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La madre de Gerardo en Relatos eroticos de Maduras

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octubre 8th, 2013 >> Relatos Eroticos

La madre de Gerardo en Relatos eroticos de Maduras (relatos eroticos )

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La madre de Gerardo en Relatos eroticos de Maduras (relatos eroticos )

Hola: soy Araceli, 35 años de edad cuando sucedió la historia que aquí les cuento. Madre soltera; tuve a mi hijo a la edad de 20 años y luego, pues nunca me casé; vivo yo sola con él.

Soy una mujer de tez blanca, cabellos negros, poblados, cara bonita, senos menudos, caderona, piernas bonitas, nalgona. No soy muy dada a arreglarme ni a andar provocando a los hombres, pero he tenido suerte con ellos.

Esa tarde estaba preparando la comida cuando entró mi hijo con tres compañeritos de la secundaria; venían de jugar futbol, andaban los cuatro sudando, en short y camiseta, aun con las medias de fut.

+ ¿quieren agua de limón??.

Me contestaron que sí, y me fui a prepararles.

Regresé hasta el comedor, en donde estaban bromeando, diciéndose de cosas, riéndose, como adolescentes que eran, sin embargo, educados, me agradecieron la jarra de agua que les había preparado:

= ¡muchas gracias Araceli!,

me contestaron los chicos, que no solamente me tuteaban, sino que me decían por mi nombre, como si fuera su compañera de escuela, pues es así la costumbre de ellos.

Me retiré a la cocina y luego empecé a oír que reían y que se decían muchas cosas.

Al asomarme miré a mi hijo dándole un puñetazo a uno de sus compañeros en el brazo, al tiempo que otro de ellos le decía:

= ¡yo le echaba dos?!,

y los tres compañeros se soltaban a reír.

Esas risas se acabaron en cuanto yo me asomé.

Al cabo de un rato, los compañeros se despidieron y mi hijo se metió a la regadera. Salió, se vistió y nos sentamos a comer. Ahí le pregunté:

+ ¿qué tanto estabas discutiendo y peleando con tus compañeros??.

= ¡Son unos idiotas?, los tres?!.

+ ¿Idiotas?, porqué??.

Como nos tenemos mucha confianza, mi hijo me dijo:

= es que?, ¡dicen que estás rete buena?!.

Yo me sonreí, complacida, halagada y?, mi hijo continuó su relato:

= Uno de ellos?, Bernardo, al que me estaba ?surtiendo?, ese decía que ?de buena gana te echaba

un palito??

¡Me emocioné con esa revelación!, y?, aunque andaba muy necesitada de sexo, me sentí algo intimidada por la edad de esos chicos, ¡de la edad de mi hijo!, que terminó su relato al contarme que:

= ¡y los otros idiotas dijeron que ellos te echaban dos?!.

Yo, toda emocionada, con mi pantaleta mojada de la calentura que aquella plática me había producido, tuve que sonreírme y tratar de minimizar lo que había pasado, al decirle a mi hijo:

+ y qué caso le haces a esos chicos?, ¡nada más estaban tratando de hacerte desatinar?!

Ahí dejamos esa conversación. Mi hijo me pidió permiso para salir en la tarde ? noche, diciéndome que regresaría alrededor de la media noche.

Le dije que sí. Se arregló por la tarde, se salió y yo me puse a ver la tele mientras planchaba la ropa. Vi algunas escenas eróticas en la tele y me sentí nuevamente?, ¡con ganas!.

Terminé de planchar y me fui a preparar mi merienda: pasaban apenas de las 9 de la noche. Estaba terminando de merendar viendo la tele, que se encuentra en el comedor de mi depa, cuando tocaron la puerta: era Bernardo, el chico al que se ?estaba surtiendo? mi hijo. ¡Venía muy arregladito, cambiado, perfumado!, ¡se veía muy guapito el chiquillo!:

= ¡Hola Araceli!,

me dijo, tuteándome, como lo estilan los jóvenes de hoy:

= ¡vengo por Gerardo?, para irnos a dar la vuelta por ahí?!.

Mirándolo sorprendida le dije:

+ pe?ro?, él hace ya rato que se salió?, ¡dijo que regresaba ya tarde, por ahí de la media

noche? Creí que se había ido con ustedes?!.

= ¡Eeeehhh?, entonces?, el que no entendí fui yo?, creí que nos íbamos a ver aquí?!.

+ Pues no?

= Oye?, qué rico huele tu chocolate?, ¿me invitas una tacita??.

Me dio risa con ese muchacho, siempre tan ?confianzudo? y directo en sus cosas? Le dije que sí. Se sentó a la mesa, se la fui a servir a la cocina y regresé:

+ ¿quieres una concha para tu chocolate??

= ¡si Ara?, gracias?!.

Se la di y nos sentamos a merendar, mirando la tele. Proyectaban una película mexicana, actual y de repente se ve una escena en donde estaban haciéndose el amor una pareja. ¡Me sentí que me ponía colorada!, y me fui a hacerme loca a la cocina, esperando que pasara esa escena.

Cuando regresé al comedor, vi que Bernardo se había cambiado a la sala:

= ¡Vente p?acá?!. ¡Ya me piqué con esa película?, se está poniendo muy buena?!.

No se porqué, pero le hice caso al muchacho y me fui a sentar a su lado, al sillón, que era un sillón doble (para dos personas). Yo estaba al lado izquierdo de Bernardo del lado interior, del lado de la pared y desde ahí se alcanzaba a mirar bien la tele: de hecho, por eso estaba ahí ese sillón, para que miráramos la tele mi hijo Gerardo y yo.

Estuvimos mirando la tele, el transcurrir de la película, hasta que de repente se volvió a presentar otra escena erótica en la pantalla: me puse nuevamente colorada y muy tensa: sentía que mi corazón brincaba de la emoción y con la respiración entrecortada voltié a verlo, queriendo decirle que iba a la cocina de nuevo, pero sentí que su mano me agarraba la nuca; en realidad no fue ninguna sorpresa, y por ello no me moví. Así de esa forma vimos como el hombre comenzaba a ?fajarse? y a desnudar a la chica: estuvimos así un buen momento; Bernardo me jalaba hacia él de manera muy suave y luego de un estremecimiento, me dejé ir hacia su hombro, pasivamente.

Tan pronto puse mi cabeza en su hombro, él volteó a verme y nos dimos un beso, ligero, juntando apenas nuestros labios, pero eso nos encendió y nos reacomodamos de manera inmediata y nos enfrascamos en un beso cachondo, encendido, apasionado.

Al mismo tiempo del beso, me puso su otra mano sobre mi pecho, sobre mi seno, el izquierdo, y se puso a frotarlo, a acariciarlo, a motivarlo, aunque a ratos era muy tosco y me lo apretaba con más fuerza de lo que yo hubiera deseado, pero esas caricias, grotescas, me estimulaban a mil por hora.

Consiguió levantarme el top que llevaba; me introdujo su mano por encima de mi estomago, por debajo de mis senos y comenzó a apretujarlos, por encima de mi brasier.

Las caricias no eran ni preciosas ni precisas, eran más bien desordenadas, bruscas, pero con mucha pasión, que logró contagiarme y le acariciaba su cabeza, sus cabellos y lo apretaba contra mi pecho, hasta que sentí que me levantaba el brasier y dejaba mis senos de fuera, para comenzar a besarlos, a chuparlos, a succionarlos.

Volví a apretarle su cabeza contra mi pecho, exclamando gustosa:

+ ¡Beeernaaardooo?!,

diciendo todo con ello, sin decir nada, a la vez.

El muchacho simplemente se despegó de mi seno, jaló una bocanada de aire y expresó mi nombre, como exhalación:

= ¡Araceliii…!,

Y se volvió a clavar en mi pecho, a seguir succionando el pezón, que estaba muy erecto y muy grande, motivado por esos chupetones que aquel chico le daba.

En cada chupetón que me daba, me sentía petrificada, me quedaba sin respirar y sentía cómo se me inundaba mi sexo, cómo mojaba mi pantaleta, de las emociones que me provocaba Bernardo. ¡Tenía cerrados los ojos!; estaba muerta de pena y deseo. ¡Sentía que todo mi cuerpo vibraba!: mis senos, mi vientre… ¡Me puse muy colorada y muy rígida!, pues me decía que no debía ser pero…, tampoco podía separarme de él…, es más, me seguía apretando yo misma su cabeza a mi pecho, para que me siguiera mamando.

+ ¡Beeernaaardooo?!,

volví a pronunciar?, como dando salida a mis ansias, sintiendo su mano en mi estómago, a la altura de mi cintura, tratando de meterse por debajo de mis pantalones, pero no lo lograba.

Me bajaba su mano hasta la altura de mi entre-pierna, a la altura de mi sexo, por encima del pantalón, y luego se regresaba de nuevo, hasta la cintura, hasta donde estaba la piel de mi estómago, descubierta, para luego volver nuevamente en su intento por introducirme su mano, debajo de mis pantalones, para introducirse hacia abajo, hacia la unión de mis piernas, hacia donde estaba mi sexo.

Sentía su mano, que me seguía acariciando mi vientre y acariciando mi sexo, por encima del pantalón. ¡Quería sentirlo mejor!; ¡él quería sentirme más dentro!, y luchaba por bajarme los pantalones, por desabrocharme el botón de hasta arriba.

Tuve que ayudarle a lograrlo: yo misma me desabroché ese botón de mis jeans y de inmediato el muchacho me bajó el cierre de la bragueta, para empezar a recorrerme mi pantaleta con su mano derecha.

Yo estaba mordiéndome fuertemente los labios, para no gritar del placer que yo estaba sintiendo. El chico me seguía succionando mis senos, me seguía acariciando mi pubis, mis vellos púbicos, mi sexo, por encima de mi pantaleta, muy suavemente, estimulándome más aún, hasta que dejó de tocarme mi sexo y levantó su mano más alto, buscando un pasaje por la parte de arriba, por encima del elástico de mi pantaleta, para poder meterme su mano por debajo de mi pantaleta, para acariciarme mi sexo directamente, y no a través de la tela de aquella prenda íntima, que era alta, casi hasta la cintura y entonces, ¡sentí que brincaba el elástico del resorte!, que su mano se deslizaba hacia mi bajo vientre, desnudo, palpando directamente esa región, hasta que llegó a mi mata de vellos y?, ¡sentí que me estaba viniendo!, ¡completamente!.

¡Es una sensación deliciosa, alcanzar el orgasmo de esa manera, estimulada por alguien!, ¡en este caso un chiquillo!, compañerito de mi hijo, en la secundaria.

¡Deseaba que siguiera y retenía todo mi aliento!. Me abrió los labios vaginales y me introdujo sus dedos, en mi cosita peluda.

+ ¡Aaaaggghhh?, Beeernaaardooo?!.

¡Sentí una descarga eléctrica correr dentro de mí, y me volví a venirme tremendamente.

= ¡Estás rete linda, Araceli?!.

Me dijo, mientras me apoyaba toda la palma de su mano abierta contra mi sexo y me lo comenzaba a apretar.

Una mezcla turbulenta, llena de pasión y vergüenza, se apoderó de mí en ese instante:

= ¡Estás rete sabrosa, Araceli?!.

+ ¡Aaaaggghhh?!.

Emití un breve gemido. Bernardo me acariciaba en ese momento mi sexo: ¿podría darse cuenta de que estaba yo ya toda venida…?.

= ¡separa las piernas…!,

me dijo Bernardo, pero como yo me tardara en hacerlo, el chico me lo aclaró:

= ¡para acariciarte mejor…!,

por lo que separé mis piernas como él quería, aunque en un arranque de pudor las volví a cerrar:

+ ¡No Bernardo…, no puede ser…, no está bien…!,

pero el chico simplemente volvió a repetirme:

= ¡separa tus piernas…!,

y las volví a separar, lentamente, aunque sentía que me estaba escurriendo de mis venidas.

El chico me colocó su mano abierta sobre todo mi sexo, sobre mi mata de vellos, apretándome con fuerza mi pubis, como tomando posesión de él y:

+ ¡Aaaaggghhh?, Beeernaaardooo?!,

grité, quejándome deliciosamente por ese apasionado apretón, soltando un gemido ronco, especial…; en ese instante me sorprendí a mí misma empujando mi pubis, mi sexo en contra de su mano…, pidiéndole al mismo tiempo que continuara, sin pedírselo abiertamente.

= ¡Bájate el pantalón!,

me dijo el chiquillo, y me lo bajé hasta por encima de mis rodillas, dejándole expuesta a su vista mi pantaleta, mojada de mis venidas.

Los dedos del chico me palparon de nuevo mi sexo, por encima de mi pantaleta, siempre con la misma pasión y deseo, con la misma ansiedad, ¡irresistibles…!. ¡Me tenía a su merced…, me le estaba entregando, es más, me le estaba ofreciendo, era yo la que me le estaba ofreciendo…!.

+ ¡Bernardooohhh?!.

Con la respiración agitada empecé a disfrutar sus caricias; ¡yo misma escuchaba mis propios gemidos placenteros, y me volvía a excitar otra vez…!.

+ ¡Bernaaaahhhrdooohhh?!.

