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La isla en Relatos eroticos de Maduras (relatos eroticos )

Esta historia comienza en Japón, a donde habíamos viajado toda la familia de vacaciones, Pensé que sería agradable que los muchachos conocieran una cultura nueva. Mi hijo mayor estaba a punto de entrar en una prestigiosa universidad. Las vacaciones iban de acuerdo a lo planeado hasta que mi esposa llamo a casa y se entero de que mi hijo tenía que volver de inmediato porque había fallado una de las pruebas de ingreso y debería presentarla de inmediato.

Mi esposa dijo que ella regresaría con él, pero mi hija de 18 años también quería volver pues extrañaba a sus amigas, sin embargo mi suegra encantada con el lugar quería quedarse hasta el día que finalizaba el viaje. Así que mi esposa me persuadió de quedarme a acompañarla para que no permaneciera sola en esas remotas tierras.Mi suegra tenía 66 años, media 5.3 pies y pesaba unas 170 libras, su trasero y muslos eran un poco gorditos, sin embargo la mayor parte de su peso estaba en sus enormes senos talla DD, parecidos a los de mi esposa solamente que un poco más caídos por ser muchos años mayor.Por fin llego el día de regresar a casa, sin embargo nuestro vuelo fue retrasado por lo que se nos pregunto si queríamos volar en un pequeño jet que salía antes, por lo que estuvimos de acuerdo, viajaríamos solo con el piloto y el copiloto. Todo iba muy bien en el vuelo, hasta que una hora después del despegue nos encontramos con una fuerte tormenta, teniendo que volar a su alrededor para esquivar las condiciones. Volamos aun una hora y media más después de que esto ocurriera.

Fue entonces cuando el copiloto nos dijo que estaban teniendo problemas con los motores del avión, y que muy probablemente íbamos a caer en alta mar. Me dio un bote salvavidas y nos dio dos chalecos salvavidas, nos dijo que si caímos las puertas del avión se abrirían automáticamente para que pudiéramos salir e inflar la balsa, para usarla hasta que llegase la ayuda. Nos dijo también que debido a la tormenta no habían sido capaces de ponerse en contacto con alguien en la radio aún.Mi suegra y yo permanecimos sentados con bastante temor ante la inminente colisión, hasta que la puerta de la cabina se abrió y el copiloto nos grito que tratáramos de mantenernos en la puerta del avión, hicimos como nos indico, podía ver el avión rozando por encima del agua antes de chocar. Las puertas del avión se abrieron, mi suegra y yo muy asustados saltamos. Cuando nos acomodamos en el bote salvavidas vimos como el avión terminaba de sumergirse, buscamos a los pilotos durante mucho no se cuanto tiempo, sin embargo no aparecieron. Esta muy oscuro, era de noche.Nos dejamos llevar por la corriente toda la noche y el día siguiente. En algún momento de la esa segunda noche vimos una isla, por lo que empezamos a remar y después de dos horas logramos llegar a la orilla. Raquel mi suegra había sujetado su bolso de viaje por suerte y como es fumadora, tenía 6 encendedores en el. Rápidamente con las fuerzas que aun teníamos empezamos a construir una choza para refugiarnos, usábamos la balsa como techo, construyendo las paredes con hojas de palma y bambú. Ya teníamos fuego y refugio, por lo que fui a la playa y case algunos cangrejos y peces. Aún necesitábamos agua dulce, esperaba que una isla tan pequeña de no más de dos kilómetros cuadrados, camine un poco y cerca encontré una pequeña cascada con un estanque de agua dulce. Teníamos lo básico hasta que la ayuda llegara, si es que llegaba.Esperamos por días, comiendo y bebiendo mientras esperábamos alguna señal de un avión o un barco que nunca aparecieron, habíamos apilado un montón de madera podrida en la playa para que en caso de que viésemos algo encender fuego y que nos vieran. Sin embargo después de cuatro semanas nuestras esperanzas de ser rescatados desaparecieron.

Yo tenía 37 años en ese momento, por lo que en esa isla sin nada más que hacer me masturbaba hasta 2 veces por día, extrañaba mucho el contacto de mi mujer y me hacía mucha falta un coño donde meterla después de 4 semanas sin nada, esto hizo que empezara a mirar a mi suegra más como pareja sexual que como familiar de mi esposa. Necesitaba un coño y ella poseía uno. Solo tenía que conseguir el valor de llegar hasta el de alguna manera.Siempre me había dado la impresión de que mi suegra era una mojigata cuando se trataba de sexo. El padre de mi esposa, su marido había muerto hacía 15 años y ella nunca había salido con nadie más.Esa mañana baje y pesque un poco de cangrejos y peces como lo había hecho todos los días desde que estábamos ahí, llevándoselos para que ella los cocinara. Cuando se los di empecé a hablarle acerca de nuestra situación.Le dije que creía que seguramente nuestros familiares pensaban que perecimos o sino ya nos hubiesen encontrado. Me respondió que pensaba lo mismo. Le dije que no quería asustarla pero que pensaba que habría muchas posibilidades de que nunca nos encontraran en un lugar tan remoto. Me dijo que si que también pensaba igual.

Le dije que podríamos incluso pasar mucho tiempo ahí y que no quería estar solo ahí, que teníamos que pensar cómo íbamos a sobrevivir.Que tienes en mente? Dijo mi suegra.?Pues bien que como hombre tengo otras necesidades además de comer y beber? empecé a hablar.?Se refiere al sexo?? dijo inquieta ?Si? Me miro mientras continúe ?Si tenemos que permanecer aquí juntos por mucho tiempo, creo que lo adecuado sería que viviéramos como pareja, en lugar de ser dos personas por separado, creo también que independientemente de lo que te estoy pidiendo, deberíamos empezar a dormir en la misma cama. Estoy cansado de despertar muerto de frío y creo que nuestro calor corporal nos ayudaría a mantener el calor?Ella me mío y me dijo ?Nunca he estado con ningún otro hombre que no sea mi marido? . ?Si suegra, pero acá solo estamos usted y yo, así que creo que no hay espacio para el pudor y la moral aquí señora? respondí.?Mire señora se lo voy hacer lo más fácil posible, no tenemos que tener sexo si eso le avergüenza y molesta, pero entienda que me hace falta el toque de una mujer? .Ella me miro aún más sorprendida, seguramente para una señora de su edad se le hacía un poco duro lo que le estaba diciendo su propio yerno.?Que es lo que me está diciendo?, que yo podría ayudar masturbándolo??Fui directo ?Bueno es eso o una mamada, lo que la haga sentir menos incomoda y avergonzada, usted podría ayudarme de la forma que desee, déjeme decirle algo muy seriamente, si alguna vez logramos salir de aquí nadie sabrá jamás lo que estábamos haciendo para sobrevivir.?Ella me miro nerviosa, me di cuenta de que estaba pensando en mis palabras. Le dije que lo pensara, pero que si tendríamos que dormir juntos sin importar lo que pensara acerca de eso.

