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Renta en Relatos eroticos de Infidelidad

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febrero 10th, 2014 >> Relatos Eroticos

Renta en Relatos eroticos de Infidelidad (relatos eroticos )

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Renta en Relatos eroticos de Infidelidad (relatos eroticos )

Gracias a todos por su apoyo, aclaro que estos relatos son pura fantasías y lo voy escribiendo como me salen por eso les pido disculpas por todo lo malo, espero que lo disfrute.

Habían pasado ya 15 días desde el encuentro que tuve con nuestro casero, encuentro que aparte de vulgar y asqueroso me gusto, ya que aquel hombre me había tratado como jamás me habían tratado. En esos días me la pasaba masturbándome día y noche, hacia el amor con mi marido contándole detalles de aquel encuentro ya que le encantaba? fueron pasando los días y yo no podía sacar de mi mente pene del Sr. Pérez, tenia que hacer algo para volver a disfrutarlo y no podía esperar el próximo pago la renta y muchos menos sin saber si mi marido le tendría el dinero.

Lo que les cuento paso un día lunes, cuando mi esposo se había ido a trabajar y yo me encontraba demasiado caliente, eran como a las 7 de la mañana y apenas se fue puse en marcha un plan para traer a el Sr. Pérez a la cama. Me fui al baño y tome la manguera de la ducha de mano que tenemos al lado de la poceta (la que uso solo yo para lavarme mis partes intimas) y la jale para romperla pero como no podía romperla busque en la cocina un cuchillo y el mazo de la carne y con eso lo rompí, estaba terriblemente excitada, regrese al cuarto y sacándome las pantaletas me acosté en la cama no sin antes buscar mi consolador que guardaba en la mesa de noche, me masturbe pensando en mi única fantasía, el tener el pene del casero de nuevo, me metí el consolador mientras me frotaba el clítoris desesperadamente, me daba rabia que mi consolador estaba dañado y sin baterias. En eso detuve la masturbación y sin sacarme el consolador de la vagina tome el teléfono y llame al Sr. Pérez, cuando estaba repicando vacile en trancar y olvidarme de todo, pero mas pudo el morbo y la puta que llevo dentro, me contesto:

- Alo

- Alo… Sr. Pérez? – pregunto nerviosa

- Si, quien habla? – me pregunta sin reconocerme la vos

- Hola como esta, le habla Alejandra, la esposa de Carlos, sus inquilinos, me recuerda? – le digo

- Como no recordarla ricura – me molesta cuando me dice así pero me excita – si no dejamos de pensar en usted ? agrega

- ¿Quienes Sr. Pérez? – le pregunto extrañada

- Mi guevo y yo ricura, a ninguna hora dejamos de pensar en ti, nos divertimos mucho con la prenda intima que nos dejaste, por cierto ya la tenemos mas sucia de lo que estaba…

Aquel comentario por mas que vulgar que fue me excito muchísimo e hizo que me empezara a masturbar mientras hablaba con aquel hombre:

- Hay Sr. Pérez usted y sus cosas?

- Pero bueno, a que se debe tan sorpresiva llamada, aun falta para pago de la renta jajajaja – se ríe irónicamente el hombre aquel

- Lo llamaba para saber si podía hacerme un favor Sr. Pérez… – le digo decidida

- Dígame para que soy bueno bella dama, pida por esa deliciosa boquita – me dice incomodándome pero sin no dejarme de gustar

- Tengo un problema en el baño y me preguntaba si usted podría venir a ver si me lo puede solucionar – le suelto avergonzada

- Jajaja tiene problema con su cañería jajaja – me dice mientras reía

- En serio, puede venir a revisar, por favor – le digo con la mejor voz de putilla

- ¿Y tu marido? – me pregunta

- No esta, esta en su trabajo – le contesto

- ¿Esta sola?

- Si, solita… ¿Va a venir? – le pregunto

- Con gusto ricura, ya estoy saliendo para allá – me dice emocionado

- Dale, te espero

Mientras estuve hablando con el me masturbaba silenciosamente, me imaginaba el miembro de aquel hombre entre mis piernas, me metía el consolador y me corrí como una puta, el corazón se me salía, estaba loca por hacer aquello y mas aun a escondida de mi esposo, pero quería ver, tocar, mamar el guevo del Sr. Pérez, estaba nerviosa así que me metí al baño y me bañe concienzudamente sobre todo en mis partes intima y cuando lo hacia me di cuenta que tenia la cuca súper peluda, como a mi esposo le gusta así no me había dado la tarea de rasurarme, es mas las piernas y las axilas ya necesitaba mantenimiento pero la verdad ya no había tiempo de hacerlo, salí de baño y me puse unas pantaletas blancas tangas, de esas que tapan media nalgas y que se me metían entre las, me puse un sostén de una talla menos que tenia guardado desde hace tiempo y que no lo había botado, como era viejito las elásticas estaban vencida y la verdad no iba a “sostener” mucho, sabia que con el mas mínimo movimiento se me iba a salir una teta jajajaja… y para tapar aquellas “para nada” intimas prenda me puse una camisa blanca de mi marido que medio transparentaba y marcaba generosamente mi humanidad. Estaba muy nerviosa pero ansiosa de que llegara aquel hombre. Sonó el timbre y suspirando le abrí la puerta, al entrar me ve sorprendido y me dice sonriendo:

- Buenos días ricura

- Buenos días Sr. Pérez, pase adelante – le contesto abriéndole paso

Yo definitivamente estaba loca, como era posible que una chica como yo se ligara con un tipo como ese, vestía mal, olía mal, y me veía con una cara de morboso, era baboso pero solo pensar en lo que tenia entre las piernas hacia que mojara las pantaletas, apenas entro le dije nerviosa:

- Como esta Sr. Pérez, como le va, gracias por venir…

- Dime ricura, para que le soy útil? – me dice sonriendo mientras me desnudaba con la mirada

- Tengo un problema en el baño y me gustaría que lo viera y si es posible me lo arreglara ? le digo

- Vamos a ver ricura – me dice

- ¿Quiere un cafecito? – le ofrezco

- Por favor…

- Ya se lo traigo – le digo caminando a la cocina

Sentí que se vino detrás de mi a la cocina, abrí la despensa en donde están las taza y como estaban muy alta me puse de puntilla haciendo que se me subiera la camisa y dejara a su vista el comienzo de mis nalgas y por supuesto mi pantaletica metida entre las misma, el hombre tosió y me pregunta:

- ¿Estas sola?

- Si Sr. Pérez, estoy solita, mi esposo esta en su trabajo? – le digo con picardía

- Ya le dije que me llamara Ramón…

Yo siento que se pone detrás abrazándome maraqueandome y besándome el cuello, yo lo empuje con mi trasero y sirviendo el café le digo haciéndome la estrecha:

- Quédese quieto y vamos a lo que vino… a qui esta su café…

- Gracias ricura – me dice apartándose mientras agarraba la tasita

Salí de la cocina hacia mi cuarto mientras le decía nerviosa:

- Venga por aquí Sr. Pérez para enseñarle el problema…

- Y dale… dígame Ramón, me llamo Ramón – me dice el hombre

- Disculpe, pero me es difícil tutearlo – le digo mientras caminaba

- Estamos en confianza Alejandra, dígame como usted quiera – me dice el muy baboso

- Esta bien Ramón jeje – le contesto con una picara sonrisa

Cuando pasábamos frente a mi cama el hombre me dice sorprendido:

- Uhiiiii pero miren los juguetes de la señora!!!!

Me volteo y se me caía la cara de vergüenza, había dejado el consolador en la cama y este lo había agarrado y lo examinaba:

- Golosa la niña, le gustan grandes no joda – lo huele y agrega – y lo estaba usando, huele rico, huele a hembra caliente jajajaja – agrega riendo

- Que pena, déme aca, devuélvamelo – le decía tratándoselo de quitar

El hombre me empujaba con un brazo y lo alejaba de mi mientras reía y lo lamía, yo saltando trataba de agarrarlo sin lograrlo, aquel forcejeo hizo que se me saliera una teta, mientras seguía saltando y forcejeando me la metía en la copa del sostén para que la muy traviesa se volviera a salir del sostén, todo esto para que el viera y se excitara mas, la deje afuera y deje de brincar cuando me decía:

- Esta dañado, le falta la tapita y las pilas, esto no sirve…

- Si lo acabe, por ahí esta la tapa, se desarmo todo – le digo sin vergüenza alguna

- Debería de botarlo y usar este – me dice mientras se lo pasa por el bulto

- Ahhhh déme aca viejo baboso… – le digo arrancándoselo de la mano

- Jajajaja y tu, eres la propia puta… pero mira, yo te lo puedo arreglar – me dice sonriendo

- ¡En serio! – le digo sorprendida

- En serio, déjelo por ahí y lo acomodamos después – me dice

- Ok, se lo agradezco, pero vamos a lo que vino

Entramos en el baño y le muestro la manguera y riendo me dice otra vez sorprendido:

- Jajajaja es el “lava-cuca” lo que se le daño, jajajaja… ¿Y como lo rompiste mujer? – me dice

- No se como se rompió, esta mañana lo encontré así – le digo sonriendo – ¿Tiene arreglo? – le pregunto como si no supiera que tiene arreglo

- Claro que tiene arreglo mujer, se le compra una manguera nueva y resuelto el problema – me dice

- ¿Me lo puede arreglar? – pregunta tonta, ya lo tenia donde quería

- Claro putica, claro que se lo puedo arreglar… me dice sonriendo

- ¿Cuanto me va a cobrar? – le pregunto poniendo mi mejor cara de puta

- Usted sabe como me va a pagar – me dice el muy morboso

- ¿Como? – le digo recostándome de la puerta y con una voz sensual

Se me acerca y plantándome un beso en la boca me dice:

- Me afloja las nalgas y le reparo eso y su “cosita” que tiene en el cuarto y probamos todo junto… ¿le parece? – me dice

- Dale – le digo empujándolo para que no me volviera a besar – pero primero trabaje – agrego apartándome

- Ok, déjeme comprar los materiales y vuelvo ricura – me dice el nombre

- Ok lo espero

Salio a comprar dejándome mas excitada de lo que estaba, me sentía como una fulana, una mujerzuela, una puta barata por hacer aquello pero me gustaba, nunca me había sentido así, tan deseada y de que forma, me iba masturbar pero pensé mejor en llamar a mi esposo para asegurarme que estaba en su trabajo y así lo hice, estaba hablando con el, diciéndole lo mucho que lo amaba y extrañaba, que era mi amor y todas esas cosas cursis cuando suena el timbre, le dije apurada que estaban tocando a la puerta y que lo llamaba después y nos despedimos con un beso, tranque el teléfono y corrí a abrirle al Sr. Pérez, que entro diciéndome:

- Aquí traigo todo ricura…

Pone las bolsas sobre la mesa y saca la manguera para la duchita y unas baterías y le pregunto curiosa?

- ¿Y estas baterías?

- Para tu juguete mujer, quiero ver como lo usas – me dice el muy baboso

- Chévere, pero primero lo tiene que reparar – le digo

- Tranquila que eso lo arreglo, si no… usas el mió – me dice agarrándose el bulto

No le dije nada, me hice la loca, saque de otra bolsa que trajo una caja de condones, de la misma marcas que los anteriores y de sabores, no dije nada, solo sonreí al verlos y hasta se me aguaron mas las pantaletas, el me miro y me dice:

- Voy cambiar esto, me compañas? – me dice mostrándome la manguera

- Si ya voy…

Caminamos al baño y el se puso a reparar la duchita, me pidió varias herramientas que las tome de la caja de mi marido. Me recosté en la puerta a esperar, el me veía y yo lo veía, no nos decíamos nada hasta que decidí avanzar un poco mas y le dije cruzando las piernas mientras me retorcía:

- Tengo ganas de hacer pipi

- Venga señora, haga pipi, si quiere la ayudo? – me dice levantándose dejando las herramientas en el piso

- Jajajaja y como me va ayudar.., ¿Va hacer pipi por mi ?- le digo graciosamente

- No, pero si quieres la ayudo a bajarle las pantaleticas – me dice

- Noooo, que es, no sea tan loco, siga trabajando y no mire – le digo ingenuamente

Me puse de espalda a la poseta, me baje las pantaletas y me subí la camisa para sentarme a orinar, el hombre no aparto un segundo su vista de mi trasero, yo estaba definitivamente loca al estar haciendo aquello, el hombre sin levantarse se pone frente a mi abriéndome las piernas para ver como orinaba, yo dándole un manotazo a su mano que la tenia en mi rodilla le decía:

- Quédese quieto, déjeme hacer pipi, trabaje es lo que tiene que hacer…

- Uhmmm ricura abra las piernas, déjeme ver, no me quite ese privilegio – me dice el hombre metiéndome mano

Hice pipi bajo la mirada del hombre que seguía tratando de meterme mano y yo negándome, entre aquel forcejeo me dice:

- Tiene la cuca peluda, si quiere se la rasuro también, soy muy bueno afeitando – me dice el muy baboso

- ¿En serio? – le pregunto haciéndome la pendeja

- En serio ricura, te dejo esa cuquita peloncita y te rasuro las piernas, las axilas, me convierto en tu peluquero intimo – me dice con las manos entre mis piernas

El hombre me veía esperando mi decisión, jugaba enredando mis pelitos de la cuca excitándome mas de lo que estaba, me levante de la poseta para tratar de controlarme y tomando papel higiénico le digo:

- Esta bien, pero trabaje, termine con eso y vemos…

- ¿Te seco? – me dice mientras se levanta viendo como agarraba papel

- No, yo puedo sola, gracias – le digo de mala manera

Me seque y me subí las pantaletas para salir del baño, estaba muy excitada y desesperadita, quería tener sexo con ese hombre pero debía aguantarme, aunque no podía creer lo que estaba haciendo me tenia que controlar, tenia que hacerme un poco la estrecha, me estaba volviendo loca ese hombre, fui a la cocina a tomar agua a ver si me tranquilizaba, regrese al baño y el ya terminaba de cambiar la manguera, sonriendo me dice:

- Ya estamos listo por aquí bella señora…

- Que bien, que rápido… ¿para todo es así de rápido? – le digo picadamente

- No, para otras cosas no soy tan rápido ricura – me dice sonriendo

- ¿Quedo bien?

- Porque no se la lava, échese una lavadita y lo prueba – me propone el muy morboso sonriendo

Ya era demasiado, el morbo era terrible pero debía probar si quedo bien así que pasando por al lado de el me coloco a espalda de la poseta otra vez y por segunda vez me bajaba las pantaletas delante de aquel hombre, me senté para tomar la duchita y me lave la cuca delante del mientras le decía:

- Uhmmm quedo bien…

El hombre tomando el jabón me lo da diciéndome con una sonrisa:

- Tome, jabónesela

- Gracias – le digo coquetamente agarrando el jabón

Mientras me la jabonaba veo que se le marcaba tremendo bulto y se lo agarraba descaradamente mientras me veía:

- ¿Estas excitado?

