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Problemas con mi hijo en Relatos eroticos de Amor filial

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abril 21st, 2014 >> Relatos Eroticos

Problemas con mi hijo en Relatos eroticos de Amor filial (relatos eroticos )

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Problemas con mi hijo en Relatos eroticos de Amor filial (relatos eroticos )

Decidí visitar a Claudia, mi mejor amiga, para que me aconsejara y me ayudara a resolver un inconveniente que me estaba quitando horas de sueño. Ambas rondamos los 40 años, aunque yo tengo un par más? o dos pares más, en fin, a una dama no se le pregunta la edad. Ella decidió mantenerse soltera y sin hijos, en cambio yo soy divorciada y tengo un hijo llamado Franco de 19 años que no es para nada buen estudiante. Ya repitió de años varias veces y aún sigue en el secundario, pero no es ese el problema que me preocupa en este momento.

Mi amiga me recibió con una amplia sonrisa que en lugar de sumarle años, marcándole las patas de gallo, se los restaba al iluminar tanto su bonito rostro. Ella es una rubia preciosa con un cuerpo algo trabajado con imperceptibles cirugías que le garantizaban la figura de una veinteañera que resaltaba con un sutil bronceado. Al estar juntas contrastábamos mucho, mi cabello es oscuro y tengo la piel pálida, algo deteriorada con el paso de los años. No me explico cómo es que hay mujeres que llegan a esta edad viéndose como de 28. Para no deprimirme puedo decir que a pesar de alguna que otra pequeña arruga, no estoy tan mal. Aunque mis pechos y cola ya no se mantienen tan firmes como antes, al menos mantengo un buen peso lo cual me ayuda un poco restando algunos años.

Entré a su casa y nos sentamos a tomar un té, pero no me atreví a tocar las galletitas dulces que me ofreció, aunque luego en mi casa me comiera un paquete entero yo sola.

- A ver, contame cuál es ese problemita que tanto te atormenta Adriana ? me preguntó mi amiga

- El problema es con Franco, mi hijo, últimamente no sé qué le está pasando, hasta me da vergüenza contarlo.

- Vamos, ¿acaso no soy tu amiga? No te preocupes, confiá en mí, esto queda entre nosotras ? me tranquilizó.

- Muchas gracias Claudia. Te voy a contar. Creo que es mejor que empiece por el principio. El problemita empezó hace unas semanas cuando me llamaron de la escuela de Franco. Tuve que reunirme con una de sus profesoras, la mujer parecía muy indignada y de personalidad rígida a pesar de ser tan jovencita, no debe tener más de 31 o 32 años. Me aseguró que mi hijo se había comportado de una manera sumamente irrespetuosa. Al parecer ella estaba hablando a solas con Franco por su bajo rendimiento en la materia que dicta y él sin previo aviso se bajó el pantalón y le pidió que le haga un? que le hiciera sexo oral. Yo no podía creer lo que me decía, cuando al fin me terminó convenciendo de que era verdad le prometí que reprendería a mi hijo y que jamás volvería a suceder algo parecido. El problema siguiente fue que no me anime a hablarlo con Franquito, no sabía cómo entablar la conversación y dejé que el tiempo pase rogando que él ya no actuara de esa forma. Hace un par de días me llamó por teléfono esta misma profesora diciéndome que volvió a suceder eso que yo tanto temía y que se vería obligada a hablar con el director para ponerlo al tanto del asunto y que suspendan a Franco del colegio. Le rogué que no hiciera eso, le aseguré que esta vez sería más severa con Franco. Ella me dio otra oportunidad pero me dijo que de todas formas debía notificar al director y que yo debería reunirme con él algún día. Yo no tengo problemas en ir a hablar con el director, él va a entender que son cosas típicas de la edad, pero hablar del tema con mi hijo me cuesta muchísimo, no quiero avergonzarlo.

- Entiendo perfectamente Adriana.

- ¿Ah sí? Porque yo no entiendo nada.

- Parece un problema serio si se lo mira desde esa perspectiva, pero es más simple de lo que parece. Lo que pasa es que el chico ya entró en la pubertad y le debe gustar la profesora, es algo típico a su edad, como bien dijiste. El pobre no debe ni saber cómo encararla seriamente, tal vez mira muchos videos porno y piensa que todas las mujeres son como las de esos videos ? me inquietó un poco pensar que mi hijo pudiera estar mirando pornografía, pero eso explicaría muchas cosas – Si querés puedo hablar con él, no va a ser tan vergonzoso hablarlo con alguien que no es familiar. Además tengo buen tacto y mucha sutileza.

- ¿Harías eso por mi amiga? Muchas gracias, no tengo palabras para agradecerte. Lo del tacto y la sutileza no te lo creés ni vos, pero en serio, gracias.

Acordamos un día para que ella valla a mi casa, el plan era que nosotras estaríamos charlando como cualquier tarde normal y yo debía irme con la excusa de comprar algo, dejando a Claudia sola con Franco. Como el chico estaba dando vueltas por la casa como bola sin manija, no nos costó mucho trabajo convencerlo de que se una a la conversación. Todo salió perfectamente. Les dije que tenía que comprar algo urgente, tomé el monedero y salí de la casa. Aunque cambie un poquito el plan, cuando salí volví a ingresar por la puerta del patio sin hacer ruido y desde ahí me puse cerca de una ventanita y me quedé observando. Como madre me urgía la necesidad de saber qué le diría a mi hijo, hasta tenía un poco de miedo de que ella fuera demasiado cruel con él. Claudia le estaba hablando a Franco con tono maternal.

- Tu mamá está preocupada por vos Franquito ? comenzó diciéndole ? se enteró del incidente que tuviste con tu profesora y está tan apenada que no sabe cómo hablarte del tema ? mi hijo la miraba sin decir nada ? pero no te preocupes no es tan malo, es algo típico de tu edad y esa profesora se lo debería haber tomado con más humor y como mucho retarte, no hacer tanto escándalo, es una frígida ? mi hijo dejó salir una sonrisa, Claudia tenía un don especial para hablar con la gente, ella se estaba ganando su confianza ? es lógico que a esta edad se te despierten los deseos sexuales. Tengo entendido que le pediste a tu profesora que te la chupe ? él asintió con la cabeza tímidamente – ¿alguna vez te la chuparon? ? mi hijo contestó apenado que no, ahora ella estaba yendo directo al problema, jamás me hubiera animado a preguntarle eso a mi hijo ? ya me parecía y seguramente te gustaría poder saber que se siente ? ahora fue un tímido si por parte de Franco ? bueno, la solución para eso es muy simple, vení, parate acá ? mi hijo pareció confundido, no se movió del lugar ? dale que no pasa nada, vení ? insistió Claudia con una sonrisa, entonces Franco se puso de pie junto a ella. Mi amiga estiró su mano hacia él apretándole el bulto con fuerza y luego metió la mano dentro del pantalón, fue un movimiento tan rápido que tomó al chico por sorpresa ? oh, venís bien equipado Franquito ? cuando sacó la mano pude ver una verga de buen tamaño algo oscura y con muchos pelitos negros. No podía creer que estuviera viendo la verga de mi propio hijo y que mi amiga lo esté tocando. Tragué saliva para reprimir el impulso de intervenir.

Claudia se arrodilló en el suelo. Con una mano lo masturbaba suavemente haciendo que su pene se ponga tieso. Él la miraba incrédulo pero se dejaba tocar, ella saco su lengua y comenzó a pasarla suavemente por el glande, luego abrió grande su boca y se tragó la verga completa. Me quedé de piedra, la muy puta se la iba a mamar de verdad. Comenzó a darle lentas chupadas mientras le apretaba los huevos, se la tragaba toda y se la sacaba despacito de la boca. De a poco fue acelerando el ritmo provocando que mi hijo gimiera. Ella se la sacaba de la boca, la lamia dos o tres veces y se la tragaba otra vez haciendo ruidos mientras chupaba sin parar. Podía ver que el pene abultaba una de sus mejillas.

- Dale Franquito, apurate a acabar que ya está por venir tu mamá ? le decía mientras lo pajeaba, siguió chupándosela con más fuerza, sus cabellos dorados saltaban para todos lados con el rápido movimiento de su cabeza ? a ver si con esto terminás más rápido ? dijo sacando sus grandes y firmes tetas por el escote y poniendo la verga entre ellas y frotándola dándole chupadas al glande hasta que un chorro de líquido blanco salió de la verga chocando directamente contra los labios de Claudia, mi hijo empezó a llenarle las tetas, la cara y el cuello de abundante leche, ella lo pajeaba y le daba chupadas tragándose parte de lo que salía, luego se la mamó hasta que quedó muerta ? anda para tu cuarto ahora q seguramente ya vuelve tu mamá.

Franco se fue satisfecho a su cuarto y Claudia se disponía a limpiarse con el agua de la pileta de lavar, entonces me asomé por la ventana para que pudiera verme. No se asustó, creo que ella sabía que yo estaba ahí.

- ¿Ese era tu brillante plan para ayudar a mi hijo? ? le pregunté

- Así es, y estoy segura de que funcionó ? me decía mientras jugaba con la leche que tenía salpicada encima ? ahora ya sabe lo que es un pete, se dio el gusto, no la va a joder más a la profesora.

- Espero que tengas razón, bueno aunque el método me pareció un poco drástico, gracias amiga por tu ayuda.

- De nada Adriana, además hice tantos petes en mi vida que hacer uno más no me afecta en nada.

- Claro? que le hace una raya más al tigre? – me quedé mirando sus grandes tetas salpicadas por el semen de mi hijo.

- Tigresa? – corrigió mientras se llevaba un dedo lleno de espesa leche a la boca.