?Así que piénselo señora, y esta noche si al entrar en la cabaña hay una cama doble sabré que al menos está de acuerdo en que durmamos juntos. Podemos hablar de lo otro después de que usted haya tenido tiempo de pensarlo bien? Ella dijo? Déjeme pensarlo, si ud no fuera mi yerno que usted es mi yerno no sería tan difícil lo que me pide, déjeme pensarlo no quiero dañar a mi hija con lo que pudiera hacer?. Le hable ?Quiero ver a mi familia de nuevo, solo que si no es así, no quiero permanecer sin tener relaciones sexuales por el resto de mi vida, te prometo que si aceptas, si salimos de esta isla, nunca se lo diré a nadie, solo lo veo como parte de hacer lo necesario para sobrevivir tan cómodamente como nos sea posible mientras estemos aquí, por lo tanto solo piensa en ello.? Me respondió que lo haría. Entonces me retire, nade por un rato sin saber lo que estaba pensando, tendría que esperar y ver que sucedía. Espere hasta la noche para regresar a la cabaña, ansiaba que solo hubiese una única cama doble, si ella lo hacía, sabría entonces que por lo menos estaría de acuerdo en que tendríamos que dormir juntos por el calor.Entre, mi suegra estaba ahí recostada en su lado de espaldas a mí, pero si, la cama era doble, así que me recosté a su lado y deslice mi mano abrazándola. Ella no se movió, así que permanecí así con mi mano alrededor de su vientre, mi cuerpo en posición de cuchara con mi verga apoyándose ligeramente contra sus nalgas, se sentía tan bien tener un cuerpo caliente contra el mío, permanecí así escuchando su respiración hasta que me quede dormido.

Me desperté temprano, sentí a mi suegra levantarse para ir al baño, un pozo excavado a unos 30 metros de la cabaña, me quede acostado como si estuviera dormido, a los pocos minutos volvió, me había girado más hacia mi lado, pude verla entrar en la cabaña, dirigiéndose directamente a la cama, se acostó detrás y me abrazo mientras se acerco más. Era una buena señal. Fue entonces cuando sentí como corría su mano debajo de mi camisa y acariciaba suavemente mi vientre, mi verga comenzó a ponerse dura de inmediato, mientras ella frotaba los músculos de mi abdomen, podía escuchar su respiración cerca de mi oído. Sentí su mano deslizarse dentro de mi pantalones y bajar para sujetar mi verga en con su mano. Mi verga mide aproximadamente 5 pulgadas cuando esta suave y 8.5 pulgadas cuando esta dura, además de que es bastante gruesa, se me permiten mencionarlo. Entonces hablo diciéndome que me girara boca arriba para poder ?ayudarme?. Hice como me indico sin decir una palabra. Mi verga estaba muy dura y ahora tumbado boca arriba, ella la tomo y la miró. Empezó a acariciarla despacio mientras levantaba su mirada de verga hasta mi cara. Yo cerré los ojos fingiendo no verla. Se inclino un poco y con su mano cogió mis bolas sintiendo su peso, luego las froto, luego tomo de nuevo mi verga en su mano y comenzó a sobarla con un ritmo lento. ?Cree que estoy haciéndolo bien?? Hablo suavemente. Asentí con la cabeza mientras veía su mano masturbándome.

Le susurre ?Creo que me voy regar? Escuchaba su respiración un poco más pesada, podía ver la emoción en sus ojos. Sabía que mi suegra quería veme terminar, me di cuenta por la mirada en su cara y por su respiración que no era tan normal. Siguió mirando mi cara durante unos segundos luego miro de nuevo mi verga. Era de esperar lo que sucedió, había pasado tanto tiempo que me iba a regar rápido, Se lo dije? Me estoy regando!? MI suegra acelero el movimiento de su mano y vi mi polla ponerse aún más dura si se podía, cuando el primer chorro salió, miro mi cara, mientras chorros de leche venían a estrellarse contra mi vientre saliendo escupidos de palpitante mi verga. Sentía mis bolas liberar toda le leche con el movimiento de su cálida y madura mano, era el mayor placer que podía sentir. Cuando vio que terminaba, soltó mi verga aun palpitante y extendiendo su mano cogió un trapo y se limpio el semen de su puño, luego lo paso sobre mi abdomen limpiando los chorros de caliente leche ahí depositados, y fue entonces que tímidamente sonrió preguntándome que si estaba bien así. ?Le dije que era lo mejor que podía sentir? y así lo era. ?Nunca lo había hecho antes? dijo. ?De verdad?? .?Sinceramente no lo había hecho nunca? Agrego ?Nunca masturbo a su marido?? .?No, solamente teníamos sexo los sábados por la noche, mi esposo llegaba se recostaba sobre mí, se satisfacía, terminaba, se bajaba y luego esperaba de nuevo hasta la semana que venía?, Dijo nostálgica.?Oh lo siento, no lo sabía? dije

