso, esto NUNCA ME HABIA SUCEDIDO.

Patricia recordó muchas de las anécdotas de sus amigas y sus primas, en donde habían contado entre risas de casos similares a este, donde para seducir, muchos hombres eran unos verdaderos expertos, pero al momento del acto, terminaban siendo unos verdaderos chascos, hasta el momento, aquellas anécdotas se estaban haciendo una desafortunada realidad para ella, curiosamente, las palabras finales de la frase de José Luis eran exactas a las que todas la otras mujeres habían citado entre burlas ?esto NUNCA me había pasado?.

Patricia dejo pasar un tiempo, diez minutos aproximadamente donde se dedicó a calmar y a consolar a su amante con esperanza de que se recuperara y cumpliera con lo que ambos habían pensado sería una tarde de deliciosa actividad sexual, ella inclusive retomo sus caricias en el miembro flácido de él, lo tomo una vez más en su boca y tras estar así, dándole una mamada dedicada y minuciosa, el miembro viril de el seguía colgando completamente muerto, y sin reacción alguna.

Patricia mantuvo su caricia, peor tras un par de minutos más, el la retiro suavemente y se incorporó del lecho, si decir una palabra se metió al baño donde se abrió la regadera y se metió a darse un baño dejando a Patricia húmeda, deseosa y cada vez más decepcionada de haber elegido tener esta aventura que estaba terminando en una forma tan decepcionante y pesarosa.

El salió de la ducha, camino a la habitación y en silencio sepulcral procedió a vestirse alejando la mirada del cuerpo tentadoramente desnudo de la more casada e insatisfecha que yacía frente a él en el lecho, termino de vestirse, recogió las prendas de Patricia del suelo, la minifalda, la blusa, la tanga, y las arrojo a su lado diciendo, debes vestirte, me tengo que ir, su tono era seco, amargo, impersonal, y triste.

La mujer se levantó y obedeció la seca orden, se vistió, poniéndose toda la ropa con excepción del brasiere que estaba completamente manchado e impregnado de los olores del líquido seminal del hombre que había utilizado el sujetador para masturbarse durante el improvisado strip tease de Patricia, en cuanto ella estuvo totalmente cubierta, y después de retocar un poco su maquillaje y su pelo revuelto por los escarceos amatorios y la breve acción, bajaron al garaje, subieron al auto, y salieron a la calle para dirigirse al café donde se habían visto en sus citas furtivas y donde le auto de el seguía estacionado.

Durante el trayecto ni una palabra, ni una disculpa, ella quiso hacer conversación alejándose del tema y tratando otros tópicos diferentes pero el respondía solo con monosílabos, al llegar al estacionamiento, silencio, y un adiós parco y sin el menor contacto físico, ella se apeó del automóvil al igual que él, quien con solo un adiós lejano camino rumbo a su carro dejándola confusa, dolida, y sin respuestas a la actitud de él, quien era quien había fallado y no ella.

Llego a casa, se metió a bañar directamente y 20 minutos después su suegra llego a la casa con sus hijos, Patricia se entretuvo atendiendo a los niños y alejo de si los pensamientos de la decepcionante tarde que había pasado mamando a un casi desconocido hasta el orgasmo, y llevándose una decepcionante cogida en un motel barato.

Por la noche, tres horas después, Daniel llego de trabajar, Patricia lo esperaba, él se metió a la cama y le platico de su día, ella los beso, y el respondió acariciándola deliciosamente y después haciéndole el amor con furor salvaje y haciendo que toda la tensión de la tarde con su fallido amante quedara en el total olvido, Daniel la follo como un toro en brama, y le provoco varios orgasmos, uno con la boca, y dos más con ella cabalgándolo y una haciéndolo de perrito para finalmente venirse encima de sus nalgas y espalda, la abrazo cariñosamente y le dijo, nada como hacerle el amor con toda la pasión del mundo a i querida y fiel esposa.

La palabra fiel le revolvió e estomago a Patricia, quien beso cariñosamente a su esposo y le dio la espalda para ocultar una lagrima que rodaba cuesta debajo de uno de sus ojos y empapando su mejilla, se secó con la sabana y quedo dormida totalmente agotada.

José Luis borro a Patricia de sus contactos de mensajero instantáneo, y jamás se comunicó con ella, lo que había empezado de manera espontánea, divertida, y sensual término de la forma más abrupta y decepcionante de todas, lo que Patricia sabia, era que esta tal vez no fuera la única vez que tuviera una aventura, muy dentro de ella, y a pesar del amor, devoción y respeto que sentía por su marido había encontrado un lado dentro de ella que le agradaba, era una mujer aun joven, bella, y que tenía mucha curiosidad por sentir el sexo con un hombre diferente a su marido que la follara de verdad en una sesión de sexo sin amor como el que ella se había imaginado al lado de José Luis quien fue desapareciendo de sus pensamientos con una rapidez asombrosa.

La primer infidelidad en Relatos eroticos de Infidelidad (relatos eroticos )

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La primera cita en Relatos eroticos de Infidelidad

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noviembre 13th, 2013 >> Relatos Eroticos

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La primera cita en Relatos eroticos de Infidelidad (relatos eroticos )

?Te escribo esta nota porque no veo correcto invitarte a cenar esta noche delante de tanta gente. Hay algo en ti que me ha dejado prendido y quisiera conocerte más? si tú quieres, claro. Mi teléfono está por detrás, si aceptas llámame?

Esta fue la nota que le di a Marisa cuando me fui de la central hortofrutícola donde estaba haciendo controles de calidad.

Me llamo Ángel, divorciado, un tipo normalito físicamente, 1,75 de alto, 76 kilos de peso y 45 años de edad. Soy auditor y esa tarde estuve haciendo controles de calidad en una pequeña central hortofrutícola de Badajoz.

Llevo yendo a ese sitio varias veces y la jefa de administración que me atiende cuando llego es muy agradable y tiene un tipazo de infarto. No es muy guapa, pero sabe sacarse partido de todo lo demás. Siempre que voy lleva una minifalda con volantes que te hacen quitar el hipo.

Un día le pedí un folio para tomar unas anotaciones y se levantó, se giró y se fue a un armario que había detrás. En la parte de abajo tenía un paquete de folios y cuando se agachó, de espaldas a mí, lo hizo deprisa lo que hizo que se levantara la faldita lo suficiente para que viera su estupendo culito y el mini tanga que vestía, de color morado. Supe que lo hizo a propósito, pues había folios sueltos en la impresora que tenía en su escritorio. Me puso muy cardiaco ver esa escena. Se levantó y me sonrió.

¿Te vale con esos o quieres más?
No, tranquila si con un par de folios me sobra.
Bueno de todas formas tenía que coger más para mí.
Me despedía de ella y volví al día siguiente a terminar mi trabajo.

Volvía a llevar mini falda con vuelo, y quizás era un poco más corta que la de ayer. Casi no me puedo centrar en mi trabajo y cuando me fui, fue cuando le di la nota. Cogí mi coche y me largué para casa. Vivo a unos 100 kilómetros de distancia. Cuando iba conduciendo sonó el whatsapp que tenía un mensaje. Me puse un poco nervioso, no puedo negarlo, me latió el corazón rápido pensando que podía ser ella. Sé que no está bien coger el móvil mientras conduces pero la intriga y el deseo fue delante de la razón y cogí el móvil. Lo miré, nervioso, impaciente y vi que era un poco largo el texto, por lo que decidí parar en un sitio apropiado para poder leer detenidamente el mensaje.

Me metí en la entrada de una finca, paré el coche, cogí el móvil, lo encendí y me dispuse a leer:

?Me ha sorprendido tu nota, pero por otra parte me ha gustado. Si esta noche estás libre podríamos quedar a cenar. Mi dirección es calle XXX, nº XX, si aceptas, manda un mensaje diciéndome a que hora me recoges?

Dios mío, no me lo podía creer. Qué sencillo ha sido. Me puse como loco, mis pantalones se hincharon de emoción al leer ese mensaje. Pensé en contestarla enseguida, pero luego decidí contestarla cuando llegara a casa, no quiero que piense que soy un imprudente y leo mensajes de móvil mientras conduzco. Supongo que eso será una tontería, pero me gusta cuidar los detalles que parecen sin importancia.

A la que llegué a casa decidí mandarle un mensaje.

? Muchas gracias por contestarme, guapa. No pude ver el mensaje antes porque iba conduciendo, ya no sé si es tarde para la cita. Me voy a duchar, a prepararme y en una hora te recojo??

No tardó ni un minuto en contestarme. Me temía que todo se quedara en agua de borrajas, por mi tardanza en contestar, pero pensé que si seguía queriendo quedar, es la forma de confirmarlo.

?Perfecto, en una hora me recoges en casa. Te espero?.

Mi corazón empezó a bombear sangre por todo el cuerpo y especialmente hacia mis partes bajas. Tuve una erección solo de pensar que iba a quedar con ese pedazo de hembra.

Me duché, me rasuré mis sexo, solo lo fundamental, dejando pelitos por la parte de arriba pero lo demás bien rasurado por si había oportunidad de enseñarlo, que tuviera buena presencia. Me excité pensando y haciéndolo que tuve que masturbarme para relajarme un poquito.

Ya dispuesto a salir mandé otro whatsapp diciendo que salía ya, que en tres cuartos de hora estaría allí. Que si quería quedar en otro sitio que me daba igual.

Esperé un ratito y me contestó.

?Yo acabo de terminar y me voy para casa. Así que mejor quedamos en mi casa. Un besito y nos vemos en un ratito?

Salí a por el coche, excitado, contento y un poco nerviosillo por la circunstancia tan extraña en que se ha realizado todo y sobre todo por la predisposición de ella.

Durante todo el camino imaginé como sería la velada, donde llevarla, como actuar ante ella, etc. Pero luego pensé que mejor sería dejar pasar la noche y que todo fuera saliendo como sea.

Llegué a su calle, busqué su número y me encontré con un bloque de pisos y en la puerta no había nadie, no estaba allí esperándome. Me acongojé un poco, pasó por mi cabeza que fuera una broma, que ya se le pasara el calentón, que… mil cosas y todas malas.

Me quedé un rato esperando sin saber que hacer hasta que por fin me atreví a mandarle un whatsapp:

?Hola Marisa, estoy en la puerta. Estoy esperándote, no tardes mucho, ok??

No recibí contestación. Mi cuerpo estaba como un flan. No sabía que hacer. Pasó un minuto, dos, tres, cinco…

?Lo siento, estaba empezando a ducharme y no había sentido el móvil. Llama al portero automático y sube?.

¡Qué alivio!, pensé que se había ido todo al carajo, pero no. Había una buena razón para todo.

Llamé al portero automático y…

¿Quién es?, dijo una voz de hombre.
No sabía si me había equivocado y dije:

¿Soy Ángel es la casa de Marisa?
Sí, sube.
¿Cómo?, ¿un hombre en su casa?, todo se me vino abajo. ¿será su hermano?, ¿estará casada?, si es así… entonces lo de la cena no será tan excitante como me había plateado en mi cabeza. ¡Qué cagada! Pensé. Bueno ya metidos en faena, vamos a ver que ocurre. A lo mejor es solo su hermano o un familiar, no tiene porqué estar casada. No hubiese aceptado la cena…. Mi cabeza era un hervidero de ideas contrapuestas, mi estómago lo tenía en la garganta, el corazón empujaba la sangre pero esta vez hacia mi cara, me estaba ruborizando.

Llegué a la puerta de la casa y después de respirar profundamente toqué le timbre.

Mi sorpresa fue mayúscula cuando me abrió un hombre, más o menos de mi edad, vestido con un mandil y con pinta de estar cocinando.

Hola soy Pedro el marido de Marisa, pasa y acomódate, que ella no tardará en salir.
Me presenté yo también y absorto por la escena me quedé mudo y me fui al salón y me senté en el sofá.

¿Quieres una cerveza o un refresco mientras sale ella?
Yo no sabía que decir, estaba un poco cortado y dije: Gracias una cervecita no me vendría mal.

Se fue a la cocina y me trajo una cerveza bien fría y unos cacahuetes para picar.

No sabía donde me había metido, mis ideas de tener una velada algo picantota de esa noche se esfumaban por momentos, pero bueno… una cena con una chica escultural como Marisa, siempre merece la pena, pensé.

Yo sigo con la cocina que tengo que preparar la comida de mañana, te dejo aquí solo. Ella saldrá pronto, está terminando de prepararse. ¿No te importa, verdad?
No, por supuesto, sin problema. Gracias.
Los cinco minutos de espera se me hicieron eternos. Miré todo, la decoración, el estilo de la casa, hasta que descubrí un marco con una foto de los dos del día de su boda. Ya no había duda era su marido con seguridad. Mi gozo en un pozo. ¡Qué se le va a hacer!, no siempre se gana. Me relajé y me lo tomé con filosofía.

