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Soy santi 4 en Relatos eroticos de Amor filial

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marzo 5th, 2014 >> Relatos Eroticos

Soy santi 4 en Relatos eroticos de Amor filial (relatos eroticos )

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Soy santi 4 en Relatos eroticos de Amor filial (relatos eroticos )

Hablando con mi hermana Belén, la monja, mi madre empezó a cabalgarme llegando al orgasmo en apenas unos segundos, antes incluso de colgar el teléfono, en mi caso era normal mis chicas me habían agotado sexualmente.

- Mama que ha sido esto?

- Verás cariño llevo casi 10 años sin sexo y al ver tu polla empalmada no me pude reprimir.

- Como que llevas 10 años sin sexo? Y papa?

- Tu padre debe tener alguna putita por ahí que le satisface, porque conmigo nada de nada, de nada.

- Ese va a arrepentirse del día que nos faltó al respeto.

- Bueno eso ahora déjalo.

- Pero así y todo que significa el que follases conmigo?

- Pues que te quiero con locura, eres mi tabla de salvación, el hombre que está a mi lado, el que me ha dado apoyo en mi momento más bajo. Te quiero de todas las y voy a quererte siempre.

Vaya menudo lío ya tenía tres maduras pendientes de mi, y sin saber lo que existían entre ellas.

- Mama de esto hablaremos largo y tendido, ahora he de ir a por tu hija, que está esperando en el aeropuerto.

- Muy bien cariño yo voy a ducharme, os espero para cenar?

- No porque mira la hora que es, hay tres cuartos de hora en coche para llegar al aeropuerto, cenaremos allí y al venir nos acostaremos.

- Como tu digas cariño.

Así que me vestí y fui a por mi hermana. Menuda peñora de tía, siempre con la biblia en la mano, la persona más moralista que conocía. Tan solo nos llevábamos cuatro años, pero siempre, se sintió y nos hizo sentir a mi otra hermana y a mí, como si fuese la demostración de la religiosidad. Espero que se vaya pronto porque no hay quien la aguante, y eso que hacía dos años que no la veía.

Llegué al aeropuerto y me dirigí a la sección internacional, si mi hermana era una misionera, estaba en las selvas amazónicas, entre las tribus aborígenes con el fin de convertirlas al catolicismo.

Era inconfundible, aunque no vestía de monja, lo hacía con ropa de los años 50 con un vestido azul marino que le llegaba hasta las piernas, encima el pelo descuidado, no sucio, pero si despeinado, con la piel quemada por el sol sin maquillaje, en definitiva que en vez de parecer una chica de 29 años aparentaba casi 50.

- Hola belén deja que te lleve la maleta.

- Muy amable Santiago.

- Gracias, como están en casa?.

- Pues tu hermana estudiando en el extranjero, padre de viaje (había que guardar las apariencias con él de momento), y mama en casa?.

- Mama? Que no la respetas ya?.

- Me lo pidió ella, no se encuentra muy bien, está algo decaída y se lo recomendó el sicólogo.

- Esa mujer tendría que ser más religiosa y no caería en bobadas.

- Que dices?

- Lo que has oído.

- Cuando hables de la mama lo haces con respeto, y tu como has perdido el mío de momento te llevas tu la maleta._ Dije soltando la maleta al suelo.

- Vaya con el niño que genio.

- Tira para ese restaurante que cenaremos antes de ir a casa.

- No quiero ir a un restaurante de comida rápida, vayamos a uno de comida natural.

- Cállate ya pesada y tira para el restaurante que tengo hambre y me estas calentando.

- Que sea la última vez que me hablas así niñato._ Dijo soltándome un guantazo.

Me cago en la leche, que la tía me ha soltado un guantazo en medio de la terminal internacional del aeropuerto, menos mal que a esa hora no había mucha gente, pero así y todo esta se la devolvía. Así que le dí una fuerte nalgada.

- Escucha yo no soy uno de tus aborígenes, vuelve a darme y te vas a casa a pie, porque imagino que no llevarás dinero para un el transporte urbano.

Rechinó los dientes y me siguió al restaurante de comida rápida. Empezábamos bien con la monja de los cojones. Cenamos sin hablarnos, en el camino de regreso ni mu nos dijimos. Y cada uno se fue a su cuarto a dormis igual de callados.

Al día siguiente bien temprano, mi madre estaba desayunando y le dije.

- Mamá tengo una clase, muy pronto y no me acordaba, así que he de irme inmediatamente.

- Sin desayunar cariño?

- Si mamá ya lo haré si puedo.

Le di un beso y salí a ver a mis chicas, tenía que hablar con ellas, muchas cosas habían pasado desde que las dejé bien folladas. Abrí la puerta y me las encontré a las dos desayunando.

- Hola amor, quieres desayunar?._ Dijo Carmen.

- Pues si la verdad, no he tenido tiempo en casa.

- Nuestro hombre ha de desayunar bien, así que un par de huevos hervidos unas tostadas con mermeladas y zumo de naranja.

- Cámbiame las tostadas por un bocadillo de jamón

- Lo que tú digas.

Así que ni corta ni perezosa se levantó y me lo hizo.

- Ha pasado algo que no os lo vais a creer amores.

