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Nuevamente jovenes en Relatos eroticos de Maduras

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diciembre 12th, 2013 >> Relatos Eroticos

Nuevamente jovenes en Relatos eroticos de Maduras (relatos eroticos )

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Nuevamente jovenes en Relatos eroticos de Maduras (relatos eroticos )

Me llamo Débora tengo 42 años casada desde hace 24 y con dos hijas, Ana de 20 y Marta de 18. Mi aventura comenzó el día en que mi marido me canceló por tercer año consecutivo nuestro viaje a la península de Baja California ese día mientras comíamos molesta le dije

-Al parecer Ximena y yo nos vamos a morir sin haber visto de cerca a las ballenas grises, pero eso sí, nuestros maridos son dueños de un gran negocio que produce mucho dinero, como si nos fuéramos a llevar la fortuna al otro mundo, lo único que una se lleva a la tumba son los recuerdos de lo vivido

Mi esposo me miró y en tono molesto respondió

-Lo siento mucho amor, pero los primeros meses del año son terribles para el trabajo, si quieren las llevamos en mayo o junio

-Si claro, cuando ya se fueron las ballenas, valiente solución la suya? Lo que pueden hacer es mandarles un mail a las ballenas diciéndoles que nos esperen hasta mayo? No sé de qué les sirve ser el dueños del negocio si son sus esclavos.

-No discutamos Débora, ¿Por qué no vas ustedes?, váyanse dos semanas ya se lo propuse a Jaime y estuvo de acuerdo

-¡Qué lindos son!, solas como viudas? Y como debe de ser en un lindo marido pasaran el resto del año reprochándonos que los dejamos solos quince días a cargo del negocio, la casa y los hijos? Como si no te conociera Carlos

Cuando mis hijas se opusieron rotundamente a la propuesta de su papá yo exploté diciéndoles muy molesta

-¡Estoy harta!, Harta de los tres, me paso el día entero preocupándome y ocupándome de ustedes, en la mañana al gimnasio para mantenerme bella para el señor que no tiene ojos para otra cosa que su negocio, al regresar me baño rápido para dedicarle toda la mañana al cuidado de la casa y hacer las compras, al medio día a cocinar, comemos y en la tarde nuevamente sola ya que todos tienen algo importante que hacer, todos menos yo, yo debo recoger la cocina, arreglar su ropa y buscar lo que no encuentran, ya por la noche nuevamente me baño y me arreglo para estar atractiva para un marido a quien le importa un demonio que lo haga ya que al terminar de cenar él se sienta plácidamente a ver la televisión, mientras yo limpio la cocina? ¿De verdad suponen que esto es vida?

Cuando voy a comprar algo para mí, siempre me detengo en otro departamento y comienzo ?Que linda se va a ver Ana con ésta falda, y éstos pantalones para Martita, Carlos necesita una nueva corbata? y cuando me doy cuenta ya es hora de regresar a cocinar y la muy idiota regresa feliz por lo que le compró a todos menos a ella?..¡Miren!, volteen la cara ¡Miren ahí!, Ahí en ese rincón me siento a platicar con mi perrita que es la única que agradece lo que hago por ella? Que no les extrañe que un día encuentren hablando a la perra o ladrando a su madre, alguna de las dos terminará aprendiendo el lenguaje de la otra.

-No te enojes mujer___ Dijo mi esposo

-¿¡Qué no me enoje!?…. ¿Saben qué?… ¡Sí, si me voy! con Ximena o sola y lo que es más solo les mandaré un mensaje a llegar, necesito descansar, descansar de ustedes, así que si no encuentran sus cosas, ¡Búsquenlas!, si quieren ropa limpia ¡Lávenla!, si no tienen que comer compren pizzas, hamburguesas o ¡coman mierda!… Yo necesito estar en un lugar donde me atiendan, donde no tenga que levantar ropa tirada en el piso, tender camas o hacer de comer y les advierto que al menos que alguien se muera, no se molesten en hablarme y si no regreso es porque me encontré a alguien que me valore como mujer y me permita tener una vida?Ya me harté de ser su sirvienta? ¡No tengo vida propia carajo!

Quedaron en silencio, yo los miré, aventé el trapo de cocina sobre la mesa y me subí a mi recamara para encerrarme, por la noche tocaron a mi puerta, cuando dije que pasaran las dos niñas entraron, se subieron a mi cama donde yo estaba leyendo un libro y ya más tranquila les dije

-Perdón hijas, es que… No sé qué me pasó

Ana me respondió

-Perdónanos tú má?Ya arreglamos todo, hablamos con Ximena, aquí están sus pasajes, el vuelo sale mañana a las 11 de la mañana y reservamos en el hotel ?Loreto Bay?, mi papá te va a traer dinero en la noche y llevas tus tarjetas, así que levántese de la cama señora para que te midas tus nuevos trajes de baño.

De una bolsa sacaron dos pequeños bikinis y yo les dije

-¿Cómo pretenden que yo use eso niñas?… ¡Eso es para jovencitas!

-Es para mujeres bien formaditas como tú mamá, así que pruébate éste

Pusieron en mi mano un bikini y entré al baño a ponérmelo cuando salí las niñas me dijeron que me veía muy bien y al verme en el espejo noté que gracias al gimnasio diario aún quedaba algo de mi juventud, claro que una pequeña ?pancita? sobresalía a los huesos de mi cadera y tampoco podía ocultar la edad en mis pies, mis manos y mi cara, pero sin duda que aún llamaba la atención. Me observaba al espejo cuando Marta interrumpió el placer que me producía mi vanidad femenina diciendo

-Que buen cuerpo tienes má con razón en su cuarto se oyen ?ruiditos sugestivos? por las noches

-¡Niña!

-¡Ay mamá!… Ya no son tus épocas, sabemos que lo hacen y nos da gusto que lo sigan haciendo

Respondió Ana y después agregó bromeando

-No hagas nada, al rato hacemos tu equipaje? Ahora tenemos que ir a comprarte unos condones

No me dejaron terminar de gritarles ya que salieron corriendo del cuarto y cerraron la puerta. No puedo negar que me daba gusto que con mis hijas tuviera esa relación tan abierta respecto al sexo, lo hablábamos sin tapujos de ninguna especie, Ana me había platicado sobre su primer beso y las primeras caricias, lo que me daba la oportunidad de aconsejarla hasta que encontrara al hombre con quien compartir su vida y que de seguro la mal aconsejaría, pero cada pareja tiene sus debilidades y eso será solo asunto de ellos. Claro que también debía soportar sus bromas ya que eran parte de la confianza que nos teníamos.

El caso es que al día siguiente cerca de las tres de la tarde llegamos al hotel, al dar nuestro número de reservación nos pusieron las hojas de registro para dos habitaciones, miré a Ximena y me dijo ?Así le dije a mis ahijadas que lo hicieran, cada una cubre sus gastos?. Pidió que las habitaciones fueran contiguas, a mí me dejó la que tenía cama King-size y ella ocupo la de las camas gemelas.

Cuando desempacaba encontré en la maleta una bolsa de una tienda de ropa, la abrí y encontré en ella dos minifaldas con una nota de mi marido que decía ?Amor, es para que presumas esas piernas increíbles que tienes. ¿Te acuerdas de Cancún?, diviértete como quieras, te adoro?. Me dio gusto que se hubiera molestado en ir a comprarlas, acomodé la ropa en el armario, me puse unos shorts y bajé con Ximena a comer algo al restaurante de la alberca, mientras comíamos Ximena me dijo

-Voltea distraídamente pero en la barra están dos chicos que no nos quitan la vista de encima, el del traje de baño rojo te mira con unas ganas, el pobre no sabe que mirar si tus piernas o tus tetas? ¿No los conocerás?

Yo miré distraídamente y miré a dos chicos guapos que usaban traje de baño pequeño, confieso que nunca me ha gustado ese tipo de traje en los hombres, sin embargo tenían un buen cuerpo que lucir y no se veían mal en trusa de baño ya que los miré recorrí lentamente con la vista las paredes del restaurante y le dije a Ximena

-En mi vida los había visto, pero son unos niños ¿Qué tendrán 20 o 21?

-O menos, pero el de trusa roja te mira con deseo y no está mal el muchacho, bueno ninguno de los dos.

-¡Por favor Xime!.. Que tonterías dices, podrían ser tus hijos

-Pero no lo son.

Ya no respondí, los chicos salieron de restaurante y después de comer Ximena y yo salimos a sentarnos junto a la alberca, los chicos se metieron al agua y yo al verlos le dije a mi comadre

-Por eso no me gustan esas trusas o tangas en los hombres, ahora que salgan verás cómo al mojarse se les nota todo

-No seas arcaica comadre, es lo de hoy, una técnica para ligar chicas, les gusta presumir lo que tienen entre las piernas, algunos hasta se excitan dentro del agua para provocarse una erección? Tengo un hijo adolescente y no me ha quedado otra que aprender, las chicas son sus ?puercas? y las que les aflojan son sus ?perras?. Las sala de la casa no se usa, ahora ellas los visitan a ellos en su recámara donde dicen pasarla bien jugando X-Box o cualquier otra cosa

-¿Mis hijas suben al cuarto de tu hijo?… No me lo habían dicho

-Porque para ellas es lo normal, lo natural, nosotras nos poníamos nerviosas si estábamos junto a una cama con un chico, ahora se suben a la cama con los controles del juego y con el teléfono conectado a internet.

?Dicho y hecho? al salirse los chicos del agua se pusieron ?distraídamente? de pie frente a nosotras con el perfil de su miembro dibujado en la trusa, al notar nuestra atención en ello nos sonrieron y se alejaron de ahí.

Ximena y yo salimos a la playa, con mis sandalias en la mano metí mis pies y parte de mis pantorrillas al mar y dando vueltas le dije

-¡Me siento libre!, éstas dos semanas no quiero saber de nadie, no soy esposa ni madre de nadie, solo quiero vivir mi vida disfrutando a plenitud lo que venga y como venga

Ximena me dijo bromeando

-Pues ahí están esos chicos, están guapos los condenados chamacos y bien dotados los cabrones?El de la trusa roja te mira con cara de ?Te quiero coger mamacita?, así que tú dirás si eso es lo que quieres que se venga

Reímos de lo que dijo y caminamos de regreso al hotel. Yo me di un baño y después de mi ritual de untarme crema suavizante y el imprescindible maquillaje para una mujer de mi edad, me puse un vestido ligero a medio muslo, me miré en el espejo y me gusté, así que esperé a Xime, cuando pasó por mi ella vestía una minifalda haciendo juego con una playera ajustada, después de los mutuos halagos a nuestras maduras figuras bajamos al bar del hotel. Tomábamos un coctel ?Margarita? escuchando el piano mientras la charla giraba en nuestras tal vez tontas razones para estar cansadas y hartas de ser ?Amas de casa? o como bien decía Ximena ?Gatas de casa?, algunos cocteles después la charla fue cambiando hasta caer en detalles íntimos de nuestros matrimonios, Ximena dijo

-Yo no me asusto de que me que me tomara fotos desnuda o que me comprara ropa sexy para salir solo a la calle, a los hombres les hace sentir orgullo, vanidad, placer o que se yo que otros hombres admiren a sus mujeres, les enloquece sentir que todos desean a la mujer que ellos se están cogiendo, nos compran ligeros, lencería transparente todo tipo de ropa, entallada, escotada, faldas cortas, bikinis solo para lucirnos y disfrutar de que los demás nos quieran coger incluso te dejan sola para que alguien se anime a conquistarte.? Así son, ¿qué se puede hacer?, pero creo que son el natural complemento a la vanidad femenina. Ya que a nosotras nos fascina que nos miren con deseo y no me lo puedes negar

-Tal vez sea por la costumbre o el tedio sexual de la pareja y por eso buscan nuevas experiencias, ¿Quién sabe qué será? pero a mí me encantaba seguirle el juego a Carlos? Como me hubiera gustado hacer más locuras cuando teníamos edad para hacerlas

-¿Hasta donde llegaron?

-Si te contara Xime? Uff, Carlos y yo nos portamos muy mal en los primeros años de nuestro matrimonio

-Ya lo dijiste así que ahora me lo tienes que contar todo Débora, ya después yo te platicaré nuestra historia, que también tiene lo suyo?Vamos ?abriéndonos de capa? ¿Te parece?

Me reí, por un momento dudé pero como digo el alcohol y la confianza que tenía con Ximena me soltaron la lengua y que bueno ya que era algo que llevaba años tratando de platicar con alguien incluso llegué a pensar en un psiquiatra, la miré a la cara mientras bebía un trago de mi coctel y después de hacerlo comencé a hablar diciendo

-Yo me casé a los 18, cuatro años antes de que tú y yo nos conociéramos. Carlos y yo teníamos más de 3 años de casados, no teníamos hijos, ya habíamos cogido de todas las formas imaginables y creo que hasta inimaginables que pueda haber, conocíamos cada milímetro de nuestros cuerpos y comenzamos a caer en el tedio sexual. De recién casados como bien lo dices a Carlos le encantaba lucirme, quería que todos me vieran como diciendo ?Miren que mujer me estoy cogiendo?, le gustaba que me desearan y yo gustosa lo complacía ya que es lindo que te admiren y a mí me excitan mucho las miradas llenas de deseo. Yo me imagino que llevado por el tedio y buscando algo nuevo en nuestras relaciones él comenzó a proponerme casi todos los días que me acostara con otro, me pedía que imaginara que él era otro y cogíamos a oscuras y sin hablar.

Una vez que fuimos a Cancún Carlos me dijo que me quitara los anillos y que bajara sola a la alberca, después de estar ahí un rato tendida al sol en un pequeño bikini un hombre de color llamado Axel de unos 30 años me hizo platica y después de unos minutos platicando Carlos se acercó a mí, en un principio supuse que para alejar al hombre pero se presentó con él como mi primo, me imagino que lo hizo pensando en que Axel nos hubiese visto juntos, sobra decirte que eso le dio confianza para seguir con el cortejo, dos o tres días me buscó en la alberca y yo al notar que eso excitaba mucho a Carlos un día estando él dentro de la alberca yo dejé que Axel acariciara mis piernas y me diera un beso en la boca?No tienes idea de la sonrisa de aceptación que me dio mi marido.

Cuando Axel se levantó al bar a traerme una copa Carlo se acercó a mí y me dijo ?Cuando te dé la gana te lo coges, bien hecho amor? y se retiró, cuando Axel regresó con los tragos se sentó en la orilla del camastro donde yo me asoleaba y acariciando mi vientre me dijo ?Me gustas mucho niña, yo me regreso mañana a Oklahoma y me gustaría que hoy durmieras conmigo? Yo sonreí nerviosa y le dije que lo tenía que pensar, él me respondió ?Lo entiendo, vamos a hacer una cosa si aceptas te espero en la playa a las 10 de la noche, si no llegas lo entenderé ¿te parece?? yo le dije que sí él me acarició por un rato más y al terminar su copa se fue, te diré que sus caricias y su propuesta me hicieron humedecer el calzón de mi bikini, cuando Carlos se acercó a mi le platiqué la propuesta que me había hecho y eso lo excitó mucho. Ya en la noche a las 10 en punto Carlos se asomó por la ventana y me dijo ?Tú galán llegó puntual a la cita te está esperando en la playa, baja con él, yo te veo desde aquí?

En un principio me negué pero él insistió diciendo ?Dicen que los negros la tienen enorme, de seguro te va a encantar?. Me jodió tanto que me puse un vestido playero como éste, no me puse sostén solo las bragas y mis sandalias, antes de salir frente a la puerta de la habitación le dije ?Tú quieres que lo haga, así que después no quiero reproches amor y como sabes bien de lo que se trata no me esperes a dormir?? El se acercó me dio un beso en la boca y me dijo que no habría reproches y que de verdad le gustaría que sintiera la verga del negro, así que nerviosa bajé a encontrarme con Axel.

-¿Y qué pasó?… Cuéntamelo todo comadre

-Yo me acerqué y él me besó en la boca, me tomó de la mano y comenzó a caminar hacia el hotel, yo caminé a su lado aterrorizada subí mi vista y miré a Carlos quien desde la ventana me aplaudió? Y si, si es verdad lo que se cuenta de los negros me consta.

-¡No comadre, no seas cabrona!, no me dejes a medias, platícame todo con lujo de detalles.

Yo me reí, pedí otros ?margaritas? y ya que el mesero se retiró comencé a contar

-Iré a lo que quieres que te cuente, subimos a una de las lujosas suites del hotel abrió una botella y a base de besos, caricias y champán terminé desnuda en la cama donde me recorrió con su lengua, me mamó la tetas y me dio mi primer orgasmo con un delicioso sexo oral, que forma de usar la lengua del maldito, después de pie a un lado de la cama se quedó inmóvil con sus manos apoyadas sobre su pubis a los lados de su pene como ofreciéndome su enorme erección, su actitud me hizo saber que era mi turno, así que me arrodillé frente a él y comencé a lamer su enorme miembro, parecía un tronco de ébano, grande, ancho, duro como tronco pero húmedo, suave y ardiente como la carne, lo metí lo más que pude a mi boca, metiendo, sacando, lamiendo y chupando con desesperación, me perdí tanto en saborear esa delicia que no me di cuenta de hasta donde lo llevaba hasta que él me sujetó la cabeza para que yo mantuviera su gran pene en mi boca y comencé a sentir sus fuertes descargas, una y otra y otra vez, fueron muchos chorros de ardiente semen? Ufff, no tienes idea de todo lo que me echó, se escurría por las comisuras de mis labios y terminé tragando esa delicia.

-¿Y te la metió?

-Sí claro? Casi de inmediato se puso un condón y me dio la cogida más increíble de mi vida, ya no sé cuántas veces me vine pero fueron muchas al grado que le decía ?Ya termina tú, yo ya no puedo más, me voy a desmayar? te juro que sentía que mi vagina se iba a desgarrar por lo mucho que la dilataba su enorme miembro lo sentía oprimir mi recto cada vez que me lo empujaba era como si me penetrara por los dos lados y por los dos lados hiciera que yo me viniera? ¡Qué cosa más increíble y deliciosa carajo!… Como ya se había vaciado en mi boca duró muchísimo dentro de mí, jadeaba, sudaba, me decía que estaba muy buena, que le encantaba mi vagina, apretaba mis pechos diciendo ?Que deliciosas tetas tienes niña? me besaba con su gran boca metiendo su lengua hasta mi garganta, me cambiaba de postura hasta que por fin logré sentir su pene endurecerse al máximo y se comenzó a contraer dentro de mí, te juro que al hacerlo volví a sentir contraerse placenteramente mi vagina y mi ano.

Terminó acostado sobre mi jadeante y satisfecho, sentí el sudor de su cuerpo mojar el mío y tardó horrores en perder la erección, cuando comenzó a ponerse flácido su pene, se levantó, se salió de mí y fue a tirar el condón, al regresar él a la cama nos besamos, nos acariciamos y nos quedamos dormidos sobre unas deliciosas sábanas de satín. Me despertó a las 5 de la mañana, ya se había bañado, me dijo que se iba ya que tenía que llegar a antes de la 7 al aeropuerto, pero que me podía quedar ahí hasta las 3 de la tarde, yo le dije que no, me levanté al baño y al salir me puse mi vestido y cuando me comencé a poner las bragas él me pidió que se las regalara, yo las pasé por mi sexo, las besé y se las arrojé al pecho diciéndole ?Su trofeo de guerra señor, se lo ganó por la forma tan deliciosa en que venció a su enemigo?, nos reímos le di un largo beso en la boca y al separarnos le dije ?Eres increíble Axel, cogí muy rico, me encantas? y salí descalza con mis sandalias en la mano a tomar el elevador.

-¿Y qué dijo Carlos?