En ese momento aparece Marisa por el salón…

¡Guauuu!, ¡Qué pasada!, ¡Impresionante! Venía con el pelo rizado, un top blanco que solo tapaba sus turgentes pechos, ligeramente translúcido que insinuaba sus pezones sonrosados pero sin ser descarado, la imaginación hacía lo demás. Por supuesto no se le veía sujetador. El ombligo al aire con un piercing en forma de colgante pequeñito, una super minifalda con vuelo, como las que le gusta llevar al trabajo y unos tacones de infarto. Me quedé boquiabierto viendo tanta sensualidad que desprendía ese cuerpo escultural.

Hola, perdona el retraso pero es que no calculé bien el tiempo.
No hay nada que perdonar, la espera ha merecido mucho la pena, dije yo con una sonrisa en la cara.
Nos dimos dos besos y acto seguido llamó a su marido.

Pedro, ven aquí.
Dime cariño, ¿ya estás?
Sí. Vete por la tobillera que tienes que ponérmela.
Qué raro, pensé, tanto tiempo acicalándose y no le ha dado tiempo a ponerse la tobillera y encima le manda al marido por ella. No entiendo nada.

Ella se sentó en una silla enfrente al sofá y me dijo. Tú siéntate ahí en el sofá y sigue tomándote la cerveza tranquilamente.

Me senté y la miré, ella me miró y bajó la vista hacia su falda, como diciéndome, mira que cortita es y que piernas se me ven.

En ese momento llegó Pedro con una cadena con un colgante que no pude distinguir desde yo estaba. Y sin decir nada se arrodilló delante de ella y se la puso en el tobillo izquierdo. Ella hizo un giro de la pierna dejando sus piernas abiertas enfrente a mí. No me lo podía creer, me estaba enseñando el tanga que llevaba, minúsculo, negro, se le notaba todo coñito rasurado con una tirilla de pelitos encima del tanga.

Ella me miró y se rió. Ufff, delante de su marido me estaba enseñando su zona más íntima, con todo el descaro. El marido no levantaba la mirada y no se dio cuenta que yo estaba absorto mirando el coño de su esposa y ella enseñándomelo sin pudor.

En eso que ella dijo:

El as de picas hacia fuera, cariño, que se vea bien, ¿de acuerdo?
De acuerdo cariño, como digas. Dijo Pedro, mientras le terminaba de colocar la tobillera.
Cuando se levantó su marido del suelo, tras haberle puesto la gargantilla, dijo, bueno cielo, me voy a la cocina que se me quema la comida.

Bien, no te preocupes por nosotros, que ya nos vamos.
Él se metió en la cocina y Marisa me miró sonriente, se levantó de la silla me dio la mano y me llevó hacia la puerta para irnos.

Cariño, despídete de Ángel.
Hasta luego Ángel, perdóname que no salga pero es que ahora no puedo. Pasadlo bien.
Lo haremos cielo, no me esperes despierto que seguramente vendremos tarde, ok?
De acuerdo. Hasta luego.
¿Que vendremos tarde?, ¿qué tenía pensado Marisa, traerme luego a su casa cuando acabemos de la velada?, dios mío, me estoy muriendo de excitación. Espero que me explique algo cuando estemos solos, estoy un poco confundido y no quiero sacar las cosas de contexto, pero todo me parece un poco extraño.

Bajamos por el ascensor, ella me miraba y se reía. Me preguntó que qué tal el viaje y cosas sin importancia, como para romper el hielo. La verdad es que funcionó pues yo no sabía que decir después de lo que había visto.

Nos montamos en el coche y me dirigió donde quería ir a cenar. Al sentarse en el asiento del copiloto, abrió las piernas con esa minifalda, que no se veía nada pero era muy excitante, no dejaba de mirarle las piernas y cuando subía la vista, sus tetas, había mucho donde mirar…

Mira a la carretera que nos la vamos a pegar, me decía ella riéndose.
Lo siento, es que estás impresionante. Estás divina y muy sexy.
¿Te gusta como me he preparado para ti?
¿Esto lo has hecho es para mí?
Pues claro, no me invitan a una cena todos los días y hay que aprovechar para ponerse guapa de vez en cuando.
Pues sí que lo has conseguido, voy a tener que ir de guardaespaldas, pues seguro que tendrás muchos moscones alrededor.
No te creas, ya verás como no. Vamos como si fuéramos pareja y se cortarán de darme el coñazo. Tú déjame a mí.
Llegamos al restaurante en cuestión y nos dirigimos a la puerta.

Agárrame de la cintura, que eres mi pareja, hay que empezar desde el principio para que no se note que no somos pareja. Dijo ella con voz maliciosa y una sonrisa perversa, sabiendo que llevaba las riendas y se estaba divirtiendo entre su descaro y mi incredulidad.
¿Mesa para dos, tienen?, pregunté al metre.
Sí, por favor.
Nos llevaron a una zona como más reservada. El metre se pensaría que somos novios y querríamos intimidad y yo no puse objeción al sitio.

Nos acomodamos y pedimos la cena. Mientras nos la preparaban nos trajeron una botella de vino de reserva que pedí yo y ya me empecé a envalentonar.

Oye, Marisa, necesito que me expliques que ha pasado en tu casa, me he quedado de piedra y no sabía como reaccionar allí con tu marido.
Jajaja. ¿No te ha gustado la cerveza que te puso mi marido? ¿O te refieres a otra cosa?
Qué mala eres. Ya sabes a qué me refiero. Tu marido allí poniéndote la tobillera y tú enseñándome tus braguitas, cochinorra.
Eso no ser mala. Eso es ser morbosa. Me encanta hacer que mi marido me vea así vestida delante de los demás y lo de la tobillera era para darle más morbo a la situación. ¿no te gustó que estuviera allí arredilado delante de mí mientras yo jugaba contigo?
Me encantó, pero si te llega a pillar, hubiera sido un compromiso para mí.
No, en absoluto. ¿sabes que significa la tobillera que le hecho ponerme?
No, ¿es que tiene significado?
Pues claro. No hace mucho entré en el ordenador de casa y me dio por investigar en qué páginas de Internet entraba mi marido y descubrí que le gustaban la páginas guarras. Al principio lo vi lógico, pues nosotros hacemos poco el amor. No se excita como antes, debe estar con la pitopausia, pero con las páginas porno de Internet por lo visto se debe excitar.
Así que un día le espié. Me fui a la cama pronto y él dijo que se iría al ordenador. Al cabo de un rato me levanté sigilosamente y desde la puerta observé lo que hacía. Estaba pajeándose mirando páginas porno, hasta que se corrió y me fui a la cama sin que se diera cuenta.

Al día siguiente fui al ordenador a investigar que porno le excitaba para poder usarlo yo y ponerle como una moto y volver a retomar nuestra vida sexual y cual fue mi sorpresa que descubrí páginas de cornudos, corneadores, sumisos, etc.

Empecé a investigar y descubrí que una Q dentro de un as de picas, significa que tu marido es un cornudo y tú eres libre para follar con quien quieras con su consentimiento.

Pedí la tobillera por Internet y la puse a su nombre para fuera él a recogerla. Jajaja. Si llegas a ver la cara que puso cuando abrió la caja y descubrió lo había dentro… te mueres de la Risa, al menos yo me estuve riendo más de media hora.

y… ¿qué pasó?
Había dos opciones, que le gustaran esas páginas porque se ve como un macho alfa y semental o porque le escita ser sumiso y cornudo. Como le conozco, de macho semental tiene poco así que? pasço lo que has visto hoy. Que él asumió que le excita que pueda dar placer a otros hombres, pero que le daba vergüenza decírmelo por si dejaba de quererle y cosas así.
No sabíamos cómo empezar a ponerle los cuernos y al recibir tu nota, se me encendió la bombilla y tú eres el elegido para la experiencia, llamé rápidamente a Pedro y le pareció perfecto. ¿te molesta ser el conejillos de indias?

Jajajaja. Pues la verdad es que todo esto me excita mucho, eres la hostia. Jajaja.
¡Qué alivio!, pensé que te asustarías.
¿Asustarme? Nada más lejos de la realidad. Además has dado con la persona perfecta para hacer esto.
Anda no seas prepotente.
Jajaja. Ni mucho menos, ahora te explico.
Resulta que yo estoy divorciado y con mi mujer jugábamos al rol de zorra-cornudo, donde yo era el cornudo, jajaja. Así qué se muy bien de qué va todo esto y ahora estar en el papel de corneador, sabré hacerlo a la perfección, pues sé lo que le gustará a él. Y espero que a ti también.

¡¡¡No jodas!!! Y qué pasó, ¿por qué te divorciaste por que desapareció el amor?
Se nos escapó de las manos y me engañó. Cuando dejó de contarme sus hazañas, cuando se veía a escondidas con su último macho, me di cuenta que ya no había morbo, que la situación resultaba dolorosa. Se lo comenté y me dijo que me aguantara. Que todo el mundo ya sabía que era un puto cornudo y se hizo insostenible la situación. Estuvieron viviendo juntos en mi casa casi un año y yo allí con ellos. Al principio me gustaba la humillación que me hacían pasar dentro de nuestros juegos pero cuando las cosas salieron de las puertas de casa a la calle, ya no pude con ello.
Se iban de fin de semana juntos y me mandaban fotos y videos de lo que hacían y lo bien que se lo estaban pasando. Hasta que una vez me obligaron a ir con ellos. Les hacía de chofer y ellos detrás haciendo de todo. Eso no me molestaba, me excitaba, pero lo que sí me molestaba que fuera de ahí no sabían comportarse y seguían ellos como pareja y yo detrás de maletero, de pagador de sus cenas copas, pero delante de la gente ya no me gustaba tanto, así que aguanté un año más y se acabó.

Por eso te digo hasta donde llegar con esta situación y evitar los errores que yo cometí. Además, saber que soy el primero, me pone que te cagas. Le vamos a poner como una moto, aunque ya veo que tú sabes muy bien de que va esto.

Ya lo creo. Me he empapado todas las páginas de cornudos y he entrado en foros y más o menos, con eso y conociendo a mi marido, creo saber como excitarle y que nuestra vida sexual sea diferente y excitante.
Pues empecemos la fiesta. Que debe estar que se muerde las uñas.
Y ¿qué propones hacer?
Vamos poco a poco ya verás.
Te vas a ir al baño y le vas a escribir un mensaje, diciéndole algo así como… este tipo me está poniendo muy cachonda, saber que estoy casada le ha dado alas y estoy muy mojada, tendrías que estar aquí y lamerme el coñito como un perrito fiel y calmar mi sexo.

Luego te haces una foto del Chichi metiéndote un dedito y se la mandas. Después vienes y esperamos a que conteste.

Uffff, realmente no será mentira, me estás poniendo muy cachondona. Jajaja. Ahora vuelvo.
Yo me quedé esperando tranquilamente saboreando el segundo plato cuando apareció un mensaje en el móvil.

?¿Te gusta la foto?, ¿le mando está??

?Guauuuu, perfecto, mándasela.?

Se me puso la polla polla a 100, me empalmé ne décimas de segundo con la imagen que me enseñó.

Realmente estaba excitada. Que rajita tan rica tenía mi acompañante, pensé. Me lo voy a comer enterito.

Al cabo de pocos minutos regresó ella con una sonrisa de oreja a oreja. Se sentó a la mesa y me dio el teléfono para que lo viera.

Al encenderlo, estaba la conversación que había tenido con su marido.

?Madre mía, cariño, de verdad estás excitada, ya lo veo?

?Es que este hombre me pone mucho y además es muy simpático. No sé si decirle lo poco macho que eres para ver qué pasa.?

Ahí se quedó la conversación y en ese momento entró otro mensaje.

Toma, acaba de mandar un mensaje tu marido. Léelo y me cuentas.
Léelo tú y dime lo que pone.
Dice: ? No cariño, aún no le digas nada, no vaya a ser que se acojone y no quiera seguir. Sigue poniéndole cachondo y ve contándome?
Jajaja, que bueno. ¿Y qué le contesto?
Tranquila, ya le contesto yo: ?¿es que te estás echando para atrás?, ¿solo quieres que le ponga cachondo y ya está?
Muy bueno, sí señor, a ver qué dice.
Ahora, no le hagas caso en un rato. Hay que ponerle nervioso.
Efectivamente, dejamos el teléfono encima de la mesa y escuchamos que mandaba mensaje tras mensaje. Los íbamos leyendo pero sin contestar.

Decía que tenía dudas, pero que si ella quería que adelante. Que estaba nervioso por la situación, qué por qué no contestaba. Que qué estaba haciendo?.