- Si? Dinos._ Dijeron las dos

Les conté lo que pasó ayer con mi madre, con pelos y señales, eran mis amores y todo lo sabrían

- Vaya con la Manoli.

Mi madre como segundo nombre tenía Manuela.

- Y que piensas hacer?_ Dijo Ángela

- No se estoy confundido, por eso he bajado a hablar con vosotras, que sois las dueñas de mi amor sexual.

- Está claro que tu madre necesita, un hombre, el amor de un hijo no la llena por completo y el calzonazos de tu padre, parece impotente.

- No sé si es un calzonazos o es que se ha cansado de ella y tiene por ahí desahogo sexual.

- Tiene toda la pinta de ser eso._ Comentó Carmen.

- Pero el problema es que yo disfruté haciéndolo, pero os adoro y no os quiero perder, pero mi madre?

- Nosotros no somos celosas, por nuestra parte no tengas problemas que puedes follar con las tres._ Dijo Carmen

- Y a la vez, si ella quiere._ Dijo Ángela.

- Gracias mis amores.

- Te queríamos comentar otra cosa. Te acuerdas que ayer se murió nuestro administrados?._ Dijo Carmen.

- Era una buena persona, muy amigo de nuestros maridos, verás a nosotras nos educaron para ser esposas y madres, nada sabemos de cuentas ni de administraciones. De hecho hasta que mi marido murió no tuve una tarjeta de crédito._ Dijo Ángela.

- Eres mi amo y el amante de Ángela, queremos que te encargues tu de administrar nuestro patrimonio._ Continuó Carmen

- Pero yo soy de letras, poco se de números._ Contesté yo.

- Pero has nacido en la nueva era, sabes manejarte más que nosotras, por no saber no tenemos ni móvil, ni ordenadores ni nada de la era electrónica._ Dijo Ángela

- Además te estamos ofreciendo un trabajo legal, queremos que te des de alta en la seguridad social, no como hasta ahora que t dábamos cada vez que nos follabas. No eres un puto, eres nuestro amo y señor.- Dijo Carmen

- Y ahora lo serás de forma efectiva._ Apostilló Angela.

- Bueno chicas, pues acepto.

- Hemos llamado a nuestro abogado él se encargará de preparar los papeles para darte poder absoluto en todas nuestras cosas._ Dijo Carmen.

Pasamos media hora hablando de mil cosas, además de hacer un sexo alucinante, también estábamos tremendamente a gusto contándonos mil y una tonterías. A eso también contribuía el que mientras hablábamos, Ángela y Carmen se turnaban para darme una suave paja.

- A partir de ahora quiero que en casa sólo llevéis un vestido, no mejor una bata, y nada más debajo.

- Como tu quieras,_ Dijeron mientras se desnudaban

- Bien zorritas quien quiere ser follada primero?

- Yo que soy la mayor y eso es un grado._ Dijo Carmen.

Carmen era una sumisa integral, con un gusto por el masoquismo ligero.

- A cuatro patas esclava.

- Si mi amo.

Sin prepararla le metí por su coño. Ella soltó un puro grito de placer, el pollon de su esposo viudo se lo había agrandado sobremanera, por lo que al contrario que su hermana no le dolió una sacudida tan tremenda. Empecé a follarla por detrás y se me ocurrió una idea.

- Angela cógela por los hombros y empújala marcando mi ritmo.

Ella ni corta ni perezosa hizo lo que le mandé, eso me dejó las dos manos libres por lo que empecé a darle palmadas en sus dos nalgas a la vez. Sus gritos de placer se incrementaron al mismo nivel que sus improperios, en la segunda corrida deje de darle nalgadas y apreté fuertemente sus pezones, vi que no aguantaría mucho más y le dije a Ángela

- Suéltala y cuando yo te avise suéltale una bofetada bien fuerte. Cuando noté los estertores de su tercer orgasmos.

- Ahora dale una ostia a tu hermana.

Menuda bofetada le dio pero eso provocó que no aguantase más el placer y se desmayase. La verdad si Carmen no se desmayaba de placer no era feliz.

- Como quiere ser follada mi amante?.

- Dame caña sin tregua.

- Como tu quieras

La tumbé en la cama y empecé a darle profundas metidas. Ella gritaba como una loca, estaba sorprendido de mi aguante, follar con estas dos obsesas sexuales me daba cada día más aguante, así y todo a los diez minutos de esta cabalgada Ángela se corrió y yo lo hice en su boca, llenándosela de leche.

- Guau nene me has dejado baldada.

- Pero no me digas que no estás bien satisfecha.

- Eso ni lo dudes.

- Ángela se acabó ya el luto, vuestro hombre os lo ordena, hoy mismo salís de compras y empezáis a vestiros como las mujeres que me hacen feliz. Y lleva a tu hermana a un estilista y que le hagan el pelo más moderno, que lleva pelo de abuela de 80 años. Subo a ver a mi madre que la dejé con la pesada de mi hermana y no quiero que me la deprima más.

- Muy bien mi amor.

Subí a casa y como temía Belén estaba, soltándole un sermón moralista, tan estúpido como contraproducente. Por lo que aprovechando que no me habían oído entrar le solté un fuerte cachete a Belén.

