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Primera y unica vez en Relatos eroticos de Maduras

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abril 22nd, 2014 >> Relatos Eroticos

Primera y unica vez en Relatos eroticos de Maduras (relatos eroticos )

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Primera y unica vez en Relatos eroticos de Maduras (relatos eroticos )

Mi nombre no tiene importancia, tengo 51 años, casada, dos hijos emancipados y dos nietos maravillosos, vivo en Bilbao, trabajo en una oficina desde hace más de veinte años, mi marido es ocho años mayor que yo y soy feliz a su lado pues siempre ha sido sincero conmigo y me ha dado todo lo que una mujer pueda desear. Aunque soy una mujer madura me conservo bien pues como soy muy activa hago bastante ejercicio, mis amistades suelen preguntarme cual es el secreto para mantener este aspecto tan joven.

Como he dicho trabajo en una oficina con horario de jornada partida y normalmente voy a un restaurante próximo donde habitualmente coincidimos los mismos clientes, entre ellos hay uno que siempre ha llamado mi atención, se trata de un joven que no aparenta más de 30 años, muy guapo y con aspecto de deportista. Siempre ocupa la misma mesa y está solo, cuando yo llego él ya toma el café por lo que coincidimos no más de diez minutos. Algunas veces he descubierto que tenía su mirada clavada en mí lo que me provoca cierto sonrojo, es tan guapo e interesante que alguna vez ha estado presente en mis sueños eróticos.

El jueves pasado cuando entré en el restaurante estaba completamente lleno, cosa no habitual y el camarero me dijo que debería esperar diez minutos máximo, el joven, Marcos, debió escuchar el comentario y enseguida se ofreció a compartir su mesa conmigo, después de dudar un momento acepté la propuesta. Tomé asiento y pedí la comanda al camarero, cuando le dije el postre Marcos me interrumpió para aconsejarme que pidiera arroz con leche pues estaba buenísimo, no me gusta pero como una tonta acepté el consejo.

El camarero volvió con mi primer plato y el café de mi acompañante, había intercambiado con él unas palabras para agradecerle su ofrecimiento y me sorprendió diciendo que hacía tiempo que deseaba compartir mesa conmigo, el comentario me resultó tan sorprendente que quedé muda. Siguió hablando que trabajaba como informático y era el último día que iba al restaurante pues había aceptado una oferta para trabajar en Sevilla que era su ciudad natal y ese fin de semana tenía previsto el traslado, le dije que si era por su bien me alegraba y agradeció el comentario con una amplia sonrisa.

A diferencia de lo que hacía habitualmente cuando terminó el café en lugar de marcharse continuó dándome conversación y como parecía una persona agradable yo le correspondía, de vez en cuando le observaba y cada vez me reafirmaba más en que era muy guapo, moreno con una cabellera color azabache larga y bien cuidada, ojos grandes y oscuros de mirada transparente, de su rostro muy proporcionado destacaba los labios carnosos que envolvían una dentadura blanca. Cuando acabé el café pedí la cuenta y él se ofreció a pagarla con la excusa que era su último día y deseaba tener ese detalle, después de una leve protesta cedí a su deseo, dándole las gracias con una sincera sonrisa.

Salimos del restaurante, llovía ligeramente, cuando creí que estábamos a punto de despedirnos preguntó hacia donde iba yo, le contesté y dijo que podíamos compartir durante unos minutos el trayecto pues coincidía durante un tramo. Caminábamos deprisa por la fina lluvia hasta que llegamos a un portal que estaba a cinco minutos escasos de mi oficina, pensé en despedirme pero me sujetó del codo diciéndome que esperara un minutos mientras subía a su piso a buscar un paraguas, le contesté que no me hacía falta pues no iba muy lejos y no llovía tanto.

Insistió y como me había dado muestras de confianza acepté proponiendo que no hacía falta que subiera y bajara sino que ya subiría yo y así sabría donde vivía para cuando llegara el momento de la devolución. Ya en el ascensor no dejó de mirarme y me hizo sentir acalorada. La puerta del ascensor se abrió en la quinta planta, le dije que esperaría en el rellano mientras iba a buscar el paraguas, abrió la puerta del piso y entró, segundos más tarde apareció con el paraguas que puso en mis manos. Le di las gracias insistiendo que se lo devolvería y contestó que me lo quedara como recuerdo de nuestro breve encuentro además de que en Sevilla apenas lo necesitaría.

Cuando llegué a la calle ya no llovía y el cielo se abría paso entre las nubes, tras unos segundos indecisa apreté el timbre del quinto primera, la voz de Marcos pregunto quién era y contesté que ya no llovía, se abrió el portal y fui directa al ascensor. Marcos esperaba en el rellano, hice intención de devolver el paraguas y lo rechazó alegando que era un regalo pero como había vuelto a subir me invitaba a tomar un café, sin dudarlo acepté, me cedió el paso y hasta que no escuché el golpe de la puerta cerrarse a mi espalda no fui consciente que mi comportamiento resultaba inmaduro por encontrarme a solas en casa de un extraño que había conocido escasamente una hora antes.

Era un piso pequeño, tipo estudio de una sala que acogía la cocina, una mesa con cuatro sillas, un tresillo y en un rincón una cama individual cubierta por un edredón. En las paredes colgaban vitrinas y estanterías llenas de libros, trofeos deportivos y sobre un mueble metálico había un pequeño televisor y unos altavoces. En el suelo se amontonaban cajas de cartón con el nombre de una empresa de mudanzas. Marcos me invitó a tomar asiento y mientras hacía los cafés se disculpó por el desorden con la excusa de la inminente mudanza. Le miré y observé que se había cambiado de ropa, llevaba puesto un pantalón de deportes y una camiseta de tirantes bastante ceñida. Tenía un cuerpo escultural, la musculatura sin ser exagerada se le dibujaba en brazos y piernas y como estaba de espaldas aprecié que su culo no tenía nada que envidiar a los modelos que anunciaban colonias en televisión

Se acercó y puso la taza de café entre mis dedos, aprecié el aroma del café mezclado con el olor de la colonia que llevaba puesta, por un momento tuve su abdomen tan cerca de mí rostro que pude apreciar que era liso como una tabla de planchar, una sensación extraña invadió mi cuerpo como si cientos de mariposas revolotearan en mí estómago. Se sentó junto a mí, bebió el café en dos sorbos y yo acabé el mío en uno solo, se incorporó y llevó las tazas a la zona de la cocina, regresó y tomó asiento de nuevo pero esta vez tan junto a mí que sus muslos rozaban levemente los míos y a pesar de que yo llevaba puestos unos tejanos tuve la sensación que su piel y la mía estaban en contacto.

Intenté disimular mí excitación y lo debió notar porque preguntó por qué estaba nerviosa, balbuceando contesté que no lo estaba y para disimular le dije que necesitaba ir al baño, me señaló la única puerta que había en la sala y allí me dirigí. Como el resto del estudio estaba muy limpio y perfectamente ordenado, cuando iba a mojarme la cara pensé que llevaba maquillaje, el espejo reflejaba mi rostro, lo observé durante unos segundos, me vi guapa y noté que los ojos brillaban de una manera especial, llevé las manos a mis pechos y los noté duros pudiendo distinguir claramente los pezones a pesar de llevar puesto un jersey de lana, en ese momento noté humedad entre mis piernas, era leve pero me sorprendió de tal manera que quedé petrificada. Bajé la cremallera del pantalón y mis dedos rozaron la tela de las bragas, no había duda de que estaban algo húmedas y evité buscar una explicación

Me quedé inmóvil y algo asustada, no sabía como reaccionar, jamás había pasado por ese trance, hacía casi veinte y cinco años que estaba casada y nunca había deseado a un hombre que no fuera mi marido, éramos felices y jamás había tenido la mínima tentación de sentir placer con otro que no fuera él. Es verdad que algunas veces me masturbaba pensando en hombres jóvenes que había visto en anuncios de colonia por televisión pero entre mi marido y yo no existían tabús, cuando hacíamos el amor el único límite que nos poníamos era el del respeto mutuo y estaba convencida que era imposible que alguien fuera capaz de hacerme sentir como lo hacía mí marido. Pensé que no tenía sentido entregarme a un desconocido porque no podría darme algo que el hombre al que amaba no me hubiera dado antes.

Debía llevar mucho tiempo dentro del baño porque escuché la voz de Marcos preguntando si me ocurría algo, contesté que ya salía, me recompuse la ropa, me quité el anillo de casada, lo puse en un bolsillo y salí decidida a entregarme a un hombre joven que me tenía totalmente subyugada. Salí del baño y me senté junto a él tan cerca como pude, preguntó si no era hora de volver a la oficina, como no llevaba el móvil pedí que me dejara el suyo. Dije a una compañera que aquella tarde no iría a trabajar y si alguien preguntaba por mí dijera que estaba cerrando la contabilidad trimestral en una empresa. Cuando Marcos escucho la mentira debió pensar que ya era suya porque sin miramiento alguno estampó sus labios contra los míos.

Todo fue muy rápido, nuestras lenguas se juntaron y luchaban entre sí para ver quién de los dos llegaba más al fondo del otro, me pareció una lengua extraña pero no tarde en acostumbrarme a ella. Mis dientes mordían los carnosos labios que en mis sueños eróticos habían sido objeto de deseo. Sentí que una mano se abría sitio entre mi vientre y el jersey, fue directa a uno de los pezones que comenzó a acariciar y pellizcar suavemente. Asumí que no había vuelta atrás, me estaba entregando a un joven cas desconocido y me propuse no volver a recordar a mi marido mientras durara todo aquello.

Marcos decidió abandonar mí boca y llevó la suya a mis pechos, sus dientes rozaron el pezón que no acariciaba y después de un suave mordisco comenzó a succionarlo como si intentara conseguir que manara leche, chupaba como un bebe a la espera de llenar la boca de néctar maternal, yo misma me quité el jersey y saqué el sujetador para hacerle más fácil la mamada. Con una mano busqué su entrepierna, levanté la goma del pantalón y no tardé en notar la dureza de su pene que acogí ávida de tenerlo a la vista, no era ni más grande que el de mi marido pero si más firme y duro. Mis primeras caricias de arriba abajo hicieron que Marcos temblara mientras con sus manos intentaba quitarme mi pantalón, tuve que incorporarme y fui yo quien lo hizo quedándome totalmente desnuda. Sin tiempo a reaccionar sentí su boca estrellándose contra mí entrepierna y su lengua separando mis labios vaginales.

