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Agua bendita en Relatos eroticos de Infidelidad

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septiembre 24th, 2013 >> Relatos Eroticos

Agua bendita en Relatos eroticos de Infidelidad (relatos eroticos )

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Agua bendita en Relatos eroticos de Infidelidad (relatos eroticos )

Mientras tomamos el café pienso en cómo he mentido a mi marido, diciéndole que nunca había estado con otros hombres. Para qué se lo voy a contar si no tuvo importancia, ahora pienso que no lo tuvo , pero cuando ocurrió sí me afectó.
Lo de Bea es otra historia , fuimos los dos los que tuvimos que estar con ella. Es Pablo el que comenta: – ?Ha mandado un mail que vendrá la semana que viene?-
-?Pues ya puedes hacer una provisión de pastillas que no es lo mismo cumplir con una con la que estás todos los días, que con dos. ¿ Crees que vendrá con hambre atrasada??- – ?Creo que no, ahora anda con uno de cincuenta que la debe dar caña. Pienso que viene por cariño, porque le apetece estar con nosotros?-
Pero lo del otro hombre ocurrió antes, bastante antes.
Hay que vivir lo que vivimos entonces, no soy una puta, pero…era joven y atractiva, junto a un ambiente que se cargaba de erotismo.
Estudié con Bea informática, una técnica que empezaba, me volví a quedar en estado, tuve otro hijo. Y allí estaba con veintipocos y madre de dos criaturas.Seguía delgada pero los senos habían aumentado de los casi 85 había pasado a los casi 90.
La democracia había llegado a España y con ella la movida y el destape, un país reprimido se convirtió en un lugar cargado de libertad y erotismo.
A mí me salio trabajo en un banco , me vinieron a buscar, era de las pocas personas que sabía montar sistemas. A parte del sueldo, nos dieron un crédito estupendo con el que pudimos comparar el piso donde vivimos en Madrid. Pablo acababa de ganar las oposiciones a profesor de instituto, nos iba todo de color de rosa.
Para los jóvenes Enmanuelle no es nada, para mi generación fue un mito. Yo me daba un aire a Silvie Kristel, que acentuaba cortándome el pelo y vistiendo como ella. Estaba guapa y me lucía.
Bea se había casado con Juan, un hombre guapo, inteligente y encima rico Tenía una constructora que se dedicaba a la obra pública y a la vivienda, no era de las más grandes pero sí lo suficiente para tener pasta por tubo. Nos llevábamos bien. Enseguida tuvieron dos niñas, nos reíamos con casar a nuestros hijos cuando se hicieran mayores. Solíamos pasar cuatro días juntos de vacaciones, en su velero, liberales , tetas al aire, cada una con su chico, pero con el morbo de hacer el amor oyéndonos , mientras los pequeños quedaban con sus abuelos. Pudimos liarnos pero no lo hicimos.
Yo acababa de cumplir los treinta, a la vuelta de vacaciones, yo estaba morena, con ese dorado que se nos pone a las de piel clara. Había acudido a la oficina central con un vestido escotado, no mucho pero sí lo suficiente para que cuando me incliné para saludar al director de desarrollo, responsable de mi trabajo, él pudiera ver mis tetas sin sujetador, todas morenas, de hacer topless.
Me di cuenta que le ponía nervioso y me salió la vena perversa y coqueta que todas tenemos. Mientras hablábamos del trabajo del próximo trimestre, dejé que echara una buena visión a mis piernas y hasta jugué a que se empapara del paisaje de mis pequeñas braguitas. Yo estaba bien atendida sexualmente en casa, follaba con Pablo unas tres veces por semana, pero Antonio, con sus cuarenta seductores cargados de poder, se convirtió en una fantasía erótica.
Desde aquel día me encantaba seducirle, me vestía con cuidado cuando tocaba ir a verle, buscando estar atractiva e incitante. Yo le calentaba a él , pero yo también llegaba a casa caliente y jodía con Pablo que estaba feliz con los ardores de su mujer después de nueve años casados.
Llegó la fiesta de fin de año en el banco, era una cena con baile, yo no era jefa pero trabajaba en un tema importante así que me tocaba acudir. Elegí un smoking de seda negro con un top blanco, un collar de lapilazuli que me dejó Bea y unos pequeños pendientes a juego. Con los tacones altos de aguja estaba espectacular. Las mujeres , excepto la esposa del director general y el de sucursales, eran las secretarias de confianza. Había una intimidad a la que yo era ajena, la única profesional casi jefa común a casi todas las dependencias.
La mujer del director general, una rubia teñida en los cincuenta conocía a mi madre, estuvo dándome cháchara durante un buen rato hasta que empezó el baile. Creo que bailé con casi todos, por no decir todos, los hombres. Estaba pletórica, tanto que mis pezones se habían puesto duros como piedras. Llegaba la hora de retirarse, en un aparte, Antonio me dijo en voz baja:- ? Pilar, tengo un notición que darte. Yo estoy en la habitación 402. Pasa si quieres , pero que no te vea nadie. Es un secreto.?- Yo tenía que volver a casa, Pablo me esperaba con los niños, pero …hice que salía y me quedé en el hotel. Estaba bien caliente, me sentía una mujer capaz de cualquier cosa. El darme cuenta que había atraído a varios de los altos ejecutivos del banco, el aroma del poder, todo había influido en mi libido, así que antes de llamar a la habitación de Antonio, me quité el top, dejando sólo la chaqueta , cerrada sí, pero desnuda debajo.
Me abrió, me dio un beso en la mejilla, con sus labios casi rozando los míos, yo suspiré y entonces me abrazó, y me besó de verdad, pegándome a su cuerpo. Noté la polla dura contra mí. – ?¿Qué tenías que contarme??- dije al separarnos, la chaqueta se había abierto mostrando mi cuerpo desnudo con mis pechos y los pezones enhiestos prácticamente al aire. – ?Se va a crear la dirección de sistemas e informática y tu eres candidata. Hoy era una prueba para ver como te desenvolvías en el ambiente y que todos te fueran conociendo. Lo de la mujer del padre prior amiga de tu madre es un punto…..pero tienes que hacer buena letra los próximos meses.?- No lo pensé, me salió de dentro, las ansias de poder y dinero, el atractivo de Antonio, con su bronceado de golf y playa, sacó una puta que había en mí. Me quité la chaqueta, sólo en pantalones, me paré ante él y con un susurro seductor musité: – ?¿ Cómo de buena letra??- Se abalanzó sobre mí, sus manos , su boca recorría mi cara, mis pechos, totalmente loco. Yo estaba entregándome a una ola de lujuria que me llenaba….me vi en el espejo ?…una hembra a punto de ser devorada por el macho, no sé como fui capaz de decir: – ? No puedo…hoy no puedo….me están esperando mis hijos en casa. Tenemos tiempo …por favor?- Me separé de él, me miró con ojos de loco poseso, se agarró el bulto que deformaba sus pantalones. – ? Y ¿ con esto qué hago?….Me has puesto a mil. ?- – ? Hoy no puedo, es muy tarde, pero tenemos tiempo…..otro día..?- me sentí culpable de haberle puesto tan cachondo , me sentí una puta calientapollas- ?Anda , ven aquí. No te voy a dejar así, sería cruel?-
Mi experiencia de hacerle pajas a mi marido de novios me había convertido en una sabia masturbadora. Le saqué la verga, dura como una piedra y la meneé con habilidad, él estaba extasiado, cuando me di cuenta que iba a correrse , cogí un vaso ancho que había encima del tocador y lo enfilé a su glande, allí derramó su leche abundante. Mientras se quedaba temblando, me acerqué al frigorífico, saqué hielo y una botella de vodka y lo añadí a su semen. – ?Has oído de la leche de pantera, esto es leche de tigre?- bebí un trago después de remover con el dedo.- ? ¿ Quieres probarlo??- tomé otro sorbo, dejando un culo para Antonio. -?Qué puta eres…..me debes un polvo?- – ? Nos lo debemos…..otro día?- me puse el top, la chaqueta , el di un beso light en los labios, y salí. No había nadie de la empresa cuando cogí un taxi y me fui a casa. Pablo dormía tranquilo en la cama, llevaba sólo el pantalón del pijama. Me desudé, me acosté a su lado, busqué su verga en la bragueta abierta, la saqué y la acaricié hasta que se puso dura y mi marido despierto. – ?Ponte boca arriba?- le pedí, la polla apuntaba al techo, le cabalgué ardiendo hasta que me corrí, él tardó más que yo, así que seguí mi galopada ensartada hasta que se derramó en mí, tocándome el clítoris le acompañé en el estallido del placer. Llegaron las navidades y el fin de año, no vi a Antonio, el trabajo bajó con las fiestas. Después de Reyes sólo estuvimos juntos en una reunión, yo me veía cada día más directora. Juan nos propuso ir con ellos a Lisboa, tenía que ver unos terrenos y juntarse con una empresa portuguesa para intentar comprarla. Él tenía reuniones mientras Bea, Pablo y yo recorríamos la ciudad y sus alrededores, no juntábamos al anochecer para tomar una copa y cenar. Fue la última noche , tras volver del casino, cuando tomando una copa, Juan me dijo algo, que me sentó mal, francamente mal. – ?Pilar, Bea me ha contado que crees te están tanteando para ser directora. Sé que no te va a gustar lo que voy a decirte. NO LO VAS A A SER. Eres mujer, y además atractiva y su mundo es muy machista y no van a aceptar una directora mujer. ?.Es así, aunque parezca otra cosa….procura jugar hábil para que no te dejen con ese culo tan bonito al aire.?- – ? La verdad, Juan que tienes una lengua de víbora. Y te das una maña para joder ?..?- dijo Bea indignada – ?Maña para joder me doy y lengua de serpiente sí tengo y bien que te gusta cuando me bajo al pilón?-le contestó su marido- ? Pilar es mi amiga, sé como funciona estos asuntos y creo que le pueden hacer daño si pone muchas ilusiones. Pero vamos a dejarlo y vamos a ver cómo se me da eso de joder?- Nos separamos para ir cada cual a su habitación, yo me había quedado preocupada, Pablo tranquilo , sólo me comentó que no echara en saco roto la advertencia de Juan, él sabía de enseñanza pero nuestro amigo dominaba el mundo de las empresas, y al besarme mientras sus manos me acariciaban a través de la tela del vestido, me susurró- ? Me ha encantado eso de bajarse al pilón, podemos probar.?- No lo habíamos hecho nunca, a mi sólo me había comido el chocho Silvia, y en di cuenta que me apetecía un montón. – ?Me parece una idea perfecta. ¿ Quieres que me lo lave??- -? No, prefiero sentir su sabor después de un día , un sabor a hembra?