Nosotros nos reíamos y acabamos la cena.

Ahora dile que si es cierto que quiere que te lo demuestre y que te mande una foto de su estado, pero que se ponga unas braguitas tuyas y según como le veas, actuará en consecuencia.
¿no será muy fuerte?
No tranquila ya verás como cumple como un buen calzonazos.
Efectivamente al cabo de 2 minutos sonó el nuevo mensaje del móvil y con foto.

Nos reímos mucho al ver la foto y decidimos dedicarnos a nosotros en vez de a él.

Ahora deberíamos a ir a otro sitio a tomar algo.
Por mí perfecto.
Salimos del restaurante y me llevó andando a una zona de pubs. Íbamos agarrados por la cintura. Yo, en un momento dado me atreví a darle un beso en los labios, ella se giró del todo y me respondió con un beso increíble. Estuvimos un buen rato besándonos en la calle, con gente pasando a nuestro lado. Acariciándonos la espalda, el culo, era pura lujuria. Aún no habíamos tenido sexo, pero esa sensación fue por mucho, más placentera que otras situaciones puramente sexuales. Me invadió una sensación de energía, de poder, de ser el controlador de la situación, tremenda.

Nuestros labios se despegaron, nos miramos a los ojos y sonreímos. No dijimos nada, no hacía falta.

Pasamos por delante de un bar y le dije a Marisa que me apetecía tomarme un café y que me habían aconsejado el de ese bar.

Ok, me parece bien. Así te despejarás un poco de todo el día, pues esta noche vas a dormir poco, me temo. Dijo ella entre risas.
Eres muy golfa, ¿lo sabes, verdad? No me imaginaba que fueses así y la suerte que he tenido encontrándote.
La suerte ha sido mutua,
Dijo ella, mientras se arrimó a mí, cara con cara, desafiante, a menos de 5 cm el uno del otro y su mano apretaba mi prominente bulto que tenía debajo del pantalón.

Entramos en el bar y le dije que se fuera a quitar el tanga, que iba a tocarla allí descaradamente y el tanga me molestaba. Ella con su genial sonrisa de pícara colegiala, se quiso ir al baño, pero la paré.

¿Dónde vas?, te lo quitas aquí y ahora.
¿No jodas?, ¿y yo soy la golfa?, pues tu eres el pervertido. Jajaja.
Disimuladamente se fue quitando el tanga, hasta que cayó al suelo y me agaché yo, prudentemente, sin que nadie se diera cuenta, y lo recogí. Ahora tenía el chochito libre y la vista mía y de todo aquél que se percatara y mirara a su entrepierna.

Pedimos dos cafés y seguimos a lo nuestro.

Bien, ya lo he hecho. Ahora tú tienes que mostrarme tu herramienta, que me tienes loca de la curiosidad. Quiero vértela.
Es justo lo que pides,
Me desabroché la cremallera y se la enseñé. Ella al verla, allí, con gente alrededor que podía verme en cualquier momento, la agarró para semi esconcerla, pero se hacía cada vez más evidente que mi polla creía y crecía por segundos.

En ese momento hice una foto con el móvil y me fijé bien que tenía un arito en el chochito. ¡Dios mío! Como me excita eso en una mujer.

No pude resistir más y quise penetrarla allí mismo, un poquito, para comprobar que sus jugos resbalaban por su muslos sólo de pensar que mi polla entraría en su conejito.

La operación fue rápida y efectiva. Metí mi polla en su rajita durante unos segundos. Allí sentados en unos taburetes, en la barra de una cafetería, con gente cerca de nosotros y encima haciendo fotos con el móvil. Más descarado no se puede ser.

Pensé que cuando le metiera la polla a Marisa, estaríamos desnudos, en una cama, disfrutando de nuestros cuerpos, pero? no fue así, fue morboso, erótico, especial. Ya se sabe que lo que no se planea sale siempre mucho mejor.

Por cierto? el café estaba muy bueno.

Salimos de allí y nos dirigimos a un pub con luz tenue y muy confortable.

En ese momento le dije a Marisa que mirase el móvil a ver si había algún mensaje del cornudo de su marido y nos pusimos a leer. Había muchos mensajes, pero el mejor fue el último

?Cariño, ya veo que no me contestas, supongo que te estarás dedicando en cuerpo y alma a tu macho. Bueno te dejo, no molesto más, solo decirte que me encantaría saber que estás haciendo, me conformaré con que me lo cuentes cuando regreses. Te quiero.?

¿Le decimos algo, o le hacemos esperar un poco más?
Sí, hazle esperar y le mandaremos una foto para que veas cómo te lo estás pasando, pero dentro de un rato.
Nos sentamos en unos sillones, pedimos unas cervezas y empezamos a jugar. A meternos mano, la principio discretamente, besándonos, acariciándonos?

otra cerveza. Más beso, mis manos en sus tetas, mi boca en la suya, en su cuello. Sus manos sobándome por encima del pantalón?

Otra cerveza. Ya no podía disimular mi bulto en el pantalón y, la verdad, no me importaba que se notara, que todo el que me viera supiera cómo me estaba poniendo la putita mujer casada con la que me estaba magreando.

Ya la cosa se descontroló un poco. Ella sacó mi polla del pantalón, con todo el descaro del mundo y empezó a hacerme una paja.

¡Qué manos más sabias! Mi polla empezó a tomar medida. Ella miraba fijamente a mi sexo, sin importarle que alguien pudiera vernos. Yo estaba en otro mundo, solo respiraba y la miraba. Esa cara de lujuria, de deseo, con ganas de metérsela en la boca para saborear mis jugos.

Estuvo así un ratito, jugando con ella. La guardaba, la sacaba. Cuando se acercaba alguien, ella se arrimaba mucho a mí, me besaba, me rozaba con sus tetas, notaba sus pezones duros, y así ocultaba mi polla a la vista de los que pudieran verme.

En un momento dado, cuando nadie miraba se agachaba y saboreaba la puntita de mi polla, poniéndome a mil por hora. Hacía lo justo para tenerme muy excitado. La cabrona sabía como controlar la situación y como controlarme a mí.

Me cambiaba de conversación, hablando del trabajo, cuando veía que me tenía muy duro y eso hacía que me bajase la excitación, pero nunca dejaba de agarrarme la polla mientras me miraba y hablaba.

Estuvimos así bastante rato y le dije que me mostrara algo de ella, así me tranquilizaría un poco. Quería vez esos pezones como escarpias que me rozaban cada vez que se acercaba a mí. Tenía unos pitones increíbles, además de unas tetazas de locura. Se podía observar su excitación sin que se desnudase.

A ella, por lo que pude observar, le encantaba el exhibicionismo, ese morbo especial que hay en que puedan pillarte y me aproveché de eso para pedirle que hiciese algo fuera de lo normal, a ver hasta donde llegaría ella con este juego.

Luego le propuse algo más arriesgado, algo más fuerte.

¿Qué te parece si te metes la botella de cerveza en el chochito, te hago una foto y se la mandas a tu marido, diciéndole que soy un pervertido y que crees que la iniciación de sus cuernos será mejor de lo que jamás pensamos?
¿cómo?, ¿que me meta la botella?, no me entrará y menos aquí, es complicado.
No, cielo, la botella no, solo la puntita, que note lo salida que estás y las cosas que te obligo a hacer. Eso le pondrá como una moto. Ya lo verás.
Ok. Pero espera que no haya nadie y me haces la foto con mi móvil.
Cuando hubo oportunidad hizo lo que le pedía y ella empezó a gustarle, ya que estuvo un buen rato jugueteando con la botellita en su conejito. Al principio parecía reacia pero luego… casi se masturba con la botella, la muy guarra.

Después de meterse la punta de la botella dio un trago y puso sus labios en la zona donde segundos antes tenía el coño y se recreó pasando su lengua de forma sensual por la boca de la botella.

Es una de las escenas más sexys y eróticas que he vivido nunca en primera persona.

Después de eso le mandamos la foto al cornudo y servil, que tenía mi putita por marido.

La reacción del mismo fue instantánea.

?CARIÑO, ¿qué me has mandado?, estás loca??????

?si no te gusta que me traten como a una ramera y yo goce como una verdarea hembra… dejo este juego ahora mismo?

?NOOOO, ni se te ocurra, estoy nervioso, no soy capaz de pegar ojo y me tienes excitadísimo, mira…?

y el cerdo del cornudo le mandó una foto de su miembro en erección total.

Nos reímos y decidimos pasar de él. Queríamos saber que estaba disfrutando como un enano, al igual que nosotros con la situación que estábamos provocando.

Así que desde ese momento ya no volvimos a hacerle saber nada más de nosotros.

Marisa, me has puesto como una moto y tengo ganas de follarte ya.
Bien, te propongo que nos terminemos la consumición y nos vayamos…
¿Y donde tienes pensado que vayamos?,
dije yo, pensando que nos iríamos con el coche a algún sitio escondido y que follaríamos en la parte trasera del coche.

A mi casa, claro. Me encantaría terminar la noche de forma que mi marido sea y sepa definitivamente que es ser un cornudo y si lo asumirá de ahora en adelante o se rajará.. ¿quieres ser nuestro macho iniciador de mi marido?
¿Hacerlo delante de él y procurar que él lo disfrute también?
Efectivamente esa s la idea. ¿qué te parece?
Que vuestra ida cambiará desde esta noche. Empezaréis a vivir vuestra relación desde otra perspectiva. Me parece bien. Empecemos.
Me plantó un besazo en la boca, me lamió los morros, me abrazó, parecía casi era de amor su actitud.

Me levantó, me cogió de la mano como a un enamorado y nos fuimos dirección a su casa.

En el camino al coche no dejó de abrazarme, de tocarme, de besarme…

En el coche siguió acaramelada a mí y esa situación me gustaba, me hacía sentirme el dominador, el dueño de la situación.

Llegamos a su casa. Estaba nervioso aunque no se me notara, tenía que ir de macho corneador, duro y en mi lugar, aunque por dentro no sabía muy bien estar seguro de hacerlo bien, pero lo vi tantas veces en mi vida anterior que seguro que sabré hacerlo, me decía a mí mismo.

Las luces apagadas, no hicimos mucho ruido. Ella me dijo si quería tomar algo. Le dije que me apetecía algo caliente.

¿Un té?
Noooo, jajaja, tu chochito. Me refiero a tu chochito.
Uyyy, que malo eres, qué tonta soy, jaja.
¿Y tu marido, donde está?
No tengo ni idea, supongo que estará espiándonos, y si está dormido no pienso despertarle, que se despierte cuando empecemos a chillar de placer. ¿no crees?
¿Y yo soy el malo?, eres una víbora.
Se desnudó del todo delante de mí y empezó a tocarse lujuriosamente, contoneándose como una zorra profesional. ¡qué cuerpazo, Dios mío!

Yo estaba algo intranquilo sin saber donde estaba su marido, me ponía nervioso no saber si nos estaría mirando o se lo estaba perdiendo por quedarse dormido como un ceporro.

Se agachó, se arrodilló ante mí y me desabrochó el pantalón, lo bajó, quedando mi polla erecta a la altura de su cara de viciosa.

Comenzó el ritual de la mamada, me encantaba lo que me estaba haciendo. Yo empecé a dejar de pensar en Pedro, solo pensaba en el placer que me estaba dando la boca de esa mujer arrodillada ante mí.

En un momento que abrí los ojos y giré la cabeza, vi de raspajillón al cornudo de la casa, mirando desde la esquina del pasillo, con la mano en su polla, machacándosela como un mono. Eso me hizo gracia, tantas veces lo había hecho que me reí sin poder remediarlo. Él no se dio cuenta que le había visto, pero sí que le daría una buena excusa para que se pajeara adecuadamente.

Coloqué a marisa de tal manera que le ofreciera una buena visión de la boca de su mujer tragándose mi rabo entero.

Ya estaba muy caliente y decidí levantar a mi amante y colocarla encima de mí y empezar a penetrarla suavemente.. entré en ella como un cuchillo corta la mantequilla. No opuso nada de resistencia su chochito. Estaba empapada. Empezó a moverse, primero despacio, besándome lentamente y poco a poco empezó a coger velocidad, estaba muy excitada. No me puse protección y creo que eso a ella le excitó más cuando se lo dije.

¿me pongo preservativo?
A buenas horas, joder, a buenas horas. Fóllame bien follada.
¿Avisamos a tu marido para que te vea?
Que se joda, tú folla a tu putita, vamos, cabrón, folláme más fuerte, quiero notarte bien dentro.
Esas palabras me excitaron muchísimo y empecé a acompañar su movimientos con los míos, mientras miraba a su marido en la esquina pajeándose y sin decir nada. Me estaba follando a su mujer sin preservativo en su puta cara de cornudo.