?No se preocupe, realmente nunca supe de lo que me perdía? añadió ?Pensé que era mi deber ayudarlo, al ver todo lo que usted hace por mi aquí, creo que es su derecho, tenía una necesidad que satisfacer y aunque soy su suegra una mujer mayor, soy la única mujer aquí, usted es joven y si su satisfacción es necesaria, mientras mi hija no se entere, es mi deber ayudarle, pero por favor si alguna vez logramos salir de aquí, nunca vaya a decir una palabra sobre esto, moriría de vergüenza?. ?Créame señora que nunca nadie sabrá nada, le doy mi palabra, pero hay algo que pueda yo hacer por usted para demostrarle mi gratitud señora?? dije. Mi suegra me miro, insegura de responder y entonces hablo ?Bueno, quizás, esto puede parecerle extraño, soy una vieja mayor, pero podría mirarme mientras me acaricio?, siempre tuve la fantasía secreta de que alguien me mirase mientras lo hacía?. ?Claro que puedo hacerlo, con mucho gusto señora? Y no metía cuando lo decía. ?Entonces solo siéntese y observe, de acuerdo?, sé que soy una vieja mayor y repulsiva para usted probablemente, pero soy lo más cercano a su mujer que tengo en este momento? Agrego. ?Usted no es repulsiva para mi señora, no pensaría eso jamás? respondí. ?Mire yerno yo se que lo dice para que no me sienta mal, sin embargo creo que no debemos pasar de esto, lo he pensado y no debemos tener relaciones sexuales, eso ya es más de lo que necesitamos para sobrevivir? Dijo mi suegra. ?Está bien señora, sin embargo recuerde que estamos vivos y solos los únicos acá, así que si usted me ayuda masturbándome de vez en cuando o me deja mirarla mientras se acaricia es mucho más de lo que podría pedir, y se lo agradezco? Dije comprensivo

Entonces mi suegra sin decir nada más se levanto, se quito la blusa y luego bajo su vieja falda. Veía en su cara una mezcla de vergüenza pero a la vez cierta excitación y creo que esto último era lo que la estaba impulsando a hacer lo que decía. Quería cogérmela ahí mismo, pero iba a esperar, las cosas iban mejor de lo que esperaba y quizás ella misma cambiaria de opinión.Mi suegra se echo hacia atrás, cerró los ojos, y empezó a acariciar sus pezones provocando que sus senos se llenaran, abrió los ojos y me vio mirarla hacer esto. Mi verga empezó a endurecerse de nuevo, ella sonrió un poco avergonzada sonrojándose, mientras me decía que sentía un poco extraña. Le dije que no se preocupara y simplemente disfrutara de su fantasía. ?Se ve usted muy atractiva y caliente cuando se enrójese? Añadí. Ella sonrió de nuevo discretamente. ?No tiene sentido que sea usted tan tímida señora, si vamos a vivir casi como marido y mujer hasta que salgamos de aquí, así que nadie lo sabrá? Agregue. MI suegra me miro y sonriendo asintió. ?Claro además siempre he excito la idea de que alguien pudiera verme mientras me acariciaba? . ?Bueno entonces espero que no te molestes si yo también me acaricio mientras te veo hacerlo? dije. ?No, no me molestaría, además me haría pensar que disfruta al verme así y no que siente repulsión? Me sonrió. ?Entonces adelante, empiece cuando este lista señora? hable. Entonces mi suegra abrió mas las piernas mientras miraba mi reacción, vi como sostenía su coño abierto sin dejar de mirar lo que yo hacía. Mi verga estaba medio dura e iba a estar como una roca en pocos minutos, me eche hacia atrás tomándola en mi mano, seguía mirándola. ?De verdad sería capaz de terminar con solo mirarme? Dijo. ?Puede apostar a que si señora, no se imagina la cantidad de leche que podría arrojar con solo mirarla tocarse, se ve tan morbosamente caliente así suegra? Dije mirándola a los ojos. De nuevo sonrió.

Entonces empezó, sostuvo su raja abierta con su mano izquierda, y se lamio los dedos índice y medio, y comenzó a frotar su clítoris todavía mirándome directamente a los ojos, a medida que continuaba acariciándose empezó a exhalar cada 10 segundos. Yo comencé a acariciar mi verga dura como una roca lentamente disfrutando ahora simplemente observándola. Su vientre se contraía ajustándose a su respiración, sus piernas temblaban mientras ella cerraba los ojos y su respiración se incrementaba, temblaba más, y su vientre se contrajo con fuerza. El líquido pre seminal recorría mi verga, mientras ella lo miraba fijamente. Estaba ahí sentado frente a esta vieja de más de 60 años y estaba tan excitado como si fuera la más excitante mujer del planeta, sus grandes senos flácidos cayendo a cada lado de su vientre, coronados con pezones de color marrón rosado, como los de mi esposa, pero un poco más grandes que los de esta, estaban erectos ahora, su vientre tenía algunas estrías hasta su raja regordeta con muy pocos pelos canosos, era una raja gordita que parecía solo una hendija, podía ver los atisbos de su clítoris rosado asomándose entre sus labios marrón claro y arrugados un poco en el fondo, donde frotaba sus muslos al caminar. Luego extendió sus muslos regordetes, su raja estaba ya tan mojada que podía ver el brillo de sus jugos recorriendo su entrepierna hacia su culo. Cuanto más la miraba, mas quería ir hacia ella y simplemente clavarselo y cogérmela fuertemente, follar ese apretado, maduro y arrugado coño gordo. Podía ver sus jugos empapando su raja, ella estaba alcanzando un gran orgasmo con su yerno mirándola. Entonces me dijo ?Voy a terminar, termina conmigo!?

Estaba muy excitado estaba respirando con fuerza mientras me masturbaba mirándola, en mi lujuria medio susurre medio hable ?Señora puedo poner mi verga en la entrada de la ranura de su raja y disparar mi leche sobre su vientre, se que usted dijo que no vamos a tener relaciones sexuales, no se la voy a meter solamente quiero restregarle mi verga sobre su raja, es solamente como masturbarme sobre ella, me lo permitiría??. Ninguno de los dos detuvimos el ritmo de nuestros movimientos. Ella me miro y dijo entre gemidos? voy a terminar luego puedes hacerlo, de acuerdo?? . ?Oh si claro señora?, Estaba tan contento y excitado con la idea, solo frotar mi verga en ese madura raja mojada seria genial. Gimio de nuevo, ?venga aquí y prepárese yerno?. Ella concentro su mirada en mi dura verga que chorreada liquido seminal y comenzó a gemir más, su vientre se apretó por completo, vi como su raja se contraía y relajaba rápidamente al alcanzar el orgasmo, luego comenzó a disminuir conforme disminuían las sensaciones de placer, dejando escapar un gemido cuando alcanzo su orgasmo, su respiración era aun más pesada. Cuando estuvo cerca del final de su orgasmo, me susurro ?pues bien, adelante haga lo que necesita hacer? Me miro con los ojos vidriosos entreabiertos, me acerque y puse mi verga sobre su raja, se sentía caliente, frote mi verga sobre ella un par de veces, basto para que mi duro miembro estuviera cubierto de sus jugos, podía sentir los pliegues de su jugosa raja rodear mi verga, mi suegra comenzó a retorcerse mirando hacia abajo entre nosotros como mi verga se frotaba contra la parte superior de su raja, cada vez que bajaba sentía la cabeza hinchada de mi verga rozar sobre el agujero apretado de su vagina, ella gimio quedándose sin aliento, una sola embestida y hubiera sido suficiente para metérsela adentro y cogérmela hasta llenarle su madura raja de leche. Pero ella había sido muy cooperadora hasta ahora si esperaba un poco quizás finalmente ella misma me pediría que la metiese dentro.Ella gimio de nuevo desesperada ?Voy a terminar de nuevo, digame cuando este listo, quiero verlo terminar sobre mi yerno?. Le respondi jadeando que lo haría rápidamente, los labios de su madura raja acariciaban los lados de mi verga mientras la restregaba hacia atrás y hacia adelante sobre su raja, hasta el punto de hacer contacto con su clítoris, mi suegra temblaba cada vez que mi verga hacia contacto justo ahí.Cada vez que mi verga frotaba el aguejero de su raja respiraba aun mas profundo, pensé en lo que me encantaría meterla dentro, pero no quería arruinar el momento, quería que ella misma decidiera por su propia cuenta que necesitaba mi verga dentro.