- Me desnudé , él hizo lo mismo, no hubo ninguna caricia previa, los dos queríamos empezar de una manera fría, científica. Me tumbé en la cama, dejando las piernas fuera . Pablo se arrodilló entre ellas y sin más me agarró los muslos y acercó su boca a mi sexo. Fue una lamida lenta por toda la boca del coño, la repitió, lo volvió a hacer. Con la lengua aró mi chocho, y ahí empecé a disfrutar de verdad. Sus lamidas eran cada vez más rápidas, más profundas, yo gemía, y él había encontrado el ritmo de darme placer. La punta de su lengua entró entre mis labios íntimos tanteando el principio de mi vagina, jugó conmigo y yo estaba ardiendo. Soltó mis piernas y con dos dedos de una mano me penetró, con la otra dejó al descubierto mi clítoris, apenas lo besó tres veces me vine, pero siguió. Con los dedos dentro jugando como si fuera un pene siguió chupando y lamiendo mi botón rosado. No sé las veces que me vine, sólo que mis gemidos se habían convertido en gritos de placer y se levantó , cogió mis tobillos los puso en alto, me abrió y me la clavó. Su polla me llegó al fondo, agarré la sabana y la mordí, no podía más, sus embestidas era salvajes, yo seguía en un orgasmo volcánico cuando descargó su leche. Nos quedamos abrazado, sudorosos, felices. – ?Creo que necesito practicarlo más. A mi me ha gustado y ¿ a ti??.- – ?Cabrón casi me matas de gusto.? – fue todo lo que acerté a decir. Desde aquella noche en Lisboa, el comerme el coño se convirtió en una de nuestras actividades favoritas.Pablo siempre fue bueno aprendiendo , e igual que yo creo soy una buena mamadora de pollas , él es un sabio en comer coños. – ? ¿ Qué copa quieren??- nos pegunta el camarero sacándome de mis recuerdos. Dejo que elija mi marido, me apetece estar un poco bebida, me encanta verle, tan guapo, tan dulce, tan macho. – ?Dos gin tonic de Bombay?- sabe que me encanta. ¿Cómo pude ser tan tonta, tan ambiciosa, tan puta para engañarle?. Por que le puse los cuernos con Antonio . Sacábamos intimidad para meternos mano, él me besaba, me tocaba las tetas y el coño en cuanto nos quedábamos solos, yo le masturbaba, le ordeñaba con pajas rápidas que recogía en su pañuelo. No follábamos , no teníamos tiempo, ni donde, y quizás ese sexo sin penetración nos calentaba más, esperando ese polvo que ambos sabíamos nos íbamos a echar. ¿Qué me ocurría? Creo que fue una mezcla de hechos y circunstancias, por un lado los años que llevábamos de pareja , por otro la ambición profesional, estaba en juego una dirección en el banco, también el encanto del poder, Antonio era un hombre que mandaba, mi marido era un profesor de instituto, la crisis de los treinta, pero lo que creo me enceguecía era el saberme atractiva, deseable pese a mis dos hijos, el volver loco a un hombre y a Antonio lo tenía como a un perro en celo. Lo calentaba, lo pajeaba y yo acababa ardiendo. En casa follaba con Pablo como una posesa, con gran alegría por su parte, que no sabía el origen de mi cachondez. Teníamos una reunión de trabajo en Aranjuez, se juntaban los responsables de lo zona de centro del banco, me tocaba llevar la voz cantante, me encantó, eso de ser la diva que explicaba como debía desarrollarse los nuevos procesos que imponía el desarrollo informático. Acabó a las cinco de la tarde, había que volver a Madrid, yo había ido en el autobús de la empresa . Antonio de la manera más natural me propuso llevarme a casa en su coche. Yo había sido la protagonista de la reunión y era una forma de evitar que me volvieran loca en el viaje de vuelta. Pareció algo natural que no levantó sospechas. En el coche , yo le lucí las piernas enfundadas en medias negras dejando que la falda subiera a medio muslo, Antonio posó una mano sobre ellas, subiendo hasta el final acariciando la carne desnuda. Yo estaba mojada, y me di cuenta que él tenía una erección de campeonato. Deseaba follar, quería que me jodiera bien jodida, Antonio lo tenía claro, sabía lo que íbamos hacer desde hacía mucho tiempo. Antes de llegar a la capital entró en un hotel, el coche directo a un pequeño garaje privado, una escalera que llevaba a una puerta que daba paso a una habitación grande con una cama enorme. Uno frente al otro, sin tocarnos, todas las ganas se concentraron en nuestras miradas. – ?Quiero ver como te desnudas. Lo llevo esperando desde que te vi la primera vez?- me dijo sentándose en un sillón. – ?Tus deseos son órdenes .?- le contesté lujuriosa. Me quité despacio la chaqueta, me estiré para que me viera bien, después bajé la cremallera de la falda, solté el broche y con un golpe de cadera dejé que cayera al suelo. La camisa apenas cubría por debajo de la braga, luego la carne de mis muslos, las medias negras y los zapatos de tacón alto. Estaba en la gloría seduciendo a un macho lleno de poder , fui desabrochando la camisa al tiempo que me movía con un ritmo suave, de samba en mi mente. La abrí mientras me soltaba los puños, quería que me viera bien, volverle loco de deseo. Me la saqué echando el cuerpo hacia adelante y luego me quedé parada ante él. Con mi sexy ropa interior me sentía una tigresa ante su presa. Me di la vuelta para soltarme el sujetador, me tapé los senos con la manos y giré hasta quedar de nuevo frente a mi jefe , estaba sentado, con el cuerpo hacia adelante, feliz del espectáculo. Me acaricié las tetas un poco y luego jugué con los hombros para que viera su movimiento. Y comencé a bajarme las braguitas cuando llegaron a medio muslo las dejé deslizar al suelo. Y me quedé en cueros, con mis medias negras y mis tacones altos, ante su mirada que lamía mi cuerpo. Sabía lo que iba a hacer, me acerqué, me arrodillé entre sus piernas , le abrí la bragueta del pantalón, mi mano buscó y le saqué la polla tiesa como un palo. Sé que sé mamar una verga y aquel día me esmeré. Labios, dientes, lengua jugaron con su pija lamiendo, besando, mordiendo. Yo lo hacía bien, pero Antonio tenía su experiencia en dejársela chupar, quieto, siendo objeto, sólo gimiendo de placer, sin agarrarme la cabeza para que yo pudiera moverme bien. – ?Trágala? – me ordenó, no hacía falta, yo estaba deseosa de beber toda su leche. Y la soltó, me llenó la boca con su semen. Me separé poniéndome de pié. Hice que un poco de su esperma saliera de mis labios, deslizándose por la comisura de la boca, y sacando la lengua, golosa me lamí sus restos de pasión . – ?Estoy muy cachonda, ¿ quieres ver cómo me hago una pajita??- le dije ronroneante. No esperé su respuesta, mi mano derecha bajó a mi entrepierna y comencé a tocarme. Él se levantó sin dejar de mirarme y empezó a desnudarse. Yo me corrí antes de que él acabara, estaba a mil, pero seguí masturbándome. Tenía un buen cuerpo, con vello que agrisaba en el pecho poderoso, se notaba que dedicaba muchas horas al deporte, estaba moreno destacando el blanco de la zona que tapaba el traje de baño, y ahí la polla que volvía a levantarse. Se la agarró y la meneó buscando que se pusiera más dura. Pajeándonos los dos fui retrocediendo hacia la cama, la abrí de un tirón y me tumbé a lo ancho, abrí los muslos esperándole. No se hizo esperar. La metió de un golpe, yo estaba tan mojada que le fue fácil hacerla deslizar hasta lo más profundo de mí. Me llevó al paraíso del placer , me sometió a sus antojos, a su ritmo de embestidas posesivas, primero usándome como receptáculo de su verga que hizo que me fuera mientras me montaba en un acompasado galope y luego haciendo que yo me pusiera encima, guiándome con sus manos en mis caderas, haciendo que me moviera descansando una y otra de mis nalgas en él, de modo que su polla pegaba en uno u otro lado de mi vagina empapada. – ? Eres una potrita deliciosa?- dijo, tirando de mi cabeza para que me inclinara hacia adelante empotrada en su pija, mientras se metía un dedo en la boca sacándolo lleno de saliva. Ese dedo que tanteó mi trasero e introdujo en mi esfínter anal. Nadie me lo había hecho y dí un respingo. – ? Me encanta tu culo, tan estrecho, tan prieto?-me obligó a ponerme derecha con su dedo en mi interior- ?Y ahora tócate el coño. Y note muevas. Vas a saber lo que es bueno?- El hijo de puta me tenía loca, penetrada por delante y por detrás mientras mis dedos acariciaban mi clítoris, él llevaba el ritmo de la penetración con su pelvis. En sus ojos había una mirada de poder, de dominio, que me arrastraba hacia mi entrega total. Me llegó como un maremoto, fue un orgasmo que me arrasó, quedé tumbada sobre él, que siguió moviéndose hasta que se corrió. – ?Anda, ve a lavarte que se nos ha hecho tarde?- me temblaban las piernas cuando me levanté. Me lavé el coño, él se metió en la ducha, Me di cuenta que era suya, podía hacer conmigo lo que quisiera. – ?Dentro de un mes tenemos una reunión en Zaragoza para el desarrollo conjunto del programa informático del banco. Y ahí, Pilar, te voy a romper ese culito tan delicioso ?.Anda, acelera que hay que volver a casa?- Cuando llegué los niños estaban dormidos, Pablo había cenado, me había dejado un poco de tortilla de patatas, estaba buena, la devoré con una cerveza.Mi marido, encantador y dulce, me preguntó por la reunión, le dije que había sido un éxito y que dentro de un mes habríamos una puesta en común en Zaragoza, sería tres días. Dijo que había problema, que él se quedaría con los niños y que en todo caso su madre y la mía le echarían una mano. Me desarmó, le dije que estaba agotada y me acosté, me hice la dormida cuando llegó a la cama. Lo terrible era que no tenía remordimientos, había gozado como una perra en celo, me encantaba el poder de Antonio, cómo me usaba para su placer, quería a Pablo pero aquel polvo había sido diferente , entrar en un mundo de vicio que me encantaba. Hemos acabado el gin tónic, nos levantamos, nos despedimos diciendo que volveremos por la noche a pagar y a repetir las gambas, nos prometen un pulpito a la plancha con alioli para acompañar. Vamos de la mano, me gusta andar así con mi marido, dos personas que han vivido la vida juntos. – ? Sabes que a mi padre, no le acababas de gustar. Decía que eras muy flaca…..Coño , como canta Serrat, ?.claro que yo no necesito que te bañes en agua bendita..?- – ? Te quiero.?- le digo después de pararme a darle un beso en la mitad de la calle.