- Santurrona deja a la mamá tranquila.

- Solo le estoy recordando cual es el papel de la mujer en la casa.

PAF otro coscorrón

- El papel la mama en casa es el de estar por encima del cabrón de tu padre.

- Tenle más respeto que es nuestro padre.

- Que te va otro coscorrón. La mama en esta casa, para que te hagas una idea, es sagrada para ti, y si ella no se defiende porque eres su hija y te quiere, ya lo haré yo por ella. Te queda claro?

- Esto no va a acabar aquí, no se lo que te crees, pero no esres el hombre de esta casa.

En ese momento mi madre tomó la palabra.

- Si lo es, está a mi lado desde que me ocurrió el colapso, me ha cuidado como a un padre, me consuela como un hombre y me quiere como un hijo. Indudablemente es el hombre de la casa.

- Madre Santiago no es Padre, además ni le tiene ni el respeto de llamarla de usted.

- Yo le pedí que me llamase mama, pues es mi cariño, y goza de mi amor más sincero, en cambio tú vas a seguir llamándome de usted, hasta que te ganes ese cariño.

- Marcho a la iglesia a rezar._

Dijo con la cara roja de ira mi hermana, mientras cojía su chaqueta y de un portazo se marchaba.

- Mama te quiero sinceramente, pero hemos de hablar de lo que ha pasado esta mañana

- Verás mi amor, eres el primer hombre que me llena completamente, te quiero sin ningún tipo de duda y no solo como hijo también como hombre. Y después de ver que tu polla respondía ante mi cuerpo vi la oportunidad de demostrártelo con hechos.

- Yo también te quiero, pero he de ser sincero contigo, Me estoy tirando a Ángela y a Carmen.

- Las vecinas del quinto?

- Si

- Ya lo sabía.

Eso sí que me dejó totalmente descolocado, pues pensaba que había sido más que discreto.

- Como lo adivinaste mama?

- Verás era evidente, primero el coche, nadie deja un coche tan imponente como ese a un simple vecino. Además tengo un cliente que vive en el chalet que hay junto al de Ángela, y un día que fui a llevarle unos papeles os vi entrar.

- Vaya y que piensas pues

- Que te las folles no me importa, que las quieras me da algo de celos, pero se seguro que a mi me quieres más que a ellas, y eso me basta

- Y que hacemos a partir de ahora.

- Vamos a dormir juntos desde hoy mismo.

- Pero y Belen?

- Tu duermes en el piso de arriba, yo finjiré que me acuesto en mi cuarto, hecharé el pestillo por dentro y subiré por la escalera exterior que une los dos pisos, que está en la terraza.

- Vaya lo tenías todo pensado ya.

- Esta noche he dormido poco, y he tenido mucho en que pensar. Quiero que seas mi hombre, que me abraces que me beses, que me hagas sentir mujer, a mi no me rije el sexo, necesito el cariño que nunca tuve, ni de mis padres, ni de mi marido, por supuesto soy mujer y quiero que me hagas el amor, pero con delicadeza, pero sólo cuando lo necesite.

- Pero si te abrazo y te beso en la boca, la mojigata de Belén no sospechará nada?. Y que hacemos de Padre?

- A tu hermana le diré que me lo ha recomendado el sicólogo, y de tu padre, lo destruiremos de todas las formas posibles. Esta mañana, nada más irte he hablado con mi equipo de investigadores y les he pedido que saquen todos los trapos sucios de tu padre, y cuando los tenga, le voy a pedir el divorcio.

- Esta es mi madre.

Me levante de mi silla y le di un abrazo de oso y un beso nada filial, pero bueno ya se encargaría ella de mentir a mi hermana.

- Esta tiene fuerzas aun para hacerme el amor, esta es una de las ocasiones en que necesito un contacto, muy estrecho contigo.

- Y si vuelve Belén

- La tontorrona se ha ido sin llaves así que tendrá que llamar antes de entrar.

Cogí en volandas a mi madre y me la llevé a mi cuarto, yo dispongo de una cama de matrimonio, pues siempre me gustó dormir bien cómodo. La tumbé en la cama y mediante besos caricias y abrazos nos fuimos desnudando.

- Mama tus pechos no son naturales.

- Cuando nacisteis vosotros, se me bajaron los pechos y a tu padre no le gustaban por lo que nada más nacer tu me los operé.

- Menudo idiota.

- Lo sé, tu no me lo hubieses permitido verdad mi amor?

- Jamás, además tienes un cuerpo, muy cuidado gracias a lo que te has machacado en el gimnasio.

- Mama los pechos, que por idiota no permití que hicieses de pequeño.

Empecé con mucha delicadeza a mamar besar y lamer sus pechos, mientras ella suspiraba, cada vez con más intensidad. Bajé poco a poco por su vientre hasta su coño descuidado y empecé a comérmelo, ella dio un respingo y dijo.

- Dios niño que bueno que es esto, nunca antes nadie me lo había hecho, que gozada, que placer más infinito, me corro mi amor.

Y efectivamente se corrió en mi cara, mi madre no es de corridas ostentosas, sabes que se ha corrido, porque lanza un suspiro muy profundo. Después de recuperarse de la corrida yo estaba totalmente empalmado, por lo que la penetré, muy despacio y con mucha delicadeza, notando como se acoplaba a mi polla centímetro a centímetro.