- Coño, tengo el guevo paradísimo – me contesta chirreando los dientes

- Sácatelo para ver – le digo

Me termine de jabonar y veía como se bajaba el cierre y sacaba por aquella bragueta su inmenso miembro erecto, no se si eran vainas mías o el deseo de ver aquello pero se le veía mas grande que la ultima vez, se pajeaba mientras veía como yo me terminaba de lavar. Puse en su lugar la ducha y sin pararme de la poceta le dije:

- Pásame la toalla…

El hombre dejándose de masturbar me alcanza la toalla y secándome las manos le digo mientras le veía el objeto de mis deseos:

- Acércate…

No lo había terminado de decir cuando ya lo tenia parado frente a mi, con su verga frente a mi cara, se lo agarre y comprobé que lo tenia duro como una roca y calientísimo, le desabroche el cinturón y los pantalones para bajárselos con todo y el interior, le agarre las bolas y se las acaricie hasta que comencé a pajearlo y mientras lo hacia le miraba a la cara y me dice:

- Bésamelo

Me lo acerque a la cara y antes de “besárselo” me lo pase por la nariz para aspirar ese olor a macho que tanto me encanta, que me vuelve loca… me encantaba ese miembro viril, su dureza, lo caliente, lo largo, lo grande, me tenia loca ese aparato. Me lo quito de la mano y agarrándome por la cabeza con su mano izquierda comienza a pasármelo por lo labios diciéndome:

- Mamame el guevo puta que no aguanto….

Lo obedecí y abrí la boca para que ese hombre me lo metiera hasta la garganta, que rico lo tenia, en su recorrido hacia mi garganta mi lengua lo saboreo y lo ensalivo dejando ese agradable sabor salado que tanto me gusto de la ultima vez que se lo mame, comencé a mamarlo de una manera salvaje, desesperada mientras que con una mano me masturbaba, no podía creer lo que estaba haciendo, el berreaba como un toro y movía mi cabeza con ambas mano para que le hiciera la paja a su antojo, prácticamente me estaba cogiendo por la boca y la verdad que no aguante mucho, me vine mientras se lo estaba mamando y fue cuando entre en razón y antes que eyaculara me lo saque de la boca y le dije:

- Ya no mas… aun queda trabajo…

- Noooo mujer, no me dejes así – me dice agarrándose el miembro mientras lo sacudía

Aun sentada en la poceta me quite las pantaletas y levantándome le pregunto muy cerquita:

- ¿No me vas rasurar la cuca?

- Uhiiiii por supuesto ricura – me dice sonriendo

- Vamos pues…

Salimos del baño y apenas lo hicimos yo me quite la franela quedando en sostén, tenia una teta fuera de la copa, trate de arreglarlo pero desistí poniéndome de espalda a el y diciéndole:

- Desabróchame el sostén…

El hombre lo hizo y deje caer los mismo al piso, me voltie y a el se le salieron los ojos al verme las tetas, le dije:

- Ponte cómodo, quítate la camisa y los pantalones mientras yo busco la afeitadora…

Abrí una gaveta de la peinadora y saque una afeitadora de esas doble hojilla para mujer pero al hacerlo el miro que había una navaja de peluquero y me dice:

- Con esa es mejor…

- ¿La sabes usar? – le pregunto

- Por supuesto ricura – me dice muy seguro

- Eso espero, no me vayas a destrozar la cuca jajajaja – le dije riendo

Le di la navaja y busque una toalla para ponerla en la cama y no llenarla de pelos, la puse y me acosté cómodamente abriendo las piernas, me comencé a tocar de nuevo mientras el me preguntaba en donde tenía espuma de afeitar y le dije donde estaba la de mi marido, se acercó a mi y puso manos a la obra jajaja… era un trabajo sucio pero alguien tiene que hacerlo o no jajaja, me abrí más de pierna y no podía creer que estaba patas abierta delante de aquel hombre ofreciéndole el “tesorito” de mi esposo, con cuidado se puso a rasurarme y la verdad sabia usar aquella navaja, fue muy delicado y aquella manipulación me volvió al excitar, el hombre aparte de resurarme muy bien aprovechaba de tocarme descaradamente la cuca, había momentos en que sentía que me metía el dedo en la cuca, cuando terminó de rasurar me abrió un poco las nalga y viendo el otro “tesorito” de mi marido me dice sonriente mientras lo tocaba con su dedo:

- Tienes el culto paludito … ¿Te lo afeito también?

Y poniendo mi mejor cara de puta afirmó con mi cabeza, este sonriendo y haciendo espacio me dice:

- Ponte en 4 para afeitarte esos odiosos pelitos …

Me volteo para ponerme en cuatro patas cómo me pidió dejando a su vista y ahora que a su merced mi agujero intimo, yo estaba terriblemente excitada, quería que ese hombre me penetrará de una buena vez, me comencé a dar dedito mientras el me rasuraba los supuestos pelos del culo, como me estaba masturbando me movía mucho así que el hombre dándome una buena nalgada me dice:

- Quédate quieta puta que te voy al cortar…

- !Cuidado con mi culito ! – le exclamó mientras me dejo de masturbar

- Entonces quédate quieta, no te desesperes, ya te voy al dar lo tuyo… no lo muevas que ya termino – me dice el muy baboso

Me quede quieta y siento como el me rasura el ojetes, al rato tomando una toalla pequeña que había sacado para el trabajo íntimo me limpia mis parte diciéndome desesperadamente:

- Coño mira como me tienes – mostrándome la tremenda erección – si no te cojo te mato – agrega mientras se ponía detrás de mi pegándome en las nalgas con el guevo

- No, prefiero que me cojas… pero primero mamame la cuca papito… – le digo al hombre que no dejaba de darme nalga das con el guevo

- Con gusto ricura…

Me acosté rápidamente y le volví abrir las piernas al Sr. Pérez que tomando nuevamente la toalla me limpia muy bien la cuca para “comérsela”, yo le veía el tremendo “cipoton” que tenia entre las piernas, después que terminó de limpiarme se acuesta boca abajo metiendo su cara entre mis piernas mientras me agarraba las piernas… guaooo que buena mamada me daba aquel hombre, sentía su áspera y pegajosa lengua lamer mi clítoris mientras me lo chupaba y lo mordía. En eso que estoy inmersa en un profundo placer suena mi celular, le agarre la cabeza al Sr. Pérez para que no dejará de mamame la cuca mientras alcanzaba mi teléfono que estaba en la mesa de noche, vi quien llamaba y le digo al hombre que me comía la cuca antes de contestar la llamada:

- Coño, es mi marido… no hables – le digo al hombre

Me medio senté para contestar y al hacerlo el hombre dejo de mamar:

- Alo – le contesto

- Hola mi amor – me contesta

- Hola cariño

- ¿Que haces mi amor? – me pregunta

- Acostadita papi, ando con ganitas – le digo mimosa

- ¿Estas caliente? ¿Te estas masturbando?

- Si papi, que bueno que me llamas… ¿Me vas a decir cosas ricas? – le digo excitada picándole el ojo al Sr. Pérez que se masturbaba mientras me veía la cuca

- ¿Que quieres que te diga? ¿Como quieres que te trate? – me pregunta

- Se groserito con tu mujer, trátame como una puta papi…

- Dime algo putita… ¿Te gustaría que estuviera contigo el Sr. Pérez? – me pregunta el muy cabroncito

- Hay si papi, me encantaría – le digo mientras me ponía de nuevo cómoda abriendo las piernas

Le hice seña al Sr. Pérez para que saliera del letargo que se encontraba para que me mamara la cuca mientras tenia sexo telefónico con mi marido, aquel hombre se volvió a meter entre mis piernas y comenzó a mamarme la cuca deliciosamente mientras mi esposo me preguntaba:

- ¿Tanto te gusto ese guevo?

- Me encanto papi, tu sabes que si – le digo excitada

- ¿Te gusta mas que el mió putita? – me pregunta

- Si… bueno, el tuyo me gusta, pero el guevo del Sr. Pérez me encanta…

- ¿Lo tiene mas grande que el mió? – me pregunta el muy cabroncito

- Si papi, tu tiene que verlo, ese hombre tiene el guevo grandísimo, grueso y se le pone durísimo – le digo mientras le pico el ojo mientras seguía mamándome la cuca

- Tu si eres puta mami – me dice

Mientras mi marido me hablaba el Sr. Pérez me deja de mamar la cuca y toma mi dañado consolador para metérmelo, no pude dejar de emitir un quejido al sentirme penetrada bruscamente por mi consolador, mi marido me pregunta:

- ¿Que paso mami?

- Que rico papi, me metí el consolador…

El Sr. Pérez se dedico a reparar mi consolador adentro de mi, me parecía excitante y muy morboso, le coloco las pilas y ajusto la tapa que era la que estaba dañada y cuando la puso hizo que se encendiera violentamente, casi grite al sentir la vibración en mi atormentada vagina, estaba al borde del orgasmos, le dije a mi marido que fuera grosero para masturbarme a gusto:

- Que rico papi

- ¿Te gustaría revolcarte con el Sr. Pérez otra vez? – me pregunta en el medio de la cantidad de obscenidades que me decía

- Si papi, quiero, quiero, quiero…

- Pero ese hombre es muy feo mami – me dice el miy cabron

- Jajaja feo pero bello por donde mea – le digo riendo mientras le picaba el ojo al protagonista de la fantasía

- Jajaja puta mami, eres una puta – me dice

- ¿Pero me vas a dejar que lo meta en nuestra cama otra vez? – le pregunto excitada

- No se mami, fue excitante que lo hiciera mi amor y me gusto pero no se si dejarte que lo hagas de nuevo, eres mi mujer – me dice

- ¿Ya tienes el dinero de la renta? – le pregunto mientras le sonreía al Sr. Pérez que no dejaba de hacerse la paja mientras me veía

- Olvídalo puta, olvídalo… ya tengo el dinero – me dice

Empezó de nuevo aa excitarme diciéndome groserías mientras el Sr. Pérez se divertía viendo como me masturbaba cuando mi esposo apurado me dice:

- Mami te dejo, me están llamando, yo te llamo ahora…

- Nooo papi, no me dejes así, ya casi me vengo – le digo haciéndome la urgida

- No puedo mami, te doy permiso para que tengas sexo telefónico, búscate un hombre por el Chat y lo haces rico – me dice apurado

- Será, voy a ver si me tomo un vaso de leche – picándole el ojo al Sr. Pérez – y me quedo tranquila – agrego sonriendo

- Como quieras mi amor, si lo haces por teléfono me cuentas, déjame como un cabron – me dice el muy cabron

- Ok mi amor, si lo hago ten por seguro que te voy a dejar como el propio cabron, eso te lo aseguro mi amor – le digo aun sonriendo

- Rico, ahora si te dejo…

- Chao cabroncito, te quiero mucho -le digo

- Yo también he quiero mucho

Tranque la llamada y digo mirando el celular:

- Pobre… si supiera el tipo de leche que voy a tomar…

- ¿Vas a beber mi leche? – me pregunta el hombre como si no supiera

- Por supuesto… ¿Me la vas a dar?

- Claro puta – me dice emocionado

Sacándome el consolador de la cuca le digo excitada:

- Cojeme por favor, quiero sentir eso dentro de mi – le digo agarrándole el guevo

- Ponte que te lo voy a meter – me dice excitado haciéndose la paja

Cuando se estaba poniendo encima de mi para metérmelo le pregunto alarmada:

- ¿No te vas a poner un condón?

- No ricura… tranquila que te la voy a dar en la boquita – me dice el muy sádico

Yo pongo cara de incrédula mirándolo mientras se lo agarraba para que no me lo metiera, lo tenia grandísimo y durísimo y la verdad que lo quería sentir así dentro de mi, que me cojiera “al pelo” así que le pregunto:

- ¿Seguro que no vas acabar dentro de mi?

- Seguro puta… si no cual es el peo?… te pongo un muchacho y el cabron de tu marido lo cría jajajaja – me dice el muy baboso

- Estupido – le digo haciéndome la molesta – métemelo, pero ten cuidado – le digo soltando su pene

El Sr. Pérez riendo sentado en sus talones frente a mi me atrae hacia el agarrándome por las piernas y poniéndolas sobre sus hombros (me iba a coger como me gusta) y ensalivándose la cabeza del guevo lo frota en mi atormentada cuca y de un solo golpe de cadera me lo mete hasta el fondo haciéndome que me doliera y se lo reclamara:

- Uffffff hijo’e puta no tan duro…

- Jajajaja eso me dijiste la ultima vez y veo que te gusta – me dice riendo mientras me daba

- Cállate y cojéeme rico – le digo jadeando

El Sr. Pérez agarrándome por los tobillos me abre la pierna subiéndolas y comienza a embestirme brutalmente, me encantaba como me cojia ese hombre y se veía que lo disfrutaba ya que sudaba, me besaba y lamía las piernas y hasta me chupo los dedos de los pies mientras me daba duro, soy una mujer multiorgasmica (eso si es real jajaja) y no se cuantas veces me vine, era delicioso, me gustaba el morbo de aquella mañana y con aquel hombre, en esos me dice jadeando con los ojos cerrados y sin soltar mis pies:

- Me vengo puta, me vengo…

- ¡Cuidado!… afuera, échamelo afuera – le digo angustiada empujándolo

- Tranquila que voy eyacular en tu boca puta… prepárate que me vengo ? agrega

Me dio enérgicamente un rato mas hasta que me lo saco y se levanto parándose en la cama sobre mi, arqueo las piernas para apuntar a mi cara con su verga y meneándosela me dice jadeando:

- Abre la boca puta que voy a eyacular…. toma lo tuyo… ahggggg….

Arqueo mas sus piernas para apuntar bien hacia mi boca pero fue inútil, vi como salio el enorme chorro de semen que fue a parar de lleno a mi ojo derecho dejándome ciega de ese ojo, rectifico el curso de la rociada y los otros 5 lechazos fueron a parar directamente en mi boca, la cerré y me la trague, fue abundante y caliente y con ese sabor fuerte que me raspaba al bajar por mi garganta, el restregó su glande por mis labios mientras me decía:

- Que rico puta, anda… límpiame el guevo..

Me puso la cabeza de su huevo en la boca y yo me encargue de chupar para extraer las ultimas gotas de leche que le salía para después chuparle el huevo para dejárselo como el quería… bien limpio, cuando estaba en pleno proceso de higiene bucal suena de nuevo mi celular, me lo saque de la boca y vi (con un ojo ya que el otro estaba apagado por la leche) que era mi marido, empuje al hombre para sacármelo de encima y conteste:

- Alo

- Hola mi vida, que hacías? – me pregunta el pobre

- Hola mi amor, me acaba de terminar la leche – le digo mimosa mientras el Sr. Pérez se acuesta a mi lado y comienza a limpiarme el ojo

- ¿Te masturbaste? – me pregunta

- No amor, ya se me fueron las ganas – le digo mientras recibía la leche que me arrimaba el Sr. Pérez a la boca con su dedo

- Lastima mi amor, ya me desocupe – me dice mi maridito

- Te llamo mas tarde mi amor, voy a ver si me pongo a limpiar – le digo

- Dale pues, me llamas, te quiero mucho…

- Yo también te amo, chao

Tranque la llamada y riéndome le digo al Sr. Pérez que me veía sonriendo mientras seguía tocándome la cara:

- Pobre…

- Jajaja si eres puta mujer – me dice riendo

- Es hora que se vaya – le digo decidida levantándome

- Espera mujer, espera… vamos a echar otro… mira, se me está parando el guevo otra vez – me dice el muy vulgar

- No, ya esta bueno, tengo que limpiar, mejor se va – le digo ya un poco mas seria

El hombre resignado se viste mientras yo me ponía las pantaletas y una bata de baño, lo acompañe a la puerta y lo despedí, cerré la puerta para regresar a la cama y como no había acabado me masturbe pensando en el recién encuentro y en lo asqueroso de aquel hombre, me estaba pasando de puta pero necesitaba de aquello y me estaba preocupando.

Besos

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Estoy jodido. Mi ritmo de vida se ha visto alterado por culpa de mis vecinas. Hasta hace seis meses, siempre me había considerado un perro en lo que respecta a mujeres y aun así, con cuarenta y tres años, me he visto sorprendido por la actitud que han mostrado desde que se mudaron al ático de al lado.