-aguardame, no te adelantes… Legué a la habitación como a las 5:30 de la mañana, despeinada, sin bragas y con el maquillaje corrido, toque la puerta y cuando Carlos me abrió, me miró y ya dentro de la habitación le dije ?Si no te basta verme como vengo ven a la cama?, me tiré sobre la cama, le abrí las piernas y le dije ?Prueba y certifica lo que hizo tu mujercita, para que no te quepa duda?, él lo hizo y al decirme ?No traes calzones y sabes a condón? yo me puse a llorar, él me consoló, me besó, me abrazó, me llenó de ternura diciéndome que lo importante era que lo hubiese disfrutado y cuando le comencé a platicar entre llantos él se convirtió en un tigre, me dio una clase de cogida que me dejó al borde del desmayo, te juro que me ardía la vagina?. Desde entonces nuestro sexo se volvió increíblemente placentero, llegamos a hacerlo tres veces en una noche, pienso que mi infidelidad consentida si nos unió más como pareja?

-¿Eso fue lo único? ¿Por eso dices que se portaron muy mal?… Me decepcionas Débora? ¿Qué otra cosa loca hicieron?

Yo la miré y reí, levanté mi mano señalándola con el índice y le dije

-OK, Carlos además de ardiente se volvió muy tierno conmigo, me trataba de una forma tan linda como si fuera yo una muñequita, algo frágil que merece todo el cuidado del mundo, me enamoré más de lo que estaba y sabiendo cuál era su mayor deseo, le dije un día ?Me encontré a mi novio de la secundaria, te preguntaré algo pero quiero que seas honesto? ¿De verdad me quieres ver cogiendo con otro???. Lógicamente vino la pregunta de que si lo había hecho con Raúl, cosa que no hice ya que me casé siendo virgen, pero al saber que a Raúl le gustaba sin duda estaría feliz de cogerme. Carlos me preguntó si yo estaría dispuesta y al responderle que por complacerlo haría lo que fuera, me dijo que sí, que le encantaría verme en la cama con otro.

Así que organicé una cena en la casa invitando a Raúl y a Marlene, una amiga a la que le encantaba Carlos, ya no te hago el cuento largo, comenzamos jugando pokar y después el juego se puso muy cachondo, ya que el que ganaba una mano ponía un castigo a alguien, Carlos le puso a Raúl el castigo de meterme un dedo en la vagina y después chupárselo para probar mi humedad, yo castigué a Marlene con chuparle el pene a Carlos y así hasta que terminamos cogiendo los cuatro en la misma cama, ésta vez para hacerle más excitante todo a Carlos dejé que Raúl lo hiciera sin condón, gemí como loca y grité al venirme para después besar y acariciar a Raúl hasta que me inundo con su semen, no tienes idea de cómo lo disfrutó Carlos, le encantó verme escurriendo el semen de otro.

-¿Se intercambiaron parejas?, un rato te cogió Carlos y después Raúl.

-No, desde un principio yo estuve con Raúl y Carlos con Marlene. Lo hicimos, atravesados en la cama unos con los pies por un lado y los otros por el otro o sea que Carlos tenía casi de frente a Raúl y pudo ver muy bien cómo me cogía ya que lo podía ver moviéndose dentro de mí y yo tenía al lado de mi cabeza la cadera de Marlene con sus piernas dobladas y alcanzaba a ver el miembro de Carlos entrando y saliendo de su vagina, fue realmente excitante?. Y eso fue todo, seis meses después me embaracé de Ana, nos conocimos, por la sociedad de los esposos y la gran amistad que surgió entre nosotros nos hizo pedirles que bautizaran a Anita y después a ?Martucha?? ¿Y ustedes, se portaron así de mal o fueron chicos buenos?

-¡Por favor Débora! Eso no es portarse mal?yo fui infiel varias veces, claro que Jaime estuvo de acuerdo en todas, comenzó un día en mi casa, se nos pasaron las copas con un amigo y terminamos los tres en la cama, a los dos se la mamé, los dos me cogieron? Es excitante sentirte llena con la leche de dos hombres lo deberías de probar. Y para mal comportamiento te diré que con un grupo de amigos rentamos una casa en las brisas allá en Acapulco, éramos 8 hombres y 8 mujeres, de ellos 5 éramos matrimonios o parejas los demás eran solteros, incluso unos aun siendo nuestros amigos no se conocían entre ellos, pasamos una semana por demás excitante.

Cada mañana después de desayunar sorteábamos quien sería nuestra pareja, las mujeres sacábamos al azar el nombre de quien sería nuestra nueva pareja por todo ese día y noche, cada que una escogía si salía el nombre de su esposo o pareja formal se eliminaba, la idea era hacerlo con otro a la hora que quisiéramos y donde quisiéramos? Cuando me tocó un amigo llamado Rodrigo de pareja, de inmediato me tiró en un camastro y me la metió frente a todos, eso animó a otras ?parejas del día? a hacer lo mismo, después que deliciosa noche pasé con él? Como me traía ganas ese cabrón, pero cogía, muy, muy rico, sabía darle a una su tiempo llevándote al punto en que suplicas que te la meta.

-Vaya ustedes sí que se alocaron.

-Pero lo disfrutamos como locos y como dices tú mejoró nuestra vida sexual? De habernos conocido antes los hubiéramos invitado? A mí me gustaba mucho Carlos y Jaime no te haría el feo, bueno no creo que nadie te lo haga aún ahora, pero sí que te traía ganas mi marido, a veces jugábamos a que yo era tú y me tenía que convencer y ya que lo hacía me cogía de una forma que me mataba el maldito

-¿Y le costaba trabajo convencerme o le daba las nalgas a la primera?

Nos reímos con ganas y quedamos un momento en silencio yo pensaba como hubiese sido ya que Jaime era un hombre muy atractivo, saque la idea de mi mente al recordar que era el padrino de mis hijas, miré a Ximena y le pregunté

-¿A los cuantos años de casados te embarazaste?

Ximena me iba a responder pero se detuvo y en voz baja me dijo

-Ahí vienen nuestros galanes

Yo voltee hacia la entrada del bar y vi bajando las escaleras a los dos muchachos que se sonrieron al pasar frente a nuestra mesa y se sentaron dos o tres mesas frente a nosotras. Ximena me dijo

-No quieren ser obvios, andan investigando si venimos solas

-Por favor Xime, somos 8 personas en el bar y todos en mesas alejadas? ¿Quién podría venir con nosotras?

-En eso tienes razón? ¿Te interesan?

-¿Cómo crees?, créeme que estoy dispuesta a todo, pero son unos niños

Ximena levantó la mano, el mesero se acercó y le pidió otros margaritas, se inclinó hacia mí y me dijo

-Dime una cosa? ¿Hace cuánto que no tienes un vientre plano sobre ti cuando estás cogiendo? ¿O unas nalgas como esas apretando con fuerza cada vez que te la deja ir hasta el fondo?

Iba a responder pero llegó el mesero, puso los cocteles en la mesa junto con unos cacahuates, al retirarse yo intenté hablar pero Ximena me ganó la palabra diciendo

-¿Hace cuánto que no recorres a besos un cuerpo como el de ellos, besando un vientre plano y bien formado, bajando hasta el pubis para sujetar un miembro que te espera erecto como mástil, que lo puedes cubrir con tus manos una encima de la otra chupando el glande como si fuera un delicioso dulce hasta hacerlo eyacular un chorro que se levante varios centímetros? ¿Hace cuánto que no eyaculan dentro de ti con esa fuerza que te hace imaginar que el ardiente semen moja tus ovarios? ? No me digas que no te gustaría sentir otra vez tu vagina completamente llena de un pene duro como roca pero a la vez suave y ardiente como para acariciarte dulcemente el clítoris

-La vida pasa Xime, ya no estamos para eso, ahora debemos aceptar con gusto lo que tenemos

-¡Por favor Débora!.. ¿Te has visto en un espejo?, observa tus nalgas, tus piernas, tus tetas, las curvas bien delineadas de tu cintura? Las dos estamos bastante deseables, mete tus dedos en tu vagina y aprieta, después de coger yo me puedo levantar de la cama al baño sin ir chorreando semen por todo el piso y te aseguro que hay chicas de 20 que se tienen que tapar la vagina con varios pañuelos desechables? A esos jovencitos le podemos dar el mejor sexo de su vida y a nosotras nos urge que nos den lo que tienen y volver a sentirnos colmadas de juventud y enloquecidas por el placer de los orgasmos múltiples. Yo era un mujer multiorgásmica y como los disfrutaba? ¿Tú eras de varios o de un solo orgasmo?

-No siempre pero si me venía dos o tres veces en una sola cogida? Y los llegué a tener continuos, de los que te dejan toda flojita como muñeca de trapo y suplicando ?Ya no más o me muero?

-¿Entonces?, tenemos la oportunidad, vamos a aprovecharla ¿O ya te volviste de alta fidelidad?

-No, y menos ahora que busco liberarme estos días sin pensar en marido, hijas y casa ya te dije que vengo dispuesta a todo y pienso que hasta el mismo Carlos lo imagina y lo acepta? Pero tú lo dices como si de verdad los chicos se nos fueran a lanzar suplicando??Señora me muero por cogérmela?? Qué pueden ver en nosotras

-La oportunidad de sexo sin problemas con dos mujeres muy buenas? ¿Se te hace poco?

-Puede ser, pero todo cambia Xime, ya no podemos

-Los que no pueden son nuestros maridos, ellos ya perdieron su fuerza y su interés por hacernos sentir plenas en la cama, cuando no les llegó hacienda, están mal las ventas o el tráfico estaba insoportable o los hijos no estudian o nosotras compramos pendejadas que no necesitamos malgastando el dinero que les cuesta tanto trabajo ganar?Si nos atendieran como antes te aseguro que no saldríamos de compras

-¿Qué edad tiene Jaime?

-52, es 9 años mayor que yo? ¿Y Carlos?

-Por ahí se va, cumplió 49? Pero es la ley de la vida Xime, nosotras no tenemos que preocuparnos, a nosotras nos penetran en cambio ellos van perdiendo lo que tenían, comprende que no les ha de ser fácil, pero la edad es la edad y a ellos les pega más duro en lo sexual. Mi abuela decía que mientras la mujer pueda abrir las piernas sigue siendo mujer, pero en ellos es diferente

-Sí, pero si a una se le ocurre pedirle que tome su pastillita azul se molestan e insisten en meterte su miembro a medio casi flácido pensando que lo tienen excelente y no te alcanzan a tocar ni el útero?Y si tomamos en cuenta que el ginecólogo te lo toca con el dedo creo que en el consultorio te sientes más penetrada

-Habrá que ir a consulta más seguido? Pero ya en serio te diré que es lógico que no acepten las cosas, pero es más lógico resolver los problemas hablando como pareja ¿No crees?

-Bueno, ya olvídate de la lógica, ¿Quieres jugar con esos chicos?

-Te digo que son unos niños

-Y yo te digo que son la clase de jovencitos que vienen a buscar sexo y que mejor que dos mujeres maduras que dicho sea de paso seguimos estando bastante buenas? Ellos tratarán de conquistarnos para pasar sus vacaciones cogiendo a sabiendas que nosotras no les daremos problemas posteriores? ¿Entonces, que decides?

-Te digo que estoy dispuesta a todo, así que dime cómo lo quieres hacer

-¿Te afeitas abajo?

-Me depilé

-Perfecto, cuando me levante has tu silla para atrás poniendo tus pies en el piso con las piernas separadas, yo te diré que hacer.

Ximena se levantó, yo hice mi silla hacia atrás y ella frente a mí se inclinó haciendo las nalgas hacia los muchachos, se puso en cuclillas frente a mis piernas y empujó mi vestido hasta mi vientre diciendo

-Deja así tu vestido, cuando me levante haré como que te doy algo, quédate con las piernas separadas un momento y después cruzas la pierna lentamente y pon atención en cómo te mira el que está a la izquierda, el de cabello rubio

Se levantó y me estiró la mano diciendo ?Ya lo encontré, ten?, yo quedé con el vestido arriba enseñando las bragas, el chico fijó su vista en mi sexo y mientras nos mirábamos a los ojos crucé muy despacio la pierna, no separó la vista de mis piernas y cuando yo lo miraba él me sonreía. Dejamos pasar dos cocteles más y al ver que solo nos miraban sin hacer nada por abordarnos firmamos la cuenta y nos levantamos, Ximena me dijo

-Están midiendo el terreno, cuando se aseguren de que estamos solas se lanzarán a la conquista

Subimos al primer piso donde estaban nuestras habitaciones y mientras caminábamos ella me dijo en voz baja

-Dejas abierta tu puerta, el tuyo nos siguió, déjalo que vea que no hay nadie en tu habitación

Abrí mi puerta y Ximena la suya, las dejamos abierta y de pie en el pasillo cada una frente a su habitación con la puerta abierta me dijo hablando fuerte

-Desayunamos mañana a las 7 de la mañana

Yo afirmé mientras el muchacho pasó frente a mí, volteó hacia mi habitación y después a la de Ximena, cuando se alejó por el pasillo entramos cada una a su habitación.

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La esposa y la hermana de un narco en Relatos eroticos de Amor filial (relatos eroticos )

Estoy jodido. Mi ritmo de vida se ha visto alterado por culpa de mis vecinas. Hasta hace seis meses, siempre me había considerado un perro en lo que respecta a mujeres y aun así, con cuarenta y tres años, me he visto sorprendido por la actitud que han mostrado desde que se mudaron al ático de al lado.

Todavía recuerdo el sábado que hicieron la mudanza. Ese día tenía una resaca monumental producto de la ingesta incontrolada de Whisky a la que estoy fatalmente habituado. Me había acostado pasadas las seis de la madrugada con una borrachera de las que hacen época pero con una borracha del montón.

Todavía seguía durmiendo cuando sin previo aviso, llegó a mis oídos el escándalo de los trabajadores de la empresa de mudanza subiendo y colocando los muebles. Tardé en reconocer la razón de tamaño estrépito, el dolor de mi cabeza me hizo levantarme y sin darme cuenta que como única vestimenta llevaba unos calzoncillos, salí al rellano a ver cuál era la razón de semejante ruido. Al abrir la puerta me encontré de bruces con un enorme aparador que bloqueaba la salida de mi piso. Hecho una furia, obligué a los operarios a desbloquear el paso y cabreado volví a mi cama.

En mi cuarto, María, una asidua visitante de la casa, se estaba vistiendo.

-Marcos. Me voy. Gracias por lo de ayer.

En mis planes estaba pasarme todo el fin de semana retozando con esa mujer, pero gracias a mis ?amables vecinos? me lo iba a pasar solo. Comprendiendo a la mujer, no hice ningún intento para que cambiara de opinión. De haber sido al revés, yo hubiera tardado incluso menos tiempo en salir huyendo de ese infierno.

-Te invito a tomar un café al bar de abajo- le dije mientras me ponía una camiseta y un pantalón corto. Necesitaba inyectarme en vena cafeína.

Mi amiga aceptó mi invitación de buen grado y en menos de cinco minutos estábamos sentados en la barra desayunando. Ella quiso que me fuera a su casa a seguir con lo nuestro pero ya se había perdido la magia. Sus negras ojeras me hicieron recordar una vieja expresión: ?ayer me acosté a las tres con una chica diez, hoy me levanté a las diez con una chica tres?. Buscando una excusa, rechacé su oferta amablemente prometiéndole que el siguiente viernes iba a invitarla a cenar en compensación. Prefería quedarme solo a tener que volver a empezar con el galanteo con ese gallo desplumado que era María sin el maquillaje. Ambos sabíamos que era mentira, nuestra relación consiste solo en sexo esporádico, cuando ella o yo estábamos sin plan, nos llamábamos para echar un polvo y nada más.

Al despedirnos, decidí salir a correr por el Retiro con la sana intención de sudar todo el alcohol ingerido. Tengo la costumbre de darle cuatro vueltas a ese parque a diario, pero ese día fui incapaz de completar la segunda. Con el bofe fuera, me tuve que sentar en uno de sus bancos a intenta normalizar mi respiración. ?Joder, anoche me pasé?, pensé sin reconocer que un cuarentón no tiene el mismo aguante que un muchacho y que aunque había bebido en exceso, la realidad de mi estado tenía mucho más que ver con mi edad. Con la moral por los suelos, volví a mi piso.

Había trascurrido solo dos horas y por eso me sorprendió descubrir que habían acabado con la mudanza. Encantado con el silencio reinante en casa, me metí en la sauna que había hecho instalar en la terraza. El vapor obró maravillas, abriendo mis poros y eliminando las toxinas de poblaban mis venas. Al cabo de media hora, completamente sudado salí y sin pensar en que después de dos años volvía a tener vecinos, me tiré desnudo a la pequeña piscina que tengo en el segundo piso del dúplex donde vivo. Sé que es un lujo carísimo, pero después de quince años ejerciendo como abogado penalista es un capricho al que no estoy dispuesto a renunciar. Estuve haciendo largos un buen rato, hasta que el frio de esa mañana primaveral me obligó a salir.

Estaba secándome las piernas cuando a mi espalda escuché unas risas de mujer. Al girarme, descubrí que dos mujeres, que debían rondar los treinta años, estaban mirándome al otro lado del murete que dividía nuestras terrazas. Avergonzado, me enrollé la toalla y sonriendo en plan hipócrita, me metí de nuevo en mi habitación.

?¡Mierda!, voy a tener que poner un seto si quiero seguir bañándome en pelotas?, me dije molesto por la intromisión de las dos muchachas.

Acababa de terminar de vestirme cuando escuché que alguien tocaba el timbre, y sin terminar de arreglarme salí a ver quién era. Me sorprendió toparme de frente con mis dos vecinas. Debido al corte de verme siendo observado, ni siquiera había tenido tiempo de percatarme que además de ser dos preciosidades de mujer, las conocía:

Eran Tania y Sofía, la esposa y la hermana de Dmitri Paulovich, un narco al que había defendido hacía tres meses y que aprovechando que había conseguido sacarle de la trena mediante una elevada fianza, había huido de España, o al menos eso era lo que se suponía. Sin saber que decir, les abrí la puerta de par en par y bastante más asustado de lo que me hubiese gustado reconocer les pregunté en qué podía servirles.

Tanía, la mujer de ese sanguinario, en un perfecto español pero imbuido en un fuerte acento ruso, me pidió perdón si me habían molestado sus risas pero que les había sorprendido darse cuenta que su vecino no era otro que el abogado de su marido.

-Soy yo el que les tiene que pedir perdón. Llevo demasiado tiempo sin vecinos, y me había acostumbrado a nadar desnudo. Lo siento no se volverá a repetir.

-No se preocupe por eso. En nuestra Rusia natal el desnudo no es ningún tabú. Hemos venido a invitarle a cenar como muestra de nuestro arrepentimiento.

La naturalidad con la que se refirió a mi escena nudista, me tranquilizó y sin pensármelo dos veces, acepté su invitación, tras lo cual se despidieron de mí con un ?hasta luego?. De haber visto como Sofía me miraba el culo, quizás no hubiese aceptado ir esa noche a cenar, no en vano su hermano era el responsable directo de medio centenar de muertes.

Al cerrar la puerta, me desmoroné. Había luchado duro para conseguir un estatus y ahora de un plumazo, mi paraíso se iba a convertir en un infierno. Vivir pared con pared con uno de los tipos más peligroso de toda el hampa ruso era una idea que no me agradaba nada y peor, si ese hombre me había pagado una suculenta suma para conseguir que le sacara. Nadie se iba a creer que nuestra relación solo había consistido en dos visitas a la cárcel y que no tenía nada que ver con sus sucios enjuagues y negocios. Hecho un manojo de nervios, decidí salir a comer a un restaurante para pensar qué narices iba a hacer con mi vida ahora que la mafia había llamado a mi puerta. Nada más salir, comprendí que debía de vender mi casa y mudarme por mucho que la crisis estuviera en su máximo apogeo. En el portal de mi casa dos enormes sicarios estaban haciendo guardia con caras de pocos amigos.

