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marzo 11th, 2014 >> Jovencitas


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La madre de Gerardo en Relatos eroticos de Maduras

Video Porno de: Maduras

octubre 8th, 2013 >> Relatos Eroticos

La madre de Gerardo en Relatos eroticos de Maduras (relatos eroticos )

» Relato Erotico: La madre de Gerardo en Relatos eroticos de Maduras

La madre de Gerardo en Relatos eroticos de Maduras (relatos eroticos )

Hola: soy Araceli, 35 años de edad cuando sucedió la historia que aquí les cuento. Madre soltera; tuve a mi hijo a la edad de 20 años y luego, pues nunca me casé; vivo yo sola con él.

Soy una mujer de tez blanca, cabellos negros, poblados, cara bonita, senos menudos, caderona, piernas bonitas, nalgona. No soy muy dada a arreglarme ni a andar provocando a los hombres, pero he tenido suerte con ellos.

Esa tarde estaba preparando la comida cuando entró mi hijo con tres compañeritos de la secundaria; venían de jugar futbol, andaban los cuatro sudando, en short y camiseta, aun con las medias de fut.

+ ¿quieren agua de limón??.

Me contestaron que sí, y me fui a prepararles.

Regresé hasta el comedor, en donde estaban bromeando, diciéndose de cosas, riéndose, como adolescentes que eran, sin embargo, educados, me agradecieron la jarra de agua que les había preparado:

= ¡muchas gracias Araceli!,

me contestaron los chicos, que no solamente me tuteaban, sino que me decían por mi nombre, como si fuera su compañera de escuela, pues es así la costumbre de ellos.

Me retiré a la cocina y luego empecé a oír que reían y que se decían muchas cosas.

Al asomarme miré a mi hijo dándole un puñetazo a uno de sus compañeros en el brazo, al tiempo que otro de ellos le decía:

= ¡yo le echaba dos?!,

y los tres compañeros se soltaban a reír.

Esas risas se acabaron en cuanto yo me asomé.

Al cabo de un rato, los compañeros se despidieron y mi hijo se metió a la regadera. Salió, se vistió y nos sentamos a comer. Ahí le pregunté:

+ ¿qué tanto estabas discutiendo y peleando con tus compañeros??.

= ¡Son unos idiotas?, los tres?!.

+ ¿Idiotas?, porqué??.

Como nos tenemos mucha confianza, mi hijo me dijo:

= es que?, ¡dicen que estás rete buena?!.

Yo me sonreí, complacida, halagada y?, mi hijo continuó su relato:

= Uno de ellos?, Bernardo, al que me estaba ?surtiendo?, ese decía que ?de buena gana te echaba

un palito??

¡Me emocioné con esa revelación!, y?, aunque andaba muy necesitada de sexo, me sentí algo intimidada por la edad de esos chicos, ¡de la edad de mi hijo!, que terminó su relato al contarme que:

= ¡y los otros idiotas dijeron que ellos te echaban dos?!.

Yo, toda emocionada, con mi pantaleta mojada de la calentura que aquella plática me había producido, tuve que sonreírme y tratar de minimizar lo que había pasado, al decirle a mi hijo:

+ y qué caso le haces a esos chicos?, ¡nada más estaban tratando de hacerte desatinar?!

Ahí dejamos esa conversación. Mi hijo me pidió permiso para salir en la tarde ? noche, diciéndome que regresaría alrededor de la media noche.

Le dije que sí. Se arregló por la tarde, se salió y yo me puse a ver la tele mientras planchaba la ropa. Vi algunas escenas eróticas en la tele y me sentí nuevamente?, ¡con ganas!.

Terminé de planchar y me fui a preparar mi merienda: pasaban apenas de las 9 de la noche. Estaba terminando de merendar viendo la tele, que se encuentra en el comedor de mi depa, cuando tocaron la puerta: era Bernardo, el chico al que se ?estaba surtiendo? mi hijo. ¡Venía muy arregladito, cambiado, perfumado!, ¡se veía muy guapito el chiquillo!:

= ¡Hola Araceli!,

me dijo, tuteándome, como lo estilan los jóvenes de hoy:

= ¡vengo por Gerardo?, para irnos a dar la vuelta por ahí?!.

Mirándolo sorprendida le dije:

+ pe?ro?, él hace ya rato que se salió?, ¡dijo que regresaba ya tarde, por ahí de la media

noche? Creí que se había ido con ustedes?!.