- ¿Está rica? ? le pregunté irónicamente.

- Muy rica ¿Querés un poquito?

Pasó la mano por una teta cargando en ella una buena cantidad de blanco semen y cruzó con ella el marco de la ventana hasta tocar mi boca. El líquido sexual se me impregnó en los labios.

- ¡Ay no, que asco! ? me quejé y escupí porque podía sentirlo dentro de mi boca, pero por instinto metí mi labio inferior dentro de la boca y sentí algo espeso en mi lengua, me quedé con la mente en blanco, como saboreándolo. Era el semen de mi propio hijo.

- ¿Hace cuánto que no tomás la leche Adriana? ? me preguntó mientras se lavaba.

- Mucho tiempo ? un extraño cosquilleo invadió mi entrepierna.

Desde el evento con Claudia mi hijo quedó más relajado y feliz, me alegraba verlo de esa forma. Por desgracia eso sólo duró unos días. Empecé a notar que a él se le paraba todo el tiempo, era una situación muy incómoda para ambos. A veces intentaba disimular y se iba al cuarto, yo me hacía la boluda como si no hubiese visto nada, pero me apenaba un poco saber que no podía controlar su excitación, ni siquiera frente a su madre. Hubo ocasiones en las que fue muy evidente mi reacción, miraba asombrada su erección, pero no podía decirle nada, ni siquiera que era algo normal y que no debía preocuparse. El problema empeoró. Un día llegué a la casa luego de hacer unas compras y me sobresalté al ver a mi hijo en el sillón de la sala haciéndose una paja, él me vio al instante. Esta vez no podía quedarme callada.

- ¡Ay hijo! pero estas cosas tenés que hacerlas en tu cuarto, no en el medio de la sala ? lo regañé severamente. Estaba muy enfadada y confundida al mismo tiempo. Era muy impactante verlo dándose placer.

- Ahhh, ya acabo ? me dijo él con voz entrecortada.

No sabía qué hacer, si lo detenía ahora tal vez lo humillaría, intenté actuar como una madre moderna y comprensiva. Fui rápido a la cocina a buscar unas servilletas de papel, se las acerqué pero no las agarró. Él movía su mano con gran rapidez sobre todo su tronco erecto, al parecer lo había lubricado bien con saliva. Pude ver que su glande estaba hinchado y gruesas venas se marcaban a lo largo de su miembro.

- Tomá, sino me vas a manchar todos los muebles ? no me hizo caso.

A los pocos segundos vi la leche saltando de su pene, dibujó un arco en el aire y cayó al piso alfombrado. Me desesperé al ver eso y en un acto casi compulsivo me agaché a limpiar con la servilleta. No me di cuenta de lo cerca que su verga quedó de mi cara, no eran más de dos centímetros. Tampoco pensé que algunas eyaculaciones pueden ser intermitentes. Creí que ya había salido toda la leche pero me equivoqué. Todo ocurrió en cuestión de pocos segundos. Siguió pajeándose, otro chorro de leche saltó y fue a dar justo contra mi mejilla, atónita no tuve mejor reacción que voltear para mirar boquiabierta y otro chorro me cayó en la frente y un tercero fue a dar justo contra mi boca, cayó sobre mi labio superior y de ahí dibujó una línea inclinada hasta mi labio inferior, como si fuera un corte a cuchillo. Hasta me dio la impresión de que él había apuntado en esa dirección. Parte del semen quedó en mi lengua, pero no podía reaccionar. Me quedé mirando a Franco anonadada, con los ojos muy abiertos. Él tenía la misma expresión en su rostro. Miré su verga y ésta estaba solando unas pocas gotitas de semen que chorrearon por su tronco oscuro y venoso. Cuando intenté decir algo sentí el sabor a semen en mi boca, estaba tibio y cremoso, era mucho más de lo que yo creía. Involuntariamente lo tragué y sentí algo caliente bajando por mi sexo, fue casi instantáneo, pocas veces mi cuerpo reaccionaba de esa manera. Franco se puso de pie y se fue corriendo hasta su cuarto sin que yo pudiera decirle nada.

Era inútil intentar decirle algo en ese momento, sólo empeoraría las cosas. Me dirigí apresurada al baño y miré mi cara en el espejo, estaba llena de blanca leche. Parecía salida de una película porno. A veces el semen de los hombres es un líquido claro con algunos pocos rastros de esperma, pero éste no era el caso, el semen era bien blanco y espeso. Podía sentir como se deslizaba por mi cara lentamente. Metí la mano en mi pantalón y toqué mi vagina. Me sorprendió encontrarla tan húmeda, toqué mi clítoris y un destello de placer cruzó mi cuerpo. Solté un gemido cerrando los ojos y automáticamente pasé la lengua por mis labios recolectando más semen. Lo sostuve dentro de mi boca por unos segundos mientras introducía un dedo en mi vagina y lo tragué. Rápidamente llevé mi otra mano a la mejilla que estaba llena de semen, lo junté y me chupé los dedos desesperadamente sin poder parar de masturbarme, pero repentinamente recobré la cordura. No podía creer que estuviera pajeándome y tragándome el semen de mi propio hijo. Me lavé la cara inmediatamente y salí del baño.

Fui hasta la cocina y tomé un vaso de agua para quitarme el sabor a semen. Funcionó pero aún me quedaba la tremenda calentura de mi concha. Pensé y pensé, no sabía qué hacer, finalmente me decidí. Caminé rápidamente hasta mi cuarto y me encerré en él, me desnudé completamente y me tendí sobre la cama, me dije a mi misma que me quitaría la calentura pensando en cualquier cosa. Empecé a masturbarme rápidamente, intentaba pensar en actores de cine que estuvieran buenos o cualquier estúpida fantasía que se me viniera a la mente pero no podía dejar de pensar en esa verga soltando grandes chorros de semen o en el pete que Claudia le había hecho. Mis fluidos estaban mojando todas las sábanas pero no me importó, seguí frotando mi clítoris y en mi tremenda calentura llegué a pensar en las grandes tetas de mi amiga cubiertas por el semen de Franco, hasta me imaginé a mí misma chupándoselas hasta dejarlas limpias. A pesar de que intentaba reprimir mis pensamientos, mi libido me traicionaba. En secreto me permitía masturbarme pensando en mujeres desde hace muchos años, pero lo hacía sólo como fantasía erótica, nunca tuve la necesidad de recurrir a personas de mi género. Tuve un orgasmo y lo expresé arqueando la espalda y soltando grandes cantidades de jugo, hice lo posible por no hacer ruido mientras metía por última vez los dedos en mi concha, que me agradeció la atención ya que hacía tiempo la tenía olvidada.

Me preocupaba mucho lo sucedido pero también pensaba que se trataba solo de un infortunio porque llegue justo en el peor momento y fue mi culpa el haberme metido delante. Hice todo lo posible por reprimir lo sucedido. Actué como si nada hubiera ocurrido. Un par de días más tarde estaba sentada con Franco en el mismo sillón en el que él se había masturbado, estábamos mirando televisión. Me puse un tanto incómoda al estar sentada tan cerca de él, tuve que pararme a buscar agua y me senté en otro sillón, algo apartada. Nada me hubiera preparado para lo que ocurrió después.

Miré a mi hijo de reojo, había sacado la verga del pantalón y se estaba pajeando lentamente. Me quedé helada, no supe cómo decirle que no hiciera eso. Él muy tranquilamente se humedecía el pene con saliva y se daba cada vez más fuerte con la mano como si yo no estuviese allí. Intenté centrar mi atención en la tele pero no podía evitar pensar que ahora si me arruinaría la alfombra, pero no cometería dos veces el mismo error. El corazón se me aceleraba mientras él aceleraba los movimientos de su mano. Pasaban los minutos y él no detenía su sesión de masturbación.

- ¿Otra vez con eso? ? le dije intentando sonar indignada ? antes de que termines te vas para otro lado, sino me vas a arruinar la alfombra ? Sus testículos parecían dos grandes bolsas recubiertas de pelitos negros.

- ¿A dónde querés que vaya? ? preguntó sin dejar de pajearse.

- No sé, al baño o a tu cuarto. Donde sea, pero no me arruines la alfombra ni los muebles ? siguió pajeándose frenéticamente y de pronto se puso de pie, pensé que se alejaría pero en lugar de eso caminó hasta donde estaba yo.

- ¿Si acabo acá arruino algo? ? dijo apuntando su verga hacia a mí.

Me aparté pero él se me tiraba encima, lo empujaba pero termino haciendo que quede acostada en el sofá. Se puso sobre mí y mis brazos quedaron prisioneros debajo de sus rodillas. Apuntó la verga directamente hacia cara y descargó. La leche caía a montones sobre mi rostro y mi cuello, la podía sentir cálida y fluyendo sobre mí, esta vez intenté mantener la boca y los ojos bien cerrados. Cuando terminó abrí los ojos y vi esa gran verga a pocos milímetros de mi cara todavía soltando algunos vestigios de semen. Sentía la tibieza de ese líquido por toda la cara.

- ¿Pero vos estás loco? ¿Cómo se te ocurre? ? lo regañé casi empujándolo para q se apartara, él se puso de pie ? que estúpido que sos Franco, soy tu madre carajo, un poquito de respeto ? intentaba concentrarme en la ira para no pensar en otra cosa.

- Hay no te bancás una joda vos también – me dijo desilusionado. Pensé q había sido muy severa con él ? era una broma, nada más. No lo hice con mala intención.

- Perdoname hijo, es que estas cosas no son para hacer jodas, no quiero hacerte sentir mal, pero creo que te excediste un poco ? en ese momento sentí una gota de semen cayendo en mi ojo derecho, hice un gesto y me lo limpié con un dedo. Pude escuchar la risa de mi hijo.