Durante la comida, hice un recuento de los diferentes escenarios con los que me iba a encontrar. Si seguía viviendo a su lado, era un hecho que no iba a poderme escapar de formar parte de su organización, pero si me iba de espantada, ese hijo de puta se enteraría y podía pensar que no le quería como vecino, lo que era en la práctica una condena a muerte. Hiciera lo que hiciese, estaba jodido. ?Lo mejor que puedo hacer es ser educado pero intentar reducir al mínimo el trato?, me dije prometiéndome a mí mismo que esa noche iba a ser la primera y última que cenara con ellos.

Recordando las normas de educación rusa, salí a comprar unos presentes que llevar a la cena. Según su estricto protocolo el invitado debía de llevar regalos a todos los anfitriones y como no sabía si Dmitri estaba escondido en la casa, opté por ser prudente y decidí también comprarle a él. No me resultó fácil elegir, un mafioso tiene de todo por lo que me incliné por lo caro y entrando en Loewe le compré unos gemelos de oro. Ya que estaba allí, pedí consejo a la dependienta respecto a las dos mujeres.

-A las rusas les encantan los pañuelos-, me respondió.

Al salir por la puerta, mi cuenta corriente había recibido un bajón considerable pero estaba contento, no iban a poderse quejar de mi esplendidez. No me apetecía volver a casa, por lo que para hacer tiempo, me fui al corte inglés de Serrano a comprarme un traje. De vuelta a mi piso, me dediqué a leer un rato en una tumbona de la piscina, esperando que así se me hiciera más corta la espera. Estaba totalmente enfrascado en la lectura, cuando un ruido me hizo levantar mi mirada del libro. Sofía, la hermana pequeña del mafioso, estaba dándose crema completamente desnuda en su terraza. La visión de ese pedazo de mujer en cueros mientras se extendía la protección por toda su piel, hizo que se me cayera el café, estrellándose la taza contra el suelo.

Asustado, me puse a recoger los pedazos, cuando de repente escuché que me decía si necesitaba ayuda. Tratando de parecer tranquilo, le dije que no, que lo único que pasaba era que había roto una taza.

-¿Qué es lo que ponerle nervioso?- me contestó.

Al mirarla, me quedé petrificado, la muchacha se estaba pellizcando su pezones mientras con su lengua recorría sensualmente sus labios. Sin saber qué hacer ni que responder, terminé de recoger el estropicio y sin hablar, me metí a la casa. Ya en el salón, miré hacia atrás a ver que hacía. Sofía, consciente de ser observada, se abrió de piernas y separando los labios de su sexo, empezó a masturbarse sin pudor. No tuve que ver más, si antes tenía miedo de tenerles de vecinos, tras esa demostración estaba aterrorizado. Dmitri era un hijo de perra celoso y no creí que le hiciera ninguna gracia que un picapleitos se enrollara con su hermanita.

?Para colmo de males, la niña es una calientapollas?, pensé mientras trataba de tranquilizarme metiéndome en la bañera. ?Joder, si su hermano no fuera quién es, le iba a dar a esa cría lo que se merece?, me dije al recordar lo buenísima que estaba, ?la haría berrear de placer y la pondría a besarme los pies?.

Excitado, cerré los ojos y me dediqué a relajar mi inhiesto miembro. Dejándome llevar por la fantasía, visualicé como sería ponerla en plan perrito sobre mis sabanas. Me la imaginé entrando en mi habitación y suplicando que le hiciera el amor. En mi mente, me tumbé en la cama y le ordené que se hiciera cargo de mi pene. Sofía no se hizo de rogar y acercando su boca, me empezó a dar una mamada de campeonato. Me vi penetrándola, haciéndola chillar de placer mientras me pedía más. En mi mente, su cuñada, alertada por los gritos, entraba en mi cuarto. Al vernos disfrutando, se excitó y retirando a la pelirroja de mí, hizo explotar mi sexo en el interior de su boca.

Era un imposible, aunque se metieran en mi cama desnudas nunca podría disfrutar de sus caricias, era demasiado peligroso, pero el morbo de esa situación hizo que no tardara en correrme. Ya tranquilo, observé que sobre el agua mi semen navegaba formando figuras. ?Qué desperdicio?, me dije y fijándome en el reloj, supe que ya era la hora de vestirme para la cena.

A las nueve en punto, estaba tocando el timbre de su casa. Para los rusos la puntualidad es una virtud y su ausencia una falta de educación imperdonable. Una sirvienta me abrió la puerta con una sonrisa y, cortésmente, me hizo pasar a la biblioteca. Tuve que reconocer que la empresa de mudanzas había hecho un buen trabajo, era difícil darse cuenta que esas dos mujeres llevaban escasas doce horas en ese piso. Todo estaba en su lugar y en contra de lo que me esperaba, la elección de la decoración denotaba un gusto que poco tenía que ver con la idea preconcebida de lo que me iba encontrar. Había supuesto que esa familia iba hacer uso de la típica ostentación del nuevo rico. Sobre la mesa, una botella de vodka helado y tres vasos.

-Bienvenido-, escuché a mi espalda. Al darme la vuelta, vi que Tanía, mi anfitriona, era la que me había saludado. Su elegancia volvió a sorprenderme. Enfundada en un traje largo sin escote parecía una diosa. Su pelo rubio y su piel blanca eran realzados por la negra tela.

-Gracias- le respondí -¿su marido?

-No va a venir, pero le ha dejado un mensaje- me contestó y con gesto serio encendió el DVD.

En la pantalla de la televisión apareció un suntuoso despacho y detrás de la mesa, Dmitri. No me costó reconocer esa cara, puesto que, ya formaba parte de mis pesadillas. Parecía contento, sin hacer caso a que estaba siendo grabado, bromeaba con uno de sus esbirros. Al cabo de dos minutos, debieron de avisarle y dirigiéndose a la cámara, empezó a dirigirse a mí.

-Marcos, ¡Querido hermano!, siento no haberme podido despedirme de ti pero, como sabes mis negocios, requerían mi presencia fuera de España. Solo nos hemos visto un par de veces pero ya te considero de mi sangre y por eso te encomiendo lo más sagrado para mí, mi esposa y mi dulce hermana. Necesito que no les falte de nada y que te ocupes de defenderlas si las autoridades buscan una posible deportación. Sé que no vas a defraudar la confianza que deposito en ti y como muestra de mi agradecimiento, permíteme darte este ejemplo de amistad- En ese momento, su esposa puso en mis manos un maletín. Dudé un instante si abrirlo o no, ese cabrón no había pedido mi opinión, me estaba ordenando no solo que me hiciera cargo de la defensa legal de ambas mujeres sino que ocupara de ellas por completo.

?No tengo más remedio que aceptar sino lo hago soy hombre muerto?, pensé mientras abría el maletín. Me quedé sin habla al contemplar su contenido, estaba repleto de fajos de billetes de cien euros. No pude evitar exclamar:

-¡Debe haber más de quinientos mil euros!

-Setecientos cincuenta mil, exactamente- Tania me rectificó -es para cubrir los gastos que le ocasionemos durante los próximos doce meses.

?¡Puta madre! Son ciento veinticinco millones de pesetas, por ese dinero vendo hasta mi madre?, me dije sin salir de mi asombro. El ruso jugaba duro, si aguantaba, sin meterme en demasiados líos, cinco años, me podía jubilar en las Islas vírgenes.

-Considéreme su abogado- dije extendiéndole la mano.

La mujer, tirando de ella, me plantó un beso en la mejilla y al hacerlo pegó su cuerpo contra el mío. Sentir sus pechos me excitó. La mujer se dio cuenta y alargando el abrazo, sonriendo, me respondió cogiendo la botella de la mesa:

-Hay que celebrarlo.

Sirvió dos copas y de un solo trago se bebió su contenido. Al imitarla, el vodka quemó dolorosamente mi garganta, haciéndome toser. Ella se percató que no estaba habituado a ese licor y aun así las rellenó nuevamente, alzando su copa, hizo un brindis en ruso que no comprendí y al interrogarla por su significado, me respondió:

- Qué no sea ésta la última vez que bebemos juntos, con ayuda de Dios-

Es de todos conocidos la importancia que dan lo eslavos a los brindis, y por eso buscando satisfacer esa costumbre, levanté mi bebida diciendo:

-Señora, juro por mi honor servirla. ¡Que nuestra amistad dure muchos años!

Satisfecha por mis palabras, vació su vodka y señalándome el mío, esperó a que yo hiciera lo mismo. No me hice de rogar, pensaba que mi estómago no iba a soportar otra agresión igual pero en contra de lo que parecía lógico, ese segundo trago me encantó. En ese momento, Sofía hizo su entrada a la habitación, preguntando que estábamos celebrando. Su cuñada acercándose a ella, le explicó:

-Marcos ha aceptado ser el hombre de confianza de Dmitri, sabes lo que significa, a partir de ahora debes obedecerle.

-Por mí, estar bien. Yo contenta- respondió en ese español chapurreado tan característico, tras lo cual me miró y poniéndose melosa, me dijo: -no dudar de colaboración mía.

Su tono me puso la piel de gallina. Era una declaración de guerra, la muchacha se me estaba insinuando sin importarle que la esposa de su hermano estuviera presente. Tratando de quitar hierro al asunto, decidí preguntarles si había algo urgente que tratar.

-Eso, ¡mañana! Te hemos invitado y la cena ya está lista-, contestó Tanía, zanjando el asunto.

-Perdone mi despiste, señora, le he traído un presente- dije dando a cada una su paquete. La dependienta de Loewe había acertado de pleno, a las dos mujeres les entusiasmó su regalo. Según ellas, se notaba que conocía al sexo femenino, Dmitri les había obsequiado muchas cosas pero ninguna tan fina.

-¿Pasamos a cenar?- preguntó Tania.

No esperó mi respuesta, abriendo una puerta corrediza me mostró el comedor. Al entrar estuve a punto de gritar al sentir la mano de Sofía magreándome descaradamente el culo. Intenté que la señora de la casa no se diera cuenta de los toqueteos que estaba siendo objeto pero dudo mucho que una mujer, tan avispada, no se percatara de lo que estaba haciendo su cuñada. Con educación les acerqué la silla para que se sentaran.

-Eres todo un caballero- galantemente me agradeció Tania. -En nuestra patria se ha perdido la buena educación. Ahora solo abundan los patanes.

Esa rubia destilaba clase por todos sus poros, su delicado modo de moverse, la finura de sus rasgos, hablaban de sus orígenes cien por cien aristocráticos. En cambio, Sofía era un volcán a punto de explotar, su enorme vitalidad iba acorde con el tamaño de sus pechos. La naturaleza la había dotado de dos enormes senos, que en ese mismo instante me mostraba en su plenitud a través del escote de su vestido.

?Tranquilo macho, esa mujer es un peligro?, tuve que repetir mentalmente varias veces para que la excitación no me dominara:?Si le pones la mano encima, su hermano te corta los huevos?

La incomodidad inicial se fue relajando durante el trascurso de la cena. Ambas jóvenes no solo eran unas modelos de belleza sino que demostraron tener una extensa cultura y un gran sentido del humor, de modo que cuando cayó la primera botella, ya habíamos entrado en confianza y fue Sofía, la que preguntó si tenía novia.

-No, ninguna mujer con un poco de sentido común me aguanta. Soy el prototipo de solterón empedernido.

-Las españolas no saber de hombres, ¿Verdad?, -.

Esperaba que Tanía, cortarse la conversación pero en vez de ello, contestó:

-Si, en Moscú no duras seis meses soltero. Alguna compatriota te echaría el lazo nada más verte.

-¿El lazo?, y ¡un polvo!- soltó la pelirroja con una sonrisa pícara.

Su cuñada, lejos de escandalizarse de la burrada que había soltado la pelirroja, se destornilló de risa, dándole la razón:

-Si nunca he comprendido porqué en España piensan que las rusas somos frías, no hay nadie más caliente que una moscovita. Sino que le pregunten a mi marido.

Las carcajadas de ambas bellezas fueron un aviso de que me estaba moviendo por arenas movedizas y tratando de salirme del pantano en el que me había metido, contesté que la próxima vez que fuera tenía que presentarme a una de sus amigas. Fue entonces cuando noté que un pie desnudo estaba subiendo por mi pantalón y se concentraba en mi entrepierna. No tenía ninguna duda sobre quien era la propietaria del pie que frotaba mi pene. Durante unos minutos tuve que soportar que la muchacha intentara hacerme una paja mientras yo seguía platicando tranquilamente con Tania. Afortunadamente cuando ya creía que no iba a poder aguantar sin correrme, la criada llegó y susurró al oído de su señora que acababan de llegar otros invitados.

Sonriendo, me explicó que habían invitado a unos amigos a tomar una copa, si no me importaba, tomaríamos el café en la terraza. Accedí encantado, ya que eso me daba la oportunidad de salir airoso del acoso de Sofía. Camino de la azotea volví a ser objeto de las caricias de la pelirroja. Con la desfachatez que da la juventud, me agarró de la cintura y me dijo que estaba cachonda desde que me vio desnudo esa mañana. Tratando de evitar un escándalo, no tuve más remedio que llevármela a un rincón y pedirle que parara que no estaba bien porque yo era un empleado de Dmitri,

La muchacha me escuchó poniendo un puchero, para acto seguido decirme:

-Yo dejarte por hoy, pero tú dame beso.

No sé por qué cedí a su chantaje y cogiéndola entre mis brazos acerqué mis labios a los suyos. Si pensaba que se iba a conformar con un morreo corto, estaba equivocado, pegándose a mí, me besó sensualmente mientras rozaba sin disimulo su sexo contra mi pierna. Tenía que haberme separado en ese instante pero me dejé llevar por la lujuria y agarrando sus nalgas, profundicé en ella de tal manera que si no llega a ser porque escuchamos que los invitados se acercaban la hubiese desnudado allí mismo.

?¡Cómo me pone esta cría!?, pensé mientras disimulaba la erección.

Tania, ejerciendo de anfitriona, me introdujo a las tres parejas. Dos de ellas trabajaban en la embajada mientras que el otro matrimonio estaba de visita, lo más curioso fue el modo en que me presentó:

-Marcos es el encargado de España, cualquier tema en ausencia de mi marido tendréis que tratarlo con él.

Las caras de los asistentes se transformaron y con un respeto desmedido se fueron presentado, explicando cuáles eran sus funciones dentro de la organización. Asustado por lo súbito de mi nombramiento, me quedé callado memorizando lo que me estaban diciendo. Cuando acabaron esperé a que Tania estuviese sola y acercándome a ella, le pedí explicaciones:

-Tú no te preocupes, poca gente lo sabe pero yo soy la verdadera jefa de la familia. Cuando te lleguen con un problema, solo tendrás que preguntarme.

Creo que fue entonces cuando realmente caí en la bronca en la que me había metido. Dmitri no era más que el lacayo que su mujer usaba para sortear el machismo imperante dentro de la mafia y ella, sabiendo que su marido iba a estar inoperante durante largo tiempo, había decidido sustituirlo por mí. Estaba en las manos de esa bella y fría mujer. Sintiéndome una mierda, cogí una botella y sentado en un rincón, empecé a beber sin control. Desconozco si me pidieron opinión o si lo dieron por hecho, pero al cabo de media hora la fiesta se trasladó a mi terraza porqué la gente quería tomarse un baño. Totalmente borracho aproveché para ausentarme y sin despedirme, me fui a dormir la moña en mi cama.

Debían de ser las cinco de la madrugada cuando me desperté con la garganta reseca. Sin encender la luz, me levanté a servirme un coctel de aspirinas que me permitiera seguir durmiendo. Tras ponerme el albornoz, salí rumbo a la cocina pero al cruzar el salón, escuché que todavía quedaba alguien de la fiesta en la piscina. No queriendo molestar pero intrigado por los jadeos que llegaban a mis oídos, fui sigilosamente hasta la ventana para descubrir una escena que me dejó de piedra. Sobre una de las tumbonas, Tania estaba totalmente desnuda y Sofía le estaba comiendo con pasión su sexo. No pude retirar la vista de esas dos mujeres haciendo el amor. La rubia con la cabeza echada hacia atrás disfrutaba de las caricias de la hermana de su marido mientras con sus dedos no dejaba de pellizcarse los pechos. Era alucinante ser coparticipe involuntario de tanto placer, incapaz de dejar de mirarlas mi miembro despertó de su letargo e irguiéndose, me pidió que le hiciera caso. Nunca he sido un voyeur pero reconozco que ver a Sofía disfrutando del coño de Tania era algo que jamás iba a volver a tener la oportunidad de ver y asiéndolo con mi mano, empecé a masturbarme.

Llevaban tiempo haciéndolo porque la rubia no tardó en retorcerse gritando mientras se corría en la boca de su amante. Pensé que con su orgasmo había terminado el espectáculo, pero me llevé una grata sorpresa al ver como cambiaban de postura y Sofía se ponía a cuatro patas, para facilitar que las caricias de la otra mujer. Fue entonces cuando me percaté que Tanía estaba totalmente depilada y que encima tenía un culo de infarto. Completamente dominado por la lujuria, disfruté del modo en que le separó las nalgas. Mi recién estrenada jefa sacando su lengua se entretuvo relajando los músculos del esfínter. Sofía tuvo que morderse los labios para no gritar al sentir que su ano era violado por los dedos de la mujer.

Si aquello ya era de por sí alucinante, más aún fue ver que Tanía se levantaba y se ajustaba un arnés con un tremendo falo a su cintura. Le susurró unas dulces palabras mientras se acercaba y colocando la punta del consolador en el esfínter de su indefensa cuñada, de un solo golpe se lo introdujo por completo en su interior. Sofía gritó al sentir que se desgarraba por dentro, pero no intentó liberarse del castigo, sino que meneando sus caderas buscó amoldarse al instrumento antes de empezar a moverse como posesa. Su cuñada esperó que se acomodase antes de darle una fuerte nalgada en el culo. Fue el estímulo que ambas necesitaban para lanzarse en un galope desbocado. Para afianzarse, la rubia uso los pechos de su cuñada como agarre y mordiéndole el cuello, cambió el culo de la muchacha por su sexo y con fuerza la penetró mientras su indefensa víctima se derrumbaba sobre la tumbona. Los gemidos de placer de Sofía coincidieron con mi orgasmo y retirándome sin hacer ruido, volví a mi cama aún más sediento de lo que me levanté.

?Hay que joderse, pensaba que la fijación de Sofía por mí me iba a traer problemas con Dmitri, pero ahora resulta que también es la putita de su cuñada. Sera mejor que evite cualquier relación con ella?.

Capítulo dos:

Ese domingo se me pegaron las sábanas de manera que ya habían dado las doce cuando fui a la cocina a desayunar. Esa mañana me serví un café triple que me hiciera reaccionar. La cafeína recorriendo las venas era lo que necesitaba para poder pensar. Haciendo un repaso a las últimas veinticuatro horas me di cuenta de lo mucho que había cambiado mi vida. Hasta ayer, mi profesión era ser abogado penalista pero no sabía exactamente cuál iba a ser en el futuro. Me había vendido a la mafia, y como cuentan de la droga, se sabe cómo uno entra pero no como sale. Solo esperaba que no fuera dentro de un cajón de madera.