= ¡Eeeehhh?, entonces?, el que no entendí fui yo?, creí que nos íbamos a ver aquí?!.

+ Pues no?

= Oye?, qué rico huele tu chocolate?, ¿me invitas una tacita??.

Me dio risa con ese muchacho, siempre tan ?confianzudo? y directo en sus cosas? Le dije que sí. Se sentó a la mesa, se la fui a servir a la cocina y regresé:

+ ¿quieres una concha para tu chocolate??

= ¡si Ara?, gracias?!.

Se la di y nos sentamos a merendar, mirando la tele. Proyectaban una película mexicana, actual y de repente se ve una escena en donde estaban haciéndose el amor una pareja. ¡Me sentí que me ponía colorada!, y me fui a hacerme loca a la cocina, esperando que pasara esa escena.

Cuando regresé al comedor, vi que Bernardo se había cambiado a la sala:

= ¡Vente p?acá?!. ¡Ya me piqué con esa película?, se está poniendo muy buena?!.

No se porqué, pero le hice caso al muchacho y me fui a sentar a su lado, al sillón, que era un sillón doble (para dos personas). Yo estaba al lado izquierdo de Bernardo del lado interior, del lado de la pared y desde ahí se alcanzaba a mirar bien la tele: de hecho, por eso estaba ahí ese sillón, para que miráramos la tele mi hijo Gerardo y yo.

Estuvimos mirando la tele, el transcurrir de la película, hasta que de repente se volvió a presentar otra escena erótica en la pantalla: me puse nuevamente colorada y muy tensa: sentía que mi corazón brincaba de la emoción y con la respiración entrecortada voltié a verlo, queriendo decirle que iba a la cocina de nuevo, pero sentí que su mano me agarraba la nuca; en realidad no fue ninguna sorpresa, y por ello no me moví. Así de esa forma vimos como el hombre comenzaba a ?fajarse? y a desnudar a la chica: estuvimos así un buen momento; Bernardo me jalaba hacia él de manera muy suave y luego de un estremecimiento, me dejé ir hacia su hombro, pasivamente.

Tan pronto puse mi cabeza en su hombro, él volteó a verme y nos dimos un beso, ligero, juntando apenas nuestros labios, pero eso nos encendió y nos reacomodamos de manera inmediata y nos enfrascamos en un beso cachondo, encendido, apasionado.

Al mismo tiempo del beso, me puso su otra mano sobre mi pecho, sobre mi seno, el izquierdo, y se puso a frotarlo, a acariciarlo, a motivarlo, aunque a ratos era muy tosco y me lo apretaba con más fuerza de lo que yo hubiera deseado, pero esas caricias, grotescas, me estimulaban a mil por hora.

Consiguió levantarme el top que llevaba; me introdujo su mano por encima de mi estomago, por debajo de mis senos y comenzó a apretujarlos, por encima de mi brasier.

Las caricias no eran ni preciosas ni precisas, eran más bien desordenadas, bruscas, pero con mucha pasión, que logró contagiarme y le acariciaba su cabeza, sus cabellos y lo apretaba contra mi pecho, hasta que sentí que me levantaba el brasier y dejaba mis senos de fuera, para comenzar a besarlos, a chuparlos, a succionarlos.

Volví a apretarle su cabeza contra mi pecho, exclamando gustosa:

+ ¡Beeernaaardooo?!,

diciendo todo con ello, sin decir nada, a la vez.

El muchacho simplemente se despegó de mi seno, jaló una bocanada de aire y expresó mi nombre, como exhalación:

= ¡Araceliii…!,

Y se volvió a clavar en mi pecho, a seguir succionando el pezón, que estaba muy erecto y muy grande, motivado por esos chupetones que aquel chico le daba.

En cada chupetón que me daba, me sentía petrificada, me quedaba sin respirar y sentía cómo se me inundaba mi sexo, cómo mojaba mi pantaleta, de las emociones que me provocaba Bernardo. ¡Tenía cerrados los ojos!; estaba muerta de pena y deseo. ¡Sentía que todo mi cuerpo vibraba!: mis senos, mi vientre… ¡Me puse muy colorada y muy rígida!, pues me decía que no debía ser pero…, tampoco podía separarme de él…, es más, me seguía apretando yo misma su cabeza a mi pecho, para que me siguiera mamando.

+ ¡Beeernaaardooo?!,

volví a pronunciar?, como dando salida a mis ansias, sintiendo su mano en mi estómago, a la altura de mi cintura, tratando de meterse por debajo de mis pantalones, pero no lo lograba.