Fue una sensación extraña a pesar de que era habitual en mis relaciones con mi marido, sin usar las manos abrió la vagina y la llenó con la lengua moviéndola de forma continua alternando con suaves mordiscos en los labios vaginales, todo ello me hizo comprender que a pesar de su juventud estaba sobrado de experiencia, mis manos ahora acariciaban alternativamente su cabeza y su espalda y a cada sensación de placer clavaba las uñas con intención de producirle dolor, su piel era suave como la de un bebé y la ausencia de bello me producía una sensación desconocida. Los primeros síntomas de un orgasmo se acercaban, segregaba líquido vaginal sin parar y ahora ya notaba claramente como mis muslos se empapaban, Marcos a lo suyo apenas reaccionaba cuando me estremecía y le clavaba las uñas en la espalda. Mi descontrol era absoluto y sentía próximo el momento definitivo de éxtasis.

Comencé a temblar y una ola de frio me invadió, el sudor resbalaba por mí piel, jadeaba y respiraba entrecortadamente, Marcos me observaba orgulloso por haber provocado en mí aquel momento de éxtasis, generosamente me dio un respiro que agradecí dirigiéndole una mirada que pretendía hacerle saber que me entregaba para lo que deseara, se incorporó y disfruté de la visión de su cuerpo escultural tan diferente al de mi marido.

Todavía estaba abatida pero sedienta de compartir placer con aquel joven cuando debió pensar que ya le tocaba disfrutar, me cogió entre sus brazos y me llevó hasta la cama, me tumbó boca arriba, abrió mis piernas y su polla penetró mi cuerpo sin contemplaciones, fue como si me atravesara una lanza, el golpe seco de sus testículos contra mis muslos me hizo comprender que no podía llegar más a fondo, el mete y saca se hizo constante y volvía a tener síntomas de la llegada de un nuevo orgasmo. Mis piernas cruzadas abrazaban su espalda intentando juntarme aún más a su cuerpo. Se movía a un ritmo pausado y los huesos de su cadera golpeaban mí pelvis, yo susurraba que no parara y él obediente se movía a su antojo encima mío metiendo y sacando la polla con una agilidad a la que no estaba acostumbrada.

El sudor de ambos se mezclaba en uno solo, mis manos recorrían su espalda y buscaban las nalgas duras empujándolas contra mi cuerpo, su piel era tan suave que mis manos deslizándose por ella me producía una sensación que muchos años antes había dejado de tener y que algunas veces había pensado que jamás volvería a tener.

Me encontraba a punto de correrme de nuevo cuando Marcos paró súbitamente, hincó sus rodillas en la cama y puso su pene entre mis pechos, los agarró con ambas manos y comenzó a moverse de delante a atrás cada vez más rápidamente, el glande de la polla me golpeaba la barbilla con tal fuerza que me hacía daño, yo quería compensar a mi amante por el placer que me había dado momentos antes, Marcos ponía ímpetu en su movimiento, su pene tenía un color rojizo y el glande de color rosado brillante poco a poco iba cogiendo color violeta. Por los gestos de su cara creí que estaba a punto de correrse, cogí su polla con una mano y la aproximé a mi boca que abrí tanto como pude, levantó algo su cuerpo y le pajeé a ritmo frenético hasta que un chorro de semen se estrelló en mí rostro, yendo a parar en parte dentro de la boca. Al primero le siguieron otros que golpeaban mi rostro nublándome la visión, fue una sensación extraña que me hizo recordar tiempos pasados cuando mi marido y yo éramos jóvenes. Cerré los ojos y pasados unos segundos la tela de una toalla húmeda me acariciaba la cara, no me había dado cuenta que Marcos había ido al cuarto de baño a buscarla.

Era tal mi excitación que estaba ansiosa por sentir más placer y reaccioné buscando la polla que lamí hasta hacer desaparecer el color blanquecino que la envolvía, Marcos, tumbado miraba el techo y se dejaba hacer, mis lametones provocaron que su polla volviera a endurecerse y creí llegado el momento de sentarme sobre ella para cabalgar en busca de nuevos momentos de placer. Él entendió mi propósito pues facilitó que lo montara y al primer intento insertó su polla en mi coño. Recordé que esta postura era la favorita de mi esposo que tenía costumbre de agarrarme las tetas mientras le cabalgaba, conscientemente agarré las manos de Marcos y las llevé a mis pechos, reaccionó como yo pretendía y mis pechos sintieron su fuerza sobre ellos. El tacto de aquellas manos era muy diferente a las otras que habitualmente me oprimían pero me daba lo mismo, incluso estas me daban más placer porque eran muchísimo más suaves. Me movía a un ritmo lento mirando el rostro de Marcos satisfecho por lo que le estaba haciendo, yo comenzaba a sentir signos de placer que de un momento a otro estallaría en una cascada de gusto, volvía a tener la vagina lubricada el pene que me penetraba resbalaba suavemente por su interior, mis manos se apoyaban en los pectorales de Marcos, aumenté el ritmo del movimiento, el hombre que tenía debajo sudaba y resoplaba y yo hacía lo mismo que él pero además dejaba ir alaridos esforzándome por no decir las palabras que habitualmente decía a mi marido en esas mismas circunstancias, intenté retrasar un poco más el momento culminante pero el roce de la polla con mi clítoris era tan constante que no pude evitar correrme provocando una inundación de jugos vaginales por las dos zonas pélvicas de ambos amantes.

Me dejé caer sobre la cama pensando egoístamente que todo había terminado pues estaba totalmente extenuada, pero Marcos no pensaba igual, levantó mí cuerpo de la cama, me hincó de rodillas, se colocó a mi espalda y no tardé en entender lo que se proponía hacer, no puse objeción alguna a sus deseos pues estaba ansiosa de sentir su leche regando mis entrañas, se hizo amo de mi vagina y sentí su pene entrar y salir deslizándose suavemente en mi interior, a cada penetración el gusto crecía según pasaban los segundos, sus testículos golpeaban mis nalgas, su pecho aplastaba mí espalda, sus manos apretaban mis caderas hacía él y su lengua recorría una y otra vez mi nuca que de tanto en tanto mordía o succionaba, entre jadeos le supliqué que no me dejara señal y su respuesta fue aumentar todavía más la fuerza de sus dientes sobre mi piel.

Una de sus manos acarició mi entrepierna dándome la sensación que recogía jugos y poco después noté que varios dedos entraban tímidamente en mi ano y con un movimiento circular lo masajeaban, a pesar de la sensación continua de placer que me estaba dejando extenuada fui capaz de adivinar que mi amante estaba a punto de buscar su éxtasis follándome el culo, me asusté y supliqué que no me hiciera daño, mientras se lo decía pensé que esa súplica significaba que me entregaba a todos sus deseos.

El primer contacto de su polla con mi agujero fue suave pero la penetración de un solo golpe se transformó en un latigazo que recorrió todo mi sistema nervioso que en cuestión de segundos se convirtió en una sensación de placer que descendía y aumentaba a cada mete y saca de la lanza que me estaba atravesando. Estaba entregada a la voluntad de Marcos que hacía conmigo lo que quería, entré jadeos gritaba preguntándome si quería más, yo sumisa le contestaba que sí y le rogaba que siguiera follándome hasta que él no pudiera más. Cada vez su pelvis golpeaba mis nalgas con más violencia y parecía que de un momento a otro su polla iba a perforarme las entrañas. Se hizo el silencio roto por el tenue murmullo de nuestra respiración, ambos quedamos inmóviles durante unos segundos y noté que mis entrañas se estaban inundando de líquido caliente que las llenaba dando la sensación que un momento a otro me haría reventar.

Durante los últimos momentos no había llegado a sentir ningún orgasmo pero me sentía compensada por haber provocado en Marcos un placer que sus gestos demostraban le había satisfecho. Continuamos inmóviles durante toda la descarga hasta que ambos rendidos por el cansancio nos dejamos caer sobre el colchón, volví a acariciar su pecho pues sentía placer solamente por rozarlo con la palma de mi mano, coloqué la cabeza en su abdomen y besé como gesto de agradecimiento su pene que descansaba totalmente flácido entre sus muslos.

Estaba tan relajada que no era consciente que el tiempo pasaba, rodeada por aquellos fuertes brazos estaba en la gloria hasta que volví a la realidad y asumí que todo había terminado, a mi lado Marcos dormía y orgullosa pensé que había sido capaz de agotarlo hasta la extenuación, por un momento mi autoestima creció pero enseguida fui consciente que lo ocurrido podría suponer problemas en mi vida. Me vestí evitando no hacer ruido, me mojé la cara para eliminar cualquier resto de semen que pudiera tener, volví junto a Marcos y tuve la sensación que dormía profundamente, deseaba besarlo pero no me decidí a hacerlo, abandoné el apartamento cerrando la puerta con cuidado de no hacer ruido.

Ya en la calle me propuse no pensar en lo ocurrido, caminé casi una hora hasta llegar a casa, abrí la puerta y como siempre no había nadie, fui directamente a la ducha, me desnudé y dejé correr el agua por mi cuerpo, a mis pies la ropa que había llevado aquel día se estaba empapando, pensé en la alianza de casada, la busqué y me la puse. No me preocupaba nada, no tenía remordimientos y conseguí que en momento alguno mi marido me hiciera comentario sobre si estaba rara o me pasaba algo.

Ayer lunes pasé delante del apartamento donde viví lo relatado anteriormente, en el portal había colocado un cartel que anunciaba ?apartamento en alquiler? y un número de teléfono, seguí caminando y llegué al restaurante, nada más entrar el camarero me entregó un sobre con mi nombre escrito. Me apresuré a leer la carta que llevaba en su interior, a media lectura fui a esconderme en el lavabo y lágrimas como puños comenzaron a resbalar por mis mejillas, eran unas palabras escritas con una sensibilidad que me emocionó de tal manera que mi cuerpo se estremeció como si recordara en sus poros los momentos de placer vividos con el las había escrito.

Acaba con una post data y en ella me pedía que escribiera un relato describiendo todo lo que recordara de aquel momento y lo enviara a esta web. Cumplo tu deseo y solamente quiero decirte que agradezco su sinceridad al hacerme saber que al igual que yo tú también amas profundamente a otra persona. Siempre te recordaré.

Primera y unica vez en Relatos eroticos de Maduras (relatos eroticos )

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Mi nombre no tiene importancia, tengo 51 años, casada, dos hijos emancipados y dos nietos maravillosos, vivo en Bilbao, trabajo en una oficina desde hace más de veinte años, mi marido es ocho años mayor que yo y soy feliz a su lado pues siempre ha sido sincero conmigo y me ha dado todo lo que una mujer pueda desear. Aunque soy una mujer madura me conservo bien pues como soy muy activa hago bastante ejercicio, mis amistades suelen preguntarme cual es el secreto para mantener este aspecto tan joven.