Por otra parte estaba el tema de Sofía. La muchacha estaba para mojar pan, pero solo hablarla era peligroso. Si me enrollaba con ella, podía causar el enfado de Dmitri y de Tania y lo más gracioso del asunto, no tenía claro cuál de los dos era más peligroso. Pensando en ello, salí taza en mano a mi terraza. De haberlo analizado antes quizás no hubiese decidido tomar el aire puesto que allí era sencillo que cualquiera de las dos mujeres me viera y eso era lo último que me apetecía. Afortunadamente no había nadie y de esa forma me tumbé tranquilamente en una hamaca sin que nadie me molestara. El sol, pegándome en la cama, me dio sueño y acomodándome, me quedé dormido.

No debía de llevar medía hora transpuesto cuando escuché el clásico ruido de alguien tirándose a la piscina. Creí que era la descarada de Sofía pero al abrir los ojos me llevé la sorpresa que quien estaba subiendo por la escalerilla no era otra que su cuñada Tania. Estaba espectacular con un bikini rojo, de esos, que en vez de ocultar la desnudez de quien lo lleva, realza las formas de su cuerpo.

-¿Todavía durmiendo?, creí que eras activo cuando te contraté. Ven al agua, está buenísima.

-Ahora voy, espera que me ponga un traje de baño- respondí.

Curiosamente creí descubrir un mohín en su rostro como si hubiese esperado que me bañara otra vez desnudo. Me di toda la prisa que pude, de manera que en menos de dos minutos ya estaba con ella en la piscina. La mujer, sin hacerme caso, se dedicó a hacer largos durante media hora, por lo que no tuve más remedio que imitarla. Era una nadadora estupenda, me costaba seguir su ritmo, se notaba que esa mujer estaba acostumbrada a hacer ejercicio. Ya estaba agotado cuando debió pensar que era suficiente y saliendo de la piscina, se acostó en la misma tumbona que la noche anterior usó para tirarse a su cuñada.

Sin saber qué hacer, la seguí afuera y me tumbé en una que había al lado. Era como si yo no existiera. Mirándola de reojo, me encandilé de la perfección de sus curvas. Sus pechos al no ser tan grandes, tenían una consistencia que sería la envidia de cualquier española y el sueño de cualquier español. Sus piernas eran largas y divinamente contorneadas. Su estómago completamente liso no tenía ni rastro de grasa.

?¡Quien se la follara!?, me dije mientras con mi vista la seguía devorando. ?no me extraña que Dmitri sea su perro faldero, yo también me dejaría poner un collar si con ello compartiera su alcoba?.

Como si además de bella, esa mujer tuviese telepatía, de pronto me pidió que le diese crema. Nervioso como un quinceañero, cogí el bote y derramando un podo en su espalda, empecé a extendérsela por su cuello. El tacto de su piel era suave. Poco a poco fui tomando confianza y mis manos empezaron a recorrer su espalda con absoluta libertad. Nunca en mi vida había tenido una hembra semejante a mi disposición para darle bronceador y por eso quizás lo hice tan sumamente lento que parecía un masaje.

Me estaba poniendo bruto mientras Tania, ajena a cuales eran mis sentimientos, permanecía con los ojos cerrados. Al terminar de extenderle la crema por la espalda no creí conveniente seguir con sus piernas y menos con el culo, por lo que cerrando el bote volví a mi tumbona. No me había tumbado cuando la escuché quejarse, pidiendo que terminara. No quería quemarse. Asustado pero a la vez ansioso de tocar sus piernas, me puse a su lado y cuidadosamente fui con mis manos llenas de crema dándole un masaje en las plantas de sus pies. Debió de gustarle por que empecé a oír unos gemidos de satisfacción, lo que me dio pie a sin ningún pudor recorrer sus piernas presionando sus músculos. Podía parecer un masaje profesional, pero yo sabía que no lo era, al ser consciente de la tremenda erección que estaba soportando.

Quedaba lo mejor y lo más difícil. Sus glúteos esperaban mis manos y no podía defraudarlos. Con mi sexo dolorosamente tieso, eché un buen montón de crema en cada nalga antes de siquiera pensar en posar mis palmas en esos monumentos.

?Qué belleza?, me dije al acariciarlos.

Como si fuera una obra de arte y yo un restaurador, fui mimando con mis manos cada centímetro de su piel sin atreverme a acercarme a ninguna de sus dos entradas. Estaba caliente pero no loco. Lentamente, fui profundizando en mis caricias, extendiendo la crema hasta donde la prudencia me dejó, sin dejar de pensar cómo sería poseer a esa mujer. Estaba a punto de cometer una idiotez cuando me habló:

-Marcos, ¡Para!

Saliendo de mi ensoñación, divisé que sus ojos se habían posado en mi pene y que lejos de indignarse, una sonrisa había hecho su aparición en su boca:

- Eres un maestro dando masajes pero yo soy tu jefa-.

No hizo falta que dijera más, avergonzado mascullé una disculpa y sin pensármelo dos veces, me lancé a la piscina esperando que se me bajara la excitación. Al salir, se había ido. Acojonado de haberla molestado, decidí salir a dar una vuelta por Madrid.

?¡Como puedo ser tan imbécil!, ¡Pero qué insensato soy!, ¿Cómo he podido ser tan animal de ponerme cachondo dándole crema??, no paré de decirme mientras me vestía. ?Esa tipa con solo chasquear los dedos podría matarme y voy yo y le meto mano, decididamente ¡Soy gilipollas!?.

Estaba sacando mi coche del garaje cuando uno de los gorilas de Tanía me hizo parar.

-Don Marcos, tenemos instrucciones precisas de protegerle, sino le importa: Yo conduzco.

Lo inesperado de su petición no me dejó reaccionar y antes que me diera cuenta, el ruso conducía y yo estaba sentado en la parte trasera del automóvil. La mafia es como un virus, en cuanto entra se extiende sin control por todos los aspectos de tu vida, dejas de ser libre para convertirte en un engranaje más de la organización. Era un hecho irrefutable que mi existencia rutinaria había cambiado y debía de amoldarme a ese nuevo ritmo de vida. Tenía mucho dinero y desconocía si tendría tiempo para gastarlo por lo que dirigiéndome al chofer le pedí que me llevara a Jockey, uno de los restaurantes más caros de Madrid. Solo había estado una vez y recordaba después de dos años su ensalada templada de cangrejos.

Al llegar a la puerta, el portero me recordó que por protocolo los clientes debían de llevar corbata y que el establecimiento ponía a mi disposición un extenso surtido para elegir. Sonreí pensando que era una pijería a la que tenía que acostumbrarme. Elegí una verde que combinaba con mi chaqueta y pasé adentro. Es una gozada el servicio, nada más entrar el maître me acompañó a una mesa y preguntó:

-Doña Tania, ¿le va a acompañar?

Me quedé pasmado. Al preguntarle como sabía que conocía a esa mujer, me respondió que lo había supuesto porqué era una de sus mejores clientas y yo había llegado con su chofer. Haciendo como si ese detalle no tuviera importancia, pedí que me trajeran un aperitivo. Nada más irse, mi mente empezó a recapacitar sobre su significado. Si un mero maître había hilado cabos que sería de la policía. Estaba seguro que en ese instante, mis datos estaban siendo revisados por la brigada central. En otras palabras; ¡estaba fichado! Cuando ya creía que nada podía ir peor, vi a Sofía entrando por la puerta y dirigiéndose a donde yo estaba. Como no tenía más remedio que aceptar su compañía, me levanté a acercarle la silla.

-Eres malo. Estaba sola y no me has invitado a comer- dijo con una de sus típicas sonrisas de niña buena.

?La verdad es que si esta monada no fuera la hermana de Dmitri, no me importaría nada tener con ella un escarceo. Realmente está buenísima?, pensé al observarla. Sabía perfectamente que no podía dejarme llevar, pero siempre es agradable sentir que una preciosidad como la que tenía enfrente se interesara por uno.

-¿Qué quieres tomar?- pregunté para romper el hielo.

-Un hombre bueno- respondió sin dejar de sonreír.

No me explico porque en vez de salir corriendo, decidí meterme con su deficiente español.

-Pues si quieres un modelo, no sé qué haces conmigo. Te llevo quince años.

Se quedó pensando, creo que tardó en comprender que le estaba tomando el pelo.

-Tu estar bueno pero yo decir corazón-, me contestó cogiendo mi mano y llevándola a su pecho.

No me esperaba que sin importarle las apariencias para explicarse me obligara a tocar esos maravillosos senos. No sé si más cortado que excitado o al revés, retiré mi mano, disimulando.

-No vuelvas a hacer eso- la reñí -estamos en un lugar público-.

-Ellos comprenden, yo con mi novio- dijo alegremente mientras volvía a llevársela a su pecho.

-Sofía, por favor, no hagas el ridículo- le susurré al oído.

La situación me estaba resultando harto incomoda, si Tanía era una asidua visitante no tardaría en enterarse que su cuñada se había comportado como una vulgar fulana.

-De acuerdo, pero tú y yo novios- me soltó como si nada.

Su insistencia hizo que saltaran todas mis alarmas y tomando aliento, le dije muy serio:

-Sofía, soy sólo tu abogado.

En ese momento vino el camarero a preguntarnos qué quería la señorita de beber. La interrupción hizo que tuviera que esperar a que la muchacha pidiera, para oír una contestación que me heló hasta el tuétano.

-No, tú mi novio. Yo ver en el juicio y Tania prometer tú eres mío.

Casi me caigo de la silla al oírlo. La zorra de su cuñada había comprado el piso de al lado y me había contratado, sólo con el propósito de regalarle, a su querida niña, un novio. Tratando de buscar una salida, se me ocurrió preguntarle qué era lo que opinaba Dmitri de eso y al oír su respuesta supe que estaba jodido:

-Gustar, con marido español no deportación.

No me quedaron fuerzas de seguir discutiendo, ese par de hijos de puta vieron, en el capricho de Sofía, una salida perfecta. Dmitri se aseguraba que no deportaran a su hermana y Tanía conseguía una fachada que le permitiera seguir tirándose a la hermanita de su esposo. Durante el resto de la comida, me mantuve en silencio rumiando las noticias que acababan de darme. Tras el sofocón inicial después de analizarlo, no me pareció tan mala idea y no solo porque estaba buenísima sino porque me daba una razón que hiciera dudar a la policía de mi verdadera relación con esa organización.

?Seré el marido de pega de esta niña y así ellos creerán que soy un pelele?.

Habiendo tomado ya la decisión, era necesario que hacerla pública y que mejor que fueran los propios camareros los que les fueran a la pasma con el chisme. Llamé al camarero y le pedí que nos trajera una botella de Moët.

Al venir con el carísimo champán, cogí el alambre del tapón e hice con él un rústico anillo. Sofía no entendía que narices estaba haciendo. Solo lo comprendió cuando poniéndome de rodillas, le pedí que se casara conmigo. El grito de alegría de la muchacha retumbó en el local, haciendo que todos los comensales se voltearan a ver como un cuarentón estaba postrado frente a una bella joven.

-Sí, ¡me caso contigo!- respondió chillando y sin parar de dar saltos de felicidad.

Aunque parezca increíble, los cincuenta ricachones que había en el restaurante se pusieron de pie y empezaron a aplaudir. Abochornado por el rotundo éxito de mi idea, tuve que agradecer a la audiencia. Con Sofía a mi lado, me di cuenta que todos esperaban el beso de rigor, por lo que no me quedó más remedio que agarrarla por la cintura y dárselo. La exagerada pasión que imprimió Sofía al beso terminó de convencer a todos que era real nuestra unión, creo que incluso debieron darse cuenta que cuando la muchacha dejó de restregarse contra mí, mi pene ya estaba en lo más álgido de la erección.

Decidí que ya era suficiente, y pidiendo la cuenta salimos del lugar, con el convencimiento que en ese momento todo el mundo comentaría en las mesas que otro pobre tonto que se había enamorado de su secretaria. No tenía sentido ir en dos coches, por lo que me subí al enorme mercedes 600 que había traído a mi futura esposa. Nada más sentarme junto a ella, me cogió la mano y me dijo:

-No creas que soy tonta. De imbécil, no tengo un pelo. Me gustas desde que te vi en el estrado pero sé que no me amas. Eso es cuestión de tiempo, estoy segura que vas a terminar enamorado de mí. Esto es un negocio, tú me das lo que yo quiero y yo lo que tú necesitas. Por cierto, como ves, ¡Tu mujercita habla perfectamente español y sin acento!

No supe que decir, me había engañado totalmente con su pose de niña boba. La mujer que tenía a mi lado era una actriz maravillosa, escondiéndose detrás de una supuesta estupidez pasaba inadvertida para los enemigos de su hermano y evitaba ser objeto de los celos de Tania.

-Tu llevarme a por anillo, no poder llegar con éste a casa- acurrucándose como una enamorada, me susurró mientras pasaba su mano por mi entrepierna.

Comprar un anillo un domingo en la tarde en Madrid es imposible, excepto si eres un mafioso ruso. Solo tuve que preguntarle al chofer y tras un par de llamadas, nos abrieron una lujosa joyería del barrio de Salamanca. Afortunadamente, Tanía me había dado ese enorme anticipo, porque si no los cien mil euros que me gasté en la puñetera piedra me hubieran quebrado. Mientras Sofía elegía el que más le gustaba, yo no podía dejar de pensar que diría su cuñada de todo esto, sabía a la perfección que formaba parte de su plan pero aún me venía continuamente a la mente la escena lésbica que había presenciado, por eso en cuanto tuve oportunidad le pregunté discretamente, para que no se enterara nuestro guardaespaldas, cómo íbamos a plantearlo.

-Tú, déjame a mí. Para Tania, soy una tonta que se ha encaprichado del primer hombre inteligente con el que se ha topado. Ella sabe que ayer nos besamos y creerá que no ha hecho falta que ella te obligara tal y como tenía planeado, sino que, como hombre, nos has podido resistirte a mis encantos.

Tomándome mi tiempo, fui al grano. Le conté lo que había visto y le expliqué mis temores. Ella al oírme, se echó a reír:

-Ya te dijimos que las moscovitas somos unas calentorras. Ni ella ni yo somos lesbianas pero, cuando no hay un hombre disponible, nos consolamos mutuamente. Por eso no te inquietes, mejor harías en preocuparte por el día que te pille con ella en la cama.

Más tranquilo y siguiéndole la corriente le dije:

-¿Qué harías?, ¿cortarme los huevos?

-No, bobo- respondió con una carcajada -la ayudaría a dejarte seco, ¡mi amor!

Solo piensa con esas dos bellezas en la misma cama, me excitó y fue entonces cuando tomé la decisión de hacerlo realidad y por vez primera, la besé sin que me diese miedo que alguien nos viera.

No me da vergüenza reconocer que, mientras volvíamos a casa, estaba acojonado. Aún después de las explicaciones de Sofía, seguía teniendo miedo a la reacción de la gran Jefa. Tania debía de cargar sobre sus espaldas con la autoría intelectual de un buen número de ejecuciones y de ajustes de cuentas, no me cabía duda que no debía de ser extraño que ella se hubiese despachado en persona a algún competidor pero era un hecho cierto que, siguiendo sus órdenes, sus sicarios se habían desembarazado de una buena cifra. Por eso me alegró que ella no estuviera cuando llegamos a su apartamento.

-¿Qué te apetece hacer?- ronroneó Sofía, pegando su cuerpo al mío.

Estábamos solos y en teoría, esa maravilla de mujer era mi novia. No me costó decidir, agarrándola de la cintura la besé mientras iba desabrochando su falda. Mi querida rusa suspiró al sentir que caía al suelo y como si llevara años sin ser acariciada se lanzó contra mí, desgarrando mi camisa. Sus dientes se apoderaron de mi pecho mientras su dueña intentaba desabrochar mi pantalón. Increíblemente excitada, gimió al ver mi sexo totalmente inhiesto saliendo de su encierro.

-Te deseo, ¡mi querido picapleitos!

Quería que nuestra primera vez fuera tranquila pero su ardor se me contagió y apoyando mi cuerpo contra la pared, le rompí las bragas y poniendo sus piernas alrededor de mi cintura, coloqué la punta de mi glande en su sexo. Sofía no pudo esperar y forzando sus labios, se empaló lentamente, sintiendo como se introducía centímetro a centímetro mi extensión en su cueva. Nada más sentir que la cabeza chocaba contra la pared de su vagina, empezó a cabalgar usándome de montura. Mi pene erecto era un puñal con el que quería matar su necesidad de ser tomada. Moviendo sus caderas se echó hacia atrás para darme sus pechos como ofrenda. La visión de sus pezones, contraídos por la excitación, fueron el acicate que necesitaba el tranquilo abogado para convertirse en Mr. Hade. Completamente dominado por la lujuria, usé una de mis manos para poner su pecho en mi boca.

Sofía gritó al notar que mis dientes se cerraban cruelmente sobre su pezón y agarrando mi cabeza, me pidió que no parara. La humedad que manaba de ella me informó de la cercanía de su orgasmo. Su respiración agitada no le permitía seguir alzándose sobre mi pene, por lo que tuve que ser yo quien, asiéndola de su culo, la ayudara a sacar y meter mi sexo dentro del suyo. Al percatarse que ya no le era tan cansada esa postura, se puso como loca y acelerando sus maniobras, explotó derramando su flujo sobre mis piernas. Los gemidos de placer de la muchacha me espolearon y como un joven garañón, galopé en busca de mi orgasmo. Ya no importaba que esa mujer fuera la hermana de un mafioso, en mi mente era mi hembra y yo, su semental. Siguiendo el dictado de mi instinto busqué esparcir mi simiente en su campo. Con el coño completamente mojado, Sofía gozaba cada vez que mi verga, al entrar y salir, presionaba sobre sus labios y rellenaba su vagina. Su clímax estaba siendo sensualmente prolongado por mis maniobras, llevándola del placer al éxtasis y vuelta a empezar. Clavando sus uñas en mi espalda, me rogó que me corriera, que necesitaba sentir mi eyaculación en su interior.

La entrega de la muchacha era total. Berreando en mis brazos, se estaba corriendo por segunda ocasión cuando al levantar mi cabeza, vi a su cuñada mirándonos desde la terraza. Su gesto no era de enfado sino de satisfacción, dándome a entender que aprobaba lo que estábamos haciendo. El morbo de ser observado, hizo que mi pene estallara dentro de Sofía mientras veía a la rusa volviendo a su piso.

-Vamos a tu cama, esto es solo un aperitivo de lo que vas a disfrutar conmigo- susurró mi recién estrenada novia.

Sus palabras me hicieron soñar en tenerlas a las dos entre mis brazos y llevándola en volandas, me dirigía a mi cuarto.

-¡Qué impetuoso!- me dijo al tirarla encima de mi cama y tumbarme a su lado,-pareces que tienes ganas de seguir dándole placer a tu mujercita-.

-Los españoles también somos unos calentorros- contesté mientras le abría las piernas y sin ningún tipo de delicadeza la volvía a penetrar.

Me recibió totalmente mojada y abrazándome con sus piernas, buscó que mi penetración fuera total.

-Cabrón, ¡Me estás poniendo a mil! Me gustaría que la boba de Tania nos viera. Se moriría de envidia al saber que tenía razón cuando, el día que te vi con el juez, le dije que eras un perfecto semental.

Solté una carcajada al oírla. Moviendo mis caderas, la atraje hacia mí y le expliqué que sus deseos se habían convertido en realidad.

-No te entiendo.

-Tania nos ha estado espiando mientras lo hacíamos en el salón, y te puedo prometer que no se le notaba enfadada-.

-¡Mierda!-, exclamó soltándose de mi abrazo -tengo que ir a hablar con ella. No quiero que se enoje-.

-Ahora soy yo el que no comprende, no me has dicho que estaba todo hablado-.

-Sí, pero la jefa es la jefa y querrá novedades-, me contestó mientras salía completamente desnuda de mi habitación y dando un portazo me dejó compuesto y sin novia.