Me bajaba su mano hasta la altura de mi entre-pierna, a la altura de mi sexo, por encima del pantalón, y luego se regresaba de nuevo, hasta la cintura, hasta donde estaba la piel de mi estómago, descubierta, para luego volver nuevamente en su intento por introducirme su mano, debajo de mis pantalones, para introducirse hacia abajo, hacia la unión de mis piernas, hacia donde estaba mi sexo.

Sentía su mano, que me seguía acariciando mi vientre y acariciando mi sexo, por encima del pantalón. ¡Quería sentirlo mejor!; ¡él quería sentirme más dentro!, y luchaba por bajarme los pantalones, por desabrocharme el botón de hasta arriba.

Tuve que ayudarle a lograrlo: yo misma me desabroché ese botón de mis jeans y de inmediato el muchacho me bajó el cierre de la bragueta, para empezar a recorrerme mi pantaleta con su mano derecha.

Yo estaba mordiéndome fuertemente los labios, para no gritar del placer que yo estaba sintiendo. El chico me seguía succionando mis senos, me seguía acariciando mi pubis, mis vellos púbicos, mi sexo, por encima de mi pantaleta, muy suavemente, estimulándome más aún, hasta que dejó de tocarme mi sexo y levantó su mano más alto, buscando un pasaje por la parte de arriba, por encima del elástico de mi pantaleta, para poder meterme su mano por debajo de mi pantaleta, para acariciarme mi sexo directamente, y no a través de la tela de aquella prenda íntima, que era alta, casi hasta la cintura y entonces, ¡sentí que brincaba el elástico del resorte!, que su mano se deslizaba hacia mi bajo vientre, desnudo, palpando directamente esa región, hasta que llegó a mi mata de vellos y?, ¡sentí que me estaba viniendo!, ¡completamente!.

¡Es una sensación deliciosa, alcanzar el orgasmo de esa manera, estimulada por alguien!, ¡en este caso un chiquillo!, compañerito de mi hijo, en la secundaria.

¡Deseaba que siguiera y retenía todo mi aliento!. Me abrió los labios vaginales y me introdujo sus dedos, en mi cosita peluda.

+ ¡Aaaaggghhh?, Beeernaaardooo?!.

¡Sentí una descarga eléctrica correr dentro de mí, y me volví a venirme tremendamente.

= ¡Estás rete linda, Araceli?!.

Me dijo, mientras me apoyaba toda la palma de su mano abierta contra mi sexo y me lo comenzaba a apretar.

Una mezcla turbulenta, llena de pasión y vergüenza, se apoderó de mí en ese instante:

= ¡Estás rete sabrosa, Araceli?!.

+ ¡Aaaaggghhh?!.

Emití un breve gemido. Bernardo me acariciaba en ese momento mi sexo: ¿podría darse cuenta de que estaba yo ya toda venida…?.

= ¡separa las piernas…!,

me dijo Bernardo, pero como yo me tardara en hacerlo, el chico me lo aclaró:

= ¡para acariciarte mejor…!,

por lo que separé mis piernas como él quería, aunque en un arranque de pudor las volví a cerrar:

+ ¡No Bernardo…, no puede ser…, no está bien…!,

pero el chico simplemente volvió a repetirme:

= ¡separa tus piernas…!,

y las volví a separar, lentamente, aunque sentía que me estaba escurriendo de mis venidas.

El chico me colocó su mano abierta sobre todo mi sexo, sobre mi mata de vellos, apretándome con fuerza mi pubis, como tomando posesión de él y:

+ ¡Aaaaggghhh?, Beeernaaardooo?!,

grité, quejándome deliciosamente por ese apasionado apretón, soltando un gemido ronco, especial…; en ese instante me sorprendí a mí misma empujando mi pubis, mi sexo en contra de su mano…, pidiéndole al mismo tiempo que continuara, sin pedírselo abiertamente.

= ¡Bájate el pantalón!,

me dijo el chiquillo, y me lo bajé hasta por encima de mis rodillas, dejándole expuesta a su vista mi pantaleta, mojada de mis venidas.

Los dedos del chico me palparon de nuevo mi sexo, por encima de mi pantaleta, siempre con la misma pasión y deseo, con la misma ansiedad, ¡irresistibles…!. ¡Me tenía a su merced…, me le estaba entregando, es más, me le estaba ofreciendo, era yo la que me le estaba ofreciendo…!.