- Tu polla es perfecta para mi coño me llena por completo.

- Lo sé eres mi otra mitad.

En aquel momento lo supe, ella era la mujer de mi vida, si era algo incestuoso, pecaminoso e ilegal, pero no podía podía negarlo, ella era mi mujer. Si quería sinceramente a las vecinas, pero mi amor verdadero era la mujer a la que estaba empalando poco a poco. Cuando entré completamente se volvió a correr, y empezamos a hacer el amor, no volvimos a corrernos hasta media hora después, fue un sexo tantrico, que placer más infinito, algo memorable, celestial una gozada.

- Mama voy a correrme lo hago dentro de ti.

- Si tu padre me obligó a liarme las trompas cuando tu naciste._ Dijo mi madre arrebatada por el placer.

Cuando saque mi flácida polla de su coño nos vestimos y nos bajamos al comedor, sentándonos uno al lado del otro abrazándonos.

- Mama, porque tienes el coño tan descuidado.

- Porque tenía que cuidarlo si nadie lo usaba.

- Pues así a mi no me gusta.

- Y como me le gusta a mi chico?

- A ti no te pega tener tanto pelo. Yo me lo recortaría hasta dejarlo más fino. Pero no te lo depiles completamente, mi mujer ha de tener pelos en su coño.

- Como quieras mi amor, así lo haré. A partir de ahora iré al gimnasio contigo, quiero que mi cuerpo esté a la altura del de mi chica.

- Muy bien cariño, pero hazlo porque te apetezca, a mi me gustas así como estás.

- Me apetece estar a tu lado, todo el tiempo que quiera.

- Bien mi luz.

- Te importa que me siga tirando a las vecinas?

- No se que ellas te dan un sexo, más salvaje, que a mí no me gusta, por lo que quiero que con ellas desfogues tu instinto animal.

- Eres un sol mamá.

- Voy ha hacerte algo que nunca le he hecho a tu padre.

Y ni corta ni perezosa se puso de rodillas frente a mi y sacando mi flácida polla me dio una soberbia mamada, que me devolvió la rigidez e hizo que me corriese en su boca. Ella mostrándome el semen en la boca, me dejó ver como se lo tragaba deleitándose con su sabor.

- Nunca se la habías mamado al cabrón?

- Nunca me había comido su semen.

Estas tías me vuelven loco de amor y lujuria, que más podría pasar?, Tanta felicidad me embargaba que estaba flotando.

Entonces sonó el móvil de mi madre y tras estar unos diez minutos hablando, colgó.

- Es mi jefa de investigadoras, que viene a casa, que ha de mostrarme algo preocupante.

Soy santi 4 en Relatos eroticos de Amor filial (relatos eroticos )

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Los mecanicos y mi esposa en Relatos eroticos de Infidelidad

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septiembre 24th, 2013 >> Relatos Eroticos

Los mecanicos y mi esposa en Relatos eroticos de Infidelidad (relatos eroticos )

» Relato Erotico: Los mecanicos y mi esposa en Relatos eroticos de Infidelidad

Los mecanicos y mi esposa en Relatos eroticos de Infidelidad (relatos eroticos )

Hoy les voy a relatar una de las historias que nos ha pasado no hace mucho tiempo y que nos pone muy calientes solo con recordarla.

Por suerte nunca había tenido problemas con los autos que tuve. Es cierto que nunca fui de usarlos mucho y que los cambiaba con pocos kilómetros, así que no sabía lo que era llevarlos al mecánico, solo a los Services oficiales. Pero como en todo, siempre hay una primera vez.

Un sábado a la mañana habíamos decidido ir a visitar a unos familiares que viven a unos 100 kilómetros de distancia. Pero tuvimos que suspenderlo, el auto no quiso arrancar. Nunca imaginamos que la amargura y bronca de ese momento, iba a terminar en una de las situaciones más excitantes que hemos vivido.

Mientras mi esposa telefoneaba a los familiares para explicarle lo sucedido yo salí en busca de alguien que nos pudiera solucionar el problema.

Hacía unos meses se había instalado un taller a unas 3 cuadras de casa. No tenía ninguna referencia de ellos pero la verdad que tampoco conocía otro lugar, así que me dirigí allí en busca de ayuda.

Al llegar me sorprendió ver lo grande que era y la cantidad de autos. Ocupaba una superficie enorme y había como 10 personas trabajando entre la parte de mecánica y de chapa y pintura.

Apenas crucé la puerta de entrada del taller un muchacho me recibió:

- Mi nombre es Carlos, ¿en que puedo ayudarlo señor? me preguntó muy amablemente.

Carlos tendría alrededor de 35 años, de tez morena, de contextura delgada pero bastante musculosa. Estaba vestido con una camiseta sin mangas color blanca y un pantalón gris, ambos llenos de manchas de grasa, lo que le daba un aspecto bastante desagradable.

- Hola, mi nombre es Jorge y desearía hablar con el encargado, dije.

- Sígame por favor.

Atravesamos todo el local hasta llegar a una pequeña oficina que se encontraba al fondo.