?Quien entienda algo que me lo aclare?, pensé mientras me vestía. En teoría, las dos mujeres habían maniobrado para que Sofía me llevara a la cama, por lo que no comprendía cual era la urgencia. Con el paso de los minutos me fui poniendo cada vez más nervioso, al imaginarme que la muchacha me había mentido sobre la verdadera relación que le unía con su cuñada. Si en un principio estaba intrigado al cabo de la media hora estaba histérico:

?¡Joder!, la he cagado. ¡Me he tirado a su putita!?.

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abril 19th, 2014 >> Relatos Eroticos

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La esposa y la hermana de un narco en Relatos eroticos de Amor filial (relatos eroticos )

Estoy jodido. Mi ritmo de vida se ha visto alterado por culpa de mis vecinas. Hasta hace seis meses, siempre me había considerado un perro en lo que respecta a mujeres y aun así, con cuarenta y tres años, me he visto sorprendido por la actitud que han mostrado desde que se mudaron al ático de al lado.

Todavía recuerdo el sábado que hicieron la mudanza. Ese día tenía una resaca monumental producto de la ingesta incontrolada de Whisky a la que estoy fatalmente habituado. Me había acostado pasadas las seis de la madrugada con una borrachera de las que hacen época pero con una borracha del montón.

Todavía seguía durmiendo cuando sin previo aviso, llegó a mis oídos el escándalo de los trabajadores de la empresa de mudanza subiendo y colocando los muebles. Tardé en reconocer la razón de tamaño estrépito, el dolor de mi cabeza me hizo levantarme y sin darme cuenta que como única vestimenta llevaba unos calzoncillos, salí al rellano a ver cuál era la razón de semejante ruido. Al abrir la puerta me encontré de bruces con un enorme aparador que bloqueaba la salida de mi piso. Hecho una furia, obligué a los operarios a desbloquear el paso y cabreado volví a mi cama.

En mi cuarto, María, una asidua visitante de la casa, se estaba vistiendo.

-Marcos. Me voy. Gracias por lo de ayer.

En mis planes estaba pasarme todo el fin de semana retozando con esa mujer, pero gracias a mis ?amables vecinos? me lo iba a pasar solo. Comprendiendo a la mujer, no hice ningún intento para que cambiara de opinión. De haber sido al revés, yo hubiera tardado incluso menos tiempo en salir huyendo de ese infierno.

-Te invito a tomar un café al bar de abajo- le dije mientras me ponía una camiseta y un pantalón corto. Necesitaba inyectarme en vena cafeína.

Mi amiga aceptó mi invitación de buen grado y en menos de cinco minutos estábamos sentados en la barra desayunando. Ella quiso que me fuera a su casa a seguir con lo nuestro pero ya se había perdido la magia. Sus negras ojeras me hicieron recordar una vieja expresión: ?ayer me acosté a las tres con una chica diez, hoy me levanté a las diez con una chica tres?. Buscando una excusa, rechacé su oferta amablemente prometiéndole que el siguiente viernes iba a invitarla a cenar en compensación. Prefería quedarme solo a tener que volver a empezar con el galanteo con ese gallo desplumado que era María sin el maquillaje. Ambos sabíamos que era mentira, nuestra relación consiste solo en sexo esporádico, cuando ella o yo estábamos sin plan, nos llamábamos para echar un polvo y nada más.

Al despedirnos, decidí salir a correr por el Retiro con la sana intención de sudar todo el alcohol ingerido. Tengo la costumbre de darle cuatro vueltas a ese parque a diario, pero ese día fui incapaz de completar la segunda. Con el bofe fuera, me tuve que sentar en uno de sus bancos a intenta normalizar mi respiración. ?Joder, anoche me pasé?, pensé sin reconocer que un cuarentón no tiene el mismo aguante que un muchacho y que aunque había bebido en exceso, la realidad de mi estado tenía mucho más que ver con mi edad. Con la moral por los suelos, volví a mi piso.

Había trascurrido solo dos horas y por eso me sorprendió descubrir que habían acabado con la mudanza. Encantado con el silencio reinante en casa, me metí en la sauna que había hecho instalar en la terraza. El vapor obró maravillas, abriendo mis poros y eliminando las toxinas de poblaban mis venas. Al cabo de media hora, completamente sudado salí y sin pensar en que después de dos años volvía a tener vecinos, me tiré desnudo a la pequeña piscina que tengo en el segundo piso del dúplex donde vivo. Sé que es un lujo carísimo, pero después de quince años ejerciendo como abogado penalista es un capricho al que no estoy dispuesto a renunciar. Estuve haciendo largos un buen rato, hasta que el frio de esa mañana primaveral me obligó a salir.

Estaba secándome las piernas cuando a mi espalda escuché unas risas de mujer. Al girarme, descubrí que dos mujeres, que debían rondar los treinta años, estaban mirándome al otro lado del murete que dividía nuestras terrazas. Avergonzado, me enrollé la toalla y sonriendo en plan hipócrita, me metí de nuevo en mi habitación.

?¡Mierda!, voy a tener que poner un seto si quiero seguir bañándome en pelotas?, me dije molesto por la intromisión de las dos muchachas.

Acababa de terminar de vestirme cuando escuché que alguien tocaba el timbre, y sin terminar de arreglarme salí a ver quién era. Me sorprendió toparme de frente con mis dos vecinas. Debido al corte de verme siendo observado, ni siquiera había tenido tiempo de percatarme que además de ser dos preciosidades de mujer, las conocía:

Eran Tania y Sofía, la esposa y la hermana de Dmitri Paulovich, un narco al que había defendido hacía tres meses y que aprovechando que había conseguido sacarle de la trena mediante una elevada fianza, había huido de España, o al menos eso era lo que se suponía. Sin saber que decir, les abrí la puerta de par en par y bastante más asustado de lo que me hubiese gustado reconocer les pregunté en qué podía servirles.

Tanía, la mujer de ese sanguinario, en un perfecto español pero imbuido en un fuerte acento ruso, me pidió perdón si me habían molestado sus risas pero que les había sorprendido darse cuenta que su vecino no era otro que el abogado de su marido.

-Soy yo el que les tiene que pedir perdón. Llevo demasiado tiempo sin vecinos, y me había acostumbrado a nadar desnudo. Lo siento no se volverá a repetir.

-No se preocupe por eso. En nuestra Rusia natal el desnudo no es ningún tabú. Hemos venido a invitarle a cenar como muestra de nuestro arrepentimiento.

La naturalidad con la que se refirió a mi escena nudista, me tranquilizó y sin pensármelo dos veces, acepté su invitación, tras lo cual se despidieron de mí con un ?hasta luego?. De haber visto como Sofía me miraba el culo, quizás no hubiese aceptado ir esa noche a cenar, no en vano su hermano era el responsable directo de medio centenar de muertes.

Al cerrar la puerta, me desmoroné. Había luchado duro para conseguir un estatus y ahora de un plumazo, mi paraíso se iba a convertir en un infierno. Vivir pared con pared con uno de los tipos más peligroso de toda el hampa ruso era una idea que no me agradaba nada y peor, si ese hombre me había pagado una suculenta suma para conseguir que le sacara. Nadie se iba a creer que nuestra relación solo había consistido en dos visitas a la cárcel y que no tenía nada que ver con sus sucios enjuagues y negocios. Hecho un manojo de nervios, decidí salir a comer a un restaurante para pensar qué narices iba a hacer con mi vida ahora que la mafia había llamado a mi puerta. Nada más salir, comprendí que debía de vender mi casa y mudarme por mucho que la crisis estuviera en su máximo apogeo. En el portal de mi casa dos enormes sicarios estaban haciendo guardia con caras de pocos amigos.

Durante la comida, hice un recuento de los diferentes escenarios con los que me iba a encontrar. Si seguía viviendo a su lado, era un hecho que no iba a poderme escapar de formar parte de su organización, pero si me iba de espantada, ese hijo de puta se enteraría y podía pensar que no le quería como vecino, lo que era en la práctica una condena a muerte. Hiciera lo que hiciese, estaba jodido. ?Lo mejor que puedo hacer es ser educado pero intentar reducir al mínimo el trato?, me dije prometiéndome a mí mismo que esa noche iba a ser la primera y última que cenara con ellos.

Recordando las normas de educación rusa, salí a comprar unos presentes que llevar a la cena. Según su estricto protocolo el invitado debía de llevar regalos a todos los anfitriones y como no sabía si Dmitri estaba escondido en la casa, opté por ser prudente y decidí también comprarle a él. No me resultó fácil elegir, un mafioso tiene de todo por lo que me incliné por lo caro y entrando en Loewe le compré unos gemelos de oro. Ya que estaba allí, pedí consejo a la dependienta respecto a las dos mujeres.

-A las rusas les encantan los pañuelos-, me respondió.

Al salir por la puerta, mi cuenta corriente había recibido un bajón considerable pero estaba contento, no iban a poderse quejar de mi esplendidez. No me apetecía volver a casa, por lo que para hacer tiempo, me fui al corte inglés de Serrano a comprarme un traje. De vuelta a mi piso, me dediqué a leer un rato en una tumbona de la piscina, esperando que así se me hiciera más corta la espera. Estaba totalmente enfrascado en la lectura, cuando un ruido me hizo levantar mi mirada del libro. Sofía, la hermana pequeña del mafioso, estaba dándose crema completamente desnuda en su terraza. La visión de ese pedazo de mujer en cueros mientras se extendía la protección por toda su piel, hizo que se me cayera el café, estrellándose la taza contra el suelo.

Asustado, me puse a recoger los pedazos, cuando de repente escuché que me decía si necesitaba ayuda. Tratando de parecer tranquilo, le dije que no, que lo único que pasaba era que había roto una taza.

-¿Qué es lo que ponerle nervioso?- me contestó.

Al mirarla, me quedé petrificado, la muchacha se estaba pellizcando su pezones mientras con su lengua recorría sensualmente sus labios. Sin saber qué hacer ni que responder, terminé de recoger el estropicio y sin hablar, me metí a la casa. Ya en el salón, miré hacia atrás a ver que hacía. Sofía, consciente de ser observada, se abrió de piernas y separando los labios de su sexo, empezó a masturbarse sin pudor. No tuve que ver más, si antes tenía miedo de tenerles de vecinos, tras esa demostración estaba aterrorizado. Dmitri era un hijo de perra celoso y no creí que le hiciera ninguna gracia que un picapleitos se enrollara con su hermanita.

?Para colmo de males, la niña es una calientapollas?, pensé mientras trataba de tranquilizarme metiéndome en la bañera. ?Joder, si su hermano no fuera quién es, le iba a dar a esa cría lo que se merece?, me dije al recordar lo buenísima que estaba, ?la haría berrear de placer y la pondría a besarme los pies?.

Excitado, cerré los ojos y me dediqué a relajar mi inhiesto miembro. Dejándome llevar por la fantasía, visualicé como sería ponerla en plan perrito sobre mis sabanas. Me la imaginé entrando en mi habitación y suplicando que le hiciera el amor. En mi mente, me tumbé en la cama y le ordené que se hiciera cargo de mi pene. Sofía no se hizo de rogar y acercando su boca, me empezó a dar una mamada de campeonato. Me vi penetrándola, haciéndola chillar de placer mientras me pedía más. En mi mente, su cuñada, alertada por los gritos, entraba en mi cuarto. Al vernos disfrutando, se excitó y retirando a la pelirroja de mí, hizo explotar mi sexo en el interior de su boca.

Era un imposible, aunque se metieran en mi cama desnudas nunca podría disfrutar de sus caricias, era demasiado peligroso, pero el morbo de esa situación hizo que no tardara en correrme. Ya tranquilo, observé que sobre el agua mi semen navegaba formando figuras. ?Qué desperdicio?, me dije y fijándome en el reloj, supe que ya era la hora de vestirme para la cena.

A las nueve en punto, estaba tocando el timbre de su casa. Para los rusos la puntualidad es una virtud y su ausencia una falta de educación imperdonable. Una sirvienta me abrió la puerta con una sonrisa y, cortésmente, me hizo pasar a la biblioteca. Tuve que reconocer que la empresa de mudanzas había hecho un buen trabajo, era difícil darse cuenta que esas dos mujeres llevaban escasas doce horas en ese piso. Todo estaba en su lugar y en contra de lo que me esperaba, la elección de la decoración denotaba un gusto que poco tenía que ver con la idea preconcebida de lo que me iba encontrar. Había supuesto que esa familia iba hacer uso de la típica ostentación del nuevo rico. Sobre la mesa, una botella de vodka helado y tres vasos.

-Bienvenido-, escuché a mi espalda. Al darme la vuelta, vi que Tanía, mi anfitriona, era la que me había saludado. Su elegancia volvió a sorprenderme. Enfundada en un traje largo sin escote parecía una diosa. Su pelo rubio y su piel blanca eran realzados por la negra tela.

-Gracias- le respondí -¿su marido?

-No va a venir, pero le ha dejado un mensaje- me contestó y con gesto serio encendió el DVD.

En la pantalla de la televisión apareció un suntuoso despacho y detrás de la mesa, Dmitri. No me costó reconocer esa cara, puesto que, ya formaba parte de mis pesadillas. Parecía contento, sin hacer caso a que estaba siendo grabado, bromeaba con uno de sus esbirros. Al cabo de dos minutos, debieron de avisarle y dirigiéndose a la cámara, empezó a dirigirse a mí.

-Marcos, ¡Querido hermano!, siento no haberme podido despedirme de ti pero, como sabes mis negocios, requerían mi presencia fuera de España. Solo nos hemos visto un par de veces pero ya te considero de mi sangre y por eso te encomiendo lo más sagrado para mí, mi esposa y mi dulce hermana. Necesito que no les falte de nada y que te ocupes de defenderlas si las autoridades buscan una posible deportación. Sé que no vas a defraudar la confianza que deposito en ti y como muestra de mi agradecimiento, permíteme darte este ejemplo de amistad- En ese momento, su esposa puso en mis manos un maletín. Dudé un instante si abrirlo o no, ese cabrón no había pedido mi opinión, me estaba ordenando no solo que me hiciera cargo de la defensa legal de ambas mujeres sino que ocupara de ellas por completo.

?No tengo más remedio que aceptar sino lo hago soy hombre muerto?, pensé mientras abría el maletín. Me quedé sin habla al contemplar su contenido, estaba repleto de fajos de billetes de cien euros. No pude evitar exclamar:

-¡Debe haber más de quinientos mil euros!

-Setecientos cincuenta mil, exactamente- Tania me rectificó -es para cubrir los gastos que le ocasionemos durante los próximos doce meses.

?¡Puta madre! Son ciento veinticinco millones de pesetas, por ese dinero vendo hasta mi madre?, me dije sin salir de mi asombro. El ruso jugaba duro, si aguantaba, sin meterme en demasiados líos, cinco años, me podía jubilar en las Islas vírgenes.

-Considéreme su abogado- dije extendiéndole la mano.

La mujer, tirando de ella, me plantó un beso en la mejilla y al hacerlo pegó su cuerpo contra el mío. Sentir sus pechos me excitó. La mujer se dio cuenta y alargando el abrazo, sonriendo, me respondió cogiendo la botella de la mesa:

-Hay que celebrarlo.

Sirvió dos copas y de un solo trago se bebió su contenido. Al imitarla, el vodka quemó dolorosamente mi garganta, haciéndome toser. Ella se percató que no estaba habituado a ese licor y aun así las rellenó nuevamente, alzando su copa, hizo un brindis en ruso que no comprendí y al interrogarla por su significado, me respondió:

- Qué no sea ésta la última vez que bebemos juntos, con ayuda de Dios-

Es de todos conocidos la importancia que dan lo eslavos a los brindis, y por eso buscando satisfacer esa costumbre, levanté mi bebida diciendo:

-Señora, juro por mi honor servirla. ¡Que nuestra amistad dure muchos años!

Satisfecha por mis palabras, vació su vodka y señalándome el mío, esperó a que yo hiciera lo mismo. No me hice de rogar, pensaba que mi estómago no iba a soportar otra agresión igual pero en contra de lo que parecía lógico, ese segundo trago me encantó. En ese momento, Sofía hizo su entrada a la habitación, preguntando que estábamos celebrando. Su cuñada acercándose a ella, le explicó:

-Marcos ha aceptado ser el hombre de confianza de Dmitri, sabes lo que significa, a partir de ahora debes obedecerle.

-Por mí, estar bien. Yo contenta- respondió en ese español chapurreado tan característico, tras lo cual me miró y poniéndose melosa, me dijo: -no dudar de colaboración mía.

Su tono me puso la piel de gallina. Era una declaración de guerra, la muchacha se me estaba insinuando sin importarle que la esposa de su hermano estuviera presente. Tratando de quitar hierro al asunto, decidí preguntarles si había algo urgente que tratar.

-Eso, ¡mañana! Te hemos invitado y la cena ya está lista-, contestó Tanía, zanjando el asunto.

-Perdone mi despiste, señora, le he traído un presente- dije dando a cada una su paquete. La dependienta de Loewe había acertado de pleno, a las dos mujeres les entusiasmó su regalo. Según ellas, se notaba que conocía al sexo femenino, Dmitri les había obsequiado muchas cosas pero ninguna tan fina.

-¿Pasamos a cenar?- preguntó Tania.

No esperó mi respuesta, abriendo una puerta corrediza me mostró el comedor. Al entrar estuve a punto de gritar al sentir la mano de Sofía magreándome descaradamente el culo. Intenté que la señora de la casa no se diera cuenta de los toqueteos que estaba siendo objeto pero dudo mucho que una mujer, tan avispada, no se percatara de lo que estaba haciendo su cuñada. Con educación les acerqué la silla para que se sentaran.

-Eres todo un caballero- galantemente me agradeció Tania. -En nuestra patria se ha perdido la buena educación. Ahora solo abundan los patanes.

Esa rubia destilaba clase por todos sus poros, su delicado modo de moverse, la finura de sus rasgos, hablaban de sus orígenes cien por cien aristocráticos. En cambio, Sofía era un volcán a punto de explotar, su enorme vitalidad iba acorde con el tamaño de sus pechos. La naturaleza la había dotado de dos enormes senos, que en ese mismo instante me mostraba en su plenitud a través del escote de su vestido.

?Tranquilo macho, esa mujer es un peligro?, tuve que repetir mentalmente varias veces para que la excitación no me dominara:?Si le pones la mano encima, su hermano te corta los huevos?

La incomodidad inicial se fue relajando durante el trascurso de la cena. Ambas jóvenes no solo eran unas modelos de belleza sino que demostraron tener una extensa cultura y un gran sentido del humor, de modo que cuando cayó la primera botella, ya habíamos entrado en confianza y fue Sofía, la que preguntó si tenía novia.

-No, ninguna mujer con un poco de sentido común me aguanta. Soy el prototipo de solterón empedernido.

-Las españolas no saber de hombres, ¿Verdad?, -.

Esperaba que Tanía, cortarse la conversación pero en vez de ello, contestó:

-Si, en Moscú no duras seis meses soltero. Alguna compatriota te echaría el lazo nada más verte.

-¿El lazo?, y ¡un polvo!- soltó la pelirroja con una sonrisa pícara.

Su cuñada, lejos de escandalizarse de la burrada que había soltado la pelirroja, se destornilló de risa, dándole la razón:

-Si nunca he comprendido porqué en España piensan que las rusas somos frías, no hay nadie más caliente que una moscovita. Sino que le pregunten a mi marido.

Las carcajadas de ambas bellezas fueron un aviso de que me estaba moviendo por arenas movedizas y tratando de salirme del pantano en el que me había metido, contesté que la próxima vez que fuera tenía que presentarme a una de sus amigas. Fue entonces cuando noté que un pie desnudo estaba subiendo por mi pantalón y se concentraba en mi entrepierna. No tenía ninguna duda sobre quien era la propietaria del pie que frotaba mi pene. Durante unos minutos tuve que soportar que la muchacha intentara hacerme una paja mientras yo seguía platicando tranquilamente con Tania. Afortunadamente cuando ya creía que no iba a poder aguantar sin correrme, la criada llegó y susurró al oído de su señora que acababan de llegar otros invitados.