- Pero que boluda que sos, parece que te estás poniendo esas cremas de mierda que te cobran re caras y no sirven para nada ? me dijo Franco matándose de risa, no tuve más remedio que reírme junto con él.

- Puede que esto me mejore el cutis más que las cremas ? agregué. Se fue a su cuarto riéndose, me alegraba que la incómoda escena haya terminado con humor, aunque seguía un poco enfadada con él.

Caminé hasta el baño y cerré la puerta. Me miré en el espejo, esta vez tenía mucha más cantidad de semen en mi cara, no podía creer que mi hijo tuviera tantas reservas. Abrí la canilla para lavarme y me quedé pensando en el tiempo que había pasado desde la última vez que había estado con un hombre, estaba muy excitada. Pero no. No era el momento de sentirse así, era el semen de mi hijito. Lamí sin querer mis labios y el sabor me embriagó. Cerré la canilla y me quité el pantalón y la bombacha de un tirón. No pensaba, sólo actuaba. Me senté sobre la tapa del inodoro y comencé a masturbarme con la mano derecha y con la izquierda sacaba el semen de mi cara y lo llevaba a mi boca, me lamía los dedos con placer. Pensaba en lo cerca que había estado la verga de Franco de mi boca. Tan cerca? y tan dura? tan grande, mi concha se llenaba de fluidos y el sabor a semen me enviciaba. Siempre fui bastante reservada en temas sexuales, pero tuve varias parejas en mi vida y con ellos experimenté varias cosas, incluso el sexo anal. Levanté mis piernas flexionando las rodillas, humedecí mi ano con los jugos que salían de mi sexo. Me metí un dedo en el culo mientras con la otra mano me frotaba el clítoris. Me ardió un poco ya que hacía tiempo que no me masturbaba por allí. Estuve unos cinco minutos así hasta que llegó un rico orgasmo. Mientras acababa no pude evitar pensar en el gran problema que tenía con mi hijo.

Continuará…

Problemas con mi hijo en Relatos eroticos de Amor filial (relatos eroticos )

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Decidí visitar a Claudia, mi mejor amiga, para que me aconsejara y me ayudara a resolver un inconveniente que me estaba quitando horas de sueño. Ambas rondamos los 40 años, aunque yo tengo un par más? o dos pares más, en fin, a una dama no se le pregunta la edad. Ella decidió mantenerse soltera y sin hijos, en cambio yo soy divorciada y tengo un hijo llamado Franco de 19 años que no es para nada buen estudiante. Ya repitió de años varias veces y aún sigue en el secundario, pero no es ese el problema que me preocupa en este momento.

Mi amiga me recibió con una amplia sonrisa que en lugar de sumarle años, marcándole las patas de gallo, se los restaba al iluminar tanto su bonito rostro. Ella es una rubia preciosa con un cuerpo algo trabajado con imperceptibles cirugías que le garantizaban la figura de una veinteañera que resaltaba con un sutil bronceado. Al estar juntas contrastábamos mucho, mi cabello es oscuro y tengo la piel pálida, algo deteriorada con el paso de los años. No me explico cómo es que hay mujeres que llegan a esta edad viéndose como de 28. Para no deprimirme puedo decir que a pesar de alguna que otra pequeña arruga, no estoy tan mal. Aunque mis pechos y cola ya no se mantienen tan firmes como antes, al menos mantengo un buen peso lo cual me ayuda un poco restando algunos años.

Entré a su casa y nos sentamos a tomar un té, pero no me atreví a tocar las galletitas dulces que me ofreció, aunque luego en mi casa me comiera un paquete entero yo sola.

- A ver, contame cuál es ese problemita que tanto te atormenta Adriana ? me preguntó mi amiga

- El problema es con Franco, mi hijo, últimamente no sé qué le está pasando, hasta me da vergüenza contarlo.

- Vamos, ¿acaso no soy tu amiga? No te preocupes, confiá en mí, esto queda entre nosotras ? me tranquilizó.

- Muchas gracias Claudia. Te voy a contar. Creo que es mejor que empiece por el principio. El problemita empezó hace unas semanas cuando me llamaron de la escuela de Franco. Tuve que reunirme con una de sus profesoras, la mujer parecía muy indignada y de personalidad rígida a pesar de ser tan jovencita, no debe tener más de 31 o 32 años. Me aseguró que mi hijo se había comportado de una manera sumamente irrespetuosa. Al parecer ella estaba hablando a solas con Franco por su bajo rendimiento en la materia que dicta y él sin previo aviso se bajó el pantalón y le pidió que le haga un? que le hiciera sexo oral. Yo no podía creer lo que me decía, cuando al fin me terminó convenciendo de que era verdad le prometí que reprendería a mi hijo y que jamás volvería a suceder algo parecido. El problema siguiente fue que no me anime a hablarlo con Franquito, no sabía cómo entablar la conversación y dejé que el tiempo pase rogando que él ya no actuara de esa forma. Hace un par de días me llamó por teléfono esta misma profesora diciéndome que volvió a suceder eso que yo tanto temía y que se vería obligada a hablar con el director para ponerlo al tanto del asunto y que suspendan a Franco del colegio. Le rogué que no hiciera eso, le aseguré que esta vez sería más severa con Franco. Ella me dio otra oportunidad pero me dijo que de todas formas debía notificar al director y que yo debería reunirme con él algún día. Yo no tengo problemas en ir a hablar con el director, él va a entender que son cosas típicas de la edad, pero hablar del tema con mi hijo me cuesta muchísimo, no quiero avergonzarlo.

- Entiendo perfectamente Adriana.

- ¿Ah sí? Porque yo no entiendo nada.

- Parece un problema serio si se lo mira desde esa perspectiva, pero es más simple de lo que parece. Lo que pasa es que el chico ya entró en la pubertad y le debe gustar la profesora, es algo típico a su edad, como bien dijiste. El pobre no debe ni saber cómo encararla seriamente, tal vez mira muchos videos porno y piensa que todas las mujeres son como las de esos videos ? me inquietó un poco pensar que mi hijo pudiera estar mirando pornografía, pero eso explicaría muchas cosas – Si querés puedo hablar con él, no va a ser tan vergonzoso hablarlo con alguien que no es familiar. Además tengo buen tacto y mucha sutileza.

- ¿Harías eso por mi amiga? Muchas gracias, no tengo palabras para agradecerte. Lo del tacto y la sutileza no te lo creés ni vos, pero en serio, gracias.

Acordamos un día para que ella valla a mi casa, el plan era que nosotras estaríamos charlando como cualquier tarde normal y yo debía irme con la excusa de comprar algo, dejando a Claudia sola con Franco. Como el chico estaba dando vueltas por la casa como bola sin manija, no nos costó mucho trabajo convencerlo de que se una a la conversación. Todo salió perfectamente. Les dije que tenía que comprar algo urgente, tomé el monedero y salí de la casa. Aunque cambie un poquito el plan, cuando salí volví a ingresar por la puerta del patio sin hacer ruido y desde ahí me puse cerca de una ventanita y me quedé observando. Como madre me urgía la necesidad de saber qué le diría a mi hijo, hasta tenía un poco de miedo de que ella fuera demasiado cruel con él. Claudia le estaba hablando a Franco con tono maternal.

- Tu mamá está preocupada por vos Franquito ? comenzó diciéndole ? se enteró del incidente que tuviste con tu profesora y está tan apenada que no sabe cómo hablarte del tema ? mi hijo la miraba sin decir nada ? pero no te preocupes no es tan malo, es algo típico de tu edad y esa profesora se lo debería haber tomado con más humor y como mucho retarte, no hacer tanto escándalo, es una frígida ? mi hijo dejó salir una sonrisa, Claudia tenía un don especial para hablar con la gente, ella se estaba ganando su confianza ? es lógico que a esta edad se te despierten los deseos sexuales. Tengo entendido que le pediste a tu profesora que te la chupe ? él asintió con la cabeza tímidamente – ¿alguna vez te la chuparon? ? mi hijo contestó apenado que no, ahora ella estaba yendo directo al problema, jamás me hubiera animado a preguntarle eso a mi hijo ? ya me parecía y seguramente te gustaría poder saber que se siente ? ahora fue un tímido si por parte de Franco ? bueno, la solución para eso es muy simple, vení, parate acá ? mi hijo pareció confundido, no se movió del lugar ? dale que no pasa nada, vení ? insistió Claudia con una sonrisa, entonces Franco se puso de pie junto a ella. Mi amiga estiró su mano hacia él apretándole el bulto con fuerza y luego metió la mano dentro del pantalón, fue un movimiento tan rápido que tomó al chico por sorpresa ? oh, venís bien equipado Franquito ? cuando sacó la mano pude ver una verga de buen tamaño algo oscura y con muchos pelitos negros. No podía creer que estuviera viendo la verga de mi propio hijo y que mi amiga lo esté tocando. Tragué saliva para reprimir el impulso de intervenir.

Claudia se arrodilló en el suelo. Con una mano lo masturbaba suavemente haciendo que su pene se ponga tieso. Él la miraba incrédulo pero se dejaba tocar, ella saco su lengua y comenzó a pasarla suavemente por el glande, luego abrió grande su boca y se tragó la verga completa. Me quedé de piedra, la muy puta se la iba a mamar de verdad. Comenzó a darle lentas chupadas mientras le apretaba los huevos, se la tragaba toda y se la sacaba despacito de la boca. De a poco fue acelerando el ritmo provocando que mi hijo gimiera. Ella se la sacaba de la boca, la lamia dos o tres veces y se la tragaba otra vez haciendo ruidos mientras chupaba sin parar. Podía ver que el pene abultaba una de sus mejillas.