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Relato porno: “En un Bus camino al pueblo de Pica”

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noviembre 21st, 2013 >> Amateurs, Porno

Hola, este es mi primer relato, espero que les guste.
Por razones obvias no puedo decir mi nombre pero me pueden llamar Amante_iquique. Y si alguien alguna vez me quiere contactar lo puede hacer a: amante_iquique@live.cl y podremos charlar de cosas calientes. Bueno ahora paso a contarles lo que me paso un día que fui al pueblo de Pica, en la Región de Tarapacá en Chile.

Por motivos personales me vi en la necesidad de ir al pueblito de Pica y para eso tuve que abordar un bus en una hora donde parece que no tenía mucha demanda por lo que el bus estaba prácticamente vacío. Como es de costumbre cuando uno viaja en un bus casi vacío es de ir casi hasta el fondo para estar más tranquilo y dormir bien, no muy atrás, por si chocan por detrás así me salvo y no muy adelante por lo mismo, eso es algo que hago siempre, es solo precaución.

Hacía calor por lo que andaba con un pantalón corto y una polera blanca, me estaba dando sueño, cuando miro por la ventana del bus y veo, en una esquina de una calle de Iquique, a una muchacha con una mini y un peto que parecía actriz de una porno se veía tan rica que me calenté al segundo… como el bus estaba casi vacío di un vistazo rápido por mi alrededor y note que estaba solo en ese sector y comencé a bajarme el pantalón corto y procedí a pajearme en honor a esa chica que vi por la ventana, es que me calentó tanto que cuando me lo baje mi herramienta ya estaba paradita y dura como piedra; con movimientos lentos y prolongados me pajeaba como si mi mano fuera la boca de ella y la imaginaba desnuda frente a mí, me imaginaba como mi pene se perdía dentro de esa boca y como con sus ojos cerrados ella disfrutaba con mi parte intima, estaba tan caliente por la situación y tan excitado que con mis ojos cerrados comencé a sentir que ya mi semen comenzaba a recorrer ese camino a la libertad, sentí como un chorro grueso y espeso de leche blanca y caliente salía de mi pene y sin pensar en nada me deje llevar por ese placer indescriptible y no me importo que mi semen mojara el asiento de delante y también mojara mi polera y pantalón, es que me causo tanto placer que todo lo demás no importaba.

Algo más tranquilo abro mis ojos para ver por la ventana en que parte del desierto íbamos, cuando en la ventana veo un reflejo del rostro de una mujer… me asuste tanto… rápido giro mi rostro y veo que en la otra corrida de asiento de enfrente había una señorita mirándome… me sentí súper tonto y sentí como mi rostro se ruborizo por lo evidente ya que tal vez ella vio todo lo que hice, me subo rápidamente mi pantalón y trato de limpiar mi leche del asiento y mi ropa, pero era inútil, era viscosa y no lo lograba.

Lo tonto que me debí haber visto, hizo que ella se riera y me hiciera un gesto de ahueonao… eso, amigos míos es un chilenismo para decir huevon!.

Yo, aún rojo por la vergüenza, trate de mirar por la ventana, pero no podía ya que esa muchacha que me había visto pajearme quien sabe cuánto rato no me quitaba los ojos de encima. Ella era hermosa, de unos veinte años, con un par de tetas grandes con una polera con un escote que parecía que se arrancaban sus tetas por él y un jeans azul ajustado. De momento dejo de reírse y su rostro se transformó, le cambio de uno de mucho humor a uno de una mujer caliente y deseosa.

Pensé que se burlaría de mí, por lo que no le seguí el juego, pero ella se levantó de su asiento y fue al que estaba junto a mí y con una voz suave me dijo: “por qué te sonrojas”, fue divertido lo que vi, es más, lo que vi me gusto. Entonces ella se acercó y metió su mano en mi pantalón, mi pene estaba chiquitito por lo ocurrido; pero ella me dijo: vamos, yo sé que es más grande que eso. En mi polera aún quedaban unas gotas de semen que no se habían secado y ella sacando su lengua las tomaba con la puntita de esa sensual lengua y las metía en su boca, con eso lo tímido se me esfumo y mi compañero comenzó a endurecerse otra vez.

Me baje el pantalón y ella comenzó a darme un mamón tan rico que no recuerdo haberme excitado así en mi vida, era una experta. Con su lengua lamia todo el cuerpo de mi pene y cuando llegaba al glande con su puntita buscaba mi uretra y volvía a bajar y con su lengua hacia como abanico en la corona del glande y posterior a eso comenzaba a meter todo mi pene en su boca y seguía engullendo hasta que este estaba completamente dentro y allí comenzaba como a succionar eso nunca me lo habían hecho y me gustó muchísimo. Por su escote saco una de sus tetas, grandes con una aureola café claro y sin pezón, bueno, tenía un pezón minúsculo que yo rápidamente comencé a chupar a ver si con eso crecía. Eran unas tetas suavecitas y grandes, muy grandes.

Sin dejar de lamerme y chuparme mi pene ella comenzó a sacarse su pantalón y vi ese culazo que me volvió loco coronado con un colaless negro que por detrás era solo un hilo dental. Seguía chupando, pero ahora bajaba cada vez más y comenzó a succionar mis testículos, se metía los dos, luego uno y así por un rato, yo por mi parte corrí ligeramente ese hilo dental y comencé a meterle un dedo en su culo, lo que hizo de ella reaccionara gimiendo, lo que me dio más chance para ahora comenzar un mete y saca con mi dedo, lo lubricaba en su zorrita tan empapada y depilada como a mí me gustan. Luego agregue otro dedo, ya eran dos entrando y saliendo de su culo, por un momento libera mi pene de su boca y me dice: ¿me lo quieres meter por el culo? Y yo le digo: siiii… ella se levanta y mira cuidadosamente todos los asientos del bus y luego reclina mi asiento y con una maestría única se sienta sobre mi pene ya a punto de explotar de placer comienza un mete y saca lentito dando tiempo a que su culo se dilatara lo suficiente, ya que no tengo un pene de película porno por el largo o el grueso, pero tan chico tampoco es, solo son 17 cm de largo y 5 de ancho, yo creo que el promedio de los chilenos, así que ella siguió con su movimiento, su cuerpo húmedo por el sudor, pero suave, sus gemidos ahogados, sus jugos saliendo de su concha y empapándome los testículos, el aroma de ella y el movimiento que hacía, eran como yo puedo imaginarme el paraíso, con mis manos logre agarrar unos rollitos en sus cadera, pequeños pero lo suficiente para tomar el control de su cuerpo y hacer más profunda la clavada, así comencé a sentir como lo apretado de su culo se abría paso a mi pene dentro de ella, la sensación de presión en todo el cuerpo del pene y como el glande se abre camino dentro de ella es una lluvia de placer, que hacía que mi eyaculación estuviera a punto de solar esa leche caliente, pero parece que ella lo sabía también y en un movimiento ágil se desmonto y comenzó a chupar como si una serpiente me hubiera mordido y ella intentara sacarme el veneno, lo succionaba con fuerza y con una cara de puta complacida llena de placer pidiendo que le den lo que más le gusta; sentí algo desde mis pies que subía por mis piernas y que también venia de mis manos subiendo por mis brazo una descarga de sensaciones de placer que confluían todas juntas en mi vientre y pasaban a mis testículos y comenzó la descarga de semen más placentera de mi vida quería gemir pero no podía, no me salían palabras, y las vibraciones de mi cuerpo más bien parecían un ataque epiléptico y ella no dejaba de chupar, no permitía que ni una gota se perdiera, eso para ella, era el mejor manjar. Ella siguió chupando, tanto que comenzó a dolerme mi pene, pero era un dolor rico que algo me decía sácalo y otra cosa me decía déjalo, un dolor que hacía que mi cuerpo se moviese raro; por fin saca mi pene de su boca y con su lengua lame algunas gotas que tenía en sus labios, me mira con una cara de puta saciada y me dice: mmm que rico.
Después de vestirnos nos dimos cuenta que estábamos en Pozo Almonte y que quedaba la mitad del viaje aun.

Obviamente seguimos masturbándonos y culiando el resto del viaje, nos dimos nuestros números telefónicos y seguimos en contacto.

Esto paso en el mes de noviembre del año 2012.

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Primera y unica vez en Relatos eroticos de Maduras

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abril 22nd, 2014 >> Relatos Eroticos

Primera y unica vez en Relatos eroticos de Maduras (relatos eroticos )

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Primera y unica vez en Relatos eroticos de Maduras (relatos eroticos )

Mi nombre no tiene importancia, tengo 51 años, casada, dos hijos emancipados y dos nietos maravillosos, vivo en Bilbao, trabajo en una oficina desde hace más de veinte años, mi marido es ocho años mayor que yo y soy feliz a su lado pues siempre ha sido sincero conmigo y me ha dado todo lo que una mujer pueda desear. Aunque soy una mujer madura me conservo bien pues como soy muy activa hago bastante ejercicio, mis amistades suelen preguntarme cual es el secreto para mantener este aspecto tan joven.

Como he dicho trabajo en una oficina con horario de jornada partida y normalmente voy a un restaurante próximo donde habitualmente coincidimos los mismos clientes, entre ellos hay uno que siempre ha llamado mi atención, se trata de un joven que no aparenta más de 30 años, muy guapo y con aspecto de deportista. Siempre ocupa la misma mesa y está solo, cuando yo llego él ya toma el café por lo que coincidimos no más de diez minutos. Algunas veces he descubierto que tenía su mirada clavada en mí lo que me provoca cierto sonrojo, es tan guapo e interesante que alguna vez ha estado presente en mis sueños eróticos.

El jueves pasado cuando entré en el restaurante estaba completamente lleno, cosa no habitual y el camarero me dijo que debería esperar diez minutos máximo, el joven, Marcos, debió escuchar el comentario y enseguida se ofreció a compartir su mesa conmigo, después de dudar un momento acepté la propuesta. Tomé asiento y pedí la comanda al camarero, cuando le dije el postre Marcos me interrumpió para aconsejarme que pidiera arroz con leche pues estaba buenísimo, no me gusta pero como una tonta acepté el consejo.

El camarero volvió con mi primer plato y el café de mi acompañante, había intercambiado con él unas palabras para agradecerle su ofrecimiento y me sorprendió diciendo que hacía tiempo que deseaba compartir mesa conmigo, el comentario me resultó tan sorprendente que quedé muda. Siguió hablando que trabajaba como informático y era el último día que iba al restaurante pues había aceptado una oferta para trabajar en Sevilla que era su ciudad natal y ese fin de semana tenía previsto el traslado, le dije que si era por su bien me alegraba y agradeció el comentario con una amplia sonrisa.

A diferencia de lo que hacía habitualmente cuando terminó el café en lugar de marcharse continuó dándome conversación y como parecía una persona agradable yo le correspondía, de vez en cuando le observaba y cada vez me reafirmaba más en que era muy guapo, moreno con una cabellera color azabache larga y bien cuidada, ojos grandes y oscuros de mirada transparente, de su rostro muy proporcionado destacaba los labios carnosos que envolvían una dentadura blanca. Cuando acabé el café pedí la cuenta y él se ofreció a pagarla con la excusa que era su último día y deseaba tener ese detalle, después de una leve protesta cedí a su deseo, dándole las gracias con una sincera sonrisa.