Sonriendo, me explicó que habían invitado a unos amigos a tomar una copa, si no me importaba, tomaríamos el café en la terraza. Accedí encantado, ya que eso me daba la oportunidad de salir airoso del acoso de Sofía. Camino de la azotea volví a ser objeto de las caricias de la pelirroja. Con la desfachatez que da la juventud, me agarró de la cintura y me dijo que estaba cachonda desde que me vio desnudo esa mañana. Tratando de evitar un escándalo, no tuve más remedio que llevármela a un rincón y pedirle que parara que no estaba bien porque yo era un empleado de Dmitri,

La muchacha me escuchó poniendo un puchero, para acto seguido decirme:

-Yo dejarte por hoy, pero tú dame beso.

No sé por qué cedí a su chantaje y cogiéndola entre mis brazos acerqué mis labios a los suyos. Si pensaba que se iba a conformar con un morreo corto, estaba equivocado, pegándose a mí, me besó sensualmente mientras rozaba sin disimulo su sexo contra mi pierna. Tenía que haberme separado en ese instante pero me dejé llevar por la lujuria y agarrando sus nalgas, profundicé en ella de tal manera que si no llega a ser porque escuchamos que los invitados se acercaban la hubiese desnudado allí mismo.

?¡Cómo me pone esta cría!?, pensé mientras disimulaba la erección.

Tania, ejerciendo de anfitriona, me introdujo a las tres parejas. Dos de ellas trabajaban en la embajada mientras que el otro matrimonio estaba de visita, lo más curioso fue el modo en que me presentó:

-Marcos es el encargado de España, cualquier tema en ausencia de mi marido tendréis que tratarlo con él.

Las caras de los asistentes se transformaron y con un respeto desmedido se fueron presentado, explicando cuáles eran sus funciones dentro de la organización. Asustado por lo súbito de mi nombramiento, me quedé callado memorizando lo que me estaban diciendo. Cuando acabaron esperé a que Tania estuviese sola y acercándome a ella, le pedí explicaciones:

-Tú no te preocupes, poca gente lo sabe pero yo soy la verdadera jefa de la familia. Cuando te lleguen con un problema, solo tendrás que preguntarme.

Creo que fue entonces cuando realmente caí en la bronca en la que me había metido. Dmitri no era más que el lacayo que su mujer usaba para sortear el machismo imperante dentro de la mafia y ella, sabiendo que su marido iba a estar inoperante durante largo tiempo, había decidido sustituirlo por mí. Estaba en las manos de esa bella y fría mujer. Sintiéndome una mierda, cogí una botella y sentado en un rincón, empecé a beber sin control. Desconozco si me pidieron opinión o si lo dieron por hecho, pero al cabo de media hora la fiesta se trasladó a mi terraza porqué la gente quería tomarse un baño. Totalmente borracho aproveché para ausentarme y sin despedirme, me fui a dormir la moña en mi cama.

Debían de ser las cinco de la madrugada cuando me desperté con la garganta reseca. Sin encender la luz, me levanté a servirme un coctel de aspirinas que me permitiera seguir durmiendo. Tras ponerme el albornoz, salí rumbo a la cocina pero al cruzar el salón, escuché que todavía quedaba alguien de la fiesta en la piscina. No queriendo molestar pero intrigado por los jadeos que llegaban a mis oídos, fui sigilosamente hasta la ventana para descubrir una escena que me dejó de piedra. Sobre una de las tumbonas, Tania estaba totalmente desnuda y Sofía le estaba comiendo con pasión su sexo. No pude retirar la vista de esas dos mujeres haciendo el amor. La rubia con la cabeza echada hacia atrás disfrutaba de las caricias de la hermana de su marido mientras con sus dedos no dejaba de pellizcarse los pechos. Era alucinante ser coparticipe involuntario de tanto placer, incapaz de dejar de mirarlas mi miembro despertó de su letargo e irguiéndose, me pidió que le hiciera caso. Nunca he sido un voyeur pero reconozco que ver a Sofía disfrutando del coño de Tania era algo que jamás iba a volver a tener la oportunidad de ver y asiéndolo con mi mano, empecé a masturbarme.

Llevaban tiempo haciéndolo porque la rubia no tardó en retorcerse gritando mientras se corría en la boca de su amante. Pensé que con su orgasmo había terminado el espectáculo, pero me llevé una grata sorpresa al ver como cambiaban de postura y Sofía se ponía a cuatro patas, para facilitar que las caricias de la otra mujer. Fue entonces cuando me percaté que Tanía estaba totalmente depilada y que encima tenía un culo de infarto. Completamente dominado por la lujuria, disfruté del modo en que le separó las nalgas. Mi recién estrenada jefa sacando su lengua se entretuvo relajando los músculos del esfínter. Sofía tuvo que morderse los labios para no gritar al sentir que su ano era violado por los dedos de la mujer.

Si aquello ya era de por sí alucinante, más aún fue ver que Tanía se levantaba y se ajustaba un arnés con un tremendo falo a su cintura. Le susurró unas dulces palabras mientras se acercaba y colocando la punta del consolador en el esfínter de su indefensa cuñada, de un solo golpe se lo introdujo por completo en su interior. Sofía gritó al sentir que se desgarraba por dentro, pero no intentó liberarse del castigo, sino que meneando sus caderas buscó amoldarse al instrumento antes de empezar a moverse como posesa. Su cuñada esperó que se acomodase antes de darle una fuerte nalgada en el culo. Fue el estímulo que ambas necesitaban para lanzarse en un galope desbocado. Para afianzarse, la rubia uso los pechos de su cuñada como agarre y mordiéndole el cuello, cambió el culo de la muchacha por su sexo y con fuerza la penetró mientras su indefensa víctima se derrumbaba sobre la tumbona. Los gemidos de placer de Sofía coincidieron con mi orgasmo y retirándome sin hacer ruido, volví a mi cama aún más sediento de lo que me levanté.

?Hay que joderse, pensaba que la fijación de Sofía por mí me iba a traer problemas con Dmitri, pero ahora resulta que también es la putita de su cuñada. Sera mejor que evite cualquier relación con ella?.

Capítulo dos:

Ese domingo se me pegaron las sábanas de manera que ya habían dado las doce cuando fui a la cocina a desayunar. Esa mañana me serví un café triple que me hiciera reaccionar. La cafeína recorriendo las venas era lo que necesitaba para poder pensar. Haciendo un repaso a las últimas veinticuatro horas me di cuenta de lo mucho que había cambiado mi vida. Hasta ayer, mi profesión era ser abogado penalista pero no sabía exactamente cuál iba a ser en el futuro. Me había vendido a la mafia, y como cuentan de la droga, se sabe cómo uno entra pero no como sale. Solo esperaba que no fuera dentro de un cajón de madera.

Por otra parte estaba el tema de Sofía. La muchacha estaba para mojar pan, pero solo hablarla era peligroso. Si me enrollaba con ella, podía causar el enfado de Dmitri y de Tania y lo más gracioso del asunto, no tenía claro cuál de los dos era más peligroso. Pensando en ello, salí taza en mano a mi terraza. De haberlo analizado antes quizás no hubiese decidido tomar el aire puesto que allí era sencillo que cualquiera de las dos mujeres me viera y eso era lo último que me apetecía. Afortunadamente no había nadie y de esa forma me tumbé tranquilamente en una hamaca sin que nadie me molestara. El sol, pegándome en la cama, me dio sueño y acomodándome, me quedé dormido.

No debía de llevar medía hora transpuesto cuando escuché el clásico ruido de alguien tirándose a la piscina. Creí que era la descarada de Sofía pero al abrir los ojos me llevé la sorpresa que quien estaba subiendo por la escalerilla no era otra que su cuñada Tania. Estaba espectacular con un bikini rojo, de esos, que en vez de ocultar la desnudez de quien lo lleva, realza las formas de su cuerpo.

-¿Todavía durmiendo?, creí que eras activo cuando te contraté. Ven al agua, está buenísima.

-Ahora voy, espera que me ponga un traje de baño- respondí.

Curiosamente creí descubrir un mohín en su rostro como si hubiese esperado que me bañara otra vez desnudo. Me di toda la prisa que pude, de manera que en menos de dos minutos ya estaba con ella en la piscina. La mujer, sin hacerme caso, se dedicó a hacer largos durante media hora, por lo que no tuve más remedio que imitarla. Era una nadadora estupenda, me costaba seguir su ritmo, se notaba que esa mujer estaba acostumbrada a hacer ejercicio. Ya estaba agotado cuando debió pensar que era suficiente y saliendo de la piscina, se acostó en la misma tumbona que la noche anterior usó para tirarse a su cuñada.

Sin saber qué hacer, la seguí afuera y me tumbé en una que había al lado. Era como si yo no existiera. Mirándola de reojo, me encandilé de la perfección de sus curvas. Sus pechos al no ser tan grandes, tenían una consistencia que sería la envidia de cualquier española y el sueño de cualquier español. Sus piernas eran largas y divinamente contorneadas. Su estómago completamente liso no tenía ni rastro de grasa.

?¡Quien se la follara!?, me dije mientras con mi vista la seguía devorando. ?no me extraña que Dmitri sea su perro faldero, yo también me dejaría poner un collar si con ello compartiera su alcoba?.

Como si además de bella, esa mujer tuviese telepatía, de pronto me pidió que le diese crema. Nervioso como un quinceañero, cogí el bote y derramando un podo en su espalda, empecé a extendérsela por su cuello. El tacto de su piel era suave. Poco a poco fui tomando confianza y mis manos empezaron a recorrer su espalda con absoluta libertad. Nunca en mi vida había tenido una hembra semejante a mi disposición para darle bronceador y por eso quizás lo hice tan sumamente lento que parecía un masaje.

Me estaba poniendo bruto mientras Tania, ajena a cuales eran mis sentimientos, permanecía con los ojos cerrados. Al terminar de extenderle la crema por la espalda no creí conveniente seguir con sus piernas y menos con el culo, por lo que cerrando el bote volví a mi tumbona. No me había tumbado cuando la escuché quejarse, pidiendo que terminara. No quería quemarse. Asustado pero a la vez ansioso de tocar sus piernas, me puse a su lado y cuidadosamente fui con mis manos llenas de crema dándole un masaje en las plantas de sus pies. Debió de gustarle por que empecé a oír unos gemidos de satisfacción, lo que me dio pie a sin ningún pudor recorrer sus piernas presionando sus músculos. Podía parecer un masaje profesional, pero yo sabía que no lo era, al ser consciente de la tremenda erección que estaba soportando.

Quedaba lo mejor y lo más difícil. Sus glúteos esperaban mis manos y no podía defraudarlos. Con mi sexo dolorosamente tieso, eché un buen montón de crema en cada nalga antes de siquiera pensar en posar mis palmas en esos monumentos.

?Qué belleza?, me dije al acariciarlos.

Como si fuera una obra de arte y yo un restaurador, fui mimando con mis manos cada centímetro de su piel sin atreverme a acercarme a ninguna de sus dos entradas. Estaba caliente pero no loco. Lentamente, fui profundizando en mis caricias, extendiendo la crema hasta donde la prudencia me dejó, sin dejar de pensar cómo sería poseer a esa mujer. Estaba a punto de cometer una idiotez cuando me habló:

-Marcos, ¡Para!

Saliendo de mi ensoñación, divisé que sus ojos se habían posado en mi pene y que lejos de indignarse, una sonrisa había hecho su aparición en su boca:

- Eres un maestro dando masajes pero yo soy tu jefa-.

No hizo falta que dijera más, avergonzado mascullé una disculpa y sin pensármelo dos veces, me lancé a la piscina esperando que se me bajara la excitación. Al salir, se había ido. Acojonado de haberla molestado, decidí salir a dar una vuelta por Madrid.

?¡Como puedo ser tan imbécil!, ¡Pero qué insensato soy!, ¿Cómo he podido ser tan animal de ponerme cachondo dándole crema??, no paré de decirme mientras me vestía. ?Esa tipa con solo chasquear los dedos podría matarme y voy yo y le meto mano, decididamente ¡Soy gilipollas!?.

Estaba sacando mi coche del garaje cuando uno de los gorilas de Tanía me hizo parar.

-Don Marcos, tenemos instrucciones precisas de protegerle, sino le importa: Yo conduzco.

Lo inesperado de su petición no me dejó reaccionar y antes que me diera cuenta, el ruso conducía y yo estaba sentado en la parte trasera del automóvil. La mafia es como un virus, en cuanto entra se extiende sin control por todos los aspectos de tu vida, dejas de ser libre para convertirte en un engranaje más de la organización. Era un hecho irrefutable que mi existencia rutinaria había cambiado y debía de amoldarme a ese nuevo ritmo de vida. Tenía mucho dinero y desconocía si tendría tiempo para gastarlo por lo que dirigiéndome al chofer le pedí que me llevara a Jockey, uno de los restaurantes más caros de Madrid. Solo había estado una vez y recordaba después de dos años su ensalada templada de cangrejos.

Al llegar a la puerta, el portero me recordó que por protocolo los clientes debían de llevar corbata y que el establecimiento ponía a mi disposición un extenso surtido para elegir. Sonreí pensando que era una pijería a la que tenía que acostumbrarme. Elegí una verde que combinaba con mi chaqueta y pasé adentro. Es una gozada el servicio, nada más entrar el maître me acompañó a una mesa y preguntó:

-Doña Tania, ¿le va a acompañar?

Me quedé pasmado. Al preguntarle como sabía que conocía a esa mujer, me respondió que lo había supuesto porqué era una de sus mejores clientas y yo había llegado con su chofer. Haciendo como si ese detalle no tuviera importancia, pedí que me trajeran un aperitivo. Nada más irse, mi mente empezó a recapacitar sobre su significado. Si un mero maître había hilado cabos que sería de la policía. Estaba seguro que en ese instante, mis datos estaban siendo revisados por la brigada central. En otras palabras; ¡estaba fichado! Cuando ya creía que nada podía ir peor, vi a Sofía entrando por la puerta y dirigiéndose a donde yo estaba. Como no tenía más remedio que aceptar su compañía, me levanté a acercarle la silla.

-Eres malo. Estaba sola y no me has invitado a comer- dijo con una de sus típicas sonrisas de niña buena.

?La verdad es que si esta monada no fuera la hermana de Dmitri, no me importaría nada tener con ella un escarceo. Realmente está buenísima?, pensé al observarla. Sabía perfectamente que no podía dejarme llevar, pero siempre es agradable sentir que una preciosidad como la que tenía enfrente se interesara por uno.

-¿Qué quieres tomar?- pregunté para romper el hielo.

-Un hombre bueno- respondió sin dejar de sonreír.

No me explico porque en vez de salir corriendo, decidí meterme con su deficiente español.

-Pues si quieres un modelo, no sé qué haces conmigo. Te llevo quince años.

Se quedó pensando, creo que tardó en comprender que le estaba tomando el pelo.

-Tu estar bueno pero yo decir corazón-, me contestó cogiendo mi mano y llevándola a su pecho.

No me esperaba que sin importarle las apariencias para explicarse me obligara a tocar esos maravillosos senos. No sé si más cortado que excitado o al revés, retiré mi mano, disimulando.

-No vuelvas a hacer eso- la reñí -estamos en un lugar público-.

-Ellos comprenden, yo con mi novio- dijo alegremente mientras volvía a llevársela a su pecho.

-Sofía, por favor, no hagas el ridículo- le susurré al oído.

La situación me estaba resultando harto incomoda, si Tanía era una asidua visitante no tardaría en enterarse que su cuñada se había comportado como una vulgar fulana.

-De acuerdo, pero tú y yo novios- me soltó como si nada.

Su insistencia hizo que saltaran todas mis alarmas y tomando aliento, le dije muy serio:

-Sofía, soy sólo tu abogado.

En ese momento vino el camarero a preguntarnos qué quería la señorita de beber. La interrupción hizo que tuviera que esperar a que la muchacha pidiera, para oír una contestación que me heló hasta el tuétano.

-No, tú mi novio. Yo ver en el juicio y Tania prometer tú eres mío.

Casi me caigo de la silla al oírlo. La zorra de su cuñada había comprado el piso de al lado y me había contratado, sólo con el propósito de regalarle, a su querida niña, un novio. Tratando de buscar una salida, se me ocurrió preguntarle qué era lo que opinaba Dmitri de eso y al oír su respuesta supe que estaba jodido:

-Gustar, con marido español no deportación.

No me quedaron fuerzas de seguir discutiendo, ese par de hijos de puta vieron, en el capricho de Sofía, una salida perfecta. Dmitri se aseguraba que no deportaran a su hermana y Tanía conseguía una fachada que le permitiera seguir tirándose a la hermanita de su esposo. Durante el resto de la comida, me mantuve en silencio rumiando las noticias que acababan de darme. Tras el sofocón inicial después de analizarlo, no me pareció tan mala idea y no solo porque estaba buenísima sino porque me daba una razón que hiciera dudar a la policía de mi verdadera relación con esa organización.

?Seré el marido de pega de esta niña y así ellos creerán que soy un pelele?.

Habiendo tomado ya la decisión, era necesario que hacerla pública y que mejor que fueran los propios camareros los que les fueran a la pasma con el chisme. Llamé al camarero y le pedí que nos trajera una botella de Moët.

Al venir con el carísimo champán, cogí el alambre del tapón e hice con él un rústico anillo. Sofía no entendía que narices estaba haciendo. Solo lo comprendió cuando poniéndome de rodillas, le pedí que se casara conmigo. El grito de alegría de la muchacha retumbó en el local, haciendo que todos los comensales se voltearan a ver como un cuarentón estaba postrado frente a una bella joven.

-Sí, ¡me caso contigo!- respondió chillando y sin parar de dar saltos de felicidad.

Aunque parezca increíble, los cincuenta ricachones que había en el restaurante se pusieron de pie y empezaron a aplaudir. Abochornado por el rotundo éxito de mi idea, tuve que agradecer a la audiencia. Con Sofía a mi lado, me di cuenta que todos esperaban el beso de rigor, por lo que no me quedó más remedio que agarrarla por la cintura y dárselo. La exagerada pasión que imprimió Sofía al beso terminó de convencer a todos que era real nuestra unión, creo que incluso debieron darse cuenta que cuando la muchacha dejó de restregarse contra mí, mi pene ya estaba en lo más álgido de la erección.

Decidí que ya era suficiente, y pidiendo la cuenta salimos del lugar, con el convencimiento que en ese momento todo el mundo comentaría en las mesas que otro pobre tonto que se había enamorado de su secretaria. No tenía sentido ir en dos coches, por lo que me subí al enorme mercedes 600 que había traído a mi futura esposa. Nada más sentarme junto a ella, me cogió la mano y me dijo:

-No creas que soy tonta. De imbécil, no tengo un pelo. Me gustas desde que te vi en el estrado pero sé que no me amas. Eso es cuestión de tiempo, estoy segura que vas a terminar enamorado de mí. Esto es un negocio, tú me das lo que yo quiero y yo lo que tú necesitas. Por cierto, como ves, ¡Tu mujercita habla perfectamente español y sin acento!

No supe que decir, me había engañado totalmente con su pose de niña boba. La mujer que tenía a mi lado era una actriz maravillosa, escondiéndose detrás de una supuesta estupidez pasaba inadvertida para los enemigos de su hermano y evitaba ser objeto de los celos de Tania.

-Tu llevarme a por anillo, no poder llegar con éste a casa- acurrucándose como una enamorada, me susurró mientras pasaba su mano por mi entrepierna.