Como he dicho trabajo en una oficina con horario de jornada partida y normalmente voy a un restaurante próximo donde habitualmente coincidimos los mismos clientes, entre ellos hay uno que siempre ha llamado mi atención, se trata de un joven que no aparenta más de 30 años, muy guapo y con aspecto de deportista. Siempre ocupa la misma mesa y está solo, cuando yo llego él ya toma el café por lo que coincidimos no más de diez minutos. Algunas veces he descubierto que tenía su mirada clavada en mí lo que me provoca cierto sonrojo, es tan guapo e interesante que alguna vez ha estado presente en mis sueños eróticos.

El jueves pasado cuando entré en el restaurante estaba completamente lleno, cosa no habitual y el camarero me dijo que debería esperar diez minutos máximo, el joven, Marcos, debió escuchar el comentario y enseguida se ofreció a compartir su mesa conmigo, después de dudar un momento acepté la propuesta. Tomé asiento y pedí la comanda al camarero, cuando le dije el postre Marcos me interrumpió para aconsejarme que pidiera arroz con leche pues estaba buenísimo, no me gusta pero como una tonta acepté el consejo.

El camarero volvió con mi primer plato y el café de mi acompañante, había intercambiado con él unas palabras para agradecerle su ofrecimiento y me sorprendió diciendo que hacía tiempo que deseaba compartir mesa conmigo, el comentario me resultó tan sorprendente que quedé muda. Siguió hablando que trabajaba como informático y era el último día que iba al restaurante pues había aceptado una oferta para trabajar en Sevilla que era su ciudad natal y ese fin de semana tenía previsto el traslado, le dije que si era por su bien me alegraba y agradeció el comentario con una amplia sonrisa.

A diferencia de lo que hacía habitualmente cuando terminó el café en lugar de marcharse continuó dándome conversación y como parecía una persona agradable yo le correspondía, de vez en cuando le observaba y cada vez me reafirmaba más en que era muy guapo, moreno con una cabellera color azabache larga y bien cuidada, ojos grandes y oscuros de mirada transparente, de su rostro muy proporcionado destacaba los labios carnosos que envolvían una dentadura blanca. Cuando acabé el café pedí la cuenta y él se ofreció a pagarla con la excusa que era su último día y deseaba tener ese detalle, después de una leve protesta cedí a su deseo, dándole las gracias con una sincera sonrisa.

Salimos del restaurante, llovía ligeramente, cuando creí que estábamos a punto de despedirnos preguntó hacia donde iba yo, le contesté y dijo que podíamos compartir durante unos minutos el trayecto pues coincidía durante un tramo. Caminábamos deprisa por la fina lluvia hasta que llegamos a un portal que estaba a cinco minutos escasos de mi oficina, pensé en despedirme pero me sujetó del codo diciéndome que esperara un minutos mientras subía a su piso a buscar un paraguas, le contesté que no me hacía falta pues no iba muy lejos y no llovía tanto.

Insistió y como me había dado muestras de confianza acepté proponiendo que no hacía falta que subiera y bajara sino que ya subiría yo y así sabría donde vivía para cuando llegara el momento de la devolución. Ya en el ascensor no dejó de mirarme y me hizo sentir acalorada. La puerta del ascensor se abrió en la quinta planta, le dije que esperaría en el rellano mientras iba a buscar el paraguas, abrió la puerta del piso y entró, segundos más tarde apareció con el paraguas que puso en mis manos. Le di las gracias insistiendo que se lo devolvería y contestó que me lo quedara como recuerdo de nuestro breve encuentro además de que en Sevilla apenas lo necesitaría.

Cuando llegué a la calle ya no llovía y el cielo se abría paso entre las nubes, tras unos segundos indecisa apreté el timbre del quinto primera, la voz de Marcos pregunto quién era y contesté que ya no llovía, se abrió el portal y fui directa al ascensor. Marcos esperaba en el rellano, hice intención de devolver el paraguas y lo rechazó alegando que era un regalo pero como había vuelto a subir me invitaba a tomar un café, sin dudarlo acepté, me cedió el paso y hasta que no escuché el golpe de la puerta cerrarse a mi espalda no fui consciente que mi comportamiento resultaba inmaduro por encontrarme a solas en casa de un extraño que había conocido escasamente una hora antes.

Era un piso pequeño, tipo estudio de una sala que acogía la cocina, una mesa con cuatro sillas, un tresillo y en un rincón una cama individual cubierta por un edredón. En las paredes colgaban vitrinas y estanterías llenas de libros, trofeos deportivos y sobre un mueble metálico había un pequeño televisor y unos altavoces. En el suelo se amontonaban cajas de cartón con el nombre de una empresa de mudanzas. Marcos me invitó a tomar asiento y mientras hacía los cafés se disculpó por el desorden con la excusa de la inminente mudanza. Le miré y observé que se había cambiado de ropa, llevaba puesto un pantalón de deportes y una camiseta de tirantes bastante ceñida. Tenía un cuerpo escultural, la musculatura sin ser exagerada se le dibujaba en brazos y piernas y como estaba de espaldas aprecié que su culo no tenía nada que envidiar a los modelos que anunciaban colonias en televisión

Se acercó y puso la taza de café entre mis dedos, aprecié el aroma del café mezclado con el olor de la colonia que llevaba puesta, por un momento tuve su abdomen tan cerca de mí rostro que pude apreciar que era liso como una tabla de planchar, una sensación extraña invadió mi cuerpo como si cientos de mariposas revolotearan en mí estómago. Se sentó junto a mí, bebió el café en dos sorbos y yo acabé el mío en uno solo, se incorporó y llevó las tazas a la zona de la cocina, regresó y tomó asiento de nuevo pero esta vez tan junto a mí que sus muslos rozaban levemente los míos y a pesar de que yo llevaba puestos unos tejanos tuve la sensación que su piel y la mía estaban en contacto.

Intenté disimular mí excitación y lo debió notar porque preguntó por qué estaba nerviosa, balbuceando contesté que no lo estaba y para disimular le dije que necesitaba ir al baño, me señaló la única puerta que había en la sala y allí me dirigí. Como el resto del estudio estaba muy limpio y perfectamente ordenado, cuando iba a mojarme la cara pensé que llevaba maquillaje, el espejo reflejaba mi rostro, lo observé durante unos segundos, me vi guapa y noté que los ojos brillaban de una manera especial, llevé las manos a mis pechos y los noté duros pudiendo distinguir claramente los pezones a pesar de llevar puesto un jersey de lana, en ese momento noté humedad entre mis piernas, era leve pero me sorprendió de tal manera que quedé petrificada. Bajé la cremallera del pantalón y mis dedos rozaron la tela de las bragas, no había duda de que estaban algo húmedas y evité buscar una explicación

Me quedé inmóvil y algo asustada, no sabía como reaccionar, jamás había pasado por ese trance, hacía casi veinte y cinco años que estaba casada y nunca había deseado a un hombre que no fuera mi marido, éramos felices y jamás había tenido la mínima tentación de sentir placer con otro que no fuera él. Es verdad que algunas veces me masturbaba pensando en hombres jóvenes que había visto en anuncios de colonia por televisión pero entre mi marido y yo no existían tabús, cuando hacíamos el amor el único límite que nos poníamos era el del respeto mutuo y estaba convencida que era imposible que alguien fuera capaz de hacerme sentir como lo hacía mí marido. Pensé que no tenía sentido entregarme a un desconocido porque no podría darme algo que el hombre al que amaba no me hubiera dado antes.

Debía llevar mucho tiempo dentro del baño porque escuché la voz de Marcos preguntando si me ocurría algo, contesté que ya salía, me recompuse la ropa, me quité el anillo de casada, lo puse en un bolsillo y salí decidida a entregarme a un hombre joven que me tenía totalmente subyugada. Salí del baño y me senté junto a él tan cerca como pude, preguntó si no era hora de volver a la oficina, como no llevaba el móvil pedí que me dejara el suyo. Dije a una compañera que aquella tarde no iría a trabajar y si alguien preguntaba por mí dijera que estaba cerrando la contabilidad trimestral en una empresa. Cuando Marcos escucho la mentira debió pensar que ya era suya porque sin miramiento alguno estampó sus labios contra los míos.

Todo fue muy rápido, nuestras lenguas se juntaron y luchaban entre sí para ver quién de los dos llegaba más al fondo del otro, me pareció una lengua extraña pero no tarde en acostumbrarme a ella. Mis dientes mordían los carnosos labios que en mis sueños eróticos habían sido objeto de deseo. Sentí que una mano se abría sitio entre mi vientre y el jersey, fue directa a uno de los pezones que comenzó a acariciar y pellizcar suavemente. Asumí que no había vuelta atrás, me estaba entregando a un joven cas desconocido y me propuse no volver a recordar a mi marido mientras durara todo aquello.

Marcos decidió abandonar mí boca y llevó la suya a mis pechos, sus dientes rozaron el pezón que no acariciaba y después de un suave mordisco comenzó a succionarlo como si intentara conseguir que manara leche, chupaba como un bebe a la espera de llenar la boca de néctar maternal, yo misma me quité el jersey y saqué el sujetador para hacerle más fácil la mamada. Con una mano busqué su entrepierna, levanté la goma del pantalón y no tardé en notar la dureza de su pene que acogí ávida de tenerlo a la vista, no era ni más grande que el de mi marido pero si más firme y duro. Mis primeras caricias de arriba abajo hicieron que Marcos temblara mientras con sus manos intentaba quitarme mi pantalón, tuve que incorporarme y fui yo quien lo hizo quedándome totalmente desnuda. Sin tiempo a reaccionar sentí su boca estrellándose contra mí entrepierna y su lengua separando mis labios vaginales.

Fue una sensación extraña a pesar de que era habitual en mis relaciones con mi marido, sin usar las manos abrió la vagina y la llenó con la lengua moviéndola de forma continua alternando con suaves mordiscos en los labios vaginales, todo ello me hizo comprender que a pesar de su juventud estaba sobrado de experiencia, mis manos ahora acariciaban alternativamente su cabeza y su espalda y a cada sensación de placer clavaba las uñas con intención de producirle dolor, su piel era suave como la de un bebé y la ausencia de bello me producía una sensación desconocida. Los primeros síntomas de un orgasmo se acercaban, segregaba líquido vaginal sin parar y ahora ya notaba claramente como mis muslos se empapaban, Marcos a lo suyo apenas reaccionaba cuando me estremecía y le clavaba las uñas en la espalda. Mi descontrol era absoluto y sentía próximo el momento definitivo de éxtasis.

Comencé a temblar y una ola de frio me invadió, el sudor resbalaba por mí piel, jadeaba y respiraba entrecortadamente, Marcos me observaba orgulloso por haber provocado en mí aquel momento de éxtasis, generosamente me dio un respiro que agradecí dirigiéndole una mirada que pretendía hacerle saber que me entregaba para lo que deseara, se incorporó y disfruté de la visión de su cuerpo escultural tan diferente al de mi marido.