Todavía recuerdo el sábado que hicieron la mudanza. Ese día tenía una resaca monumental producto de la ingesta incontrolada de Whisky a la que estoy fatalmente habituado. Me había acostado pasadas las seis de la madrugada con una borrachera de las que hacen época pero con una borracha del montón.

Todavía seguía durmiendo cuando sin previo aviso, llegó a mis oídos el escándalo de los trabajadores de la empresa de mudanza subiendo y colocando los muebles. Tardé en reconocer la razón de tamaño estrépito, el dolor de mi cabeza me hizo levantarme y sin darme cuenta que como única vestimenta llevaba unos calzoncillos, salí al rellano a ver cuál era la razón de semejante ruido. Al abrir la puerta me encontré de bruces con un enorme aparador que bloqueaba la salida de mi piso. Hecho una furia, obligué a los operarios a desbloquear el paso y cabreado volví a mi cama.

En mi cuarto, María, una asidua visitante de la casa, se estaba vistiendo.

-Marcos. Me voy. Gracias por lo de ayer.

En mis planes estaba pasarme todo el fin de semana retozando con esa mujer, pero gracias a mis ?amables vecinos? me lo iba a pasar solo. Comprendiendo a la mujer, no hice ningún intento para que cambiara de opinión. De haber sido al revés, yo hubiera tardado incluso menos tiempo en salir huyendo de ese infierno.

-Te invito a tomar un café al bar de abajo- le dije mientras me ponía una camiseta y un pantalón corto. Necesitaba inyectarme en vena cafeína.

Mi amiga aceptó mi invitación de buen grado y en menos de cinco minutos estábamos sentados en la barra desayunando. Ella quiso que me fuera a su casa a seguir con lo nuestro pero ya se había perdido la magia. Sus negras ojeras me hicieron recordar una vieja expresión: ?ayer me acosté a las tres con una chica diez, hoy me levanté a las diez con una chica tres?. Buscando una excusa, rechacé su oferta amablemente prometiéndole que el siguiente viernes iba a invitarla a cenar en compensación. Prefería quedarme solo a tener que volver a empezar con el galanteo con ese gallo desplumado que era María sin el maquillaje. Ambos sabíamos que era mentira, nuestra relación consiste solo en sexo esporádico, cuando ella o yo estábamos sin plan, nos llamábamos para echar un polvo y nada más.

Al despedirnos, decidí salir a correr por el Retiro con la sana intención de sudar todo el alcohol ingerido. Tengo la costumbre de darle cuatro vueltas a ese parque a diario, pero ese día fui incapaz de completar la segunda. Con el bofe fuera, me tuve que sentar en uno de sus bancos a intenta normalizar mi respiración. ?Joder, anoche me pasé?, pensé sin reconocer que un cuarentón no tiene el mismo aguante que un muchacho y que aunque había bebido en exceso, la realidad de mi estado tenía mucho más que ver con mi edad. Con la moral por los suelos, volví a mi piso.

Había trascurrido solo dos horas y por eso me sorprendió descubrir que habían acabado con la mudanza. Encantado con el silencio reinante en casa, me metí en la sauna que había hecho instalar en la terraza. El vapor obró maravillas, abriendo mis poros y eliminando las toxinas de poblaban mis venas. Al cabo de media hora, completamente sudado salí y sin pensar en que después de dos años volvía a tener vecinos, me tiré desnudo a la pequeña piscina que tengo en el segundo piso del dúplex donde vivo. Sé que es un lujo carísimo, pero después de quince años ejerciendo como abogado penalista es un capricho al que no estoy dispuesto a renunciar. Estuve haciendo largos un buen rato, hasta que el frio de esa mañana primaveral me obligó a salir.

Estaba secándome las piernas cuando a mi espalda escuché unas risas de mujer. Al girarme, descubrí que dos mujeres, que debían rondar los treinta años, estaban mirándome al otro lado del murete que dividía nuestras terrazas. Avergonzado, me enrollé la toalla y sonriendo en plan hipócrita, me metí de nuevo en mi habitación.

?¡Mierda!, voy a tener que poner un seto si quiero seguir bañándome en pelotas?, me dije molesto por la intromisión de las dos muchachas.

Acababa de terminar de vestirme cuando escuché que alguien tocaba el timbre, y sin terminar de arreglarme salí a ver quién era. Me sorprendió toparme de frente con mis dos vecinas. Debido al corte de verme siendo observado, ni siquiera había tenido tiempo de percatarme que además de ser dos preciosidades de mujer, las conocía:

Eran Tania y Sofía, la esposa y la hermana de Dmitri Paulovich, un narco al que había defendido hacía tres meses y que aprovechando que había conseguido sacarle de la trena mediante una elevada fianza, había huido de España, o al menos eso era lo que se suponía. Sin saber que decir, les abrí la puerta de par en par y bastante más asustado de lo que me hubiese gustado reconocer les pregunté en qué podía servirles.

Tanía, la mujer de ese sanguinario, en un perfecto español pero imbuido en un fuerte acento ruso, me pidió perdón si me habían molestado sus risas pero que les había sorprendido darse cuenta que su vecino no era otro que el abogado de su marido.

-Soy yo el que les tiene que pedir perdón. Llevo demasiado tiempo sin vecinos, y me había acostumbrado a nadar desnudo. Lo siento no se volverá a repetir.

-No se preocupe por eso. En nuestra Rusia natal el desnudo no es ningún tabú. Hemos venido a invitarle a cenar como muestra de nuestro arrepentimiento.

La naturalidad con la que se refirió a mi escena nudista, me tranquilizó y sin pensármelo dos veces, acepté su invitación, tras lo cual se despidieron de mí con un ?hasta luego?. De haber visto como Sofía me miraba el culo, quizás no hubiese aceptado ir esa noche a cenar, no en vano su hermano era el responsable directo de medio centenar de muertes.

Al cerrar la puerta, me desmoroné. Había luchado duro para conseguir un estatus y ahora de un plumazo, mi paraíso se iba a convertir en un infierno. Vivir pared con pared con uno de los tipos más peligroso de toda el hampa ruso era una idea que no me agradaba nada y peor, si ese hombre me había pagado una suculenta suma para conseguir que le sacara. Nadie se iba a creer que nuestra relación solo había consistido en dos visitas a la cárcel y que no tenía nada que ver con sus sucios enjuagues y negocios. Hecho un manojo de nervios, decidí salir a comer a un restaurante para pensar qué narices iba a hacer con mi vida ahora que la mafia había llamado a mi puerta. Nada más salir, comprendí que debía de vender mi casa y mudarme por mucho que la crisis estuviera en su máximo apogeo. En el portal de mi casa dos enormes sicarios estaban haciendo guardia con caras de pocos amigos.

Durante la comida, hice un recuento de los diferentes escenarios con los que me iba a encontrar. Si seguía viviendo a su lado, era un hecho que no iba a poderme escapar de formar parte de su organización, pero si me iba de espantada, ese hijo de puta se enteraría y podía pensar que no le quería como vecino, lo que era en la práctica una condena a muerte. Hiciera lo que hiciese, estaba jodido. ?Lo mejor que puedo hacer es ser educado pero intentar reducir al mínimo el trato?, me dije prometiéndome a mí mismo que esa noche iba a ser la primera y última que cenara con ellos.

Recordando las normas de educación rusa, salí a comprar unos presentes que llevar a la cena. Según su estricto protocolo el invitado debía de llevar regalos a todos los anfitriones y como no sabía si Dmitri estaba escondido en la casa, opté por ser prudente y decidí también comprarle a él. No me resultó fácil elegir, un mafioso tiene de todo por lo que me incliné por lo caro y entrando en Loewe le compré unos gemelos de oro. Ya que estaba allí, pedí consejo a la dependienta respecto a las dos mujeres.

-A las rusas les encantan los pañuelos-, me respondió.

Al salir por la puerta, mi cuenta corriente había recibido un bajón considerable pero estaba contento, no iban a poderse quejar de mi esplendidez. No me apetecía volver a casa, por lo que para hacer tiempo, me fui al corte inglés de Serrano a comprarme un traje. De vuelta a mi piso, me dediqué a leer un rato en una tumbona de la piscina, esperando que así se me hiciera más corta la espera. Estaba totalmente enfrascado en la lectura, cuando un ruido me hizo levantar mi mirada del libro. Sofía, la hermana pequeña del mafioso, estaba dándose crema completamente desnuda en su terraza. La visión de ese pedazo de mujer en cueros mientras se extendía la protección por toda su piel, hizo que se me cayera el café, estrellándose la taza contra el suelo.

Asustado, me puse a recoger los pedazos, cuando de repente escuché que me decía si necesitaba ayuda. Tratando de parecer tranquilo, le dije que no, que lo único que pasaba era que había roto una taza.

-¿Qué es lo que ponerle nervioso?- me contestó.

Al mirarla, me quedé petrificado, la muchacha se estaba pellizcando su pezones mientras con su lengua recorría sensualmente sus labios. Sin saber qué hacer ni que responder, terminé de recoger el estropicio y sin hablar, me metí a la casa. Ya en el salón, miré hacia atrás a ver que hacía. Sofía, consciente de ser observada, se abrió de piernas y separando los labios de su sexo, empezó a masturbarse sin pudor. No tuve que ver más, si antes tenía miedo de tenerles de vecinos, tras esa demostración estaba aterrorizado. Dmitri era un hijo de perra celoso y no creí que le hiciera ninguna gracia que un picapleitos se enrollara con su hermanita.

?Para colmo de males, la niña es una calientapollas?, pensé mientras trataba de tranquilizarme metiéndome en la bañera. ?Joder, si su hermano no fuera quién es, le iba a dar a esa cría lo que se merece?, me dije al recordar lo buenísima que estaba, ?la haría berrear de placer y la pondría a besarme los pies?.

Excitado, cerré los ojos y me dediqué a relajar mi inhiesto miembro. Dejándome llevar por la fantasía, visualicé como sería ponerla en plan perrito sobre mis sabanas. Me la imaginé entrando en mi habitación y suplicando que le hiciera el amor. En mi mente, me tumbé en la cama y le ordené que se hiciera cargo de mi pene. Sofía no se hizo de rogar y acercando su boca, me empezó a dar una mamada de campeonato. Me vi penetrándola, haciéndola chillar de placer mientras me pedía más. En mi mente, su cuñada, alertada por los gritos, entraba en mi cuarto. Al vernos disfrutando, se excitó y retirando a la pelirroja de mí, hizo explotar mi sexo en el interior de su boca.

Era un imposible, aunque se metieran en mi cama desnudas nunca podría disfrutar de sus caricias, era demasiado peligroso, pero el morbo de esa situación hizo que no tardara en correrme. Ya tranquilo, observé que sobre el agua mi semen navegaba formando figuras. ?Qué desperdicio?, me dije y fijándome en el reloj, supe que ya era la hora de vestirme para la cena.

A las nueve en punto, estaba tocando el timbre de su casa. Para los rusos la puntualidad es una virtud y su ausencia una falta de educación imperdonable. Una sirvienta me abrió la puerta con una sonrisa y, cortésmente, me hizo pasar a la biblioteca. Tuve que reconocer que la empresa de mudanzas había hecho un buen trabajo, era difícil darse cuenta que esas dos mujeres llevaban escasas doce horas en ese piso. Todo estaba en su lugar y en contra de lo que me esperaba, la elección de la decoración denotaba un gusto que poco tenía que ver con la idea preconcebida de lo que me iba encontrar. Había supuesto que esa familia iba hacer uso de la típica ostentación del nuevo rico. Sobre la mesa, una botella de vodka helado y tres vasos.

-Bienvenido-, escuché a mi espalda. Al darme la vuelta, vi que Tanía, mi anfitriona, era la que me había saludado. Su elegancia volvió a sorprenderme. Enfundada en un traje largo sin escote parecía una diosa. Su pelo rubio y su piel blanca eran realzados por la negra tela.

-Gracias- le respondí -¿su marido?

-No va a venir, pero le ha dejado un mensaje- me contestó y con gesto serio encendió el DVD.

En la pantalla de la televisión apareció un suntuoso despacho y detrás de la mesa, Dmitri. No me costó reconocer esa cara, puesto que, ya formaba parte de mis pesadillas. Parecía contento, sin hacer caso a que estaba siendo grabado, bromeaba con uno de sus esbirros. Al cabo de dos minutos, debieron de avisarle y dirigiéndose a la cámara, empezó a dirigirse a mí.

-Marcos, ¡Querido hermano!, siento no haberme podido despedirme de ti pero, como sabes mis negocios, requerían mi presencia fuera de España. Solo nos hemos visto un par de veces pero ya te considero de mi sangre y por eso te encomiendo lo más sagrado para mí, mi esposa y mi dulce hermana. Necesito que no les falte de nada y que te ocupes de defenderlas si las autoridades buscan una posible deportación. Sé que no vas a defraudar la confianza que deposito en ti y como muestra de mi agradecimiento, permíteme darte este ejemplo de amistad- En ese momento, su esposa puso en mis manos un maletín. Dudé un instante si abrirlo o no, ese cabrón no había pedido mi opinión, me estaba ordenando no solo que me hiciera cargo de la defensa legal de ambas mujeres sino que ocupara de ellas por completo.

?No tengo más remedio que aceptar sino lo hago soy hombre muerto?, pensé mientras abría el maletín. Me quedé sin habla al contemplar su contenido, estaba repleto de fajos de billetes de cien euros. No pude evitar exclamar:

-¡Debe haber más de quinientos mil euros!

-Setecientos cincuenta mil, exactamente- Tania me rectificó -es para cubrir los gastos que le ocasionemos durante los próximos doce meses.

?¡Puta madre! Son ciento veinticinco millones de pesetas, por ese dinero vendo hasta mi madre?, me dije sin salir de mi asombro. El ruso jugaba duro, si aguantaba, sin meterme en demasiados líos, cinco años, me podía jubilar en las Islas vírgenes.

-Considéreme su abogado- dije extendiéndole la mano.

La mujer, tirando de ella, me plantó un beso en la mejilla y al hacerlo pegó su cuerpo contra el mío. Sentir sus pechos me excitó. La mujer se dio cuenta y alargando el abrazo, sonriendo, me respondió cogiendo la botella de la mesa:

-Hay que celebrarlo.

Sirvió dos copas y de un solo trago se bebió su contenido. Al imitarla, el vodka quemó dolorosamente mi garganta, haciéndome toser. Ella se percató que no estaba habituado a ese licor y aun así las rellenó nuevamente, alzando su copa, hizo un brindis en ruso que no comprendí y al interrogarla por su significado, me respondió:

- Qué no sea ésta la última vez que bebemos juntos, con ayuda de Dios-

Es de todos conocidos la importancia que dan lo eslavos a los brindis, y por eso buscando satisfacer esa costumbre, levanté mi bebida diciendo:

-Señora, juro por mi honor servirla. ¡Que nuestra amistad dure muchos años!

Satisfecha por mis palabras, vació su vodka y señalándome el mío, esperó a que yo hiciera lo mismo. No me hice de rogar, pensaba que mi estómago no iba a soportar otra agresión igual pero en contra de lo que parecía lógico, ese segundo trago me encantó. En ese momento, Sofía hizo su entrada a la habitación, preguntando que estábamos celebrando. Su cuñada acercándose a ella, le explicó:

-Marcos ha aceptado ser el hombre de confianza de Dmitri, sabes lo que significa, a partir de ahora debes obedecerle.