Comprar un anillo un domingo en la tarde en Madrid es imposible, excepto si eres un mafioso ruso. Solo tuve que preguntarle al chofer y tras un par de llamadas, nos abrieron una lujosa joyería del barrio de Salamanca. Afortunadamente, Tanía me había dado ese enorme anticipo, porque si no los cien mil euros que me gasté en la puñetera piedra me hubieran quebrado. Mientras Sofía elegía el que más le gustaba, yo no podía dejar de pensar que diría su cuñada de todo esto, sabía a la perfección que formaba parte de su plan pero aún me venía continuamente a la mente la escena lésbica que había presenciado, por eso en cuanto tuve oportunidad le pregunté discretamente, para que no se enterara nuestro guardaespaldas, cómo íbamos a plantearlo.

-Tú, déjame a mí. Para Tania, soy una tonta que se ha encaprichado del primer hombre inteligente con el que se ha topado. Ella sabe que ayer nos besamos y creerá que no ha hecho falta que ella te obligara tal y como tenía planeado, sino que, como hombre, nos has podido resistirte a mis encantos.

Tomándome mi tiempo, fui al grano. Le conté lo que había visto y le expliqué mis temores. Ella al oírme, se echó a reír:

-Ya te dijimos que las moscovitas somos unas calentorras. Ni ella ni yo somos lesbianas pero, cuando no hay un hombre disponible, nos consolamos mutuamente. Por eso no te inquietes, mejor harías en preocuparte por el día que te pille con ella en la cama.

Más tranquilo y siguiéndole la corriente le dije:

-¿Qué harías?, ¿cortarme los huevos?

-No, bobo- respondió con una carcajada -la ayudaría a dejarte seco, ¡mi amor!

Solo piensa con esas dos bellezas en la misma cama, me excitó y fue entonces cuando tomé la decisión de hacerlo realidad y por vez primera, la besé sin que me diese miedo que alguien nos viera.

No me da vergüenza reconocer que, mientras volvíamos a casa, estaba acojonado. Aún después de las explicaciones de Sofía, seguía teniendo miedo a la reacción de la gran Jefa. Tania debía de cargar sobre sus espaldas con la autoría intelectual de un buen número de ejecuciones y de ajustes de cuentas, no me cabía duda que no debía de ser extraño que ella se hubiese despachado en persona a algún competidor pero era un hecho cierto que, siguiendo sus órdenes, sus sicarios se habían desembarazado de una buena cifra. Por eso me alegró que ella no estuviera cuando llegamos a su apartamento.

-¿Qué te apetece hacer?- ronroneó Sofía, pegando su cuerpo al mío.

Estábamos solos y en teoría, esa maravilla de mujer era mi novia. No me costó decidir, agarrándola de la cintura la besé mientras iba desabrochando su falda. Mi querida rusa suspiró al sentir que caía al suelo y como si llevara años sin ser acariciada se lanzó contra mí, desgarrando mi camisa. Sus dientes se apoderaron de mi pecho mientras su dueña intentaba desabrochar mi pantalón. Increíblemente excitada, gimió al ver mi sexo totalmente inhiesto saliendo de su encierro.

-Te deseo, ¡mi querido picapleitos!

Quería que nuestra primera vez fuera tranquila pero su ardor se me contagió y apoyando mi cuerpo contra la pared, le rompí las bragas y poniendo sus piernas alrededor de mi cintura, coloqué la punta de mi glande en su sexo. Sofía no pudo esperar y forzando sus labios, se empaló lentamente, sintiendo como se introducía centímetro a centímetro mi extensión en su cueva. Nada más sentir que la cabeza chocaba contra la pared de su vagina, empezó a cabalgar usándome de montura. Mi pene erecto era un puñal con el que quería matar su necesidad de ser tomada. Moviendo sus caderas se echó hacia atrás para darme sus pechos como ofrenda. La visión de sus pezones, contraídos por la excitación, fueron el acicate que necesitaba el tranquilo abogado para convertirse en Mr. Hade. Completamente dominado por la lujuria, usé una de mis manos para poner su pecho en mi boca.

Sofía gritó al notar que mis dientes se cerraban cruelmente sobre su pezón y agarrando mi cabeza, me pidió que no parara. La humedad que manaba de ella me informó de la cercanía de su orgasmo. Su respiración agitada no le permitía seguir alzándose sobre mi pene, por lo que tuve que ser yo quien, asiéndola de su culo, la ayudara a sacar y meter mi sexo dentro del suyo. Al percatarse que ya no le era tan cansada esa postura, se puso como loca y acelerando sus maniobras, explotó derramando su flujo sobre mis piernas. Los gemidos de placer de la muchacha me espolearon y como un joven garañón, galopé en busca de mi orgasmo. Ya no importaba que esa mujer fuera la hermana de un mafioso, en mi mente era mi hembra y yo, su semental. Siguiendo el dictado de mi instinto busqué esparcir mi simiente en su campo. Con el coño completamente mojado, Sofía gozaba cada vez que mi verga, al entrar y salir, presionaba sobre sus labios y rellenaba su vagina. Su clímax estaba siendo sensualmente prolongado por mis maniobras, llevándola del placer al éxtasis y vuelta a empezar. Clavando sus uñas en mi espalda, me rogó que me corriera, que necesitaba sentir mi eyaculación en su interior.

La entrega de la muchacha era total. Berreando en mis brazos, se estaba corriendo por segunda ocasión cuando al levantar mi cabeza, vi a su cuñada mirándonos desde la terraza. Su gesto no era de enfado sino de satisfacción, dándome a entender que aprobaba lo que estábamos haciendo. El morbo de ser observado, hizo que mi pene estallara dentro de Sofía mientras veía a la rusa volviendo a su piso.

-Vamos a tu cama, esto es solo un aperitivo de lo que vas a disfrutar conmigo- susurró mi recién estrenada novia.

Sus palabras me hicieron soñar en tenerlas a las dos entre mis brazos y llevándola en volandas, me dirigía a mi cuarto.

-¡Qué impetuoso!- me dijo al tirarla encima de mi cama y tumbarme a su lado,-pareces que tienes ganas de seguir dándole placer a tu mujercita-.

-Los españoles también somos unos calentorros- contesté mientras le abría las piernas y sin ningún tipo de delicadeza la volvía a penetrar.

Me recibió totalmente mojada y abrazándome con sus piernas, buscó que mi penetración fuera total.

-Cabrón, ¡Me estás poniendo a mil! Me gustaría que la boba de Tania nos viera. Se moriría de envidia al saber que tenía razón cuando, el día que te vi con el juez, le dije que eras un perfecto semental.

Solté una carcajada al oírla. Moviendo mis caderas, la atraje hacia mí y le expliqué que sus deseos se habían convertido en realidad.

-No te entiendo.

-Tania nos ha estado espiando mientras lo hacíamos en el salón, y te puedo prometer que no se le notaba enfadada-.

-¡Mierda!-, exclamó soltándose de mi abrazo -tengo que ir a hablar con ella. No quiero que se enoje-.

-Ahora soy yo el que no comprende, no me has dicho que estaba todo hablado-.

-Sí, pero la jefa es la jefa y querrá novedades-, me contestó mientras salía completamente desnuda de mi habitación y dando un portazo me dejó compuesto y sin novia.

?Quien entienda algo que me lo aclare?, pensé mientras me vestía. En teoría, las dos mujeres habían maniobrado para que Sofía me llevara a la cama, por lo que no comprendía cual era la urgencia. Con el paso de los minutos me fui poniendo cada vez más nervioso, al imaginarme que la muchacha me había mentido sobre la verdadera relación que le unía con su cuñada. Si en un principio estaba intrigado al cabo de la media hora estaba histérico:

?¡Joder!, la he cagado. ¡Me he tirado a su putita!?.

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En cierta ocasión acompañé a mi marido a un viaje de negocios, durante todo el día él estaba ausente, así que yo aprovechaba para hacer turismo, en ocasiones procuro acompañarlo cuando se puede; cuando se tratan de cursos, temprano se desocupa y salimos.

Pero ahora no se trataba de un curso, era un tema de trabajo de esta forma salía temprano y regresaba tarde, así que me quedé varias horas sola durante un par de días.

El hotel se encontraba en el centro de la Ciudad de México, me encanta esa ciudad, está llena de lugares a donde ir, el centro es especial no solo por su belleza turística sino por la gente que hay en él, es un mosaico de personas desde las muy cultas, otros tipo hippie y por supuesto un fuerte extracto de clase baja.

Aquí los piropos están a la orden del día, desde los ingeniosos, los decentes y los morbosos, a mi me gustan todos, aunque he de confesar que a veces si me da cierto miedo

Como no me gusta quedarme sola en el hotel, salgo a caminar, una mujer caminando sola en el DF es complicado, si a esto le sumamos que francamente mis curvas son evidentes, pues la combinación puede ser explosiva.

Yo suelo vestir un poco más decente en esas ocasiones, pero mi andar y mi pantalón entallado no puede faltar, de esa forma mi caminar está llenó de comentarios; la mayor parte de la veces me hacen sentir bien.

Procuro disimular mi gusto por los piropos, una mínima señal de gusto me haría tener una fila de albañiles, voceadores y boleros detrás de mi, pero tal vez mis caderas me traicionan y me contoneo un poco mas de lo normal

El primer día que me quedé sola caminé y me paseé mucho, tantas miradas no podrían tener un buen efecto en mi, por la noche esperaba coger pero no fue posible, mi marido llegó muy tarde y el sueño ya me había vencido.

Por la mañana mi marido debió de salir temprano, realmente me dijo que estaba sumamente ocupado y me pidió disculpas por la falta de atención, ese día era jueves, y me prometió que para el viernes estaría libre y podríamos pasar juntos el fin de semana en México.

Ese día la historia fue más o menos la misma, solo que usé un pantalón y una blusa mas entallada, muchos piropos, muchas miradas y mucha atención. Era imposible para mi no calentarme con todo esto, me encantan esas miradas lascivas, pero sobre todo me encanta provocar a todos estos cabrones que seguramente nunca han tenido una mujer como yo y que difícilmente la van a tener

Por la noche, caliente a más no poder, me decidí a esperar a mi marido y hacerlo que me saciara las ganas, nuevamente llegó muy tarde, yo estaba en cama y desnuda, me pareció un buen detalle que cuando mi marido se metiera a la cama, se diera cuenta de ello y entendiera el mensaje, cuál sería mi sorpresa cuando apuradamente se quitó la ropa se lavó los dientes, de inmediato se metió a la cama, me dio un beso y casi al instante se quedó dormido, estaba exhausto.

Con el cansancio ni siquiera se percató que estaba desnuda, así que nuevamente me quedé desvestida y alborotada; solo que esa noche era mucha mi calentura, así que sin mas ni mas comencé a tocarme, primero sobé lentamente mis tetas, me encanta, luego comencé a frotar mi clítoris en círculo, no duré mucho en terminar, justo al sentir mi orgasmo toqué mis pezones con mi lengua, con una mano sostenía mi seno izquierdo y con mi mano derecha libre seguía estimulando mi clítoris, todo hasta sentir un rico orgasmo que por fin calmó mi calentura.

Me fui a dormir una vez que terminé, antes de dormir me hice el propósito de que al día siguiente despertaría a mi marido con una buena mamada, se me antojaba meterme su verga flácida, y endurecerla mientras despertaba, luego en cuanto su verga se parara y mi marido abriera los ojos, montarlo de inmediato y hacer todo el trabajo yo.

Cual fue mi sorpresa cuando el despertar, mi marido ya estaba listo para salir, me dijo que se había levantado temprano porque aun les quedaba mucho trabajo pendiente y al ser viernes debía terminar ese día, además que deseaba por fin tener tiempo para estar a solas conmigo.

Le pedí que se acercara y prácticamente le rogué que me cogiera al menos rápido, estaba segura que casi al momento de sentir su verga estallaría de placer; al acercarse saqué su verga y comencé a mamarla, él se encontraba de pie frente a la cama y yo aun desnuda empecé con mi trabajo, desafortunadamente en eso suena el celular de mi marido, contesta y es un compañero de trabajo que ha venido por él y ya lo espera en el estacionamiento del hotel.

- Dani, debo irme

- Por qué??

- Tenemos junta y no podemos llegar tarde, y el tráfico de esta ciudad está de la madre

- Papi, es que estoy muy caliente

- Te prometo que en la noche nos desquitamos yo también te tengo muchas ganas

- Ok aquí te espero, ojala no te tardes

Y así me quedé nuevamente desnuda y caliente, estaba ardiendo, en cuanto mi marido se marchó me revolqué en la cama como una perra en celo, tuve un orgasmo, pero la calentura no bajaba, necesitaba una verga y esperaba que por la noche esa necesidad por fin se saciara

Me dispuse a arreglarme para salir, inconscientemente esa mañana escogí un atuendo mas provocativo, por primera vez utilice una minifalda y una blusa de tirantes.

El resultado era de esperarse, un sinnúmero de piropos, silbidos y miradas, yo caliente a más no poder no sólo contoneaba las caderas sino que ya sonreía, afortunadamente ningún admirador trató de ir más allá y todo quedo en un ?inocente? paseo.

Al llegar la tarde decidí regresar al hotel para comer, llegué al restaurante y ordené algo de comer, al terminar me relajé un poco y pedí una margarita, comencé a leer una revista que recién acababa de comprar, al terminar mi bebida me llegó otra sin pedirla, el mesero me indicó que era un regalo de la mesa del fondo, de reojo voltee y vi a un par de caballeros en traje, maduros y atractivos, agradecí el gesto solo con una leve sonrisa

En pocos minutos uno de los caballeros se retira y el caballero restante se queda tomando una copa, no tarda mucho en acercarse y pedir premiso para sentarse

La verdad era muy atractivo, no dudé mucho en aceptar su propuesta y dejarlo sentar, de inmediato me generó confianza y se portaba como todo un caballero

Me dijo que vivía en el DF pero era del norte del país, al parecer era un ejecutivo importante, tenía poco mas de 40 años y casado; me platicó que acababa de cerrar un negocio importante con la persona que estaba comiendo, al ser viernes no pensaba regresar por la tarde a la oficina

Me pidió acompañarlo con un trago para celebrar su negocio recién cerrado, yo no tenía nada mejor que hacer y acepté, platicamos un buen rato muy ameno, la verdad es que se portaba de lo mas atento y respetuoso, todo un contraste con los comentarios vulgares que acababa de recibir

Como he comentado en ocasiones anteriores, lo que me excita son los extremos, el morbo y la vulgaridad por un lado y por el otro la caballerosidad y el halago, todo esto tiene que darse en el momento justo y si esto se genera puede prenderme bastante.

De esta forma en unas cuantas horas estaba recibiendo ambos contrastes y me gustaba, además mi condición de abstinencia hacía que los efectos se multiplicaran

Me contó que no tenía un buen sexo con su pareja, tradicionalmente los hombres en esta situación dicen que no son felices con su esposa o que se están divorciando, ya saben las típicas historias, él por el contrario no habló mal de su mujer, hablaba en específico del sexo, la verdad es que le creí su historia, me pareció sincero el comentario.

Me decía que era muy sexual y que sentía que su esposa no estaba en la misma sintonía, que no tenía amantes ni pagaba por sexo y que su deseo era que su mujer incrementara su apetito sexual, se le veía un tanto frustrado.

Insisto en que creí la historia, aun en este momento la sigo creyendo, por mi parte yo le comenté que tal vez debería de esforzarse mas, le di algunos consejos desde el punto de vista femenino, consejos tales como incrementar la estimulación previa, el sexo oral, llevar a cabo algunos juegos y mejorar la comunicación.

Y así sin más ya estábamos hablando de sexo, poniendo en contexto la escena, yo con minifalda, muy corta, con las piernas cruzadas, con una blusa escotada de tirantes y hablando abiertamente de sexo mientras tomaba una copa con un atractivo desconocido

Al poco rato yo ya coqueteaba más abiertamente, me aseguraba de que mis tetas estuvieran visibles, cruzaba mis piernas y sonreía.

Pasaron los minutos y un par de margaritas después, yo coqueteaba descaradamente, cada vez me parecía más atractivo, además estaba lleno de detalles y caballerosidad, así mordía mis labios, usaba mi tono de voz más coqueto, me levantaba al baño, movía alegremente las caderas y me aseguraba que su mirada se posara en mi trasero, luego al volver del baño regresaba con la blusa presionada hacia abajo, de tal suerte que el escote fuera casi escandaloso, él se daba cuenta y de esta forma al sentarme nuevamente miraba ya sin reparo mis senos casi al aire.

En un momento me pide perdón para ausentarse unos minutos, me dice que tiene que atender un asunto muy importante, un tanto desconcertada solo atino a decir que adelante y que no hay problema, me dice que por favor no me vaya a ir, que le toma de 10 a 15 minutos regresar.

Se levanta de la mesa y se dirige a la salida, yo me quedo bastante sorprendida, no sé que pasa, no sé si ha encontrado un pretexto para retirarse y no regresará o si le ha salido algún pendiente urgente del trabajo que debe atender, en cualquiera de los casos resulta muy raro su comportamiento.

A los pocos minutos y tal como me había prometido regresa, cargaba una pequeña bolsa con él

- Perdona pero fui a hacer una compra rápida

- Ah que bien

- No quieres saber que compré

- Sólo si tú me lo quieres decir

- Compré un conjunto de lencería para mi esposa, tal como tú me lo recomendaste

- Que bien¡ te felicito, seguro que le va a encantar.

Resulta que al encontrarse el hotel en el centro, justo a unos cuantos pasos sobre la misma calle se encontraba una tienda de lencería, mi amigo salió rápido y realizó una compra, me pareció evidente que ya tenía bien identificada la tienda con anterioridad

- Justo cuando caminaba al hotel vi la tienda y en el aparador vi un conjunto que me gustó, de hecho me le quedé viendo, luego tus palabras sobre la lencería cayeron en el momento correcto y me animé a salir a comprarlo; que te parece?

- Que bien, que bueno que te animaste¡

- Pero tengo un problema muy serio

- Ah si, y cual es? Te puedo ayudar en algo?

- Justo tu eres la única persona que puede ayudarme

- Ah si? Y eso?

- Pues sabes que no sé cómo se le vería esto a mi mujer y la verdad me interesa mucho saberlo, porque si no es la prenda correcta, puedo regresar a la tienda de inmediato a devolver la prenda y así no arruinar la sorpresa con una lencería que no corresponda

- Y yo que tengo que ver con eso? (pregunté coquetamente suponiendo sus intenciones)

- Pues me ayudarías mucho si te pudieras probar el atuendo y ver cómo te queda

- Ahhh, bueno pues puedo ir a la habitación, me lo pongo y te digo mi opinión, que te parece?

- Pues no creo que sea lo mejor, no crees que dos cabezas piensan mejor que una? Además creo que debo de tener el derecho de dar mi punto de vista, pues si yo lo compré y yo lo voy a disfrutar

- Pues qué no lo viste en el maniquí?

- Pero no es lo mismo, tu sabes, es diferente

- Bueno en eso si tienes razón

- Claro que tengo razón

- Y que propones?

Lo dije pícaramente, evidentemente sabía cuales eran sus intenciones, sólo que me encantaba provocarlo y ver hasta donde podía llegar este juego que cada vez me estaba gustando mas

- Pues es fácil te lo pruebas y me dejas ver cómo te queda

- Y como? Ni modo que me vaya al baño y salga en lencería

- Piensa en que le estarías haciendo un gran favor a un amigo

- Pues yo encantada pero no veo como

Y al instante me mordía los labios, sacaba las tetas y usaba un tono que evidenciaba mi coquetería y así volví a la carga

- A menos que ?