Salimos del restaurante, llovía ligeramente, cuando creí que estábamos a punto de despedirnos preguntó hacia donde iba yo, le contesté y dijo que podíamos compartir durante unos minutos el trayecto pues coincidía durante un tramo. Caminábamos deprisa por la fina lluvia hasta que llegamos a un portal que estaba a cinco minutos escasos de mi oficina, pensé en despedirme pero me sujetó del codo diciéndome que esperara un minutos mientras subía a su piso a buscar un paraguas, le contesté que no me hacía falta pues no iba muy lejos y no llovía tanto.

Insistió y como me había dado muestras de confianza acepté proponiendo que no hacía falta que subiera y bajara sino que ya subiría yo y así sabría donde vivía para cuando llegara el momento de la devolución. Ya en el ascensor no dejó de mirarme y me hizo sentir acalorada. La puerta del ascensor se abrió en la quinta planta, le dije que esperaría en el rellano mientras iba a buscar el paraguas, abrió la puerta del piso y entró, segundos más tarde apareció con el paraguas que puso en mis manos. Le di las gracias insistiendo que se lo devolvería y contestó que me lo quedara como recuerdo de nuestro breve encuentro además de que en Sevilla apenas lo necesitaría.

Cuando llegué a la calle ya no llovía y el cielo se abría paso entre las nubes, tras unos segundos indecisa apreté el timbre del quinto primera, la voz de Marcos pregunto quién era y contesté que ya no llovía, se abrió el portal y fui directa al ascensor. Marcos esperaba en el rellano, hice intención de devolver el paraguas y lo rechazó alegando que era un regalo pero como había vuelto a subir me invitaba a tomar un café, sin dudarlo acepté, me cedió el paso y hasta que no escuché el golpe de la puerta cerrarse a mi espalda no fui consciente que mi comportamiento resultaba inmaduro por encontrarme a solas en casa de un extraño que había conocido escasamente una hora antes.

Era un piso pequeño, tipo estudio de una sala que acogía la cocina, una mesa con cuatro sillas, un tresillo y en un rincón una cama individual cubierta por un edredón. En las paredes colgaban vitrinas y estanterías llenas de libros, trofeos deportivos y sobre un mueble metálico había un pequeño televisor y unos altavoces. En el suelo se amontonaban cajas de cartón con el nombre de una empresa de mudanzas. Marcos me invitó a tomar asiento y mientras hacía los cafés se disculpó por el desorden con la excusa de la inminente mudanza. Le miré y observé que se había cambiado de ropa, llevaba puesto un pantalón de deportes y una camiseta de tirantes bastante ceñida. Tenía un cuerpo escultural, la musculatura sin ser exagerada se le dibujaba en brazos y piernas y como estaba de espaldas aprecié que su culo no tenía nada que envidiar a los modelos que anunciaban colonias en televisión

Se acercó y puso la taza de café entre mis dedos, aprecié el aroma del café mezclado con el olor de la colonia que llevaba puesta, por un momento tuve su abdomen tan cerca de mí rostro que pude apreciar que era liso como una tabla de planchar, una sensación extraña invadió mi cuerpo como si cientos de mariposas revolotearan en mí estómago. Se sentó junto a mí, bebió el café en dos sorbos y yo acabé el mío en uno solo, se incorporó y llevó las tazas a la zona de la cocina, regresó y tomó asiento de nuevo pero esta vez tan junto a mí que sus muslos rozaban levemente los míos y a pesar de que yo llevaba puestos unos tejanos tuve la sensación que su piel y la mía estaban en contacto.

Intenté disimular mí excitación y lo debió notar porque preguntó por qué estaba nerviosa, balbuceando contesté que no lo estaba y para disimular le dije que necesitaba ir al baño, me señaló la única puerta que había en la sala y allí me dirigí. Como el resto del estudio estaba muy limpio y perfectamente ordenado, cuando iba a mojarme la cara pensé que llevaba maquillaje, el espejo reflejaba mi rostro, lo observé durante unos segundos, me vi guapa y noté que los ojos brillaban de una manera especial, llevé las manos a mis pechos y los noté duros pudiendo distinguir claramente los pezones a pesar de llevar puesto un jersey de lana, en ese momento noté humedad entre mis piernas, era leve pero me sorprendió de tal manera que quedé petrificada. Bajé la cremallera del pantalón y mis dedos rozaron la tela de las bragas, no había duda de que estaban algo húmedas y evité buscar una explicación

Me quedé inmóvil y algo asustada, no sabía como reaccionar, jamás había pasado por ese trance, hacía casi veinte y cinco años que estaba casada y nunca había deseado a un hombre que no fuera mi marido, éramos felices y jamás había tenido la mínima tentación de sentir placer con otro que no fuera él. Es verdad que algunas veces me masturbaba pensando en hombres jóvenes que había visto en anuncios de colonia por televisión pero entre mi marido y yo no existían tabús, cuando hacíamos el amor el único límite que nos poníamos era el del respeto mutuo y estaba convencida que era imposible que alguien fuera capaz de hacerme sentir como lo hacía mí marido. Pensé que no tenía sentido entregarme a un desconocido porque no podría darme algo que el hombre al que amaba no me hubiera dado antes.

Debía llevar mucho tiempo dentro del baño porque escuché la voz de Marcos preguntando si me ocurría algo, contesté que ya salía, me recompuse la ropa, me quité el anillo de casada, lo puse en un bolsillo y salí decidida a entregarme a un hombre joven que me tenía totalmente subyugada. Salí del baño y me senté junto a él tan cerca como pude, preguntó si no era hora de volver a la oficina, como no llevaba el móvil pedí que me dejara el suyo. Dije a una compañera que aquella tarde no iría a trabajar y si alguien preguntaba por mí dijera que estaba cerrando la contabilidad trimestral en una empresa. Cuando Marcos escucho la mentira debió pensar que ya era suya porque sin miramiento alguno estampó sus labios contra los míos.

Todo fue muy rápido, nuestras lenguas se juntaron y luchaban entre sí para ver quién de los dos llegaba más al fondo del otro, me pareció una lengua extraña pero no tarde en acostumbrarme a ella. Mis dientes mordían los carnosos labios que en mis sueños eróticos habían sido objeto de deseo. Sentí que una mano se abría sitio entre mi vientre y el jersey, fue directa a uno de los pezones que comenzó a acariciar y pellizcar suavemente. Asumí que no había vuelta atrás, me estaba entregando a un joven cas desconocido y me propuse no volver a recordar a mi marido mientras durara todo aquello.

Marcos decidió abandonar mí boca y llevó la suya a mis pechos, sus dientes rozaron el pezón que no acariciaba y después de un suave mordisco comenzó a succionarlo como si intentara conseguir que manara leche, chupaba como un bebe a la espera de llenar la boca de néctar maternal, yo misma me quité el jersey y saqué el sujetador para hacerle más fácil la mamada. Con una mano busqué su entrepierna, levanté la goma del pantalón y no tardé en notar la dureza de su pene que acogí ávida de tenerlo a la vista, no era ni más grande que el de mi marido pero si más firme y duro. Mis primeras caricias de arriba abajo hicieron que Marcos temblara mientras con sus manos intentaba quitarme mi pantalón, tuve que incorporarme y fui yo quien lo hizo quedándome totalmente desnuda. Sin tiempo a reaccionar sentí su boca estrellándose contra mí entrepierna y su lengua separando mis labios vaginales.

Fue una sensación extraña a pesar de que era habitual en mis relaciones con mi marido, sin usar las manos abrió la vagina y la llenó con la lengua moviéndola de forma continua alternando con suaves mordiscos en los labios vaginales, todo ello me hizo comprender que a pesar de su juventud estaba sobrado de experiencia, mis manos ahora acariciaban alternativamente su cabeza y su espalda y a cada sensación de placer clavaba las uñas con intención de producirle dolor, su piel era suave como la de un bebé y la ausencia de bello me producía una sensación desconocida. Los primeros síntomas de un orgasmo se acercaban, segregaba líquido vaginal sin parar y ahora ya notaba claramente como mis muslos se empapaban, Marcos a lo suyo apenas reaccionaba cuando me estremecía y le clavaba las uñas en la espalda. Mi descontrol era absoluto y sentía próximo el momento definitivo de éxtasis.

Comencé a temblar y una ola de frio me invadió, el sudor resbalaba por mí piel, jadeaba y respiraba entrecortadamente, Marcos me observaba orgulloso por haber provocado en mí aquel momento de éxtasis, generosamente me dio un respiro que agradecí dirigiéndole una mirada que pretendía hacerle saber que me entregaba para lo que deseara, se incorporó y disfruté de la visión de su cuerpo escultural tan diferente al de mi marido.

Todavía estaba abatida pero sedienta de compartir placer con aquel joven cuando debió pensar que ya le tocaba disfrutar, me cogió entre sus brazos y me llevó hasta la cama, me tumbó boca arriba, abrió mis piernas y su polla penetró mi cuerpo sin contemplaciones, fue como si me atravesara una lanza, el golpe seco de sus testículos contra mis muslos me hizo comprender que no podía llegar más a fondo, el mete y saca se hizo constante y volvía a tener síntomas de la llegada de un nuevo orgasmo. Mis piernas cruzadas abrazaban su espalda intentando juntarme aún más a su cuerpo. Se movía a un ritmo pausado y los huesos de su cadera golpeaban mí pelvis, yo susurraba que no parara y él obediente se movía a su antojo encima mío metiendo y sacando la polla con una agilidad a la que no estaba acostumbrada.

El sudor de ambos se mezclaba en uno solo, mis manos recorrían su espalda y buscaban las nalgas duras empujándolas contra mi cuerpo, su piel era tan suave que mis manos deslizándose por ella me producía una sensación que muchos años antes había dejado de tener y que algunas veces había pensado que jamás volvería a tener.

Me encontraba a punto de correrme de nuevo cuando Marcos paró súbitamente, hincó sus rodillas en la cama y puso su pene entre mis pechos, los agarró con ambas manos y comenzó a moverse de delante a atrás cada vez más rápidamente, el glande de la polla me golpeaba la barbilla con tal fuerza que me hacía daño, yo quería compensar a mi amante por el placer que me había dado momentos antes, Marcos ponía ímpetu en su movimiento, su pene tenía un color rojizo y el glande de color rosado brillante poco a poco iba cogiendo color violeta. Por los gestos de su cara creí que estaba a punto de correrse, cogí su polla con una mano y la aproximé a mi boca que abrí tanto como pude, levantó algo su cuerpo y le pajeé a ritmo frenético hasta que un chorro de semen se estrelló en mí rostro, yendo a parar en parte dentro de la boca. Al primero le siguieron otros que golpeaban mi rostro nublándome la visión, fue una sensación extraña que me hizo recordar tiempos pasados cuando mi marido y yo éramos jóvenes. Cerré los ojos y pasados unos segundos la tela de una toalla húmeda me acariciaba la cara, no me había dado cuenta que Marcos había ido al cuarto de baño a buscarla.

