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La madre de mi amigo en Relatos eroticos de Maduras

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marzo 7th, 2014 >> Relatos Eroticos

La madre de mi amigo en Relatos eroticos de Maduras (relatos eroticos )

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La madre de mi amigo en Relatos eroticos de Maduras (relatos eroticos )

-¡Jano!- Gritó mi mamá.

-¡¿Qué?!

-¡José te busca!

-¡Dile que suba!

Se abrió la puerta y entró mi amigo.

-¿Qué haces?- Preguntó.

-Armando un cohete a escala- Respondí sardónico.- ¿Que no ves que estoy acostado?- Efectivamente estaba acostado, con un montón de revistas porno que había tomado prestadas a mi hermano. José se sentó a mi lado y comenzó a hojearlas conmigo. Estuvimos un rato en silencio admirando la maravillosa constitución biológica de las modelos.

-¿Viste esta?- Me enseñó la imagen de una morena de tetas enormes.

-Me gusta más esta-. Le mostré la foto que estaba mirando hace ya un buen rato. Al verla, frunció el ceño y me dio un puñetazo en el estómago. Me reí ante su reacción.

-No seas imbécil, no tiene nada que ver con tu mamá.- La chica que le mostré era una pelirroja pecosa, sin muchos atributos en comparación a las otras, pero era más linda de rostro que todas.

De seguro se lo tomó a pecho porque su mamá también es pelirroja y no era ninguna novedad que fuera la sensación del barrio. A casi todos los hombres les gustaba, y no era sorpresa. Era una mujer espectacular. A sus casi cuarenta años tenía un cuerpo curvilíneo. Gran culo, grandes tetas, cintura de avispa y una piel demasiado blanca, que hacía resaltar aún más su cabello anaranjado, porque no era rojo, era naranjo. Eso la había hecho ganarse el apodo de ?La Colorina? y a mi amigo el apodo de el ?Fanta?, ya que había heredado el mismo color de cabello de su madre. Podías distinguirlos a cuadras de distancia.

Muchos la deseaban, incluso mi padre, e incluso mi hermano mayor, que tenía dieciocho. Él a veces solía decirme que tenía pinta de ?depredadora sexual?, a pesar de ello, nunca dio a pie a que hablaran mal de ella, pues tenía buena relación con los vecinos hasta cierto punto. Nunca llegaba a sobrepasarse con nadie, manteniendo así la cordialidad y la intimidad con todos, además, ella poseía un carácter muy juvenil. Todos conocíamos su risa fresca y alborotadora.

Por eso, mi amigo el Fanta siempre se enojaba cuando alguien hablaba de su madre, o si insinuaban algo con respecto a ella, porque era consiente delo que su mamá provocaba en el sexo masculino. Yo antes solía pasar gran tiempo de mis días en su hogar, sobretodo porque José se sentía solo. Su viejo era camionero y pasaba tres semanas fuera y una en casa, hasta que por alguna razón comencé a sentirme incómodo allí. Había algo en la forma que ella, la Colorina, tenía al mirarme, que hacía que me intranquilizara. No lo sé, sus gestos hacia mí, sus roces casuales? algo.

-Ni te atrevas a pensarlo-. Me advirtió. Me reí con fuerza, esa señora me ganaba casi por veinticuatro años.

-Vale, buscaré a otra con quién hacerlo.- Fingí molestia.

-¿Aún no lo haces?- Me preguntó mi amigo. Lo miré como diciendo: ?No hagas preguntas idiotas?. Rió.

-¿Y tú?- Contraataqué.

-Y eh? casi.

-¿Casi?- Me mofé-. Es un sí o un no.

-Y eh?no.- Admitió al fin. Carcajeé y le pegué un revistazo porno en la cabeza.

-Deja eso niñato. Venía invitarte a mi casa.

-¿Para qué?

-Mi papá antes de irse, me compró el nuevo GTA.

-¿El GTA cinco?

Asintió con presunción.

-¿Y por qué no jugamos aquí?- No quería ir a su casa.

-Vamos, no seas mala onda. No quiero dejar a mi vieja sola, siempre se deprime cuando mi papá se va.

Lo pensé un rato, quizá después de todo, sólo era mi imaginación, así que accedí. Le pedí permiso a mi mamá y me fui con José a su casa. Subimos a su habitación, y como siempre, estaba reluciente, en comparación a la mía que era un auténtico chiquero. Cuando iba a sentarme en la alfombra, la puerta se abre y aparece su mamá. Tragué saliva instintivamente.

Sabía que no tenía que mirarla fijamente, o si no Fanta se daría cuenta y armaría un escándalo. Sin embargo, el impacto de su belleza no disminuía ni aunque la viese cien veces al día. Jamás en mi vida había visto un par de ojos más negros que los suyos, y a sabiendas de su hermosura, no tenía la necesidad de maquillarse, con suerte se encrespaba las pestañas.

Esta vez traía un vestido corto, a tiras, con un gran escote. Me obligué a mirarla a los ojos. Calzaba unas sandalias y como siempre, su cabello largo y colorín estaba libre. Al verme, me sonrió al instante.