-Por mí, estar bien. Yo contenta- respondió en ese español chapurreado tan característico, tras lo cual me miró y poniéndose melosa, me dijo: -no dudar de colaboración mía.

Su tono me puso la piel de gallina. Era una declaración de guerra, la muchacha se me estaba insinuando sin importarle que la esposa de su hermano estuviera presente. Tratando de quitar hierro al asunto, decidí preguntarles si había algo urgente que tratar.

-Eso, ¡mañana! Te hemos invitado y la cena ya está lista-, contestó Tanía, zanjando el asunto.

-Perdone mi despiste, señora, le he traído un presente- dije dando a cada una su paquete. La dependienta de Loewe había acertado de pleno, a las dos mujeres les entusiasmó su regalo. Según ellas, se notaba que conocía al sexo femenino, Dmitri les había obsequiado muchas cosas pero ninguna tan fina.

-¿Pasamos a cenar?- preguntó Tania.

No esperó mi respuesta, abriendo una puerta corrediza me mostró el comedor. Al entrar estuve a punto de gritar al sentir la mano de Sofía magreándome descaradamente el culo. Intenté que la señora de la casa no se diera cuenta de los toqueteos que estaba siendo objeto pero dudo mucho que una mujer, tan avispada, no se percatara de lo que estaba haciendo su cuñada. Con educación les acerqué la silla para que se sentaran.

-Eres todo un caballero- galantemente me agradeció Tania. -En nuestra patria se ha perdido la buena educación. Ahora solo abundan los patanes.

Esa rubia destilaba clase por todos sus poros, su delicado modo de moverse, la finura de sus rasgos, hablaban de sus orígenes cien por cien aristocráticos. En cambio, Sofía era un volcán a punto de explotar, su enorme vitalidad iba acorde con el tamaño de sus pechos. La naturaleza la había dotado de dos enormes senos, que en ese mismo instante me mostraba en su plenitud a través del escote de su vestido.

?Tranquilo macho, esa mujer es un peligro?, tuve que repetir mentalmente varias veces para que la excitación no me dominara:?Si le pones la mano encima, su hermano te corta los huevos?

La incomodidad inicial se fue relajando durante el trascurso de la cena. Ambas jóvenes no solo eran unas modelos de belleza sino que demostraron tener una extensa cultura y un gran sentido del humor, de modo que cuando cayó la primera botella, ya habíamos entrado en confianza y fue Sofía, la que preguntó si tenía novia.

-No, ninguna mujer con un poco de sentido común me aguanta. Soy el prototipo de solterón empedernido.

-Las españolas no saber de hombres, ¿Verdad?, -.

Esperaba que Tanía, cortarse la conversación pero en vez de ello, contestó:

-Si, en Moscú no duras seis meses soltero. Alguna compatriota te echaría el lazo nada más verte.

-¿El lazo?, y ¡un polvo!- soltó la pelirroja con una sonrisa pícara.

Su cuñada, lejos de escandalizarse de la burrada que había soltado la pelirroja, se destornilló de risa, dándole la razón:

-Si nunca he comprendido porqué en España piensan que las rusas somos frías, no hay nadie más caliente que una moscovita. Sino que le pregunten a mi marido.

Las carcajadas de ambas bellezas fueron un aviso de que me estaba moviendo por arenas movedizas y tratando de salirme del pantano en el que me había metido, contesté que la próxima vez que fuera tenía que presentarme a una de sus amigas. Fue entonces cuando noté que un pie desnudo estaba subiendo por mi pantalón y se concentraba en mi entrepierna. No tenía ninguna duda sobre quien era la propietaria del pie que frotaba mi pene. Durante unos minutos tuve que soportar que la muchacha intentara hacerme una paja mientras yo seguía platicando tranquilamente con Tania. Afortunadamente cuando ya creía que no iba a poder aguantar sin correrme, la criada llegó y susurró al oído de su señora que acababan de llegar otros invitados.

Sonriendo, me explicó que habían invitado a unos amigos a tomar una copa, si no me importaba, tomaríamos el café en la terraza. Accedí encantado, ya que eso me daba la oportunidad de salir airoso del acoso de Sofía. Camino de la azotea volví a ser objeto de las caricias de la pelirroja. Con la desfachatez que da la juventud, me agarró de la cintura y me dijo que estaba cachonda desde que me vio desnudo esa mañana. Tratando de evitar un escándalo, no tuve más remedio que llevármela a un rincón y pedirle que parara que no estaba bien porque yo era un empleado de Dmitri,

La muchacha me escuchó poniendo un puchero, para acto seguido decirme:

-Yo dejarte por hoy, pero tú dame beso.

No sé por qué cedí a su chantaje y cogiéndola entre mis brazos acerqué mis labios a los suyos. Si pensaba que se iba a conformar con un morreo corto, estaba equivocado, pegándose a mí, me besó sensualmente mientras rozaba sin disimulo su sexo contra mi pierna. Tenía que haberme separado en ese instante pero me dejé llevar por la lujuria y agarrando sus nalgas, profundicé en ella de tal manera que si no llega a ser porque escuchamos que los invitados se acercaban la hubiese desnudado allí mismo.

?¡Cómo me pone esta cría!?, pensé mientras disimulaba la erección.

Tania, ejerciendo de anfitriona, me introdujo a las tres parejas. Dos de ellas trabajaban en la embajada mientras que el otro matrimonio estaba de visita, lo más curioso fue el modo en que me presentó:

-Marcos es el encargado de España, cualquier tema en ausencia de mi marido tendréis que tratarlo con él.

Las caras de los asistentes se transformaron y con un respeto desmedido se fueron presentado, explicando cuáles eran sus funciones dentro de la organización. Asustado por lo súbito de mi nombramiento, me quedé callado memorizando lo que me estaban diciendo. Cuando acabaron esperé a que Tania estuviese sola y acercándome a ella, le pedí explicaciones:

-Tú no te preocupes, poca gente lo sabe pero yo soy la verdadera jefa de la familia. Cuando te lleguen con un problema, solo tendrás que preguntarme.

Creo que fue entonces cuando realmente caí en la bronca en la que me había metido. Dmitri no era más que el lacayo que su mujer usaba para sortear el machismo imperante dentro de la mafia y ella, sabiendo que su marido iba a estar inoperante durante largo tiempo, había decidido sustituirlo por mí. Estaba en las manos de esa bella y fría mujer. Sintiéndome una mierda, cogí una botella y sentado en un rincón, empecé a beber sin control. Desconozco si me pidieron opinión o si lo dieron por hecho, pero al cabo de media hora la fiesta se trasladó a mi terraza porqué la gente quería tomarse un baño. Totalmente borracho aproveché para ausentarme y sin despedirme, me fui a dormir la moña en mi cama.

Debían de ser las cinco de la madrugada cuando me desperté con la garganta reseca. Sin encender la luz, me levanté a servirme un coctel de aspirinas que me permitiera seguir durmiendo. Tras ponerme el albornoz, salí rumbo a la cocina pero al cruzar el salón, escuché que todavía quedaba alguien de la fiesta en la piscina. No queriendo molestar pero intrigado por los jadeos que llegaban a mis oídos, fui sigilosamente hasta la ventana para descubrir una escena que me dejó de piedra. Sobre una de las tumbonas, Tania estaba totalmente desnuda y Sofía le estaba comiendo con pasión su sexo. No pude retirar la vista de esas dos mujeres haciendo el amor. La rubia con la cabeza echada hacia atrás disfrutaba de las caricias de la hermana de su marido mientras con sus dedos no dejaba de pellizcarse los pechos. Era alucinante ser coparticipe involuntario de tanto placer, incapaz de dejar de mirarlas mi miembro despertó de su letargo e irguiéndose, me pidió que le hiciera caso. Nunca he sido un voyeur pero reconozco que ver a Sofía disfrutando del coño de Tania era algo que jamás iba a volver a tener la oportunidad de ver y asiéndolo con mi mano, empecé a masturbarme.

Llevaban tiempo haciéndolo porque la rubia no tardó en retorcerse gritando mientras se corría en la boca de su amante. Pensé que con su orgasmo había terminado el espectáculo, pero me llevé una grata sorpresa al ver como cambiaban de postura y Sofía se ponía a cuatro patas, para facilitar que las caricias de la otra mujer. Fue entonces cuando me percaté que Tanía estaba totalmente depilada y que encima tenía un culo de infarto. Completamente dominado por la lujuria, disfruté del modo en que le separó las nalgas. Mi recién estrenada jefa sacando su lengua se entretuvo relajando los músculos del esfínter. Sofía tuvo que morderse los labios para no gritar al sentir que su ano era violado por los dedos de la mujer.

Si aquello ya era de por sí alucinante, más aún fue ver que Tanía se levantaba y se ajustaba un arnés con un tremendo falo a su cintura. Le susurró unas dulces palabras mientras se acercaba y colocando la punta del consolador en el esfínter de su indefensa cuñada, de un solo golpe se lo introdujo por completo en su interior. Sofía gritó al sentir que se desgarraba por dentro, pero no intentó liberarse del castigo, sino que meneando sus caderas buscó amoldarse al instrumento antes de empezar a moverse como posesa. Su cuñada esperó que se acomodase antes de darle una fuerte nalgada en el culo. Fue el estímulo que ambas necesitaban para lanzarse en un galope desbocado. Para afianzarse, la rubia uso los pechos de su cuñada como agarre y mordiéndole el cuello, cambió el culo de la muchacha por su sexo y con fuerza la penetró mientras su indefensa víctima se derrumbaba sobre la tumbona. Los gemidos de placer de Sofía coincidieron con mi orgasmo y retirándome sin hacer ruido, volví a mi cama aún más sediento de lo que me levanté.

?Hay que joderse, pensaba que la fijación de Sofía por mí me iba a traer problemas con Dmitri, pero ahora resulta que también es la putita de su cuñada. Sera mejor que evite cualquier relación con ella?.

Capítulo dos:

Ese domingo se me pegaron las sábanas de manera que ya habían dado las doce cuando fui a la cocina a desayunar. Esa mañana me serví un café triple que me hiciera reaccionar. La cafeína recorriendo las venas era lo que necesitaba para poder pensar. Haciendo un repaso a las últimas veinticuatro horas me di cuenta de lo mucho que había cambiado mi vida. Hasta ayer, mi profesión era ser abogado penalista pero no sabía exactamente cuál iba a ser en el futuro. Me había vendido a la mafia, y como cuentan de la droga, se sabe cómo uno entra pero no como sale. Solo esperaba que no fuera dentro de un cajón de madera.

Por otra parte estaba el tema de Sofía. La muchacha estaba para mojar pan, pero solo hablarla era peligroso. Si me enrollaba con ella, podía causar el enfado de Dmitri y de Tania y lo más gracioso del asunto, no tenía claro cuál de los dos era más peligroso. Pensando en ello, salí taza en mano a mi terraza. De haberlo analizado antes quizás no hubiese decidido tomar el aire puesto que allí era sencillo que cualquiera de las dos mujeres me viera y eso era lo último que me apetecía. Afortunadamente no había nadie y de esa forma me tumbé tranquilamente en una hamaca sin que nadie me molestara. El sol, pegándome en la cama, me dio sueño y acomodándome, me quedé dormido.

No debía de llevar medía hora transpuesto cuando escuché el clásico ruido de alguien tirándose a la piscina. Creí que era la descarada de Sofía pero al abrir los ojos me llevé la sorpresa que quien estaba subiendo por la escalerilla no era otra que su cuñada Tania. Estaba espectacular con un bikini rojo, de esos, que en vez de ocultar la desnudez de quien lo lleva, realza las formas de su cuerpo.

-¿Todavía durmiendo?, creí que eras activo cuando te contraté. Ven al agua, está buenísima.

-Ahora voy, espera que me ponga un traje de baño- respondí.

Curiosamente creí descubrir un mohín en su rostro como si hubiese esperado que me bañara otra vez desnudo. Me di toda la prisa que pude, de manera que en menos de dos minutos ya estaba con ella en la piscina. La mujer, sin hacerme caso, se dedicó a hacer largos durante media hora, por lo que no tuve más remedio que imitarla. Era una nadadora estupenda, me costaba seguir su ritmo, se notaba que esa mujer estaba acostumbrada a hacer ejercicio. Ya estaba agotado cuando debió pensar que era suficiente y saliendo de la piscina, se acostó en la misma tumbona que la noche anterior usó para tirarse a su cuñada.

Sin saber qué hacer, la seguí afuera y me tumbé en una que había al lado. Era como si yo no existiera. Mirándola de reojo, me encandilé de la perfección de sus curvas. Sus pechos al no ser tan grandes, tenían una consistencia que sería la envidia de cualquier española y el sueño de cualquier español. Sus piernas eran largas y divinamente contorneadas. Su estómago completamente liso no tenía ni rastro de grasa.

?¡Quien se la follara!?, me dije mientras con mi vista la seguía devorando. ?no me extraña que Dmitri sea su perro faldero, yo también me dejaría poner un collar si con ello compartiera su alcoba?.

Como si además de bella, esa mujer tuviese telepatía, de pronto me pidió que le diese crema. Nervioso como un quinceañero, cogí el bote y derramando un podo en su espalda, empecé a extendérsela por su cuello. El tacto de su piel era suave. Poco a poco fui tomando confianza y mis manos empezaron a recorrer su espalda con absoluta libertad. Nunca en mi vida había tenido una hembra semejante a mi disposición para darle bronceador y por eso quizás lo hice tan sumamente lento que parecía un masaje.

Me estaba poniendo bruto mientras Tania, ajena a cuales eran mis sentimientos, permanecía con los ojos cerrados. Al terminar de extenderle la crema por la espalda no creí conveniente seguir con sus piernas y menos con el culo, por lo que cerrando el bote volví a mi tumbona. No me había tumbado cuando la escuché quejarse, pidiendo que terminara. No quería quemarse. Asustado pero a la vez ansioso de tocar sus piernas, me puse a su lado y cuidadosamente fui con mis manos llenas de crema dándole un masaje en las plantas de sus pies. Debió de gustarle por que empecé a oír unos gemidos de satisfacción, lo que me dio pie a sin ningún pudor recorrer sus piernas presionando sus músculos. Podía parecer un masaje profesional, pero yo sabía que no lo era, al ser consciente de la tremenda erección que estaba soportando.

Quedaba lo mejor y lo más difícil. Sus glúteos esperaban mis manos y no podía defraudarlos. Con mi sexo dolorosamente tieso, eché un buen montón de crema en cada nalga antes de siquiera pensar en posar mis palmas en esos monumentos.

?Qué belleza?, me dije al acariciarlos.

Como si fuera una obra de arte y yo un restaurador, fui mimando con mis manos cada centímetro de su piel sin atreverme a acercarme a ninguna de sus dos entradas. Estaba caliente pero no loco. Lentamente, fui profundizando en mis caricias, extendiendo la crema hasta donde la prudencia me dejó, sin dejar de pensar cómo sería poseer a esa mujer. Estaba a punto de cometer una idiotez cuando me habló:

-Marcos, ¡Para!

Saliendo de mi ensoñación, divisé que sus ojos se habían posado en mi pene y que lejos de indignarse, una sonrisa había hecho su aparición en su boca:

- Eres un maestro dando masajes pero yo soy tu jefa-.

No hizo falta que dijera más, avergonzado mascullé una disculpa y sin pensármelo dos veces, me lancé a la piscina esperando que se me bajara la excitación. Al salir, se había ido. Acojonado de haberla molestado, decidí salir a dar una vuelta por Madrid.