Era tal mi excitación que estaba ansiosa por sentir más placer y reaccioné buscando la polla que lamí hasta hacer desaparecer el color blanquecino que la envolvía, Marcos, tumbado miraba el techo y se dejaba hacer, mis lametones provocaron que su polla volviera a endurecerse y creí llegado el momento de sentarme sobre ella para cabalgar en busca de nuevos momentos de placer. Él entendió mi propósito pues facilitó que lo montara y al primer intento insertó su polla en mi coño. Recordé que esta postura era la favorita de mi esposo que tenía costumbre de agarrarme las tetas mientras le cabalgaba, conscientemente agarré las manos de Marcos y las llevé a mis pechos, reaccionó como yo pretendía y mis pechos sintieron su fuerza sobre ellos. El tacto de aquellas manos era muy diferente a las otras que habitualmente me oprimían pero me daba lo mismo, incluso estas me daban más placer porque eran muchísimo más suaves. Me movía a un ritmo lento mirando el rostro de Marcos satisfecho por lo que le estaba haciendo, yo comenzaba a sentir signos de placer que de un momento a otro estallaría en una cascada de gusto, volvía a tener la vagina lubricada el pene que me penetraba resbalaba suavemente por su interior, mis manos se apoyaban en los pectorales de Marcos, aumenté el ritmo del movimiento, el hombre que tenía debajo sudaba y resoplaba y yo hacía lo mismo que él pero además dejaba ir alaridos esforzándome por no decir las palabras que habitualmente decía a mi marido en esas mismas circunstancias, intenté retrasar un poco más el momento culminante pero el roce de la polla con mi clítoris era tan constante que no pude evitar correrme provocando una inundación de jugos vaginales por las dos zonas pélvicas de ambos amantes.

Me dejé caer sobre la cama pensando egoístamente que todo había terminado pues estaba totalmente extenuada, pero Marcos no pensaba igual, levantó mí cuerpo de la cama, me hincó de rodillas, se colocó a mi espalda y no tardé en entender lo que se proponía hacer, no puse objeción alguna a sus deseos pues estaba ansiosa de sentir su leche regando mis entrañas, se hizo amo de mi vagina y sentí su pene entrar y salir deslizándose suavemente en mi interior, a cada penetración el gusto crecía según pasaban los segundos, sus testículos golpeaban mis nalgas, su pecho aplastaba mí espalda, sus manos apretaban mis caderas hacía él y su lengua recorría una y otra vez mi nuca que de tanto en tanto mordía o succionaba, entre jadeos le supliqué que no me dejara señal y su respuesta fue aumentar todavía más la fuerza de sus dientes sobre mi piel.

Una de sus manos acarició mi entrepierna dándome la sensación que recogía jugos y poco después noté que varios dedos entraban tímidamente en mi ano y con un movimiento circular lo masajeaban, a pesar de la sensación continua de placer que me estaba dejando extenuada fui capaz de adivinar que mi amante estaba a punto de buscar su éxtasis follándome el culo, me asusté y supliqué que no me hiciera daño, mientras se lo decía pensé que esa súplica significaba que me entregaba a todos sus deseos.

El primer contacto de su polla con mi agujero fue suave pero la penetración de un solo golpe se transformó en un latigazo que recorrió todo mi sistema nervioso que en cuestión de segundos se convirtió en una sensación de placer que descendía y aumentaba a cada mete y saca de la lanza que me estaba atravesando. Estaba entregada a la voluntad de Marcos que hacía conmigo lo que quería, entré jadeos gritaba preguntándome si quería más, yo sumisa le contestaba que sí y le rogaba que siguiera follándome hasta que él no pudiera más. Cada vez su pelvis golpeaba mis nalgas con más violencia y parecía que de un momento a otro su polla iba a perforarme las entrañas. Se hizo el silencio roto por el tenue murmullo de nuestra respiración, ambos quedamos inmóviles durante unos segundos y noté que mis entrañas se estaban inundando de líquido caliente que las llenaba dando la sensación que un momento a otro me haría reventar.

Durante los últimos momentos no había llegado a sentir ningún orgasmo pero me sentía compensada por haber provocado en Marcos un placer que sus gestos demostraban le había satisfecho. Continuamos inmóviles durante toda la descarga hasta que ambos rendidos por el cansancio nos dejamos caer sobre el colchón, volví a acariciar su pecho pues sentía placer solamente por rozarlo con la palma de mi mano, coloqué la cabeza en su abdomen y besé como gesto de agradecimiento su pene que descansaba totalmente flácido entre sus muslos.

Estaba tan relajada que no era consciente que el tiempo pasaba, rodeada por aquellos fuertes brazos estaba en la gloria hasta que volví a la realidad y asumí que todo había terminado, a mi lado Marcos dormía y orgullosa pensé que había sido capaz de agotarlo hasta la extenuación, por un momento mi autoestima creció pero enseguida fui consciente que lo ocurrido podría suponer problemas en mi vida. Me vestí evitando no hacer ruido, me mojé la cara para eliminar cualquier resto de semen que pudiera tener, volví junto a Marcos y tuve la sensación que dormía profundamente, deseaba besarlo pero no me decidí a hacerlo, abandoné el apartamento cerrando la puerta con cuidado de no hacer ruido.

Ya en la calle me propuse no pensar en lo ocurrido, caminé casi una hora hasta llegar a casa, abrí la puerta y como siempre no había nadie, fui directamente a la ducha, me desnudé y dejé correr el agua por mi cuerpo, a mis pies la ropa que había llevado aquel día se estaba empapando, pensé en la alianza de casada, la busqué y me la puse. No me preocupaba nada, no tenía remordimientos y conseguí que en momento alguno mi marido me hiciera comentario sobre si estaba rara o me pasaba algo.

Ayer lunes pasé delante del apartamento donde viví lo relatado anteriormente, en el portal había colocado un cartel que anunciaba ?apartamento en alquiler? y un número de teléfono, seguí caminando y llegué al restaurante, nada más entrar el camarero me entregó un sobre con mi nombre escrito. Me apresuré a leer la carta que llevaba en su interior, a media lectura fui a esconderme en el lavabo y lágrimas como puños comenzaron a resbalar por mis mejillas, eran unas palabras escritas con una sensibilidad que me emocionó de tal manera que mi cuerpo se estremeció como si recordara en sus poros los momentos de placer vividos con el las había escrito.

Acaba con una post data y en ella me pedía que escribiera un relato describiendo todo lo que recordara de aquel momento y lo enviara a esta web. Cumplo tu deseo y solamente quiero decirte que agradezco su sinceridad al hacerme saber que al igual que yo tú también amas profundamente a otra persona. Siempre te recordaré.

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Mi nombre no tiene importancia, tengo 51 años, casada, dos hijos emancipados y dos nietos maravillosos, vivo en Bilbao, trabajo en una oficina desde hace más de veinte años, mi marido es ocho años mayor que yo y soy feliz a su lado pues siempre ha sido sincero conmigo y me ha dado todo lo que una mujer pueda desear. Aunque soy una mujer madura me conservo bien pues como soy muy activa hago bastante ejercicio, mis amistades suelen preguntarme cual es el secreto para mantener este aspecto tan joven.

Como he dicho trabajo en una oficina con horario de jornada partida y normalmente voy a un restaurante próximo donde habitualmente coincidimos los mismos clientes, entre ellos hay uno que siempre ha llamado mi atención, se trata de un joven que no aparenta más de 30 años, muy guapo y con aspecto de deportista. Siempre ocupa la misma mesa y está solo, cuando yo llego él ya toma el café por lo que coincidimos no más de diez minutos. Algunas veces he descubierto que tenía su mirada clavada en mí lo que me provoca cierto sonrojo, es tan guapo e interesante que alguna vez ha estado presente en mis sueños eróticos.

El jueves pasado cuando entré en el restaurante estaba completamente lleno, cosa no habitual y el camarero me dijo que debería esperar diez minutos máximo, el joven, Marcos, debió escuchar el comentario y enseguida se ofreció a compartir su mesa conmigo, después de dudar un momento acepté la propuesta. Tomé asiento y pedí la comanda al camarero, cuando le dije el postre Marcos me interrumpió para aconsejarme que pidiera arroz con leche pues estaba buenísimo, no me gusta pero como una tonta acepté el consejo.

El camarero volvió con mi primer plato y el café de mi acompañante, había intercambiado con él unas palabras para agradecerle su ofrecimiento y me sorprendió diciendo que hacía tiempo que deseaba compartir mesa conmigo, el comentario me resultó tan sorprendente que quedé muda. Siguió hablando que trabajaba como informático y era el último día que iba al restaurante pues había aceptado una oferta para trabajar en Sevilla que era su ciudad natal y ese fin de semana tenía previsto el traslado, le dije que si era por su bien me alegraba y agradeció el comentario con una amplia sonrisa.

A diferencia de lo que hacía habitualmente cuando terminó el café en lugar de marcharse continuó dándome conversación y como parecía una persona agradable yo le correspondía, de vez en cuando le observaba y cada vez me reafirmaba más en que era muy guapo, moreno con una cabellera color azabache larga y bien cuidada, ojos grandes y oscuros de mirada transparente, de su rostro muy proporcionado destacaba los labios carnosos que envolvían una dentadura blanca. Cuando acabé el café pedí la cuenta y él se ofreció a pagarla con la excusa que era su último día y deseaba tener ese detalle, después de una leve protesta cedí a su deseo, dándole las gracias con una sincera sonrisa.

Salimos del restaurante, llovía ligeramente, cuando creí que estábamos a punto de despedirnos preguntó hacia donde iba yo, le contesté y dijo que podíamos compartir durante unos minutos el trayecto pues coincidía durante un tramo. Caminábamos deprisa por la fina lluvia hasta que llegamos a un portal que estaba a cinco minutos escasos de mi oficina, pensé en despedirme pero me sujetó del codo diciéndome que esperara un minutos mientras subía a su piso a buscar un paraguas, le contesté que no me hacía falta pues no iba muy lejos y no llovía tanto.

Insistió y como me había dado muestras de confianza acepté proponiendo que no hacía falta que subiera y bajara sino que ya subiría yo y así sabría donde vivía para cuando llegara el momento de la devolución. Ya en el ascensor no dejó de mirarme y me hizo sentir acalorada. La puerta del ascensor se abrió en la quinta planta, le dije que esperaría en el rellano mientras iba a buscar el paraguas, abrió la puerta del piso y entró, segundos más tarde apareció con el paraguas que puso en mis manos. Le di las gracias insistiendo que se lo devolvería y contestó que me lo quedara como recuerdo de nuestro breve encuentro además de que en Sevilla apenas lo necesitaría.

Cuando llegué a la calle ya no llovía y el cielo se abría paso entre las nubes, tras unos segundos indecisa apreté el timbre del quinto primera, la voz de Marcos pregunto quién era y contesté que ya no llovía, se abrió el portal y fui directa al ascensor. Marcos esperaba en el rellano, hice intención de devolver el paraguas y lo rechazó alegando que era un regalo pero como había vuelto a subir me invitaba a tomar un café, sin dudarlo acepté, me cedió el paso y hasta que no escuché el golpe de la puerta cerrarse a mi espalda no fui consciente que mi comportamiento resultaba inmaduro por encontrarme a solas en casa de un extraño que había conocido escasamente una hora antes.