- Tome asiento que ya le aviso al patrón.

Le agradecí y me senté en una silla que estaba detrás de un escritorio lleno de papeles, revistas de mecánica y algunas herramientas.

La oficina era típica de un taller. Estaba ?decorada? con pósters de autos y principalmente de mujeres desnudas en poses muy sexys. Me detuve en una morocha que estaba de espaldas sacando el culo para afuera. Imaginé cuantas pajas se habrían hecho los mecánicos con ese póster y automáticamente se me apareció la imagen de mi esposa en esa posición parada delante de los mecánicos. Un terrible escalofrío recorrió toda mi espalda a tal punto que tuve una erección inmediata.

- ¿Que pedazo de culo eh?, escuche detrás de mí.

- Como pude recuperé el aliento y gire la cabeza para ver quien era.

- Hola como le va, soy Oscar, el encargado del taller, me dijo mientras me tendía la mano.

- Jorge, mucho gusto.

Oscar era un tipo rústico de unos 50 años, muy fornido, cabello bastante largo y como Carlos, tenía las ropas llenas de grasa.

- Y, que me dice, tremendo culo, ¿no le parece?

- Si claro, dije yo, sin poder sacar a mi mujer de la cabeza.

- Me encantan las morochas, son todas putas, rió

Apenas sonreí. Que mal momento le haría pasar si como respuesta le dijera que mi esposa es morocha, pensé y volví a sonreír.

- Bueno, ¿que puedo hacer por usted?, prosiguió

- Mire Oscar, vivo acá a tres cuadras y hace un rato intente arrancar el auto pero no pude, quería preguntarle si es posible que fuera alguien a ver de que se trata el desperfecto.

- Sabe que pasa los sábados cerramos a las 2 de la tarde y estamos tapados de trabajo, lo vamos a tener que dejar para el lunes, me dijo.

- Que macana quedarme todo el fin de semana sin el auto. Bueno pero si no hay remedio, paso el lunes, gracias igual, le dije mientras le tendía la mano.

- A ver, me puede esperar un momento que le entrego el auto a un cliente y como favor se lo veo yo.

- Le agradecería mucho.

Mientras esperaba volví a observar el póster y nuevamente imaginé a Marce en esa foto exhibiendo su hermosa cola y yo ahí disfrutando como la deseaban.

- ¿Veo que lo pone loco ese culo?, escuche detrás de mí. Era Oscar que había regresado y me hacía volver a la realidad.

- Me voy a poner celoso, es mi culo preferido, rió, mientras le daba un beso al póster.

- Sonreí.

- Como me gustará esta puta que acá tengo dos pósters iguales, dijo.

- Tome le regalo uno, prosiguió, mientras me entregaba una lámina enrollada.

- No, esta bien, gracias

- Tome hombre, es un regalo de la casa.

- Bueno, gracias.

- Si le parece vamos a ver su coche, me dijo mientras tomaba un maletín lleno de herramientas.

En el camino a casa no hizo otra cosa que contarme lo que le gustaban las morochas y afirmarme lo puta que eran. Narró algunas historias con unas vecinas del barrio que yo no conocía por lo que solo me limité a escuchar sin hacer ningún comentario.

Al llegar al garaje de casa, me pidió que abriera el capó y que le diera marcha al auto. Así lo hice.

- Está bien, suficiente, me dijo.

- Tengo poca luz acá, si no le parece mal lo empujamos hacia la calle.

- No hay problema, le respondí.

- Aguarde que llame a mi esposa así ella lo guía mientras nosotros empujamos, continué.

No creo que fuera necesario que Marce nos ayudara, solo fue una excusa para que Oscar la conociera. Me calentaba la idea que la viera después de lo que habíamos conversado.

- Marce, ¿podes venir un minuto?, le grite.

Bastó que ella apareciera por la puerta, para que Oscar le clavara la mirada y mostrara en su cara una expresión de vergüenza mezclada con deseo.

No era para menos, por un lado me había hablado de lo putas que eran las morochas y por el otro estaba viendo una morocha que estaba vestida solo con una remera y unas calzas de algodón color gris que le marcaban su fabulosa cola.

- Te presento a Oscar, es el mecánico, le dije.

- Mucho gusto dijo Oscar, todavía perturbado.

- Igualmente dijo ella, extendiéndole la mano.

- Necesitamos sacar el auto, podrías conducir mientras empujamos.

Marce subió al auto y con Oscar fuimos a la parte trasera.

- Perdóneme lo que le dije de las morochas, no sabía, me dijo.

- Quédese tranquilo, no hay problema le contesté.

- Además yo creo lo mismo, continué, mientras reía.

Oscar solo me miro y sonrió, tratando de entender lo que había escuchado.

Sacamos el auto a la calle y cuando Marce se bajo, Oscar no pudo evitar clavarle los ojos en el culo, sin importarle que yo estuviese delante, acción que hizo que comenzara a excitarme.

- Ya le traigo algo de tomar, le dije, mientras Oscar ponía manos a la obra.

- No se moleste, me dijo.

- No es molestia, es a cambio de su regalo le dije riéndome.

- ¿Que regalo?, preguntó Marcela.