-¡Hola!- Me saludó, acercándose. Me puso las manos en los hombros, estudiándome- ¡Cómo has crecido! Si parece que no te veo hace años, en vez de meses ?. Dijo mientras me besaba con fuerza en la mejilla. Olía a dulces.

-He crecido un poquito.- Murmuré entre dientes, aquella mujer me cohibía.

-¿Un poquito?- Se burló, alzando una ceja caoba. Sentí mis mejillas arder.

-Ya mamá, no sigas avergonzándolo.- Intervino mi amigo. Le pegué un codazo fuerte en las costillas para que se callara y no siguiera resaltando lo obvio. Ella rió desvergonzada y estrepitosa, su risa resonó por toda la habitación, como si le hubiesen contado el mejor chiste de su vida.

-Vale, vale, los dejo.- Acarició la mejilla de Fanta y volteó para irse, pero antes de cerrar la puerta, giró un tanto hacia mi dirección y me guiñó un ojo. Tragué saliva, ¿A qué iba eso? Mire a mi amigo que pareció no percatarse al estar conectando el Play.

Toda la tarde que pasé allí, no pude dejar de sentirme turbado por alguna razón. Supuse que era por el hecho de estar en un hogar ajeno. No supe qué horas eran hasta que la voz de la? Señora? nos trajo de vuelta al mundo real, sin duda el GTA te absorbe.

-¡Hijo!- Gritó desde el primer piso- ¡Ve a comprar el pan!

-¡Ya!- Respondió Fanta, sin soltar el joystick. Observé por la ventana y vi que estaba oscureciendo.

-¿Qué hora es?- Le pregunté.

-No sé- Respondió aún absorto en el juego.

-Tengo que irme, mi vieja debe estar preocupada.

-Deja pasar esta y bajamos.

Cuando lo hicimos, olisqueé un suave olor a cebollas asadas, todo mi estómago rugió de hambre. Alguien estaba preparando la cena. Nos dirigimos a la cocina y nos encontramos con la mamá de mi amigo, enfrascada en cortar unos trozos de carne, aunque no parecía estar cocinando. No sé, la imagen de mi madre cocinando es con un delantal ancho, todo roñoso y con manchas de aceite eternas que no salían ni con cien lavados, y muy, muy poco femenina. En cambio ella parecía conservar toda la delicadeza de una mujer al hacerlo. Seguía con su vestido floreado, cubierto por un delantal que se ceñía demasiado a su cuerpo. Su cabello estaba tomado y relucía aún más naranjo gracias a la luz artificial de la ampolleta.

-Mamá- Habló Fanta, llamando su atención- Voy a dejar al Jano y de vuelta compro el pan.

-¿Pero cómo? ¿No te quedarás a cenar?- Me preguntó torciéndose hacia nosotros. Su cara redonda lucía más infantil con el pelo tomado.

-No, gracias. Es que ya es tarde y mi mamá debe estar preocupada. ? Me excusé.

-No te preocupes por eso, si te dice algo, yo hablo con ella. No puedo dejar que te vayas sin comer algo, han estado todo el día encerrados, haciendo quizá qué cosas.- Dijo irónica entrecerrando los ojos. Los tres reímos.

-No seas tonta mamá. Entonces, vamos a comprar y volvemos, ¿No?- Inquirió dirigiéndose a mí.

-Vale.- Accedí.

-Ve tú a comprar pan, hijo.- Interrumpió su mamá.- Necesito que alguien ponga la mesa mientras me doy una ducha.

Dejé de respirar, no quería quedarme a solas con ella. Sí, soy un capullo, pero ella me intimidaba demasiado. Las manos me sudaron un poco de solo imaginarlo.

Fanta fue a comprar el pan y la ?Señora? fue a tomar su ducha. Un tanto más relajado sin su presencia, me dediqué a colocar el mantel en el comedor de diario de la cocina, los servicios, los vasos y de vez en cuando revolvía lo que parecía ser un guiso. Cuando estaba en ello, sentí una presencia a mis espaldas y me giro para ver quién era, y de manera instantánea sufrí una erección. La mamá de mi amigo estaba semi desnuda intentando apagar el calefón de la cocina. Una toalla violeta la envolvía, tratando de cubrir su carnoso cuerpo. Sus piernas extremadamente blancas, aparecían torneadas y fibrosas. Su culo (¡Dios mío!) su culo, su enorme culo apenas era tapado por la toalla, y su espalda lucía tersa sin nada que entorpeciera su belleza de mármol. Ella aparentaba no notar mi presencia mientras se inclinaba tratando de desconectar el aparato que daba agua caliente a la casa; y al hacerlo, pude atisbar un poco lo que parecía ser la entrada de su coño.

Abrí los ojos de forma exagerada y redirigí mi vista hacia la olla en el fuego y retomé la tarea de revolver el guiso, aunque ahora lo hacía casi de forma robótica, como si mis extremidades no respondieran al cien por ciento las órdenes de mi cerebro.