+ ¡Bernardooohhh?!.

Con la respiración agitada empecé a disfrutar sus caricias; ¡yo misma escuchaba mis propios gemidos placenteros, y me volvía a excitar otra vez…!.

+ ¡Bernaaaahhhrdooohhh?!.

Todavía por encima de mis pantaletas, el chico me acariciaba mi sexo a lo largo de mi rajadita…, lo hundía, introduciéndomelo un poco, con todo y mi pantaleta, moviéndolo con mucha ansiedad y deseo. ¿Cómo podía resistirme a esos tocamientos tan deliciosos?. Estaba sintiendo en ese momento una cosa gruesa y un tanto suave que se movía del otro lado de mi pantaleta…, y que me empujaba con fuerza sobre de mi rajadita…

= ¿Te gusta…, Araceli…?,

me preguntó Bernardo en esos momentos

+ ¡Bernaaahhhrdooohhh…, sí, sí…!.

En realidad nunca supe si le respondí a su pregunta o le había hecho, simple y sencillamente una solicitud para que le siguiera.

+ ¡sííííí…….!,

y le volví a empujar mi sexo, totalmente mojado, contra su mano.

Fue en ese momento, casi como si estuviera entre brumas, que alcancé a escuchar la voz de ese chico ordenándome:

= ¡quítate tus calzones…!.

Un temblorcillo me recorrió mi cuerpo, de pies a cabeza y?, sin poder oponerme, comencé a bajarme yo misma mis pantaletas, cumpliendo los deseos de ese chico. Me miraba a mí misma llevándome mis manos hasta el elástico de mi pantaleta y luego, comencé a jalármelas hacia abajo: ¡no podía evitarlo…!, estaba aprisionada por el deseo.

Me levanté un poco del asiento para permitir que mi pantaleta me pasara por debajo de mis asentaderas y me la dejé justo arriba de mis rodillas, en donde se encontraban también mis pantalones, que no me había terminado de retirar.

Por mi misma, volví a sentarme en ese sillón y separé de nuevo mis piernas, para que ese chico pudiera ?tocarme?. ¡Estaba sin respirar!, esperando lo que siguiera…

Alcé mis ojos para mirarlo, con unos ojos de súplica y entonces.., él me tocó; me puso un dedo, ¡un solo dedo!, y me sobresalté por completo… Me separó mi vellos púbicos, todos batidos de mis secreciones, hacia cada lado de mi rajada y luego, empezó a deslizarme su dedo de abajo hacia arriba y luego otra vez… Luego fueron dos dedos…, luego fueron los tres, que se me insinuaban entre mis labios, luego entre los pequeños, por arriba y luego también más abajo… ¡Estaba más que mojada?, completamente batida de mis secreciones y de mis venidas?!.

= ¡Ber? naaahhhr? dooohhh…, sí, ahhh…, sí…, ahhh….!.

Gemía en cada una de sus pasadas y giraba mi cabeza y mi cara a los lados, respirando con mucha velocidad. Le empujaba mi vientre buscando su mano y clavaba mis dedos en el sillón, transida totalmente por el placer…

Los dedos de Bernardo se pusieron a recorrerme con mayor rapidez y mayor fortaleza; ¡me estaba dedeando con fuerza!, me los metía y los sacaba, simulando al acto sexual, con sus dedos en vez de pene, y yo abierta, abierta de par en par…

Mis labios mayores estaban inflados y abiertos por el empuje de la carne interior. ¡No me importaba ni adonde estaba, ni quién era, ni con quién estaba, todo lo que importaba era que mi sexo estaba recibiendo placer!.

Me estaba metiendo sus dedos entre mis labios vaginales todos batidos; hacían un ruido?, bastante particular, al entrar y salir.

Estaba tan ensimismada con ese?, ?ejercicio?, que?, el tiempo se me fue por completo, hasta que el ?cucú? de la sala comenzó a repicar, señalando la media noche: ¡Gerardo!, ¡mi hijo!, ¡no debía de tardar en llegar!.

Me separé de ese chico, con las pantaletas y los pantalones atorados a la rodilla, arribita de la rodilla:

+ ¡Gerardo?, no debe de tardar en llegar?!,

Y me lancé a la carrera hacia el baño, dejando a Bernardo descontrolado.

No bien acababa yo de sentarme en la taza del escusado, cuando oí que la puerta se abría y luego unas voces: ¡ya había llegado Gerardo!.