- Dale Franquito, apurate a acabar que ya está por venir tu mamá ? le decía mientras lo pajeaba, siguió chupándosela con más fuerza, sus cabellos dorados saltaban para todos lados con el rápido movimiento de su cabeza ? a ver si con esto terminás más rápido ? dijo sacando sus grandes y firmes tetas por el escote y poniendo la verga entre ellas y frotándola dándole chupadas al glande hasta que un chorro de líquido blanco salió de la verga chocando directamente contra los labios de Claudia, mi hijo empezó a llenarle las tetas, la cara y el cuello de abundante leche, ella lo pajeaba y le daba chupadas tragándose parte de lo que salía, luego se la mamó hasta que quedó muerta ? anda para tu cuarto ahora q seguramente ya vuelve tu mamá.

Franco se fue satisfecho a su cuarto y Claudia se disponía a limpiarse con el agua de la pileta de lavar, entonces me asomé por la ventana para que pudiera verme. No se asustó, creo que ella sabía que yo estaba ahí.

- ¿Ese era tu brillante plan para ayudar a mi hijo? ? le pregunté

- Así es, y estoy segura de que funcionó ? me decía mientras jugaba con la leche que tenía salpicada encima ? ahora ya sabe lo que es un pete, se dio el gusto, no la va a joder más a la profesora.

- Espero que tengas razón, bueno aunque el método me pareció un poco drástico, gracias amiga por tu ayuda.

- De nada Adriana, además hice tantos petes en mi vida que hacer uno más no me afecta en nada.

- Claro? que le hace una raya más al tigre? – me quedé mirando sus grandes tetas salpicadas por el semen de mi hijo.

- Tigresa? – corrigió mientras se llevaba un dedo lleno de espesa leche a la boca.

- ¿Está rica? ? le pregunté irónicamente.

- Muy rica ¿Querés un poquito?

Pasó la mano por una teta cargando en ella una buena cantidad de blanco semen y cruzó con ella el marco de la ventana hasta tocar mi boca. El líquido sexual se me impregnó en los labios.

- ¡Ay no, que asco! ? me quejé y escupí porque podía sentirlo dentro de mi boca, pero por instinto metí mi labio inferior dentro de la boca y sentí algo espeso en mi lengua, me quedé con la mente en blanco, como saboreándolo. Era el semen de mi propio hijo.

- ¿Hace cuánto que no tomás la leche Adriana? ? me preguntó mientras se lavaba.

- Mucho tiempo ? un extraño cosquilleo invadió mi entrepierna.

Desde el evento con Claudia mi hijo quedó más relajado y feliz, me alegraba verlo de esa forma. Por desgracia eso sólo duró unos días. Empecé a notar que a él se le paraba todo el tiempo, era una situación muy incómoda para ambos. A veces intentaba disimular y se iba al cuarto, yo me hacía la boluda como si no hubiese visto nada, pero me apenaba un poco saber que no podía controlar su excitación, ni siquiera frente a su madre. Hubo ocasiones en las que fue muy evidente mi reacción, miraba asombrada su erección, pero no podía decirle nada, ni siquiera que era algo normal y que no debía preocuparse. El problema empeoró. Un día llegué a la casa luego de hacer unas compras y me sobresalté al ver a mi hijo en el sillón de la sala haciéndose una paja, él me vio al instante. Esta vez no podía quedarme callada.

- ¡Ay hijo! pero estas cosas tenés que hacerlas en tu cuarto, no en el medio de la sala ? lo regañé severamente. Estaba muy enfadada y confundida al mismo tiempo. Era muy impactante verlo dándose placer.

- Ahhh, ya acabo ? me dijo él con voz entrecortada.

No sabía qué hacer, si lo detenía ahora tal vez lo humillaría, intenté actuar como una madre moderna y comprensiva. Fui rápido a la cocina a buscar unas servilletas de papel, se las acerqué pero no las agarró. Él movía su mano con gran rapidez sobre todo su tronco erecto, al parecer lo había lubricado bien con saliva. Pude ver que su glande estaba hinchado y gruesas venas se marcaban a lo largo de su miembro.

- Tomá, sino me vas a manchar todos los muebles ? no me hizo caso.

A los pocos segundos vi la leche saltando de su pene, dibujó un arco en el aire y cayó al piso alfombrado. Me desesperé al ver eso y en un acto casi compulsivo me agaché a limpiar con la servilleta. No me di cuenta de lo cerca que su verga quedó de mi cara, no eran más de dos centímetros. Tampoco pensé que algunas eyaculaciones pueden ser intermitentes. Creí que ya había salido toda la leche pero me equivoqué. Todo ocurrió en cuestión de pocos segundos. Siguió pajeándose, otro chorro de leche saltó y fue a dar justo contra mi mejilla, atónita no tuve mejor reacción que voltear para mirar boquiabierta y otro chorro me cayó en la frente y un tercero fue a dar justo contra mi boca, cayó sobre mi labio superior y de ahí dibujó una línea inclinada hasta mi labio inferior, como si fuera un corte a cuchillo. Hasta me dio la impresión de que él había apuntado en esa dirección. Parte del semen quedó en mi lengua, pero no podía reaccionar. Me quedé mirando a Franco anonadada, con los ojos muy abiertos. Él tenía la misma expresión en su rostro. Miré su verga y ésta estaba solando unas pocas gotitas de semen que chorrearon por su tronco oscuro y venoso. Cuando intenté decir algo sentí el sabor a semen en mi boca, estaba tibio y cremoso, era mucho más de lo que yo creía. Involuntariamente lo tragué y sentí algo caliente bajando por mi sexo, fue casi instantáneo, pocas veces mi cuerpo reaccionaba de esa manera. Franco se puso de pie y se fue corriendo hasta su cuarto sin que yo pudiera decirle nada.

Era inútil intentar decirle algo en ese momento, sólo empeoraría las cosas. Me dirigí apresurada al baño y miré mi cara en el espejo, estaba llena de blanca leche. Parecía salida de una película porno. A veces el semen de los hombres es un líquido claro con algunos pocos rastros de esperma, pero éste no era el caso, el semen era bien blanco y espeso. Podía sentir como se deslizaba por mi cara lentamente. Metí la mano en mi pantalón y toqué mi vagina. Me sorprendió encontrarla tan húmeda, toqué mi clítoris y un destello de placer cruzó mi cuerpo. Solté un gemido cerrando los ojos y automáticamente pasé la lengua por mis labios recolectando más semen. Lo sostuve dentro de mi boca por unos segundos mientras introducía un dedo en mi vagina y lo tragué. Rápidamente llevé mi otra mano a la mejilla que estaba llena de semen, lo junté y me chupé los dedos desesperadamente sin poder parar de masturbarme, pero repentinamente recobré la cordura. No podía creer que estuviera pajeándome y tragándome el semen de mi propio hijo. Me lavé la cara inmediatamente y salí del baño.

Fui hasta la cocina y tomé un vaso de agua para quitarme el sabor a semen. Funcionó pero aún me quedaba la tremenda calentura de mi concha. Pensé y pensé, no sabía qué hacer, finalmente me decidí. Caminé rápidamente hasta mi cuarto y me encerré en él, me desnudé completamente y me tendí sobre la cama, me dije a mi misma que me quitaría la calentura pensando en cualquier cosa. Empecé a masturbarme rápidamente, intentaba pensar en actores de cine que estuvieran buenos o cualquier estúpida fantasía que se me viniera a la mente pero no podía dejar de pensar en esa verga soltando grandes chorros de semen o en el pete que Claudia le había hecho. Mis fluidos estaban mojando todas las sábanas pero no me importó, seguí frotando mi clítoris y en mi tremenda calentura llegué a pensar en las grandes tetas de mi amiga cubiertas por el semen de Franco, hasta me imaginé a mí misma chupándoselas hasta dejarlas limpias. A pesar de que intentaba reprimir mis pensamientos, mi libido me traicionaba. En secreto me permitía masturbarme pensando en mujeres desde hace muchos años, pero lo hacía sólo como fantasía erótica, nunca tuve la necesidad de recurrir a personas de mi género. Tuve un orgasmo y lo expresé arqueando la espalda y soltando grandes cantidades de jugo, hice lo posible por no hacer ruido mientras metía por última vez los dedos en mi concha, que me agradeció la atención ya que hacía tiempo la tenía olvidada.

Me preocupaba mucho lo sucedido pero también pensaba que se trataba solo de un infortunio porque llegue justo en el peor momento y fue mi culpa el haberme metido delante. Hice todo lo posible por reprimir lo sucedido. Actué como si nada hubiera ocurrido. Un par de días más tarde estaba sentada con Franco en el mismo sillón en el que él se había masturbado, estábamos mirando televisión. Me puse un tanto incómoda al estar sentada tan cerca de él, tuve que pararme a buscar agua y me senté en otro sillón, algo apartada. Nada me hubiera preparado para lo que ocurrió después.

Miré a mi hijo de reojo, había sacado la verga del pantalón y se estaba pajeando lentamente. Me quedé helada, no supe cómo decirle que no hiciera eso. Él muy tranquilamente se humedecía el pene con saliva y se daba cada vez más fuerte con la mano como si yo no estuviese allí. Intenté centrar mi atención en la tele pero no podía evitar pensar que ahora si me arruinaría la alfombra, pero no cometería dos veces el mismo error. El corazón se me aceleraba mientras él aceleraba los movimientos de su mano. Pasaban los minutos y él no detenía su sesión de masturbación.