Ella había levantado la cabeza y observaba cada movimiento, sabia que le gustaba verlos, entonces empezó a susurrarme ?que miembro tan grande tiene, no se si podría aguantarlo dentro?. Escucharla decir eso me envio hasta el borde mi excitación estaba al máximo, entonces le dije superexcitado ? Voy a terminar suegra?. Ella me miro a los ojos, se que todo lo que vio fui mi mirada vidriosa de lujuria por ella. Entonces echo las piernas aun mas atrás y las extendió lo mas amplio como pudo. Mantuvo sus ojos fijos en los mios y comenzó a decir ?Termine sobre mi, déjeme hacerlo sentir muy bien, déjeme darle el alivio que necesita?. Acelere el movimiento sobre su raja, ella centro los ojos en mi verga cuando empece a eyacular, miraba mi verga rozar su raja y me dijo ?Voy a correrme otra vez?, eso me hizo darle tres restregadas mas sobre su raja arrugada y flácida y entonces empece a disparar, la primera ráfaga fue directo directo a su barbilla, la potencia de mis chorros era muy fuerte ?Oh si démelo, lléneme con esos chorros calientes, termine sobre mi, oh si así, estoy terminando también ahhhh? gimio

El próximo chorro de esperma cayo sobre sus tetas, entonces las cogió y empezó a chupar la leche en sus pezones, aun con los ojos fijos en los chorros saliendo de mi polla, el siguiente disparo cayo en su vientre maduro y gordo. Me miro y con lujuria gimio ?Oh si que delicia, llene mi estomago viejo con el resto de su caliente esperma yerno?. Continue aun incluso después de que ella seguía temblando, frotaba mi verga que empezaba a suavizarse sobre su encharcada raja, ella me miro, y dijo aun gimiendo ?por favor ha sido demasiado, soy muy mayor por favor deténgase?. Yo la mire con mi cara llena de lujuria y deseo y sonreí, me detuve, dejando mi verga quieta sobre su mojada y madura raja el mayor tiempo posible. Ambos nos quedamos juntos y quietos durante un minuto o dos, luego repitió lo que había dicho antes ?Su miembro es enorme, no se si podría aguantarlo todo dentro?

Yo sonreí mientras la miraba. Conitnua?

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Tu amigo mi excita en Relatos eroticos de Infidelidad

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abril 1st, 2014 >> Relatos Eroticos

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Tu amigo mi excita en Relatos eroticos de Infidelidad (relatos eroticos )

Cocinó para mi. Como te indicó aquel día que dijiste que no vendrías a comer, vino a hacerme compañía, y no me dejó hacer nada. Me sentó en la cocina, encendió el fuego, y empezó a preparar un fantástico solomillo. Lucía imponente. Si no hubiese sido tu novia y él tu amigo creo que me lo habría follado en el mismo momento en que se remangó y comenzó a trocear la verdura. La partió como un gran cocinero, concentrado, rápido, fuerte, preciso.

Mientras, yo iba bebiendo del vino que había traído, y pensando en que por la noche, cuando volvieses, te follaría pensando en él.

Durante la comida estuvimos hablando de todo un poco. Anécdotas, trabajo, amores? Yo le interrogué sobre el sábado pasado, cuando se fue a casa de una preciosa rubia que conoció en el bar.

- Un caballero no presume de sus conquistas – me dijo intentando esquivar el tema.

Yo insistí, e insistí. Insistí hasta que me dijo que ella le quitó la ropa en el mismo salón. Pedí más detalles cuando me contó que lo hicieron por toda la casa. E incluso le pregunté cuando me dijo que ella quedó un poco dolorida.

- ¿Por la cantidad o por el tamaño?

Claramente el vino se estaba apoderando de mi. Pero más que el alcohol me afectó su respuesta.

- Por ambas – dijo, guiñándome un ojo.

Él se dio cuenta de que, sentados en el sofá, mi vestido se estaba subiendo demasiado. También se dio cuenta de que yo me había percatado ya de ello.

No me dejó ni levantarme a recoger la mesa. Cuando hubo metido todo en el lavavajillas, me hizo una propuesta.

- Te invito a una copa en el bar – me ofreció.

- Mejor te invito yo en el mueble bar.

Mientras sacaba los vasos y las copas él fue a por la cubitera.

- A ella le gustaron los hielos.

Reimos. Después, le miré.

- ¿Qué la hiciste?

Se acercó a mi. Muy cerca. Nuestros cuerpos se tocaban. Olía su colonia. Opium. Se puso a mi espalda, y rodeándome, me tapó los ojos. Su brazo rozaba mi pecho. Yo respiraba acelerada. Se me escapó un tímido gemido cuando posó el hielo en mi nuca. Me hizo encogerme. Siguió moviendo el cubito alrededor de mi cuello, haciendo un collar. Noté cómo al ponérmelo por delante perdí el habla. Paró ahí unos segundos. Noté una gota resbalando desde mi cuello hasta mi escote. Él, alto, desde detrás, tuvo que tener una visión perfecta de la gota colándose en mi sujetador, hasta perderse entre mis tetas, realzadas para la ocasión. Pero la humedad se trasladó a mis bragas.

- Joder – dije.