-¿Cómo va eso?- Preguntó caminando hacia mí.

-Bien, va? bien.- Respondí sin saber a qué se refería, fingiendo que no había notado su desnudez. Aún traía el cabello tomado, con algunos mechones húmedos pegados a su nuca y rostro.

-¿A ver? Déjame probar-. Se situó a mi lado y me quitó la paleta. Al hacerlo, sus dedos rozaron el dorso de mi mano. Sentí su piel fría y una corriente hizo que se me erizaran todos los pelos del cuerpo. Traté de no mirarla, sabía que si lo hacía, mis ojos se irían a ese gran par de tetas. Probó un poco de la cocción y frunció los labios.

-Le falta sal. ¿Me la pasas?- Pidió sin mirarme.

-Si señora.- Respondí nervioso, tratando de resguardar mi polla más que erecta. Busqué por encima de la alacena sin éxito.

-Está dentro del estante, a un lado del aceite.- Informó al ver que no la encontraba.

-Si señora.

-No me digas señora- Me reprochó-. Me hace sentir vieja-. Le pasé la sal y me sonrió pícara, con algo oculto dentro de sus ojos negros.

-Está bien señora, es decir?- Me interrumpí a mí mismo, ¿Puedo ser más idiota? Ambos nos miramos y reímos ante mi estupidez.

-Dime ?Tía?. Así me llaman los otros amiguitos de José.

-Está bien.- Asentí mecánico, sin saber aún cómo comportarme ante la diosa desnuda que mi amigo tenía por madre.

Añadió un poco de sal a la cacerola y volvió a degustar la comida.

-Ahora sí que sí, Janito. Mira, pruébala.- Acercó la paleta de palo hacia mi boca y esperó a que yo la probara. Crucé las manos por delante de mi entrepierna y abrí la boca tímidamente. Allegó la paleta más hacia mí y testeé la comida. Sinceramente, incluso si hubiese sabido a mierda, no me hubiera dado cuenta, ya que había cedido a la tentación.

Al estar frente a frente a ella, mis ojos bajaron y se quedaron plantados en sus senos. La toalla los apretaba, haciendo que se abultaran y lucieran más grandes.

-¿Está rica?- Preguntó.

-Muy ricas.- Respondí distraído. Oí que rió bajito y subí mi mirada hacia ella.- Este? muy rica quise decir.

-Iré a vestirme.- Dijo de pronto, sin darle importancia a mi desubicación.

Cuando desapareció de mi vista, caí en la cuenta de que estuve conteniendo el aire. La sangre parecía haber huido de todo mi cuerpo para ubicarse en dos lugares: La cara y cómo no, mi pene, que parecía un vibrador a pilas.

Cuando llegó mi amigo cenamos tranquilamente, aunque claro, traté de sentarme lo más lejos posible de ella y rehuí de su mirada todo el tiempo. Sólo quería escapar de allí, mas, para mi desgracia, mi amigo me pidió que me quedara allí, diciendo que podríamos jugar hasta tarde. Decliné la oferta argumentando que tenía que preguntarle a mi mamá primero.

-Deja llamarla, de seguro a mí me dice que sí.- Sugirió José. Era obvio que mi mamá le diría que sí a él. Mientras Fanta llamaba, observé como su mamá recogía la mesa, sin prestar una mínima atención a nuestros planes. Era exquisita, era la MILF perfecta, que llenaba todos los requisitos, ¿Por qué quería escapar de ella? Sí eran ciertas mis conclusiones, tendría que estar haciendo todo lo contrario, debería buscar la forma de que algo pasara, ¿Por qué entonces? Porque eres un capullo, me respondió mi subconsciente. No, no era por eso, era por Fanta? Nah, era porque era un cobarde de tomo y lomo.

Al fin, mi mamá concedió su permiso para que pasara la noche allí, es más, mi mamá parecía más alegre de lo normal al darme permiso.

Antes de ir a acostarnos, ella se despidió de nosotros, esta vez sin muestras de acoso conmigo, lo que me decepcionó un poco, al parecer, sí era mi imaginación después de todo. Estuvimos jugando hasta como a las dos de la mañana, hasta que nos aburrimos. José tenía una cama nido, así que lo único que tuve que hacer fue taparme con algunas frazadas. Él se durmió al instante, era típico en él. Fuera donde fuera, si tenía sueño, dormía como un tronco, en cambio yo de por sí tenía el sueño escaso, de por sí no podía dormir bien en casas ajenas y de por sí, la presencia de la Colorina me ahuyentaba toda posibilidad de reposo.

Estaba que me meaba, pero esperé hasta no escuchar ni un ruido para ir al baño.

Bajé al primer piso, que es donde se encontraba el baño, pero cuando iba llegando a la puerta, vislumbre una luz que provenía desde dentro. ¡Mierda!

-¿Quién está allí?- Preguntó ella.

-Soy yo, tía.- Respondí acercándome. La Colorina abrió la puerta y casi me da un infarto. Tenía puesto un babydoll negro, de satén o seda, qué se yo, que resaltaba aún más el blanco enfermizo de su piel.