Cuando estaba a punto de correrme, me paré. No quería correrme tan rápido, deseaba que esto durara más tiempo y gozar de la situación todo lo que pueda.

Me acerqué a su oreja y empecé a chupársela y le dije bajito.

Tu cornudo está en el pasillo pajeándose, me encanta la visión.
¿ah, sí?, pues cambiemos de postura, quiero mirarle la cara mientras me follas.
Se sacó mi polla de su coño y se puso a cuatro patas mirando hacia el pasillo, para que la follase por detrás. Así los dos podríamos estar mirando al cornudo mientras follábamos.

Me mostró su pedazo de sexo, rico, increíble, palpitando, esperando a ser penetrado.

Aceruqé mi sexo al suyo y se lo metí de un golpe asta dentro, lo que hizo que ella diera un grito de placer que tendría que oir su marido sin lugar a dudas.

En eso, Pedro asomó la cabeza y se dejó ver. Tenía la polla dura como un mástil y no dejaba de mover su mano y sus ojos se quedaron fijos en los de ella. Era una mirada de morbo, de placer, mezclada con impotencia y un sin saber que hacer.

Te gusta lo que ves, cariño?, decía ella mientras se movía hacia delante y atrás al ritmo de mis embestidas.
Él callaba. Supongo que al ser la primera vez estaba cortado y no sabía como reaccionar.

No te gusta como goza tu hembra conmigo?, ¿dejo de follarla o sigo? Tu decides?. Dije yo para que hablara algo y no se quedara con esa cara de pánfilo y embobado que tenía en ese momento.
Seguía sin decir nada, solo movía su mano por su falo, cada vez más rápido.

¿sabes que tu mujer me ha dejado follarla sin preservativo?, lo mismo quiere que la preñe para ti.
A ver si así despertaba ya de su letargo. Pero ni por esas.

Pégame en el culo, que vea como gozo contigo, a ver si se corre pajándose mientras me haces conmigo lo que quieras.
Eso me resultó extraño, pero lo hice. Empecé a pegarle en las nalgas, y con cada palmetada, decía.

Ayyy, más, más fuerte, dame, dame todo.
Seguía metiendo mi polla todo lo más dentro que podía y sacudiéndola en su culito cada vez más fuerte. En cada embestida, ella chillaba más y más.

Le di bastante fuerte y se la clavé a la vez, en ese momento, empeczó a a arquear el cuerpo y metió la mano por debajo tocándose el coño y mis huevos. Agarrándomelos con fuerza, como para que no se escapara mi polla de dentro de su coñito. Sus chillidos eran bastante claros y evidentes de que se estaba corriendo como una perra.

Mira como se corre esta puta que tienes por mujer, ves?, increíble, que zorra tienes en casa amigo. Mira como goza.
Ella no podía decir nada, solo suspirara y decir, ¡Diosss! ¡Diosssss!, ¡Diosssss!

En ese momento, él aceleró su paja y empezó a eyacular como un cerdo, cayendo todo su semen en el suelo del pasillo. Del goce, se cayó al suelo de rodillas, jadeando como un perrito.

Cuando ella entró otra vez en su cuerpo y empezaba a ser persona otra vez, se dio cuenta de lo que había pasado, se empezó a reir. Sacó mi polla de su coño y fue donde estaba su marido. Él de rodillas y ella de pié, dando una imagen de superioridad ante él.

Buen perrito, buen marido, buen cornudo. Me has hecho feliz, mi cariño, pero… esto no ha acabado. Nuestro invitado no se ha corrido aún y tendré que dedicarme a él un ratito más. ¿no te importa, verdad?
Claro que no, cielo, tú sigue con lo tuyo, yo miraré.
Ahora nos vamos a la cama y tú mirarás desde la puerta, me excita que nos espíes.
Lo que tú digas mi amor.
Yo estaba allí como un objeto, nadie me pedía consejo, jajaja, y es que en estos casos, son ellos los que mandan y ponen las premisas.

Me fui con ella a la habitación, pero… como tenía la polla aún muy dura, pensé que era buena idea llevarla insertada.

Esta zorra no tiene fin. Es muy viciosa. Me cuesta creer que no le haya puesto los cuernos a su marido antes. Sabe muy bien como manejar los tiempos, las palabras, las frases, las formas…

Yo encantado de todo lo que estaba sucediendo. Me encontraba en mi salsa. No tenía que ser yo quien llevara la batuta, era ella y lo hacía de forma magistral.

Llegamos a la cama, sacó un bote de gel y me dijo.

Ahora quiero que me taladres el culo, para que vea ese pichafloja como se folla un culo, él nunca a sido capaz de metérmela en el culito.
¿Verdad, cielo que nunca has sido capaz de follarme el culito?
No, mi amor, nunca pude.
¿Ves?, este tío no sabe, pero tú sí sabes, ¿a qué sí?
Por supuesto. Si quieres le enseño como se hace.
Jajaja. Sí enséñale, seguro que se hace otra paja viéndonos.
Nos metimos en la habitación de matrimonio, para mancillar el lecho conyugal con una sesión de sexo infiel con consentimiento de ambas partes. Eso me hacía ponerme muy burro. La sensación de poder que tenía Marisa ante su marido y la sensación de ser utilizado para sus fines, me hacía sentirme enorme, ser alguien intocable y eso me gustaba.

Tumbé a mi amante en la cama boca arriba.

Primero quiero follarte el coñito un poco para ir mojando bien mi polla dentro de ti y que te vayas abriendo.
Sí, por favor, fóllame delante de mi querido esposo. Quiero que me vea disfrutar como una perra.
Comencé a follarla con agresividad delante del cornudo, empujaba con fuerza, la insultaba, le insultaba a él también, estuvimos un buen rato jadeando y sudando, hasta que en un momento ella me dijo algo que me dejó alucinado.

Pégame.
¿qué?
Que me pegues, coño. Pégame.
¿En la cara?
Sí, vamos, pégame.
Marisa estaba fuera de sí. Quería que le pegase. Nunca había pegado a nadie y no sé si sabré hacerlo, pero? todo es empezar.

La pegué con la mano abierta en la cara, no muy fuerte.

Noté como ella se convulsionaba, noté que le gustaba. Jamás había estado en una situación semejante. Volví a sacudirla, ya un poco más fuerte y ella reaccionaba con jadeos mayores y retorciéndose de gusto.

Seguí pegándola en la cara, la tenía roja. Yo pegándola delante de su marido, ella gozando y él impávido, sin inmutarse, con la polla a reventar. Les gustaba a ambos que yo maltratase a su esposa.

Le di otra bofetada, no eran muy fuertes, pero como ya llevaba unas cuantas, su cara estaba roja como un tomate, sus ojos saltones y cara de lujuria. Cuando le di la última estalló en una corrida increíble. Empezó a convulsionar, su coño parecía una fuente, no paraba de chilar ¡Diossssssssssss!, ¡me muero, me muero!

Yo seguí empujando para correrme con ella, pero no pude, apretaba tanto las piernas y se puso tan tensa que era incapaz de moverme, me tenía inmovilizado. Me araño, me mordió. Estaba como loca. Su orgasmo duró al menos un minuto largo. Fue indescriptible lo que conseguí con ella.

Cuando se relajó. Me miró, me besó como lo hizo en la calle, con dulzura, pasión y sensualidad.

Me sentí un poco raro, estando allí su marido que había sido espectador de la alucinante corrida de su esposa, pero rápidamente ella rompió esa situación diciendo:

Joder, cariño, nunca me había corrido así, no sabía que podría correrme así, casi me desmallo. ¿ves como tenía yo razón que no tienes ni puta de idea de tratar a una mujer como yo? A ver si aprendes, cornudo de mierda.
Ya lo veo, cielo, ha sido espectacular. Me ha encantado.
Pues si me dejáis que opine? jamás había visto correrse a una mujer como se acaba de correr la tuya.
Todos nos reímos y nos tumbamos en la cama. Al rato ella dijo que si tomábamos algo que estaba deshidratada. Yo dije que perfecto.

Ya en el salón los tres, desnudos?

Ha sido una velada fantástica, espero que podamos repetirlo en más ocasiones.
¿qué?, a ver si te crees que has terminado, guapito. Aún no te has corrido y queda pendiente que sodomices a mi mujer.
Jajaja, por mí encantado, pero no creo que ella esté para más sesión de sexo esta noche.
¿Pero tú que te crees?, tú no te vas de aquí hasta que se haga de día. Para una vez que pillo a un buen macho follador? tú no te vas tan pronto, dijo ella entre risas.
Joder, pero que para de viciosos sois. De acuerdo, pero en esta ocasión, quiero que Pedro me ayude.
¿qué propones?
Cuando descansemos iré a dar por el culo a Marisa, te mostraré como se debe hacer y cuando ya esté bien insertada? tú le vas a follar el coño. Quiero que tenga dos pollas dentro. Le dolerá si es la primera vez, pero como hemos descubierto esta noche, le encantará a la muy zorra.
¿Estás de acuerdo Marisa?
¿Tú crees que mi perrito estará a la altura?
Por supuesto, tu es que no has visto como tenía la polla de dura cuando te estaba follando. Seguro que no nos fallará. Yo confío en él.
Aclarado este punto, estuvimos tomando un refrigerio y unos frutos secos durante un ratito. Me levanté y me fui a su habitación sin decir nada. Yo actuaba como si fuera mía la casa.

Al ratito vino ella con una sonrisa picarona y detrás él a cuatro paras por todo el pasillo.

Venga perrito, ponte ahí y observa como es enculada tu mujercita.
Ella se puso a cuatro patas para que la sodomizara, pero?

No Marisa, no, primero tienes que estar muy caliente y excitada para que dilates bien, así que alguien tiene que comerte el coño y ese será tu marido. Vamos perrito, come el chochito de tu ama y lubrícamela bien.
Él, sin el mayor apuro, se subió al a cama y empezó a lamer el coño de su mujer. Lo hacía tan mal que le tuve que apartar.

Mira, inútil, mira como se hace.
Tomé las riendas y me agaché, empecé a pasar mi lengua por sus labios exteriores, y de vez en cuando pasaba por su clítoris aún hinchado. Notaba como respondía a mis caricias linguales.

Poco a poco me fui centrando en su clítoris, lo metí entre mis labios y succionaba despacio a la vez que empecé a meterle un dedo en su rajita, luego dos dedos y los movía acompasadamente.

Cuando lo creí oportuno metí un dedo en su agujerito trasero manteniendo los dos dedos dentro de su rajita. Ella dio un respingo. Lo tenía muy cerrado y lo apretaba al notar mi dedo hurgando en su ano.

Relájate, zorrita, no te pasará nada, relájate.
Empecé a mover los dedos en círculos, eso nunca falla, para relajar el esfínter y dilatarlo un poquito. Poco a poco empezó a dejarse llevar y relajarse.

La puse a cuatro patas y me mojé la polla con el gel lubricante y un poco en su culito. Metí dos dedos, ya en esa posición y descubrí que no hacía presión, ya la tenía lo suficientemente relajada para poder insertarla con mi polla.

Ahora acércate, cornudín. Mira como se la meto. ¿ves?, poco a poco, observa.
Así es como tiene que estar el culito. Bien preparado

Ahora se pone la punta en el agujerito, ¿ves?
y poco a poco se va metiendo la punta primero

Hasta poder meterla entera. ¿Has captado la idea? Y ella ni se ha inmutado.
Mentira, jajaja, ella si que se inmutó, se quejó un poco al principio, pero según iba entrando mi polla despacito iba abriéndose ella el culito para que la metiese entera y hasta el fondo.

Una vez bien metida comencé a moverme para ir follándola y que su agujerito se fuese dilatando y amoldándose a mi polla, cosa que conseguí en poco tiempo.

Seguí así un rato, escuchando los gemidos de ella y los sonidos que hacía él mientras se masturbaba. Marisa no podía decir nada, estaba concentrada en sentir mi polla dentro que no podía decirle a su marido lo cornudo y mierda que era, pero seguro que lo estaba pensando.

Cuando ya noté que su culo estaba bien abierto y mi polla entraba y salía perfectamente, le hice darse la vuelta, para que Pedro pudiese ver bien como tenía mi pollón bien insertado en su culo y su coño a disposición para qué posteriormente él ingresara su pollita dentro del coño de la puta que tenía por esposa.

Él casi se corre de ver a su mujer siendo sodomizada por una polla desconocida y lo fácil que me había sido doblegar el ano virgen de su mujer.

Le dije que se pusiera encima y que se la metiese en el coño.