?¡Como puedo ser tan imbécil!, ¡Pero qué insensato soy!, ¿Cómo he podido ser tan animal de ponerme cachondo dándole crema??, no paré de decirme mientras me vestía. ?Esa tipa con solo chasquear los dedos podría matarme y voy yo y le meto mano, decididamente ¡Soy gilipollas!?.

Estaba sacando mi coche del garaje cuando uno de los gorilas de Tanía me hizo parar.

-Don Marcos, tenemos instrucciones precisas de protegerle, sino le importa: Yo conduzco.

Lo inesperado de su petición no me dejó reaccionar y antes que me diera cuenta, el ruso conducía y yo estaba sentado en la parte trasera del automóvil. La mafia es como un virus, en cuanto entra se extiende sin control por todos los aspectos de tu vida, dejas de ser libre para convertirte en un engranaje más de la organización. Era un hecho irrefutable que mi existencia rutinaria había cambiado y debía de amoldarme a ese nuevo ritmo de vida. Tenía mucho dinero y desconocía si tendría tiempo para gastarlo por lo que dirigiéndome al chofer le pedí que me llevara a Jockey, uno de los restaurantes más caros de Madrid. Solo había estado una vez y recordaba después de dos años su ensalada templada de cangrejos.

Al llegar a la puerta, el portero me recordó que por protocolo los clientes debían de llevar corbata y que el establecimiento ponía a mi disposición un extenso surtido para elegir. Sonreí pensando que era una pijería a la que tenía que acostumbrarme. Elegí una verde que combinaba con mi chaqueta y pasé adentro. Es una gozada el servicio, nada más entrar el maître me acompañó a una mesa y preguntó:

-Doña Tania, ¿le va a acompañar?

Me quedé pasmado. Al preguntarle como sabía que conocía a esa mujer, me respondió que lo había supuesto porqué era una de sus mejores clientas y yo había llegado con su chofer. Haciendo como si ese detalle no tuviera importancia, pedí que me trajeran un aperitivo. Nada más irse, mi mente empezó a recapacitar sobre su significado. Si un mero maître había hilado cabos que sería de la policía. Estaba seguro que en ese instante, mis datos estaban siendo revisados por la brigada central. En otras palabras; ¡estaba fichado! Cuando ya creía que nada podía ir peor, vi a Sofía entrando por la puerta y dirigiéndose a donde yo estaba. Como no tenía más remedio que aceptar su compañía, me levanté a acercarle la silla.

-Eres malo. Estaba sola y no me has invitado a comer- dijo con una de sus típicas sonrisas de niña buena.

?La verdad es que si esta monada no fuera la hermana de Dmitri, no me importaría nada tener con ella un escarceo. Realmente está buenísima?, pensé al observarla. Sabía perfectamente que no podía dejarme llevar, pero siempre es agradable sentir que una preciosidad como la que tenía enfrente se interesara por uno.

-¿Qué quieres tomar?- pregunté para romper el hielo.

-Un hombre bueno- respondió sin dejar de sonreír.

No me explico porque en vez de salir corriendo, decidí meterme con su deficiente español.

-Pues si quieres un modelo, no sé qué haces conmigo. Te llevo quince años.

Se quedó pensando, creo que tardó en comprender que le estaba tomando el pelo.

-Tu estar bueno pero yo decir corazón-, me contestó cogiendo mi mano y llevándola a su pecho.

No me esperaba que sin importarle las apariencias para explicarse me obligara a tocar esos maravillosos senos. No sé si más cortado que excitado o al revés, retiré mi mano, disimulando.

-No vuelvas a hacer eso- la reñí -estamos en un lugar público-.

-Ellos comprenden, yo con mi novio- dijo alegremente mientras volvía a llevársela a su pecho.

-Sofía, por favor, no hagas el ridículo- le susurré al oído.

La situación me estaba resultando harto incomoda, si Tanía era una asidua visitante no tardaría en enterarse que su cuñada se había comportado como una vulgar fulana.

-De acuerdo, pero tú y yo novios- me soltó como si nada.

Su insistencia hizo que saltaran todas mis alarmas y tomando aliento, le dije muy serio:

-Sofía, soy sólo tu abogado.

En ese momento vino el camarero a preguntarnos qué quería la señorita de beber. La interrupción hizo que tuviera que esperar a que la muchacha pidiera, para oír una contestación que me heló hasta el tuétano.

-No, tú mi novio. Yo ver en el juicio y Tania prometer tú eres mío.

Casi me caigo de la silla al oírlo. La zorra de su cuñada había comprado el piso de al lado y me había contratado, sólo con el propósito de regalarle, a su querida niña, un novio. Tratando de buscar una salida, se me ocurrió preguntarle qué era lo que opinaba Dmitri de eso y al oír su respuesta supe que estaba jodido:

-Gustar, con marido español no deportación.

No me quedaron fuerzas de seguir discutiendo, ese par de hijos de puta vieron, en el capricho de Sofía, una salida perfecta. Dmitri se aseguraba que no deportaran a su hermana y Tanía conseguía una fachada que le permitiera seguir tirándose a la hermanita de su esposo. Durante el resto de la comida, me mantuve en silencio rumiando las noticias que acababan de darme. Tras el sofocón inicial después de analizarlo, no me pareció tan mala idea y no solo porque estaba buenísima sino porque me daba una razón que hiciera dudar a la policía de mi verdadera relación con esa organización.

?Seré el marido de pega de esta niña y así ellos creerán que soy un pelele?.

Habiendo tomado ya la decisión, era necesario que hacerla pública y que mejor que fueran los propios camareros los que les fueran a la pasma con el chisme. Llamé al camarero y le pedí que nos trajera una botella de Moët.

Al venir con el carísimo champán, cogí el alambre del tapón e hice con él un rústico anillo. Sofía no entendía que narices estaba haciendo. Solo lo comprendió cuando poniéndome de rodillas, le pedí que se casara conmigo. El grito de alegría de la muchacha retumbó en el local, haciendo que todos los comensales se voltearan a ver como un cuarentón estaba postrado frente a una bella joven.

-Sí, ¡me caso contigo!- respondió chillando y sin parar de dar saltos de felicidad.

Aunque parezca increíble, los cincuenta ricachones que había en el restaurante se pusieron de pie y empezaron a aplaudir. Abochornado por el rotundo éxito de mi idea, tuve que agradecer a la audiencia. Con Sofía a mi lado, me di cuenta que todos esperaban el beso de rigor, por lo que no me quedó más remedio que agarrarla por la cintura y dárselo. La exagerada pasión que imprimió Sofía al beso terminó de convencer a todos que era real nuestra unión, creo que incluso debieron darse cuenta que cuando la muchacha dejó de restregarse contra mí, mi pene ya estaba en lo más álgido de la erección.

Decidí que ya era suficiente, y pidiendo la cuenta salimos del lugar, con el convencimiento que en ese momento todo el mundo comentaría en las mesas que otro pobre tonto que se había enamorado de su secretaria. No tenía sentido ir en dos coches, por lo que me subí al enorme mercedes 600 que había traído a mi futura esposa. Nada más sentarme junto a ella, me cogió la mano y me dijo:

-No creas que soy tonta. De imbécil, no tengo un pelo. Me gustas desde que te vi en el estrado pero sé que no me amas. Eso es cuestión de tiempo, estoy segura que vas a terminar enamorado de mí. Esto es un negocio, tú me das lo que yo quiero y yo lo que tú necesitas. Por cierto, como ves, ¡Tu mujercita habla perfectamente español y sin acento!

No supe que decir, me había engañado totalmente con su pose de niña boba. La mujer que tenía a mi lado era una actriz maravillosa, escondiéndose detrás de una supuesta estupidez pasaba inadvertida para los enemigos de su hermano y evitaba ser objeto de los celos de Tania.

-Tu llevarme a por anillo, no poder llegar con éste a casa- acurrucándose como una enamorada, me susurró mientras pasaba su mano por mi entrepierna.

Comprar un anillo un domingo en la tarde en Madrid es imposible, excepto si eres un mafioso ruso. Solo tuve que preguntarle al chofer y tras un par de llamadas, nos abrieron una lujosa joyería del barrio de Salamanca. Afortunadamente, Tanía me había dado ese enorme anticipo, porque si no los cien mil euros que me gasté en la puñetera piedra me hubieran quebrado. Mientras Sofía elegía el que más le gustaba, yo no podía dejar de pensar que diría su cuñada de todo esto, sabía a la perfección que formaba parte de su plan pero aún me venía continuamente a la mente la escena lésbica que había presenciado, por eso en cuanto tuve oportunidad le pregunté discretamente, para que no se enterara nuestro guardaespaldas, cómo íbamos a plantearlo.

-Tú, déjame a mí. Para Tania, soy una tonta que se ha encaprichado del primer hombre inteligente con el que se ha topado. Ella sabe que ayer nos besamos y creerá que no ha hecho falta que ella te obligara tal y como tenía planeado, sino que, como hombre, nos has podido resistirte a mis encantos.

Tomándome mi tiempo, fui al grano. Le conté lo que había visto y le expliqué mis temores. Ella al oírme, se echó a reír:

-Ya te dijimos que las moscovitas somos unas calentorras. Ni ella ni yo somos lesbianas pero, cuando no hay un hombre disponible, nos consolamos mutuamente. Por eso no te inquietes, mejor harías en preocuparte por el día que te pille con ella en la cama.

Más tranquilo y siguiéndole la corriente le dije:

-¿Qué harías?, ¿cortarme los huevos?

-No, bobo- respondió con una carcajada -la ayudaría a dejarte seco, ¡mi amor!

Solo piensa con esas dos bellezas en la misma cama, me excitó y fue entonces cuando tomé la decisión de hacerlo realidad y por vez primera, la besé sin que me diese miedo que alguien nos viera.

No me da vergüenza reconocer que, mientras volvíamos a casa, estaba acojonado. Aún después de las explicaciones de Sofía, seguía teniendo miedo a la reacción de la gran Jefa. Tania debía de cargar sobre sus espaldas con la autoría intelectual de un buen número de ejecuciones y de ajustes de cuentas, no me cabía duda que no debía de ser extraño que ella se hubiese despachado en persona a algún competidor pero era un hecho cierto que, siguiendo sus órdenes, sus sicarios se habían desembarazado de una buena cifra. Por eso me alegró que ella no estuviera cuando llegamos a su apartamento.

-¿Qué te apetece hacer?- ronroneó Sofía, pegando su cuerpo al mío.

Estábamos solos y en teoría, esa maravilla de mujer era mi novia. No me costó decidir, agarrándola de la cintura la besé mientras iba desabrochando su falda. Mi querida rusa suspiró al sentir que caía al suelo y como si llevara años sin ser acariciada se lanzó contra mí, desgarrando mi camisa. Sus dientes se apoderaron de mi pecho mientras su dueña intentaba desabrochar mi pantalón. Increíblemente excitada, gimió al ver mi sexo totalmente inhiesto saliendo de su encierro.

-Te deseo, ¡mi querido picapleitos!

Quería que nuestra primera vez fuera tranquila pero su ardor se me contagió y apoyando mi cuerpo contra la pared, le rompí las bragas y poniendo sus piernas alrededor de mi cintura, coloqué la punta de mi glande en su sexo. Sofía no pudo esperar y forzando sus labios, se empaló lentamente, sintiendo como se introducía centímetro a centímetro mi extensión en su cueva. Nada más sentir que la cabeza chocaba contra la pared de su vagina, empezó a cabalgar usándome de montura. Mi pene erecto era un puñal con el que quería matar su necesidad de ser tomada. Moviendo sus caderas se echó hacia atrás para darme sus pechos como ofrenda. La visión de sus pezones, contraídos por la excitación, fueron el acicate que necesitaba el tranquilo abogado para convertirse en Mr. Hade. Completamente dominado por la lujuria, usé una de mis manos para poner su pecho en mi boca.

Sofía gritó al notar que mis dientes se cerraban cruelmente sobre su pezón y agarrando mi cabeza, me pidió que no parara. La humedad que manaba de ella me informó de la cercanía de su orgasmo. Su respiración agitada no le permitía seguir alzándose sobre mi pene, por lo que tuve que ser yo quien, asiéndola de su culo, la ayudara a sacar y meter mi sexo dentro del suyo. Al percatarse que ya no le era tan cansada esa postura, se puso como loca y acelerando sus maniobras, explotó derramando su flujo sobre mis piernas. Los gemidos de placer de la muchacha me espolearon y como un joven garañón, galopé en busca de mi orgasmo. Ya no importaba que esa mujer fuera la hermana de un mafioso, en mi mente era mi hembra y yo, su semental. Siguiendo el dictado de mi instinto busqué esparcir mi simiente en su campo. Con el coño completamente mojado, Sofía gozaba cada vez que mi verga, al entrar y salir, presionaba sobre sus labios y rellenaba su vagina. Su clímax estaba siendo sensualmente prolongado por mis maniobras, llevándola del placer al éxtasis y vuelta a empezar. Clavando sus uñas en mi espalda, me rogó que me corriera, que necesitaba sentir mi eyaculación en su interior.

La entrega de la muchacha era total. Berreando en mis brazos, se estaba corriendo por segunda ocasión cuando al levantar mi cabeza, vi a su cuñada mirándonos desde la terraza. Su gesto no era de enfado sino de satisfacción, dándome a entender que aprobaba lo que estábamos haciendo. El morbo de ser observado, hizo que mi pene estallara dentro de Sofía mientras veía a la rusa volviendo a su piso.

-Vamos a tu cama, esto es solo un aperitivo de lo que vas a disfrutar conmigo- susurró mi recién estrenada novia.

Sus palabras me hicieron soñar en tenerlas a las dos entre mis brazos y llevándola en volandas, me dirigía a mi cuarto.

-¡Qué impetuoso!- me dijo al tirarla encima de mi cama y tumbarme a su lado,-pareces que tienes ganas de seguir dándole placer a tu mujercita-.

-Los españoles también somos unos calentorros- contesté mientras le abría las piernas y sin ningún tipo de delicadeza la volvía a penetrar.

Me recibió totalmente mojada y abrazándome con sus piernas, buscó que mi penetración fuera total.

-Cabrón, ¡Me estás poniendo a mil! Me gustaría que la boba de Tania nos viera. Se moriría de envidia al saber que tenía razón cuando, el día que te vi con el juez, le dije que eras un perfecto semental.

Solté una carcajada al oírla. Moviendo mis caderas, la atraje hacia mí y le expliqué que sus deseos se habían convertido en realidad.

-No te entiendo.

-Tania nos ha estado espiando mientras lo hacíamos en el salón, y te puedo prometer que no se le notaba enfadada-.

-¡Mierda!-, exclamó soltándose de mi abrazo -tengo que ir a hablar con ella. No quiero que se enoje-.

-Ahora soy yo el que no comprende, no me has dicho que estaba todo hablado-.

-Sí, pero la jefa es la jefa y querrá novedades-, me contestó mientras salía completamente desnuda de mi habitación y dando un portazo me dejó compuesto y sin novia.

?Quien entienda algo que me lo aclare?, pensé mientras me vestía. En teoría, las dos mujeres habían maniobrado para que Sofía me llevara a la cama, por lo que no comprendía cual era la urgencia. Con el paso de los minutos me fui poniendo cada vez más nervioso, al imaginarme que la muchacha me había mentido sobre la verdadera relación que le unía con su cuñada. Si en un principio estaba intrigado al cabo de la media hora estaba histérico:

?¡Joder!, la he cagado. ¡Me he tirado a su putita!?.