- ¿Otra vez con eso? ? le dije intentando sonar indignada ? antes de que termines te vas para otro lado, sino me vas a arruinar la alfombra ? Sus testículos parecían dos grandes bolsas recubiertas de pelitos negros.

- ¿A dónde querés que vaya? ? preguntó sin dejar de pajearse.

- No sé, al baño o a tu cuarto. Donde sea, pero no me arruines la alfombra ni los muebles ? siguió pajeándose frenéticamente y de pronto se puso de pie, pensé que se alejaría pero en lugar de eso caminó hasta donde estaba yo.

- ¿Si acabo acá arruino algo? ? dijo apuntando su verga hacia a mí.

Me aparté pero él se me tiraba encima, lo empujaba pero termino haciendo que quede acostada en el sofá. Se puso sobre mí y mis brazos quedaron prisioneros debajo de sus rodillas. Apuntó la verga directamente hacia cara y descargó. La leche caía a montones sobre mi rostro y mi cuello, la podía sentir cálida y fluyendo sobre mí, esta vez intenté mantener la boca y los ojos bien cerrados. Cuando terminó abrí los ojos y vi esa gran verga a pocos milímetros de mi cara todavía soltando algunos vestigios de semen. Sentía la tibieza de ese líquido por toda la cara.

- ¿Pero vos estás loco? ¿Cómo se te ocurre? ? lo regañé casi empujándolo para q se apartara, él se puso de pie ? que estúpido que sos Franco, soy tu madre carajo, un poquito de respeto ? intentaba concentrarme en la ira para no pensar en otra cosa.

- Hay no te bancás una joda vos también – me dijo desilusionado. Pensé q había sido muy severa con él ? era una broma, nada más. No lo hice con mala intención.

- Perdoname hijo, es que estas cosas no son para hacer jodas, no quiero hacerte sentir mal, pero creo que te excediste un poco ? en ese momento sentí una gota de semen cayendo en mi ojo derecho, hice un gesto y me lo limpié con un dedo. Pude escuchar la risa de mi hijo.

- Pero que boluda que sos, parece que te estás poniendo esas cremas de mierda que te cobran re caras y no sirven para nada ? me dijo Franco matándose de risa, no tuve más remedio que reírme junto con él.

- Puede que esto me mejore el cutis más que las cremas ? agregué. Se fue a su cuarto riéndose, me alegraba que la incómoda escena haya terminado con humor, aunque seguía un poco enfadada con él.

Caminé hasta el baño y cerré la puerta. Me miré en el espejo, esta vez tenía mucha más cantidad de semen en mi cara, no podía creer que mi hijo tuviera tantas reservas. Abrí la canilla para lavarme y me quedé pensando en el tiempo que había pasado desde la última vez que había estado con un hombre, estaba muy excitada. Pero no. No era el momento de sentirse así, era el semen de mi hijito. Lamí sin querer mis labios y el sabor me embriagó. Cerré la canilla y me quité el pantalón y la bombacha de un tirón. No pensaba, sólo actuaba. Me senté sobre la tapa del inodoro y comencé a masturbarme con la mano derecha y con la izquierda sacaba el semen de mi cara y lo llevaba a mi boca, me lamía los dedos con placer. Pensaba en lo cerca que había estado la verga de Franco de mi boca. Tan cerca? y tan dura? tan grande, mi concha se llenaba de fluidos y el sabor a semen me enviciaba. Siempre fui bastante reservada en temas sexuales, pero tuve varias parejas en mi vida y con ellos experimenté varias cosas, incluso el sexo anal. Levanté mis piernas flexionando las rodillas, humedecí mi ano con los jugos que salían de mi sexo. Me metí un dedo en el culo mientras con la otra mano me frotaba el clítoris. Me ardió un poco ya que hacía tiempo que no me masturbaba por allí. Estuve unos cinco minutos así hasta que llegó un rico orgasmo. Mientras acababa no pude evitar pensar en el gran problema que tenía con mi hijo.

Continuará…

Problemas con mi hijo en Relatos eroticos de Amor filial (relatos eroticos )

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La vuelta de mi madre en Relatos eroticos de Amor filial

Video Porno de: Maduras

febrero 21st, 2014 >> Relatos Eroticos

La vuelta de mi madre en Relatos eroticos de Amor filial (relatos eroticos )

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La vuelta de mi madre en Relatos eroticos de Amor filial (relatos eroticos )

me llamo Fernando, Nando para los amigos. Soy un chico de familia adinerada. Mi padre es un alto ejecutivo que ha pasado ya por varias empresas y que está en el consejo de administración de otras tantas. Mi madre, la mujer de mi vida, es simple, no es mala persona, ni tonta, ni pija, sólo simple. Mis padres me han dado todo lo que necesitaba y más, sin embargo han sabido hacerme apreciar el valor de las cosas. Conocemos el nombre de todos los empleados del hogar, y, por supuesto, les tenemos tanto cariño como a alguien de la familia. Tenemos dos perros, Kuko y Palo.

Mi padre es, para que os hagáis una idea, el tipo de persona que siempre te hace sentir bien, un gran líder. En los momentos en los que le he necesitado siempre ha estado ahí y siempre lo está para sus amigos. Puede ser serio y estricto cuando tiene que serlo, y simpático y divertido cuando la ocasión lo permite. Se llama Joaquín.

Mi madre, Lucía, creo que tiene una carrera, pero no ha tenido que trabajar en su vida. Se casó con Joaquín nada más terminar sus estudios y, poco después me tuvieron a mí. Mi padre le ha dado todo, una gran casa, un físico tremendo (además de gimnasio, masajes, peluquería, manicura y pedicura diarios, la pagó un aumento de pechos y unos retoques de nariz y pómulos), vamos que tengo una madre que podría ser más de una portada de playboy. Sin embargo yo no comencé a apreciar el físico tan arrebatadoramente sexual de mi madre hasta que ocurrió lo siguiente.

Estaba realizando un trabajo para clase en el que se hablaba de la discriminación de la mujer en el mundo, así que me puse a buscar en la biblioteca libros acerca del tema. Nada, casi todas eran novelas de intriga o autoayuda….luego me dirigí a la videoteca y me fijé en unos DVD’s en la parte más alta de la estantería. Todos comenzaban titulados como DOCUMENTAL. Eran varios documentales: “la psicología del soltero”, “la juventud hoy en día”, “cómo educar a tu mascota”; y finalmente uno que podía ayudarme en mi trabajo de clase, “las mujeres en sociedad”.

Puse el DVD en el reproductor, después de haber preparado el cuaderno y el bolígrafo para tomar apuntes de lo que pensé sería un tedioso documental acerca del comportamiento humano y el papel de la mujer en y con la sociedad. Pantalla azul, luego una fecha, de hace un año en verano y de repente la habitación de mis padres….pero qué???

Pocos segundos después mi madre, “vestida” con un bikini ajustadísimo y con poca tela se sentaba en la cama juntó a otra belleza en bikini rubia. Se reían mirando a la cámara y….comenzaron a morrearse y a sobarse los pechos! El bolígrafo se me calló de las manos y la mandíbula no se me desencajó porque sólo es posible en los dibujos animados, pero poco faltó. Seguí mirando y las cosa siguió calentándose. Se empezaron a meter mano por el tanga del bikini mientras se seguían morreando, comenzaron a gemir y en ese momento mi madre se quitó la parte de arriba….qué pedazo de tetas tiene mi madre, redondas pero que no parecían falsas, con unos pezones grandes pero bien proporcionados.

Paré el reproductor, intenté pensar…recogí todos los DVD’s de documentales, el que estaba puesto y me fui a mi habitación. Cerré la puerta con llave, encendí mi ordenador y seguí viendo el titulado “Documental: las mujeres en sociedad”. Pasé las escenas ya vistas, y retomé el tramo en el que mi madre se quitó el sostén del bikini. La otra tía comenzó a lamerla los pezones….yo me estaba enfadando con mi madre, la poya se me estaba poniendo durísima, pero ¿cómompodía hacerle eso mi madre a mi padre, que le dio todo? ¡Qué equivocado estaba!

A los dos segundos, vi que el cámara salió de detrás, ya desnudo y se tumbó entre las dos mujeres….era Joaquín, mi padre! Pasé la filmación un poco rápida, vi como se tiraba a una, mientras lamía a la otra, luego a mi madre mientras la otra le chupaba las tetas y al final se corría en una mamada conjunta de mi marre y la otra tía. Poco después, otra fecha, hace un mes, y más o menos lo mismo, mi madre con tres mujeres, todas unos monumentos, lamiéndose, metiéndose dedos en sus agujeros y en un momento sale mi padre y las perfora a todas, recreándose más en follarse a mi madre mientras las otras la lamen y mienten dedos en los orificios que mi padre no utiliza, y mamada de todas a mi padre tragando su lefa.

No pude soportarlo más y me saqué la chorra del pantalón, que ya me hacía daño encerrada en el bóxer.

Decidí poner el DVD titulado “DOCUMENTAL: la psicología del soltero”. En ellos aparecía mi madre hablando sucio mirando a la cámara masturbándose de varias formas, poniendo varias posturas, unas veces con las manos, otras veces con vibradores, pequeños, medianos, grandes, enormes, chupándolos, metiéndose uno, dos, por el coño, por el culo….con cada uno me hice una paja a cada cuál más fabulosa.

No hacía falta decir que los títulos de los documentales hacían referencia al tipo de sexo que habría….así que, suponiendo que lo siguiente que iba a encontrarme sería algo más que llamativo decidí poner el titulado “DOCUMENTAL: cómo educar a tu mascota”.