Me voy a morir si me la mete, lo juro me muero. Dijo Marisa, ya empezando a estar fuera de sí otra vez.
No hagas caso, y fóllatela, como un buen macho, venga campeón.
Lo intentaré. Estoy muy excitado.
Pedro se montó encima y poco poco noté sobre mi polla una presión. Era la suya entrando en la vagina se su señora, estaba metiéndole su herramienta con mi polla dentro se culo.

Ella no dejaba de gritar que se moría de placer y él empezó a moverse ala compás. Yo noté como si me estuviera haciendo una paja con su polla, notaba perfectamente su polla rozar con la mía atracés de las paredes vaginales de Marisa. Estaba inmovil por el peso de los dos, pero muy excitado.

La presión de las dos pollas dentro de Marisa yla sensación de estar llana, hizo que la zorrita estallase en otro orgasmo convulsivo y más bestial, si cabe que el anterior. No dejaba de apretar con el culo, la vagina, las piernas. Haciía tanta fuerza con todo su cuepro que pensé que me rompía la polla y en ese momento estallé en un orgasmo bestial. Empecé a correrme y agitarme con ella y Pedro no pudo contenerse y se corrió con nosotros.

Hubo golpes, codazos, movimientos, pero en ese estado de euforia solo sentimos placer y como si una fuerza superior nos poseyese a los tres a la vez.

Cuando nos desenganchamos de la posición. Auqelló parecía un desembarco. Que pasada de follada, que pasada de noche, que pasada de sexo, que pasada de pareja.

Lo cierto es fue una de las mejores noches que lo he pasado con una pareja y solo espero que Marisa se quede preñada, de mí o de su marido, y hagamos cosas ?diferentes? entre los tres.

De momento lo estamos intentando. Ella quiere quedarse en cinta, espero que lo consigamos y experimentemos todos la vida de un corneador, un cornudo, y su zorra esposa que le ama con locura.

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Cerda jamona con negro de enorme polla

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febrero 22nd, 2013 >> Amateurs

Esta tía si que es toda una cerda jamona y no literalmente, pues como verán esos kilos demás que tiene hace que tenga esas enormes tetazas y ese culazo inmenso que provoca meterle palmadas hasta dejarle el culo bien rojo aunque este caso sería muchísimas palmadas en el culo para poder abarcar tremendas nalgas. Pero como tenemos un enorme culazo se necesita también una enorme pollaza gorda, para eso tenemos un negro especialmente para poder follar a esta tía cerda jamona, porque llegar a ese agujero hay que tenerla bien larga y gorda para que la puta gorda la sienta, pues veamos una follada descomunal de tia gorda con negro pollon donde ese culazo se sentara encima del negro tragándose hasta la bolas…Que tal CERDA TIA CULONA!!!

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Los amigos de mi papa en Relatos eroticos de Orgías

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diciembre 6th, 2013 >> Relatos Eroticos

Los amigos de mi papa en Relatos eroticos de Orgías (relatos eroticos )

» Relato Erotico: Los amigos de mi papa en Relatos eroticos de Orgías

Los amigos de mi papa en Relatos eroticos de Orgías (relatos eroticos )

Mi papá solía traer a nuestra casa a muchos de sus compañeros de trabajo, tras un día arduo en la oficina, para beber y pasar el rato. A mi hermano Sebastián le saludaban como si fueran colegas de toda la vida: chocaban los cinco, le preguntaban cómo le iba con sus conquistas y comentaban sobre su equipo de fútbol. Pero a mí en cambio siempre me trataban con mucho respeto, imagino que era así porque mi padre estaba allí.

Pero en una tarde me fui al baño para darme una ducha. Cuando terminé me di cuenta que no llevé conmigo mi bata, por lo que tuve que salir con una toallita muy pequeña remangada por mi cintura y con un brazo cubriéndome las tetas. Me topé con uno de sus amigos que quería entrar en el baño. Me miró de arriba para abajo sin mucha vergüenza, yo no sabía dónde meter mi cara porque estaba coloradísima.

Me dijo con una gran sonrisa:

-Hola Rocío. Soy el señor López, el jefe de tu padre.

Su propio jefe nada más y nada menos, pero yo no le hice mucho caso, me fui a pasos rápidos de allí pidiéndole disculpas.

Un par de noches después, mientras yo estaba hablando con mi novio por el móvil, ese mismo hombre entró en mi habitación. Fue muy rápido, se disculpó y dijo: ?Así que aquí es tu habitación, yo estaba buscando el baño, perdón Rocío?. Y cerró la puerta inmediatamente. No le di mucha importancia pero más tarde entendería su extraño actuar.

Una tarde me fui a la casa de una amiga, y cuando volví, ese mismo señor me esperaba cerca de la entrada de mi casa, apoyado en su lujoso coche y con una tarjetita en su mano. A mí me daba mucho corte mirarle a los ojos.

-Hola señor López. ¿Vino con mi papá?

-No, Rocío, he venido por mi cuenta.

-¿Y por qué?

Yo me aparté un poquito para entrar en mi casa pero él me cerró el paso.

-Tu papá va a perder el trabajo a manos de un muchacho más joven y activo. ¿Lo sabías? Por eso nos ha estado invitando a su casa, para mostrarnos cómo se las arregla solo, con un hijo que pronto comenzará la universidad y una hija muy preciosa que comenzará ya su segundo año de la facultad.

-Eso es terrible, señor López. ¿Y por qué me lo cuenta a mí?

-Porque si tú quieres, puedo hacer que tu padre no solo siga en la empresa, sino que suba de puesto.

-¿Si yo quiero?

Me pasó su tarjetita y dijo que me esperaría con otros hombres en un departamento ubicado en el centro de Montevideo. Yo me quedé muda, arrugué la tarjetita y le solté un sonoro bofetón. Le grité un montón de cosas y me daba rabia que ese pervertido no borrara nunca la sonrisa de su cara. No quise armar más escándalo porque tengo vecinas chismosas y repelentes que ya estaban mirando el show que monté.

Esa noche discutí con mi papá al respecto, en su habitación, porque no quise que mi hermano escuchara. Me lo confesó todo, que su puesto apeligraba porque una persona que comenzó como auxiliar terminó escalando puestos y amenazaba con quitarle su lugar en la gerencia administrativa. Obviamente mi papá no sabía que su jefe me hizo una propuesta indecente, eso sí que le iba a enfurecer y ahí se iría al traste todo.

Le vi tan triste y preocupado, así que decidí abrazarlo y quedarme a dormir con él para tranquilizarle un poco. Me dije para mí misma que yo iba a hacer lo posible para salvar a nuestra familia, que iba a hacer un sacrificio y aceptar la propuesta indecente.

Al día siguiente le llamé a su jefe y tuve la conversación más surreal de mi vida:

-Hola señor López. Soy Rocío.

-Hola putita.

Me quedé cortada por unos segundos, vaya maneras del señor.

-Voy a irme esta noche al edificio que me dijo? Lo haré por mi padre, por mi familia, usted esta noche tendrá mi cuerpo pero nunca mi alma.

-¡Pfff! Me da igual, putita, la verdad. Ve junto a la señora Rosa en la portería a las cuatro de la tarde. Y trae unas almohadillas, que vas a pasar mucho tiempo de rodillas, ¡jajaja!

-Imbécil, no le da vergüenza hablar así.

-A las putas las hablo como quiero. Y tú eres una putita muy preciosa, cuando te vi salir del baño me dejaste muy caliente. Tengo unas ganas de ponerte de cuatro y reventarte el culo hasta que llores, marrana.

La verdad es que me calentó un poco pues de siempre he fantaseado con el sexo duro, pero nunca lo he admitido por temor a lo que diría mi novio, que seguro lo terminaría contando a sus amigos, que yo le conozco bien al cabrón. Y si bien con mis amigas soy muy abierta, hasta ese punto no llego. Así que dentro de mí, la cosa se puso algo ardiente.

-¡Marrano usted, viejo verde!

A la tarde me ?preparé?. Es decir, me puse ropa holgada, me despeiné adrede, nada de maquillaje y hasta incluso me comí una cebolla entre lágrimas para que esos perros no disfrutaran nada conmigo. Llevé mi carterita con tan solo mi móvil y la camiseta de Peñarol de mi hermano, que si en ese edificio iban a llenarme de semen, qué mejor trapito para limpiarme toda que ese pedazo de tela de odiosos colores.

Envié sendos mensajes a mi papá y a mi hermano. Al primero le escribí: ?Papi te amo un montón, no te preocupes por el trabajo que seguro lograrás demostrarle lo que vales. Voy a dormir en la casa de Andrea. TQM?. A mi hermano le envié: ?Subnormal, ojalá te mueras?. En el fondo quiero mucho a mi hermano Sebastián y seguro que él lo sabe, pero no sé por qué me resulta más fácil insultarle antes de admitir que tiene un lugar en mi corazón.

Cuando llegué al edificio tras abordar un taxi, me quedé sorprendida: era de lujo y para colmo mi pinta no congeniaba con ese lugar repleto de hombres trajeados y mujeres con vestidos carísimos que me miraban por sobre el hombro. Por suerte la señora Rosa vino rápidamente hasta mí y me agarró del brazo para llevarme a uno de los baños para funcionarios.

-Así que tú eres la putita que va a hacerle la fiesta a esos hombres.

-No soy ninguna putita, me llamo Rocío.

-¡Joooo! ¿Pero y ese aliento que tienes, querida? Y menudas pintas tienes, no sé qué vieron en ti. Por suerte me han pagado para que te arregle un poco?

Me dijo que me quitara las ropas porque ella me iba a dar una ducha, yo le dije que eso lo podría hacer yo sola y en privacidad. La mujer me dijo que eso iba a ser imposible, porque le pagaron muy bien para asegurarse de que yo estuviera en condiciones, y que si me negaba, iba a traer a los de seguridad del edificio y entre ellos me iban a forzar a bañarme.

No tuve mucha opción realmente, me quité las ropas holgadas y me metí bajo la tibia ducha. Ella se encargaba de mirarme con los brazos cruzados y la mirada maliciosa. Me decía ?Límpiate allí, te falta allá?, etc. Luego se soltó más y empezó a tirar dardos: ?Qué lindo chochito tienes, ¿no te gustaría depilarlo??, ?Ese culito seguro que es apretadito, tras esta noche no vas a poder sentarte durante una semana, jajaja?.

Luego de la ducha, me dijo que me apoyara contra la pared y pusiera mi culo en pompa. Yo lo hice pero la verdad es que tenía muchísimo miedo, pensé que ella iba a tocarme, darme nalgadas o alguna perversión similar, pero no fue así:

-¿Rocío, ya practicaste sexo anal?

-No, Señora Rosa…

-Sé sincera, nena.

-Diosss? la verdad es que ya puedo aguantar hasta cuatro dedos, pero no más? ¿Por qué?

-Ay, por favor, como si fuera que no lo sabes.

Introdujo en el ano su dedito, hizo unos círculos allí para ensanchar un poquito pero yo aguanté, me mordí los labios y arañé la pared. Luego metió una manguerita especial y me dijo que me iba a limpiar el culo porque esa noche iba a debutar por detrás. La hija de puta me llenó las tripas tres malditas veces, yo parecía una embarazada de lo llena que me dejaba. Tenía unas ganas de metérsela yo misma en su trasero para que sintiera el mismo martirio que yo.

Cada vez que tenía las tripas llenas, debía evacuar en el inodoro como proceso de limpieza. Y así, a la tercera ocasión, ya solo salía agua limpia de mi culo. Yo estaba rojísima, fue súper humillante y cuando todo acabó pensé que por fin terminó lo peor de la noche. Pero qué burra fui al creer eso.

Le dije que me dolía la pancita pero me respondió que pronto me pasaría. Me mostró luego un trajecito de mucama francesa, me dijo que ese iba a ser mi uniforme, era demasiado corto y me desesperé. Me pidió que me tranquilizara y me sentara en el inodoro, porque iba a maquillarme. Arregló mi cabello en una coleta y le introdujo pernos de pelos con terminación en forma de rosas rojas. Me delineó los ojos con color negro para resaltar mis ojos café, delineó también mis labios con un lápiz rosa pálido y así coloreármelos con un labial del mismo tono. Cuando me vi en el espejo me quedé muda, yo lucía preciosísima, como una actriz de cabaret? lástima la ocasión no era la mejor de todas.

Me puso el collarcito de cuero, era bastante cómodo pues el interior estaba acolchado. Me ayudó luego a ponerme unas medias de red que llegaban hasta medio muslo, sin liguero. Y llegó lo peor, el trajecito de mucama: era de corsé, se iba a tardar su tiempo cosérmelo. Y por lo que se veía, era demasiado revelador, empujaría mis tetas para lucirlas en todo su esplendor, y por otro lado ni siquiera llegaría a cubrirme la mitad de mis muslos. Para colmo no iba a llevar ropa interior, nada de nada, con tan solo inclinarme ya se podía apreciar mis nalguitas y mi coño, fue demasiado vergonzoso al comprobarlo frente a un espejo.