-Janito, eres tú. Me asusté por un momento-. Reveló mientras volvía a mirarse al espejo, al parecer estaba echándose de las mismas cremas que usa mi mamá para las arrugas, aunque parecían funcionarle mejor a la Colorina.

Las ganas de orinar se fueron a la mierda, sobretodo porque yo sólo llevaba puesto el bóxer, y ahora ambos estábamos semi desnudos. Instintivamente volví a cubrirme la entrepierna con mis manos.

-¿No vas a entrar?- Inquirió volviéndose hacia mí. Me quedé en silencio-. ¡Ay, pasa! No seas tímido- Me azuzó. Me quedé en el umbral de la puerta, sopesando la posibilidad de entrar. Rió y volvió a mirarse al espejo con mofa. El pelo cobrizo pasaba su cintura? era tan lacio, tan luminoso. Las rodillas me temblaron de sólo pensar lo que había debajo de ese camisón. ¿Qué haría otro chico en mi lugar? Más bien, ¿Qué haría mi hermano en mi lugar? Y la sola idea de imaginarme el rostro de él al contarle esto y lo que sucedió hoy en la cocina, me animó a entrar.

Carraspeé para darme ínfulas de hombre mayor y pasé por detrás de ella. Me paré junto al inodoro, pensando si debía hacer lo que tenía que hacer (mear) o simplemente fingir que quería lavarme los dientes.

-¿Cierro la puerta para que estés más cómodo?-La miré por el espejo, mientras ella seguía embadurnándose con crema el rostro. ¿Significaba algo el que ella quisiera cerrarla? El estómago se volvió bola en mi vientre- ¿La cierro?- Preguntó de nuevo, esta vez contemplándome a través del espejo, nuestras miradas se cruzaron.

Asentí.

Giró y cerró la puerta sin darle importancia al hecho, y siguió mirándose al espejo.

Bien, ahora me tocaba actuar, o sea, mear. Inspiré con fuerza. Este es el paso. Bajé un poco el bóxer y mi erección apareció igual que esos payasos que salen de una caja al darle a la manija. Un subidón de vergüenza me llego a la cabeza al ver lo excitado que estaba. ¡Se suponía que quería mear! ¿Cómo mierda iba a hacerlo si la cabeza de mi pene me apuntaba al ombligo? Mátenme, mátenme ahora. Ni siquiera quise levantar la vista por miedo de que ella pudiese estar observándome. Me relajé pensando en mi abuela y poco a poco fui forzando mi polla para que bajara y así al menos, poder apuntarle al agujero.

La miré de reojo al oír el correr del agua de la llave. Estaba lavándose las manos, sin prestarme atención. Vale, era obvio que notaba lo que me estaba pasando, pero el que me ignorara adrede ayudó bastante. Más tranquilo, pude orinar, tratando de no derramar nada, tarea heroica al tener mi falo tieso. Cuando ese placer único de vaciar la vejiga me invadió, cerré los ojos como siempre suelo hacerlo, y sin darme cuenta solté un suspiro de satisfacción.

Cuando hube terminado, abrí los ojos, y así se quedaron: Abiertos al darme cuenta de que la tía me estaba mirando por el espejo, sonriendo, deleitándose con mi espectáculo.

-Veo que te excitas fácil.- Indicó luego de un momento. Yo no fui capaz de contestarle. Quedé petrificado, sin pestañear. Sus ojos parecían más oscuros que de costumbre.

Soltó una risa burlesca, gutural. Dio media vuelta y quedando aún a mi lado, pero mirándome de frente. Apoyó su cadera contra el lavamanos y se cruzó de brazos, con ese aire jovial que la caracterizaba.

Y ahí estaba yo, mudo, inmóvil y más tieso que el pelo de la estatua de la libertad.

-¿Te gusto?- Inquirió irguiéndose.

Asentí. Dio un paso hacia mí.

-¿Me deseas?

Asentí. Avanzó nuevamente hasta situarse a mis espaldas. Me rebasaba en estatura. En mi defensa, aún me faltaba por crecer. Apoyó su cabeza en mi hombro y nuestras miradas volvieron a encontrarse en el espejo. Volví a oler su perfume. Sus manos se aferraron a mis brazos y fueron bajando por ellos. Al darme cuenta de lo que quería hacer, trate de alejar mis manos de mi entrepierna, pero ella me detuvo.

-¿Te excito?- Su aliento me acarició el cuello, y un espasmo me sacudió el cuerpo. No me perdía de vista, por el espejo seguía cada una de mis reacciones. Arrellanó aún más su cara a la mía y lentamente, como si de una gata se tratase, me mordió el lóbulo de la oreja. ¡Oh Dios! No pude seguir mirándola, era demasiado para mí. Cerré los ojos, concentrándome en no correrme delante de ella.

-¿Te excito o no?- Repitió la pregunta. Ralenticé mi respiración y abrí nuevamente los ojos. Seguía observándome.

-Sí.- Respondí al fin, tragando saliva.