Él se separó y me sonrió. Se alejó como si no hubiese notado nada. Sirvió dos copas mientras yo le miraba y recuperaba el aliento, seria. Quizá demasiado.

- Disculpa si te he molestado, no suelo quedarme a solas con las novias de mis amigos, quizá me he propasado.

- No, no – respondí – Hay confianza – dije, quitando hierro a mi más que evidente excitación. Noté su paquete también más abultado de lo normal.

Mucho más.

Él parecía haberse quedado preocupado. Quizá para tranquilizarle, o quizá para provocarle, seguí.

- No te preocupes, de verdad. ¿Alguna cosa más que puedas contarme de la cita sin sobrepasarte con la novia de tu amigo? – reí.

Los tragos empezaban a hacer efecto.

- Pues la verdad es que tuvo la forma más peculiar de decirme que me acostase con ella que nunca había tenido. Me contó que estuvo de viaje por Perú, y que en un poblado, una vieja le regaló un collar. Y le dijo que tuviese cuidado con él, porque la mujer que se lo ponía se acostaba sin poderlo evitar con el hombre que tuviese enfrente.

Yo no pude parar de reir.

- ¿Y cómo era el collar?

Tu amigo fue a su abrigo y sacó la cartera de ahí.

- Me lo regaló, y desde entonces siempre lo llevo encima, ¡nunca se sabe!

Lo puso sobre la mesa, riendo, y cogió su copa.

- ¿Te gusta?

Era una sencilla cuerda negra con tres cristales en el medio. Lo cogí. Era extrañamente bonito.

Le miré.

Dio un sorbo más. Yo di un profundo trago a la mia antes de pasar la cuerda alrededor de mi cabeza. El frío del cristal me recordó al hielo. Las cuentas descansaban sobre mis tetas. No podía parar de mirarlas.

Me acerqué a él.

- Eres la novia de mi amigo.

- Es el collar.

Me senté a horcajadas sobre él, y nos besamos.

La copa que está rota en el salón se debe a cuando me tumbó sobre la mesa. Mi vestido subió hasta mi cintura, dejando mis braguitas expuestas a su mirada. No se molestó en quitármelas. Tan solo las apartó para comenzar a lamerme. Encajó su cabeza entre las piernas y me comió el coño como nunca me lo habían hecho, o eso pensé en ese momento. Estaba terriblemente cachonda, y notar su áspera lengua contra mi coño me emputeció más todavía. Sus manos jugaban en mis tetas, sin bajarme el sujetador, dejándolo a la vista. Yo me mordía los nudillos con una mano para no gemir como una auténtica perra, pero con la otra mano le apretaba más contra mi.

Con mi primer orgasmo no paró. Se levantó pero me penetró con dos dedos, y me folló con ellos con fuerza. Zas, zas, zas, zas, zas? Su pulgar jugaba con mi clítoris. Sus gordos dedos me abrían y prolongaron mi orgasmo durante uno o dos minutos hasta acabar en uno aún más fuerte con el que le mojé entero. Parecía que orinaba sobre él, pero era lo que sus manos me producían. No podía morderme más, me habría arrancado los dedos, así que grité y grité mientras él me miraba satisfecho.

Tu amigo me cogió en brazos. Tan solo sentir su fuerza creo que me volví a excitar.

Me llevó a la cama. Mirándome seguro desde el pie de la cama sacó un pañuelo. No dijo ni una sola palabra hasta que me vendó los ojos.

- Túmbate.

Obedecí, dócil. Esclava.

- Soy tuya.

Las palabras salieron de mi sin pensarlo.

Me quitó las bragas.

Durante un par de minutos no supe más. Después escuché ruido. Parecía sacar algo de su bolsa. Cuerdas. Con ellas me separó las manos y las piernas.

- ¿Hola? ¿Juan?

Me sobresalté. Parecía hablar por teléfono.

Contigo.

- ¡Qué tal! Me estoy tomando una copa en tu casa con María, espero que no te importe.

Tras un poco de silencio, durante el que supongo que le hablaste, respondió.

- Ahora te la paso, un momento.

Noté unos cascos en mis oídos. Me ponías el manos libres para que hablase con él.

- Hola, cariño.

Estabas locuaz. Me contaste cómo te había ido el día, mientras yo estaba atada en nuestra cama. Yo te conté lo rica que estaba la comida, y que nos habíamos puesto una copa de tu botella. No le conté cómo me puse cachonda al verle usar los cuchillos, ni el numerito del hielo. Ni el collar. Ni cómo me metió un consolador mientras todavía hablaba contigo. Ni, mientras me contabas que no llegarías hasta la noche, que me tuve que morder para no gritar al notar cómo me follaba con una polla de plástico que había traído. No confesé que cuando me dijiste eso conté las horas que tendría para estar con él. Para que no sospechases te pregunté, como siempre, qué querías de cenar. Y no te conté que al decirlo él comenzó con mi clítoris de postre.

Colgaste, y él paró, dejando mi siguiente orgasmo también en suspenso. Al hacerlo, puso música en los cascos. No oía nada. No podía moverme. Estaba totalmente a su merced.

Inmovilizada y aislada con la música, no podía hacer otra cosa que pensar en la situación. Sabías que había algo en él que me excitaba. Lo habías notado en algún día de fiesta. Creo incluso que un día que me emborraché acabamos los tres hablando del tamaño de su polla. No sé si lo soñé, pero cuando la noté sobre mis labios supe que mi imagen mental no estaba desencaminada.

Me quitó los cascos a la vez que empujaba su sexo entre mis labios.

Me hizo jugar con mi lengua en su glande, su enorme glande. Me daba golpecitos sobre ella. Me ordenaba. Lame. Abre la boca. Chupa. Me habría gustado agarrarla. Masturbarla con las dos manos. Pero estando atada no podía más que abrir la boca y dejarme follar los labios por esa verga.

No me había sacado el consolador. Quizá para abrirme.

Se puso sobre mi, con las rodillas a los lados de mi cabeza. Con una mano comenzó a pellizcarme el clítoris.

- Chupa.

Sus dedos jugaban en mi coño.

- Chupa.

El consolador entraba y salía de mi.

- Chupa.

La polla en mi boca, apenas su glande, no me dejaba gritar.

- Traga.

Se corrió despacio, en mi lengua. Intentando no atragantarme con su abundante corrida, que, no sé cómo, conseguí tragar sin soltar más que una gota por la comisura de mis labios. Recogió sa gota con un dedo que limpió en mis pezones. Gemí.