Era un piso pequeño, tipo estudio de una sala que acogía la cocina, una mesa con cuatro sillas, un tresillo y en un rincón una cama individual cubierta por un edredón. En las paredes colgaban vitrinas y estanterías llenas de libros, trofeos deportivos y sobre un mueble metálico había un pequeño televisor y unos altavoces. En el suelo se amontonaban cajas de cartón con el nombre de una empresa de mudanzas. Marcos me invitó a tomar asiento y mientras hacía los cafés se disculpó por el desorden con la excusa de la inminente mudanza. Le miré y observé que se había cambiado de ropa, llevaba puesto un pantalón de deportes y una camiseta de tirantes bastante ceñida. Tenía un cuerpo escultural, la musculatura sin ser exagerada se le dibujaba en brazos y piernas y como estaba de espaldas aprecié que su culo no tenía nada que envidiar a los modelos que anunciaban colonias en televisión

Se acercó y puso la taza de café entre mis dedos, aprecié el aroma del café mezclado con el olor de la colonia que llevaba puesta, por un momento tuve su abdomen tan cerca de mí rostro que pude apreciar que era liso como una tabla de planchar, una sensación extraña invadió mi cuerpo como si cientos de mariposas revolotearan en mí estómago. Se sentó junto a mí, bebió el café en dos sorbos y yo acabé el mío en uno solo, se incorporó y llevó las tazas a la zona de la cocina, regresó y tomó asiento de nuevo pero esta vez tan junto a mí que sus muslos rozaban levemente los míos y a pesar de que yo llevaba puestos unos tejanos tuve la sensación que su piel y la mía estaban en contacto.

Intenté disimular mí excitación y lo debió notar porque preguntó por qué estaba nerviosa, balbuceando contesté que no lo estaba y para disimular le dije que necesitaba ir al baño, me señaló la única puerta que había en la sala y allí me dirigí. Como el resto del estudio estaba muy limpio y perfectamente ordenado, cuando iba a mojarme la cara pensé que llevaba maquillaje, el espejo reflejaba mi rostro, lo observé durante unos segundos, me vi guapa y noté que los ojos brillaban de una manera especial, llevé las manos a mis pechos y los noté duros pudiendo distinguir claramente los pezones a pesar de llevar puesto un jersey de lana, en ese momento noté humedad entre mis piernas, era leve pero me sorprendió de tal manera que quedé petrificada. Bajé la cremallera del pantalón y mis dedos rozaron la tela de las bragas, no había duda de que estaban algo húmedas y evité buscar una explicación

Me quedé inmóvil y algo asustada, no sabía como reaccionar, jamás había pasado por ese trance, hacía casi veinte y cinco años que estaba casada y nunca había deseado a un hombre que no fuera mi marido, éramos felices y jamás había tenido la mínima tentación de sentir placer con otro que no fuera él. Es verdad que algunas veces me masturbaba pensando en hombres jóvenes que había visto en anuncios de colonia por televisión pero entre mi marido y yo no existían tabús, cuando hacíamos el amor el único límite que nos poníamos era el del respeto mutuo y estaba convencida que era imposible que alguien fuera capaz de hacerme sentir como lo hacía mí marido. Pensé que no tenía sentido entregarme a un desconocido porque no podría darme algo que el hombre al que amaba no me hubiera dado antes.

Debía llevar mucho tiempo dentro del baño porque escuché la voz de Marcos preguntando si me ocurría algo, contesté que ya salía, me recompuse la ropa, me quité el anillo de casada, lo puse en un bolsillo y salí decidida a entregarme a un hombre joven que me tenía totalmente subyugada. Salí del baño y me senté junto a él tan cerca como pude, preguntó si no era hora de volver a la oficina, como no llevaba el móvil pedí que me dejara el suyo. Dije a una compañera que aquella tarde no iría a trabajar y si alguien preguntaba por mí dijera que estaba cerrando la contabilidad trimestral en una empresa. Cuando Marcos escucho la mentira debió pensar que ya era suya porque sin miramiento alguno estampó sus labios contra los míos.

Todo fue muy rápido, nuestras lenguas se juntaron y luchaban entre sí para ver quién de los dos llegaba más al fondo del otro, me pareció una lengua extraña pero no tarde en acostumbrarme a ella. Mis dientes mordían los carnosos labios que en mis sueños eróticos habían sido objeto de deseo. Sentí que una mano se abría sitio entre mi vientre y el jersey, fue directa a uno de los pezones que comenzó a acariciar y pellizcar suavemente. Asumí que no había vuelta atrás, me estaba entregando a un joven cas desconocido y me propuse no volver a recordar a mi marido mientras durara todo aquello.

Marcos decidió abandonar mí boca y llevó la suya a mis pechos, sus dientes rozaron el pezón que no acariciaba y después de un suave mordisco comenzó a succionarlo como si intentara conseguir que manara leche, chupaba como un bebe a la espera de llenar la boca de néctar maternal, yo misma me quité el jersey y saqué el sujetador para hacerle más fácil la mamada. Con una mano busqué su entrepierna, levanté la goma del pantalón y no tardé en notar la dureza de su pene que acogí ávida de tenerlo a la vista, no era ni más grande que el de mi marido pero si más firme y duro. Mis primeras caricias de arriba abajo hicieron que Marcos temblara mientras con sus manos intentaba quitarme mi pantalón, tuve que incorporarme y fui yo quien lo hizo quedándome totalmente desnuda. Sin tiempo a reaccionar sentí su boca estrellándose contra mí entrepierna y su lengua separando mis labios vaginales.

Fue una sensación extraña a pesar de que era habitual en mis relaciones con mi marido, sin usar las manos abrió la vagina y la llenó con la lengua moviéndola de forma continua alternando con suaves mordiscos en los labios vaginales, todo ello me hizo comprender que a pesar de su juventud estaba sobrado de experiencia, mis manos ahora acariciaban alternativamente su cabeza y su espalda y a cada sensación de placer clavaba las uñas con intención de producirle dolor, su piel era suave como la de un bebé y la ausencia de bello me producía una sensación desconocida. Los primeros síntomas de un orgasmo se acercaban, segregaba líquido vaginal sin parar y ahora ya notaba claramente como mis muslos se empapaban, Marcos a lo suyo apenas reaccionaba cuando me estremecía y le clavaba las uñas en la espalda. Mi descontrol era absoluto y sentía próximo el momento definitivo de éxtasis.

Comencé a temblar y una ola de frio me invadió, el sudor resbalaba por mí piel, jadeaba y respiraba entrecortadamente, Marcos me observaba orgulloso por haber provocado en mí aquel momento de éxtasis, generosamente me dio un respiro que agradecí dirigiéndole una mirada que pretendía hacerle saber que me entregaba para lo que deseara, se incorporó y disfruté de la visión de su cuerpo escultural tan diferente al de mi marido.

Todavía estaba abatida pero sedienta de compartir placer con aquel joven cuando debió pensar que ya le tocaba disfrutar, me cogió entre sus brazos y me llevó hasta la cama, me tumbó boca arriba, abrió mis piernas y su polla penetró mi cuerpo sin contemplaciones, fue como si me atravesara una lanza, el golpe seco de sus testículos contra mis muslos me hizo comprender que no podía llegar más a fondo, el mete y saca se hizo constante y volvía a tener síntomas de la llegada de un nuevo orgasmo. Mis piernas cruzadas abrazaban su espalda intentando juntarme aún más a su cuerpo. Se movía a un ritmo pausado y los huesos de su cadera golpeaban mí pelvis, yo susurraba que no parara y él obediente se movía a su antojo encima mío metiendo y sacando la polla con una agilidad a la que no estaba acostumbrada.

El sudor de ambos se mezclaba en uno solo, mis manos recorrían su espalda y buscaban las nalgas duras empujándolas contra mi cuerpo, su piel era tan suave que mis manos deslizándose por ella me producía una sensación que muchos años antes había dejado de tener y que algunas veces había pensado que jamás volvería a tener.

Me encontraba a punto de correrme de nuevo cuando Marcos paró súbitamente, hincó sus rodillas en la cama y puso su pene entre mis pechos, los agarró con ambas manos y comenzó a moverse de delante a atrás cada vez más rápidamente, el glande de la polla me golpeaba la barbilla con tal fuerza que me hacía daño, yo quería compensar a mi amante por el placer que me había dado momentos antes, Marcos ponía ímpetu en su movimiento, su pene tenía un color rojizo y el glande de color rosado brillante poco a poco iba cogiendo color violeta. Por los gestos de su cara creí que estaba a punto de correrse, cogí su polla con una mano y la aproximé a mi boca que abrí tanto como pude, levantó algo su cuerpo y le pajeé a ritmo frenético hasta que un chorro de semen se estrelló en mí rostro, yendo a parar en parte dentro de la boca. Al primero le siguieron otros que golpeaban mi rostro nublándome la visión, fue una sensación extraña que me hizo recordar tiempos pasados cuando mi marido y yo éramos jóvenes. Cerré los ojos y pasados unos segundos la tela de una toalla húmeda me acariciaba la cara, no me había dado cuenta que Marcos había ido al cuarto de baño a buscarla.

Era tal mi excitación que estaba ansiosa por sentir más placer y reaccioné buscando la polla que lamí hasta hacer desaparecer el color blanquecino que la envolvía, Marcos, tumbado miraba el techo y se dejaba hacer, mis lametones provocaron que su polla volviera a endurecerse y creí llegado el momento de sentarme sobre ella para cabalgar en busca de nuevos momentos de placer. Él entendió mi propósito pues facilitó que lo montara y al primer intento insertó su polla en mi coño. Recordé que esta postura era la favorita de mi esposo que tenía costumbre de agarrarme las tetas mientras le cabalgaba, conscientemente agarré las manos de Marcos y las llevé a mis pechos, reaccionó como yo pretendía y mis pechos sintieron su fuerza sobre ellos. El tacto de aquellas manos era muy diferente a las otras que habitualmente me oprimían pero me daba lo mismo, incluso estas me daban más placer porque eran muchísimo más suaves. Me movía a un ritmo lento mirando el rostro de Marcos satisfecho por lo que le estaba haciendo, yo comenzaba a sentir signos de placer que de un momento a otro estallaría en una cascada de gusto, volvía a tener la vagina lubricada el pene que me penetraba resbalaba suavemente por su interior, mis manos se apoyaban en los pectorales de Marcos, aumenté el ritmo del movimiento, el hombre que tenía debajo sudaba y resoplaba y yo hacía lo mismo que él pero además dejaba ir alaridos esforzándome por no decir las palabras que habitualmente decía a mi marido en esas mismas circunstancias, intenté retrasar un poco más el momento culminante pero el roce de la polla con mi clítoris era tan constante que no pude evitar correrme provocando una inundación de jugos vaginales por las dos zonas pélvicas de ambos amantes.