Me lavé la cara, me arreglé lo mejor que pude y salí hacia la sala, a saludar a mi hijo y a despedir a Bernardo.

Le di de cenar a mi hijo, quién me miraba con cara de interrogación, pero ninguno de los dos dijimos nada.

Nos fuimos a dormir y ya ahí, acostada en mi cama, algo dentro de mí comenzó a decirme que había disfrutado muchísimo, que me había gustado a morir y que había sentido mucho más bonito que cuando me acariciaba yo sola, en mi cama.

Me sentí apenada de haberlo hecho, pero con muchas ganas de repetirlo.

La madre de Gerardo en Relatos eroticos de Maduras (relatos eroticos )

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La madre de Gerardo en Relatos eroticos de Maduras (relatos eroticos )

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El futbol 5 en Relatos eroticos de Maduras

Video Porno de: Maduras

febrero 6th, 2014 >> Relatos Eroticos

El futbol 5 en Relatos eroticos de Maduras (relatos eroticos )

» Relato Erotico: El futbol 5 en Relatos eroticos de Maduras

El futbol 5 en Relatos eroticos de Maduras (relatos eroticos )

Resumen: en los relatos anteriores comenté cómo me enredé con Javier, el amiguito de mi hijo, compañero de escuela y de equipo. Les narré ya cómo lo seduje y le comencé a enseñar el arte del sexo; a continuación les relato cómo fue que, luego de una noche tormentosa, a la mañana siguiente, con premuras de tiempo, lo tuvimos que hacer muy rápido, ¡pero delicioso!. Luego del juego por el tercer lugar, al regreso al hotel, nos enfrascamos en un sexo violento, de entrega total el cual nos conduce, de manera impensada, a la desfloración de mi ano, ¡un completo fuera de lugar!.

+++++++++

Luego de desayunar, me fui de compras al centro de la ciudad y de ahí a la Unidad Deportiva, a ver jugar a los chicos, a mi hijo y a mi nuevo ídolo: ¡a Javier!. Lo miraba correr, lo miraba disputar el balón, lo miraba poniéndole el corazón a ese juego. Lo miraba en sus gestos y me imaginaba sus gestos, cuando estaba conmigo. ¡Se me ?hacia agua la vagina? de tan sólo pensarlo!.

Mi hijo metió un primer gol para ?nuestro? equipo y yo brinqué emocionadísima. Las mamás me felicitaban por el gol de mi hijo, y yo orgullosa, les daba las gracias.

Luego de ese gol, vino el medio tiempo y recién reiniciado el partido vino un segundo gol. También me paré a gritar y a brincar de la emoción, aunque ahora los elogios fueron para la mamá de otro chico.

Continuó el juego y le hicieron faul a uno de ?nuestros? chicos, dentro del área. Se marcó el penalti y el que lo tiró fue Javier. ¡Goool de javieeer?!. Brinqué nuevamente, al igual que nuestra tribuna. Todos nos felicitamos, ya que no habían venido los familiares de Javi.

Ya casi para terminar el juego, nos anotaron un gol ? que para todos los ahí presentes había sido en fuera de lugar pero?, terminó 3 a 1: ¡ganamos el 3er lugar del estado!.

Nos fuimos a comer a uno de los campos, con palapa. Había música que sonaba y estuvo bonita y emotiva aquella celebración.

Poco antes de irnos, mi hijo, que andaba con una mujer, joven para mí, pero ?mayorcita? para mi hijo; debía tener unos 25 años de edad. Me preguntó que si se podía quedar en esa ciudad, con sus primos, aunque de inmediato supe que no era exactamente con ellos con quién se pensaba quedar pero?, le dije que sí, que simplemente le avisara a su padre, total?, estaba de vacaciones.

Me dio un beso emocionado y me comentó que nos veríamos mañana, en las tribunas, para ver la final, por el 1er lugar del estado.

Me regresé con los padres de familia, y cuando ya pardeaba la tarde, me regresé hacia el hotel. ¡Llegué antes que Javier!.

Me metí a bañar, me cepillé y arreglé los cabellos, me maquillé la cara, ¡me perfumé todo el cuerpo!, y me puse un baby doll ? camisón ? de color rosa, transparente, que dejaba ver libremente mis senos, y abajo tenía una pantaletita rosa, de la misma tela que el camisón, también transparente, que dejaba ver libremente mi sexo, mi monte de Venus, mi vello púbico. Me puse unas zapatillas rosas con vivos negros, de tacón alto y terminé mi atuendo con un moño rojo, en mis cabellos.