- Nada, un póster que me regaló Oscar, dije.

Oscar asomo su cabeza por detrás del capó y me miro sorprendido.

- Donde está, deseo verlo, dijo ella, seguro es una foto de una chica desnuda, típica de taller, continuó.

Oscar seguía mirándome y no decía palabra.

- Así es y es parecida a vos le dije riéndome.

- A verla, quiero verla, dijo.

Oscar sonrió nerviosamente mientras le daba arranque al auto y este arrancaba. Yo ya estaba caliente y el juego ese me estaba gustando.

- ¿Ya está?, que rápido lo arregló, dije.

- Era una pavada, contestó el.

- Venga Oscar ya que terminó, vayamos adentro a tomar algo y mientras le muestro el póster a mi mujer.

Note que la mirada de Oscar se había transformando de sorpresa a la de desconcierto.

La agarre de la mano a Marce y entramos a casa. Oscar venia detrás y apostaba que le estaba comiendo con los ojos la cola a mi esposa. No solo yo estaba seguro, ella también se había dado cuenta y, como es su costumbre cuando esto pasa, arqueo mas la espalda para parar mas el culo, mientras me apretaba la mano y me lanzaba una mirada cómplice.

- Marce, acompañalo al living al señor que voy a buscarle algo de tomar, le dije.

Oscar ya a esta altura no pronunciaba palabra, solo asentía con la cabeza.

- ¿Y el póster?, preguntó ella.

Lo saqué de mi campera y se lo di. Así los vi alejarse camino al living, ella delante con el póster en la mano y el detrás visiblemente exaltado y con la mirada clavada en el culo de Marce.

Yo corrí hacia la cocina, llene 2 vasos con jugo y fui tras sus pasos.

Al atravesar el pasillo que da al living, me detuve antes de llegar. Quería espiar lo que estaba pasando.

La escena era de lo más caliente. Todo estaba en silencio. Oscar estaba sentado en un sillón doble y mi esposa había desenrollado el póster y parada de espaldas a el estaba observando la foto de ese terrible culo.

La vista que ella le estaba dando era fabulosa. Oscar podía ver a la morocha y a su vez su cola que, se notaba, había parado a propósito.

- La verdad tengo que reconocer que tiene una linda cola, dijo ella.

- Su marido quedo embobado cuando la vio, por eso le regale el póster, dijo el.

- ¿En serio?, preguntó ella.

- Si, y la verdad que no entiendo porqué, usted tiene una cola preciosa, dijo un poco tímido.

- Gracias, respondió ella, sacándola más para afuera.

- Es más me animaría a decir que es mas linda que esa, siguió Oscar, ya un poco mas seguro.

- ¿Le parece?, respondió ella, acercándole un poco el culo y ya claramente excitada.

Ver a mi esposa poner la cola parada a un metro de la cara de un desconocido me puso como loco. En ese momento decidí entrar, quería mirar eso más de cerca.

- Aquí están lo jugos, dije y le extendí uno a cada uno.

- Gracias, dijo el, con la voz medio entrecortada.

Mi esposa seguía en la misma posición. Yo pensaba la gran templanza que tenía Oscar para no extender la mano y acariciar esas calzas metidas en la cola de mi mujer.

- ¿Así que te quedaste embobado con esta cola?, dijo Marce en un tono simulando estar enojada, mientras me mostraba el póster y abandonaba su postura para irse a sentar en un sillón frente a Oscar.

- No mi amor, lo que pasa es que, como ya te dije, me pareció que esa cola era parecida a la tuya, le respondí.

- Acá el señor dice que la mía es mas linda, ¿no?, preguntó mientras volvió a pararse a mostrarle la cola.

- Si, contesto Oscar. Se notaba en su cara que la situación lo incomodaba, pero que lo había puesto muy caliente.

- En realidad mucho no puedo comparar porque usted esta vestida, dijo un poco tímido.

- ¿Y que quiere, que mi mujer se desnude? , le dije con cara de enojado.

- No, por favor, no lo tome a mal, solo decía, contesto todo ruborizado.

- En realidad el señor tiene razón, así vestida no puede cotejar si mi cola es mas linda que esa, dijo ella, señalando el póster.

- Sabes que me encanta que me elogien la cola, ¿me dejas que se la muestre al señor, así puede decirme que le parece?, continuó ya totalmente excitada.

Oscar me miro no entendiendo nada. Yo tenía una erección que ya no podía disimular.

- Bueno, pero solo la cola eh, le dije, para poner un límite y evitar que todo se desmadrara.

Marce, de espaldas a Oscar, metió dos dedos al costado de las calzas y se las bajó hasta las rodillas. Tomó el póster y lo puso al lado de ella, tratando de imitar la pose de la foto.

- ¿Y ahora que me dice señor? Le preguntó con cara de puta.

Ahí estaba mi esposa, como otras tantas veces, mostrándole el culo a un desconocido, solo cubierto por una tanguita blanca que se perdía entre sus nalgas.

- Si, si es muy linda, es, es mejor su cola, tartamudeó Oscar, mientras se acomodaba en el sillón.

- Bueno ya es suficiente, súbete las calzas, dije

Marce se subió muy sensualmente sus calzas y volvió a sentarse.