Me dejé caer sobre la cama pensando egoístamente que todo había terminado pues estaba totalmente extenuada, pero Marcos no pensaba igual, levantó mí cuerpo de la cama, me hincó de rodillas, se colocó a mi espalda y no tardé en entender lo que se proponía hacer, no puse objeción alguna a sus deseos pues estaba ansiosa de sentir su leche regando mis entrañas, se hizo amo de mi vagina y sentí su pene entrar y salir deslizándose suavemente en mi interior, a cada penetración el gusto crecía según pasaban los segundos, sus testículos golpeaban mis nalgas, su pecho aplastaba mí espalda, sus manos apretaban mis caderas hacía él y su lengua recorría una y otra vez mi nuca que de tanto en tanto mordía o succionaba, entre jadeos le supliqué que no me dejara señal y su respuesta fue aumentar todavía más la fuerza de sus dientes sobre mi piel.

Una de sus manos acarició mi entrepierna dándome la sensación que recogía jugos y poco después noté que varios dedos entraban tímidamente en mi ano y con un movimiento circular lo masajeaban, a pesar de la sensación continua de placer que me estaba dejando extenuada fui capaz de adivinar que mi amante estaba a punto de buscar su éxtasis follándome el culo, me asusté y supliqué que no me hiciera daño, mientras se lo decía pensé que esa súplica significaba que me entregaba a todos sus deseos.

El primer contacto de su polla con mi agujero fue suave pero la penetración de un solo golpe se transformó en un latigazo que recorrió todo mi sistema nervioso que en cuestión de segundos se convirtió en una sensación de placer que descendía y aumentaba a cada mete y saca de la lanza que me estaba atravesando. Estaba entregada a la voluntad de Marcos que hacía conmigo lo que quería, entré jadeos gritaba preguntándome si quería más, yo sumisa le contestaba que sí y le rogaba que siguiera follándome hasta que él no pudiera más. Cada vez su pelvis golpeaba mis nalgas con más violencia y parecía que de un momento a otro su polla iba a perforarme las entrañas. Se hizo el silencio roto por el tenue murmullo de nuestra respiración, ambos quedamos inmóviles durante unos segundos y noté que mis entrañas se estaban inundando de líquido caliente que las llenaba dando la sensación que un momento a otro me haría reventar.

Durante los últimos momentos no había llegado a sentir ningún orgasmo pero me sentía compensada por haber provocado en Marcos un placer que sus gestos demostraban le había satisfecho. Continuamos inmóviles durante toda la descarga hasta que ambos rendidos por el cansancio nos dejamos caer sobre el colchón, volví a acariciar su pecho pues sentía placer solamente por rozarlo con la palma de mi mano, coloqué la cabeza en su abdomen y besé como gesto de agradecimiento su pene que descansaba totalmente flácido entre sus muslos.

Estaba tan relajada que no era consciente que el tiempo pasaba, rodeada por aquellos fuertes brazos estaba en la gloria hasta que volví a la realidad y asumí que todo había terminado, a mi lado Marcos dormía y orgullosa pensé que había sido capaz de agotarlo hasta la extenuación, por un momento mi autoestima creció pero enseguida fui consciente que lo ocurrido podría suponer problemas en mi vida. Me vestí evitando no hacer ruido, me mojé la cara para eliminar cualquier resto de semen que pudiera tener, volví junto a Marcos y tuve la sensación que dormía profundamente, deseaba besarlo pero no me decidí a hacerlo, abandoné el apartamento cerrando la puerta con cuidado de no hacer ruido.

Ya en la calle me propuse no pensar en lo ocurrido, caminé casi una hora hasta llegar a casa, abrí la puerta y como siempre no había nadie, fui directamente a la ducha, me desnudé y dejé correr el agua por mi cuerpo, a mis pies la ropa que había llevado aquel día se estaba empapando, pensé en la alianza de casada, la busqué y me la puse. No me preocupaba nada, no tenía remordimientos y conseguí que en momento alguno mi marido me hiciera comentario sobre si estaba rara o me pasaba algo.

Ayer lunes pasé delante del apartamento donde viví lo relatado anteriormente, en el portal había colocado un cartel que anunciaba ?apartamento en alquiler? y un número de teléfono, seguí caminando y llegué al restaurante, nada más entrar el camarero me entregó un sobre con mi nombre escrito. Me apresuré a leer la carta que llevaba en su interior, a media lectura fui a esconderme en el lavabo y lágrimas como puños comenzaron a resbalar por mis mejillas, eran unas palabras escritas con una sensibilidad que me emocionó de tal manera que mi cuerpo se estremeció como si recordara en sus poros los momentos de placer vividos con el las había escrito.

Acaba con una post data y en ella me pedía que escribiera un relato describiendo todo lo que recordara de aquel momento y lo enviara a esta web. Cumplo tu deseo y solamente quiero decirte que agradezco su sinceridad al hacerme saber que al igual que yo tú también amas profundamente a otra persona. Siempre te recordaré.

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Venganza en Relatos eroticos de Infidelidad

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octubre 2nd, 2013 >> Relatos Eroticos

Venganza en Relatos eroticos de Infidelidad (relatos eroticos )

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Venganza en Relatos eroticos de Infidelidad (relatos eroticos )

Llevaba cinco años casada cuando mi marido se quedó sin trabajo, entre mi trabajo y su desempleo íbamos tirando, aunque nuestra relación distaba de la que nos llevó al altar, íbamos llevando la relación, con más penas que glorias.

A veces me quedaba al mediodía a hacer horas extras, pero ese día en concreto se rompió el ordenador y no pude trabajar, en el último momento decidí no avisar a Luis y salir a comer algo rápido, tenía ganas de pasear y me fui alejando de la zona, compre un bocadillo sobre la marcha y me dirigí a un parque, busque una zona algo apartada, donde comer y beber mi refresco. Mientras comía una pareja llamo mi atención, aunque estaban muy lejos se notaba como se comían a besos, se abrazaban y buscaban un sitio donde esconderse a seguir con lo suyo. Sentí envidia sana al verlos, no podía dejar de mirarlos, se apartaron del camino, los veía mal, solo se distinguían por sus ropas que eran chico y chica.

Desaparecieron en un recoveco, donde antes había visto un banco, supuse que a seguir besándose y tocándose, hasta quizás algo más si eran arriesgados.

Media hora después, yo estaba leyendo cuando intuí movimientos en los arbustos donde ellos habían desaparecido y salieron los dos, aun de la mano. Por sus ropas movidas intuí que habían hecho algo más que besarse, siguieron andando en mi dirección y avergonzada me gire poniéndome las gafas de sol e intentando que no notaran que había sido testigo de cómo se escondían me escondí tras mi libro fingiendo leer.

Casi doy un grito cuando al pasar cerca de donde yo estaba, pude verles bien. La impresión me dejo clavada en el sitio. Conocía a esa pareja de amantes; eran Luis, mi marido y Ana mi compañera de trabajo y mejor amiga.

Los vi volver a besarse y los oí despedirse.

-nos vemos mañana cielo, hasta entonces recordare la humedad de tu coñito y reviviré tus caricias mil veces.

-hasta mañana Luis, me voy que llego tarde. Me ha encantado notar como te corrías en mi mano.

Casi vomite de los nervios y el asco al oírles, mi marido y mi mejor amiga. No podía creer como no había notado nada.

-espero que mañana podamos vernos más tiempo y en nuestro hotelito. Me muero por volver a hacerte el amor Ana

-yo también

Como no note nada, pensaba mientras recordaba las cenas, las juergas, las fiestas y hasta un fin de semana de viaje, entonces rememore varios momentos y recordé lo contento que estaba en esas salidas mi marido y lo mucho que le gustaba planearlas a ella.

Camine lentamente saliendo del parque, no me vi con fuerzas para verla en el trabajo y montar allí un espectáculo, tampoco quería verle a él.

Rápidamente me organice, llame a mi jefa diciéndole que mi madre se había puesto mala, esta me dijo que me cogiera el tiempo que necesitara, era una buena trabajadora y jamás había faltado.

Luego intentando sacar fuerzas de no sé dónde le llame, el falso me dijo que había salido a comprar, le explique que había comido en la cafetería del trabajo y que me iba a casa de mis padres, le conté lo mismo que a mi jefa y colgué.

Llame a mama y le dije que me apoyara que ya le contaría, por si llamaba Luis.

Necesitaba pensar, cogí una habitación en un pequeño hotel cerca del trabajo y pensé el resto del día lo que hacer, pasada la primera impresión la rabia se apodero de mí, decidí desenmascararlos a los dos, tenía que planear como devolverles la gracia.

Mi cabeza no paraba, le llame diciéndole que no iría a dormir, que mi madre estaba bien y que me quedaba un día con ella, luego le conté lo mismo a mi jefa y me dispuse a urdir el plan para hundirlos.

Ya por la noche baje al restaurante del hotel, me senté en una mesa sola por primera vez en años, pedí la cena y necesitaba desconectar del tema.

Me fije en dos mesas después de la mía, en ella había un hombre, algo más mayor que yo. Leía unos papeles y en mi afán por distraerme del tema empecé a mirar al desconocido.

Tendría unos cincuenta años, distinguido, sin ser guapo, parecía al menos a esa distancia un hombre atractivo, de esos que cuidan su aspecto, de hecho parecía impoluto, impecable?

En ese instante levanto la vista y me vio, me cazo inspeccionándole. Me sonrió levemente y siguió con lo suyo, sin prestar demasiada atención, eso me molesto un poco.

Al momento volvió a levantar la vista y me miro, su penetrante mirada me recorrió completamente y note endurecerse mis pezones en su inspección, él sonrió de nuevo y siguió de nuevo en sus papeles.

El que pasara de mí, hacía que necesitara llamar su atención, no sé qué me estaba pasando esa noche.

Cruce las piernas haciendo que mi falda subiera un poco más y desde donde estaba tuviera plena visión de ellas.

Su mirada esta vez no busco la mía esta vez, sin cortarse miro mis piernas, el cruce de las mismas y solo luego me miro, sus ojos ahora eran más oscuros, esta vez había deseo en ellos. Mis braguitas se mojaron ante la promesa implícita en su mirada, de repente me imagine que sería dejarse acariciar por él. De repente se me quedaron los labios secos y pase por ellos mi lengua, el siguió el recorrido y sonrió. Me trajeron el postre y él se levantó, pasó por mi lado y me dijo:

-si te atreves estoy en la doscientos tres. Te esperare toda la noche.

Dicho eso abandono el restaurante y mi cabeza bullía con mil imágenes de ese hombre y yo desnudos en la cama.

Cuando fui a pagar me dijo el camarero que había pagado el señor. Sonreí y me fui a mi habitación, por supuesto que no fui a la doscientos tres.

Ya en la cama, mi mente sustituyo las imágenes de ese hombre con las de ese mismo día, volví a verles besarse, esconderse y salir con las ropas movidas, llore amargamente al saber que ya nada volvería ser lo mismo.