Todavía por encima de mis pantaletas, el chico me acariciaba mi sexo a lo largo de mi rajadita…, lo hundía, introduciéndomelo un poco, con todo y mi pantaleta, moviéndolo con mucha ansiedad y deseo. ¿Cómo podía resistirme a esos tocamientos tan deliciosos?. Estaba sintiendo en ese momento una cosa gruesa y un tanto suave que se movía del otro lado de mi pantaleta…, y que me empujaba con fuerza sobre de mi rajadita…

= ¿Te gusta…, Araceli…?,

me preguntó Bernardo en esos momentos

+ ¡Bernaaahhhrdooohhh…, sí, sí…!.

En realidad nunca supe si le respondí a su pregunta o le había hecho, simple y sencillamente una solicitud para que le siguiera.

+ ¡sííííí…….!,

y le volví a empujar mi sexo, totalmente mojado, contra su mano.

Fue en ese momento, casi como si estuviera entre brumas, que alcancé a escuchar la voz de ese chico ordenándome:

= ¡quítate tus calzones…!.

Un temblorcillo me recorrió mi cuerpo, de pies a cabeza y?, sin poder oponerme, comencé a bajarme yo misma mis pantaletas, cumpliendo los deseos de ese chico. Me miraba a mí misma llevándome mis manos hasta el elástico de mi pantaleta y luego, comencé a jalármelas hacia abajo: ¡no podía evitarlo…!, estaba aprisionada por el deseo.

Me levanté un poco del asiento para permitir que mi pantaleta me pasara por debajo de mis asentaderas y me la dejé justo arriba de mis rodillas, en donde se encontraban también mis pantalones, que no me había terminado de retirar.

Por mi misma, volví a sentarme en ese sillón y separé de nuevo mis piernas, para que ese chico pudiera ?tocarme?. ¡Estaba sin respirar!, esperando lo que siguiera…

Alcé mis ojos para mirarlo, con unos ojos de súplica y entonces.., él me tocó; me puso un dedo, ¡un solo dedo!, y me sobresalté por completo… Me separó mi vellos púbicos, todos batidos de mis secreciones, hacia cada lado de mi rajada y luego, empezó a deslizarme su dedo de abajo hacia arriba y luego otra vez… Luego fueron dos dedos…, luego fueron los tres, que se me insinuaban entre mis labios, luego entre los pequeños, por arriba y luego también más abajo… ¡Estaba más que mojada?, completamente batida de mis secreciones y de mis venidas?!.

= ¡Ber? naaahhhr? dooohhh…, sí, ahhh…, sí…, ahhh….!.

Gemía en cada una de sus pasadas y giraba mi cabeza y mi cara a los lados, respirando con mucha velocidad. Le empujaba mi vientre buscando su mano y clavaba mis dedos en el sillón, transida totalmente por el placer…

Los dedos de Bernardo se pusieron a recorrerme con mayor rapidez y mayor fortaleza; ¡me estaba dedeando con fuerza!, me los metía y los sacaba, simulando al acto sexual, con sus dedos en vez de pene, y yo abierta, abierta de par en par…

Mis labios mayores estaban inflados y abiertos por el empuje de la carne interior. ¡No me importaba ni adonde estaba, ni quién era, ni con quién estaba, todo lo que importaba era que mi sexo estaba recibiendo placer!.

Me estaba metiendo sus dedos entre mis labios vaginales todos batidos; hacían un ruido?, bastante particular, al entrar y salir.

Estaba tan ensimismada con ese?, ?ejercicio?, que?, el tiempo se me fue por completo, hasta que el ?cucú? de la sala comenzó a repicar, señalando la media noche: ¡Gerardo!, ¡mi hijo!, ¡no debía de tardar en llegar!.

Me separé de ese chico, con las pantaletas y los pantalones atorados a la rodilla, arribita de la rodilla:

+ ¡Gerardo?, no debe de tardar en llegar?!,

Y me lancé a la carrera hacia el baño, dejando a Bernardo descontrolado.

No bien acababa yo de sentarme en la taza del escusado, cuando oí que la puerta se abría y luego unas voces: ¡ya había llegado Gerardo!.

Me lavé la cara, me arreglé lo mejor que pude y salí hacia la sala, a saludar a mi hijo y a despedir a Bernardo.

Le di de cenar a mi hijo, quién me miraba con cara de interrogación, pero ninguno de los dos dijimos nada.

Nos fuimos a dormir y ya ahí, acostada en mi cama, algo dentro de mí comenzó a decirme que había disfrutado muchísimo, que me había gustado a morir y que había sentido mucho más bonito que cuando me acariciaba yo sola, en mi cama.

Me sentí apenada de haberlo hecho, pero con muchas ganas de repetirlo.

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La madre de mi amigo en Relatos eroticos de Maduras

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marzo 7th, 2014 >> Relatos Eroticos

La madre de mi amigo en Relatos eroticos de Maduras (relatos eroticos )

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La madre de mi amigo en Relatos eroticos de Maduras (relatos eroticos )

-¡Jano!- Gritó mi mamá.

-¡¿Qué?!

-¡José te busca!

-¡Dile que suba!

Se abrió la puerta y entró mi amigo.

-¿Qué haces?- Preguntó.

-Armando un cohete a escala- Respondí sardónico.- ¿Que no ves que estoy acostado?- Efectivamente estaba acostado, con un montón de revistas porno que había tomado prestadas a mi hermano. José se sentó a mi lado y comenzó a hojearlas conmigo. Estuvimos un rato en silencio admirando la maravillosa constitución biológica de las modelos.

-¿Viste esta?- Me enseñó la imagen de una morena de tetas enormes.

-Me gusta más esta-. Le mostré la foto que estaba mirando hace ya un buen rato. Al verla, frunció el ceño y me dio un puñetazo en el estómago. Me reí ante su reacción.

-No seas imbécil, no tiene nada que ver con tu mamá.- La chica que le mostré era una pelirroja pecosa, sin muchos atributos en comparación a las otras, pero era más linda de rostro que todas.

De seguro se lo tomó a pecho porque su mamá también es pelirroja y no era ninguna novedad que fuera la sensación del barrio. A casi todos los hombres les gustaba, y no era sorpresa. Era una mujer espectacular. A sus casi cuarenta años tenía un cuerpo curvilíneo. Gran culo, grandes tetas, cintura de avispa y una piel demasiado blanca, que hacía resaltar aún más su cabello anaranjado, porque no era rojo, era naranjo. Eso la había hecho ganarse el apodo de ?La Colorina? y a mi amigo el apodo de el ?Fanta?, ya que había heredado el mismo color de cabello de su madre. Podías distinguirlos a cuadras de distancia.

Muchos la deseaban, incluso mi padre, e incluso mi hermano mayor, que tenía dieciocho. Él a veces solía decirme que tenía pinta de ?depredadora sexual?, a pesar de ello, nunca dio a pie a que hablaran mal de ella, pues tenía buena relación con los vecinos hasta cierto punto. Nunca llegaba a sobrepasarse con nadie, manteniendo así la cordialidad y la intimidad con todos, además, ella poseía un carácter muy juvenil. Todos conocíamos su risa fresca y alborotadora.

Por eso, mi amigo el Fanta siempre se enojaba cuando alguien hablaba de su madre, o si insinuaban algo con respecto a ella, porque era consiente delo que su mamá provocaba en el sexo masculino. Yo antes solía pasar gran tiempo de mis días en su hogar, sobretodo porque José se sentía solo. Su viejo era camionero y pasaba tres semanas fuera y una en casa, hasta que por alguna razón comencé a sentirme incómodo allí. Había algo en la forma que ella, la Colorina, tenía al mirarme, que hacía que me intranquilizara. No lo sé, sus gestos hacia mí, sus roces casuales? algo.

-Ni te atrevas a pensarlo-. Me advirtió. Me reí con fuerza, esa señora me ganaba casi por veinticuatro años.

-Vale, buscaré a otra con quién hacerlo.- Fingí molestia.

-¿Aún no lo haces?- Me preguntó mi amigo. Lo miré como diciendo: ?No hagas preguntas idiotas?. Rió.

-¿Y tú?- Contraataqué.

-Y eh? casi.

-¿Casi?- Me mofé-. Es un sí o un no.

-Y eh?no.- Admitió al fin. Carcajeé y le pegué un revistazo porno en la cabeza.

-Deja eso niñato. Venía invitarte a mi casa.

-¿Para qué?

-Mi papá antes de irse, me compró el nuevo GTA.

-¿El GTA cinco?

Asintió con presunción.

-¿Y por qué no jugamos aquí?- No quería ir a su casa.

-Vamos, no seas mala onda. No quiero dejar a mi vieja sola, siempre se deprime cuando mi papá se va.

Lo pensé un rato, quizá después de todo, sólo era mi imaginación, así que accedí. Le pedí permiso a mi mamá y me fui con José a su casa. Subimos a su habitación, y como siempre, estaba reluciente, en comparación a la mía que era un auténtico chiquero. Cuando iba a sentarme en la alfombra, la puerta se abre y aparece su mamá. Tragué saliva instintivamente.

Sabía que no tenía que mirarla fijamente, o si no Fanta se daría cuenta y armaría un escándalo. Sin embargo, el impacto de su belleza no disminuía ni aunque la viese cien veces al día. Jamás en mi vida había visto un par de ojos más negros que los suyos, y a sabiendas de su hermosura, no tenía la necesidad de maquillarse, con suerte se encrespaba las pestañas.

Esta vez traía un vestido corto, a tiras, con un gran escote. Me obligué a mirarla a los ojos. Calzaba unas sandalias y como siempre, su cabello largo y colorín estaba libre. Al verme, me sonrió al instante.

-¡Hola!- Me saludó, acercándose. Me puso las manos en los hombros, estudiándome- ¡Cómo has crecido! Si parece que no te veo hace años, en vez de meses ?. Dijo mientras me besaba con fuerza en la mejilla. Olía a dulces.

-He crecido un poquito.- Murmuré entre dientes, aquella mujer me cohibía.

-¿Un poquito?- Se burló, alzando una ceja caoba. Sentí mis mejillas arder.

-Ya mamá, no sigas avergonzándolo.- Intervino mi amigo. Le pegué un codazo fuerte en las costillas para que se callara y no siguiera resaltando lo obvio. Ella rió desvergonzada y estrepitosa, su risa resonó por toda la habitación, como si le hubiesen contado el mejor chiste de su vida.

-Vale, vale, los dejo.- Acarició la mejilla de Fanta y volteó para irse, pero antes de cerrar la puerta, giró un tanto hacia mi dirección y me guiñó un ojo. Tragué saliva, ¿A qué iba eso? Mire a mi amigo que pareció no percatarse al estar conectando el Play.

Toda la tarde que pasé allí, no pude dejar de sentirme turbado por alguna razón. Supuse que era por el hecho de estar en un hogar ajeno. No supe qué horas eran hasta que la voz de la? Señora? nos trajo de vuelta al mundo real, sin duda el GTA te absorbe.

-¡Hijo!- Gritó desde el primer piso- ¡Ve a comprar el pan!

-¡Ya!- Respondió Fanta, sin soltar el joystick. Observé por la ventana y vi que estaba oscureciendo.

-¿Qué hora es?- Le pregunté.

-No sé- Respondió aún absorto en el juego.

-Tengo que irme, mi vieja debe estar preocupada.

-Deja pasar esta y bajamos.

Cuando lo hicimos, olisqueé un suave olor a cebollas asadas, todo mi estómago rugió de hambre. Alguien estaba preparando la cena. Nos dirigimos a la cocina y nos encontramos con la mamá de mi amigo, enfrascada en cortar unos trozos de carne, aunque no parecía estar cocinando. No sé, la imagen de mi madre cocinando es con un delantal ancho, todo roñoso y con manchas de aceite eternas que no salían ni con cien lavados, y muy, muy poco femenina. En cambio ella parecía conservar toda la delicadeza de una mujer al hacerlo. Seguía con su vestido floreado, cubierto por un delantal que se ceñía demasiado a su cuerpo. Su cabello estaba tomado y relucía aún más naranjo gracias a la luz artificial de la ampolleta.

-Mamá- Habló Fanta, llamando su atención- Voy a dejar al Jano y de vuelta compro el pan.

-¿Pero cómo? ¿No te quedarás a cenar?- Me preguntó torciéndose hacia nosotros. Su cara redonda lucía más infantil con el pelo tomado.

-No, gracias. Es que ya es tarde y mi mamá debe estar preocupada. ? Me excusé.

-No te preocupes por eso, si te dice algo, yo hablo con ella. No puedo dejar que te vayas sin comer algo, han estado todo el día encerrados, haciendo quizá qué cosas.- Dijo irónica entrecerrando los ojos. Los tres reímos.

-No seas tonta mamá. Entonces, vamos a comprar y volvemos, ¿No?- Inquirió dirigiéndose a mí.

-Vale.- Accedí.

-Ve tú a comprar pan, hijo.- Interrumpió su mamá.- Necesito que alguien ponga la mesa mientras me doy una ducha.

Dejé de respirar, no quería quedarme a solas con ella. Sí, soy un capullo, pero ella me intimidaba demasiado. Las manos me sudaron un poco de solo imaginarlo.