Me sonrió complacida. Retomó el camino y bajó por mis antebrazos. Llegó hasta mis manos, que sujetaban mi erección. Con suavidad, hizo que las retirara. Lo hice. El espejo sólo abarcaba la imagen de ella ?abrazándome? por la cintura, pero sus manos ágiles llegaron hasta mi polla, sujetándola con fuerza. Inspiré y boté el aire despacio al sentirla tocándome, y de forma casi irreal, mi pene parecía seguir creciendo bajo su tacto.

-Al parecer te excito mucho.- Dijo al reparar en lo mismo. Le sonreí tímido.

Una de sus manos empezó a masturbarme lentamente, sin apuros. Me tensé completamente. Lo hacía con delicadeza, moviéndose de arriba abajo. Llegando al glande, me lo apretaba con firmeza y con su pulgar recorría su hendidura. Yo estaba en el paraíso, en cualquier momento mis ojos se volteaban hacia dentro.

Arriba, abajo, lo movía de un lado a otro. De repente, su mano libre bajó aún más, llegando a mis testículos, y los apretó, pero guardando reparos en su ?fragilidad?. No pude evitar quejarme de placer. Ella ya no me miraba, tenía la vista fija en lo que me estaba haciendo. Yo sí observaba su rostro y cada mueca de satisfacción en él al masturbarme. Mi hermano tenía razón, era una depredadora.

Después de unos cuantos minutos, no pude seguir aguantando. Quise quitarla para no correrme en sus manos, pero nuevamente me lo impidió.

-Vamos?- Susurró- Relájate, déjate ir-. Instó mientras movía su mano con más prisa, acuciándome al orgasmo.

Está de más decir que necesité cinco segundos luego de eso para correrme sin vergüenza. Todo mi cuerpo se sacudió como un pececillo fuera del agua. Ella rió contra mi clavícula y me plantó un beso húmedo en la mejilla, antes de separarse. Quiero besarla en los labios.

Fue al lavado y enjuagó sus manos de mi, eh? ¿esperma? Yo retrocedí unos pasos buscando apoyo en la pared. Una corrida así no debe recibirse de pie.

-Tienes manchado el bóxer-. Me advirtió.

Miré hacia abajo y claramente vi una mancha blanquecina que se notaba de lejos gracias a que mi ropa interior era oscura. Quité la mancha con mi pulgar, pero aún quedaba huella.

-Buenas noches-. Se despidió al terminar de lavarse, y antes de que siquiera tocara la perilla, me interpuse y le bloqueé el paso-. ¿Qué haces?- Preguntó risueña. Era una pregunta retórica.

-Usted no se puede ir.- Me asombré de la firmeza en mi voz. Volvió a sonreír, divertida.

-¿Y qué harás para que me quede?- Me desafió.

Y antes de que pudiera siquiera respirar, tomé su rostro entre mis manos y la besé, la besé con toda mi experiencia. Desde que había empezado en esto del ?sexo? lo único que había hecho era besar, y con suerte llegar a segunda base. Me tenía fe, sí.

La arrinconé contra la pared y le metí lengua hasta el fondo. Ella estaba sorprendida, pero al sentir mi lengua contra la suya, reaccionó, y cómo reaccionó. Pronto dejé de ser yo el que daba el beso y fue ella quién tomó la batuta. Sus labios eran carnosos. Yo olvidé que mi amigo estaba en la misma casa y comencé a hacer ruidos mientras la besaba. Envalentonado al ver que era correspondido en el sentimiento, le tomé una teta y se la masajeé con fuerza. Gimió en mis labios.

Le di un último beso en los labios y decidí bajar hasta su cuello, tal cual mi hermano me había recomendado alguna vez hacerlo. Fui dándole lametones suaves y besos sonoros en él, haciendo que ella suspirara. Iba por buen camino. Alcé una de sus piernas e hice que la sujetara en mi cadera. Pesaba, pero mi súper pene me daba las fuerzas necesarias para seguir.

Comencé a acariciarle el muslo levantado, palpando la turgencia de sus carnes. Subí, subí hasta alcanzar su culo. Toqué una de sus nalgas y ella la contrajo en acto reflejo. Reímos. Ella estiró el cuello hacia tras y posó ambos brazos por encima de mis hombros, dejándose llevar por mis caricias inexpertas. Con más confianza, descendí con mi boca, tiré como pude de su camisón hacia abajo y en cuanto vi un seno con un pezón duro y rosado me lo eché a la boca.

Lamí su areola unas cuantas veces para luego succionar, mientras le corría mano en el culo. Ella trataba de reprimir sus gemidos, pero cada vez eran más audibles. Con la mano que tenía en su culo, fui adentrándome aún más, hasta que con las puntas de mis dedos logré acariciar la tela empapada que pobremente trataba de tapar su coño. Ahora gimió sin tapujo. Yo me excité aún más, quería follármela. Traté de levantarla un poco más, y con más libertad, ahora pude introducir un dedo por su vagina, que prácticamente resbaló hacia dentro.