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abril 19th, 2014 >> Relatos Eroticos

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La esposa y la hermana de un narco en Relatos eroticos de Amor filial (relatos eroticos )

Estoy jodido. Mi ritmo de vida se ha visto alterado por culpa de mis vecinas. Hasta hace seis meses, siempre me había considerado un perro en lo que respecta a mujeres y aun así, con cuarenta y tres años, me he visto sorprendido por la actitud que han mostrado desde que se mudaron al ático de al lado.

Todavía recuerdo el sábado que hicieron la mudanza. Ese día tenía una resaca monumental producto de la ingesta incontrolada de Whisky a la que estoy fatalmente habituado. Me había acostado pasadas las seis de la madrugada con una borrachera de las que hacen época pero con una borracha del montón.

Todavía seguía durmiendo cuando sin previo aviso, llegó a mis oídos el escándalo de los trabajadores de la empresa de mudanza subiendo y colocando los muebles. Tardé en reconocer la razón de tamaño estrépito, el dolor de mi cabeza me hizo levantarme y sin darme cuenta que como única vestimenta llevaba unos calzoncillos, salí al rellano a ver cuál era la razón de semejante ruido. Al abrir la puerta me encontré de bruces con un enorme aparador que bloqueaba la salida de mi piso. Hecho una furia, obligué a los operarios a desbloquear el paso y cabreado volví a mi cama.

En mi cuarto, María, una asidua visitante de la casa, se estaba vistiendo.

-Marcos. Me voy. Gracias por lo de ayer.

En mis planes estaba pasarme todo el fin de semana retozando con esa mujer, pero gracias a mis ?amables vecinos? me lo iba a pasar solo. Comprendiendo a la mujer, no hice ningún intento para que cambiara de opinión. De haber sido al revés, yo hubiera tardado incluso menos tiempo en salir huyendo de ese infierno.

-Te invito a tomar un café al bar de abajo- le dije mientras me ponía una camiseta y un pantalón corto. Necesitaba inyectarme en vena cafeína.

Mi amiga aceptó mi invitación de buen grado y en menos de cinco minutos estábamos sentados en la barra desayunando. Ella quiso que me fuera a su casa a seguir con lo nuestro pero ya se había perdido la magia. Sus negras ojeras me hicieron recordar una vieja expresión: ?ayer me acosté a las tres con una chica diez, hoy me levanté a las diez con una chica tres?. Buscando una excusa, rechacé su oferta amablemente prometiéndole que el siguiente viernes iba a invitarla a cenar en compensación. Prefería quedarme solo a tener que volver a empezar con el galanteo con ese gallo desplumado que era María sin el maquillaje. Ambos sabíamos que era mentira, nuestra relación consiste solo en sexo esporádico, cuando ella o yo estábamos sin plan, nos llamábamos para echar un polvo y nada más.

Al despedirnos, decidí salir a correr por el Retiro con la sana intención de sudar todo el alcohol ingerido. Tengo la costumbre de darle cuatro vueltas a ese parque a diario, pero ese día fui incapaz de completar la segunda. Con el bofe fuera, me tuve que sentar en uno de sus bancos a intenta normalizar mi respiración. ?Joder, anoche me pasé?, pensé sin reconocer que un cuarentón no tiene el mismo aguante que un muchacho y que aunque había bebido en exceso, la realidad de mi estado tenía mucho más que ver con mi edad. Con la moral por los suelos, volví a mi piso.

Había trascurrido solo dos horas y por eso me sorprendió descubrir que habían acabado con la mudanza. Encantado con el silencio reinante en casa, me metí en la sauna que había hecho instalar en la terraza. El vapor obró maravillas, abriendo mis poros y eliminando las toxinas de poblaban mis venas. Al cabo de media hora, completamente sudado salí y sin pensar en que después de dos años volvía a tener vecinos, me tiré desnudo a la pequeña piscina que tengo en el segundo piso del dúplex donde vivo. Sé que es un lujo carísimo, pero después de quince años ejerciendo como abogado penalista es un capricho al que no estoy dispuesto a renunciar. Estuve haciendo largos un buen rato, hasta que el frio de esa mañana primaveral me obligó a salir.

Estaba secándome las piernas cuando a mi espalda escuché unas risas de mujer. Al girarme, descubrí que dos mujeres, que debían rondar los treinta años, estaban mirándome al otro lado del murete que dividía nuestras terrazas. Avergonzado, me enrollé la toalla y sonriendo en plan hipócrita, me metí de nuevo en mi habitación.

?¡Mierda!, voy a tener que poner un seto si quiero seguir bañándome en pelotas?, me dije molesto por la intromisión de las dos muchachas.

Acababa de terminar de vestirme cuando escuché que alguien tocaba el timbre, y sin terminar de arreglarme salí a ver quién era. Me sorprendió toparme de frente con mis dos vecinas. Debido al corte de verme siendo observado, ni siquiera había tenido tiempo de percatarme que además de ser dos preciosidades de mujer, las conocía:

Eran Tania y Sofía, la esposa y la hermana de Dmitri Paulovich, un narco al que había defendido hacía tres meses y que aprovechando que había conseguido sacarle de la trena mediante una elevada fianza, había huido de España, o al menos eso era lo que se suponía. Sin saber que decir, les abrí la puerta de par en par y bastante más asustado de lo que me hubiese gustado reconocer les pregunté en qué podía servirles.

Tanía, la mujer de ese sanguinario, en un perfecto español pero imbuido en un fuerte acento ruso, me pidió perdón si me habían molestado sus risas pero que les había sorprendido darse cuenta que su vecino no era otro que el abogado de su marido.

-Soy yo el que les tiene que pedir perdón. Llevo demasiado tiempo sin vecinos, y me había acostumbrado a nadar desnudo. Lo siento no se volverá a repetir.

-No se preocupe por eso. En nuestra Rusia natal el desnudo no es ningún tabú. Hemos venido a invitarle a cenar como muestra de nuestro arrepentimiento.

La naturalidad con la que se refirió a mi escena nudista, me tranquilizó y sin pensármelo dos veces, acepté su invitación, tras lo cual se despidieron de mí con un ?hasta luego?. De haber visto como Sofía me miraba el culo, quizás no hubiese aceptado ir esa noche a cenar, no en vano su hermano era el responsable directo de medio centenar de muertes.

Al cerrar la puerta, me desmoroné. Había luchado duro para conseguir un estatus y ahora de un plumazo, mi paraíso se iba a convertir en un infierno. Vivir pared con pared con uno de los tipos más peligroso de toda el hampa ruso era una idea que no me agradaba nada y peor, si ese hombre me había pagado una suculenta suma para conseguir que le sacara. Nadie se iba a creer que nuestra relación solo había consistido en dos visitas a la cárcel y que no tenía nada que ver con sus sucios enjuagues y negocios. Hecho un manojo de nervios, decidí salir a comer a un restaurante para pensar qué narices iba a hacer con mi vida ahora que la mafia había llamado a mi puerta. Nada más salir, comprendí que debía de vender mi casa y mudarme por mucho que la crisis estuviera en su máximo apogeo. En el portal de mi casa dos enormes sicarios estaban haciendo guardia con caras de pocos amigos.

Durante la comida, hice un recuento de los diferentes escenarios con los que me iba a encontrar. Si seguía viviendo a su lado, era un hecho que no iba a poderme escapar de formar parte de su organización, pero si me iba de espantada, ese hijo de puta se enteraría y podía pensar que no le quería como vecino, lo que era en la práctica una condena a muerte. Hiciera lo que hiciese, estaba jodido. ?Lo mejor que puedo hacer es ser educado pero intentar reducir al mínimo el trato?, me dije prometiéndome a mí mismo que esa noche iba a ser la primera y última que cenara con ellos.

Recordando las normas de educación rusa, salí a comprar unos presentes que llevar a la cena. Según su estricto protocolo el invitado debía de llevar regalos a todos los anfitriones y como no sabía si Dmitri estaba escondido en la casa, opté por ser prudente y decidí también comprarle a él. No me resultó fácil elegir, un mafioso tiene de todo por lo que me incliné por lo caro y entrando en Loewe le compré unos gemelos de oro. Ya que estaba allí, pedí consejo a la dependienta respecto a las dos mujeres.

-A las rusas les encantan los pañuelos-, me respondió.

Al salir por la puerta, mi cuenta corriente había recibido un bajón considerable pero estaba contento, no iban a poderse quejar de mi esplendidez. No me apetecía volver a casa, por lo que para hacer tiempo, me fui al corte inglés de Serrano a comprarme un traje. De vuelta a mi piso, me dediqué a leer un rato en una tumbona de la piscina, esperando que así se me hiciera más corta la espera. Estaba totalmente enfrascado en la lectura, cuando un ruido me hizo levantar mi mirada del libro. Sofía, la hermana pequeña del mafioso, estaba dándose crema completamente desnuda en su terraza. La visión de ese pedazo de mujer en cueros mientras se extendía la protección por toda su piel, hizo que se me cayera el café, estrellándose la taza contra el suelo.

Asustado, me puse a recoger los pedazos, cuando de repente escuché que me decía si necesitaba ayuda. Tratando de parecer tranquilo, le dije que no, que lo único que pasaba era que había roto una taza.

-¿Qué es lo que ponerle nervioso?- me contestó.

Al mirarla, me quedé petrificado, la muchacha se estaba pellizcando su pezones mientras con su lengua recorría sensualmente sus labios. Sin saber qué hacer ni que responder, terminé de recoger el estropicio y sin hablar, me metí a la casa. Ya en el salón, miré hacia atrás a ver que hacía. Sofía, consciente de ser observada, se abrió de piernas y separando los labios de su sexo, empezó a masturbarse sin pudor. No tuve que ver más, si antes tenía miedo de tenerles de vecinos, tras esa demostración estaba aterrorizado. Dmitri era un hijo de perra celoso y no creí que le hiciera ninguna gracia que un picapleitos se enrollara con su hermanita.

?Para colmo de males, la niña es una calientapollas?, pensé mientras trataba de tranquilizarme metiéndome en la bañera. ?Joder, si su hermano no fuera quién es, le iba a dar a esa cría lo que se merece?, me dije al recordar lo buenísima que estaba, ?la haría berrear de placer y la pondría a besarme los pies?.

Excitado, cerré los ojos y me dediqué a relajar mi inhiesto miembro. Dejándome llevar por la fantasía, visualicé como sería ponerla en plan perrito sobre mis sabanas. Me la imaginé entrando en mi habitación y suplicando que le hiciera el amor. En mi mente, me tumbé en la cama y le ordené que se hiciera cargo de mi pene. Sofía no se hizo de rogar y acercando su boca, me empezó a dar una mamada de campeonato. Me vi penetrándola, haciéndola chillar de placer mientras me pedía más. En mi mente, su cuñada, alertada por los gritos, entraba en mi cuarto. Al vernos disfrutando, se excitó y retirando a la pelirroja de mí, hizo explotar mi sexo en el interior de su boca.

Era un imposible, aunque se metieran en mi cama desnudas nunca podría disfrutar de sus caricias, era demasiado peligroso, pero el morbo de esa situación hizo que no tardara en correrme. Ya tranquilo, observé que sobre el agua mi semen navegaba formando figuras. ?Qué desperdicio?, me dije y fijándome en el reloj, supe que ya era la hora de vestirme para la cena.

A las nueve en punto, estaba tocando el timbre de su casa. Para los rusos la puntualidad es una virtud y su ausencia una falta de educación imperdonable. Una sirvienta me abrió la puerta con una sonrisa y, cortésmente, me hizo pasar a la biblioteca. Tuve que reconocer que la empresa de mudanzas había hecho un buen trabajo, era difícil darse cuenta que esas dos mujeres llevaban escasas doce horas en ese piso. Todo estaba en su lugar y en contra de lo que me esperaba, la elección de la decoración denotaba un gusto que poco tenía que ver con la idea preconcebida de lo que me iba encontrar. Había supuesto que esa familia iba hacer uso de la típica ostentación del nuevo rico. Sobre la mesa, una botella de vodka helado y tres vasos.

-Bienvenido-, escuché a mi espalda. Al darme la vuelta, vi que Tanía, mi anfitriona, era la que me había saludado. Su elegancia volvió a sorprenderme. Enfundada en un traje largo sin escote parecía una diosa. Su pelo rubio y su piel blanca eran realzados por la negra tela.

-Gracias- le respondí -¿su marido?

-No va a venir, pero le ha dejado un mensaje- me contestó y con gesto serio encendió el DVD.

En la pantalla de la televisión apareció un suntuoso despacho y detrás de la mesa, Dmitri. No me costó reconocer esa cara, puesto que, ya formaba parte de mis pesadillas. Parecía contento, sin hacer caso a que estaba siendo grabado, bromeaba con uno de sus esbirros. Al cabo de dos minutos, debieron de avisarle y dirigiéndose a la cámara, empezó a dirigirse a mí.

-Marcos, ¡Querido hermano!, siento no haberme podido despedirme de ti pero, como sabes mis negocios, requerían mi presencia fuera de España. Solo nos hemos visto un par de veces pero ya te considero de mi sangre y por eso te encomiendo lo más sagrado para mí, mi esposa y mi dulce hermana. Necesito que no les falte de nada y que te ocupes de defenderlas si las autoridades buscan una posible deportación. Sé que no vas a defraudar la confianza que deposito en ti y como muestra de mi agradecimiento, permíteme darte este ejemplo de amistad- En ese momento, su esposa puso en mis manos un maletín. Dudé un instante si abrirlo o no, ese cabrón no había pedido mi opinión, me estaba ordenando no solo que me hiciera cargo de la defensa legal de ambas mujeres sino que ocupara de ellas por completo.

?No tengo más remedio que aceptar sino lo hago soy hombre muerto?, pensé mientras abría el maletín. Me quedé sin habla al contemplar su contenido, estaba repleto de fajos de billetes de cien euros. No pude evitar exclamar:

-¡Debe haber más de quinientos mil euros!

-Setecientos cincuenta mil, exactamente- Tania me rectificó -es para cubrir los gastos que le ocasionemos durante los próximos doce meses.

?¡Puta madre! Son ciento veinticinco millones de pesetas, por ese dinero vendo hasta mi madre?, me dije sin salir de mi asombro. El ruso jugaba duro, si aguantaba, sin meterme en demasiados líos, cinco años, me podía jubilar en las Islas vírgenes.

-Considéreme su abogado- dije extendiéndole la mano.

La mujer, tirando de ella, me plantó un beso en la mejilla y al hacerlo pegó su cuerpo contra el mío. Sentir sus pechos me excitó. La mujer se dio cuenta y alargando el abrazo, sonriendo, me respondió cogiendo la botella de la mesa:

-Hay que celebrarlo.

Sirvió dos copas y de un solo trago se bebió su contenido. Al imitarla, el vodka quemó dolorosamente mi garganta, haciéndome toser. Ella se percató que no estaba habituado a ese licor y aun así las rellenó nuevamente, alzando su copa, hizo un brindis en ruso que no comprendí y al interrogarla por su significado, me respondió:

- Qué no sea ésta la última vez que bebemos juntos, con ayuda de Dios-

Es de todos conocidos la importancia que dan lo eslavos a los brindis, y por eso buscando satisfacer esa costumbre, levanté mi bebida diciendo:

-Señora, juro por mi honor servirla. ¡Que nuestra amistad dure muchos años!

Satisfecha por mis palabras, vació su vodka y señalándome el mío, esperó a que yo hiciera lo mismo. No me hice de rogar, pensaba que mi estómago no iba a soportar otra agresión igual pero en contra de lo que parecía lógico, ese segundo trago me encantó. En ese momento, Sofía hizo su entrada a la habitación, preguntando que estábamos celebrando. Su cuñada acercándose a ella, le explicó:

-Marcos ha aceptado ser el hombre de confianza de Dmitri, sabes lo que significa, a partir de ahora debes obedecerle.