Me vi en el espejo y me vi muy bonita: ¡tenía cara de mujer enamorada!. ¡Estaba esperando a?, mi chico?!.

Puse la tele y luego de unos pocos minutos hizo su entrada mi galán, completamente sudado, sucio, aun con la camiseta de juego, con sus zapatos deportivos, en short y?, ¡se veía hermoso?!, ¡destilaba virilidad?!. ¡Me le lancé entre sus brazos, me le colgué de su cuello y le ofrecí de inmediato mis labios!, a los que él les correspondió de inmediato; ¡nos dimos un cachondísimo beso en la boca!, el cual nos duró largo tiempo, en que yo le acariciaba su piel sudorosa, por debajo del jersey y me deleitaba con ella:

= ¡Señora?!,

dijo ese muchachito, cuando por fin terminamos el beso:

= ¡Está rete linda?!,

comentó, separándose un poco de mí, admirando mi atuendo, mi cuerpo, mi figura:

= ¡Me encanta con ese conjunto rosa?!, ¡se ve usted preciosa?, señora?!.

Coqueta ante aquellas palabras, me di una vuelta enfrente de él, de manera lenta y pausada, para que pudiera admirarme de frente, de perfil y por mi posterior:

+ ¿y bien?, te gusta lo que ves??.

= ¡Claro que me gusta?, está usted muy bonita?, radiante?, preciosa?!.

+ y?, ¿no te gusta mi moño??,

= Ahhh?, sí?, sobresale ese rojo?, en lo alto de Ud.,

me dijo, sin saber exactamente qué decir de ese moño, por lo que le comenté:

+ ¡Este moño es para el regalo?!.

= ¿Regalo??

+ Sí?, regalo?, por ese 3er lugar? ¡Soy tu regalo tontito?!, ¡me estoy regalando contigo?!, ¡desde ahora soy toda tuya, mi muchachito querido?!.

= ¡Señora?!,

Exclamó, sin saber más qué decir, y me abrazó fuertemente contra su cuerpo. Su pene ya estaba parado, ¡completamente parado!, lo sentía entre mis piernas, lo sentía yo a la altura de mi ombligo, o un poco más por arriba.

Me colgué de su cuello y lo llevé hasta la cama. Nos recostamos y me lo estuve comiendo yo a besos, hasta que, cuando el pobre me pudo despegar su boca de mi boca, entonces:

= ¡voy a bañarme y regreso?!.

+ ¡No?, no le hace?, no te bañes?, me gustas con sabor a sudor?!,

y quitándole el jersey, me puse a besarle su cara, su cuello, su pecho. Llegué hasta su cintura; me tarde un buen tiempo besándole su ombligo, mientras le acariciaba su pene, muy rígido y recto, por encima de su short deportivo:

+ ¡estaba muy orgullosa de que mis dos jovencitos hubieran metido sus goles?!.

= ¡yo voltié a verla cuando iba a tirar ese penalti?, para ver si me estaba mirando?, y luego del gol, voltié de nuevo a mirarla, pero estaba brincando,

de gusto?, se veía muy bonita, señora?!.

+ Ahorita voy a seguir brincando?, ¡de gusto?!, ¡pero encima de ti?!, ¡enterrándome tu cosota?!.

El muchacho me miraba completamente sorprendido por mi actitud y entonces le pregunté:

+ ¿Tienes ganas de hacerlo??

= ¡Siempre, señora, ya se lo dije?, todo el tiempo estoy así?, por usted?!,

exclamó, señalándome su pene parado, por debajo del short.

+ ¡Ahorita lo liberamos?, a este grandulón tan simpático?!.

Y me dediqué a bajarle su short y sus boxers, los que llevaba ese día.

Su pene saltó como muñeco de caja de sorpresas, salió disparado hacia el techo:

+ ¡jovencito?,qué cosas guarda usted debajo de ese shorcito?!,

le comenté, muy sonriente?, y lo tomé entre mis manos y le acerqué mi boquita:

= ¡señora?, ando todo sucio y sudado?!.

+ ¡te todas maneras me gustas?!, ¡tengo muchas ganas de darle una buena mamada a tu verga?!.

= es que?

+ ¿tú no??, ¿no quieres que te la mame??