Fanta fue a comprar el pan y la ?Señora? fue a tomar su ducha. Un tanto más relajado sin su presencia, me dediqué a colocar el mantel en el comedor de diario de la cocina, los servicios, los vasos y de vez en cuando revolvía lo que parecía ser un guiso. Cuando estaba en ello, sentí una presencia a mis espaldas y me giro para ver quién era, y de manera instantánea sufrí una erección. La mamá de mi amigo estaba semi desnuda intentando apagar el calefón de la cocina. Una toalla violeta la envolvía, tratando de cubrir su carnoso cuerpo. Sus piernas extremadamente blancas, aparecían torneadas y fibrosas. Su culo (¡Dios mío!) su culo, su enorme culo apenas era tapado por la toalla, y su espalda lucía tersa sin nada que entorpeciera su belleza de mármol. Ella aparentaba no notar mi presencia mientras se inclinaba tratando de desconectar el aparato que daba agua caliente a la casa; y al hacerlo, pude atisbar un poco lo que parecía ser la entrada de su coño.

Abrí los ojos de forma exagerada y redirigí mi vista hacia la olla en el fuego y retomé la tarea de revolver el guiso, aunque ahora lo hacía casi de forma robótica, como si mis extremidades no respondieran al cien por ciento las órdenes de mi cerebro.

-¿Cómo va eso?- Preguntó caminando hacia mí.

-Bien, va? bien.- Respondí sin saber a qué se refería, fingiendo que no había notado su desnudez. Aún traía el cabello tomado, con algunos mechones húmedos pegados a su nuca y rostro.

-¿A ver? Déjame probar-. Se situó a mi lado y me quitó la paleta. Al hacerlo, sus dedos rozaron el dorso de mi mano. Sentí su piel fría y una corriente hizo que se me erizaran todos los pelos del cuerpo. Traté de no mirarla, sabía que si lo hacía, mis ojos se irían a ese gran par de tetas. Probó un poco de la cocción y frunció los labios.

-Le falta sal. ¿Me la pasas?- Pidió sin mirarme.

-Si señora.- Respondí nervioso, tratando de resguardar mi polla más que erecta. Busqué por encima de la alacena sin éxito.

-Está dentro del estante, a un lado del aceite.- Informó al ver que no la encontraba.

-Si señora.

-No me digas señora- Me reprochó-. Me hace sentir vieja-. Le pasé la sal y me sonrió pícara, con algo oculto dentro de sus ojos negros.

-Está bien señora, es decir?- Me interrumpí a mí mismo, ¿Puedo ser más idiota? Ambos nos miramos y reímos ante mi estupidez.

-Dime ?Tía?. Así me llaman los otros amiguitos de José.

-Está bien.- Asentí mecánico, sin saber aún cómo comportarme ante la diosa desnuda que mi amigo tenía por madre.

Añadió un poco de sal a la cacerola y volvió a degustar la comida.

-Ahora sí que sí, Janito. Mira, pruébala.- Acercó la paleta de palo hacia mi boca y esperó a que yo la probara. Crucé las manos por delante de mi entrepierna y abrí la boca tímidamente. Allegó la paleta más hacia mí y testeé la comida. Sinceramente, incluso si hubiese sabido a mierda, no me hubiera dado cuenta, ya que había cedido a la tentación.

Al estar frente a frente a ella, mis ojos bajaron y se quedaron plantados en sus senos. La toalla los apretaba, haciendo que se abultaran y lucieran más grandes.

-¿Está rica?- Preguntó.

-Muy ricas.- Respondí distraído. Oí que rió bajito y subí mi mirada hacia ella.- Este? muy rica quise decir.

-Iré a vestirme.- Dijo de pronto, sin darle importancia a mi desubicación.

Cuando desapareció de mi vista, caí en la cuenta de que estuve conteniendo el aire. La sangre parecía haber huido de todo mi cuerpo para ubicarse en dos lugares: La cara y cómo no, mi pene, que parecía un vibrador a pilas.

Cuando llegó mi amigo cenamos tranquilamente, aunque claro, traté de sentarme lo más lejos posible de ella y rehuí de su mirada todo el tiempo. Sólo quería escapar de allí, mas, para mi desgracia, mi amigo me pidió que me quedara allí, diciendo que podríamos jugar hasta tarde. Decliné la oferta argumentando que tenía que preguntarle a mi mamá primero.

-Deja llamarla, de seguro a mí me dice que sí.- Sugirió José. Era obvio que mi mamá le diría que sí a él. Mientras Fanta llamaba, observé como su mamá recogía la mesa, sin prestar una mínima atención a nuestros planes. Era exquisita, era la MILF perfecta, que llenaba todos los requisitos, ¿Por qué quería escapar de ella? Sí eran ciertas mis conclusiones, tendría que estar haciendo todo lo contrario, debería buscar la forma de que algo pasara, ¿Por qué entonces? Porque eres un capullo, me respondió mi subconsciente. No, no era por eso, era por Fanta? Nah, era porque era un cobarde de tomo y lomo.

Al fin, mi mamá concedió su permiso para que pasara la noche allí, es más, mi mamá parecía más alegre de lo normal al darme permiso.

Antes de ir a acostarnos, ella se despidió de nosotros, esta vez sin muestras de acoso conmigo, lo que me decepcionó un poco, al parecer, sí era mi imaginación después de todo. Estuvimos jugando hasta como a las dos de la mañana, hasta que nos aburrimos. José tenía una cama nido, así que lo único que tuve que hacer fue taparme con algunas frazadas. Él se durmió al instante, era típico en él. Fuera donde fuera, si tenía sueño, dormía como un tronco, en cambio yo de por sí tenía el sueño escaso, de por sí no podía dormir bien en casas ajenas y de por sí, la presencia de la Colorina me ahuyentaba toda posibilidad de reposo.

Estaba que me meaba, pero esperé hasta no escuchar ni un ruido para ir al baño.

Bajé al primer piso, que es donde se encontraba el baño, pero cuando iba llegando a la puerta, vislumbre una luz que provenía desde dentro. ¡Mierda!

-¿Quién está allí?- Preguntó ella.

-Soy yo, tía.- Respondí acercándome. La Colorina abrió la puerta y casi me da un infarto. Tenía puesto un babydoll negro, de satén o seda, qué se yo, que resaltaba aún más el blanco enfermizo de su piel.

-Janito, eres tú. Me asusté por un momento-. Reveló mientras volvía a mirarse al espejo, al parecer estaba echándose de las mismas cremas que usa mi mamá para las arrugas, aunque parecían funcionarle mejor a la Colorina.

Las ganas de orinar se fueron a la mierda, sobretodo porque yo sólo llevaba puesto el bóxer, y ahora ambos estábamos semi desnudos. Instintivamente volví a cubrirme la entrepierna con mis manos.

-¿No vas a entrar?- Inquirió volviéndose hacia mí. Me quedé en silencio-. ¡Ay, pasa! No seas tímido- Me azuzó. Me quedé en el umbral de la puerta, sopesando la posibilidad de entrar. Rió y volvió a mirarse al espejo con mofa. El pelo cobrizo pasaba su cintura? era tan lacio, tan luminoso. Las rodillas me temblaron de sólo pensar lo que había debajo de ese camisón. ¿Qué haría otro chico en mi lugar? Más bien, ¿Qué haría mi hermano en mi lugar? Y la sola idea de imaginarme el rostro de él al contarle esto y lo que sucedió hoy en la cocina, me animó a entrar.

Carraspeé para darme ínfulas de hombre mayor y pasé por detrás de ella. Me paré junto al inodoro, pensando si debía hacer lo que tenía que hacer (mear) o simplemente fingir que quería lavarme los dientes.

-¿Cierro la puerta para que estés más cómodo?-La miré por el espejo, mientras ella seguía embadurnándose con crema el rostro. ¿Significaba algo el que ella quisiera cerrarla? El estómago se volvió bola en mi vientre- ¿La cierro?- Preguntó de nuevo, esta vez contemplándome a través del espejo, nuestras miradas se cruzaron.

Asentí.

Giró y cerró la puerta sin darle importancia al hecho, y siguió mirándose al espejo.

Bien, ahora me tocaba actuar, o sea, mear. Inspiré con fuerza. Este es el paso. Bajé un poco el bóxer y mi erección apareció igual que esos payasos que salen de una caja al darle a la manija. Un subidón de vergüenza me llego a la cabeza al ver lo excitado que estaba. ¡Se suponía que quería mear! ¿Cómo mierda iba a hacerlo si la cabeza de mi pene me apuntaba al ombligo? Mátenme, mátenme ahora. Ni siquiera quise levantar la vista por miedo de que ella pudiese estar observándome. Me relajé pensando en mi abuela y poco a poco fui forzando mi polla para que bajara y así al menos, poder apuntarle al agujero.

La miré de reojo al oír el correr del agua de la llave. Estaba lavándose las manos, sin prestarme atención. Vale, era obvio que notaba lo que me estaba pasando, pero el que me ignorara adrede ayudó bastante. Más tranquilo, pude orinar, tratando de no derramar nada, tarea heroica al tener mi falo tieso. Cuando ese placer único de vaciar la vejiga me invadió, cerré los ojos como siempre suelo hacerlo, y sin darme cuenta solté un suspiro de satisfacción.

Cuando hube terminado, abrí los ojos, y así se quedaron: Abiertos al darme cuenta de que la tía me estaba mirando por el espejo, sonriendo, deleitándose con mi espectáculo.

-Veo que te excitas fácil.- Indicó luego de un momento. Yo no fui capaz de contestarle. Quedé petrificado, sin pestañear. Sus ojos parecían más oscuros que de costumbre.

Soltó una risa burlesca, gutural. Dio media vuelta y quedando aún a mi lado, pero mirándome de frente. Apoyó su cadera contra el lavamanos y se cruzó de brazos, con ese aire jovial que la caracterizaba.

Y ahí estaba yo, mudo, inmóvil y más tieso que el pelo de la estatua de la libertad.

-¿Te gusto?- Inquirió irguiéndose.

Asentí. Dio un paso hacia mí.

-¿Me deseas?

Asentí. Avanzó nuevamente hasta situarse a mis espaldas. Me rebasaba en estatura. En mi defensa, aún me faltaba por crecer. Apoyó su cabeza en mi hombro y nuestras miradas volvieron a encontrarse en el espejo. Volví a oler su perfume. Sus manos se aferraron a mis brazos y fueron bajando por ellos. Al darme cuenta de lo que quería hacer, trate de alejar mis manos de mi entrepierna, pero ella me detuvo.

-¿Te excito?- Su aliento me acarició el cuello, y un espasmo me sacudió el cuerpo. No me perdía de vista, por el espejo seguía cada una de mis reacciones. Arrellanó aún más su cara a la mía y lentamente, como si de una gata se tratase, me mordió el lóbulo de la oreja. ¡Oh Dios! No pude seguir mirándola, era demasiado para mí. Cerré los ojos, concentrándome en no correrme delante de ella.

-¿Te excito o no?- Repitió la pregunta. Ralenticé mi respiración y abrí nuevamente los ojos. Seguía observándome.

-Sí.- Respondí al fin, tragando saliva.

Me sonrió complacida. Retomó el camino y bajó por mis antebrazos. Llegó hasta mis manos, que sujetaban mi erección. Con suavidad, hizo que las retirara. Lo hice. El espejo sólo abarcaba la imagen de ella ?abrazándome? por la cintura, pero sus manos ágiles llegaron hasta mi polla, sujetándola con fuerza. Inspiré y boté el aire despacio al sentirla tocándome, y de forma casi irreal, mi pene parecía seguir creciendo bajo su tacto.

-Al parecer te excito mucho.- Dijo al reparar en lo mismo. Le sonreí tímido.

Una de sus manos empezó a masturbarme lentamente, sin apuros. Me tensé completamente. Lo hacía con delicadeza, moviéndose de arriba abajo. Llegando al glande, me lo apretaba con firmeza y con su pulgar recorría su hendidura. Yo estaba en el paraíso, en cualquier momento mis ojos se volteaban hacia dentro.

Arriba, abajo, lo movía de un lado a otro. De repente, su mano libre bajó aún más, llegando a mis testículos, y los apretó, pero guardando reparos en su ?fragilidad?. No pude evitar quejarme de placer. Ella ya no me miraba, tenía la vista fija en lo que me estaba haciendo. Yo sí observaba su rostro y cada mueca de satisfacción en él al masturbarme. Mi hermano tenía razón, era una depredadora.

Después de unos cuantos minutos, no pude seguir aguantando. Quise quitarla para no correrme en sus manos, pero nuevamente me lo impidió.

-Vamos?- Susurró- Relájate, déjate ir-. Instó mientras movía su mano con más prisa, acuciándome al orgasmo.

Está de más decir que necesité cinco segundos luego de eso para correrme sin vergüenza. Todo mi cuerpo se sacudió como un pececillo fuera del agua. Ella rió contra mi clavícula y me plantó un beso húmedo en la mejilla, antes de separarse. Quiero besarla en los labios.

Fue al lavado y enjuagó sus manos de mi, eh? ¿esperma? Yo retrocedí unos pasos buscando apoyo en la pared. Una corrida así no debe recibirse de pie.

-Tienes manchado el bóxer-. Me advirtió.

Miré hacia abajo y claramente vi una mancha blanquecina que se notaba de lejos gracias a que mi ropa interior era oscura. Quité la mancha con mi pulgar, pero aún quedaba huella.