-Espera, para.- Dijo súbitamente. Me detuve al instante.

Ambos nos quedamos quietos, a la espera de oír algo.

-Creí haber escuchado a José. ¿Estás seguro de que dormía?- Bajó su mirada hasta la mía. Estaba sudorosa.

-Sí, estoy seguro.- Afirmé.

Me sonrió. Me dio un beso caliente y apretado e hizo que nos separáramos. Dejó caer la tapa del inodoro y prácticamente me empujó para que me sentara allí. Echó llave a la puerta, giró y se quedó mirándome, mordiéndose el labio inferior, como si fuera una persona de mi edad.

-¿Es malo lo que estamos haciendo?- Preguntó, sentándose a horcajadas sobre mí.

-No lo creo.- Contesté de forma inmediata, pasándome literalmente por el culo la amistad de mi amigo-. ¿Y usted?

-¿Aún me tuteas?- Entrelazó los dedos detrás de mi nuca y volvió a besarme, esta vez sin apuro como antes. Me daba besos cortos que me dejaban con ganas de más.

-Lo siento-. Susurré distraído por su boca

-No lo sientas. Me excita-. Confesó con picardía. Le sonreí y la jalé por la cintura, atrayéndola.

Bajé mis manos a su culo. Poco a poco, gracias a sus besos, retomé la celeridad de mis movimientos. Ella tomó una de mis manos y la guió hasta uno de sus senos, y con lentitud fue enseñándome para que la tocara de la forma que ella deseaba. Le apreté esta vez con suavidad, y por encima de la tela, apreté su pezón entre mis dedos. No pudo evitar gemir, y yo tampoco al escucharla.

-¡No aguanto más!- Enunció de pronto. Se elevó un tanto, hizo a un lado su inútil ropa interior, sacó mi pene que apenas lograba esconderse y se sentó sobre él, introduciéndoselo hasta el tope.

Ella pareció olvidar que su hijo dormía en la habitación de arriba, porque gimió con todo el aire de los pulmones. Yo traté de ser más recatado y apreté la mandíbula.

-Esto es lo que quería.- Bisbiseó junto a mi rostro, buscando apoyo en mi cuerpo.

Lo único que atiné a hacer fue sujetarla firme por las nalgas con ambas manos, mientras ella se removía sobre mi regazo. Con destreza se balanceaba hacia delante y atrás, apretando con su ¿vagina? Mi polla dentro de ella. Era tan delicioso, no podía haber rezado por una mejor primera vez. Con mis manos traté ayudarla, siguiéndole el ritmo. Comenzó a gemir contra mi cuello, acallándose de alguna forma. Yo hice lo propio, cerrando los ojos y pensando en no correrme tan pronto.

Esta mujer tenía una aspiradora entre las piernas. Me succionaba literalmente. Volví a coger una de sus tetas, y con la pasión del momento, giré su pezón como si fuera la perilla de una caja fuerte. Al parecer el dolor sólo la excitó más, porque pegó un alarido, para luego besarme con todo el sentimiento del momento, sin dejar de moverse.

-Espere, espere?- Dije separándome, tratando de recobrar el aliento.

-¿Qué sucede?

-Si sigue así voy a?

-No, no te corras aún-. Adivinó.

Se retiró de mi regazo, dejándome empalmado y con frío. Su cara de loza lucía gotas de sudor, y su cabello caoba estaba húmedo cerca de las sienes. Sin dejar de mirarme, se sacó el camisón y lo tiró a un lado. Hasta ahora no tuve oportunidad de admirar sus senos con paciencia, tomando en cuenta la situación clandestina en la que nos encontrábamos. A mi parecer eran hermosos, no eran ?firmes?, pero aún guardaban redondez al caer. Quería hundirme en ellos, pero al parecer ella tenía otros planes. Se agachó un tanto y retiró sus bombachas a juego con el babydoll. Recién ahora pude percatarme de que tenía una pequeña motita anaranjada en la cúspide de su entrada. Mi pene y yo dimos un salto al verla por completo al desnudo. Se parecía demasiado a esa pintura? ¿Cómo es que se llama? ¿Venus de Nilo? No sé, pero sinceramente era una diosa con cabellos de fuego.

Yo estaba completamente abstraído en ella, contemplando su cuerpo de mármol, cuando ella hizo a un lado la cortina del baño, se inclinó hacia delante, apoyando ambas manos en el borde de la bañera, dejando todo su culo al aire, en mi dirección.

Mis ojos volvieron a desorbitarse. Su culo yacía abierto para mí, y con él, la abertura de su intimidad se divisaba sin problemas.

-¿Qué esperas?- Dijo al ver que yo no atinaba a actuar.

Me paré como un resorte.

-¿Así?- Susurré inseguro, ubicándome detrás de ella.

-Sí, venga.- Me urgió.

Tomé mi verga y con cuidado fui ubicando el glande en la entrada de su cuño. Y con mucho cuidado de no salirme fui introduciéndome en su interior, acariciando el calor de su cuerpo. Ella ronroneó satisfecha y yo casi me desmayo de placer. Retrocedí, pero me salí, y con torpeza volví a penetrarla.