- A menos que que Dani

- A menos que te invite a subir a mi habitación, me lo pongo en el baño y te lo muestro?.

- Excelente idea Dani, no se me hubiera ocurrido nunca

- Pero debes de prometerme que te vas a portar bien, y conste que lo hago por tu esposa

Por su esposa??.. no creo que su mujer me tomara a bien el hecho de que estuviera a punto de modelarle a su marido lencería, ni tampoco el enorme bulto que ya se le asomaba debajo de su pantalón, era evidente que el juego le estaba excitando sobremanera a mi nuevo amigo.

- Claro que si, sabes que soy un caballero y puedes estar segura que no pasará nada que no quieras.

Con todo este preámbulo se me había olvidado mi marido, ya eran cerca de las 5 de la tarde y según sus intenciones eran terminar temprano para estar conmigo, justo en ese momento me llega un mensaje en donde me dice que no podrá salir antes de la 7 de la tarde, lo que hace unas horas hubiera representado una noticia frustrante ahora era un alivio. Ya con todo el entorno propicio me dirijo a mi amigo y le digo:

- Ok entonces vamos a mi habitación

Y con toda intención me levanté y caminé por delante de él, con el claro objetivo de que pudiera observar mis nalgas, sabiendo que seguramente sus ojos se iban a posar en ellas, moví alegremente las caderas mientras nos dirigíamos al elevador.

Llegamos a la habitación y de inmediato tomé el paquete y me dirigí al baño, al abrirlo me di cuenta del tipo de atuendo que se trataba era un baby doll color plateado de frente era bonito y sexy pero nada extremadamente atrevido, era delgado y sin escote, mis pezones se evidenciaban pero mis senos no, lo interesante y original estaba en la parte de atrás, en esa parte era totalmente descubierto solamente se sujetaba por unas pequeños cordones en el cuello y en la parte alta de la espalda, el conjunto se acompañaba con una tanga sumamente pequeña, solo con pequeños tirantes en los costados, de hilo dental y plateada también.

La verdad es que el conjunto era muy sexy y original, era muy buen detalle el modelarlo de frente y verse sexy, para luego dar la espalda y verse puta.

Me vi al espejo y me sentí sexy, cachonda y puta, era sencillo saber que estaba por pasar pero me gustaba el juego de cierta ingenuidad so pretexto de modelar el atuendo para una esposa que estaba a punto de montarse unos cuernos similares a los de mi marido, la idea de lo que estaba por ocurrir en combinación con atuendo, hicieron que me mojara sustancialmente, duré varios segundos mirando el espejo y admirando mis grandes nalgas, saqué el culo y me encantaba lo que veía, luego jugué un poco con mis senos para que mis pezones fueran aun mas evidentes.

Decidida y caliente salí del baño, al salir, mi nuevo amigo estaba recostado en la cama, su cara y sus ojos terminaron de acrecentar mi autoestima y mi calentura, me miró con admiración y con deseo, con sorpresa y con morbo, me encantaba la idea de pensar, que ese día mi amigo se había levantado sin sospechar que al cabo de una horas tendría a una mujer como yo semidesnuda y lista para follársela

- Wooooowwww, que bárbara ¡¡¡¡

- Te gustó el atuendo??

- Me encantó, pero mas me gustas tú

- Gracias, pero recuerda que el atuendo es para tu esposa, así que lo importante es el atuendo y como se le va a ver a ella.

- Si seguro, aunque después de verlo en ti no sé si se vaya a perder el efecto

- Ahhh pues eso está muy mal, pues se supone que esa no es la intención

Hasta ese momento solo me había visto de frente y ya se le salían los ojos, me preguntaba que iba a pasar al verme de espaldas

- Podrías darte una vuelta??

- Claro (me moría de ganas porque me pidiera eso)

Y di la vuelta lo más sexy y despacio que pude, al terminar, volví a ver su rostro aún mas excitado, simplemente me encantó

- Mi amor que buenas estas¡¡¡ podrías hacerlo nuevamente por favor?

- Ok

Y nuevamente la misma dinámica, yo intencionalmente moviendo y sacando mis nalgas y él sorprendido de mi completa desinhibición, luego me pidió algo que me sorprendió un poco:

- Dani, puedo pedirte un favor?

- Dime?

- Podrías regresar al baño, ponerte tus zapatos de tacón y modelarme nuevamente, es que me encantan las mujeres en tacones

Yo había salido descalza, así que a pesar de que me sorprendí un poco, no tuve problemas en acceder, me encanta como me veo en tacones, pero no pensé que en ese momento fuera algo que le importara a mi acompañante.

Regresé al baño y me puse los zapatos, de inmediato me dispuse a salir nuevamente, al hacerlo veo a mi amigo recostado en la cama, pero con su verga de fuera, tenía toda su ropa puesta, solo había sacado su duro miembro, su verga era de hombre, gruesa y lo suficientemente grande sin exagerar, me encantan las buenas vergas, y esa me gustó bastante, además con la calentura que me cargaba, quería saltar sobre ella en ese instante, a pesar de ello seguí jugando un poco y fingí una completa naturalidad

- Así está mejor, te gusta más con los zapatos?

- Si, se ve aún mejor¡¡ que rica te ves

- Gracias, quieres otra vuelta??

- Por supuesto

Y así lo hice, consciente de lo que estaba por suceder, pero aún en este aparente estado de ingenuidad.

- Bueno creo que con esto terminamos; no crees?

- Por qué?

- Pues me pediste modelar el atuendo y ya lo hice; o se te ofrece algo mas??

Y lo dije mordiéndome un poco los labios y con el tono mas coqueto que pude encontrar, él con los ojos desorbitados, y ya masturbándose descaradamente, no encontraba las palabras, se veía que el juego lo tenía sumamente excitado; siendo yo dueña completamente de la situación, al final me alcanzó a decir:

- Bueno la verdad es que tenía en mente que me ayudaras también a ensayar lo que espero que suceda con mi esposa; ya sabes quiero estar listo.

- Ohhh, y como que tienes en mente??

- La verdad es que me encanta el sexo oral, tanto hacerlo como recibirlo y mi mujer no le gusta mucho ninguna de las dos cosas

- Quieres que te la mame??, no crees que es ir demasiado lejos?? Me parece que a tu esposa no le gustaría mucho que yo lo hiciera

- Bueno no tendría por qué enterarse; la verdad es que has sido tan comprensible conmigo que por eso me atrevo a pedirte ese favor

- Nada mas que tengo un problema, yo puedo ponerme este atuendo y pretender que soy tu mujer, pero si te la voy a mamar, pues no puedo hacerlo como lo hace ella, porque no sé como lo hace, solo sé hacerlo a mi manera, así que no sé que tanto te sirva?.., ya ves que lo que quieres es ensayar tu encuentro con ella?

Y me mordí mi dedo índice mientras terminaba la frase, él no soltaba su verga y se masturbaba cada vez mas fuerte

- Creo que es un problema menor, hazlo por favor a tu manera, al final a ella no le gusta mucho.

- Bueno la verdad a mi encanta?

- Entonces puede ser un favor que disfrutemos los dos.

- Creo que tienes mucha razón?

Y me acerqué a él despacio, subí a la cama, retiré su mano de su verga y tomé su lugar, lentamente comencé a jalarla y lo miraba con mi mejor cara de puta mientras él se retorcía de placer, tenía pleno control de la situación, sentía que me deseaba como pocas veces había visto, estas actitudes en verdad me hacían creer que estaba ante un hombre casado poco atendido

- Dani por favor, hazlo con la boca

Era un caballero, no me decía, puta, golfa, verga, mamar, coger, etc. cuidaba las formas y las palabras hasta en esos momentos, y yo que me encanta decir y que me digan groserías, me sentía un poco fuera de lugar, pero eso le daba un toque de novedad y me gustaba, a mí que me encanta que me dominen, que una buena verga me someta y que me insulten y nalgueen mientras me cogen, hoy sentía el total control de la situación y eso me excitaba, sabía que podía pedirle cualquier cosa a mi nuevo amante y no tendría reparos en complacerme con tal de que saciara sus fuertes deseos de sexo.

Entonces decidí complacerlo y comencé a mamársela, primero jugué despacio con mi lengua en la cabeza de su miembro, luego lo recorrí completo con la lengua, después me lo metí a la boca y se lo hice lentamente

- Así te lo hace tu mujer??

- Para nada¡¡¡ lo hace despacio pero nada que ver, tu eres lo mejor¡¡, no sabes que delicia

- Que bueno que te gusta ( y seguí con mi trabajo)

- Tu así se lo haces a tu marido

- A veces? la verdad es que se lo hago de distintas formas..

- Y como te gusta mas?

- De verdad quieres saber?? No creo que puedas aguantar sin terminar?

- Me encantaría, no sabes como lo deseo

- Ok, entonces ponte de pie

Así nos levantamos los dos, me propuse darle a este cabrón una mamada que no olvidaría, al estar los dos de pie, me incliné hasta su verga, pero manteniendo mis piernas rectas sin doblar mis rodillas, de esta forma mi cuerpo quedaba en un ángulo de 90 grados y con ello mis nalgas estaban completamente empinadas, así la combinación de mi posición con mi diminuta tanga le daría a mi amante una perfecta visón de mi enorme culo.

La posición no era la mejor para desarrollar un buen trabajo con mi boca, pero si para dar un buen panorama de mis nalgas, así duré un rato y después cambié la posición

- Luego también me gusta ponerme de rodillas frente a mi macho, me encanta mamarla hincada..

Así lo hice y aceleré el ritmo, mientras lo hacía sobaba sus bolas y eventualmente masturbaba su verga, use mi boca y mis manos al máximo y con la mayor velocidad posible

- Así le encanta a mi marido, te gusta??

- Si¡¡¡¡¡ mucho¡¡¡

Y regresé a lo mío, no me llevó mucho tiempo hacerlo terminar, el semen salía de su verga, lo tragaba pero continuaba saliendo, parecía que este tipo no había descargado en semanas, mientras terminaba gemía y gemía, mientras yo seguía mamando y tragando su esperma, la calentura de todo lo sucedido me venció y terminamos juntos, me estaba encantando el poderlo complacer de esta forma y ser capaz de haberlo excitarlo tanto.

- Ahhhhh, papi¡¡¡ que rico sabe tu semen¡¡

Aún con la respiración entrecortada, escucho sonar mi celular, con la calentura se me había pasado el tiempo y me había olvidado de mi marido, justamente era él, tomé el teléfono y contesté, al hacerlo rápidamente regresé a mi posición original de rodillas frente a mi nuevo amigo

- Hola

- Hola Dani, sigo aquí estamos por terminar, pero ya sabes como se pone el trafico los viernes en el D.F, por favor espérame un rato, te prometo que te compensaré

- No te preocupes aquí te espero

Me encanta el morbo, la llamada me dio un pretexto ideal para seguir siendo la puta que soy, mientras tenía en el teléfono a mi marido, con mi lengua limpiaba la verga que tenía enfrente, con mi garganta llena de semen y de rodillas frente a otro hombre, le expresaba a mi marido comprensivamente que lo esperaría sin problema, mientras mi esposo pensaba tener del otro lado de la línea a una mujer empática y tolerante, la realidad es que detrás del teléfono se encontraba una puta calienta vergas que recién le acababa de dar la mamada de su vida a un desconocido y que deseaba todavía ser penetrada por el cabrón en cuestión.

- Gracias por entender Dani

- No hay problema, gracias por avisar

Eso último fue sin duda lo mas sincero de mi conversación, colgué el teléfono y recapacité un poco, tal vez no tenía mucho tiempo, no podía correr riesgos y si quería coger aun debía esperar que mi amante se recuperara, esto no me daba mucho espacio para terminar de saciar mis ganas de verga.

- Era mi esposo, creo que no debe tardar mucho

- Con el tráfico de la ciudad al menos se tarda 1 hora

- Y si no?? La verdad me da un poco de pendiente

Ya empezaba a resignarme a no tener por el momento un pene dentro de mí, al menos ya había tenido un rico orgasmo

- La verdad es que abusando de tu amabilidad, pues creo que no es la manera que quisiera de terminar el ensayo..

- Por qué lo dices??

- Bueno porque evidentemente faltaría la parte donde debo penetrar mi esposa, no crees?

- Bueno eso sí, pero no creo poder ayudarte, no falta mucho para que debas irte y creo que debes recuperarte.

- No te preocupes la verdad es que tengo muchos de reserva

De esta forma vino a mí y comenzó a besarme, al mismo tiempo apretaba y sobaba mis tetas, pronto tenía su boca metida en mis pezones, yo rápidamente respondí a sus caricias movía mis caderas, estaba muy caliente

- Te acuerdas que decías que te gustaba hacer y que te hicieran sexo oral, pues déjame ver que tan bien se lo haces a tu esposa

- Me encantaría

Y así me llevó a la cama y comenzó a jugar con su lengua en mi sexo, mordía y chupaba, con la calentura pronto empecé a gemir y a jalar sus cabellos

- Que rico lo haces mi rey ahhhhhhh, siiiiii¡¡¡ no pares¡¡¡¡¡

Y en poco rato sentí un orgasmo salir de mi cuerpo, al recuperarme un poco lo veo acercándose a mi ya con su verga completamente erecta

- Woow si que eres rápido

- Te dije que tenía mucha reserva

- Ya veo, pero me parece que hemos ido muy lejos no crees?? No creo que ni mi esposo ni tu mujer estén muy de acuerdo con este ?ensayo?

Claramente lo dije de la manera más pícara que pude encontrar y divertida con el juego que estábamos llevando a cabo, con esa clase de sonrisa con la que pronuncié estas palabras era imposible que mi amante pensara por un momento que era en serio

- Y que propones corazón?

- No sé, se me ocurre ponerme así (y me puse en cuatro patas) de esta manera no nos vemos las caras y tu podrías pensar que soy tu mujer y yo que eres mi esposo, que te parece?? Digo es una idea

- Me encanta la idea es la solución perfecta, nada mas que mi esposa no tiene esas nalgotas.

- Muy pocas tienen estas nalgotas papi? así que puedes dejarlas ir o cerrar los ojos e imaginar que son las de tu esposa

- Tienes razón, pero creo que mejor no pienso en ella.

- Ahh no, entonces no, me harías sentir muy mal por ella, sería como si le estuvieras poniendo el cuerno con un puta, nalgona y caliente como yo y eso estaría muy mal, no crees??

Y mientras decía esto movía descaradamente mi culo, así en 4 patas; me encantaba provocarlo y sentirme dueña de la situación

- Dani tienes razón, eso estaría mal (me decía mientras me acariciaba mis nalgas) mejor me imagino que es ella y así todos contentos

- Ok, yo también pensaré que es mi marido quien me penetra, recuerda que soy un fiel mujer casada?

Y entonces por fin me daría el gusto de tener una verga dentro de mí, por fin después de tantos días de abstinencia un trozo de carne entró en mi cuerpo, sentí su verga dura penetrarme y fui feliz, rápidamente moví mis nalgas y era yo la que prácticamente me estaba cogiendo, lo quería duro y fuerte, al poco rato ya era descarado mi movimiento de caderas, la puta que vive en mi ya estaba fuera de control y yo solo quería ser poseída como la perra en celo que soy.

Quería que me insultara, quería que me llamara puta, quería que me nalgueara, que me jalara el pelo, pero simplemente no lo hacía, se limitaba a seguir el ritmo de mis embestidas y tratar de complacerme

- Te dije que no iba a voltear a verte y no voy a hacerlo, pero me encanta lo que me haces mi rey, ahhhhh ayyyyyy

- A mi me gusta mas corazón

- Sabes mi marido suele nalguearme y llamarme puta mientras me coge, ahhhh, me gusta salvaje, ohhhhh

- Yo no puedo llamarte así y mucho menos pegarte

- Ok papi, pero dame duro por favor¡¡

Y entonces aceleró el ritmo y empezó a darme como me gusta, sus embestidas se convirtieron en salvajes y entonces yo ya no me movía, solo recibía su gruesa verga y me deja coger, al poco tiempo mis gritos eran tan sonoros que esporádicamente mordía la almohada para recuperar el aliento y descansar mi garganta.

- Ahhhh que rico¡¡¡, mas mas por favor¡¡¡ que buena cogida me estás dando cabrón¡¡¡

- Te gusta?

- Me encanta¡¡ así te coges a tu mujer cabroncito???

- Para nada a ella no le gusta así de duro

- Pues a esta perra le encanta, ni se te ocurra parar cabrón, dame, dame¡¡

Durante varios segundos seguimos así, luego tomábamos un pequeño descanso y disminuíamos el ritmo, luego acelerábamos y repetíamos el proceso, esto duró varios minutos, luego de terminar yo un par de veces, sabía que era inminente que mi amante terminara, de esta forma me dispuse a cerrar lo mejor posible, por fin volteé a verlo, y fijando mi mirada en sus ojos, quise seguirle demostrando la clase de mujer que creo ser

- Te gusta mi culo papi?

- Me encanta

- Pues si no me quieres nalguear yo si lo voy a hacer (y así me di un par de nalgadas, cada una más fuerte que la otra); te gustó??

- Mucho

- Pues por favor dale duro a esta puta cabrón, quiero que me hagas gritar¡¡

Y de esta forma aceleró el ritmo por última vez, cerca los dos de nuestro orgasmo sólo se escuchaban nuestros gritos

- Siiiii¡¡ que rico papiiiii¡¡¡ dame mas por favor¡¡¡

- Ahhhhh, me vengo¡¡¡

- Ahhhhhh, uffffff

Y así por fin ambos terminamos en un largo y delicioso orgasmo

- Corazón por favor vístete rápido no vaya a ser que llegue mi marido

- Dani estuvo riquísimo no me quiero ir

- Tienes que hacerlo, estuvo muy bien pero ya es hora

- Ok

Al final mi amante entró en razón y se vistió rápidamente, me dio un beso y se fue

- Oye y el atuendo de tu esposa?? Todavía lo traigo puesto

- Quédate con él, siempre fue para ti, mi esposa nunca se pondría algo así

Y así salió de la habitación, me quedé un poco desilusionada porque quería despedirme un poco mas cariñosa, me hubiera gustado al menos darle unos besitos a su verga antes de irse, me quedé unos segundos en la cama con el baby doll puesto, al poco rato oí tocar la puerta, me emocioné al pensar que mi amigo había regresado y podía despedirlo como se merece, me levante rápidamente y me arreglé un poco el cabello, abrí la puerta

- Que bueno que estás aquí mi rey¡¡

- Gracias Dani, por fin puede llegar, wooow que padre sorpresa, que bonito atuendo¡¡

- Ehh gracias, que bueno que te gustó

Era mi marido¡¡ estuvo a punto de encontrarme en pleno acto con otro hombre, definitivamente soy un mujer afortunada, al momento corrí la baño y me arregle un poco, salí y modelé nuevamente el atuendo; por segunda ocasión en el día, el modelito me serviría para excitar a un hombre, solo que era un hombre distinto, a los pocos minutos ya estaba siendo cogida nuevamente pero ahora con la verga de mi esposo, mientras cogía no podía dejar de pensar que tal vez ambos hombres se cruzaron en la entrada del hotel o en el elevador y eso me excitaba, tanto así que durante la cogida con mi esposo simplemente tenía un orgasmo tras otro

De mi amante no volví a saber nada, no sé si alguna vez que regrese al DF vuelva a verlo, lo que si es que aún conservo el baby doll y eventualmente me lo pongo previo a coger con mi marido, cuando estoy sola en el vestidor y punto de ponérmelo no puedo evitar esgrimir una pícara sonrisa y mojarme un poco?..

Gracias a las personas que me escriben desafortunadamente no me es fácil responder, pero para la gente que tiene gusto por lo que escribo creo que lo mejor que puedo hacer es ofrecerles mis textos

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