- Podría ser usted la del póster, la verdad, no tiene nada que envidiarle a esa chica, rompió el silencio Oscar.

- Gracias, a mi me encantaría estar en un póster pegado en un taller y que todos se exciten con mi cola, es mi fantasía, dijo ella, mirándolo a los ojos.

- ¿Y a usted no le molestaría ver a su señora calentar hombres?, me preguntó.

- No, al contrario, me excita mucho que la deseen, respondí.

- Si no lo toma a mal puedo llamar a los muchachos del taller, dijo Oscar.

- ¿Para que?, pregunté haciéndome el ingenuo.

- Para que su señora se muestre delante de nosotros como si fuera una foto y le cumplimos su fantasía, me respondió Oscar, ya totalmente lanzado.

- ¿Lo dejas amor que llame a los señores? me preguntó ella con deseo.

Estaba demasiado caliente para negarme.

- Está bien, pero no más de 4 y sin hacer bardo, es solo mirar, esta claro, dije.

- Por supuesto, dijo Oscar, mientras marcaba en su celular.

- Hola Carlos, ¿quien esta todavía en el taller?? bueno deja todo y venite ya con Alberto y con Fabián que los necesito acá, anota la dirección? no, no traigan herramientas?

- Ya vienen, son buenos chicos, no va a ver problemas, dijo.

La espera se hizo interminable. Estábamos los tres muy excitados y tratábamos de disimularlo hablando de cualquier cosa. Oscar a cada rato se acomodaba en el sillón lo que demostraba que estaba con una erección que no podía bajar. A mi me pasaba lo mismo, y a Marce se la notaba súper ansiosa por mostrarse.

La charla ya no daba para más cuando se escucho el timbre. Yo me levante a abrir.

A Carlos ya lo había visto en el taller, Alberto era morocho y corpulento aparentaba unos 50 años como Oscar y Fabián era mas delgado y mas joven, de unos 40 años. Todos estaban con la ropa del taller bastante sucia de grasa por todos lados. Solo Alberto tenía una musculosa blanca que dejaba ver un gran tatuaje en el hombro.

- Pasen por acá, les dije, mientras los guiaba al living.

- Les presento a mi esposa, su nombre es Marcela.

Todos le extendieron la mano mientras miraban desorientados. Ella, sonriendo, le dio la mano a cada uno. Se notaba que le encantaba la situación

- Vengan siéntense acá, así no manchan nada, dijo Oscar, señalando el piso delante del sillón donde estaba sentado el.

- Los hice venir porque la señora necesita un favor ¿no?, pregunto Oscar mientras me miraba.

Yo solo asentí, estaba demasiado caliente para hablar.

- Póngase de pie señora y dénos la espalda por favor, continuó.

Mi esposa obedeció. Oscar tomo el póster y lo extendió cerca de ella.

- No les parece que la señora tiene mas linda cola que la de la foto, preguntó a sus compañeros.

Los tipos con cara de asombro, clavaron la mirada en el culo de mi mujer. Se hizo un silencio total. Marce paró un poco mas la cola y los miro con cara inocente.

- Les gusta mi colita, preguntó.

La cara de asombro de los mecánicos se transformo de inmediato en cara de deseo. Oscar ya sin disimulo, se metió la mano en la entrepierna, como tratando de calmar el dolor que le causaba la erección que tenía.

- Si, respondieron casi al unísono.

Yo como pude me pare, la agarre de la mano y la alejé un par de metros de ellos. Estaba muy cerca y temía que alguno no pudiera controlarse. Me gustaba demasiado esa situación como para que se terminara rápido.

Marce seguía con la cola parada apuntando a los cuatro tipos. Yo me puse de frente a ella y escuche lo que estaba esperando

- Señora, no le muestra la cola a mis compañeros como me la mostró a mí, pidió Oscar.

Me miro, cerro los ojos, y se mordió el labio inferior. Oír ese pedido y ver como ella se había puesto hizo que me llenara de perversión. Mi erección ya no me permitía estar parado, así que tome por los costados su calza y se la baje de un tirón dejando su culo al aire.

- Está bien así, pregunte, mientras regresaba a mi asiento.

Oscar me miró fijo y sin decir una palabra, desabrochó su pantalón y sacó su miembro totalmente erecto. Yo solo le hice un gesto de aprobación, mientras hacía lo mismo. Esto fue aprovechado por el resto que terminaron también sin sus pantalones.

- Mi amor, mira como se masturban los señores con tu cola, dije para poner mas caliente todavía el momento.

Ella les miró los miembros con esa cara de puta que solo ella puede poner.

- Sáquese todo señora que queremos verla desnudita para compararla con la foto, pidió Oscar.

- Siempre que a usted señor no le moleste, continuó.

- No, esta bien, es necesario para que comparen, dije haciéndome el ingenuo.

Marce se arrodillo, se desató las zapatillas, se saco las calzas y luego la remera, quedando solamente con la tanga blanca metida en la cola y un par de medias del mismo color. Se paró en la misma posición que estaba y me preguntó:

- ¿La tanguita también mi amor?

- No creo que sea necesario, ¿vos querés sacártela?, le pregunté.