Todavía estaba abatida pero sedienta de compartir placer con aquel joven cuando debió pensar que ya le tocaba disfrutar, me cogió entre sus brazos y me llevó hasta la cama, me tumbó boca arriba, abrió mis piernas y su polla penetró mi cuerpo sin contemplaciones, fue como si me atravesara una lanza, el golpe seco de sus testículos contra mis muslos me hizo comprender que no podía llegar más a fondo, el mete y saca se hizo constante y volvía a tener síntomas de la llegada de un nuevo orgasmo. Mis piernas cruzadas abrazaban su espalda intentando juntarme aún más a su cuerpo. Se movía a un ritmo pausado y los huesos de su cadera golpeaban mí pelvis, yo susurraba que no parara y él obediente se movía a su antojo encima mío metiendo y sacando la polla con una agilidad a la que no estaba acostumbrada.

El sudor de ambos se mezclaba en uno solo, mis manos recorrían su espalda y buscaban las nalgas duras empujándolas contra mi cuerpo, su piel era tan suave que mis manos deslizándose por ella me producía una sensación que muchos años antes había dejado de tener y que algunas veces había pensado que jamás volvería a tener.

Me encontraba a punto de correrme de nuevo cuando Marcos paró súbitamente, hincó sus rodillas en la cama y puso su pene entre mis pechos, los agarró con ambas manos y comenzó a moverse de delante a atrás cada vez más rápidamente, el glande de la polla me golpeaba la barbilla con tal fuerza que me hacía daño, yo quería compensar a mi amante por el placer que me había dado momentos antes, Marcos ponía ímpetu en su movimiento, su pene tenía un color rojizo y el glande de color rosado brillante poco a poco iba cogiendo color violeta. Por los gestos de su cara creí que estaba a punto de correrse, cogí su polla con una mano y la aproximé a mi boca que abrí tanto como pude, levantó algo su cuerpo y le pajeé a ritmo frenético hasta que un chorro de semen se estrelló en mí rostro, yendo a parar en parte dentro de la boca. Al primero le siguieron otros que golpeaban mi rostro nublándome la visión, fue una sensación extraña que me hizo recordar tiempos pasados cuando mi marido y yo éramos jóvenes. Cerré los ojos y pasados unos segundos la tela de una toalla húmeda me acariciaba la cara, no me había dado cuenta que Marcos había ido al cuarto de baño a buscarla.

Era tal mi excitación que estaba ansiosa por sentir más placer y reaccioné buscando la polla que lamí hasta hacer desaparecer el color blanquecino que la envolvía, Marcos, tumbado miraba el techo y se dejaba hacer, mis lametones provocaron que su polla volviera a endurecerse y creí llegado el momento de sentarme sobre ella para cabalgar en busca de nuevos momentos de placer. Él entendió mi propósito pues facilitó que lo montara y al primer intento insertó su polla en mi coño. Recordé que esta postura era la favorita de mi esposo que tenía costumbre de agarrarme las tetas mientras le cabalgaba, conscientemente agarré las manos de Marcos y las llevé a mis pechos, reaccionó como yo pretendía y mis pechos sintieron su fuerza sobre ellos. El tacto de aquellas manos era muy diferente a las otras que habitualmente me oprimían pero me daba lo mismo, incluso estas me daban más placer porque eran muchísimo más suaves. Me movía a un ritmo lento mirando el rostro de Marcos satisfecho por lo que le estaba haciendo, yo comenzaba a sentir signos de placer que de un momento a otro estallaría en una cascada de gusto, volvía a tener la vagina lubricada el pene que me penetraba resbalaba suavemente por su interior, mis manos se apoyaban en los pectorales de Marcos, aumenté el ritmo del movimiento, el hombre que tenía debajo sudaba y resoplaba y yo hacía lo mismo que él pero además dejaba ir alaridos esforzándome por no decir las palabras que habitualmente decía a mi marido en esas mismas circunstancias, intenté retrasar un poco más el momento culminante pero el roce de la polla con mi clítoris era tan constante que no pude evitar correrme provocando una inundación de jugos vaginales por las dos zonas pélvicas de ambos amantes.

Me dejé caer sobre la cama pensando egoístamente que todo había terminado pues estaba totalmente extenuada, pero Marcos no pensaba igual, levantó mí cuerpo de la cama, me hincó de rodillas, se colocó a mi espalda y no tardé en entender lo que se proponía hacer, no puse objeción alguna a sus deseos pues estaba ansiosa de sentir su leche regando mis entrañas, se hizo amo de mi vagina y sentí su pene entrar y salir deslizándose suavemente en mi interior, a cada penetración el gusto crecía según pasaban los segundos, sus testículos golpeaban mis nalgas, su pecho aplastaba mí espalda, sus manos apretaban mis caderas hacía él y su lengua recorría una y otra vez mi nuca que de tanto en tanto mordía o succionaba, entre jadeos le supliqué que no me dejara señal y su respuesta fue aumentar todavía más la fuerza de sus dientes sobre mi piel.

Una de sus manos acarició mi entrepierna dándome la sensación que recogía jugos y poco después noté que varios dedos entraban tímidamente en mi ano y con un movimiento circular lo masajeaban, a pesar de la sensación continua de placer que me estaba dejando extenuada fui capaz de adivinar que mi amante estaba a punto de buscar su éxtasis follándome el culo, me asusté y supliqué que no me hiciera daño, mientras se lo decía pensé que esa súplica significaba que me entregaba a todos sus deseos.

El primer contacto de su polla con mi agujero fue suave pero la penetración de un solo golpe se transformó en un latigazo que recorrió todo mi sistema nervioso que en cuestión de segundos se convirtió en una sensación de placer que descendía y aumentaba a cada mete y saca de la lanza que me estaba atravesando. Estaba entregada a la voluntad de Marcos que hacía conmigo lo que quería, entré jadeos gritaba preguntándome si quería más, yo sumisa le contestaba que sí y le rogaba que siguiera follándome hasta que él no pudiera más. Cada vez su pelvis golpeaba mis nalgas con más violencia y parecía que de un momento a otro su polla iba a perforarme las entrañas. Se hizo el silencio roto por el tenue murmullo de nuestra respiración, ambos quedamos inmóviles durante unos segundos y noté que mis entrañas se estaban inundando de líquido caliente que las llenaba dando la sensación que un momento a otro me haría reventar.

Durante los últimos momentos no había llegado a sentir ningún orgasmo pero me sentía compensada por haber provocado en Marcos un placer que sus gestos demostraban le había satisfecho. Continuamos inmóviles durante toda la descarga hasta que ambos rendidos por el cansancio nos dejamos caer sobre el colchón, volví a acariciar su pecho pues sentía placer solamente por rozarlo con la palma de mi mano, coloqué la cabeza en su abdomen y besé como gesto de agradecimiento su pene que descansaba totalmente flácido entre sus muslos.

Estaba tan relajada que no era consciente que el tiempo pasaba, rodeada por aquellos fuertes brazos estaba en la gloria hasta que volví a la realidad y asumí que todo había terminado, a mi lado Marcos dormía y orgullosa pensé que había sido capaz de agotarlo hasta la extenuación, por un momento mi autoestima creció pero enseguida fui consciente que lo ocurrido podría suponer problemas en mi vida. Me vestí evitando no hacer ruido, me mojé la cara para eliminar cualquier resto de semen que pudiera tener, volví junto a Marcos y tuve la sensación que dormía profundamente, deseaba besarlo pero no me decidí a hacerlo, abandoné el apartamento cerrando la puerta con cuidado de no hacer ruido.

Ya en la calle me propuse no pensar en lo ocurrido, caminé casi una hora hasta llegar a casa, abrí la puerta y como siempre no había nadie, fui directamente a la ducha, me desnudé y dejé correr el agua por mi cuerpo, a mis pies la ropa que había llevado aquel día se estaba empapando, pensé en la alianza de casada, la busqué y me la puse. No me preocupaba nada, no tenía remordimientos y conseguí que en momento alguno mi marido me hiciera comentario sobre si estaba rara o me pasaba algo.

Ayer lunes pasé delante del apartamento donde viví lo relatado anteriormente, en el portal había colocado un cartel que anunciaba ?apartamento en alquiler? y un número de teléfono, seguí caminando y llegué al restaurante, nada más entrar el camarero me entregó un sobre con mi nombre escrito. Me apresuré a leer la carta que llevaba en su interior, a media lectura fui a esconderme en el lavabo y lágrimas como puños comenzaron a resbalar por mis mejillas, eran unas palabras escritas con una sensibilidad que me emocionó de tal manera que mi cuerpo se estremeció como si recordara en sus poros los momentos de placer vividos con el las había escrito.

Acaba con una post data y en ella me pedía que escribiera un relato describiendo todo lo que recordara de aquel momento y lo enviara a esta web. Cumplo tu deseo y solamente quiero decirte que agradezco su sinceridad al hacerme saber que al igual que yo tú también amas profundamente a otra persona. Siempre te recordaré.

Primera y unica vez en Relatos eroticos de Maduras (relatos eroticos )

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Relato porno: “Con amor, por primera vez.”

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junio 9th, 2013 >> Amateurs, Porno

Holanda, compañeros; hoy les voy a contar otra historia, pero esta es algo especial, no es como las anteriores, ya que en esta se incluye un elemento que no tienen las otras que les he relatado. En esta se funde la pasión, y el amor.

En las otras historias, solo disfrutaba de los momentos de placer que me daba Mery, pero nunca me había puesto a pensar en ella, como algo más que una simple amiga con ventaja. Así era como la miraba, como una amiga a la que yo le podía decir: “chúpamelo y trágate todo mi semen” y ella lo hacía, sin oponer resistencia. Pero, poco a poco, fui entendiendo que lo que realmente me unía a ella, no era solo la calentura, sino, más bien, que ella era mi complemento.

Después de un año y dos meses de haberlo hecho por primera vez con ella… y en mi vida, ya que ella me desvirgo, estábamos viviendo juntos, pero solo por costumbre y sexo, si sexo, mucho sexo, todos los días; con decirles que cuando estaba con su periodo, lo hacíamos anal y ni un problema. Pero esa relación no se basaba en nada más que eso.