-Buenas noches-. Se despidió al terminar de lavarse, y antes de que siquiera tocara la perilla, me interpuse y le bloqueé el paso-. ¿Qué haces?- Preguntó risueña. Era una pregunta retórica.

-Usted no se puede ir.- Me asombré de la firmeza en mi voz. Volvió a sonreír, divertida.

-¿Y qué harás para que me quede?- Me desafió.

Y antes de que pudiera siquiera respirar, tomé su rostro entre mis manos y la besé, la besé con toda mi experiencia. Desde que había empezado en esto del ?sexo? lo único que había hecho era besar, y con suerte llegar a segunda base. Me tenía fe, sí.

La arrinconé contra la pared y le metí lengua hasta el fondo. Ella estaba sorprendida, pero al sentir mi lengua contra la suya, reaccionó, y cómo reaccionó. Pronto dejé de ser yo el que daba el beso y fue ella quién tomó la batuta. Sus labios eran carnosos. Yo olvidé que mi amigo estaba en la misma casa y comencé a hacer ruidos mientras la besaba. Envalentonado al ver que era correspondido en el sentimiento, le tomé una teta y se la masajeé con fuerza. Gimió en mis labios.

Le di un último beso en los labios y decidí bajar hasta su cuello, tal cual mi hermano me había recomendado alguna vez hacerlo. Fui dándole lametones suaves y besos sonoros en él, haciendo que ella suspirara. Iba por buen camino. Alcé una de sus piernas e hice que la sujetara en mi cadera. Pesaba, pero mi súper pene me daba las fuerzas necesarias para seguir.

Comencé a acariciarle el muslo levantado, palpando la turgencia de sus carnes. Subí, subí hasta alcanzar su culo. Toqué una de sus nalgas y ella la contrajo en acto reflejo. Reímos. Ella estiró el cuello hacia tras y posó ambos brazos por encima de mis hombros, dejándose llevar por mis caricias inexpertas. Con más confianza, descendí con mi boca, tiré como pude de su camisón hacia abajo y en cuanto vi un seno con un pezón duro y rosado me lo eché a la boca.

Lamí su areola unas cuantas veces para luego succionar, mientras le corría mano en el culo. Ella trataba de reprimir sus gemidos, pero cada vez eran más audibles. Con la mano que tenía en su culo, fui adentrándome aún más, hasta que con las puntas de mis dedos logré acariciar la tela empapada que pobremente trataba de tapar su coño. Ahora gimió sin tapujo. Yo me excité aún más, quería follármela. Traté de levantarla un poco más, y con más libertad, ahora pude introducir un dedo por su vagina, que prácticamente resbaló hacia dentro.

-Espera, para.- Dijo súbitamente. Me detuve al instante.

Ambos nos quedamos quietos, a la espera de oír algo.

-Creí haber escuchado a José. ¿Estás seguro de que dormía?- Bajó su mirada hasta la mía. Estaba sudorosa.

-Sí, estoy seguro.- Afirmé.

Me sonrió. Me dio un beso caliente y apretado e hizo que nos separáramos. Dejó caer la tapa del inodoro y prácticamente me empujó para que me sentara allí. Echó llave a la puerta, giró y se quedó mirándome, mordiéndose el labio inferior, como si fuera una persona de mi edad.

-¿Es malo lo que estamos haciendo?- Preguntó, sentándose a horcajadas sobre mí.

-No lo creo.- Contesté de forma inmediata, pasándome literalmente por el culo la amistad de mi amigo-. ¿Y usted?

-¿Aún me tuteas?- Entrelazó los dedos detrás de mi nuca y volvió a besarme, esta vez sin apuro como antes. Me daba besos cortos que me dejaban con ganas de más.

-Lo siento-. Susurré distraído por su boca

-No lo sientas. Me excita-. Confesó con picardía. Le sonreí y la jalé por la cintura, atrayéndola.

Bajé mis manos a su culo. Poco a poco, gracias a sus besos, retomé la celeridad de mis movimientos. Ella tomó una de mis manos y la guió hasta uno de sus senos, y con lentitud fue enseñándome para que la tocara de la forma que ella deseaba. Le apreté esta vez con suavidad, y por encima de la tela, apreté su pezón entre mis dedos. No pudo evitar gemir, y yo tampoco al escucharla.

-¡No aguanto más!- Enunció de pronto. Se elevó un tanto, hizo a un lado su inútil ropa interior, sacó mi pene que apenas lograba esconderse y se sentó sobre él, introduciéndoselo hasta el tope.

Ella pareció olvidar que su hijo dormía en la habitación de arriba, porque gimió con todo el aire de los pulmones. Yo traté de ser más recatado y apreté la mandíbula.

-Esto es lo que quería.- Bisbiseó junto a mi rostro, buscando apoyo en mi cuerpo.

Lo único que atiné a hacer fue sujetarla firme por las nalgas con ambas manos, mientras ella se removía sobre mi regazo. Con destreza se balanceaba hacia delante y atrás, apretando con su ¿vagina? Mi polla dentro de ella. Era tan delicioso, no podía haber rezado por una mejor primera vez. Con mis manos traté ayudarla, siguiéndole el ritmo. Comenzó a gemir contra mi cuello, acallándose de alguna forma. Yo hice lo propio, cerrando los ojos y pensando en no correrme tan pronto.

Esta mujer tenía una aspiradora entre las piernas. Me succionaba literalmente. Volví a coger una de sus tetas, y con la pasión del momento, giré su pezón como si fuera la perilla de una caja fuerte. Al parecer el dolor sólo la excitó más, porque pegó un alarido, para luego besarme con todo el sentimiento del momento, sin dejar de moverse.

-Espere, espere?- Dije separándome, tratando de recobrar el aliento.

-¿Qué sucede?

-Si sigue así voy a?

-No, no te corras aún-. Adivinó.

Se retiró de mi regazo, dejándome empalmado y con frío. Su cara de loza lucía gotas de sudor, y su cabello caoba estaba húmedo cerca de las sienes. Sin dejar de mirarme, se sacó el camisón y lo tiró a un lado. Hasta ahora no tuve oportunidad de admirar sus senos con paciencia, tomando en cuenta la situación clandestina en la que nos encontrábamos. A mi parecer eran hermosos, no eran ?firmes?, pero aún guardaban redondez al caer. Quería hundirme en ellos, pero al parecer ella tenía otros planes. Se agachó un tanto y retiró sus bombachas a juego con el babydoll. Recién ahora pude percatarme de que tenía una pequeña motita anaranjada en la cúspide de su entrada. Mi pene y yo dimos un salto al verla por completo al desnudo. Se parecía demasiado a esa pintura? ¿Cómo es que se llama? ¿Venus de Nilo? No sé, pero sinceramente era una diosa con cabellos de fuego.

Yo estaba completamente abstraído en ella, contemplando su cuerpo de mármol, cuando ella hizo a un lado la cortina del baño, se inclinó hacia delante, apoyando ambas manos en el borde de la bañera, dejando todo su culo al aire, en mi dirección.

Mis ojos volvieron a desorbitarse. Su culo yacía abierto para mí, y con él, la abertura de su intimidad se divisaba sin problemas.

-¿Qué esperas?- Dijo al ver que yo no atinaba a actuar.

Me paré como un resorte.

-¿Así?- Susurré inseguro, ubicándome detrás de ella.

-Sí, venga.- Me urgió.

Tomé mi verga y con cuidado fui ubicando el glande en la entrada de su cuño. Y con mucho cuidado de no salirme fui introduciéndome en su interior, acariciando el calor de su cuerpo. Ella ronroneó satisfecha y yo casi me desmayo de placer. Retrocedí, pero me salí, y con torpeza volví a penetrarla.

-Adoro tu inexperiencia, pero no debes retroceder tanto-. Miró hacia atrás.- Sólo sácala hasta la mitad y sujétame firme por las caderas.

Asentí como buen alumno. La tomé por las caderas y hundí mis dedos con fuerza en ellas. Me salí un poco de su interior, tal cual ella lo dijo y la penetré con fuerza hacia delante. Gimió.

-Bien, ahora?- Habló con voz trémula-? cuando vayas a meterla, tira de mí hacia ti, al mismo tiempo.

Lo hice. Salí un poco, y al momento de volver a introducirme, la atraje hasta a mí, ensartándola.

-¡Sí!- Masculló.

Y poco a poco, fui tomando el ritmo, hasta que luego de unas cuantas veces lo hice a la perfección. Tiraba fuerte de ella, embistiéndola con toda mi fuerza novata, arrastrando todo lo que estaba en su interior con mi falo. Ella comenzó a gemir más alto y yo por fin pude disfrutar al completo lo que estaba pasando. ¡Esta mañana había despertado virgen!

Giré mi cabeza a un lado y vi mi reflejo en el espejo. Ella, la mamá de mi amigo, casi en cuatro, aguantando a penas mis penetraciones, con sus senos moviéndose en una armoniosa cadencia, con un halo anaranjado que envolvía su rostro gimoteante. Le sonreí a mi otro yo en el espejo. Puse cara de macho alfa como en las películas porno mientras seguía introduciéndome hasta lo infinito en su coño

-Venga, dime algo.- Manifestó de repente.

-¿Qué?- Dije sacado de mi ensueño.

-¡Qué me digas algo!- Exclamó, sin dejar de gemir.

¿Qué le diga algo? ¿Qué le digo?

-Eh? no sé qué decirle-. Le respondí asombrado por la petición.

Seguí cogiéndomela ininterrumpidamente. De nuevo se avecinaba mi clímax.

-Dime? ¡ah! Dime señora-.Volvió a insistir.

-¿Señora?- Un golpe eléctrico tocó mi nuca y se esparció por mi columna hacia todas mis extremidades, llegando a mi entrepierna.

-¡Sí! ¡Dilo!

-¡Señora! ¡Señora! ¡Señora!- Grité dejándome llevar por la inminente corrida que me sacudió hasta las rodillas. Me derramé con todo en su coño. Lamentablemente, no medí mi fuerza, y tratando de darle una última estocada, me fui con todo mi peso hacia delante. Ella no pudo soportar mi empuje y trató de agarrarse a la cortina de baño, pero fue tanto la fuerza, o el peso, que la cortina cedió, rasgándose. Ambos caímos con todo dentro de la bañera.

-¡Ay!- Oí que gritó.

Nuestros cuerpos se contorsionaron de tal forma que yo seguía dentro de ella, pero no sé cómo, ambos teníamos las piernas fuera de la tina.

Cuando el alboroto de la caída se calmó, nos quedamos un rato así, creo que ambos, esperando escuchar alguna respuesta por parte de José. Al no percibir nada, me relajé y recién ahí pude notar un líquido tibio que salía de la intimidad de ella.

-¿Está bien?- Atiné por fin a preguntarle. Me erguí como pude hasta lograr salirme de la bañera. Luego la tomé por la cintura y la ayudé a levantarse. Se sentó al borde de la tina, tratando de sacarse el pelo que tenía pegado al rostro.

Cuando terminó con su tarea, me miró fijamente a los ojos. En serio era imposible creer que ella fuera madre de alguien.

-Sí que tienes fuerza, ¿eh?- Rió y yo la seguí. Qué situación más patética.

-¿De verdad se encuentra bien?- Volví a preguntarle, tomándola de la mano mientras se ponía de pie.

-Sí, muy bien. Excelentemente cogida-. Me guiñó un ojo con desfachatez.

No pude evitar sonrojarme como un bebito, pero al menos ya no me ponía nervioso. Me sonrió con dulzura al notar mi vergüenza. Tomó mi cara y me besó con delicadeza. Pasé mis manos por su cintura, acercándola hacia mí profundizando el beso.

-Basta- Dijo, separándonos-.Tenemos que ir a dormir. Hemos estirado demasiado el elástico.

Hice un mohín infantil y ella soltó una carcajada tan característica suya, que podía espantar a todas las aves de su alrededor.

-Ya habrá tiempo para más-. Me dio un último beso, y cogiendo del suelo el camisón y sus bragas, salió del baño a hurtadillas, vigilando que su hijo no estuviera rondando por allí.

Yo me quedé en el baño, en un espacio sideral paralelo. Había follado con ella, con la mamá de mi mejor amigo. Perdóname amigo, me dije en mi interior. Me contemplé nuevamente en el espejo y me reí ante mi mentira. Nah, no lo sentía, además, al parecer se repetiría.

Me acomodé el bóxer y traté de quitarle con agua la mancha blanquecina que tenía. Me lavé las manos y subí al segundo piso. Todo estaba a oscuras, en silencio. Con gran sigilo ubiqué mi cama y me acosté tratando de no emitir ni un solo ruido.

-¿Jano? ¿Eres tú?- Habló de pronto mi amigo, con voz adormecida.

-Sí- murmuré-. Sigue durmiendo.

-¿Dónde estabas? Sentí un ruido hace rato.

Dejé de respirar.

-Yo también, por eso bajé a ver- Mentí.

-Ah, vale-. Oí cómo se volteaba en la cama, buscando una posición más cómoda para dormir-. ¿Había algo?

-No, parece que son esos gatos de mierda que andan por el techo.

-Putos gatos.- Coincidió José-. ¿Mi mamá se despertó?

-Parece que no.

-Bien. Nos vemos mañana, Jano-. Susurró durmiéndose de nuevo.