= pues?, sí?, pero?, también tengo muchas ganas de meterle mi verga?, como lo hicimos en la mañana?, y tengo ganas de hacerlo de a perrito,

y de orilla de cama, y de lado, y por atrás, y?, de muchas formas pero?, estoy todo sucio, quiero irme a bañar y después?

+ después nada?, tu regalo dice que es para ahorita?, ¡con sabor a sudor?!.

Terminé de quitarle su short, por debajo de sus zapatos, y me puse a mamarle su pene. ¡Sabia saladito!, tenía también un poco de sabor a orines, pero tenía un mucho de sabor a sus líquidos pre-seminales, que se los estuve exprimiendo con mis dedos: se los sacaba hasta el meato y los recogía con mi lengua:

= ¡señora?, qué rico?, señora?, sabrosa?!. ¡Tengo ganas de mamarle su pucha?, su papayita?, su chocho?, su sexo?!. ¿Me deja??.

+ ¿Quieres hacer un 69??.

= sí?, ¿me deja??.

Y entonces me giré por completo, pasando mis piernas una a cada lado de la cabeza del chico, clavando mi cara en la mitad de sus piernas, directamente sobre su pene, parado y erecto hacia el cielo, adonde quería yo llegar, con aquella mamada que estaba por empezar:

= ¡se le ve muy bonita su pucha?, debajo de sus calzones, rositas?!,

+ ¡sí?, rositas?, como le gustan a mi muchachito?, me los fui a comprar para él?, para entregárselos de regalo?, para envolver su regalo?, para que me

comiera todita, para que me hiciera de él? ¿Me vas a hacer toda tuya, verdad??.

= Sí señora?, tengo ganas de darle?, ¡por todos lados?!, de hacerle?, ¡muchísimas cosas?!.

+ ¡Si Javi?, lo que tú quieras, chiquito!.

Y sin poderme aguantar un segundo más, clave su pene en mi boca, y me puse a disfrutarlo a lo grande, chupándolo con muchísima suavidad y ternura, descubriendo cada milímetro de esa verga, venosa, sudada, tan tiesa, tan rica.

+ ¡Javier?, la tienes muy rica, chiquito?!,

le dije, en un momento en que dejé de mamar.

Javi, sin quitarme las pantaletas, me estaba mamando mi sexo; solamente había hecho de lado la tela, había dejado descubierta mi rajadita y me había introducido su cara, su boca, su lengua y sus labios: me estaba mamando, de una manera no muy correcta, pero yo lo sentía delicioso: tener en mi sexo la cara de ese chiquillo era?, ¡casi casi la gloria!. Mi mente se lo imaginaba con fuerza y amplificaba las sensaciones: sentía deliciosa su lengua y sus caricias bucales, hasta que luego de unos momentos cesaron:

= ¡señora?, tengo ganas de darle p?adentro?, como lo hicimos en la mañana: ¡acuéstese boca arriba, con las patas abiertas, sin quitarse sus calzoncitos,

cachondos, así como está?, y pídame que me la coja muy rico?!.

+ Sí Javiercito?, lo que tú quieras?, chiquito?,

y adopté la posición que me había sugerido, con las piernas muy abiertas, conservando mi camisón y mis calzoncitos.

Estirando los brazos hacia él, le supliqué con mi vocecita aniñada:

+ ¡Cógeme Javiercito?, métemela?, por favor?, échame un palo sabroso?, como lo hicimos en la mañana, chiquito?!.

= ¡apriétese sus chichitas, señora?, juegue con ellas, ofrézcamelas, pídame que se las mame?!,

me ordenó, y de inmediato lo obedecí: me puse a apretarme mis senos, a acariciarme mis pezoncitos, que ya estaban todititos erectos:

= ¡señora?, si se viera la cara que tiene?, se le ve deliciosas, con ese conjunto rosa que tiene?!. ¡Ya se le nota mojado el calzón?!. ¿Se está viniendo

solita??.

+ Me estoy viniendo contigo, Javier?, tú eres el que me está dando cuerda?, tú eres quién me provoca?, todos estos orgasmos?, todas estas venidas?,

mi inspiración eres tú?!. ¡Cógeme ya?, por favor?!.

Le supliqué nuevamente a Javier, quién se emocionó muchísimo con esa última frase y de inmediato se me colocó entre mis piernas, me hizo de lado mis pantaletas y de manera inmediata me la quiso meter?, pero no lo lograba, tuve que llegar al rescate, colocarle el glande ? la cabeza de su pene ? en la posición adecuada, y de un golpe fortísimo me la dejó ir hasta adentro:

+ ¡Jaaavieeerrr?, aaaggghhh?, aaahhh?, Jaaavieeerrr?!. ¡Qué rico me coges, chiquito?!.