Y así llegó por fin las ocho de la noche, mientras yo trataba de luchar contra esos malditos tacos altos, con la Señora Rosa sentada y fumándose un cigarrillo mientras me aconsejaba.

-Luces muy bien, Rocío. Estás perfecta, nada que ver con la campechana que eras hace unas horas.

-Señora Rosa, tengo miedo.

-¿Ah, sí? Pues no tienes por qué. Relájate, querida. Sírveles el champagne, los bocaditos, muéstrales tus encantos. Por lo que sé te van a pagar muy bien.

-Sí, un montonazo de dinero ?mentí. Por lo visto ella no sabía que todo era un chantaje.

-¿Ya terminaste con el caramelito de menta? ¡Ese aliento era terrible!

-Sí, ya está todo, joder?

Me acompañó hasta el elevador, y antes de que se cerrara la puerta me dijo que todo lo que yo necesitaba estaba en el bar de ese departamento al que iba: la bandeja, las bebidas, las copas, los bocaditos? y los condones también estarían ahí. Con las piernas y manos temblándome, presioné el botón del último piso.

Cuando llegué y entré en la habitación que me indicaron, vi a ocho hombres maduros y trajeados en sillones que formaban un enorme círculo. En el centro había un colchón y un par de cámaras en trípode. La verdad es que por un momento pensé en salir corriendo de allí porque no me esperaba tanta gente pero me armé de valor por mi papá y nuestro futuro.

Todos y cada uno de esos hombres me comían con la mirada, murmuraron mucho cuando yo avanzaba hasta el bar para coger la bandeja. ?¿Ella es la hija de Javier? Joder?, ?No te puedo creer, Señor López, pensé que nos estabas mintiendo?, ?Vamos a pasar una noche de lujo, por lo que se ve?. El Señor López carraspeó para silenciarlos a todos y me llamó:

-Oye, putita, ven aquí que te quiero presentar a los muchachos.

-No me vuelva a llamar putita, marrano.

-¡Es brava la nena! ?dijo un señor.

-Así me gustan las mujeres, seguro es toda una guerrerita en la cama también.

-A pollazos te vamos a cambiar la actitud, Rocío, ¡jaja!

El señor López me ordenó que me sentara en su regazo. Yo estaba coloradísima y miraba solamente al suelo mientras ellos hacían comentarios obscenos acerca de mis tetas y mis piernas. Empezó a meter su mano bajo mi corto vestido de mucama. Gemí como cerdita cuando sentí sus enormes dedos jugar entre mis labios vaginales.

-Estás húmeda, putita.

-Ughhh? diosss? eso es porque me he dado una ducha, imbécil?

-¡Jaja, qué marrana es, cómo le gusta!

-¡Qué linda mucama tienes, pero parece que no tiene modales para hablar!

-No te puedo creer, Don López, si mi señora me pilla?

El señor dejó de manosearme: -Bueno, Rocío, me alegra tenerte aquí con nosotros. Quiero que empieces a servir los bocaditos y la cerveza, que ya va a comenzar el partido entre Peñarol y Nacional, ¡el superclásico! Sé buenita y nosotros vamos a portarnos también bien contigo.

-Está bien señor López ?dije tratando de no gemir más porque el infeliz fue muy bueno tocándome y dejándome encharcada. Seguro que los demás podían ver en mi carita viciosa que aquello me gustaba, pero no les iba a dar el gusto de decírselos.

Me ordenó levantarme y que comenzara a trabajar. Me dirigí al bar y comprobé que, como Rosa me dijo, ya había bocaditos listos para ser cargados en la bandeja. Miré a los hombres y estos ya observaban la previa del juego por la TV, sonreí y aproveché para escupir en algunos sándwiches, con toda la rabia del mundo.

Al principio ellos estaban muy concentrados en la transmisión, así que realmente solo fue servirles cerveza y los bocaditos. Algunos que otros me daban cachetadas en el culo y me decían guarradas cuando estaba cerca, pero se nota que el fútbol corre por la sangre de los uruguayos porque aparte de eso, no me hacían mucho caso.

Todo comenzó a desmadrarse cuando terminó el primer tiempo. Un maduro muy gordo me pidió que me sentara en su regazo. Nada más sentarme, me metió mano y me hizo una fuertísima estimulación vaginal con sus expertos dedos, yo por un momento me dejé llevar, cerré los ojitos y gemí. Me gustó tanto que perdí el control de mis manos y la bandeja se cayó, con los bocaditos y alguna copa.

-¡Esta putita se corre rápido, Don López! Le falta más experiencia ?dijo haciendo que sus dedos vibraran más y más fuerte dentro de mí.

-Ughhh? cabrónnnn? suficienteeee?

-Joder con la nena, es muy bocona. Sé obediente y recoge lo que has tirado?

-Ufff? sí señor ?dije arrodillándome en el suelo para recoger lo que se había caído. Tenía que tirarlos al basurero pero buscaría una forma de servírselos de nuevo sin que se dieran cuenta.

Pero mientras recogía, el gordo tomó de mi collar y me atrajo hasta sus piernas, agarró mi mentón y me ordenó que abriera la boca porque me iba a dar de tomar cerveza. Vació media latita de cerveza que apenas pude tragar. Con los ojos cristalinos, con algo de la bebida escurriéndoseme de la boca y algo mareada, traté de reponerme pero él me sostuvo del hombro:

-Oye, putita, ¿de qué club eres?

-De Nacional, señor? pero no soy fanática?

-¿Sabes que mi señora no entiende una mierda del fútbol? Una vez festejó gol cuando la pelota se fue al lateral? ¡jajaja! Pero tú entiendes, ¿no?

No creo que le importara mucho mi respuesta porque metió mano entre mis tetas y empezó a magrearlas descaradamente. A mí me dolía un montón porque se notaba que era un bruto. Uno de sus amigos se levantó del asiento y, colocándose detrás de mí, levantó la faldita de mi vestido para revelar mis carnes:

-Hace rato que no tenía frente a mis ojos un culito como este, prieto, jugoso y con mucha carne ?dijo dándome nalgadas.

-No puedo creer que la hija de Javier esté aquí, eres increíble don López.

Se arrodilló y metió un dedo en mi culo. Empezó a jugar, haciendo ganchitos y dibujando círculos adentro de mí.

-Uffff? por favor no muy fuerte señorrrr? -gemí mientras su dedo empezaba a follarme el culo con velocidad.

-Mira putita, será mejor uses esa boquita para otra cosa que no sea quejarte ?dijo el gordo.

Se abrió la bragueta y sacó su tranca venosa y larga. Tomó un puñado de mi cabello e hizo restregar su glande entre mis labios. Era enorme y me iba a desencajar la mandíbula si me atrevía a dejarme follar por la boca. Como vio que yo no quería chupársela, tapó mi nariz y esperó a que yo abriera la boca para respirar. Me la metió al fondo cuando no pude aguantar más, y me folló la boca violentamente sin hacer caso a mi rostro coloradísimo y los sonidos de gárgaras. Su panza y su vello púbico me golpeaban toda la cara, la verdad es que ese señor me pareció todo un puerco y maleducado.

Repentinamente me soltaron, dejaron de macharme la boca y el culo, y me quedé tirada en el suelo tratando de respirar normalmente. Me sentía mareada y sobre todo, muy cabreada. Al parecer el segundo tiempo iba a comenzar y querían continuar viéndolo. El Señor López me ordenó muy rudamente que me levantara y que siguiera sirviendo. Me arreglé el vestido y, bastante cachonda, seguí sirviéndoles bocaditos sucios y bebidas escupidas sin ellos darse cuenta.

No sé cuánto terminó el juego, yo no estaba con muchas ganas de saberlo. Unos festejaron y otros se enojaron, y yo temblaba como loca porque el final del juego llegó y ellos se dedicarían a mí. Estaban borrachos, estaban eufóricos, se olía la testosterona en el aire y yo estaba a merced.

Tras servirles unas bebidas, otro señor me ordenó que me sentara en sus piernas para tocarme las tetas y culo tímidamente mientras veía las mejores jugadas del partido (así me enteré que ganó mi equipo por dos a uno). Mientras yo gemía y me restregaba contra él porque era muy gentil y sensual, el jefe ordenó que apagaran la televisión. Casi me caí al suelo del susto cuando dijo ?enciendan ya las dos cámaras?, pues claro, me había olvidado que iban a filmar.

Temblando como una poseída, me levanté y les llené las copas de champagne a todos, y al terminar de servirle al último, el señor López me ordenó que me colocara en el centro del círculo, parada sobre el colchón. Uno de sus amigos se acercó a mí y me entregó una mascarilla veneciana para ocultar mi rostro (pero dejaría mi nariz y boca libres).

-Póntelo, putita, que si papi se entera que sus compañeros de trabajo te cocieron a pollazos?

-Diossss? Sois todos unos cabrones hijos de putas ?dije poniéndomelo.

-Te juro que todavía creo que esto es un sueño, don López, ¡la hija de Javier!

-¡Ya está grabando!

Me ordenaron que me quitara las ropas. Yo temblaba un montón y realmente habrá sido patético cómo quedó filmado. Me costó demasiado deshacerme de tan ajustado traje, me ayudaron dos hombres a desatármelo, y al final me quedé solo con un collar, las medias de red y los tacos altos, parada en el centro.

-Vamos a comenzar un jueguito, Rocío.

-¡No diga mi nombre, que se va a grabar, viejo verde!

-Ah, pero putita, vamos a editar el sonido y ponerle música de fondo para que no se oiga. Escucha con atención. Somos ocho hombres, si logras que los ocho nos corramos en tu boca en menos de cincuenta minutos, tu padre va a obtener un aumento salarial del 50%. Solo puedes usar una mano, y desde luego tu boquita. Con la otra mano te vas a tocar tu chochito, ¿entendido? Cuando logres sacarle la leche a uno, beberás un traguito de cerveza y posteriormente deberás limpiar la polla recién ordeñada, usando solo tu lengua. ¡Cuidado, algunos tenemos mucho aguante, así que ponle empeño!

-¿Has traído las rodilleras, putita? ¡Jajaja!

Se bajaron las braguetas. Tragué saliva presa del desconcierto, no podía ser verdd lo que me dijo. Empezaron a hablar entre ellos, a beber de las copas. Cuando me dijo que el tiempo empezaba a correr, rápidamente me armé de valor. Me dirigí hacia el gordo pues ya se había follado mi boca y seguro que se quedó con las ganas de correrse, probablemente lograría sacarle la leche muy rápidamente.

Nada más me acerqué a su asquerosa polla, me tomó del cabello, bruto como siempre, y me folló violentamente hasta la garganta. Yo me retorcía como si estuviera poseída, me iba a matar, me iba a asfixiar, ni siquiera sabía dónde poner mis manos, instintivamente quise salirme pero el gordo era muy fuerte y me atajó hasta de mi collar. Por suerte, tal como sospeché, él ya estaba al borde del orgasmo. No tardé en sentir su leche en mi boca, y muy para mi mala suerte, llegó incluso a escurrirse la leche por mi nariz puesto que el maldito me la clavó hasta el fondo cuando se corrió.

Me quedé ahí, arrodillada y con la cabeza reposando en uno de sus muslos, tratando de recuperar la respiración. El gordo me tomó del mentón y me dio de beber un trago de algo fuertísimo que me quemó la boca y todas mis tripas. Pero hice fuerzas porque tenía que limpiar su tranca. Me dio un leve zurrón en la cabeza cuando toqué su polla:

-¡Solo usa la lengua para limpiar, putón!

-Ughh? Valeeee?

Fue ridículo, y de hecho ellos se reían mientras me veían limpiándosela a lengüetazos, con mis manos apoyadas en mi regazo. Como estaba morcillona, fue muy difícil que se quedara quieto ese pedazo de carne, y debía corregir constantemente mi cabeza y mi lengua para poder hacerlo bien. Tras poco más de un minuto, y con la lengua muy cansada, el gordo me acarició el hombro:

-Muy bien, Rocío, has cumplido conmigo. Te quedan siete más? ¡Arre!

-Joder? ¡son unos hijos de puta!

-Uy, la hija de Javier sigue con esa actitud peleona. En fin, tic tac, tic tac, ¡jajaja!