-Hasta mañana- me despedí.

Respiré más sereno. Crucé mis brazos detrás de mi cabeza y rememoré todo lo que había pasado, y no pude evitar sonreír. José era mi amigo, mi mejor amigo para ser franco, pero esto que había pasado, ¿Tenía algo que ver con nuestra lealtad? Creo que no. Yo quiero mucho a mi amigo, y ahora, al parecer deseaba a su mamá. Volví a sonreír orgulloso. Sí, había cogido con la mamá de mi mejor amigo, había cogido con la Colorina.

La madre de mi amigo en Relatos eroticos de Maduras (relatos eroticos )

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marzo 6th, 2014 >> Relatos Eroticos

La madre de mi amigo en Relatos eroticos de Maduras (relatos eroticos )

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La madre de mi amigo en Relatos eroticos de Maduras (relatos eroticos )

-¡Jano!- Gritó mi mamá.

-¡¿Qué?!

-¡José te busca!

-¡Dile que suba!

Se abrió la puerta y entró mi amigo.

-¿Qué haces?- Preguntó.

-Armando un cohete a escala- Respondí sardónico.- ¿Que no ves que estoy acostado?- Efectivamente estaba acostado, con un montón de revistas porno que había tomado prestadas a mi hermano. José se sentó a mi lado y comenzó a hojearlas conmigo. Estuvimos un rato en silencio admirando la maravillosa constitución biológica de las modelos.

-¿Viste esta?- Me enseñó la imagen de una morena de tetas enormes.

-Me gusta más esta-. Le mostré la foto que estaba mirando hace ya un buen rato. Al verla, frunció el ceño y me dio un puñetazo en el estómago. Me reí ante su reacción.

-No seas imbécil, no tiene nada que ver con tu mamá.- La chica que le mostré era una pelirroja pecosa, sin muchos atributos en comparación a las otras, pero era más linda de rostro que todas.

De seguro se lo tomó a pecho porque su mamá también es pelirroja y no era ninguna novedad que fuera la sensación del barrio. A casi todos los hombres les gustaba, y no era sorpresa. Era una mujer espectacular. A sus casi cuarenta años tenía un cuerpo curvilíneo. Gran culo, grandes tetas, cintura de avispa y una piel demasiado blanca, que hacía resaltar aún más su cabello anaranjado, porque no era rojo, era naranjo. Eso la había hecho ganarse el apodo de ?La Colorina? y a mi amigo el apodo de el ?Fanta?, ya que había heredado el mismo color de cabello de su madre. Podías distinguirlos a cuadras de distancia.

Muchos la deseaban, incluso mi padre, e incluso mi hermano mayor, que tenía dieciocho. Él a veces solía decirme que tenía pinta de ?depredadora sexual?, a pesar de ello, nunca dio a pie a que hablaran mal de ella, pues tenía buena relación con los vecinos hasta cierto punto. Nunca llegaba a sobrepasarse con nadie, manteniendo así la cordialidad y la intimidad con todos, además, ella poseía un carácter muy juvenil. Todos conocíamos su risa fresca y alborotadora.

Por eso, mi amigo el Fanta siempre se enojaba cuando alguien hablaba de su madre, o si insinuaban algo con respecto a ella, porque era consiente delo que su mamá provocaba en el sexo masculino. Yo antes solía pasar gran tiempo de mis días en su hogar, sobretodo porque José se sentía solo. Su viejo era camionero y pasaba tres semanas fuera y una en casa, hasta que por alguna razón comencé a sentirme incómodo allí. Había algo en la forma que ella, la Colorina, tenía al mirarme, que hacía que me intranquilizara. No lo sé, sus gestos hacia mí, sus roces casuales? algo.

-Ni te atrevas a pensarlo-. Me advirtió. Me reí con fuerza, esa señora me ganaba casi por veinticuatro años.

-Vale, buscaré a otra con quién hacerlo.- Fingí molestia.

-¿Aún no lo haces?- Me preguntó mi amigo. Lo miré como diciendo: ?No hagas preguntas idiotas?. Rió.

-¿Y tú?- Contraataqué.

-Y eh? casi.

-¿Casi?- Me mofé-. Es un sí o un no.

-Y eh?no.- Admitió al fin. Carcajeé y le pegué un revistazo porno en la cabeza.

-Deja eso niñato. Venía invitarte a mi casa.

-¿Para qué?

-Mi papá antes de irse, me compró el nuevo GTA.

-¿El GTA cinco?

Asintió con presunción.

-¿Y por qué no jugamos aquí?- No quería ir a su casa.

-Vamos, no seas mala onda. No quiero dejar a mi vieja sola, siempre se deprime cuando mi papá se va.

Lo pensé un rato, quizá después de todo, sólo era mi imaginación, así que accedí. Le pedí permiso a mi mamá y me fui con José a su casa. Subimos a su habitación, y como siempre, estaba reluciente, en comparación a la mía que era un auténtico chiquero. Cuando iba a sentarme en la alfombra, la puerta se abre y aparece su mamá. Tragué saliva instintivamente.

Sabía que no tenía que mirarla fijamente, o si no Fanta se daría cuenta y armaría un escándalo. Sin embargo, el impacto de su belleza no disminuía ni aunque la viese cien veces al día. Jamás en mi vida había visto un par de ojos más negros que los suyos, y a sabiendas de su hermosura, no tenía la necesidad de maquillarse, con suerte se encrespaba las pestañas.

Esta vez traía un vestido corto, a tiras, con un gran escote. Me obligué a mirarla a los ojos. Calzaba unas sandalias y como siempre, su cabello largo y colorín estaba libre. Al verme, me sonrió al instante.

-¡Hola!- Me saludó, acercándose. Me puso las manos en los hombros, estudiándome- ¡Cómo has crecido! Si parece que no te veo hace años, en vez de meses ?. Dijo mientras me besaba con fuerza en la mejilla. Olía a dulces.

-He crecido un poquito.- Murmuré entre dientes, aquella mujer me cohibía.

-¿Un poquito?- Se burló, alzando una ceja caoba. Sentí mis mejillas arder.

-Ya mamá, no sigas avergonzándolo.- Intervino mi amigo. Le pegué un codazo fuerte en las costillas para que se callara y no siguiera resaltando lo obvio. Ella rió desvergonzada y estrepitosa, su risa resonó por toda la habitación, como si le hubiesen contado el mejor chiste de su vida.

-Vale, vale, los dejo.- Acarició la mejilla de Fanta y volteó para irse, pero antes de cerrar la puerta, giró un tanto hacia mi dirección y me guiñó un ojo. Tragué saliva, ¿A qué iba eso? Mire a mi amigo que pareció no percatarse al estar conectando el Play.

Toda la tarde que pasé allí, no pude dejar de sentirme turbado por alguna razón. Supuse que era por el hecho de estar en un hogar ajeno. No supe qué horas eran hasta que la voz de la? Señora? nos trajo de vuelta al mundo real, sin duda el GTA te absorbe.

-¡Hijo!- Gritó desde el primer piso- ¡Ve a comprar el pan!

-¡Ya!- Respondió Fanta, sin soltar el joystick. Observé por la ventana y vi que estaba oscureciendo.

-¿Qué hora es?- Le pregunté.

-No sé- Respondió aún absorto en el juego.

-Tengo que irme, mi vieja debe estar preocupada.

-Deja pasar esta y bajamos.

Cuando lo hicimos, olisqueé un suave olor a cebollas asadas, todo mi estómago rugió de hambre. Alguien estaba preparando la cena. Nos dirigimos a la cocina y nos encontramos con la mamá de mi amigo, enfrascada en cortar unos trozos de carne, aunque no parecía estar cocinando. No sé, la imagen de mi madre cocinando es con un delantal ancho, todo roñoso y con manchas de aceite eternas que no salían ni con cien lavados, y muy, muy poco femenina. En cambio ella parecía conservar toda la delicadeza de una mujer al hacerlo. Seguía con su vestido floreado, cubierto por un delantal que se ceñía demasiado a su cuerpo. Su cabello estaba tomado y relucía aún más naranjo gracias a la luz artificial de la ampolleta.

-Mamá- Habló Fanta, llamando su atención- Voy a dejar al Jano y de vuelta compro el pan.

-¿Pero cómo? ¿No te quedarás a cenar?- Me preguntó torciéndose hacia nosotros. Su cara redonda lucía más infantil con el pelo tomado.

-No, gracias. Es que ya es tarde y mi mamá debe estar preocupada. ? Me excusé.

-No te preocupes por eso, si te dice algo, yo hablo con ella. No puedo dejar que te vayas sin comer algo, han estado todo el día encerrados, haciendo quizá qué cosas.- Dijo irónica entrecerrando los ojos. Los tres reímos.

-No seas tonta mamá. Entonces, vamos a comprar y volvemos, ¿No?- Inquirió dirigiéndose a mí.

-Vale.- Accedí.

-Ve tú a comprar pan, hijo.- Interrumpió su mamá.- Necesito que alguien ponga la mesa mientras me doy una ducha.

Dejé de respirar, no quería quedarme a solas con ella. Sí, soy un capullo, pero ella me intimidaba demasiado. Las manos me sudaron un poco de solo imaginarlo.

Fanta fue a comprar el pan y la ?Señora? fue a tomar su ducha. Un tanto más relajado sin su presencia, me dediqué a colocar el mantel en el comedor de diario de la cocina, los servicios, los vasos y de vez en cuando revolvía lo que parecía ser un guiso. Cuando estaba en ello, sentí una presencia a mis espaldas y me giro para ver quién era, y de manera instantánea sufrí una erección. La mamá de mi amigo estaba semi desnuda intentando apagar el calefón de la cocina. Una toalla violeta la envolvía, tratando de cubrir su carnoso cuerpo. Sus piernas extremadamente blancas, aparecían torneadas y fibrosas. Su culo (¡Dios mío!) su culo, su enorme culo apenas era tapado por la toalla, y su espalda lucía tersa sin nada que entorpeciera su belleza de mármol. Ella aparentaba no notar mi presencia mientras se inclinaba tratando de desconectar el aparato que daba agua caliente a la casa; y al hacerlo, pude atisbar un poco lo que parecía ser la entrada de su coño.

Abrí los ojos de forma exagerada y redirigí mi vista hacia la olla en el fuego y retomé la tarea de revolver el guiso, aunque ahora lo hacía casi de forma robótica, como si mis extremidades no respondieran al cien por ciento las órdenes de mi cerebro.

-¿Cómo va eso?- Preguntó caminando hacia mí.

-Bien, va? bien.- Respondí sin saber a qué se refería, fingiendo que no había notado su desnudez. Aún traía el cabello tomado, con algunos mechones húmedos pegados a su nuca y rostro.

-¿A ver? Déjame probar-. Se situó a mi lado y me quitó la paleta. Al hacerlo, sus dedos rozaron el dorso de mi mano. Sentí su piel fría y una corriente hizo que se me erizaran todos los pelos del cuerpo. Traté de no mirarla, sabía que si lo hacía, mis ojos se irían a ese gran par de tetas. Probó un poco de la cocción y frunció los labios.

-Le falta sal. ¿Me la pasas?- Pidió sin mirarme.

-Si señora.- Respondí nervioso, tratando de resguardar mi polla más que erecta. Busqué por encima de la alacena sin éxito.

-Está dentro del estante, a un lado del aceite.- Informó al ver que no la encontraba.

-Si señora.

-No me digas señora- Me reprochó-. Me hace sentir vieja-. Le pasé la sal y me sonrió pícara, con algo oculto dentro de sus ojos negros.

-Está bien señora, es decir?- Me interrumpí a mí mismo, ¿Puedo ser más idiota? Ambos nos miramos y reímos ante mi estupidez.

-Dime ?Tía?. Así me llaman los otros amiguitos de José.

-Está bien.- Asentí mecánico, sin saber aún cómo comportarme ante la diosa desnuda que mi amigo tenía por madre.

Añadió un poco de sal a la cacerola y volvió a degustar la comida.

-Ahora sí que sí, Janito. Mira, pruébala.- Acercó la paleta de palo hacia mi boca y esperó a que yo la probara. Crucé las manos por delante de mi entrepierna y abrí la boca tímidamente. Allegó la paleta más hacia mí y testeé la comida. Sinceramente, incluso si hubiese sabido a mierda, no me hubiera dado cuenta, ya que había cedido a la tentación.

Al estar frente a frente a ella, mis ojos bajaron y se quedaron plantados en sus senos. La toalla los apretaba, haciendo que se abultaran y lucieran más grandes.

-¿Está rica?- Preguntó.

-Muy ricas.- Respondí distraído. Oí que rió bajito y subí mi mirada hacia ella.- Este? muy rica quise decir.

-Iré a vestirme.- Dijo de pronto, sin darle importancia a mi desubicación.

Cuando desapareció de mi vista, caí en la cuenta de que estuve conteniendo el aire. La sangre parecía haber huido de todo mi cuerpo para ubicarse en dos lugares: La cara y cómo no, mi pene, que parecía un vibrador a pilas.

Cuando llegó mi amigo cenamos tranquilamente, aunque claro, traté de sentarme lo más lejos posible de ella y rehuí de su mirada todo el tiempo. Sólo quería escapar de allí, mas, para mi desgracia, mi amigo me pidió que me quedara allí, diciendo que podríamos jugar hasta tarde. Decliné la oferta argumentando que tenía que preguntarle a mi mamá primero.