Se apartó de mi.

Me trajo un vaso de agua que me ayudó a beber, pero sin soltarme ni quitarme la venda.

- Gracias.

- ¿Todavía quieres ser mia?

No lo dudé. En ese momento no era tu novia. Era un coño húmedo, esperando a ser violada por su amante.

- Sí.

Me sacó el consolador.

Oí tela rasgándose justo antes de notar el frío contacto de lo que parecían unas tijeras sobre mi piel. Me cortaba el vestido. Zas, zas, zas. Rozaba mi piel intencionadamente. Mis pezones reaccionaron. Mi sujetador se libró de su hoja por tener cierre delantero, que soltó liberando por fin mis tetas. Zas, zas. Con un par de cortes más, y un tirón, quedé desnuda ante él. Esa mañana, casualmente, me había rasurado.

Casualmente.

- Tienes un pecho precioso.

Lo acarició con ternura primero. Después las apretó, antes de trabajar mis pezones. Sus labios pasaron de mis ellos a susurrarme al oído.

- Te voy a follar.

Mi clítoris saltó como un resorte al oir esas palabras. Se puso sobre mi. Su polla, ya recuperada, comenzó a separar mis labios al penetrarme. Gemí con cada milímetro que entró en mi cuerpo. Y fueron muchos. Y con cada milímetro que su grosor me partía. Y fueron muchos más. Si no hubiese estado atada le habría desgarrado la piel de placer.

Me besó. Casi no pude corresponderle, disfrutando de su tranca. Admito que lo había fantaseado a veces, pero la realidad superaba los sueños. Su polla superaba mis expectativas. La presión de su cuerpo me hacía estremecer. Me penetró una, dos, mil veces. Despacio, haciéndome disfrutar cada segundo.

- Yo también había fantaseado con esto – susurró, aumentando el ritmo. Yo no podía hablar.

- Hoy vas a ser mi puta – y volvió a subir la velocidad.

- Hoy cumplirás todos tus deseos – y subió aún más.

- Y ahora te vas a correr – y me lo hizo hacer. Me hizo acabar follándome como un animal. Un toro entre mis piernas me hizo gritar. El mayor orgasmo de mi vida, la mayor corrida imaginable mientras él me penetraba sin inmutarse, como una máquina, lejos de acabar. Yo gritaba, juraba, maldecía, le amaba, le odiaba? Me volvería adicta a la polla de ese hijo de puta.

Salió de mi con calma. Al notar la punta separándose de mi piel ya la extrañé.

- No te preocupes, vas a tener polla de sobra.

Me desató, despacio. Quizá por seguir vendada todos mis sentidos estaban más receptivos. Entre ellos, mi clítoris. Un simple roce bastaba para hacerme gemir.

- Ponte a cuatro patas.

Lo hice. Su verga se coló entre mis labios, pero esta vez la pude agarrar. Dos manos y todavía podía chupar un buen pedazo de carne. Lamía desatada. Me sentía primitiva, básica, pasto de mi deseo. Me excitaba intentar hacer disfrutar a ese macho. A veces me la sacaba para cascarle con todas mis fuerzas. Me habría gustado ver su mirada intentando torpemente meterme más y más en mi boca. Apenas conseguí la mitad.

Noté algo frío chorreando en mi culo.

- Te estoy echando lubricante, no quiero que acabes como la rubia y esta noche no puedas follarte a tu novio.

No pensaba en ti. Lo admito. Sólo pensaba en chupar esa verga. En que me alegré cuando la sacó de mi garganta para dirigirse tras de mi. Para follarme. No estaba pensando en ti cuando le pedí que me la metiese hasta el fondo. Cuando me cogió del culo para empezar a entrar y salir de mi, con mis manos retorciendo nuestro edredón.

No pensaba en ti cuando me cogió el pelo para que levantase la cabeza y curvase mi espalda, para que viese mis tetas bamboleándose en el espejo. Cuando sus embestidas hacían a sus huevos chocar con mi clítoris.

Estaría viendo el collar. Probablemente la historia era mentira y sólo fue la excusa para que yo empezase.

No pensaba en ti cuando me dijo que dejase de gemir y comenzase a chupar. ¿Chupar el qué?

No pensaba en ti cuando me di cuenta de lo que me estaba pidiendo. Cuando, sin dejar de ser follada por tu amigo, otra polla se coló en mi boca. La agarré. Casi tan larga como la suya. Dura. Algo más estrecha.

Él me quitó la venda, pero no necesité abrir los ojos para distinguir tu pene llegando hasta mi garganta mientras él me agarraba por las caderas. Me mirabas sonriente. Después hablaríamos.

Ahora, follemos.

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marzo 31st, 2014 >> Relatos Eroticos

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Tu amigo mi excita en Relatos eroticos de Infidelidad (relatos eroticos )

Cocinó para mi. Como te indicó aquel día que dijiste que no vendrías a comer, vino a hacerme compañía, y no me dejó hacer nada. Me sentó en la cocina, encendió el fuego, y empezó a preparar un fantástico solomillo. Lucía imponente. Si no hubiese sido tu novia y él tu amigo creo que me lo habría follado en el mismo momento en que se remangó y comenzó a trocear la verdura. La partió como un gran cocinero, concentrado, rápido, fuerte, preciso.

Mientras, yo iba bebiendo del vino que había traído, y pensando en que por la noche, cuando volvieses, te follaría pensando en él.

Durante la comida estuvimos hablando de todo un poco. Anécdotas, trabajo, amores? Yo le interrogué sobre el sábado pasado, cuando se fue a casa de una preciosa rubia que conoció en el bar.

- Un caballero no presume de sus conquistas – me dijo intentando esquivar el tema.

Yo insistí, e insistí. Insistí hasta que me dijo que ella le quitó la ropa en el mismo salón. Pedí más detalles cuando me contó que lo hicieron por toda la casa. E incluso le pregunté cuando me dijo que ella quedó un poco dolorida.

- ¿Por la cantidad o por el tamaño?

Claramente el vino se estaba apoderando de mi. Pero más que el alcohol me afectó su respuesta.

- Por ambas – dijo, guiñándome un ojo.

Él se dio cuenta de que, sentados en el sofá, mi vestido se estaba subiendo demasiado. También se dio cuenta de que yo me había percatado ya de ello.