-Adoro tu inexperiencia, pero no debes retroceder tanto-. Miró hacia atrás.- Sólo sácala hasta la mitad y sujétame firme por las caderas.

Asentí como buen alumno. La tomé por las caderas y hundí mis dedos con fuerza en ellas. Me salí un poco de su interior, tal cual ella lo dijo y la penetré con fuerza hacia delante. Gimió.

-Bien, ahora?- Habló con voz trémula-? cuando vayas a meterla, tira de mí hacia ti, al mismo tiempo.

Lo hice. Salí un poco, y al momento de volver a introducirme, la atraje hasta a mí, ensartándola.

-¡Sí!- Masculló.

Y poco a poco, fui tomando el ritmo, hasta que luego de unas cuantas veces lo hice a la perfección. Tiraba fuerte de ella, embistiéndola con toda mi fuerza novata, arrastrando todo lo que estaba en su interior con mi falo. Ella comenzó a gemir más alto y yo por fin pude disfrutar al completo lo que estaba pasando. ¡Esta mañana había despertado virgen!

Giré mi cabeza a un lado y vi mi reflejo en el espejo. Ella, la mamá de mi amigo, casi en cuatro, aguantando a penas mis penetraciones, con sus senos moviéndose en una armoniosa cadencia, con un halo anaranjado que envolvía su rostro gimoteante. Le sonreí a mi otro yo en el espejo. Puse cara de macho alfa como en las películas porno mientras seguía introduciéndome hasta lo infinito en su coño

-Venga, dime algo.- Manifestó de repente.

-¿Qué?- Dije sacado de mi ensueño.

-¡Qué me digas algo!- Exclamó, sin dejar de gemir.

¿Qué le diga algo? ¿Qué le digo?

-Eh? no sé qué decirle-. Le respondí asombrado por la petición.

Seguí cogiéndomela ininterrumpidamente. De nuevo se avecinaba mi clímax.

-Dime? ¡ah! Dime señora-.Volvió a insistir.

-¿Señora?- Un golpe eléctrico tocó mi nuca y se esparció por mi columna hacia todas mis extremidades, llegando a mi entrepierna.

-¡Sí! ¡Dilo!

-¡Señora! ¡Señora! ¡Señora!- Grité dejándome llevar por la inminente corrida que me sacudió hasta las rodillas. Me derramé con todo en su coño. Lamentablemente, no medí mi fuerza, y tratando de darle una última estocada, me fui con todo mi peso hacia delante. Ella no pudo soportar mi empuje y trató de agarrarse a la cortina de baño, pero fue tanto la fuerza, o el peso, que la cortina cedió, rasgándose. Ambos caímos con todo dentro de la bañera.

-¡Ay!- Oí que gritó.

Nuestros cuerpos se contorsionaron de tal forma que yo seguía dentro de ella, pero no sé cómo, ambos teníamos las piernas fuera de la tina.

Cuando el alboroto de la caída se calmó, nos quedamos un rato así, creo que ambos, esperando escuchar alguna respuesta por parte de José. Al no percibir nada, me relajé y recién ahí pude notar un líquido tibio que salía de la intimidad de ella.

-¿Está bien?- Atiné por fin a preguntarle. Me erguí como pude hasta lograr salirme de la bañera. Luego la tomé por la cintura y la ayudé a levantarse. Se sentó al borde de la tina, tratando de sacarse el pelo que tenía pegado al rostro.

Cuando terminó con su tarea, me miró fijamente a los ojos. En serio era imposible creer que ella fuera madre de alguien.

-Sí que tienes fuerza, ¿eh?- Rió y yo la seguí. Qué situación más patética.

-¿De verdad se encuentra bien?- Volví a preguntarle, tomándola de la mano mientras se ponía de pie.

-Sí, muy bien. Excelentemente cogida-. Me guiñó un ojo con desfachatez.

No pude evitar sonrojarme como un bebito, pero al menos ya no me ponía nervioso. Me sonrió con dulzura al notar mi vergüenza. Tomó mi cara y me besó con delicadeza. Pasé mis manos por su cintura, acercándola hacia mí profundizando el beso.

-Basta- Dijo, separándonos-.Tenemos que ir a dormir. Hemos estirado demasiado el elástico.

Hice un mohín infantil y ella soltó una carcajada tan característica suya, que podía espantar a todas las aves de su alrededor.

-Ya habrá tiempo para más-. Me dio un último beso, y cogiendo del suelo el camisón y sus bragas, salió del baño a hurtadillas, vigilando que su hijo no estuviera rondando por allí.

Yo me quedé en el baño, en un espacio sideral paralelo. Había follado con ella, con la mamá de mi mejor amigo. Perdóname amigo, me dije en mi interior. Me contemplé nuevamente en el espejo y me reí ante mi mentira. Nah, no lo sentía, además, al parecer se repetiría.