-Deja llamarla, de seguro a mí me dice que sí.- Sugirió José. Era obvio que mi mamá le diría que sí a él. Mientras Fanta llamaba, observé como su mamá recogía la mesa, sin prestar una mínima atención a nuestros planes. Era exquisita, era la MILF perfecta, que llenaba todos los requisitos, ¿Por qué quería escapar de ella? Sí eran ciertas mis conclusiones, tendría que estar haciendo todo lo contrario, debería buscar la forma de que algo pasara, ¿Por qué entonces? Porque eres un capullo, me respondió mi subconsciente. No, no era por eso, era por Fanta? Nah, era porque era un cobarde de tomo y lomo.

Al fin, mi mamá concedió su permiso para que pasara la noche allí, es más, mi mamá parecía más alegre de lo normal al darme permiso.

Antes de ir a acostarnos, ella se despidió de nosotros, esta vez sin muestras de acoso conmigo, lo que me decepcionó un poco, al parecer, sí era mi imaginación después de todo. Estuvimos jugando hasta como a las dos de la mañana, hasta que nos aburrimos. José tenía una cama nido, así que lo único que tuve que hacer fue taparme con algunas frazadas. Él se durmió al instante, era típico en él. Fuera donde fuera, si tenía sueño, dormía como un tronco, en cambio yo de por sí tenía el sueño escaso, de por sí no podía dormir bien en casas ajenas y de por sí, la presencia de la Colorina me ahuyentaba toda posibilidad de reposo.

Estaba que me meaba, pero esperé hasta no escuchar ni un ruido para ir al baño.

Bajé al primer piso, que es donde se encontraba el baño, pero cuando iba llegando a la puerta, vislumbre una luz que provenía desde dentro. ¡Mierda!

-¿Quién está allí?- Preguntó ella.

-Soy yo, tía.- Respondí acercándome. La Colorina abrió la puerta y casi me da un infarto. Tenía puesto un babydoll negro, de satén o seda, qué se yo, que resaltaba aún más el blanco enfermizo de su piel.

-Janito, eres tú. Me asusté por un momento-. Reveló mientras volvía a mirarse al espejo, al parecer estaba echándose de las mismas cremas que usa mi mamá para las arrugas, aunque parecían funcionarle mejor a la Colorina.

Las ganas de orinar se fueron a la mierda, sobretodo porque yo sólo llevaba puesto el bóxer, y ahora ambos estábamos semi desnudos. Instintivamente volví a cubrirme la entrepierna con mis manos.

-¿No vas a entrar?- Inquirió volviéndose hacia mí. Me quedé en silencio-. ¡Ay, pasa! No seas tímido- Me azuzó. Me quedé en el umbral de la puerta, sopesando la posibilidad de entrar. Rió y volvió a mirarse al espejo con mofa. El pelo cobrizo pasaba su cintura? era tan lacio, tan luminoso. Las rodillas me temblaron de sólo pensar lo que había debajo de ese camisón. ¿Qué haría otro chico en mi lugar? Más bien, ¿Qué haría mi hermano en mi lugar? Y la sola idea de imaginarme el rostro de él al contarle esto y lo que sucedió hoy en la cocina, me animó a entrar.

Carraspeé para darme ínfulas de hombre mayor y pasé por detrás de ella. Me paré junto al inodoro, pensando si debía hacer lo que tenía que hacer (mear) o simplemente fingir que quería lavarme los dientes.

-¿Cierro la puerta para que estés más cómodo?-La miré por el espejo, mientras ella seguía embadurnándose con crema el rostro. ¿Significaba algo el que ella quisiera cerrarla? El estómago se volvió bola en mi vientre- ¿La cierro?- Preguntó de nuevo, esta vez contemplándome a través del espejo, nuestras miradas se cruzaron.

Asentí.

Giró y cerró la puerta sin darle importancia al hecho, y siguió mirándose al espejo.

Bien, ahora me tocaba actuar, o sea, mear. Inspiré con fuerza. Este es el paso. Bajé un poco el bóxer y mi erección apareció igual que esos payasos que salen de una caja al darle a la manija. Un subidón de vergüenza me llego a la cabeza al ver lo excitado que estaba. ¡Se suponía que quería mear! ¿Cómo mierda iba a hacerlo si la cabeza de mi pene me apuntaba al ombligo? Mátenme, mátenme ahora. Ni siquiera quise levantar la vista por miedo de que ella pudiese estar observándome. Me relajé pensando en mi abuela y poco a poco fui forzando mi polla para que bajara y así al menos, poder apuntarle al agujero.

La miré de reojo al oír el correr del agua de la llave. Estaba lavándose las manos, sin prestarme atención. Vale, era obvio que notaba lo que me estaba pasando, pero el que me ignorara adrede ayudó bastante. Más tranquilo, pude orinar, tratando de no derramar nada, tarea heroica al tener mi falo tieso. Cuando ese placer único de vaciar la vejiga me invadió, cerré los ojos como siempre suelo hacerlo, y sin darme cuenta solté un suspiro de satisfacción.

Cuando hube terminado, abrí los ojos, y así se quedaron: Abiertos al darme cuenta de que la tía me estaba mirando por el espejo, sonriendo, deleitándose con mi espectáculo.

-Veo que te excitas fácil.- Indicó luego de un momento. Yo no fui capaz de contestarle. Quedé petrificado, sin pestañear. Sus ojos parecían más oscuros que de costumbre.

Soltó una risa burlesca, gutural. Dio media vuelta y quedando aún a mi lado, pero mirándome de frente. Apoyó su cadera contra el lavamanos y se cruzó de brazos, con ese aire jovial que la caracterizaba.

Y ahí estaba yo, mudo, inmóvil y más tieso que el pelo de la estatua de la libertad.

-¿Te gusto?- Inquirió irguiéndose.

Asentí. Dio un paso hacia mí.

-¿Me deseas?

Asentí. Avanzó nuevamente hasta situarse a mis espaldas. Me rebasaba en estatura. En mi defensa, aún me faltaba por crecer. Apoyó su cabeza en mi hombro y nuestras miradas volvieron a encontrarse en el espejo. Volví a oler su perfume. Sus manos se aferraron a mis brazos y fueron bajando por ellos. Al darme cuenta de lo que quería hacer, trate de alejar mis manos de mi entrepierna, pero ella me detuvo.

-¿Te excito?- Su aliento me acarició el cuello, y un espasmo me sacudió el cuerpo. No me perdía de vista, por el espejo seguía cada una de mis reacciones. Arrellanó aún más su cara a la mía y lentamente, como si de una gata se tratase, me mordió el lóbulo de la oreja. ¡Oh Dios! No pude seguir mirándola, era demasiado para mí. Cerré los ojos, concentrándome en no correrme delante de ella.

-¿Te excito o no?- Repitió la pregunta. Ralenticé mi respiración y abrí nuevamente los ojos. Seguía observándome.

-Sí.- Respondí al fin, tragando saliva.

Me sonrió complacida. Retomó el camino y bajó por mis antebrazos. Llegó hasta mis manos, que sujetaban mi erección. Con suavidad, hizo que las retirara. Lo hice. El espejo sólo abarcaba la imagen de ella ?abrazándome? por la cintura, pero sus manos ágiles llegaron hasta mi polla, sujetándola con fuerza. Inspiré y boté el aire despacio al sentirla tocándome, y de forma casi irreal, mi pene parecía seguir creciendo bajo su tacto.

-Al parecer te excito mucho.- Dijo al reparar en lo mismo. Le sonreí tímido.

Una de sus manos empezó a masturbarme lentamente, sin apuros. Me tensé completamente. Lo hacía con delicadeza, moviéndose de arriba abajo. Llegando al glande, me lo apretaba con firmeza y con su pulgar recorría su hendidura. Yo estaba en el paraíso, en cualquier momento mis ojos se volteaban hacia dentro.

Arriba, abajo, lo movía de un lado a otro. De repente, su mano libre bajó aún más, llegando a mis testículos, y los apretó, pero guardando reparos en su ?fragilidad?. No pude evitar quejarme de placer. Ella ya no me miraba, tenía la vista fija en lo que me estaba haciendo. Yo sí observaba su rostro y cada mueca de satisfacción en él al masturbarme. Mi hermano tenía razón, era una depredadora.

Después de unos cuantos minutos, no pude seguir aguantando. Quise quitarla para no correrme en sus manos, pero nuevamente me lo impidió.

-Vamos?- Susurró- Relájate, déjate ir-. Instó mientras movía su mano con más prisa, acuciándome al orgasmo.

Está de más decir que necesité cinco segundos luego de eso para correrme sin vergüenza. Todo mi cuerpo se sacudió como un pececillo fuera del agua. Ella rió contra mi clavícula y me plantó un beso húmedo en la mejilla, antes de separarse. Quiero besarla en los labios.

Fue al lavado y enjuagó sus manos de mi, eh? ¿esperma? Yo retrocedí unos pasos buscando apoyo en la pared. Una corrida así no debe recibirse de pie.

-Tienes manchado el bóxer-. Me advirtió.

Miré hacia abajo y claramente vi una mancha blanquecina que se notaba de lejos gracias a que mi ropa interior era oscura. Quité la mancha con mi pulgar, pero aún quedaba huella.

-Buenas noches-. Se despidió al terminar de lavarse, y antes de que siquiera tocara la perilla, me interpuse y le bloqueé el paso-. ¿Qué haces?- Preguntó risueña. Era una pregunta retórica.

-Usted no se puede ir.- Me asombré de la firmeza en mi voz. Volvió a sonreír, divertida.

-¿Y qué harás para que me quede?- Me desafió.

Y antes de que pudiera siquiera respirar, tomé su rostro entre mis manos y la besé, la besé con toda mi experiencia. Desde que había empezado en esto del ?sexo? lo único que había hecho era besar, y con suerte llegar a segunda base. Me tenía fe, sí.

La arrinconé contra la pared y le metí lengua hasta el fondo. Ella estaba sorprendida, pero al sentir mi lengua contra la suya, reaccionó, y cómo reaccionó. Pronto dejé de ser yo el que daba el beso y fue ella quién tomó la batuta. Sus labios eran carnosos. Yo olvidé que mi amigo estaba en la misma casa y comencé a hacer ruidos mientras la besaba. Envalentonado al ver que era correspondido en el sentimiento, le tomé una teta y se la masajeé con fuerza. Gimió en mis labios.

Le di un último beso en los labios y decidí bajar hasta su cuello, tal cual mi hermano me había recomendado alguna vez hacerlo. Fui dándole lametones suaves y besos sonoros en él, haciendo que ella suspirara. Iba por buen camino. Alcé una de sus piernas e hice que la sujetara en mi cadera. Pesaba, pero mi súper pene me daba las fuerzas necesarias para seguir.

Comencé a acariciarle el muslo levantado, palpando la turgencia de sus carnes. Subí, subí hasta alcanzar su culo. Toqué una de sus nalgas y ella la contrajo en acto reflejo. Reímos. Ella estiró el cuello hacia tras y posó ambos brazos por encima de mis hombros, dejándose llevar por mis caricias inexpertas. Con más confianza, descendí con mi boca, tiré como pude de su camisón hacia abajo y en cuanto vi un seno con un pezón duro y rosado me lo eché a la boca.

Lamí su areola unas cuantas veces para luego succionar, mientras le corría mano en el culo. Ella trataba de reprimir sus gemidos, pero cada vez eran más audibles. Con la mano que tenía en su culo, fui adentrándome aún más, hasta que con las puntas de mis dedos logré acariciar la tela empapada que pobremente trataba de tapar su coño. Ahora gimió sin tapujo. Yo me excité aún más, quería follármela. Traté de levantarla un poco más, y con más libertad, ahora pude introducir un dedo por su vagina, que prácticamente resbaló hacia dentro.

-Espera, para.- Dijo súbitamente. Me detuve al instante.

Ambos nos quedamos quietos, a la espera de oír algo.

-Creí haber escuchado a José. ¿Estás seguro de que dormía?- Bajó su mirada hasta la mía. Estaba sudorosa.

-Sí, estoy seguro.- Afirmé.

Me sonrió. Me dio un beso caliente y apretado e hizo que nos separáramos. Dejó caer la tapa del inodoro y prácticamente me empujó para que me sentara allí. Echó llave a la puerta, giró y se quedó mirándome, mordiéndose el labio inferior, como si fuera una persona de mi edad.

-¿Es malo lo que estamos haciendo?- Preguntó, sentándose a horcajadas sobre mí.

-No lo creo.- Contesté de forma inmediata, pasándome literalmente por el culo la amistad de mi amigo-. ¿Y usted?

-¿Aún me tuteas?- Entrelazó los dedos detrás de mi nuca y volvió a besarme, esta vez sin apuro como antes. Me daba besos cortos que me dejaban con ganas de más.

-Lo siento-. Susurré distraído por su boca

-No lo sientas. Me excita-. Confesó con picardía. Le sonreí y la jalé por la cintura, atrayéndola.