- Y? la chica de la foto no tiene tanga, no se si ellos podrán verificar así si mi cola es mas linda, dijo con voz entrecortada por lo excitada que estaba.

- Tiene razón su esposa, dijo Oscar. Los demás no hablaban, solo se masturbaban de un modo frenético.

- Bueno, esta bien amor, quitate la tanga, dije.

Eso fue mucho para Carlos que no aguanto más y eyaculó, desparramando semen por todo el piso. Pregunto donde estaba el baño y se dirigió hacia el.

Mientras se alejaba, Marce lo miro y se paso la lengua por los labios, mientras bajaba sensualmente su tanga, dejando a la vista de todos su hermosa cola.

- Que divina cola que tiene su esposa, me dijo Oscar.

- Gracias, conteste yo mientras hacia un esfuerzo terrible para no acabar.

- Mostrales el hoyito amor, le pedí.

Marce se abrió un poco de piernas, se agacho y se puso un dedo en la cola, mientras les regalaba a todos unos constantes jadeos debidos al primer orgasmo que estaba teniendo.

Hasta aquí llegaron Alberto, Fabián y Oscar que casi al mismo tiempo esparcieron todo su semen.

Yo me deje llevar y también tuve un terrible orgasmo. Marce al ver esto, se incorporó, tomó su ropa y salio corriendo para el baño.

Tardamos unos minutos en recuperar el aliento. Oscar trataba de limpiar el piso con su pantalón y Alberto y Fabián estaban fatigados recostados contra el sillón.

- Vio que ser potaron bien los muchachos, dijo Oscar

- Si, les agradezco, ¿la pasaron bien?, les pregunte solo para decir algo.

- Si señor, su esposa es muy caliente dijo Alberto.

- ¿Podemos volver a venir?, continuó.

- Mientras se porten así no hay problema, le respondí, mientras me dirigía a la cocina a buscar algo para beber.

Al atravesar el pasillo, pase por el baño de las visitas y no había nadie. Supuse que Marce estaba en un baño que esta pegado a nuestra habitación. Fui a la cocina y mientras servía las bebidas, me acorde de Carlos, ¿donde está?, pensé.

Enfilé hacia el dormitorio y tuve un pensamiento que lejos de enojarme, me hizo correr un frío por la espalda que me dejo nuevamente con el miembro como una roca. Estaba en lo cierto.

- Perdoname amor, no me pude aguantar, dijo ella entre gemidos.

Ahí estaba mi esposa en nuestra cama totalmente desnuda, puesta en cuatro patas con la cola bien parada, y en el medio de ese fabuloso culo, la cara de Carlos, con su lengua que entraba y salía a toda velocidad de su hoyito.

El ni me miró, estaba como alienado. Marce gritaba cada vez mas fuerte y yo me senté al costado de la cama para no perderme nada.

De repente Carlos salió de su posición, apoyo su verga en el hoyo y le entro hasta el fondo. Marce grito.

- Traelos a todos mi amor, por favor, me pidió, ya sacada y mientras se hamacaba al ritmo de las embestidas.

- Eso señor, vaya a busca a mis compañeros que la puta de su mujer necesita vergas, dijo Carlos descontrolado.

Lo dude un instante, pero mi calentura fue mas fuerte.

- Muchachos pueden venir, les grite saliendo al pasillo.

Un minuto después los tenía a los tres en la puerta de mi habitación. Seguían sin pantalones y Oscar se había sacado la parte de arriba.

- Menos mal que sus compañeros se iban a portar bien, le recrimine a Oscar mientras le señalaba a Carlos dándole por el culo a mi esposa.

En realidad no se si me escuchó. Todos se treparon a la cama y manoseaban a Marce por todas partes. Alberto y Fabián fueron hacia su cara y metieron sus vergas en su boca, mientras Oscar corrió a Carlos de su lugar y empezó a meterle lengua al culo, mientras sus manos acariciaban sus pechos.

Marcela solo gemía descontroladamente.

- Que culo hermoso tiene su mujer, me dijo sacando la cara de su cola.

Ella lo escucho, sacó las vergas de su boca y lo busco con la mirada.

- Si le gusta mi cola, cójamela por favor, le grito, y volvió a lamer.

- Primero quiero su conchita dijo, mientras introducía su verga ahí y dos dedos en el culo.

A Marce le encantaba y yo quería que eso no terminara nunca.

- ¿Querés uno en la cola también mi amor?, pregunte. Ya me dolía la verga de tanto pajearme.

- Si, si, si, si, gritaba ella.

Oscar la levantó, le ordenó a Alberto que se acostara y la empujo a Marce arriba. El busco con su verga la concha y la penetró y Oscar desde atrás la ensarto por el culo.

- Hija de puta, que buen culo que tiene, le gritaba Oscar. Ella le respondía con mas gemidos.

Estuvieron así un buen rato y luego se fueron turnando no dejando nada en el cuerpo de mi esposa por explorar. Yo estaba exhausto, había acabado 3 veces.

- Acábenle dentro de la cola que le gusta, dije con mi último aliento.

Me hicieron caso, uno a uno le dejaron la leche dentro del culo.

Ella gozó como pocas veces.

Regresaron un par de veces más. Pero eso es otra historia.

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