Hasta que un día, cuando desperté ya que nuestra ventana daba a donde salía el sol y la cortina estaba entreabierta, sentí un tibio calor en un brazo y eso me despertó, pero lo que vi me ha dejado marcado hasta este día.
Ese rayo de sol iluminaba a Mery desde la cabeza hasta sus pies, cubierta únicamente por una delgada sabana de color blanco que reflejaba la luz del sol y la hacía ver angelical, era una visión de un ángel durmiendo en mi cama. Su rostro con sus ojos cerrados era especialmente bello ese día, como nunca la había visto y nunca me había dado el tiempo de contemplar con clama su rosto, sus pecas, unos lunares, pero todo tan bello y en armonía. La sabana, cubría el resto de su cuerpo, por lo que no tuve distracción y seguí contemplando su rostro y a medida que pasaba el tiempo, que probablemente serían un par de horas, me fui recordando, de las aventuras que habíamos vivido juntos en estos dos años, en como tuvo ella problemas con su familia por mi culpa y como ella me eligió a mí en lugar de ellos. Como me cuido, esa vez que estuve en cama con fiebre. Me acorde de cómo ella me demostraba su admiración, por las cosas que yo hacía. También recordé los malos momentos que ella debió soportar por malas decisiones mías y que no importara lo que yo hiciera, ella siempre estaba a mi lado. Con mi dedo índice acaricie su mejilla y mientras lo hacía, por mi mejilla comenzaron a rodar lagrimas por una extraña mezcla de sensaciones y emociones que por primera vez en mi vida estaba experimentando.

Ella despertó y al verme llorar, se asustó. ¿Qué te pasa?, me pregunto y yo tratando de calmarme le dije… “creo que te amo”… ella sonrió y acercó sus labios a los míos y suavemente los apoyo, comenzó a darme un beso tan delicado que hizo que se me irisara la piel, con una mano yo tomaba su carita y con la otra retiraba esa delgada barrera que cubría su cuerpo desnudo y comencé a tocar sus pechos, delicadamente, haciendo círculos como dibujando algo, con las gemas de los dedos, mientras me acercaba a su aureola, seguíamos en ese beso suave pero lleno de amor, no hacía falta meter toda la lengua o manosear bruscamente sus pecho… era todo lento, armonioso, suave, delicado, pero por sobre todo romántico.

Con mi dedo índice y pulgar derecho, cogí el pezón de su pecho izquierdo, suavemente lo apretaba y giraba y ella lo estaba disfrutando, retire mi boca de la suya y comencé a besar sus mejillas y luego comencé a besar su estilizado cuello, bese sus hombros y por fin llegue hasta sus pechos. Con mi lengua hacia círculos y comencé a mamar su pezón izquierdo y luego lo cambiaba por el derecho y así por otro rato, ya no sabía qué hora esa.
Mery me abrazo y volvimos a besarnos, esta vez éramos un solo cuerpo tan juntitos y apretaditos que estábamos, ella se recostó y yo sobre ella, con mi pierna derecha separe sus piernas y me puse en posición de ataque. No dejaba de besarla y de decirle lo hermosa que estaba, besaba su cuello, sus hombros y con mi mano izquierda recorría su cuerpo desde los pechos hasta los glúteos y los apretaba suavemente, se notaba que esta forma lenta y delicada de poseerla, le gustaba muchísimo; bien lo dice Ricardo Arjona, esto es la graduación: “cuando se incluye el amor”.
Comencé a penetrar con solo la puntita de mi pene y este jugaba en la entrada del placer y chapoteaba los líquidos que por ahí se encontraban, ella me abrazaba por la espalda y me hacía hacia ella para que mi penetración sea más profunda y eso hice. Comencé a bombear despacio y con ritmo suave, ambos iban subiendo de velocidad, como los gemidos de ella también iban subiendo de volumen. Su respiración se volvía mas agitada y cerraba con más fuerza sus ojos, yo también comencé a sentir como mis testículos trabajaban para su pronta descarga y mi respiración se volvió más agitada igual a la de ella, comencé a temblar cuando sentí que ella comenzaba a vibrar desde a dentro hacia fuera y un grito dejo oír, un grito de placer acompañado de temblores, gemidos y movimientos involuntario, pero junto con ella, yo estaba en lo mismo, depositando mi semen dentro de su vagina y sentía como eso le quemaba por dentro, ya que se revolcaba de placer. Esta era la primera vez que acabamos juntos y se sintió tan bien, fue una experiencia distinta y especial, desde entonces nos damos tardes enteras dedicadas a hacer el amor, aunque también seguimos teniendo sexo, ahora ya entendiendo la diferencia de esas dos cosas.

Me despido, amigos míos, pensé necesario contar esto, ya escribiré otras aventuras con Mery de cómo lo hemos disfrutado tanto esta vida, entre nosotros y con otras parejas… nos vemos pronto.

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Malena y Gabriel en Relatos eroticos de Maduras

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octubre 9th, 2013 >> Relatos Eroticos

Malena y Gabriel en Relatos eroticos de Maduras (relatos eroticos )

» Relato Erotico: Malena y Gabriel en Relatos eroticos de Maduras

Malena y Gabriel en Relatos eroticos de Maduras (relatos eroticos )

Este relato es de como tuve sexo por primera vez con una mujer madura; soy de México Distrito Federal.

Todo sucedió ya hace 6 años cuando la conocí en el chat de Terra; se llamaba Malena, era una mujer mayor, al menos para mí, yo tenía en ese entonces 17 años (aunque lo que sucedió y que voy a narrar ya me pasó a los 18), ella ya contaba con 39 cuando la contacté por el chat tenía miedo que me ignorara al ser yo menor, pero por algún motivo no lo hizo y pudimos conversar, después de unos minutos pregunté por su msn, a lo cual ella aceptó en darmelo, inmediatamente la agregué y de ahí en adelante comenzariamos a conocernos más.

Diario me conectaba para poder platicar con ella, trabajaba de mesera en un salon de eventos al sur de la ciudad, cerca del metro barranca del muerto, me contaba sobre sus aventuras en el trabajo, sus compañeros, sus labores, así como también de su vida personal, era una mujer separada con dos hijos, una mujer de 21 años y un hombre de 19, no muy productivos que digamos, dos ?ninis?, ni trabajaban, ni estudiaban, no hacían nada.

Conforme nos ibamos conociendo más nos adentrabamos en temas más personales e intimos, de vez en cuando tocabamos el tema del sexo, sin que ella se adentrara mucho, sin embargo si notaba cierto interés o curiosidad, yo le conté de como fue mi primera vez a los 15 años con un prostituta y luego a los 16 años con mi novia de la preparatoria, y de mi gusto por las mujeres que usan medias y lenceria sensual.

Ella me contaba que no podía estar mucho tiempo sin tener relaciones sexuales; desde que se separó de su marido había andado con varios, pero que no era el mejor sexo que digamos.

De vez en cuando me gustaba provocarla un poco para ver su reacción, tenía unas fotos que me habia tomado un día después de volver del gimnasio, no soy un modelo, soy delgado y marcado, nada espectacular pero agradable a la vista, en fin, en esas fotos aparecia con el torso desnudo, cuando se las mostraba ella solo reía y me decia que me veia bien, agregando que me veía yo muy jovencito….

El tiempo pasaba y yo seguia coqueteandole, y ella seguia con el juego, el tema del sexo siempre salia de alguna forma, repito, sin ser de forma vulgar ni adentrarnos mucho, pero se notaba su apertura hacia ese tipo de pláticas.

Después de un tiempo, por cuestiones del destino, me reencontré con mi ex-novia de la preparatoria, algo que me hizo alejarme del msn y con ello de Malena; ya casi no me conectaba y cuando lo hacía, Malena no estaba en línea.

Una vez que sí la encontré platiqué con ella; se notaba interesada en saber de mí y por qué no me había conectado. Le conté de mi reencuentro con mi ex novia; la noté tal vez un poco celosa, no lo se, pero me preguntaba si la queria mucho, que por qué regresaba con ella si no habia sido tan buena novia y aparte ya tenía una hija, de otro, y que si pensaría en ponerle los cuernos. A todo ello respondí de mala manera y realmente no queria saber más de Malena, no me habia agradado su forma de cuestionarme.

Durante mi regreso con mi ex-novia me di cuenta de que realmente ya no la queria como antes, y se habia convertido en una mujer mentirosa y convenciera (creo realmente siempre lo fue) decidí alejarme de ella para mi bien, lamento por su hija porque sinceramente si me estaba encariñando con ella.

Me sentía molesto, enojado conmigo mismo por lo sucedido, pero al mismo tiempo me sentia libre y decidí que volvería a buscar a Malena y la haría mía, tal vez solo para demostrarme a mi mismo que podia estar con quien yo quisiera.

Regresé a mi rutina de conectarme diario al msn, sin embargo ella no aparecía hasta que una noche casi a la media noche la vi conectarse, inmediatamente le escribí y ella no tardó en responder, me preguntaba como habia estado y le comenté sobre lo que me había pasado con mi ex-novia. Recibí un ligero regaño de su parte, el cual acepté, aunque de no muy buena gana, pero también me dijo que le daba gusto que volvieramos a encontrarnos y platicar de nuevo.

No tardamos en volver a sacar el tema sexual, ella me preguntó si en otra ocasión volvería a acostarme con mi ex-novia a lo cual dije la verdad, un rotundo no, pero agregué que me gustaría mucho volver a estar con alguien y le confesé que simpre habia tenido la curiosidad de estar con alguien mayor que yo. Inmediatamente me preguntó mis motivos y solo le dije que era una fantasía que queria cumplir, que las mujeres mayores se me hacen mucho más sensuales y atractivas, y que seguro podría aprender mucho más teniendo sexo con alguna, ella solo reía con mis respuestas.

Noté como mi confesión le habia dado curiosidad, ya que en platicas posteriores ella me preguntaba si ya habia encontrado alguna madura con quien tener relaciones; le decía que aún no, pero que conocía a alguien con quien me gustaría hacerlo, claro, sin decirle que era ella a la que me quería coger.

Un día decidí decírselo directamente; me conecté y ella estaba ahí. Platicamos un poco y le dije:

= hay una mujer con la que queria acostarme, es mayor pero no se si ella quiera

+ tu pregúntale y ya?, ¿qué puede pasar??.

Lo pensé por última vez y dije:

= eres tu Malena, me gustaria estar contigo, quiero hacer el amor contigo.

Se quedó sin contestar por unos minutos, bastantes a mi parecer en esos momentos, creí que no escribiría más.

+ ¿porqué??, ¿porqué yo??, si no nos conocemos realmente.

= quiero estar contigo porque siento que nos llevamos bien, porque tienes apertura conmigo para hablar de sexo y porque siento que a ti también te gustaría.

+ pero soy muy grande para ti

= eres exactamente lo que quiero, alguien mayor, que me enseñe, que disfrute conmigo

+ ¿pero y si ya en persona no te gusto?