Bajé mis manos a su culo. Poco a poco, gracias a sus besos, retomé la celeridad de mis movimientos. Ella tomó una de mis manos y la guió hasta uno de sus senos, y con lentitud fue enseñándome para que la tocara de la forma que ella deseaba. Le apreté esta vez con suavidad, y por encima de la tela, apreté su pezón entre mis dedos. No pudo evitar gemir, y yo tampoco al escucharla.

-¡No aguanto más!- Enunció de pronto. Se elevó un tanto, hizo a un lado su inútil ropa interior, sacó mi pene que apenas lograba esconderse y se sentó sobre él, introduciéndoselo hasta el tope.

Ella pareció olvidar que su hijo dormía en la habitación de arriba, porque gimió con todo el aire de los pulmones. Yo traté de ser más recatado y apreté la mandíbula.

-Esto es lo que quería.- Bisbiseó junto a mi rostro, buscando apoyo en mi cuerpo.

Lo único que atiné a hacer fue sujetarla firme por las nalgas con ambas manos, mientras ella se removía sobre mi regazo. Con destreza se balanceaba hacia delante y atrás, apretando con su ¿vagina? Mi polla dentro de ella. Era tan delicioso, no podía haber rezado por una mejor primera vez. Con mis manos traté ayudarla, siguiéndole el ritmo. Comenzó a gemir contra mi cuello, acallándose de alguna forma. Yo hice lo propio, cerrando los ojos y pensando en no correrme tan pronto.

Esta mujer tenía una aspiradora entre las piernas. Me succionaba literalmente. Volví a coger una de sus tetas, y con la pasión del momento, giré su pezón como si fuera la perilla de una caja fuerte. Al parecer el dolor sólo la excitó más, porque pegó un alarido, para luego besarme con todo el sentimiento del momento, sin dejar de moverse.

-Espere, espere?- Dije separándome, tratando de recobrar el aliento.

-¿Qué sucede?

-Si sigue así voy a?

-No, no te corras aún-. Adivinó.

Se retiró de mi regazo, dejándome empalmado y con frío. Su cara de loza lucía gotas de sudor, y su cabello caoba estaba húmedo cerca de las sienes. Sin dejar de mirarme, se sacó el camisón y lo tiró a un lado. Hasta ahora no tuve oportunidad de admirar sus senos con paciencia, tomando en cuenta la situación clandestina en la que nos encontrábamos. A mi parecer eran hermosos, no eran ?firmes?, pero aún guardaban redondez al caer. Quería hundirme en ellos, pero al parecer ella tenía otros planes. Se agachó un tanto y retiró sus bombachas a juego con el babydoll. Recién ahora pude percatarme de que tenía una pequeña motita anaranjada en la cúspide de su entrada. Mi pene y yo dimos un salto al verla por completo al desnudo. Se parecía demasiado a esa pintura? ¿Cómo es que se llama? ¿Venus de Nilo? No sé, pero sinceramente era una diosa con cabellos de fuego.

Yo estaba completamente abstraído en ella, contemplando su cuerpo de mármol, cuando ella hizo a un lado la cortina del baño, se inclinó hacia delante, apoyando ambas manos en el borde de la bañera, dejando todo su culo al aire, en mi dirección.

Mis ojos volvieron a desorbitarse. Su culo yacía abierto para mí, y con él, la abertura de su intimidad se divisaba sin problemas.

-¿Qué esperas?- Dijo al ver que yo no atinaba a actuar.

Me paré como un resorte.

-¿Así?- Susurré inseguro, ubicándome detrás de ella.

-Sí, venga.- Me urgió.

Tomé mi verga y con cuidado fui ubicando el glande en la entrada de su cuño. Y con mucho cuidado de no salirme fui introduciéndome en su interior, acariciando el calor de su cuerpo. Ella ronroneó satisfecha y yo casi me desmayo de placer. Retrocedí, pero me salí, y con torpeza volví a penetrarla.

-Adoro tu inexperiencia, pero no debes retroceder tanto-. Miró hacia atrás.- Sólo sácala hasta la mitad y sujétame firme por las caderas.

Asentí como buen alumno. La tomé por las caderas y hundí mis dedos con fuerza en ellas. Me salí un poco de su interior, tal cual ella lo dijo y la penetré con fuerza hacia delante. Gimió.

-Bien, ahora?- Habló con voz trémula-? cuando vayas a meterla, tira de mí hacia ti, al mismo tiempo.

Lo hice. Salí un poco, y al momento de volver a introducirme, la atraje hasta a mí, ensartándola.

-¡Sí!- Masculló.

Y poco a poco, fui tomando el ritmo, hasta que luego de unas cuantas veces lo hice a la perfección. Tiraba fuerte de ella, embistiéndola con toda mi fuerza novata, arrastrando todo lo que estaba en su interior con mi falo. Ella comenzó a gemir más alto y yo por fin pude disfrutar al completo lo que estaba pasando. ¡Esta mañana había despertado virgen!

Giré mi cabeza a un lado y vi mi reflejo en el espejo. Ella, la mamá de mi amigo, casi en cuatro, aguantando a penas mis penetraciones, con sus senos moviéndose en una armoniosa cadencia, con un halo anaranjado que envolvía su rostro gimoteante. Le sonreí a mi otro yo en el espejo. Puse cara de macho alfa como en las películas porno mientras seguía introduciéndome hasta lo infinito en su coño

-Venga, dime algo.- Manifestó de repente.

-¿Qué?- Dije sacado de mi ensueño.

-¡Qué me digas algo!- Exclamó, sin dejar de gemir.

¿Qué le diga algo? ¿Qué le digo?

-Eh? no sé qué decirle-. Le respondí asombrado por la petición.

Seguí cogiéndomela ininterrumpidamente. De nuevo se avecinaba mi clímax.

-Dime? ¡ah! Dime señora-.Volvió a insistir.

-¿Señora?- Un golpe eléctrico tocó mi nuca y se esparció por mi columna hacia todas mis extremidades, llegando a mi entrepierna.

-¡Sí! ¡Dilo!

-¡Señora! ¡Señora! ¡Señora!- Grité dejándome llevar por la inminente corrida que me sacudió hasta las rodillas. Me derramé con todo en su coño. Lamentablemente, no medí mi fuerza, y tratando de darle una última estocada, me fui con todo mi peso hacia delante. Ella no pudo soportar mi empuje y trató de agarrarse a la cortina de baño, pero fue tanto la fuerza, o el peso, que la cortina cedió, rasgándose. Ambos caímos con todo dentro de la bañera.

-¡Ay!- Oí que gritó.

Nuestros cuerpos se contorsionaron de tal forma que yo seguía dentro de ella, pero no sé cómo, ambos teníamos las piernas fuera de la tina.

Cuando el alboroto de la caída se calmó, nos quedamos un rato así, creo que ambos, esperando escuchar alguna respuesta por parte de José. Al no percibir nada, me relajé y recién ahí pude notar un líquido tibio que salía de la intimidad de ella.

-¿Está bien?- Atiné por fin a preguntarle. Me erguí como pude hasta lograr salirme de la bañera. Luego la tomé por la cintura y la ayudé a levantarse. Se sentó al borde de la tina, tratando de sacarse el pelo que tenía pegado al rostro.

Cuando terminó con su tarea, me miró fijamente a los ojos. En serio era imposible creer que ella fuera madre de alguien.

-Sí que tienes fuerza, ¿eh?- Rió y yo la seguí. Qué situación más patética.

-¿De verdad se encuentra bien?- Volví a preguntarle, tomándola de la mano mientras se ponía de pie.

-Sí, muy bien. Excelentemente cogida-. Me guiñó un ojo con desfachatez.

No pude evitar sonrojarme como un bebito, pero al menos ya no me ponía nervioso. Me sonrió con dulzura al notar mi vergüenza. Tomó mi cara y me besó con delicadeza. Pasé mis manos por su cintura, acercándola hacia mí profundizando el beso.

-Basta- Dijo, separándonos-.Tenemos que ir a dormir. Hemos estirado demasiado el elástico.

Hice un mohín infantil y ella soltó una carcajada tan característica suya, que podía espantar a todas las aves de su alrededor.

-Ya habrá tiempo para más-. Me dio un último beso, y cogiendo del suelo el camisón y sus bragas, salió del baño a hurtadillas, vigilando que su hijo no estuviera rondando por allí.

Yo me quedé en el baño, en un espacio sideral paralelo. Había follado con ella, con la mamá de mi mejor amigo. Perdóname amigo, me dije en mi interior. Me contemplé nuevamente en el espejo y me reí ante mi mentira. Nah, no lo sentía, además, al parecer se repetiría.

Me acomodé el bóxer y traté de quitarle con agua la mancha blanquecina que tenía. Me lavé las manos y subí al segundo piso. Todo estaba a oscuras, en silencio. Con gran sigilo ubiqué mi cama y me acosté tratando de no emitir ni un solo ruido.

-¿Jano? ¿Eres tú?- Habló de pronto mi amigo, con voz adormecida.

-Sí- murmuré-. Sigue durmiendo.

-¿Dónde estabas? Sentí un ruido hace rato.

Dejé de respirar.

-Yo también, por eso bajé a ver- Mentí.

-Ah, vale-. Oí cómo se volteaba en la cama, buscando una posición más cómoda para dormir-. ¿Había algo?

-No, parece que son esos gatos de mierda que andan por el techo.

-Putos gatos.- Coincidió José-. ¿Mi mamá se despertó?

-Parece que no.

-Bien. Nos vemos mañana, Jano-. Susurró durmiéndose de nuevo.

-Hasta mañana- me despedí.

Respiré más sereno. Crucé mis brazos detrás de mi cabeza y rememoré todo lo que había pasado, y no pude evitar sonreír. José era mi amigo, mi mejor amigo para ser franco, pero esto que había pasado, ¿Tenía algo que ver con nuestra lealtad? Creo que no. Yo quiero mucho a mi amigo, y ahora, al parecer deseaba a su mamá. Volví a sonreír orgulloso. Sí, había cogido con la mamá de mi mejor amigo, había cogido con la Colorina.

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La vuelta de mi madre en Relatos eroticos de Amor filial

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febrero 21st, 2014 >> Relatos Eroticos

La vuelta de mi madre en Relatos eroticos de Amor filial (relatos eroticos )

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La vuelta de mi madre en Relatos eroticos de Amor filial (relatos eroticos )

me llamo Fernando, Nando para los amigos. Soy un chico de familia adinerada. Mi padre es un alto ejecutivo que ha pasado ya por varias empresas y que está en el consejo de administración de otras tantas. Mi madre, la mujer de mi vida, es simple, no es mala persona, ni tonta, ni pija, sólo simple. Mis padres me han dado todo lo que necesitaba y más, sin embargo han sabido hacerme apreciar el valor de las cosas. Conocemos el nombre de todos los empleados del hogar, y, por supuesto, les tenemos tanto cariño como a alguien de la familia. Tenemos dos perros, Kuko y Palo.

Mi padre es, para que os hagáis una idea, el tipo de persona que siempre te hace sentir bien, un gran líder. En los momentos en los que le he necesitado siempre ha estado ahí y siempre lo está para sus amigos. Puede ser serio y estricto cuando tiene que serlo, y simpático y divertido cuando la ocasión lo permite. Se llama Joaquín.

Mi madre, Lucía, creo que tiene una carrera, pero no ha tenido que trabajar en su vida. Se casó con Joaquín nada más terminar sus estudios y, poco después me tuvieron a mí. Mi padre le ha dado todo, una gran casa, un físico tremendo (además de gimnasio, masajes, peluquería, manicura y pedicura diarios, la pagó un aumento de pechos y unos retoques de nariz y pómulos), vamos que tengo una madre que podría ser más de una portada de playboy. Sin embargo yo no comencé a apreciar el físico tan arrebatadoramente sexual de mi madre hasta que ocurrió lo siguiente.

Estaba realizando un trabajo para clase en el que se hablaba de la discriminación de la mujer en el mundo, así que me puse a buscar en la biblioteca libros acerca del tema. Nada, casi todas eran novelas de intriga o autoayuda….luego me dirigí a la videoteca y me fijé en unos DVD’s en la parte más alta de la estantería. Todos comenzaban titulados como DOCUMENTAL. Eran varios documentales: “la psicología del soltero”, “la juventud hoy en día”, “cómo educar a tu mascota”; y finalmente uno que podía ayudarme en mi trabajo de clase, “las mujeres en sociedad”.

Puse el DVD en el reproductor, después de haber preparado el cuaderno y el bolígrafo para tomar apuntes de lo que pensé sería un tedioso documental acerca del comportamiento humano y el papel de la mujer en y con la sociedad. Pantalla azul, luego una fecha, de hace un año en verano y de repente la habitación de mis padres….pero qué???

Pocos segundos después mi madre, “vestida” con un bikini ajustadísimo y con poca tela se sentaba en la cama juntó a otra belleza en bikini rubia. Se reían mirando a la cámara y….comenzaron a morrearse y a sobarse los pechos! El bolígrafo se me calló de las manos y la mandíbula no se me desencajó porque sólo es posible en los dibujos animados, pero poco faltó. Seguí mirando y las cosa siguió calentándose. Se empezaron a meter mano por el tanga del bikini mientras se seguían morreando, comenzaron a gemir y en ese momento mi madre se quitó la parte de arriba….qué pedazo de tetas tiene mi madre, redondas pero que no parecían falsas, con unos pezones grandes pero bien proporcionados.