-Por mí, estar bien. Yo contenta- respondió en ese español chapurreado tan característico, tras lo cual me miró y poniéndose melosa, me dijo: -no dudar de colaboración mía.

Su tono me puso la piel de gallina. Era una declaración de guerra, la muchacha se me estaba insinuando sin importarle que la esposa de su hermano estuviera presente. Tratando de quitar hierro al asunto, decidí preguntarles si había algo urgente que tratar.

-Eso, ¡mañana! Te hemos invitado y la cena ya está lista-, contestó Tanía, zanjando el asunto.

-Perdone mi despiste, señora, le he traído un presente- dije dando a cada una su paquete. La dependienta de Loewe había acertado de pleno, a las dos mujeres les entusiasmó su regalo. Según ellas, se notaba que conocía al sexo femenino, Dmitri les había obsequiado muchas cosas pero ninguna tan fina.

-¿Pasamos a cenar?- preguntó Tania.

No esperó mi respuesta, abriendo una puerta corrediza me mostró el comedor. Al entrar estuve a punto de gritar al sentir la mano de Sofía magreándome descaradamente el culo. Intenté que la señora de la casa no se diera cuenta de los toqueteos que estaba siendo objeto pero dudo mucho que una mujer, tan avispada, no se percatara de lo que estaba haciendo su cuñada. Con educación les acerqué la silla para que se sentaran.

-Eres todo un caballero- galantemente me agradeció Tania. -En nuestra patria se ha perdido la buena educación. Ahora solo abundan los patanes.

Esa rubia destilaba clase por todos sus poros, su delicado modo de moverse, la finura de sus rasgos, hablaban de sus orígenes cien por cien aristocráticos. En cambio, Sofía era un volcán a punto de explotar, su enorme vitalidad iba acorde con el tamaño de sus pechos. La naturaleza la había dotado de dos enormes senos, que en ese mismo instante me mostraba en su plenitud a través del escote de su vestido.

?Tranquilo macho, esa mujer es un peligro?, tuve que repetir mentalmente varias veces para que la excitación no me dominara:?Si le pones la mano encima, su hermano te corta los huevos?

La incomodidad inicial se fue relajando durante el trascurso de la cena. Ambas jóvenes no solo eran unas modelos de belleza sino que demostraron tener una extensa cultura y un gran sentido del humor, de modo que cuando cayó la primera botella, ya habíamos entrado en confianza y fue Sofía, la que preguntó si tenía novia.

-No, ninguna mujer con un poco de sentido común me aguanta. Soy el prototipo de solterón empedernido.

-Las españolas no saber de hombres, ¿Verdad?, -.

Esperaba que Tanía, cortarse la conversación pero en vez de ello, contestó:

-Si, en Moscú no duras seis meses soltero. Alguna compatriota te echaría el lazo nada más verte.

-¿El lazo?, y ¡un polvo!- soltó la pelirroja con una sonrisa pícara.

Su cuñada, lejos de escandalizarse de la burrada que había soltado la pelirroja, se destornilló de risa, dándole la razón:

-Si nunca he comprendido porqué en España piensan que las rusas somos frías, no hay nadie más caliente que una moscovita. Sino que le pregunten a mi marido.

Las carcajadas de ambas bellezas fueron un aviso de que me estaba moviendo por arenas movedizas y tratando de salirme del pantano en el que me había metido, contesté que la próxima vez que fuera tenía que presentarme a una de sus amigas. Fue entonces cuando noté que un pie desnudo estaba subiendo por mi pantalón y se concentraba en mi entrepierna. No tenía ninguna duda sobre quien era la propietaria del pie que frotaba mi pene. Durante unos minutos tuve que soportar que la muchacha intentara hacerme una paja mientras yo seguía platicando tranquilamente con Tania. Afortunadamente cuando ya creía que no iba a poder aguantar sin correrme, la criada llegó y susurró al oído de su señora que acababan de llegar otros invitados.

Sonriendo, me explicó que habían invitado a unos amigos a tomar una copa, si no me importaba, tomaríamos el café en la terraza. Accedí encantado, ya que eso me daba la oportunidad de salir airoso del acoso de Sofía. Camino de la azotea volví a ser objeto de las caricias de la pelirroja. Con la desfachatez que da la juventud, me agarró de la cintura y me dijo que estaba cachonda desde que me vio desnudo esa mañana. Tratando de evitar un escándalo, no tuve más remedio que llevármela a un rincón y pedirle que parara que no estaba bien porque yo era un empleado de Dmitri,

La muchacha me escuchó poniendo un puchero, para acto seguido decirme:

-Yo dejarte por hoy, pero tú dame beso.

No sé por qué cedí a su chantaje y cogiéndola entre mis brazos acerqué mis labios a los suyos. Si pensaba que se iba a conformar con un morreo corto, estaba equivocado, pegándose a mí, me besó sensualmente mientras rozaba sin disimulo su sexo contra mi pierna. Tenía que haberme separado en ese instante pero me dejé llevar por la lujuria y agarrando sus nalgas, profundicé en ella de tal manera que si no llega a ser porque escuchamos que los invitados se acercaban la hubiese desnudado allí mismo.

?¡Cómo me pone esta cría!?, pensé mientras disimulaba la erección.

Tania, ejerciendo de anfitriona, me introdujo a las tres parejas. Dos de ellas trabajaban en la embajada mientras que el otro matrimonio estaba de visita, lo más curioso fue el modo en que me presentó:

-Marcos es el encargado de España, cualquier tema en ausencia de mi marido tendréis que tratarlo con él.

Las caras de los asistentes se transformaron y con un respeto desmedido se fueron presentado, explicando cuáles eran sus funciones dentro de la organización. Asustado por lo súbito de mi nombramiento, me quedé callado memorizando lo que me estaban diciendo. Cuando acabaron esperé a que Tania estuviese sola y acercándome a ella, le pedí explicaciones:

-Tú no te preocupes, poca gente lo sabe pero yo soy la verdadera jefa de la familia. Cuando te lleguen con un problema, solo tendrás que preguntarme.

Creo que fue entonces cuando realmente caí en la bronca en la que me había metido. Dmitri no era más que el lacayo que su mujer usaba para sortear el machismo imperante dentro de la mafia y ella, sabiendo que su marido iba a estar inoperante durante largo tiempo, había decidido sustituirlo por mí. Estaba en las manos de esa bella y fría mujer. Sintiéndome una mierda, cogí una botella y sentado en un rincón, empecé a beber sin control. Desconozco si me pidieron opinión o si lo dieron por hecho, pero al cabo de media hora la fiesta se trasladó a mi terraza porqué la gente quería tomarse un baño. Totalmente borracho aproveché para ausentarme y sin despedirme, me fui a dormir la moña en mi cama.

Debían de ser las cinco de la madrugada cuando me desperté con la garganta reseca. Sin encender la luz, me levanté a servirme un coctel de aspirinas que me permitiera seguir durmiendo. Tras ponerme el albornoz, salí rumbo a la cocina pero al cruzar el salón, escuché que todavía quedaba alguien de la fiesta en la piscina. No queriendo molestar pero intrigado por los jadeos que llegaban a mis oídos, fui sigilosamente hasta la ventana para descubrir una escena que me dejó de piedra. Sobre una de las tumbonas, Tania estaba totalmente desnuda y Sofía le estaba comiendo con pasión su sexo. No pude retirar la vista de esas dos mujeres haciendo el amor. La rubia con la cabeza echada hacia atrás disfrutaba de las caricias de la hermana de su marido mientras con sus dedos no dejaba de pellizcarse los pechos. Era alucinante ser coparticipe involuntario de tanto placer, incapaz de dejar de mirarlas mi miembro despertó de su letargo e irguiéndose, me pidió que le hiciera caso. Nunca he sido un voyeur pero reconozco que ver a Sofía disfrutando del coño de Tania era algo que jamás iba a volver a tener la oportunidad de ver y asiéndolo con mi mano, empecé a masturbarme.

Llevaban tiempo haciéndolo porque la rubia no tardó en retorcerse gritando mientras se corría en la boca de su amante. Pensé que con su orgasmo había terminado el espectáculo, pero me llevé una grata sorpresa al ver como cambiaban de postura y Sofía se ponía a cuatro patas, para facilitar que las caricias de la otra mujer. Fue entonces cuando me percaté que Tanía estaba totalmente depilada y que encima tenía un culo de infarto. Completamente dominado por la lujuria, disfruté del modo en que le separó las nalgas. Mi recién estrenada jefa sacando su lengua se entretuvo relajando los músculos del esfínter. Sofía tuvo que morderse los labios para no gritar al sentir que su ano era violado por los dedos de la mujer.

Si aquello ya era de por sí alucinante, más aún fue ver que Tanía se levantaba y se ajustaba un arnés con un tremendo falo a su cintura. Le susurró unas dulces palabras mientras se acercaba y colocando la punta del consolador en el esfínter de su indefensa cuñada, de un solo golpe se lo introdujo por completo en su interior. Sofía gritó al sentir que se desgarraba por dentro, pero no intentó liberarse del castigo, sino que meneando sus caderas buscó amoldarse al instrumento antes de empezar a moverse como posesa. Su cuñada esperó que se acomodase antes de darle una fuerte nalgada en el culo. Fue el estímulo que ambas necesitaban para lanzarse en un galope desbocado. Para afianzarse, la rubia uso los pechos de su cuñada como agarre y mordiéndole el cuello, cambió el culo de la muchacha por su sexo y con fuerza la penetró mientras su indefensa víctima se derrumbaba sobre la tumbona. Los gemidos de placer de Sofía coincidieron con mi orgasmo y retirándome sin hacer ruido, volví a mi cama aún más sediento de lo que me levanté.

?Hay que joderse, pensaba que la fijación de Sofía por mí me iba a traer problemas con Dmitri, pero ahora resulta que también es la putita de su cuñada. Sera mejor que evite cualquier relación con ella?.

Capítulo dos:

Ese domingo se me pegaron las sábanas de manera que ya habían dado las doce cuando fui a la cocina a desayunar. Esa mañana me serví un café triple que me hiciera reaccionar. La cafeína recorriendo las venas era lo que necesitaba para poder pensar. Haciendo un repaso a las últimas veinticuatro horas me di cuenta de lo mucho que había cambiado mi vida. Hasta ayer, mi profesión era ser abogado penalista pero no sabía exactamente cuál iba a ser en el futuro. Me había vendido a la mafia, y como cuentan de la droga, se sabe cómo uno entra pero no como sale. Solo esperaba que no fuera dentro de un cajón de madera.

Por otra parte estaba el tema de Sofía. La muchacha estaba para mojar pan, pero solo hablarla era peligroso. Si me enrollaba con ella, podía causar el enfado de Dmitri y de Tania y lo más gracioso del asunto, no tenía claro cuál de los dos era más peligroso. Pensando en ello, salí taza en mano a mi terraza. De haberlo analizado antes quizás no hubiese decidido tomar el aire puesto que allí era sencillo que cualquiera de las dos mujeres me viera y eso era lo último que me apetecía. Afortunadamente no había nadie y de esa forma me tumbé tranquilamente en una hamaca sin que nadie me molestara. El sol, pegándome en la cama, me dio sueño y acomodándome, me quedé dormido.

No debía de llevar medía hora transpuesto cuando escuché el clásico ruido de alguien tirándose a la piscina. Creí que era la descarada de Sofía pero al abrir los ojos me llevé la sorpresa que quien estaba subiendo por la escalerilla no era otra que su cuñada Tania. Estaba espectacular con un bikini rojo, de esos, que en vez de ocultar la desnudez de quien lo lleva, realza las formas de su cuerpo.

-¿Todavía durmiendo?, creí que eras activo cuando te contraté. Ven al agua, está buenísima.

-Ahora voy, espera que me ponga un traje de baño- respondí.

Curiosamente creí descubrir un mohín en su rostro como si hubiese esperado que me bañara otra vez desnudo. Me di toda la prisa que pude, de manera que en menos de dos minutos ya estaba con ella en la piscina. La mujer, sin hacerme caso, se dedicó a hacer largos durante media hora, por lo que no tuve más remedio que imitarla. Era una nadadora estupenda, me costaba seguir su ritmo, se notaba que esa mujer estaba acostumbrada a hacer ejercicio. Ya estaba agotado cuando debió pensar que era suficiente y saliendo de la piscina, se acostó en la misma tumbona que la noche anterior usó para tirarse a su cuñada.

Sin saber qué hacer, la seguí afuera y me tumbé en una que había al lado. Era como si yo no existiera. Mirándola de reojo, me encandilé de la perfección de sus curvas. Sus pechos al no ser tan grandes, tenían una consistencia que sería la envidia de cualquier española y el sueño de cualquier español. Sus piernas eran largas y divinamente contorneadas. Su estómago completamente liso no tenía ni rastro de grasa.

?¡Quien se la follara!?, me dije mientras con mi vista la seguía devorando. ?no me extraña que Dmitri sea su perro faldero, yo también me dejaría poner un collar si con ello compartiera su alcoba?.

Como si además de bella, esa mujer tuviese telepatía, de pronto me pidió que le diese crema. Nervioso como un quinceañero, cogí el bote y derramando un podo en su espalda, empecé a extendérsela por su cuello. El tacto de su piel era suave. Poco a poco fui tomando confianza y mis manos empezaron a recorrer su espalda con absoluta libertad. Nunca en mi vida había tenido una hembra semejante a mi disposición para darle bronceador y por eso quizás lo hice tan sumamente lento que parecía un masaje.

Me estaba poniendo bruto mientras Tania, ajena a cuales eran mis sentimientos, permanecía con los ojos cerrados. Al terminar de extenderle la crema por la espalda no creí conveniente seguir con sus piernas y menos con el culo, por lo que cerrando el bote volví a mi tumbona. No me había tumbado cuando la escuché quejarse, pidiendo que terminara. No quería quemarse. Asustado pero a la vez ansioso de tocar sus piernas, me puse a su lado y cuidadosamente fui con mis manos llenas de crema dándole un masaje en las plantas de sus pies. Debió de gustarle por que empecé a oír unos gemidos de satisfacción, lo que me dio pie a sin ningún pudor recorrer sus piernas presionando sus músculos. Podía parecer un masaje profesional, pero yo sabía que no lo era, al ser consciente de la tremenda erección que estaba soportando.

Quedaba lo mejor y lo más difícil. Sus glúteos esperaban mis manos y no podía defraudarlos. Con mi sexo dolorosamente tieso, eché un buen montón de crema en cada nalga antes de siquiera pensar en posar mis palmas en esos monumentos.

?Qué belleza?, me dije al acariciarlos.

Como si fuera una obra de arte y yo un restaurador, fui mimando con mis manos cada centímetro de su piel sin atreverme a acercarme a ninguna de sus dos entradas. Estaba caliente pero no loco. Lentamente, fui profundizando en mis caricias, extendiendo la crema hasta donde la prudencia me dejó, sin dejar de pensar cómo sería poseer a esa mujer. Estaba a punto de cometer una idiotez cuando me habló:

-Marcos, ¡Para!

Saliendo de mi ensoñación, divisé que sus ojos se habían posado en mi pene y que lejos de indignarse, una sonrisa había hecho su aparición en su boca:

- Eres un maestro dando masajes pero yo soy tu jefa-.

No hizo falta que dijera más, avergonzado mascullé una disculpa y sin pensármelo dos veces, me lancé a la piscina esperando que se me bajara la excitación. Al salir, se había ido. Acojonado de haberla molestado, decidí salir a dar una vuelta por Madrid.