= ¿qué vas a hacer manana? ¿tienes trabajo? me gustaria verte

+ no, no tengo trabajo… pero no lo se

= anda, vamos a vernos y platicamos ya en persona, nos decidimos….. ¿qué dices?

+ no lo se, tengo que pensarlo….

= no pierdes nada, si no te gusto o no quieres no te preocupes, ahí dejamos el tema

+ ¿dónde nos veríamos??

= me dices que trabajas por barranca del muerto… ¿te quedaría plaza loreto?

+ si, si me queda… pero, ¿estás seguro?

= sí, quiero verte, ¿aceptas?

+ está bien?, nos vemos a las 9 de la mañana, afuera de la plaza, ¿está bien??

= esta perfecto…….. oye, ¿puedo pedirte algo??

+ ¿qué pasa??

= me gustaría que fueras vestida con una falda, medias y zapatos bonitos…

+ jajajaja, tú y tu atracción por las medias….. Está bien?, veré que tengo.

= gracias, ahí te espero, me voy a dormir ya para estar listo mañana, duerme rico.

+ ok descansa.

Esa noche me dormí totalmente excitado y pensando en lo que pasaria al siguiente día; tenía ganas de masturbarme pero no queria desperdiciar energía, por si algo sucedía con Malena.

Desperté muy temprano y tomé un rico baño, me vestí con una bonita camisa, pantalón de vestir y zapatos negros. Me puse perfume y me dispuse a salir a mi encuentro.

Llegué al lugar acordado unos 10 minutos antes; estaba un poco fresca la mañana pero era bastante agradable. Me senté en una banca fuera de la plaza a esperar. El tiempo se me hacía eterno. Pasaban ya de las 9:15 y ella no llegaba; pensé que no aparecería y tenía decidido irme en unos minutos más.

Un par de minutos después la vi acercarse: era una mujer un poco pasadita de peso, no muy alta, pero me agradaba lo que veía, y más porque en verdad iba vestida como le habia pedido. Vi sus piernas enfundadas en unas medias color natural. ¡Inmediatamente comencé a sentir excitación al ver que habia cumplido con mi pedido!.

+ ¡hola?, como estás?!

= bien gracias, pensé que ya no venías

+ perdón, es que se tardó en pasar el camión, pero bueno, ya estoy aqui.

Se notaba un poco apenada, nerviosa, ella traía una rosa en la mano.

= que bueno, me da gusto verte y por fin conocerte en persona, quieres sentarte?

+ si claro.

= ¿y esa rosa?

+ la tomé de uno de los centros de mesa del trabajo, me gustó y pues me la llevé a mi casa, quise traerla conmigo hoy.

= está bien, y que tal ¿como me ves?

+ te ves bien, ¿te vestiste así para verme?

= si, quería verme bien

+ pero estás muy chiquito?, hasta te ves más chico que mi hijo…, ¡podrías ser mi hijo!.

= ¡claro que no?!, me veo así pero no soy tan chico?, ¡acabo de cumplir mis 18?!, ¡ya soy mayor de edad?!, ¡me tienes que festejar?!.

+ ¡Ah bueno?!, pero?, de todas maneras?, ¡te ves más chiquito que mi hijo?!, hasta me das un poco de ternura.

= pero?, ¿te agrado??,

+ pues sí?, sí?, eres guapo?, eres un guapo kaliente?, ¡pero aún estas muy chiquito…, muy jovencito?!.

Durante toda esta plática ella jugaba con la rosa que traía y comenzaba a quitarle los petalos

+ bueno, que hacemos

= pues como te dije ayer, me gustaría que hicieramos el amor

+ ¡ay niño….!, ¿y si te invito a desayunar?, ¿ya desayunaste?

= ya, muchas gracias, mejor yo te invito a otro lado, tu y yo solos, ándale, ¿no te gustaría??

+ pero eres un bebé?, estás muy jovencito?, no lo se….

Me acerqué a ella e intenté besarla, no se movió pero no respondió al beso…

+ eres un bebé, ay mi niño…. ¿estas seguro?

= estoy muy seguro, anda vamos.

Malena terminó de quitar todos los petalos de su rosa, se le veía timida y más nerviosa; tiró todos los pétalos al suelo:

+ ¡está bien?, vamos?!.

Yo no cabia de alegría y excitación; creo ya se notaba en los pantalones que mi pene comenzaba a endurecer.

Abrí la puerta de mi carro para que subiera; subí y nos dirigimos a un hotel que yo conocía.

En el camino ibamos platicando de cualquier cosa. En un semaforo aproveché para acariciarle su rodilla. ¡Sentir las medias me excitó mucho!. Le pregunté si le molestaba y dijo que no, entonces, en el resto del camino seguí acariciando su rodilla y muslo, sin atreverme a adentrarme más dentro de la falda.

Llegamos al hotel (hotel castillo para los curiosos) y pedí la habitación; ella aún se mostraba timida y apenada.

Subimos las escaleras, abrí la puerta del cuarto y entramos. La abracé y me correspondió el abrazó. La besé timidamente en los labios y esta vez sí me respondió.

Al sentir su respuesta me animé más y la besé más apasionadamente. Le acariciaba sus labios con la lengua hasta que los abrió y nuestras lenguas se acariciaron un rato.

Cerré las cortinas, prendí una pequeña luz y volvimos a besarnos. Comenzó a desvestirme; comenzó por la camisa, botón por botón. Luego la camiseta, el cinturón… En ese punto me separé de ella, me quité mis zapatos y calcetines, desabroché mi pantalón y lo dejé caer: quedé en boxers, negros, ajustados, se veía mi verga dura, queriendo salir.

Ella se acercó y retiró mi bóxer: ¡quedé completamente desnudo ante ella!. Tomó mi pene y comenzó a acariciarlo. Me dijo al oído:

+ “¡mmm?, grandote?, como me gustan?!”.

Ella lo acariciaba; yo le besaba el cuello, la oreja, los labios.

Me puse a sus espaldas; le acariciaba su cuerpo por encima de la ropa, le arrimaba la verga en las nalgas, Le dije:

= ahora te toca a ti.

Metí mis dedos entre su cintura y la falda y tiré de ella. Quedó su culo al aire. Vi su calzón, de encaje, blanco, a través de las pantimedias que llevaba. ¡Eso me excitó!, me excitó mucho.

Mientras le restregaba el pene directo en el culo cubierto con las medias, le acariciaba y quitaba la blusa, le besaba la nuca. Ella solo se dejaba hacer.

Quité su blusa y su brasier. Le tomé las tetas con ambas manos: ¡eran grandes!, aunque un poco colgadas. Sus pezones eran muy grandes y ya estaban duros.

Se separó de mí, se volteó, nos besamos. La empujé a la cama y cayó de espaldas, dejando las piernas colgadas.

Verla así, tumbada en la cama, con las piernas semi abiertas, con su calzón blanco, sus medias y sus zapatos aún puestos, me puso aún más cachondo.

Me hinqué en el piso, la jalé un poco para que sus nalgas quedaran en la orilla de la cama y comencé a lamerle sus muslos por encima de las pantimedias.

Fui subiendo hasta llegar a la zona de su sexo: percibía su aroma, ¡un aroma fuerte!. Lamí todo lo que podía, ella disfrutaba, me acariciaba el cabello y me preguntó:

+ “¿no que no sabías?. Igual y hasta tú me enseñas algo el día de hoy”

Levanté la vista, la vi a los ojos y reí. Dejé su sexo para seguir subiendo. Besé su barriga, su ombligo; llegué a sus tetas, las lamí, las mamé, le mordí suavemente los pezones: ella ya gemía suavemente

+ “¡qué rico, mi bebé?, me gusta, aaayyy?, qué rico?!”

Ella solo acariciaba mi cabeza y mi espalda; mi pene se rozaba con sus piernas.

Nos besamos de nuevo; me empujó para quedara yo de espaldas. Se levantó y se retiró sus medias junto con su calzón, quedando completamente desnuda, mostrando todo su cuerpo, su intimidad, cubierta de una mata de vello negra.

Vi sus calzones blancos, tirados: ¡estaban mojados?!. No se si por la lamida anterior que le di o por su excitación tan tremenda que ya tenía; ¡seguramente por ambos!.

Ahora fue ella la que se hincó y me pidió que me acercara a la orilla de la cama. Me senté en la orilla del colchón, tomó mi pene y comenzó a mamarlo: ¡era una maestra en el arte de mamarlo!, ¡nunca había sentido tal gozo!. Se lo metía todo en la boca, sentía su saliva, su lengua, su calor. Se lo sacaba, lo lamía de arriba a abajo, de abajo a arriba, ¡me lamía los huevos?!, ¡qué ricura?!, ¡era la primera mujer que me lo hacía!.

Los lamía muy rico: se metía uno en la boca, jugaba con él, lo liberaba y tomaba el otro. Yo reía un poco, ya que me causaba cosquillas, pero eso sí?, ¡mucho placer!.

Volvía a lamer mi pene: se lo metía. ¡Así estuvo unos buenos minutos?, minutos deliciosos:

= lo mamas muy rico, Malena

+ ¿te gusta??. ¿Porqué te ríes??.

= es que?, me gusta mucho, pero?, es que?, también me dan cosquillas?, pero?, ¡no te detengas?, eres una experta?, eres una linda?!.

+ es que?, me gusta tu pene, está grande y sabe rico…, ¡todo un jovencito…!.

(Aclaro: no tengo muy grande mi miembro, lo normal, 17 cm, pero a ella le parecía muy grande, o al menos eso me decía para mi ego)

= ¿quieres que te la meta??.

+ ¡sí?, ya?, ya quiero ver cómo se siente?!.

Malena dejo de mamarla, se levantó y me empujó para que quedara recostado de nuevo; yo seguia en la orilla, con las piernas colgando. Se montó en mí y ya iba a meterse mi verga cuando la detuve:

= ¡no?, espera?, sin condón no (muy precavido yo)!. ¿Me pasas uno??, están en la bolsa de mi pantalón.

Malena se levantó, tomó la caja y me la dio; saqué un condón y me lo puse.

+ ¡ahora sí, mi bebé?!.

Se volvió a montar en mí, de rodillas. Cada una de sus piernas a cada lado mio, ¡bien abierta!. Yo veía sus pelos íntimos, sus tetas colgando.

Agarró mi pene, se levantó un poco y lo dirigió a su entrada: ¡oh Dios?, quéeee maravilla?!. Se dejó caer lentamente hasta llegar al fondo: ¡sentía su calor?, sus jugos mojando mi pelvis!. Comenzó a moverse, de arriba a abajo, de abajo arriba, muy lentamente, sintiendo la penetración. ¡Yo también la sentía toda!. No apretaba mucho, ¡pero se sentía rete rica!.