No me dejó ni levantarme a recoger la mesa. Cuando hubo metido todo en el lavavajillas, me hizo una propuesta.

- Te invito a una copa en el bar – me ofreció.

- Mejor te invito yo en el mueble bar.

Mientras sacaba los vasos y las copas él fue a por la cubitera.

- A ella le gustaron los hielos.

Reimos. Después, le miré.

- ¿Qué la hiciste?

Se acercó a mi. Muy cerca. Nuestros cuerpos se tocaban. Olía su colonia. Opium. Se puso a mi espalda, y rodeándome, me tapó los ojos. Su brazo rozaba mi pecho. Yo respiraba acelerada. Se me escapó un tímido gemido cuando posó el hielo en mi nuca. Me hizo encogerme. Siguió moviendo el cubito alrededor de mi cuello, haciendo un collar. Noté cómo al ponérmelo por delante perdí el habla. Paró ahí unos segundos. Noté una gota resbalando desde mi cuello hasta mi escote. Él, alto, desde detrás, tuvo que tener una visión perfecta de la gota colándose en mi sujetador, hasta perderse entre mis tetas, realzadas para la ocasión. Pero la humedad se trasladó a mis bragas.

- Joder – dije.

Él se separó y me sonrió. Se alejó como si no hubiese notado nada. Sirvió dos copas mientras yo le miraba y recuperaba el aliento, seria. Quizá demasiado.

- Disculpa si te he molestado, no suelo quedarme a solas con las novias de mis amigos, quizá me he propasado.

- No, no – respondí – Hay confianza – dije, quitando hierro a mi más que evidente excitación. Noté su paquete también más abultado de lo normal.

Mucho más.

Él parecía haberse quedado preocupado. Quizá para tranquilizarle, o quizá para provocarle, seguí.

- No te preocupes, de verdad. ¿Alguna cosa más que puedas contarme de la cita sin sobrepasarte con la novia de tu amigo? – reí.

Los tragos empezaban a hacer efecto.

- Pues la verdad es que tuvo la forma más peculiar de decirme que me acostase con ella que nunca había tenido. Me contó que estuvo de viaje por Perú, y que en un poblado, una vieja le regaló un collar. Y le dijo que tuviese cuidado con él, porque la mujer que se lo ponía se acostaba sin poderlo evitar con el hombre que tuviese enfrente.

Yo no pude parar de reir.

- ¿Y cómo era el collar?

Tu amigo fue a su abrigo y sacó la cartera de ahí.

- Me lo regaló, y desde entonces siempre lo llevo encima, ¡nunca se sabe!

Lo puso sobre la mesa, riendo, y cogió su copa.

- ¿Te gusta?

Era una sencilla cuerda negra con tres cristales en el medio. Lo cogí. Era extrañamente bonito.

Le miré.

Dio un sorbo más. Yo di un profundo trago a la mia antes de pasar la cuerda alrededor de mi cabeza. El frío del cristal me recordó al hielo. Las cuentas descansaban sobre mis tetas. No podía parar de mirarlas.

Me acerqué a él.

- Eres la novia de mi amigo.

- Es el collar.

Me senté a horcajadas sobre él, y nos besamos.

La copa que está rota en el salón se debe a cuando me tumbó sobre la mesa. Mi vestido subió hasta mi cintura, dejando mis braguitas expuestas a su mirada. No se molestó en quitármelas. Tan solo las apartó para comenzar a lamerme. Encajó su cabeza entre las piernas y me comió el coño como nunca me lo habían hecho, o eso pensé en ese momento. Estaba terriblemente cachonda, y notar su áspera lengua contra mi coño me emputeció más todavía. Sus manos jugaban en mis tetas, sin bajarme el sujetador, dejándolo a la vista. Yo me mordía los nudillos con una mano para no gemir como una auténtica perra, pero con la otra mano le apretaba más contra mi.

Con mi primer orgasmo no paró. Se levantó pero me penetró con dos dedos, y me folló con ellos con fuerza. Zas, zas, zas, zas, zas? Su pulgar jugaba con mi clítoris. Sus gordos dedos me abrían y prolongaron mi orgasmo durante uno o dos minutos hasta acabar en uno aún más fuerte con el que le mojé entero. Parecía que orinaba sobre él, pero era lo que sus manos me producían. No podía morderme más, me habría arrancado los dedos, así que grité y grité mientras él me miraba satisfecho.

Tu amigo me cogió en brazos. Tan solo sentir su fuerza creo que me volví a excitar.

Me llevó a la cama. Mirándome seguro desde el pie de la cama sacó un pañuelo. No dijo ni una sola palabra hasta que me vendó los ojos.

- Túmbate.

Obedecí, dócil. Esclava.

- Soy tuya.

Las palabras salieron de mi sin pensarlo.

Me quitó las bragas.

Durante un par de minutos no supe más. Después escuché ruido. Parecía sacar algo de su bolsa. Cuerdas. Con ellas me separó las manos y las piernas.

- ¿Hola? ¿Juan?

Me sobresalté. Parecía hablar por teléfono.

Contigo.

- ¡Qué tal! Me estoy tomando una copa en tu casa con María, espero que no te importe.

Tras un poco de silencio, durante el que supongo que le hablaste, respondió.

- Ahora te la paso, un momento.

Noté unos cascos en mis oídos. Me ponías el manos libres para que hablase con él.

- Hola, cariño.

Estabas locuaz. Me contaste cómo te había ido el día, mientras yo estaba atada en nuestra cama. Yo te conté lo rica que estaba la comida, y que nos habíamos puesto una copa de tu botella. No le conté cómo me puse cachonda al verle usar los cuchillos, ni el numerito del hielo. Ni el collar. Ni cómo me metió un consolador mientras todavía hablaba contigo. Ni, mientras me contabas que no llegarías hasta la noche, que me tuve que morder para no gritar al notar cómo me follaba con una polla de plástico que había traído. No confesé que cuando me dijiste eso conté las horas que tendría para estar con él. Para que no sospechases te pregunté, como siempre, qué querías de cenar. Y no te conté que al decirlo él comenzó con mi clítoris de postre.

Colgaste, y él paró, dejando mi siguiente orgasmo también en suspenso. Al hacerlo, puso música en los cascos. No oía nada. No podía moverme. Estaba totalmente a su merced.