El hombre de al lado se inclinó desde su asiento y me agarró del collar para llevarme violentamente hasta su tranca. Se puso a masturbarse groseramente frente a mi atónita mirada, pero rápidamente su jefe le ordenó a todos que la única que iba a masturbarles era yo. Tragué saliva, puse mi mano en su polla y me la metí en la boca. No sé qué fijación tienen los hombres con metérmela hasta el fondo, pero por lo visto les gusta hacerlo. A mí me mareaba y apenas podía respirar, pero puse muchísimo empeño para poder ordeñarle rápido.

Con el correr de los hombres, perdí la noción del tiempo, perdí la sensibilidad de mi boca y hasta la de mi lengua. Me sentía tan sucia, una ramerita barata que buscaba pollas nada más ordeñar una. Les hacía una paja con mi mano mientras con la otra me tocaba mi coñito para poder excitarles más rápido, metí la puntita de mi lengua en las uretras de esos viejos, mordisqueé esos trocos y hasta aprendí que chupando los huevos, se corren más rápido. Bebí la cerveza, limpié las trancas solo con mi lengua. Me gradué de puta esa noche.

-La próxima vez te vamos a comprar un piercing para que te lo pongas en la lengua, la vamos a pasar de lujo contigo, Rocío.

-Escupe antes de chupar la polla, puta.

-No pongas carita fea cuando te tragas mi corrida, marrana.

Cuando llegué al séptimo hombre mi cara era una mezcla de sudor y semen. Respiraba por la boca porque mi nariz ya estaba repleta de leche, de la comisura de mmislabios se escurría semen sin parar, mi cabello antes bonito se había desparramado todo, uno de mis ojos lo tenía entreabierto porque una maldita gota de leche se fue allí, cuando un viejo se corrió violentamente. Mi cara estaba rojísima y me encontraba muy mareada de tanta cerveza.

-Hip? señññorrr? ¿cuánto tiempo me queda? ?dije agarrando la carne del séptimo hombre.

-Pues lo siento Rocío, hace veinte minutos que perdiste.

-¡Jajajaja!

-Si es que? son unos cabronazos, les voy a matarrrr?.

-Claro que sí, Rocío, claro que sí. Ahora vamos a jugar otro juego. Ponte de cuatro patas, trata de poner el culo en pompa. El Señor Mereles, al que no has podido llegar a chupársela, te va dar una rica pajita con sus dedos. Si logras aguantar diez minutos sin correrte, tu padre va a recibir? ¡Un 70% de aumento!

-¡La puta, don López, por qué no me da a mí ese aumento!

-Hip? cabroneeeessss? quiero ir al baño para lavarme la cara?

-Nada de eso, putita. Vamos, que no tenemos todo el tiempo del mundo.

-Pues vale señorrrr?

Me coloqué de cuatro patas. Estaba muy mareada, me costaba mantener el culo en pompa sin balancearme. Por eso vinieron dos hombres y me sujetaron de la cintura. Otros pusieron la cámara justo frente a mi carita de cerda viciosa, seguramente para no perderse nada de mis expresiones.

Sentí que alguien me magreaba el culo mientras me decía guarradas. Algo de carne magra y yo qué sé, ya no podía entender nada de todos modos con lo borracha y cachonda que estaba. Me metió un dedo en el culo y empezó a jugar adentro. Con su otra mano se dedicó a masturbarme, pasando sus dedos entre mis abultados labios vaginales, tocando mi puntito de vez en cuando. Yo empezaba a gemir mientras los otros hacían comentarios obscenos. Se sentía tan rico y quería correrme pero tenía que aguantar por el futuro de mi padre, pero es que joder qué bien se sentía la mano del señor jugando ahí.

Aguanté muy bien, sin muchas quejas, incluso cuando metió un tercer dedo en el culo mientras dos entraban en mi coño. Tiempo atrás yo lloraba de dolor cuando me lo hacían, pero no sé si era porque yo estaba volada, borracha y muy cachonda, pero tampoco me dolió mucho cuando metió cuatro dedos hasta casi sus nudillos en mi culo. Sacaba y metía, sacaba y metía, su otra mano apretaba mi puntito y lo sacudía.

El señor dejó de darme tan rica pajita, y con sus dedos jugando en mi culo, le escuché hablar por su móvil:

-Hola querida, estoy aquí con mis amigos del trabajo.

-Uffff? señor por favor sea más gentil conmigo mmffff? -murmuré porque su mano era muy brusca follándome el culo.

Uno de los hombres cogió la cámara e hizo zoom apuntando mi cara. Dicha cámara estaba conectada al televisor HD de la sala, y de reojo vi mi carita de vicio, toda enrojecida y repleta de semen, viéndome gesticular del dolor porque los dedos del señor se ensañaban con mi culito.

-¡Jajaja! Deja de ser tan preocupada querida mía, simplemente estamos tomando una cervecita tras ver un buen partido de fútbol.

-Oohhhh diosssss? me va a romper en dos pedazos? díganle por favor que afloje el ritmo? uffff?.

-Shhhh, silencio putita, no queremos que le descubran a nuestro amigo ?me dijo uno de los dos hombres que me sujetaban.

-No soy ninguna putitaaaa? joderrrr?

-Vale cariño, trataré de no excederme con las bebidas. Te quiero mucho? Sí, adiós.

-¡Mffff? Uffff? Señor por favor, ¡va a romperme el culo! ?grité cuando escuché que cortó la llamada.

-Mi señora casi te oye, furcia, te vamos a castigar.

-Noooo? no castigos? perdóooonnn? es que dueleee?

Me volvió a meter mano en el coño, jugando entre mis hinchadísimos labios vaginales, metiendo dedo y tocando mi puntito. Yo ya no disimulaba, me encontraba berreando y babeando del placer. Sabía que tenía que aguantar pero era imposible, para colmo los hombres que me sujetaban, empezaron a magrear mis tetas y a meter dedos en mi boca para que los lamiera.

Y me corrí, mordí el dedo de uno de los señores, que rápidamente lo quitó para que no le lastimara más. Arañé el colchón, vi de reojo en la tele que puse una cara feísima, abriendo mi boquita repleta de semen y gritando como cerdita mientras babeaba de placer. Me sentí tan decepcionada conmigo misma porque no fui capaz de aguantar más de cinco minutos. Los hombres me soltaron, se rieron de mí, viéndome retorcerme de placer en el colchón. Uno de ellos me tomó otra vez del mentón y vertió cerveza en mi boca, como castigo por volver a perder su maldito juego. Se fueron a sus asientos y el señor López, tras servirse de una copa de champagne, me habló:

-Perdiste, Rocío, te corriste en tan solo tres minutos? y treinta y dos segundos exactos, sí. Vamos a jugar a otra cosa, ¿vale?

-Tiempo? hip? ¡Tiempo de descanso, señor!

-Nada de eso, puta. Quítate la mascarilla un rato porque te voy a poner esta pañoleta para cubrir tus ojos. No te preocupes porque te va a gustar.

Se inclinó para cegarme con ese pedacito de tela negra. Me dijo que me iba a gustar, solo por eso me desesperé un montón.

-Muy bien. Ahora no puedes ver una mierda, y eso es bueno. Uno de los seis hombres a quienes se las has chupado te va a follar bien follada, y cuando termine de hacerlo, te quitaremos la pañoleta y vas a tener que adivinar quién fue. Si adivinas, le aumentaremos el salario a tu papá un? ¡100%!

-Joder don López, quisiera follarla yo ?dijo uno, no sé quién.

-No, venga, don López, déjeme a mí, por fa, mi señora es una remilgada y no mojo desde hace rato.

-¡Te pago ahora mismo si me deja a mí, señor López!

-¡Suficiente, amigos! Van a sacar un palillo de estos seis que tengo. El más largo, se la monta, así de simple.

La verdad es que me sentía de todo menos afortunada, con tantos borrachos maduros con ganas de darme carne de la buena. Pasaron un par de minutos eternos para mí, pues estaba esperando al ganador, tirada en el colchón, tratando de que el alcohol, el olor a semen y el cansancio no me vencieran.

-¡Sí, putamadre, he ganado yo! ?dijo un hombre con voz potente.

-Felicidades, pues comienza ya.

-Ayyy, diosss? por favor sea amable conmigo, señor? -dije al desconocido ganador.

-A las putas las trato como se me antoja, ¿entiendes?

-Se nos está poniendo blandita la nena, ya no es tan respondona.

Como yo estaba acostada boca abajo porque estaba muy mareada, el hombre me tomó de la cintura y me dio media vuelta como si yo fuera una muñequita de juguete. Abrió mis piernas con una facilidad inusitada, me agarró de mis tobillos y las levantó. Luego reposó la punta de su pollón humedecido en mi rajita, restregándolo poco a poco para mi martirio, pues se sentía muy rico. Pero yo no iba a admitir que me estaba poniendo muy caliente.

Alguien, otra persona, o creo que fueron dos, me sujetaron nuevamente muy fuerte de la cintura, como para evitar que yo me retorciese mucho:

-Es por precaución, Rocío, verás, el que te va a follar es un auténtico toro. Es bien conocido por ser tan cascarrabias, y seguro que contigo se desquitará toda la rabia por el mal día de hoy en la oficina.

-Peeerooo? ¡yo no tengo la culpa de su mal día, señor!

-Hace años que no follaba con una chica tan linda como tú, con este chochito tan chiquito y apretadito como el que seguro tienes.

-Joooderrrr? -su polla cada vez se restregaba más fuerte por mi rajita -. Por favoooorrr? sea gentiiiillll?.

-No me hables así, puta. Te voy a dar lo tuyo, por puta y por bocona.

Y me la clavó hasta el fondo. Chillé fuertísimo y me retorcí, arqueé la espalda y arañé el colchón. Ya supe por qué sus amigos me sujetaban tan fuerte, porque follaba muy rápido y violento. Por suerte yo estaba lubricada y ciertamente a gusto porque de otra forma sería un martirio para mí. Su enorme pollón entraba y salía con demasiada facilidad, y el cabrón gemía como un caballo o algo similar, era asqueroso. Me di cuenta de que tenía que adivinar quién me estaba metiéndola, así que traté de prestar atención a los detalles.

Sus amigos me soltaron y, casi inmediatamente, el hombre dejó mis tobillos y se acostó sobre mí, aumentando el ritmo de sus envites, podía sentir su aliento a cerveza y escuchar sus bufidos asquerosos de animal. Me decía guarrerías y cosas terribles, vaya que era un maleducado, y cada vez que yo gemía por la forma brusca en que me follaba, me metía su lengua asquerosa hasta el fondo de mi boca para callarme.

Y se llegó, me la clavó hasta el fondo otra vez y se corrió dentro de mí. Vi las estrellas, grité muy fuerte y me retorcí como si estuviera poseída. Sentí toda la lechita desparramándose dentro de mis carnes, y para qué mentir, se sentía tan bien. Poco a poco fue bajando su ritmo mientras yo estaba tirada como un muñeco de trapo, dejándome hacer. Me besaba las tetas, me lamía la boca y mi nariz, ese olor a alcohol era muy fuerte pero me estaba acostumbrando.

-Mmmgg… ¡Se ha corrido dentro! No quiero quedar… hip… embarazada…

-Pues estás de suerte porque ya no puedo tener hijos, Rocío.

Se levantó y tras unos minutos en donde les oía moverse a mi alrededor, el señor López me quitó la venda:

-Adivina adivinador, Rocío. ¿Quién te folló de estos seis hombres sentados?

-Dios mío, señor? ¿Cómo voy a saber?

-Pues trata.

-Joder? -vi a todos esos compañeros de trabjo de mi padre, sentados, sonriéndome -. Pues el viejo calvo, no sé?

-Me decepcionas, puta. Fallaste, te folló don Carlos ?me señaló al tal Carlos, que me sonreía y levantaba su copa de champagne-. Como castigo, tomarás este vasito de cerveza. Abre la boca, puta.

-No quiero, así que gracias?

Tapó mi nariz y nada más abrir la boca vertió la bebida. Asqueada y cabreada, me tumbé en el colchón mientras uno de los hombres se dirigía a mí. Me puso la máscara veneciana y me dijo:

-Vaya, putita, no es hora de dormir aún.

-¿Y ahora? hip? y ahora quéee?

-Pues has perdido tres veces ya, Rocío. Creo que es hora de otro juego, ¿no? Ponte esta gabardina, iremos todos afuera para dar un paseo. Quítate la mascarilla, que esto no lo vamos a filmar. ¡Vamos a dar un paseo por la plaza frente al edificio!

Pensé que me iban a dejar vestir al menos, pero no. Me quitaron los zapatos de tacón porque no había forma humana de usarlas en mi condición, quedándome solo con las medias de red. Uno de los señores me prestó su gabardina, me la pusieron y de brazos me llevaron hasta el elevador. Bajamos hasta el primer piso y posteriormente nos fuimos a la plaza. Los hombres se sentaron en un banquillo más alejado, y me quedé sola con el señor López.