Poco a poco aceleraba el sube y baja, sus tetas se bamboleaban, yo las acariciaba, se las apretaba; le apretaba sus nalgas, le daba nalgadas, ¡sentía sus pelos rozarme!. Ella se movia a la velocidad adecuada, ni muy lento, ni muy rápido; ¡ambos gozábamos!, y sus jugos no dejaban de humedecer su cuevita.

Era tanto el movimiento, que al estar en la orilla el colchón comenzó a moverse, a salirse de la base; yo, con un pie, me recargué en una de las paredes para detenernos y no caer. Seguíamos cogiendo, pese a ello. Subía y bajaba, se movia en círculos. El cuarto olía a mujer, ¡olía a sexo!.

Así seguimos hasta que vimos que no tardariamos en caernos. Nos detuvimos, muertos de risa; nos levantamos y acomodamos el colchón, nos dimos un beso en la boca y regresamos de nuevo a la cama.

La tiré en la cama, igualmente, sus nalgas en la orilla, yo de pié. Tomé sus piernas, las abrí y las cargué con mis brazos. Apunté mi verga a su vagina y de nuevo comenzamos a coger: ¡se la sacaba toda y se la volvía a clavar!. Ella gemía más duro, no gritaba, pero sí era más fuerte que antes.

Tuvo un orgasmo: lo supe porque sentí cómo se mojaba más todo. Sentí como mis piernas escurrian sus líquidos y?, ¡sus gemidos y respiración eran más que notorios!.

Seguí metiéndole la polla, ¡duro?!, ¡cada vez más duro!. Se escuchaban los chirridos de la cama, desbaratándose; se escuchaban los gemidos de ambos y sus nalgas chocando con mis muslos: ¡era puro sexo?!, no hacíamos el amor?, ¡estábamos cogiendo!: un jovencito hambriento de mujer madura, y una madura con mucho tiempo sin coger, sin sentir una verga adentro: ¡ahora la tenía?, la tenía muy adentro?, y era la de un jovencito?!.

Tras otro orgasmo más, ya se le notaba cansada:

+ mi bebé?, déjame descansar un rato, pequeño?, aaayyy?, ¿no te has cansado??.

= ¿tan pronto te cansaste Malenita??

+ es que?, tú resistes mucho?, ¡mi esposo y mis parejas nunca me duran tanto!.

Bajé la velocidad de las embestidas hasta quedar quieto dentro de ella; me dejé caer sobre su cuerpo. Su respiración seguia agitada. Le saqué la verga y me acosté a su lado, le mamé y acaricié un poco las tetas, la besé y le dije:

= “¿quieres comértela otra vez??”

Ella no dijo nada, solo se arrodilló entre mis piernas, sobre la cama; me quitó el condón y empezó a mamar, de la misma forma tan deliciosa que antes: mamaba el pene, los huevos, me lamía toda la zona. ¡Era todo un placer!.

Tras unos buenos minutos de deliciosa mamada sentí mi eyaculación venir y:

= ¡aaayyy?, qué rico lo haces?, sigue mamando?!.

+ ¡estás muy rico, mi bebé?!.

Mientras hablaba, Malena me masturbaba, para que siguiera gozando.

= ¡así Malenita?, así?, uuuyyy?, me vengo?, ya?, me vengo?!.

+ ¡pues ya vente mi niño?, ya vente?, déjalo salir?!.

Malena no alcanzó a metersela de nuevo a la boca; justo se estaba agachando cuando solté mis chorros de semen, que cayeron en su cara y su cabello.

+ ¿te gustó, mi bebito??

= ¡sí?, mucho?, eres una experta mamando?!, perdón por mancharte.

+ ¡no te preocupes?, ahorita me limpio!.

Malena se levantó y fue al baño por papel para limpiarse.

+ ¡la próxima vez me dejas probarlos?!.

= ¡claro que sí?, te los voy a dar en la boca!.

Nos recostamos y nos quedamos dormidos. Al despertar ya era tiempo de dejar la habitación. Nos vestimos; le pedí que me regalara sus medias para tener su recuerdo. Me las entregó.

Antes de que terminara de vestirse le pedí que si se las podía pasar por su sexo; se rió un poco pero lo hizo rápidamente, se las pasó de una manera maliciosa y cachonda y me las entregó. Las olí y las guardé.

Pasé a dejarla donde la había visto esa mañana; quedamos en vernos en el msn para seguir platicando y tal vez repetir lo de ese día.

Malena y Gabriel en Relatos eroticos de Maduras (relatos eroticos )

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La inquilina y mi esposa en Relatos eroticos de Dominación

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febrero 22nd, 2014 >> Relatos Eroticos

La inquilina y mi esposa en Relatos eroticos de Dominación (relatos eroticos )

» Relato Erotico: La inquilina y mi esposa en Relatos eroticos de Dominación

La inquilina y mi esposa en Relatos eroticos de Dominación (relatos eroticos )

Rocío, nuestra inquilina, había descubierto que durante casi un mes la habíamos drogado para saciar nuestras sucias necesidades pero una vez con las pruebas de nuestro delito en su mano, decidió dar la vuelta a la tortilla y convertirnos en sus juguetes.

Una muestra clara de lo que nos esperaba en sus manos, fue lo que ocurrió nada mas informarnos de que conocía como noche tras noche y aprovechando que estaba inconsciente, entre mi esposa y yo nos la habíamos follado.

-Puta, desnúdate para mí- le exigió a mi esposa.

Maite, que no se había acostumbrado a ese cambio de papel, tardó en reaccionar por lo que la morena ejerciendo su nuevo poder, se levantó y le desgarró su vestido con las manos. Mi mujer intentó taparse pero nuestra inquilina se lo impidió dándole una sonora cachetada.

-Me has hecho daño- se quejó tocándose la adolorida mejilla.

Roció, soltó una carcajada al responderle:

-¡Mas te voy a hacer si no me obedeces!- tras lo cual terminó de despojar a mi esposa de su ropa.

Juro que me excitó ver la indefensión de mi pareja pero en ese momento no me atreví a decir nada y por eso mantuve un silencio cómplice mientras esa muchacha la desnudaba. Maite, completamente abochornada, se quedó quieta mientras la morena le quitaba el tanga. Casi desnuda y con un coqueto sujetador como única vestimenta esperó con el rubor cubriendo sus mejillas su siguiente paso.

Rocío al verla sin bragas, pasó uno de sus dedos por los pliegues de su sexo y mirándome, me dijo:

-Tu esposa es una zorra. Todavía no he hecho uso de ella y ya está cachonda y alborotada-.

Una tímida sonrisa fue mi respuesta. La andaluza comprendió que no iba a defender a Maite y dándole la vuelta, le quitó el sujetador. Una vez totalmente en pelotas, cogió los pechos de su víctima entre sus manos y me los enseñó diciendo:

-Menudo par de pitones tiene esta perra. Se nota que será una buena sumisa porque casi no la he tocado y ya está verraca-.

Aumentando la vergüenza de mi mujer, le pellizcó los pezones mientras le susurraba que era una guarra. Maite suspiró al notar la acción de los dedos de la morena sobre sus areolas y sin dejarme de mirar, gimió de deseo. La morena entonces se apoderó de los mismos con su lengua y recorriendo los bordes rosados de su botón, los amasó sensualmente entre sus palmas. Mi señora, incapaz de contenerse, suspiró mientras intentaba parecer fría ante ese ataque.

Si pensaba que esa actitud le serviría de algo, se equivocaba porque Rocío hizo caso omiso de ella y de un empujón, la sentó sobre la mesa del comedor.

-Abre tus piernas, puta. Quiero que el cerdo de tu marido disfrute de la visión de tu coño mientras te lo como-, ordenó bajando su cabeza a la altura del pubis de la mi mujer.

Desde mi posición, pude observar que Maite se estaba excitando por momentos. No solo tenía los pezones erectos sino que se notaba que la humedad estaba haciendo aparición en su sexo. La morena al notarlo le separó las rodillas y sacando la lengua empezó a recorrer sus pliegues.

-Ahhh- suspiró mi esposa.

Rocío, encantada con su poder, aceleró las caricias mientras torturaba los pezones con sus dedos. Pude ver que luchando contra el deseo, mi señora apretaba sus manos y con la cara desencajada, de sus ojos brotaban unas lágrimas. Sin apiadarse de su víctima, la andaluza metió dos dedos en el interior del coño de mi amada, la cual empezó a retorcerse buscando su propio placer.

-Te gusta, ¿Verdad? ¡Guarra!- gritó al comprobar que el sexo de mi mujer aceptaba con facilidad dos dedos y queriendo forzar aún mas su dominio, le preguntó: -¿Crees que te cabra mi mano?

Maité, al oír lo que se proponía, se zafó de su acoso e intentó huir pero entonces la morena, dirigiéndose a mí, me ordenó:

-Tráemela otra vez.

No pude negarme. Si esa zorra iba a la policía con el video donde me la había follado después de drogarla, hubiese ido a la cárcel por lo que cogiendo a mi mujer en mis brazos, la devolví encima de la mesa.

-Sujétala y que no se mueva- me soltó riendo.

Comportándome como un auténtico bellaco, inmovilicé a mi esposa mientras la morena la violaba metiéndole tres dedos en su interior. Los gritos de dolor lejos de cortarla, la motivaron aún más y haciendo caso omiso de los mismos, le metió un cuarto dedo.

-¡Por favor!- chilló Maite al sentir su sexo a punto del desgarro.

Disfrutando de la faceta de estricta domina, Rocío pellizcó duramente los pezones de mi mujer mientras le decía:

-¡Cállate, puta!. ¡Bien que te reías mientras tu marido me violaba!

Al recordarle el motivo por el cual nos tenía en sus manos, hizo que se quedara callada y quieta, momento que la morena aprovechó para incrustarle el quinto dedo. Con lágrimas en los ojos, chilló de dolor pero temiendo la reacción de esa muchacha, esta vez no intentó huir. Mas excitado de lo que me gustaría reconocer, observé la cara de lujuria que nuestra inquilina puso al intentar meter por completo su palma en el interior de mi amada.

Tras varios intentos fallidos, por fin, completó su objetivo y una vez conseguido ni siquiera esperó a que su víctima se acostumbrara y con autentico sadismo comenzó a golpear su vagina. Maite al sentir el puño de la andaluza en su interior, gimió completamente descompuesta.

-¡Te lo ruego, déjame! ¡Te juro ser tu fiel esclava!- chilló en busca de su compasión.

Rocío al escuchar su entrega, le soltó:

-Todavía no te enteras. ¡Eres mía!- y recalcando su dominio, me obligó a darle la vuelta.

Juro que no supe que se proponía hasta que teniéndola a cuatro patas sobre la alfombra, vi que la morena cogía un cinturón y usándolo sobre mi esposa, empezó a castigar sus nalgas.