Inmovilizada y aislada con la música, no podía hacer otra cosa que pensar en la situación. Sabías que había algo en él que me excitaba. Lo habías notado en algún día de fiesta. Creo incluso que un día que me emborraché acabamos los tres hablando del tamaño de su polla. No sé si lo soñé, pero cuando la noté sobre mis labios supe que mi imagen mental no estaba desencaminada.

Me quitó los cascos a la vez que empujaba su sexo entre mis labios.

Me hizo jugar con mi lengua en su glande, su enorme glande. Me daba golpecitos sobre ella. Me ordenaba. Lame. Abre la boca. Chupa. Me habría gustado agarrarla. Masturbarla con las dos manos. Pero estando atada no podía más que abrir la boca y dejarme follar los labios por esa verga.

No me había sacado el consolador. Quizá para abrirme.

Se puso sobre mi, con las rodillas a los lados de mi cabeza. Con una mano comenzó a pellizcarme el clítoris.

- Chupa.

Sus dedos jugaban en mi coño.

- Chupa.

El consolador entraba y salía de mi.

- Chupa.

La polla en mi boca, apenas su glande, no me dejaba gritar.

- Traga.

Se corrió despacio, en mi lengua. Intentando no atragantarme con su abundante corrida, que, no sé cómo, conseguí tragar sin soltar más que una gota por la comisura de mis labios. Recogió sa gota con un dedo que limpió en mis pezones. Gemí.

Se apartó de mi.

Me trajo un vaso de agua que me ayudó a beber, pero sin soltarme ni quitarme la venda.

- Gracias.

- ¿Todavía quieres ser mia?

No lo dudé. En ese momento no era tu novia. Era un coño húmedo, esperando a ser violada por su amante.

- Sí.

Me sacó el consolador.

Oí tela rasgándose justo antes de notar el frío contacto de lo que parecían unas tijeras sobre mi piel. Me cortaba el vestido. Zas, zas, zas. Rozaba mi piel intencionadamente. Mis pezones reaccionaron. Mi sujetador se libró de su hoja por tener cierre delantero, que soltó liberando por fin mis tetas. Zas, zas. Con un par de cortes más, y un tirón, quedé desnuda ante él. Esa mañana, casualmente, me había rasurado.

Casualmente.

- Tienes un pecho precioso.

Lo acarició con ternura primero. Después las apretó, antes de trabajar mis pezones. Sus labios pasaron de mis ellos a susurrarme al oído.

- Te voy a follar.

Mi clítoris saltó como un resorte al oir esas palabras. Se puso sobre mi. Su polla, ya recuperada, comenzó a separar mis labios al penetrarme. Gemí con cada milímetro que entró en mi cuerpo. Y fueron muchos. Y con cada milímetro que su grosor me partía. Y fueron muchos más. Si no hubiese estado atada le habría desgarrado la piel de placer.

Me besó. Casi no pude corresponderle, disfrutando de su tranca. Admito que lo había fantaseado a veces, pero la realidad superaba los sueños. Su polla superaba mis expectativas. La presión de su cuerpo me hacía estremecer. Me penetró una, dos, mil veces. Despacio, haciéndome disfrutar cada segundo.

- Yo también había fantaseado con esto – susurró, aumentando el ritmo. Yo no podía hablar.

- Hoy vas a ser mi puta – y volvió a subir la velocidad.

- Hoy cumplirás todos tus deseos – y subió aún más.

- Y ahora te vas a correr – y me lo hizo hacer. Me hizo acabar follándome como un animal. Un toro entre mis piernas me hizo gritar. El mayor orgasmo de mi vida, la mayor corrida imaginable mientras él me penetraba sin inmutarse, como una máquina, lejos de acabar. Yo gritaba, juraba, maldecía, le amaba, le odiaba? Me volvería adicta a la polla de ese hijo de puta.

Salió de mi con calma. Al notar la punta separándose de mi piel ya la extrañé.

- No te preocupes, vas a tener polla de sobra.

Me desató, despacio. Quizá por seguir vendada todos mis sentidos estaban más receptivos. Entre ellos, mi clítoris. Un simple roce bastaba para hacerme gemir.

- Ponte a cuatro patas.

Lo hice. Su verga se coló entre mis labios, pero esta vez la pude agarrar. Dos manos y todavía podía chupar un buen pedazo de carne. Lamía desatada. Me sentía primitiva, básica, pasto de mi deseo. Me excitaba intentar hacer disfrutar a ese macho. A veces me la sacaba para cascarle con todas mis fuerzas. Me habría gustado ver su mirada intentando torpemente meterme más y más en mi boca. Apenas conseguí la mitad.

Noté algo frío chorreando en mi culo.

- Te estoy echando lubricante, no quiero que acabes como la rubia y esta noche no puedas follarte a tu novio.

No pensaba en ti. Lo admito. Sólo pensaba en chupar esa verga. En que me alegré cuando la sacó de mi garganta para dirigirse tras de mi. Para follarme. No estaba pensando en ti cuando le pedí que me la metiese hasta el fondo. Cuando me cogió del culo para empezar a entrar y salir de mi, con mis manos retorciendo nuestro edredón.

No pensaba en ti cuando me cogió el pelo para que levantase la cabeza y curvase mi espalda, para que viese mis tetas bamboleándose en el espejo. Cuando sus embestidas hacían a sus huevos chocar con mi clítoris.

Estaría viendo el collar. Probablemente la historia era mentira y sólo fue la excusa para que yo empezase.

No pensaba en ti cuando me dijo que dejase de gemir y comenzase a chupar. ¿Chupar el qué?

No pensaba en ti cuando me di cuenta de lo que me estaba pidiendo. Cuando, sin dejar de ser follada por tu amigo, otra polla se coló en mi boca. La agarré. Casi tan larga como la suya. Dura. Algo más estrecha.

Él me quitó la venda, pero no necesité abrir los ojos para distinguir tu pene llegando hasta mi garganta mientras él me agarraba por las caderas. Me mirabas sonriente. Después hablaríamos.

Ahora, follemos.

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La primer bailarina (Juegos Eroticos)

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marzo 13th, 2014 >> Juegos Pornos

La primer bailarina (Juegos Eroticos) (juegos pornos )

» Jugar: La primer bailarina

La primer bailarina (Juegos Eroticos) (juegos pornos )

La primer bailarina

Juego en el que debes ayudar a la primer bailarina a conseguir su puesto. Escoge los diálogos correctos y folla a quien puedas.

Controles: El ratón.


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