Paré el reproductor, intenté pensar…recogí todos los DVD’s de documentales, el que estaba puesto y me fui a mi habitación. Cerré la puerta con llave, encendí mi ordenador y seguí viendo el titulado “Documental: las mujeres en sociedad”. Pasé las escenas ya vistas, y retomé el tramo en el que mi madre se quitó el sostén del bikini. La otra tía comenzó a lamerla los pezones….yo me estaba enfadando con mi madre, la poya se me estaba poniendo durísima, pero ¿cómompodía hacerle eso mi madre a mi padre, que le dio todo? ¡Qué equivocado estaba!

A los dos segundos, vi que el cámara salió de detrás, ya desnudo y se tumbó entre las dos mujeres….era Joaquín, mi padre! Pasé la filmación un poco rápida, vi como se tiraba a una, mientras lamía a la otra, luego a mi madre mientras la otra le chupaba las tetas y al final se corría en una mamada conjunta de mi marre y la otra tía. Poco después, otra fecha, hace un mes, y más o menos lo mismo, mi madre con tres mujeres, todas unos monumentos, lamiéndose, metiéndose dedos en sus agujeros y en un momento sale mi padre y las perfora a todas, recreándose más en follarse a mi madre mientras las otras la lamen y mienten dedos en los orificios que mi padre no utiliza, y mamada de todas a mi padre tragando su lefa.

No pude soportarlo más y me saqué la chorra del pantalón, que ya me hacía daño encerrada en el bóxer.

Decidí poner el DVD titulado “DOCUMENTAL: la psicología del soltero”. En ellos aparecía mi madre hablando sucio mirando a la cámara masturbándose de varias formas, poniendo varias posturas, unas veces con las manos, otras veces con vibradores, pequeños, medianos, grandes, enormes, chupándolos, metiéndose uno, dos, por el coño, por el culo….con cada uno me hice una paja a cada cuál más fabulosa.

No hacía falta decir que los títulos de los documentales hacían referencia al tipo de sexo que habría….así que, suponiendo que lo siguiente que iba a encontrarme sería algo más que llamativo decidí poner el titulado “DOCUMENTAL: cómo educar a tu mascota”.

Efectivamente, ahí estaba mi madre en lencería y con sandalias transparentes de tacón alto tumbada en el suelo cerca de Palo, uno de los dos labradores que tenemos. Le acariciaba la espalda y la barriga. Al rato se acercó Kuko, el otro labrador, se puso cerca de la entrepierna de Lucía y comenzó a lamer. Ella se dejó hacer mientras frotó la entrepierna de Palo y, como con una especie de paja, hizo que el pene de Palo apareciera, fino y sonrosado.

Una vez lo desterró, acercó su boca y comenzó a hacerle una felación tremenda a nuestro can, mientras Kuko bebía del coño de mi madre. Ella paraba de vez en cuando para coger airé, para poder seguir lamiendo a Palo y para poder gemir por el placer cunilingüístico que le daba Kuko. Pocos minutos después se retorció en un orgasmo mientras chupaba a Palo con más ganas que nunca.

Una vez se recobró se acercó a cuatro patas a la zona donde estaba la cámara, mi padre se bajó la bragueta y le ofreció su poya a mi madre y al tiempo Kuko se montó sobre mi madre y empezó a embestirla en lo que era claramente una follada perruna. Mi madre gemía más que antes, casi no atinaba a mamársela a mi padre. Pocos segundos después Kuko terminó y se bajó de mi madre, tiempo que ella aprovechó para mirar a mi padre y decirle “te voy a dejar seco, quiero tu lefa ya!”….yo en ese momento me volví a correr, esos vídeos eran el colmo de la obscenidad y, lo que tenía claro es que mi madre lo disfrutaba.

Mi madre siguió comiéndose la poya de mi padre y, en ese momento se la montó Palo, con mismo efecto, mi madre se desconcentró de sus tareas, gimiendo y disfrutando con cada embestida de Palo, pero esta vez ella agarró una de las patas a Palo y cuando éste terminó de taladrarla quedó trabado en ella. Mi madre siguió lamiendo y lamiendo hasta que obtuvo la recompensa, se bebió la leche de mi padre con un gusto exquisito.

Cuando Joaquín se vio limpio, se levantó con la cámara y se puso detrás de mi madre, enfocando la escena desde cerca. Palo estaba aún dentro de mi madre y Lucía se frotaba el coño, unos cuantos gemidos después se volvió a correr y al soltar a Palo por las convulsiones del orgasmo aprovechó para salir de ella, quedando a la vista el gran bulto que hacía que estuvieran trabados.

El último vídeo zoofílico lo hicieron hace dos semanas…..joder, quién lo habría dicho. No puedo decir que mi madre era una santa, pero nunca me ha parecido una descarada y tampoco he oído a mi padre hablar vulgarmente ni obscenamente de ninguna mujer….

Me quedaba el vídeo “DOCUMENTAL: la juventud hoy en día”. Ya suponía lo que iba a ver, chicas jóvenes con mis padres, sin embargo….me volvieron a sorprender. En ella salía un chico de más o menos mi edad, es más, bastante parecido a mi, que comenzaba a magrear a mi madre, a lo que ella dijo:

- Espera chico, tranquilo…

- Lo siento señora, pero está tan buena – tartamudeaba él, y no me extraña mi madre era un deseo de dioses.

- No me llames señora, llámame mamá, acuérdate de lo que hablamos antes -¿cómo he oídooooo? ¿Estaban teniendo un juego sexual incenstuoso?

- perdón señ…ehhhh…mamá….qué tetas tienes mamá.

- sí hijo, chúpalas como cuando te di leche de pequeño…haz me gozar de nuevo.

Y así siguieron con su juego. Le lamió el coño, ella le chupó la poya, se corrió enseguida, Lucía le dijo que tranquilo que podían seguir jugando aún así, ella se puso boca arriba y primero la folló el coño y luego el culo para luego correrse en la boca de mi madre y luego apareció papá diciendo:

- Muy bien hijo, pero mira cómo lo hace papá.

Ella se volvió a abrir para mi padre y mientras se frotaba el coño mi padre se la folló de nuevo, por los mismos agujeros, pero mi madre disfrutaba más con la poya de Joaquín que con la de mi imitador.

Volví a hacerme otro pajote….menuda tarde de pajas.

Después de ese vídeo, otro y otro, con jóvenes parecidos a mí, repitiendo el mismo juego de roles.

¿A mi madre le gustaría que la follase yo? ¿Y a mi padre no le disgustaría? En ese momento tenía ganas de que mi madre entrara en la habitación, me viera con la poya en la mano y al mirar el ordenador comprendiera que estaba así por ella, por esa actitud lasciva y obscena que me había escondido y de la cuál ahora estaba disfrutando, al menos, como un voyeur.

¿Pero cómo podía disfrutar yo de ese cuerpo, que parecía me estaba llamando a gritos en silencio? ¿Me acercaba por detrás, le agarro las tetazas y la susurro “he visto tus vídeos y te quiero follar”?

No sabía cómo hacer. Hasta que se me ocurrió otra idea. En casa tenemos un solárium, con máquinas de rayos uva en una zona de la piscina cubierta. Allí mi madre, en otoño, toma baños de rayos uva y después se hace unos largos en la piscina cubierta por la tarde/noche.

Esperé a la hora en la que suele ir a tomar los rayos uva, y aparecí por ahí, como si no lo tuviera planeado.

- Hola mamá.

- Ah, hola hijo, ¿qué tal? ¿Vas a tomar el sol?

- Bueno, si llamas a esto tomar el sol…

- jajaja, bueno, ya me entiendes – rió mientras se quitó la bata. Tenía uno de esos bikinis que llevaba en uno de sus vídeos. No pude evitar al verlo recordar todas esas escenas llenas de lujuria y una erección se apoderó ipso facto de mi miembro.

- sí voy a darme unos rayos uva contigo, si no te importa.

Mi erección era evidente, mi madre dirigió su vista a mi entre pierna y dijo:

- no sé si no te vendría mejor el chapuzón refrescante primero, jajajaja.

- jajaja – me reí procurando no perder la naturalidad – ya sabes mamá, soy un chaval y tengo las hormonas a tope y como tú eres un pastelito.

- Ah sí? Crees que soy un pastelito? – sus ojos la brillaron y me pareció ver que se mordía discretamente el labio inferior.

- Claro mamá. Pero no creo que hace falta que te lo diga, tú sabes que eres muy guapa y muy…..

- ¿Muy qué?- preguntó acercándose más a mi.

- Muuuuy muy atractiva.

- Ahá….gracias hijo. – hizo una leve pausa, me volvió a mirar de abajo a arriba, tomó el bote de la loción solar, se sujetó el pelo con la mano para que no le cayera por la espalada y acercándome el bote con una sonrisa, yo diría que de diablesa, me dijo – anda, por favor ponme la crema, pero suave que tengo la piel delicada.

En ese momento me dio la espalda, se quitó el sujetador del bikini y ahí estaba yo, con mi madre, la mujer que había visto protagonizar escenas de lo más tórridas que había visto en mi vida, con la que minutos antes me la había cascado casi hasta que no me quedó ni una gota de lefa, enfrente mío, casi desnuda y con posibilidades de sobarla, al menos haciéndome el descuidado.

Me puse crema en las manos, y comencé a masajearla suavemente los hombros. Qué piel más suave tiene mi madre….impresionante.

Seguí por la zona más cercana al cuello, ella gimió suavemente….no sé si podría aguantar mucho más. Bajé por el centro de la espalda.

- Lo estás haciendo muy bien hijo, me está encantando, sigue así. – me susurró con una voz de lo más sugerente que había oído nunca a mi madre. Me estaba poniendo burrísimo. Ya no podía más, acerqué mis manos a los costados directo pero sin querer llegar, aún, a rozar sus tetones. Eso no hizo más que agravar sus gemidos. – ohhh sí hijo, muuuuy bien, sigue, sigue.

No sabía si era una invitación o no, pero ya no pude evitarlo más y comencé a manosearle las tetas con mis manos grasientas por la crema. Acerqué mi lengua a su oreja izquierda y la dije :

- no aguanto más mamá, estás buenísima.

- ohhh hijo, no pares, no pares.

- te quiero follar ahora.

Mi madre se arqueó sobre una tumbona retirándose el tanga del coño, que por cierto tenía brillante de los jugos que parece ya había empezado a rezumar, y me invitó con un directo:

- clávame hijo, fóllame ya.

Me bajé el bañador, me puse crema solar en la poya y sé la metí de una estacada a mi madre. Soltó un alarido de placer y agarrándose uno de sus bamboleantes pechos, me volvió a pedir.

-vamos, sigue, ohhhh.

Mis embestidas no tardaron, sus gemidos se tornaron continuos y elevados, se veía que le gusta follar sí o sí. No paraba de embestirla hasta que se me ocurrió decirla.

- te quiero follar el culo, lo tienes precioso mamá.

- fóllamelo, es para ti.

Saqué mi poya de ese cálido agujero para taladrarla el culo. En varios sitios veo y leo que tiene que ser despacio por primera vez, pero no a mi madre. Mi poya entró como un guante y se deslizaba de maravilla.

Yo creo, según las quejidos de placer de mi madre, que le gustaba más que la follara por el culo. De hecho mientras la estaba jodiendo agarrándola por sus suaves y torneadas caderas, diría que tuvo un orgasmo. Poco después de lo que yo supuse que era un clímax, paré y la dije que se tumbara boca arriba en la tumbona, se abrió de piernas para mi y volví a clavarsela en el culo, sacándola otro gemido de placer.

Mientras estaba en la tarea, Palo, vino hacia nosotros y se acercó a la cabeza de mi madre. En ese momento de éxtasis lujurioso, sin pensarlo, le dije a Lucía:

- chúpasela a Palo, quiero verte mientras te enculo con una verga en la boca.

Ella me miró como diciendo: eres un depravado. No hizo falta decírmelo, sus ojos transmitían brillantes ese mensaje.

A lo que, como pudo debido a mis embestidas, se acercó a la entrepierna de palo, la frotó y al aparecer su poya sonrosada, se la llevó a la boca para degustar mientras me la follaba. De vez en cuando la soltaba para gemir a gusto hasta que se volvió a correr, esta vez de forma clara.

La saqué del culo de mi madre y me dirigí a su boca, haciendo que saboreara ambos falos. Los engullía con una ferocidad tremenda, hasta que la dije que me iba a correr, momento en que se olvidó de Palo, para concentrarse en beber toda mi leche. Mientras ella me chupaba, Palo se acercó a su entrepierna a lamer todos nuestros flujos, acto que la arrancó otro orgasmo mientras ahora yo descargaba en la cara de mi madre, su boca y sus tetas. Ella no paraba de temblar y frotarme como podía mi poya mientras yo escupía mi leche en ella.

Cuando ya no pude más, quité a Palo de encima de mi madre, mandándolo a otra habitación mientras ella se acercaba mi leche a su boca con sus manos.

- Ha sido maravilloso hijo….cuando quieras..

- Gracias mamá, eres maravillosa.

Y así es como mi madre comenzó a ser mi real fantasía sexual.

La vuelta de mi madre en Relatos eroticos de Amor filial (relatos eroticos )

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