?¡Como puedo ser tan imbécil!, ¡Pero qué insensato soy!, ¿Cómo he podido ser tan animal de ponerme cachondo dándole crema??, no paré de decirme mientras me vestía. ?Esa tipa con solo chasquear los dedos podría matarme y voy yo y le meto mano, decididamente ¡Soy gilipollas!?.

Estaba sacando mi coche del garaje cuando uno de los gorilas de Tanía me hizo parar.

-Don Marcos, tenemos instrucciones precisas de protegerle, sino le importa: Yo conduzco.

Lo inesperado de su petición no me dejó reaccionar y antes que me diera cuenta, el ruso conducía y yo estaba sentado en la parte trasera del automóvil. La mafia es como un virus, en cuanto entra se extiende sin control por todos los aspectos de tu vida, dejas de ser libre para convertirte en un engranaje más de la organización. Era un hecho irrefutable que mi existencia rutinaria había cambiado y debía de amoldarme a ese nuevo ritmo de vida. Tenía mucho dinero y desconocía si tendría tiempo para gastarlo por lo que dirigiéndome al chofer le pedí que me llevara a Jockey, uno de los restaurantes más caros de Madrid. Solo había estado una vez y recordaba después de dos años su ensalada templada de cangrejos.

Al llegar a la puerta, el portero me recordó que por protocolo los clientes debían de llevar corbata y que el establecimiento ponía a mi disposición un extenso surtido para elegir. Sonreí pensando que era una pijería a la que tenía que acostumbrarme. Elegí una verde que combinaba con mi chaqueta y pasé adentro. Es una gozada el servicio, nada más entrar el maître me acompañó a una mesa y preguntó:

-Doña Tania, ¿le va a acompañar?

Me quedé pasmado. Al preguntarle como sabía que conocía a esa mujer, me respondió que lo había supuesto porqué era una de sus mejores clientas y yo había llegado con su chofer. Haciendo como si ese detalle no tuviera importancia, pedí que me trajeran un aperitivo. Nada más irse, mi mente empezó a recapacitar sobre su significado. Si un mero maître había hilado cabos que sería de la policía. Estaba seguro que en ese instante, mis datos estaban siendo revisados por la brigada central. En otras palabras; ¡estaba fichado! Cuando ya creía que nada podía ir peor, vi a Sofía entrando por la puerta y dirigiéndose a donde yo estaba. Como no tenía más remedio que aceptar su compañía, me levanté a acercarle la silla.

-Eres malo. Estaba sola y no me has invitado a comer- dijo con una de sus típicas sonrisas de niña buena.

?La verdad es que si esta monada no fuera la hermana de Dmitri, no me importaría nada tener con ella un escarceo. Realmente está buenísima?, pensé al observarla. Sabía perfectamente que no podía dejarme llevar, pero siempre es agradable sentir que una preciosidad como la que tenía enfrente se interesara por uno.

-¿Qué quieres tomar?- pregunté para romper el hielo.

-Un hombre bueno- respondió sin dejar de sonreír.

No me explico porque en vez de salir corriendo, decidí meterme con su deficiente español.

-Pues si quieres un modelo, no sé qué haces conmigo. Te llevo quince años.

Se quedó pensando, creo que tardó en comprender que le estaba tomando el pelo.

-Tu estar bueno pero yo decir corazón-, me contestó cogiendo mi mano y llevándola a su pecho.

No me esperaba que sin importarle las apariencias para explicarse me obligara a tocar esos maravillosos senos. No sé si más cortado que excitado o al revés, retiré mi mano, disimulando.

-No vuelvas a hacer eso- la reñí -estamos en un lugar público-.

-Ellos comprenden, yo con mi novio- dijo alegremente mientras volvía a llevársela a su pecho.

-Sofía, por favor, no hagas el ridículo- le susurré al oído.

La situación me estaba resultando harto incomoda, si Tanía era una asidua visitante no tardaría en enterarse que su cuñada se había comportado como una vulgar fulana.

-De acuerdo, pero tú y yo novios- me soltó como si nada.

Su insistencia hizo que saltaran todas mis alarmas y tomando aliento, le dije muy serio:

-Sofía, soy sólo tu abogado.

En ese momento vino el camarero a preguntarnos qué quería la señorita de beber. La interrupción hizo que tuviera que esperar a que la muchacha pidiera, para oír una contestación que me heló hasta el tuétano.

-No, tú mi novio. Yo ver en el juicio y Tania prometer tú eres mío.

Casi me caigo de la silla al oírlo. La zorra de su cuñada había comprado el piso de al lado y me había contratado, sólo con el propósito de regalarle, a su querida niña, un novio. Tratando de buscar una salida, se me ocurrió preguntarle qué era lo que opinaba Dmitri de eso y al oír su respuesta supe que estaba jodido:

-Gustar, con marido español no deportación.

No me quedaron fuerzas de seguir discutiendo, ese par de hijos de puta vieron, en el capricho de Sofía, una salida perfecta. Dmitri se aseguraba que no deportaran a su hermana y Tanía conseguía una fachada que le permitiera seguir tirándose a la hermanita de su esposo. Durante el resto de la comida, me mantuve en silencio rumiando las noticias que acababan de darme. Tras el sofocón inicial después de analizarlo, no me pareció tan mala idea y no solo porque estaba buenísima sino porque me daba una razón que hiciera dudar a la policía de mi verdadera relación con esa organización.

?Seré el marido de pega de esta niña y así ellos creerán que soy un pelele?.

Habiendo tomado ya la decisión, era necesario que hacerla pública y que mejor que fueran los propios camareros los que les fueran a la pasma con el chisme. Llamé al camarero y le pedí que nos trajera una botella de Moët.

Al venir con el carísimo champán, cogí el alambre del tapón e hice con él un rústico anillo. Sofía no entendía que narices estaba haciendo. Solo lo comprendió cuando poniéndome de rodillas, le pedí que se casara conmigo. El grito de alegría de la muchacha retumbó en el local, haciendo que todos los comensales se voltearan a ver como un cuarentón estaba postrado frente a una bella joven.

-Sí, ¡me caso contigo!- respondió chillando y sin parar de dar saltos de felicidad.

Aunque parezca increíble, los cincuenta ricachones que había en el restaurante se pusieron de pie y empezaron a aplaudir. Abochornado por el rotundo éxito de mi idea, tuve que agradecer a la audiencia. Con Sofía a mi lado, me di cuenta que todos esperaban el beso de rigor, por lo que no me quedó más remedio que agarrarla por la cintura y dárselo. La exagerada pasión que imprimió Sofía al beso terminó de convencer a todos que era real nuestra unión, creo que incluso debieron darse cuenta que cuando la muchacha dejó de restregarse contra mí, mi pene ya estaba en lo más álgido de la erección.

Decidí que ya era suficiente, y pidiendo la cuenta salimos del lugar, con el convencimiento que en ese momento todo el mundo comentaría en las mesas que otro pobre tonto que se había enamorado de su secretaria. No tenía sentido ir en dos coches, por lo que me subí al enorme mercedes 600 que había traído a mi futura esposa. Nada más sentarme junto a ella, me cogió la mano y me dijo:

-No creas que soy tonta. De imbécil, no tengo un pelo. Me gustas desde que te vi en el estrado pero sé que no me amas. Eso es cuestión de tiempo, estoy segura que vas a terminar enamorado de mí. Esto es un negocio, tú me das lo que yo quiero y yo lo que tú necesitas. Por cierto, como ves, ¡Tu mujercita habla perfectamente español y sin acento!

No supe que decir, me había engañado totalmente con su pose de niña boba. La mujer que tenía a mi lado era una actriz maravillosa, escondiéndose detrás de una supuesta estupidez pasaba inadvertida para los enemigos de su hermano y evitaba ser objeto de los celos de Tania.

-Tu llevarme a por anillo, no poder llegar con éste a casa- acurrucándose como una enamorada, me susurró mientras pasaba su mano por mi entrepierna.

Comprar un anillo un domingo en la tarde en Madrid es imposible, excepto si eres un mafioso ruso. Solo tuve que preguntarle al chofer y tras un par de llamadas, nos abrieron una lujosa joyería del barrio de Salamanca. Afortunadamente, Tanía me había dado ese enorme anticipo, porque si no los cien mil euros que me gasté en la puñetera piedra me hubieran quebrado. Mientras Sofía elegía el que más le gustaba, yo no podía dejar de pensar que diría su cuñada de todo esto, sabía a la perfección que formaba parte de su plan pero aún me venía continuamente a la mente la escena lésbica que había presenciado, por eso en cuanto tuve oportunidad le pregunté discretamente, para que no se enterara nuestro guardaespaldas, cómo íbamos a plantearlo.

-Tú, déjame a mí. Para Tania, soy una tonta que se ha encaprichado del primer hombre inteligente con el que se ha topado. Ella sabe que ayer nos besamos y creerá que no ha hecho falta que ella te obligara tal y como tenía planeado, sino que, como hombre, nos has podido resistirte a mis encantos.

Tomándome mi tiempo, fui al grano. Le conté lo que había visto y le expliqué mis temores. Ella al oírme, se echó a reír:

-Ya te dijimos que las moscovitas somos unas calentorras. Ni ella ni yo somos lesbianas pero, cuando no hay un hombre disponible, nos consolamos mutuamente. Por eso no te inquietes, mejor harías en preocuparte por el día que te pille con ella en la cama.

Más tranquilo y siguiéndole la corriente le dije:

-¿Qué harías?, ¿cortarme los huevos?

-No, bobo- respondió con una carcajada -la ayudaría a dejarte seco, ¡mi amor!

Solo piensa con esas dos bellezas en la misma cama, me excitó y fue entonces cuando tomé la decisión de hacerlo realidad y por vez primera, la besé sin que me diese miedo que alguien nos viera.

No me da vergüenza reconocer que, mientras volvíamos a casa, estaba acojonado. Aún después de las explicaciones de Sofía, seguía teniendo miedo a la reacción de la gran Jefa. Tania debía de cargar sobre sus espaldas con la autoría intelectual de un buen número de ejecuciones y de ajustes de cuentas, no me cabía duda que no debía de ser extraño que ella se hubiese despachado en persona a algún competidor pero era un hecho cierto que, siguiendo sus órdenes, sus sicarios se habían desembarazado de una buena cifra. Por eso me alegró que ella no estuviera cuando llegamos a su apartamento.

-¿Qué te apetece hacer?- ronroneó Sofía, pegando su cuerpo al mío.

Estábamos solos y en teoría, esa maravilla de mujer era mi novia. No me costó decidir, agarrándola de la cintura la besé mientras iba desabrochando su falda. Mi querida rusa suspiró al sentir que caía al suelo y como si llevara años sin ser acariciada se lanzó contra mí, desgarrando mi camisa. Sus dientes se apoderaron de mi pecho mientras su dueña intentaba desabrochar mi pantalón. Increíblemente excitada, gimió al ver mi sexo totalmente inhiesto saliendo de su encierro.

-Te deseo, ¡mi querido picapleitos!

Quería que nuestra primera vez fuera tranquila pero su ardor se me contagió y apoyando mi cuerpo contra la pared, le rompí las bragas y poniendo sus piernas alrededor de mi cintura, coloqué la punta de mi glande en su sexo. Sofía no pudo esperar y forzando sus labios, se empaló lentamente, sintiendo como se introducía centímetro a centímetro mi extensión en su cueva. Nada más sentir que la cabeza chocaba contra la pared de su vagina, empezó a cabalgar usándome de montura. Mi pene erecto era un puñal con el que quería matar su necesidad de ser tomada. Moviendo sus caderas se echó hacia atrás para darme sus pechos como ofrenda. La visión de sus pezones, contraídos por la excitación, fueron el acicate que necesitaba el tranquilo abogado para convertirse en Mr. Hade. Completamente dominado por la lujuria, usé una de mis manos para poner su pecho en mi boca.

Sofía gritó al notar que mis dientes se cerraban cruelmente sobre su pezón y agarrando mi cabeza, me pidió que no parara. La humedad que manaba de ella me informó de la cercanía de su orgasmo. Su respiración agitada no le permitía seguir alzándose sobre mi pene, por lo que tuve que ser yo quien, asiéndola de su culo, la ayudara a sacar y meter mi sexo dentro del suyo. Al percatarse que ya no le era tan cansada esa postura, se puso como loca y acelerando sus maniobras, explotó derramando su flujo sobre mis piernas. Los gemidos de placer de la muchacha me espolearon y como un joven garañón, galopé en busca de mi orgasmo. Ya no importaba que esa mujer fuera la hermana de un mafioso, en mi mente era mi hembra y yo, su semental. Siguiendo el dictado de mi instinto busqué esparcir mi simiente en su campo. Con el coño completamente mojado, Sofía gozaba cada vez que mi verga, al entrar y salir, presionaba sobre sus labios y rellenaba su vagina. Su clímax estaba siendo sensualmente prolongado por mis maniobras, llevándola del placer al éxtasis y vuelta a empezar. Clavando sus uñas en mi espalda, me rogó que me corriera, que necesitaba sentir mi eyaculación en su interior.

La entrega de la muchacha era total. Berreando en mis brazos, se estaba corriendo por segunda ocasión cuando al levantar mi cabeza, vi a su cuñada mirándonos desde la terraza. Su gesto no era de enfado sino de satisfacción, dándome a entender que aprobaba lo que estábamos haciendo. El morbo de ser observado, hizo que mi pene estallara dentro de Sofía mientras veía a la rusa volviendo a su piso.

-Vamos a tu cama, esto es solo un aperitivo de lo que vas a disfrutar conmigo- susurró mi recién estrenada novia.

Sus palabras me hicieron soñar en tenerlas a las dos entre mis brazos y llevándola en volandas, me dirigía a mi cuarto.

-¡Qué impetuoso!- me dijo al tirarla encima de mi cama y tumbarme a su lado,-pareces que tienes ganas de seguir dándole placer a tu mujercita-.

-Los españoles también somos unos calentorros- contesté mientras le abría las piernas y sin ningún tipo de delicadeza la volvía a penetrar.

Me recibió totalmente mojada y abrazándome con sus piernas, buscó que mi penetración fuera total.

-Cabrón, ¡Me estás poniendo a mil! Me gustaría que la boba de Tania nos viera. Se moriría de envidia al saber que tenía razón cuando, el día que te vi con el juez, le dije que eras un perfecto semental.

Solté una carcajada al oírla. Moviendo mis caderas, la atraje hacia mí y le expliqué que sus deseos se habían convertido en realidad.

-No te entiendo.

-Tania nos ha estado espiando mientras lo hacíamos en el salón, y te puedo prometer que no se le notaba enfadada-.

-¡Mierda!-, exclamó soltándose de mi abrazo -tengo que ir a hablar con ella. No quiero que se enoje-.

-Ahora soy yo el que no comprende, no me has dicho que estaba todo hablado-.

-Sí, pero la jefa es la jefa y querrá novedades-, me contestó mientras salía completamente desnuda de mi habitación y dando un portazo me dejó compuesto y sin novia.

?Quien entienda algo que me lo aclare?, pensé mientras me vestía. En teoría, las dos mujeres habían maniobrado para que Sofía me llevara a la cama, por lo que no comprendía cual era la urgencia. Con el paso de los minutos me fui poniendo cada vez más nervioso, al imaginarme que la muchacha me había mentido sobre la verdadera relación que le unía con su cuñada. Si en un principio estaba intrigado al cabo de la media hora estaba histérico:

?¡Joder!, la he cagado. ¡Me he tirado a su putita!?.

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