A las tres de la mañana, harta de llorar recordando a esos dos desgraciados, me vestí y decidí hacer algo que jamás creí ser capaz de hacer. Salí de mi habitación y baje a la doscientos tres. Ante la puerta aun dude pero finalmente e instándome a mí misma toque con los nudillos.

Nada, la puerta no se abrió y un minuto después, decidí volver a mi habitación, cuando había recorrido medio pasillo, oí la puerta, el salió a mirar y nuestros ojos se encontraron, gire sobre mi misma y me dedique a mirarle sin moverme del sitio.

El me miro recorriéndome con su cálida mirada, lentamente, desde mis pies hasta mi cabeza, temblaba por dentro y entonces entro, no cerró la puerta.

Dos segundos después recorría de nuevo el camino que me llevaba a la doscientos tres. Cogí el pomo y entre, cerré la puerta y me apoye en ella.

Lo primero que note fue la oscuridad, luego mire hacia el balcón y el aire movía la cortina, entrando la brisa de la noche, lo segundo que note fue su olor. Mis ojos ya adaptados a la oscuridad le buscaron, estaba sentado en el sillón.

-si te quedas quiero que sepas que lo quiero todo, si no estás dispuesta a eso aun puedes salir corriendo.

Su voz era dura y envolvente, no me moví.

-veo que te quedas, desnúdate.

Empecé por mi blusa, desabroche cada botón despacio, tras sacarla de mi falda. Sin abrirla me desabroche la falda y la deje caer al suelo. Luego me abrí la camisa y también la tire al suelo.

Notaba su mirada, pendiente de cada movimiento de mis manos, luego recorrió de nuevo mi cuerpo provocándome un escalofrió.

-todo

Me quite el sujetador y luego las braguitas, quedándome completamente desnuda ante ese desconocido. Jamás había estado tan excitada.

-vas a dejar que disfrute de tu cuerpo y al mismo tiempo te proporcione placer?

-si

-ven

Abrí un poco más la cortina, para vernos entre penumbras, abrió sus piernas y me puso entre ellas de pie, el sentado se inclinó hacia adelante y se acercó a mí, lo primero que sentí fueron sus labios en mi estómago, su lengua trazaba círculos en mi ombligo y sus manos empezaron a acariciar mis muslos, toda la piel que tocaban sus manos, sus labios y su lengua me ardía.

Eche la cabeza hacia atrás y el metió la mano entre mis piernas, acaricio la cara interna de mis muslos y subió por el frontal de mi pubis recorriendo mi torso, hasta llegar a mis pechos, los toco con ambas manos. Luego se centró en uno lo cogió y mientras lo sobaba, con la otra mano friccionaba el pezón, de uno a otro, hasta endurecerlos tanto que me dolían.

Volvió a bajar por mi torso y por mi pubis, evitando tocar donde deseaba a gritos ser acariciada. Ronronee y me queje.

-mujer, no hagas eso. Tranquila todo a su tiempo. Date la vuelta.

Me gire y mi culo quedo ante sus ojos.

-precioso

Dijo antes de masajearlo, pellizcarlo y entonces deje de sentirlo. Note que se estiraba a coger algo.

-ahora abre las piernas

Las abrí ante él y el cerro las suyas entre las mías, me ayudo indicándome que quería que me sentara sobre él.

Lo hice, en ese momento ya habría hecho cualquier cosa que me hubiera pedido, sus caricias me habían encendido, mi mente necesitaba olvidar y con él era libre, solo esclava de esas manos, de esa boca y de lo que estuviera dispuesto a darme.

Notaba su polla en mi sexo, solo su pantalón de pijama nos separaba, estaba dura, caliente y la deseaba dentro de mí ya, estaba preparada para él.

Metió la mano entre los dos y me dijo

-voy a penetrarte ya, lo necesito ahora

Note su verga rozando mi carne inflamada y la cabeza pugnando por entrar, empujaba, ganaba centímetros poseyéndome lentamente hasta estar completamente dentro de mí.

-me encanta tu coño, es caliente como tú. Te desee desde que entraste con esos ojitos llorosos.

-pensé que no me hacías caso

-desde que entraste mi polla se puso dura y tuve que sacar unos papeles para no hacer el ridículo

-no me había dado cuenta

-por eso eres tan excitante, porque ni tu sabes lo caliente que eres

-tu si lo sabes?

-si lo creo y te lo demostrare

Me agarro del culo y me instaba a balancearme con su polla dentro, jamás me había sentido tan llena, ni había sentido una polla tan dentro de mí, rozaba partes que nunca habían sido rozadas, jadeaba desde que su cabeza me rozo, entre esa enorme polla, el morbo de su voz y de la situación me corrí enseguida.

-no lo cortes, lo quiero todo ya te lo dije, grita, no te raciones.

Entonces empujo más y poniéndose de lado me dejo caer y al momento sin salir de mi estaba encima perforándome con fuerza, bombeándome, abriéndome el coñito sin piedad y yo gritaba, me retorcía de placer y volví a correrme, sin bajar de la nube salió de mí y me la metió de golpe, así varias veces hasta que volvió a conseguir que gritara otro orgasmo.

-nos van a echar v-le dije-

-me da igual, te follare en la calle o donde sea. Me vuelves loco cuando te corres, eres un volcan en erupción, noto tu lava en mi capullo

No paraba de follarme, entraba, salía, entraba, más, más y de repente se puso rígido y note su semen fuera de mi coñito, en mi tripa, tres grandes chorros salieron repartidos por todo mi torso.

Se sentó en el suelo a mi lado ya descansamos varios minutos sin hablar, disfrutando del momento.

Cinco minutos después se levantó desapareció en el baño y volvió, sentí el frio de la toallita limpiándome, luego me seco y dándome la mano me dijo.

-ven

Yo le hubiera seguido al fin del mundo, me llevo a la cama, me tumbo en ella y de rodillas a mi lado, subió mis manos por encima de mi cabeza, las junto y note que las ataba con su corbata. Se retiró y encendió la lamparita.

-estas preciosa, no te muevas

Se puso a mis pies de rodillas en la cama, agarro uno y llevándoselo a los labios, empezó a besarlos, a pasar su lengua por el empeine, se metió los dedos en la boca y chupo.

Note la humedad y el calor de su boca y jadee. Que placer, hizo lo mismo con los dos, lamia mis pies mientras acariciaba mis piernas. Las abrió y por fin su boca descendió situándose entre mis piernas, si no hubiera tenido las manos atadas lo hubiera atraído donde le quería, pero no podía y eso me daba aún más placer, esperaba con ansia sentir su lengua en mi rajita y el la evitaba, lamia alrededor.

-por favor

-que quieres cielo?

-que me chupes

-dilo, recuerda que lo quiero todo, no enmascares nada, dime que quieres

-que me chupes el coño

Una sonrisa curvo sus labios y tras un jadeo hizo lo que le pedía llevándome al paraíso, al cielo, al infierno, me daba igual donde me llevara siempre que me siguiera dando placer.

-que bien sabes

Lamio cara rincón de mi vulva, metió su lengua en mi coño y sorbió mi clítoris, volví a correrme, movía la cabeza entre mis brazos atadas chillando, jadeando y loca de placer.

-date la vuelta

Comenzó a lamer mis piernas, mis muslos y llego a mi culo, lo lamio, lo mordió y separando mi carne paso su lengua por mi raja, desde arriba hasta llegar al clítoris desde atrás tiraba de él y lo soltaba para volver a mi culito virgen, lamia alrededor y penetraba en el con su lengua.

-relájate

Note como me mojaba y a continuación mientras mordía mi culo, metió un poco el dedo, solo la mitad y lo saco, varias veces, hasta que lo relaje, entonces empujo su dedo y me penetro por completo mi agujerito virgen.

-que estrecha estas putita, abandónate

Me dijo mientras con la otra mano friccionaba mi clítoris, hasta que volví a correrme, sin sacar su dedo, se puso a mi lado y acerco su polla a mi boca, la puso en mis labios y la metió lentamente entre ellos, yo chupaba lo que podía y el seguía entrando y saliendo de mi culo, añadió un segundo dedo y notaba un escozor y un calor que lejos de desagradarme me ponían a cien.

-si cariño chupa así, que placer estar en tu boca

Su verga se puso aún más dura entre mis labios, a cada golpecito y lamida de mi lengua, estaba tan entregada a la mamada que apenas me escocían sus dedos abriéndome el culo.

-dame tu culo, quiero follártelo

Se puso de pie a lado de la cama y yo me acerque al borde, me levanto bien las piernas, poniendo mis pies en sus hombros y agarrándose la polla, la llevo a mi agujerito, empujo un poco y me dolió

-lo se nena, solo es un momento, confía en mi

Curiosamente confiaba en ese desconocido que solo buscaba darme placer, me puse en sus manos y grite cuando empujo media polla, se paró y me acaricio los muslos, giro la cabeza y volvió a besar mis pies, su lengua se paseaba por mis dedos, el placer era indescriptible y clavo sus dedos en mis muslos, me agarro y con un último empujón me penetro por completo, chille, el dolor era raro, placentero se atenuaba con sus caricias, sus manos acariciaban mi piel y empezó a moverse, a moverme tirando de mis muslos, dos minutos después jadeaba, gemía y agarro mi clítoris lo pellizco y se hundió una vez más provocándome el mejor orgasmo de mi vida, al notar su semen caliente en mi culito. Esta vez también chillo su orgasmo.

Caímos abrazados en la cama, durante media hora nadie dijo nada, nos dormimos y al día siguiente nos duchamos juntos, le mame la polla hasta tragar todo su semen, después de que el me provocara dos orgasmos más con su lengua. Después nos secamos, salimos y nos tumbamos en la cama.

-tengo que ir pensando en irme

-estas casada verdad?

-si

-dejaras que suceda de nuevo?

-si

-entonces me da igual tu estado civil, solo necesito saber que volveré a disfrutar de tu cuerpo, lo demás es relleno.

Si creía que lo del mediodía del dia anterior había cambiado mi vida, me equivocaba. Salí de esa habitación sabiendo que habría un antes y un después a ese hombre.

Me dirigí a casa y acercándome a Luis, le bese en la boca, con los mismos labios que había mamado la polla a mi adorado desconocido. Sentí cosquillas en ellos, que placer produce la venganza.

-hola cariño, has hecho algo para comer? Me muero de hambre.

Mientras me cambiaba de ropa, no dejaba de contar los días que faltaban para volver a verle, para volver a regalarle mi cuerpo para que hiciera lo que quisiera a cambio del placer que me regalaba en la busqueda del suyo propio.

Esa noche empezo mi venganza, folle con Luis. cerre los ojos, visualice a mi desconocido sin nombre aun y deje que Luis se follara un cuerpo que jamas volveria a ser suyo… esa seria mi venganza y un dia le contaria lo puta que era su mujer con cualquiera que no fuera el.

Venganza en Relatos eroticos de Infidelidad (relatos eroticos )

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