Efectivamente, ahí estaba mi madre en lencería y con sandalias transparentes de tacón alto tumbada en el suelo cerca de Palo, uno de los dos labradores que tenemos. Le acariciaba la espalda y la barriga. Al rato se acercó Kuko, el otro labrador, se puso cerca de la entrepierna de Lucía y comenzó a lamer. Ella se dejó hacer mientras frotó la entrepierna de Palo y, como con una especie de paja, hizo que el pene de Palo apareciera, fino y sonrosado.

Una vez lo desterró, acercó su boca y comenzó a hacerle una felación tremenda a nuestro can, mientras Kuko bebía del coño de mi madre. Ella paraba de vez en cuando para coger airé, para poder seguir lamiendo a Palo y para poder gemir por el placer cunilingüístico que le daba Kuko. Pocos minutos después se retorció en un orgasmo mientras chupaba a Palo con más ganas que nunca.

Una vez se recobró se acercó a cuatro patas a la zona donde estaba la cámara, mi padre se bajó la bragueta y le ofreció su poya a mi madre y al tiempo Kuko se montó sobre mi madre y empezó a embestirla en lo que era claramente una follada perruna. Mi madre gemía más que antes, casi no atinaba a mamársela a mi padre. Pocos segundos después Kuko terminó y se bajó de mi madre, tiempo que ella aprovechó para mirar a mi padre y decirle “te voy a dejar seco, quiero tu lefa ya!”….yo en ese momento me volví a correr, esos vídeos eran el colmo de la obscenidad y, lo que tenía claro es que mi madre lo disfrutaba.

Mi madre siguió comiéndose la poya de mi padre y, en ese momento se la montó Palo, con mismo efecto, mi madre se desconcentró de sus tareas, gimiendo y disfrutando con cada embestida de Palo, pero esta vez ella agarró una de las patas a Palo y cuando éste terminó de taladrarla quedó trabado en ella. Mi madre siguió lamiendo y lamiendo hasta que obtuvo la recompensa, se bebió la leche de mi padre con un gusto exquisito.

Cuando Joaquín se vio limpio, se levantó con la cámara y se puso detrás de mi madre, enfocando la escena desde cerca. Palo estaba aún dentro de mi madre y Lucía se frotaba el coño, unos cuantos gemidos después se volvió a correr y al soltar a Palo por las convulsiones del orgasmo aprovechó para salir de ella, quedando a la vista el gran bulto que hacía que estuvieran trabados.

El último vídeo zoofílico lo hicieron hace dos semanas…..joder, quién lo habría dicho. No puedo decir que mi madre era una santa, pero nunca me ha parecido una descarada y tampoco he oído a mi padre hablar vulgarmente ni obscenamente de ninguna mujer….

Me quedaba el vídeo “DOCUMENTAL: la juventud hoy en día”. Ya suponía lo que iba a ver, chicas jóvenes con mis padres, sin embargo….me volvieron a sorprender. En ella salía un chico de más o menos mi edad, es más, bastante parecido a mi, que comenzaba a magrear a mi madre, a lo que ella dijo:

- Espera chico, tranquilo…

- Lo siento señora, pero está tan buena – tartamudeaba él, y no me extraña mi madre era un deseo de dioses.

- No me llames señora, llámame mamá, acuérdate de lo que hablamos antes -¿cómo he oídooooo? ¿Estaban teniendo un juego sexual incenstuoso?

- perdón señ…ehhhh…mamá….qué tetas tienes mamá.

- sí hijo, chúpalas como cuando te di leche de pequeño…haz me gozar de nuevo.

Y así siguieron con su juego. Le lamió el coño, ella le chupó la poya, se corrió enseguida, Lucía le dijo que tranquilo que podían seguir jugando aún así, ella se puso boca arriba y primero la folló el coño y luego el culo para luego correrse en la boca de mi madre y luego apareció papá diciendo:

- Muy bien hijo, pero mira cómo lo hace papá.

Ella se volvió a abrir para mi padre y mientras se frotaba el coño mi padre se la folló de nuevo, por los mismos agujeros, pero mi madre disfrutaba más con la poya de Joaquín que con la de mi imitador.

Volví a hacerme otro pajote….menuda tarde de pajas.

Después de ese vídeo, otro y otro, con jóvenes parecidos a mí, repitiendo el mismo juego de roles.

¿A mi madre le gustaría que la follase yo? ¿Y a mi padre no le disgustaría? En ese momento tenía ganas de que mi madre entrara en la habitación, me viera con la poya en la mano y al mirar el ordenador comprendiera que estaba así por ella, por esa actitud lasciva y obscena que me había escondido y de la cuál ahora estaba disfrutando, al menos, como un voyeur.

¿Pero cómo podía disfrutar yo de ese cuerpo, que parecía me estaba llamando a gritos en silencio? ¿Me acercaba por detrás, le agarro las tetazas y la susurro “he visto tus vídeos y te quiero follar”?

No sabía cómo hacer. Hasta que se me ocurrió otra idea. En casa tenemos un solárium, con máquinas de rayos uva en una zona de la piscina cubierta. Allí mi madre, en otoño, toma baños de rayos uva y después se hace unos largos en la piscina cubierta por la tarde/noche.

Esperé a la hora en la que suele ir a tomar los rayos uva, y aparecí por ahí, como si no lo tuviera planeado.

- Hola mamá.

- Ah, hola hijo, ¿qué tal? ¿Vas a tomar el sol?

- Bueno, si llamas a esto tomar el sol…

- jajaja, bueno, ya me entiendes – rió mientras se quitó la bata. Tenía uno de esos bikinis que llevaba en uno de sus vídeos. No pude evitar al verlo recordar todas esas escenas llenas de lujuria y una erección se apoderó ipso facto de mi miembro.

- sí voy a darme unos rayos uva contigo, si no te importa.

Mi erección era evidente, mi madre dirigió su vista a mi entre pierna y dijo:

- no sé si no te vendría mejor el chapuzón refrescante primero, jajajaja.

- jajaja – me reí procurando no perder la naturalidad – ya sabes mamá, soy un chaval y tengo las hormonas a tope y como tú eres un pastelito.

- Ah sí? Crees que soy un pastelito? – sus ojos la brillaron y me pareció ver que se mordía discretamente el labio inferior.

- Claro mamá. Pero no creo que hace falta que te lo diga, tú sabes que eres muy guapa y muy…..

- ¿Muy qué?- preguntó acercándose más a mi.

- Muuuuy muy atractiva.

- Ahá….gracias hijo. – hizo una leve pausa, me volvió a mirar de abajo a arriba, tomó el bote de la loción solar, se sujetó el pelo con la mano para que no le cayera por la espalada y acercándome el bote con una sonrisa, yo diría que de diablesa, me dijo – anda, por favor ponme la crema, pero suave que tengo la piel delicada.

En ese momento me dio la espalda, se quitó el sujetador del bikini y ahí estaba yo, con mi madre, la mujer que había visto protagonizar escenas de lo más tórridas que había visto en mi vida, con la que minutos antes me la había cascado casi hasta que no me quedó ni una gota de lefa, enfrente mío, casi desnuda y con posibilidades de sobarla, al menos haciéndome el descuidado.

Me puse crema en las manos, y comencé a masajearla suavemente los hombros. Qué piel más suave tiene mi madre….impresionante.

Seguí por la zona más cercana al cuello, ella gimió suavemente….no sé si podría aguantar mucho más. Bajé por el centro de la espalda.

- Lo estás haciendo muy bien hijo, me está encantando, sigue así. – me susurró con una voz de lo más sugerente que había oído nunca a mi madre. Me estaba poniendo burrísimo. Ya no podía más, acerqué mis manos a los costados directo pero sin querer llegar, aún, a rozar sus tetones. Eso no hizo más que agravar sus gemidos. – ohhh sí hijo, muuuuy bien, sigue, sigue.

No sabía si era una invitación o no, pero ya no pude evitarlo más y comencé a manosearle las tetas con mis manos grasientas por la crema. Acerqué mi lengua a su oreja izquierda y la dije :

- no aguanto más mamá, estás buenísima.

- ohhh hijo, no pares, no pares.

- te quiero follar ahora.

Mi madre se arqueó sobre una tumbona retirándose el tanga del coño, que por cierto tenía brillante de los jugos que parece ya había empezado a rezumar, y me invitó con un directo:

- clávame hijo, fóllame ya.

Me bajé el bañador, me puse crema solar en la poya y sé la metí de una estacada a mi madre. Soltó un alarido de placer y agarrándose uno de sus bamboleantes pechos, me volvió a pedir.

-vamos, sigue, ohhhh.

Mis embestidas no tardaron, sus gemidos se tornaron continuos y elevados, se veía que le gusta follar sí o sí. No paraba de embestirla hasta que se me ocurrió decirla.

- te quiero follar el culo, lo tienes precioso mamá.

- fóllamelo, es para ti.

Saqué mi poya de ese cálido agujero para taladrarla el culo. En varios sitios veo y leo que tiene que ser despacio por primera vez, pero no a mi madre. Mi poya entró como un guante y se deslizaba de maravilla.

Yo creo, según las quejidos de placer de mi madre, que le gustaba más que la follara por el culo. De hecho mientras la estaba jodiendo agarrándola por sus suaves y torneadas caderas, diría que tuvo un orgasmo. Poco después de lo que yo supuse que era un clímax, paré y la dije que se tumbara boca arriba en la tumbona, se abrió de piernas para mi y volví a clavarsela en el culo, sacándola otro gemido de placer.

Mientras estaba en la tarea, Palo, vino hacia nosotros y se acercó a la cabeza de mi madre. En ese momento de éxtasis lujurioso, sin pensarlo, le dije a Lucía:

- chúpasela a Palo, quiero verte mientras te enculo con una verga en la boca.