-Rocío, quiero que te ofrezcas a un muchacho que va a venir por este lugar. Es un chico con anteojos cuadrados, un auxiliar contable de nuestra oficina. Cóbrale unos dos mil pesos por follar.

-Hip? ¿Quéee? ¡Estás loco, viejo! ?Dos mil pesos son como noventa dólares, para que se hagan una idea.

-400% de aumento salarial.

-Diossss? míooo? 400%.

-Yo y los demás estaremos viéndote desde el banquillo del fondo. ¡Ánimo, putita! ?me dio una nalgada y se fue con sus compañeros.

Yo estaba hecha una calamidad. No sé qué hombre en este mundo querría estar conmigo, con mi cara hecha un desastre, borracha y sin ropas más que una gabardina y medias de red desgastadas. Ni siquiera sabía cuánto tendría que esperar al chico. 400% de aumento salarial, madre mía, ya pensaba salir corriendo de ahí y arrastrar a mi papá hasta el centro comercial más cercano.

Vi a un muchacho de veintitantos, trajeado, proveniente de una oficina. No sabía si era él la persona con quien debía encontrarme, pero cuando vi los anteojos cuadrados lo confirmé. Me armé de valor para acercarme y hablarle, de todos modos con tanto alcohol en las venas no me fue difícil.

-Pss?. Pstttt? -le llamé.

-¿Me estás llamando a mí?

-Papi? ¿Te ha enviado el señor López?

-¿Pero qué cojones, cómo lo sabes?

-Dos mil pesos y soy tuya ?le dije abriendo la gabardina y mostrándole mi completa desnudez. 400%. 400%.

-Joder qué asco ?seguramente vio que estaba bañada en semen -. Pues ya veo, Don López me llamó por el móvil para que viniera a buscar una ?sorpresa? en la plaza. Así que eres tú la ?sorpresa?. Mira, marrana, resulta que tengo una novia que aún no quiere follar conmigo y por eso estoy con las hormonas reventando. Por lo visto don López lo notó. Así que mira nada más, me mandó a una putaca como tú. ¡Qué grande es mi jefe! ¿Vamos a mi coche?

Me llevó del brazo hasta su vehículo, estacionado cerca. Me introduje en el asiento trasero y me acosté. Estuve a punto de dormir hasta que el muchacho me dio un pellizco en una teta. Le mandé a la mierda porque no es forma de tratar a una chica, por más cansada y borracha que estuviera.

-Ya me quité las ropas, nena, y tengo puesto el forro. Ahora siéntate sobre mí que te voy a dar lo tuyo.

-Hip? vale papi? tranquilo y dulce, por favor?

-¡Ja! Una puta como tú merece ser taladrada sin piedad. Sube, que tengo que ir junto a mi novia dentro de unos veinte minutos.

Pobrecita la novia, porque su chico de follar poco sabía. Era el ser humano más torpe, brusco y grosero que he visto y oído en mi vida. No tardó más de cinco minutos, vociferando lo muy puta que soy. Yo bostecé para cabrearlo porque mucho habló de ?taladrarme? y poco lo demostró. Realmente no creo que haya muchas cosas más interesantes que contar al respecto, salvo que vi a una chica que se tropezó en la calle mientras el muchacho esquelético me follaba. Cuando se corrió, me salí y le reclamé el dinero bastante molesta porque no gocé nada. Así pues, volví junto a los hombres trajeados que estaban charlando en el banquillo.

-Hip? el dinero, señor López? aquí está?

-¡Le has cobrado los dos mil pesos, jaja! Quédatelo para ti, Rocío. Lo prometido es deuda, tu papá tendrá un aumento del 400% y seguirá trabajando con nosotros. Volvamos al depa, que por si no lo has notado, yo aún no te he follado. Y necesito meterte la tranca hasta el fondo para cerrar este trato, ¿vale?

-Ojalá te mueras camino al edificio, cabrón.

-Me gustaba más cuando te ponías buenita. ¡Ahora volvió la puta perra, jaja!

-No soy? hip? ¡ninguna puta! ?vociferé mientras me tomaban de los brazos para volver.

De vuelta al departamento, me hicieron acostar en el colchón. Volvieron a ponerme la mascarilla, encendieron las cámaras, y el señor López con un amigo se empezaron a desnudar frente a mí mientras los otros miraban. Ellos fueron los dos únicos a quienes no se las he chupado en el primer juego, así que imagino que querían descargarse ya.

Se colocaron cada uno a sendos lados míos, desnudos y con sus enormes pollas morcillonas a centímetros de mí. Mientras, yo de rodillas, me quitaba el vello púbico y semen que se me había quedado pegado en mis labios por las marranadas que hice anteriormente.

-Cáscame la polla, puta, que me cuesta un poco ?armarme?, jaja.

-Vale, don López.

-A mí también, y ponme un condón porque no te quiero preñar, puta -dijo tirándome un condón.

-Diosss… por favor sea gentil, señor.

Con cada mano en una polla, fui chupándoselas alternativamente mientras sus amigos se sentaban y se masturbaban a mi alrededor. No tardó la polla del jefe en armarse a pleno, pero me costó más ponérsela dura al otro, a quien tuve que chupar sus huevos y lamer el tronco de su polla para ponerlo a tope y forrarlo. Me sentía tan caliente, con el alcohol haciendo de las suyas, me dejé llevar por el deseo, mirando de vez en cuando la película porno que mostraba en la TV, una película porno en donde yo era la protagonista.

El amigo del señor López se acostó en el colchón y me ordenó que me acostara encima de él. Así lo hice, reposé mi cabeza en su velludo pecho mientras mis manos se clavaban en sus hombros. Me dijo que no me atreva a arañarle porque su señora le iba a pillar las marcas, y que yo me iba a arrepentir. Me dio un miedo tremendo cómo lo dijo así que muy sumisa le dije que no iba a arañarle si me follaba duro.

Y mientras su pollón entraba en mi encharcado agujero y me arrancaba un gemido, el señor López se arrodilló detrás de mí y me sujetó de la cadera. Pude sentir la cabeza caliente de su tranca queriendo entrar en mi culo, la verdad es que eso me alarmó, nunca he follado por el culo, y no quería que un hombre tan marrano y detestable como él fuera quien tuviera el privilegio.

-Te voy a romper el culo, puta.

-Señor? diossss míooo?. por favor no por atrás, aún no lo he hecho por ahí? ufffff?

-Pues ya se puede meter cuatro dedos en tu culo, no sé por qué te pones así, Rocío.

-Sepárale las nalgas, voy a filmar su agujero.

-Ughhh? diossss?

-Mira la TV, puta, ¿ves ahí este hoyo que tienes? Está en alta definición, no te pierdas los detalles. ¿Ves cómo puedo meter mi dedo con facilidad? Y ahora dos? Ves qué fácil. Es tu ano, puta, y está bien ensanchado.

-Es asquerossssoooo? no miren, ¡dejen de ver la TV, apaguen esooo!

-Jajaja, qué cosas dices, es el culito más hermoso que he visto. Como verás, ya he metido tres dedos y tú apenas lo sientes. ¿Ves? Mira cómo agito?

-Ufff? ¡Ughhh joderrrr! Ojalá le metan dedos a usted, ya veremos si ?apenas lo siente?, ¡cabrón!

Pero la verdad es que me ponía a cien ver mi culo sometido en la TV. Chillé cuando, tras retirar sus dedos, escupió en mi agujerito. Vi, mordiéndome los labios, cómo metía la punta de su polla muy forzadamente en la entrada. Poco a poco fue introdujendo el glande mientras yo me retorcía como una loca, si seguía así iba a arañar a mi amante que me follaba por el coño.

-Noooo?.. uffff?. Duele? dueleeeee don Lópezzz?. ?apenas podía hablar bien porque su socio era un buen follador.

-Joder qué apretadito tienes el culo, siento que me va a reventar el glande por la presión.

-Ughhhmm? es demasiado granddeeee?. Diossss santooooooo me voy a morir aquíiiiii?.

-Vale, vale, marrana, no te pongas así, se ve que aún no estás lista para que te den por el culo, y no es plan de romper un juguete tan lindo como tú tan pronto.

-Uffff? uffff? gracias? ufffff?. ?ya no pude hablar mucho porque su amigo me metió la lengua hasta el fondo, besándome por varios minutos. Yo estaba tan caliente y tan feliz porque mi culito estaba a salvo, que empecé a chupar la lengua del hombre mientras el señor López se conformó con follarme el culo con tres dedos.

-Mira cómo quedó de dilatado tu culo, puta. Mira la TV.

Casi me desmayé del susto, podía ver el enorme agujero que me hizo e incluso aprecié mis propias carnes interiores gracias a que quedó tan ensanchado y vejado. Me excitó muchísimo cuando vi, un poquito más abajo, la polla de su socio taladrándome sin piedad el coño, enrojecido e hinchadísimo. Los otros hombres se levantaron y se acercaron para separar mis nalgas, quitando fotos, filmando, metiendo dedos y escupiendo adentro. Se sentía tan rico que pensé que me iba a desmayar del gusto.

Mis ojos se pusieron blancos, empecé a gritar cosas inentendibles mientras poco a poco mis extremidades perdían la sensibilidad. Me corrí como una cerda mientras mi maduro amante seguía follándome con todo. A mi alrededor todos se masturbaban y me miraban con deseo, por primera vez en la noche me sentí la reina del lugar, siendo admirada por todos esos hombres, siendo la dueña de sus pajas.

Creo que terminé por desmayarme sobre el pecho del hombre que aún me follaba, con los dedos del señor López jugando dentro de mi culo adolorido, y el semen de los demás cayendo sobre mis nalgas. Uno me tomó del collar y me obligó a tragar la leche que se le escurría de su polla, y yo gustosa acepté antes de perder el conocimiento.

Cuando abrí los ojos, estaba sobre la hermosa y enorme cama del departamento. No sé cuánto tiempo pasó, pero allí estaban los ocho tíos hablando entre ellos, a mi alrededor. Todos ya vestidos como si no hubiera pasado nada. Había un par sentados en el borde de la cama, con sus manos acariciándome dulcemente. Uno de ellos era el señor López.

-Ha sido una gran noche, Rocío, la hemos pasado muy bien. Tenemos que irnos, nos esperan nuestras esposas en casa. Tú no te preocupes porque esta habitación tan bonita la hemos alquilado solo para ti. Duerme en la cama lo que resta de la madrugada, al amanecer vendrá Rosa con tus ropas y te acompañará hasta la salida, ¿vale?

-Señor López estoy demasiado mareada? madre mía?

-Tranquila, duerme ya. Y no te preocupes por tu padre, mañana le comunico de su aumento salarial. Le diré que lleve a su hermosa hija a pasear por el shopping y le compre lindas cosas, porque se lo merece. Por cierto, el jovencito con el que follaste en el coche, es el que pretende quitarle el puesto a tu padre? Pero ya no.

-Hip? ¿Ese esqueleto?? Pues folla como el culo?.

-¡Jajaja! Qué marrana eres, Rocío. En fin, adiós bonita. Tienes mi número por si quieres repetir.

-En la puta vida volveré a repetir esta guarrada, viejos pervertidos? hip?.

-Pues algunos de mis amigos aquí se quedaron con las ganas de montarte. ¿Piénsalo, vale? La recompensa será muy grande.

Me besó en la boca. Y los otros siete hombres hicieron fila también para meterme lengua, y yo muy cansada y tirada en la cama, poco hice para oponerme. Alguno me magreó el coñito, otro me mordió el muslo, uno me metió un dedo en la boca para que lo chupara. En fin, me alegró un montón saber que todo había terminado. Enredada entre las mantas, me dormí.

Al día siguiente me despertó Rosa. Me ayudó a cambiarme y me acompañó hasta la salida. Me dijo que pediría un taxi pero yo le dije que le llamaría a alguien muy especial para que me buscara. En menos de quince minutos, mi hermano Sebastián llegó en su coche de mierda (en serio, es feísimo) para recogerme.

-Rocío? ¿Qué haces en este lugar? ¿No iba a dormir en la casa de tu amiga?

-Cállate, ¿sí? Vayamos a tomar un café, que tengo resaca?

-Qué dices? ¿Resaca? ¿Estuviste aquí con tu novio, no es así, flaca?

-No te pongas celoso, Sebastián. Simplemente? arranca el coche.

-¿Ese trapo que llevas en la carterita es mi camiseta de Peñarol? ¿Por qué está tan sucio?

-¡Arrancaaaaa!

-Está bien, está bien, vamos a una cafetería? Pero no traje dinero conmigo.

-Pues yo invito el café, idiota. Mira, tengo dos mil pesos?

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