-¡No! ? gritó al sentir la dura caricia del cinturón en su trasero.

Aterrorizado pero incapaz de defenderla, soporté el ver como nuestra inquilina azotaba una y otra vez a mi mujer. Solo cuando ya tenía el culo casi en carne viva, paró y dirigiéndose a mí, me dijo:

-¡Quiero ver cómo le das por culo!

De `plano me negué, al sentir que era demasiado el castigo que estaba sufriendo Maite. Estaba a punto de enfrentarme con esa zorra cuando escuché que mi señora desde el suelo me decía:

-Haz lo que te ordena nuestra ama-

Sin saber qué hacer, me la quedé mirando y al observar que desde la alfombra me sonreía y que sin esperar a que esa puta sádica repitiera su amenaza, con sus dos manos se separaba las nalgas, no pude hacer otra cosa que arrodillarme a su lado.

Estaba recogiendo parte de su flujo para untar su ojete cuando la maldita inquilina me gritó:

-Directamente. No lo lubriques. ¡Esa zorra no se lo merece!

Quise protestar pero Rocío uso el cinturón sobre mi espalda para obligarme a obedecer. Juro que debí responder a su agresión enfrentándome con ella pero el escozor de ese latigazo, contrariamente a lo que había supuesto, me excitó y sin mediar queja alguna, forcé la entrada trasera de mi mujer con mi pene.

Afortunadamente el ano de Maite estaba habituado a ser forzado porque de no haber sido así el modo tan bárbaro con el que la penetré le hubiese provocado un desgarro.

-¡Dios!- aulló al sentir su ojete mancillado.

La morena disfrutando de nuestra sumisión se rio al comprobar la cara de sufrimiento de sus dos nuevos juguetes y tras un minuto sin hacer otra cosa que mirar cómo le daba por culo, se acercó a mí y poniéndose a mi espalda, me separó mis propias nalgas mientras me decía:

-Luego es tu turno.

Tras lo cual introdujo uno de sus dedos en mi ojete. Nunca nadie había hollado ese agujero por lo que al descubrir que era virgen, esa zorra se descojonó de mí, avisándome de que iba a ser lo primero que ella hiciera. Contra toda lógica, el notar su yema jugueteando en su interior me calentó y reiniciando con mayor énfasis mis penetraciones, seguí machacando el trasero de mi esposa.

Maite, que era ajena a que su marido estaba siendo violado analmente por los dedos de su inquilina, recibió con gozo ese asalto y con la respiración entrecortada, nos informó que estaba a punto de correrse.

Su confesión fue un error porque al oírla, la morena tiró de su melena y prohibiéndola correrse, me obligó a sacársela.

-Límpiala.

Habiendo cortado su calentura, mi esposa tuvo que usar su boca para retirar los restos de mierda que embadurnaban mi miembro, tras lo cual, la andaluza nos obligó a seguirla hasta su cama. Una vez en su habitación, la muy zorra nos demostró nuevamente que había preparado a conciencia nuestro castigo porque abriendo un cajón sacó dos juegos de esposas, con los que nos ató al cabecero.

Una vez con nosotros dos inmovilizados, se desnudó y apagando la habitación, se durmió.

Lo que en teoría iba a ser nuestro primer día de sumisos, se convirtió en algo mucho mejor.

Como os imaginareis pude dormir más bien poco, atado, desnudo y sin saber que iba a ser de mí, me pasé la noche en vela. Ya eran más de las diez cuando la zorra de la andaluza, se levantó y olvidándose de mí, le quitó los grilletes a mi mujer tras lo cual le obligó a acompañarla al baño.

Como estaba la puerta abierta pude ver cómo se sentaba en el wáter y mientras Maite permanecía arrodillada a sus pies, se ponía a mear. Una vez liberada su vejiga, cogió a mi esposa y le obligó a limpiar los restos de orín con la boca, tras lo cual se metió a duchar.

Una vez hubo terminado, salió del baño envuelta en una toalla y cogiendo una bolsa de un rincón, salió con mi mujer de la habitación dejándome solo tirado en el suelo. No llevaba ni cinco minutos fuera cuando vi que mi inquilina volvía.

Asustado, creí que con su vuelta iba a empezar mi suplicio, cuando sentándose en la cama, me preguntó:

-¿Te gustaría llegar a un acuerdo conmigo?

-Depende- contesté aún sabiendo que tenía poco margen de maniobra. Fuera lo que fuese lo que esa morena me iba a proponer, comprendí que iba a tener que aceptarlo.

-Puedes ser compañero o por el contrario mi juguete- respondió con voz dulce mientras me quitaba las esposas.

-No te comprendo. ¿A qué te refieres?

Descojonada, ni se dignó a contestar y todavía estaba pensando en ello, cuando escuché que se abría la puerta. Al mirar quien entraba, no me costó reconocer que era Maite la que se acercaba. Mi mujer venía vestida como una sumisa de libro. Ataviada con un arnés hecho de correas de cuero, parecía una actriz de una película erótica.

Supe entonces lo que esperaba de mí cuando vi a mi señora arrodillarse a mis pies y decirme:

-Amo, vengo a presentarme. Tal y como he acordado con mi dueña, no debe considerarme su mujer sino una propiedad. A partir de ahora, cumpliré las ordenes de los dos sin quejarme.

Obligada por las circunstancias, Maite había aceptado se nuestra sumisa y aunque comprendía los motivos que le había llevado a ello, me sorprendió ver en sus ojos un brillo que bien conocía:

?¡Está cachonda! ¡Le pone bruta ser una sumisa!? exclamé mentalmente al asimilar su significado.

Todavía no me había repuesto de la sorpresa cuando escuché a Roció decir:

-¿Qué respondes? Aceptas que entre los dos adiestremos a esta puta o por el contrario, tendré que ocuparme yo sola de vosotros dos.

-Sin lugar de dudas, acepto.

Mi hasta hacía unos segundos amada esposa no pudo reprimir su satisfacción y pegando un suspiro, se agachó frente a mí diciendo:

-¿Desea mi amo que le sirva?

-No, zorra ?contesté- antes quiero que veas como me follo a una verdadera mujer.

La reacción de Rocío no se hizo esperar y despojándose de la toalla, se lanzó a mi lado. Verla desnuda y deseando mis caricias fue algo que no me esperaba y sin dudarlo la acogí entre mis brazos.

-¡No sabes cómo deseo sentir tu polla dentro mío!- me dijo la mujer que hasta hacía unos momentos pensaba que iba a ser mi torturadora.

-No tardaras en sentirlo- contesté pegándola a mí.

La muchacha me respondió con una pasión arrolladora y pegando su cuerpo al mío, dejó que la acariciara. Mis manos al recorrer su trasero descubrieron que tenía un culo duro y bien formado. No me hizo falta su permiso para pasar mi mano por su entrepierna. Mis dedos completamente empapados dieron fe de la excitación que dominaba a esa cría y llevándoselos a la boca, la obligué a probar su porpia excitación mientras le decía:

-¿Qué hacemos con nuestra esclava?

Descojonada, contestó:

-¡Qué mire!

Desde el borde de la cama, Maite nos miró con una mezcla de deseo y envidia. Sabiendo lo que esa mujer necesitaba y olvidando a mi esposa, susurré en su oído:

-Eres una putita pervertida.

-¡Habló el que viola a mujeres drogadas! ? respondió mientras con sus manos acomodaba mi pene entre sus piernas.

-Ahora va a ser mejor- contesté mientras me metía en su interior.

Rocío gritó de satisfacción por la violencia de mi estocada pero no hizo ningún intento de separarse, al contrario, tras unos segundos de indecisión se empezó a mover buscando su placer. Lo estrecho de su sexo dio alas a mi pene y tomándola de sus pechos, comencé a cabalgarla. Dominada por la lujuria, la muchacha me rogó que la tomara sin compasión. Cada vez que la cabeza de mi glande chocaba con la pared de su vagina, berreaba como loca, pidiendo más. Su completa entrega elevó mi erección al máximo y cambiándola de postura, la puse a cuatro patas.

Al verla en esa posición, recordé que nunca me había atrevido a usar su culo no fuera a ser que al día siguiente se diera cuenta y por eso tras darle un sonoro azote, le pregunté:

-¿Te han follado alguna vez por detrás?

-No- contestó- pero ahora te necesito en mi coño.

Satisfecho por su respuesta, la volví a penetrar mientras de reojo veía a mi mujer masturbándose por la escena. Olvidándose de su papel de sumisa, estaba dando rienda suelta a su lujuria al verme con otra.

-Sigue, ¡que me encanta!- protestó la morena al notar que aminoraba mi ritmo.

La calentura de las dos mujeres era tal que comprendí que a partir de ese día, iba a tener que satisfacer a ambas y por eso concentrándome en ese instante, decidí pedir ayuda a la que se había conformado con ser nuestra esclava:

-Cómele los pechos a tu ama.

Ni que decir tiene que Maite, se lanzó sobre las tetas de esa muchacha sin protestar y ella al sentir que eran cuatro manos, dos bocas y un pene los que la estaban amando no pudo evitar pegar un grito de satisfacción. Buscando un punto de apoyo, me agarré a los dos enormes melones que la naturaleza le había dado.

Ese nuevo anclaje, permitió que mis penetraciones fueran más profundas y con mis huevos rebotando en su sexo, me lancé a un desenfrenado galope. Rocío, convertida en mi montura, convulsionaba cada vez que sentía a mi glande chocar contra la pared de su vagina. Fue entonces, cuando al sentir que estaba a punto de explotar, le mordí el cuello.

Es difícil de expresar su reacción, sollozando, gritó que nunca la dejara de follar así. Su absoluta entrega fue la gota que le faltaba a mi pene para reventar y esta vez, fui yo quien rugió de placer sentir que regaba con mi simiente su interior. Ella al advertir mi orgasmo, se desplomó en la cama mientras todo su cuerpo no dejaba de agitarse con los últimos estertores de su rendición.

Al quitar mi miembro de su interior, Maite tomó mi lugar y como posesa, se dedicó a beberse el semen con el que había llenado el sexo de la morena. Esa mamada inesperada, prolongó el éxtasis de Rocío hasta límites nunca sospechados y solo tras una serie de orgasmos consecutivos, separó a mi mujer y abrazándose a mí, me dijo:

-Dile a esa puta que prepare mi culo, quiero que vea como me lo desvirgas.

No tuve que decírselo, mi amada esposa al oírlo pegó un grito de alegría diciendo:

-Ahora mismo, me pongo a ello- tras lo cual separando las nalgas de su ama, sacó la lengua y empezó a relajar ese rosado esfínter.

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