Ella me miró como diciendo: eres un depravado. No hizo falta decírmelo, sus ojos transmitían brillantes ese mensaje.

A lo que, como pudo debido a mis embestidas, se acercó a la entrepierna de palo, la frotó y al aparecer su poya sonrosada, se la llevó a la boca para degustar mientras me la follaba. De vez en cuando la soltaba para gemir a gusto hasta que se volvió a correr, esta vez de forma clara.

La saqué del culo de mi madre y me dirigí a su boca, haciendo que saboreara ambos falos. Los engullía con una ferocidad tremenda, hasta que la dije que me iba a correr, momento en que se olvidó de Palo, para concentrarse en beber toda mi leche. Mientras ella me chupaba, Palo se acercó a su entrepierna a lamer todos nuestros flujos, acto que la arrancó otro orgasmo mientras ahora yo descargaba en la cara de mi madre, su boca y sus tetas. Ella no paraba de temblar y frotarme como podía mi poya mientras yo escupía mi leche en ella.

Cuando ya no pude más, quité a Palo de encima de mi madre, mandándolo a otra habitación mientras ella se acercaba mi leche a su boca con sus manos.

- Ha sido maravilloso hijo….cuando quieras..

- Gracias mamá, eres maravillosa.

Y así es como mi madre comenzó a ser mi real fantasía sexual.

La vuelta de mi madre en Relatos eroticos de Amor filial (relatos eroticos )

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La madre de Gerardo en Relatos eroticos de Maduras

Video Porno de: Maduras

octubre 8th, 2013 >> Relatos Eroticos

La madre de Gerardo en Relatos eroticos de Maduras (relatos eroticos )

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La madre de Gerardo en Relatos eroticos de Maduras (relatos eroticos )

Hola: soy Araceli, 35 años de edad cuando sucedió la historia que aquí les cuento. Madre soltera; tuve a mi hijo a la edad de 20 años y luego, pues nunca me casé; vivo yo sola con él.

Soy una mujer de tez blanca, cabellos negros, poblados, cara bonita, senos menudos, caderona, piernas bonitas, nalgona. No soy muy dada a arreglarme ni a andar provocando a los hombres, pero he tenido suerte con ellos.

Esa tarde estaba preparando la comida cuando entró mi hijo con tres compañeritos de la secundaria; venían de jugar futbol, andaban los cuatro sudando, en short y camiseta, aun con las medias de fut.

+ ¿quieren agua de limón??.

Me contestaron que sí, y me fui a prepararles.

Regresé hasta el comedor, en donde estaban bromeando, diciéndose de cosas, riéndose, como adolescentes que eran, sin embargo, educados, me agradecieron la jarra de agua que les había preparado:

= ¡muchas gracias Araceli!,

me contestaron los chicos, que no solamente me tuteaban, sino que me decían por mi nombre, como si fuera su compañera de escuela, pues es así la costumbre de ellos.

Me retiré a la cocina y luego empecé a oír que reían y que se decían muchas cosas.

Al asomarme miré a mi hijo dándole un puñetazo a uno de sus compañeros en el brazo, al tiempo que otro de ellos le decía:

= ¡yo le echaba dos?!,

y los tres compañeros se soltaban a reír.

Esas risas se acabaron en cuanto yo me asomé.

Al cabo de un rato, los compañeros se despidieron y mi hijo se metió a la regadera. Salió, se vistió y nos sentamos a comer. Ahí le pregunté:

+ ¿qué tanto estabas discutiendo y peleando con tus compañeros??.

= ¡Son unos idiotas?, los tres?!.

+ ¿Idiotas?, porqué??.

Como nos tenemos mucha confianza, mi hijo me dijo:

= es que?, ¡dicen que estás rete buena?!.

Yo me sonreí, complacida, halagada y?, mi hijo continuó su relato:

= Uno de ellos?, Bernardo, al que me estaba ?surtiendo?, ese decía que ?de buena gana te echaba

un palito??

¡Me emocioné con esa revelación!, y?, aunque andaba muy necesitada de sexo, me sentí algo intimidada por la edad de esos chicos, ¡de la edad de mi hijo!, que terminó su relato al contarme que:

= ¡y los otros idiotas dijeron que ellos te echaban dos?!.

Yo, toda emocionada, con mi pantaleta mojada de la calentura que aquella plática me había producido, tuve que sonreírme y tratar de minimizar lo que había pasado, al decirle a mi hijo:

+ y qué caso le haces a esos chicos?, ¡nada más estaban tratando de hacerte desatinar?!

Ahí dejamos esa conversación. Mi hijo me pidió permiso para salir en la tarde ? noche, diciéndome que regresaría alrededor de la media noche.

Le dije que sí. Se arregló por la tarde, se salió y yo me puse a ver la tele mientras planchaba la ropa. Vi algunas escenas eróticas en la tele y me sentí nuevamente?, ¡con ganas!.

Terminé de planchar y me fui a preparar mi merienda: pasaban apenas de las 9 de la noche. Estaba terminando de merendar viendo la tele, que se encuentra en el comedor de mi depa, cuando tocaron la puerta: era Bernardo, el chico al que se ?estaba surtiendo? mi hijo. ¡Venía muy arregladito, cambiado, perfumado!, ¡se veía muy guapito el chiquillo!:

= ¡Hola Araceli!,

me dijo, tuteándome, como lo estilan los jóvenes de hoy:

= ¡vengo por Gerardo?, para irnos a dar la vuelta por ahí?!.

Mirándolo sorprendida le dije:

+ pe?ro?, él hace ya rato que se salió?, ¡dijo que regresaba ya tarde, por ahí de la media

noche? Creí que se había ido con ustedes?!.

= ¡Eeeehhh?, entonces?, el que no entendí fui yo?, creí que nos íbamos a ver aquí?!.

+ Pues no?

= Oye?, qué rico huele tu chocolate?, ¿me invitas una tacita??.

Me dio risa con ese muchacho, siempre tan ?confianzudo? y directo en sus cosas? Le dije que sí. Se sentó a la mesa, se la fui a servir a la cocina y regresé:

+ ¿quieres una concha para tu chocolate??

= ¡si Ara?, gracias?!.

Se la di y nos sentamos a merendar, mirando la tele. Proyectaban una película mexicana, actual y de repente se ve una escena en donde estaban haciéndose el amor una pareja. ¡Me sentí que me ponía colorada!, y me fui a hacerme loca a la cocina, esperando que pasara esa escena.

Cuando regresé al comedor, vi que Bernardo se había cambiado a la sala:

= ¡Vente p?acá?!. ¡Ya me piqué con esa película?, se está poniendo muy buena?!.

No se porqué, pero le hice caso al muchacho y me fui a sentar a su lado, al sillón, que era un sillón doble (para dos personas). Yo estaba al lado izquierdo de Bernardo del lado interior, del lado de la pared y desde ahí se alcanzaba a mirar bien la tele: de hecho, por eso estaba ahí ese sillón, para que miráramos la tele mi hijo Gerardo y yo.

Estuvimos mirando la tele, el transcurrir de la película, hasta que de repente se volvió a presentar otra escena erótica en la pantalla: me puse nuevamente colorada y muy tensa: sentía que mi corazón brincaba de la emoción y con la respiración entrecortada voltié a verlo, queriendo decirle que iba a la cocina de nuevo, pero sentí que su mano me agarraba la nuca; en realidad no fue ninguna sorpresa, y por ello no me moví. Así de esa forma vimos como el hombre comenzaba a ?fajarse? y a desnudar a la chica: estuvimos así un buen momento; Bernardo me jalaba hacia él de manera muy suave y luego de un estremecimiento, me dejé ir hacia su hombro, pasivamente.

Tan pronto puse mi cabeza en su hombro, él volteó a verme y nos dimos un beso, ligero, juntando apenas nuestros labios, pero eso nos encendió y nos reacomodamos de manera inmediata y nos enfrascamos en un beso cachondo, encendido, apasionado.

Al mismo tiempo del beso, me puso su otra mano sobre mi pecho, sobre mi seno, el izquierdo, y se puso a frotarlo, a acariciarlo, a motivarlo, aunque a ratos era muy tosco y me lo apretaba con más fuerza de lo que yo hubiera deseado, pero esas caricias, grotescas, me estimulaban a mil por hora.

Consiguió levantarme el top que llevaba; me introdujo su mano por encima de mi estomago, por debajo de mis senos y comenzó a apretujarlos, por encima de mi brasier.

Las caricias no eran ni preciosas ni precisas, eran más bien desordenadas, bruscas, pero con mucha pasión, que logró contagiarme y le acariciaba su cabeza, sus cabellos y lo apretaba contra mi pecho, hasta que sentí que me levantaba el brasier y dejaba mis senos de fuera, para comenzar a besarlos, a chuparlos, a succionarlos.

Volví a apretarle su cabeza contra mi pecho, exclamando gustosa:

+ ¡Beeernaaardooo?!,

diciendo todo con ello, sin decir nada, a la vez.

El muchacho simplemente se despegó de mi seno, jaló una bocanada de aire y expresó mi nombre, como exhalación:

= ¡Araceliii…!,

Y se volvió a clavar en mi pecho, a seguir succionando el pezón, que estaba muy erecto y muy grande, motivado por esos chupetones que aquel chico le daba.

En cada chupetón que me daba, me sentía petrificada, me quedaba sin respirar y sentía cómo se me inundaba mi sexo, cómo mojaba mi pantaleta, de las emociones que me provocaba Bernardo. ¡Tenía cerrados los ojos!; estaba muerta de pena y deseo. ¡Sentía que todo mi cuerpo vibraba!: mis senos, mi vientre… ¡Me puse muy colorada y muy rígida!, pues me decía que no debía ser pero…, tampoco podía separarme de él…, es más, me seguía apretando yo misma su cabeza a mi pecho, para que me siguiera mamando.