Inmediatamente después de la primera estocada vinieron muchísimas más, de manera ininterrumpida, con muchísima fuerza y velocidad, sentía que se desbarataba la cama, de los golpes enormes, que le daba Javier:

+ ¡Javiercito?, me vas a romper?, Javiercito?, chiquito?, mi lindo?!.

Y en ese preciso momento, no se si por la emoción y calentura de aquellos momentos, Javiercito, ese chico tan educado y tan respetuoso comenzó a repetirme:

= ¡puta?, puta?, puta?, puta?!.

¡Me quedé sorprendida por oír esa sarta de palabrotas?, que jamás me hubiera yo imaginado que pudieran ser proferidas por la boca de ese muchacho, que no dejaba de repetirme:

= ¡puta?, puta?, puta?, puta?!.

¡Terminé por calentarme de manera tremenda, de tan sólo escuchar sus palabras, además de sentir esa ametralladora de golpes que se impactaban en mi sexo, en mis labios externos, en mi clítoris, en mi monte de Venus, ¡en todo mi ser!.

No pude resistir mucho tiempo, los orgasmos comenzaron a amplificarse, de manera continua, uno tras otro, en repetición, y me puse a gritarle:

+ ¡Javi?, Javi?, Javi?, mi Javi?, chiquito?, mi Javi, Javi, Jaaaviii?!,

Y Javier continuaba diciéndome, sin dejar de bombearme:

= ¡puta?, puta?, puta?, puta?!.

¡No se porqué, pero me sobrecalentaba que me dijera de esa manera!, y comencé a contestarle:

+ ¡Sí?, sí Javi?, sí?, soy tu puta?, puta, puta?!.

Los empujones de verga eran demoledores, ultra rápidos, frenéticos, incontenibles, salvajes: me la sacaba casi de manera total y luego, tomando fuerza, velocidad, distancia, como se debe de tirar un penalti, me la dejaba ir hasta adentro: ¡casi la sentía en mi garganta, traspasándome todo mi vientre y mi cuerpo!. ¡Era brutal ese ataque!, hasta que:

= ¡Aaaahhh?, carajo?, ya me lastimaron tus pinches calzones?!,

me dijo enojado, gritándome y dándome un golpe en la cabeza y luego sacándome su pene, lo procedió a ensalivar, pues le estaba doliendo (yo creo).

Me incorporé y me quité de inmediato mis pantaletas; también de inmediato me volví a colocar boca arriba, con mis piernas abiertas, y nuevamente de manera inmediata le dije otra vez, muy sonriente (a pesar de ese golpe en la cabeza):

+ ¿vienes??.

Se me colocó entre mis piernas, me puso su pene en el centro de mi rajadita y de inmediato reinició el frenesí de su mete y saca?, muy rápido y fuerte, desde muy afuera hasta muy adentro; ¡me levantaba del colchón con sus golpes!. Me había levantado mis piernas hacia el techo, se las había echado a su hombro y me estaba bombeando muy fuerte, sin parar, sin detenerse, aumentando siempre la velocidad de sus embestidas hasta que?, en una de esas se zafó de mi vagina y sin saber, ninguno de los dos, que cosa pasó, al momento de entrar me lo metió por detrás, ¡por mi ano!, ¡estaba en fuera de lugar?!, y me hizo gritar desaforadamente por el dolor que causó:

+ ¡Jaaavieeerrr?!,

Le grite, presa del dolor. ¡Nunca me lo habían metido por ese lugar!, y Javiercito me lo había metido hasta adentro.

+ ¡?Estás en fuera de lugar??, por ahí no?, me duele?!, ¡me duele mucho Javier?, sácalo?, por favooor?!.

Pero a Javier le gustó tanto la estrechez de mi recto que?, sin poder contenerse comenzó a verterme su semen en el interior de mis intestinos:

= ¡Me vengo?, me vengo?, señora?, me corrooo?!,

y me retacó por completo mi cola, mi culo, mi traserito, que a partir de ese momento dejaba de ser virgen, profanado por un chiquillo de la edad de mi hijo.

= ¡Qué rica señora?, está muy rica su cola, señora?!.

Y se quedó disfrutando por un rato de la calidez y de la estrechez de mi funda trasera, perforada en un flagrante ?fuera de lugar?.

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