+ ¡Beeernaaardooo?!,

volví a pronunciar?, como dando salida a mis ansias, sintiendo su mano en mi estómago, a la altura de mi cintura, tratando de meterse por debajo de mis pantalones, pero no lo lograba.

Me bajaba su mano hasta la altura de mi entre-pierna, a la altura de mi sexo, por encima del pantalón, y luego se regresaba de nuevo, hasta la cintura, hasta donde estaba la piel de mi estómago, descubierta, para luego volver nuevamente en su intento por introducirme su mano, debajo de mis pantalones, para introducirse hacia abajo, hacia la unión de mis piernas, hacia donde estaba mi sexo.

Sentía su mano, que me seguía acariciando mi vientre y acariciando mi sexo, por encima del pantalón. ¡Quería sentirlo mejor!; ¡él quería sentirme más dentro!, y luchaba por bajarme los pantalones, por desabrocharme el botón de hasta arriba.

Tuve que ayudarle a lograrlo: yo misma me desabroché ese botón de mis jeans y de inmediato el muchacho me bajó el cierre de la bragueta, para empezar a recorrerme mi pantaleta con su mano derecha.

Yo estaba mordiéndome fuertemente los labios, para no gritar del placer que yo estaba sintiendo. El chico me seguía succionando mis senos, me seguía acariciando mi pubis, mis vellos púbicos, mi sexo, por encima de mi pantaleta, muy suavemente, estimulándome más aún, hasta que dejó de tocarme mi sexo y levantó su mano más alto, buscando un pasaje por la parte de arriba, por encima del elástico de mi pantaleta, para poder meterme su mano por debajo de mi pantaleta, para acariciarme mi sexo directamente, y no a través de la tela de aquella prenda íntima, que era alta, casi hasta la cintura y entonces, ¡sentí que brincaba el elástico del resorte!, que su mano se deslizaba hacia mi bajo vientre, desnudo, palpando directamente esa región, hasta que llegó a mi mata de vellos y?, ¡sentí que me estaba viniendo!, ¡completamente!.

¡Es una sensación deliciosa, alcanzar el orgasmo de esa manera, estimulada por alguien!, ¡en este caso un chiquillo!, compañerito de mi hijo, en la secundaria.

¡Deseaba que siguiera y retenía todo mi aliento!. Me abrió los labios vaginales y me introdujo sus dedos, en mi cosita peluda.

+ ¡Aaaaggghhh?, Beeernaaardooo?!.

¡Sentí una descarga eléctrica correr dentro de mí, y me volví a venirme tremendamente.

= ¡Estás rete linda, Araceli?!.

Me dijo, mientras me apoyaba toda la palma de su mano abierta contra mi sexo y me lo comenzaba a apretar.

Una mezcla turbulenta, llena de pasión y vergüenza, se apoderó de mí en ese instante:

= ¡Estás rete sabrosa, Araceli?!.

+ ¡Aaaaggghhh?!.

Emití un breve gemido. Bernardo me acariciaba en ese momento mi sexo: ¿podría darse cuenta de que estaba yo ya toda venida…?.

= ¡separa las piernas…!,

me dijo Bernardo, pero como yo me tardara en hacerlo, el chico me lo aclaró:

= ¡para acariciarte mejor…!,

por lo que separé mis piernas como él quería, aunque en un arranque de pudor las volví a cerrar:

+ ¡No Bernardo…, no puede ser…, no está bien…!,

pero el chico simplemente volvió a repetirme:

= ¡separa tus piernas…!,

y las volví a separar, lentamente, aunque sentía que me estaba escurriendo de mis venidas.

El chico me colocó su mano abierta sobre todo mi sexo, sobre mi mata de vellos, apretándome con fuerza mi pubis, como tomando posesión de él y:

+ ¡Aaaaggghhh?, Beeernaaardooo?!,

grité, quejándome deliciosamente por ese apasionado apretón, soltando un gemido ronco, especial…; en ese instante me sorprendí a mí misma empujando mi pubis, mi sexo en contra de su mano…, pidiéndole al mismo tiempo que continuara, sin pedírselo abiertamente.

= ¡Bájate el pantalón!,

me dijo el chiquillo, y me lo bajé hasta por encima de mis rodillas, dejándole expuesta a su vista mi pantaleta, mojada de mis venidas.

Los dedos del chico me palparon de nuevo mi sexo, por encima de mi pantaleta, siempre con la misma pasión y deseo, con la misma ansiedad, ¡irresistibles…!. ¡Me tenía a su merced…, me le estaba entregando, es más, me le estaba ofreciendo, era yo la que me le estaba ofreciendo…!.

+ ¡Bernardooohhh?!.

Con la respiración agitada empecé a disfrutar sus caricias; ¡yo misma escuchaba mis propios gemidos placenteros, y me volvía a excitar otra vez…!.

+ ¡Bernaaaahhhrdooohhh?!.

Todavía por encima de mis pantaletas, el chico me acariciaba mi sexo a lo largo de mi rajadita…, lo hundía, introduciéndomelo un poco, con todo y mi pantaleta, moviéndolo con mucha ansiedad y deseo. ¿Cómo podía resistirme a esos tocamientos tan deliciosos?. Estaba sintiendo en ese momento una cosa gruesa y un tanto suave que se movía del otro lado de mi pantaleta…, y que me empujaba con fuerza sobre de mi rajadita…

= ¿Te gusta…, Araceli…?,

me preguntó Bernardo en esos momentos

+ ¡Bernaaahhhrdooohhh…, sí, sí…!.

En realidad nunca supe si le respondí a su pregunta o le había hecho, simple y sencillamente una solicitud para que le siguiera.

+ ¡sííííí…….!,

y le volví a empujar mi sexo, totalmente mojado, contra su mano.

Fue en ese momento, casi como si estuviera entre brumas, que alcancé a escuchar la voz de ese chico ordenándome:

= ¡quítate tus calzones…!.

Un temblorcillo me recorrió mi cuerpo, de pies a cabeza y?, sin poder oponerme, comencé a bajarme yo misma mis pantaletas, cumpliendo los deseos de ese chico. Me miraba a mí misma llevándome mis manos hasta el elástico de mi pantaleta y luego, comencé a jalármelas hacia abajo: ¡no podía evitarlo…!, estaba aprisionada por el deseo.

Me levanté un poco del asiento para permitir que mi pantaleta me pasara por debajo de mis asentaderas y me la dejé justo arriba de mis rodillas, en donde se encontraban también mis pantalones, que no me había terminado de retirar.

Por mi misma, volví a sentarme en ese sillón y separé de nuevo mis piernas, para que ese chico pudiera ?tocarme?. ¡Estaba sin respirar!, esperando lo que siguiera…

Alcé mis ojos para mirarlo, con unos ojos de súplica y entonces.., él me tocó; me puso un dedo, ¡un solo dedo!, y me sobresalté por completo… Me separó mi vellos púbicos, todos batidos de mis secreciones, hacia cada lado de mi rajada y luego, empezó a deslizarme su dedo de abajo hacia arriba y luego otra vez… Luego fueron dos dedos…, luego fueron los tres, que se me insinuaban entre mis labios, luego entre los pequeños, por arriba y luego también más abajo… ¡Estaba más que mojada?, completamente batida de mis secreciones y de mis venidas?!.

= ¡Ber? naaahhhr? dooohhh…, sí, ahhh…, sí…, ahhh….!.

Gemía en cada una de sus pasadas y giraba mi cabeza y mi cara a los lados, respirando con mucha velocidad. Le empujaba mi vientre buscando su mano y clavaba mis dedos en el sillón, transida totalmente por el placer…

Los dedos de Bernardo se pusieron a recorrerme con mayor rapidez y mayor fortaleza; ¡me estaba dedeando con fuerza!, me los metía y los sacaba, simulando al acto sexual, con sus dedos en vez de pene, y yo abierta, abierta de par en par…

Mis labios mayores estaban inflados y abiertos por el empuje de la carne interior. ¡No me importaba ni adonde estaba, ni quién era, ni con quién estaba, todo lo que importaba era que mi sexo estaba recibiendo placer!.

Me estaba metiendo sus dedos entre mis labios vaginales todos batidos; hacían un ruido?, bastante particular, al entrar y salir.

Estaba tan ensimismada con ese?, ?ejercicio?, que?, el tiempo se me fue por completo, hasta que el ?cucú? de la sala comenzó a repicar, señalando la media noche: ¡Gerardo!, ¡mi hijo!, ¡no debía de tardar en llegar!.

Me separé de ese chico, con las pantaletas y los pantalones atorados a la rodilla, arribita de la rodilla:

+ ¡Gerardo?, no debe de tardar en llegar?!,

Y me lancé a la carrera hacia el baño, dejando a Bernardo descontrolado.

No bien acababa yo de sentarme en la taza del escusado, cuando oí que la puerta se abría y luego unas voces: ¡ya había llegado Gerardo!.

Me lavé la cara, me arreglé lo mejor que pude y salí hacia la sala, a saludar a mi hijo y a despedir a Bernardo.

Le di de cenar a mi hijo, quién me miraba con cara de interrogación, pero ninguno de los dos dijimos nada.

Nos fuimos a dormir y ya ahí, acostada en mi cama, algo dentro de mí comenzó a decirme que había disfrutado muchísimo, que me había gustado a morir y que había sentido mucho más bonito que cuando me acariciaba yo sola, en mi cama.

Me sentí apenada de haberlo hecho, pero con muchas ganas de repetirlo.

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agosto 11th, 2013 >> Jovencitas

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