Me acomodé el bóxer y traté de quitarle con agua la mancha blanquecina que tenía. Me lavé las manos y subí al segundo piso. Todo estaba a oscuras, en silencio. Con gran sigilo ubiqué mi cama y me acosté tratando de no emitir ni un solo ruido.

-¿Jano? ¿Eres tú?- Habló de pronto mi amigo, con voz adormecida.

-Sí- murmuré-. Sigue durmiendo.

-¿Dónde estabas? Sentí un ruido hace rato.

Dejé de respirar.

-Yo también, por eso bajé a ver- Mentí.

-Ah, vale-. Oí cómo se volteaba en la cama, buscando una posición más cómoda para dormir-. ¿Había algo?

-No, parece que son esos gatos de mierda que andan por el techo.

-Putos gatos.- Coincidió José-. ¿Mi mamá se despertó?

-Parece que no.

-Bien. Nos vemos mañana, Jano-. Susurró durmiéndose de nuevo.

-Hasta mañana- me despedí.

Respiré más sereno. Crucé mis brazos detrás de mi cabeza y rememoré todo lo que había pasado, y no pude evitar sonreír. José era mi amigo, mi mejor amigo para ser franco, pero esto que había pasado, ¿Tenía algo que ver con nuestra lealtad? Creo que no. Yo quiero mucho a mi amigo, y ahora, al parecer deseaba a su mamá. Volví a sonreír orgulloso. Sí, había cogido con la mamá de mi mejor amigo, había cogido con la Colorina.

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agosto 2nd, 2013 >> Jovencitas

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septiembre 25th, 2013 >> Fotos Pornos

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La primera cita en Relatos eroticos de Infidelidad

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noviembre 13th, 2013 >> Relatos Eroticos

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La primera cita en Relatos eroticos de Infidelidad (relatos eroticos )

?Te escribo esta nota porque no veo correcto invitarte a cenar esta noche delante de tanta gente. Hay algo en ti que me ha dejado prendido y quisiera conocerte más? si tú quieres, claro. Mi teléfono está por detrás, si aceptas llámame?

Esta fue la nota que le di a Marisa cuando me fui de la central hortofrutícola donde estaba haciendo controles de calidad.

Me llamo Ángel, divorciado, un tipo normalito físicamente, 1,75 de alto, 76 kilos de peso y 45 años de edad. Soy auditor y esa tarde estuve haciendo controles de calidad en una pequeña central hortofrutícola de Badajoz.

Llevo yendo a ese sitio varias veces y la jefa de administración que me atiende cuando llego es muy agradable y tiene un tipazo de infarto. No es muy guapa, pero sabe sacarse partido de todo lo demás. Siempre que voy lleva una minifalda con volantes que te hacen quitar el hipo.

Un día le pedí un folio para tomar unas anotaciones y se levantó, se giró y se fue a un armario que había detrás. En la parte de abajo tenía un paquete de folios y cuando se agachó, de espaldas a mí, lo hizo deprisa lo que hizo que se levantara la faldita lo suficiente para que viera su estupendo culito y el mini tanga que vestía, de color morado. Supe que lo hizo a propósito, pues había folios sueltos en la impresora que tenía en su escritorio. Me puso muy cardiaco ver esa escena. Se levantó y me sonrió.

¿Te vale con esos o quieres más?
No, tranquila si con un par de folios me sobra.
Bueno de todas formas tenía que coger más para mí.
Me despedía de ella y volví al día siguiente a terminar mi trabajo.

Volvía a llevar mini falda con vuelo, y quizás era un poco más corta que la de ayer. Casi no me puedo centrar en mi trabajo y cuando me fui, fue cuando le di la nota. Cogí mi coche y me largué para casa. Vivo a unos 100 kilómetros de distancia. Cuando iba conduciendo sonó el whatsapp que tenía un mensaje. Me puse un poco nervioso, no puedo negarlo, me latió el corazón rápido pensando que podía ser ella. Sé que no está bien coger el móvil mientras conduces pero la intriga y el deseo fue delante de la razón y cogí el móvil. Lo miré, nervioso, impaciente y vi que era un poco largo el texto, por lo que decidí parar en un sitio apropiado para poder leer detenidamente el mensaje.

Me metí en la entrada de una finca, paré el coche, cogí el móvil, lo encendí y me dispuse a leer:

?Me ha sorprendido tu nota, pero por otra parte me ha gustado. Si esta noche estás libre podríamos quedar a cenar. Mi dirección es calle XXX, nº XX, si aceptas, manda un mensaje diciéndome a que hora me recoges?

Dios mío, no me lo podía creer. Qué sencillo ha sido. Me puse como loco, mis pantalones se hincharon de emoción al leer ese mensaje. Pensé en contestarla enseguida, pero luego decidí contestarla cuando llegara a casa, no quiero que piense que soy un imprudente y leo mensajes de móvil mientras conduzco. Supongo que eso será una tontería, pero me gusta cuidar los detalles que parecen sin importancia.

A la que llegué a casa decidí mandarle un mensaje.

? Muchas gracias por contestarme, guapa. No pude ver el mensaje antes porque iba conduciendo, ya no sé si es tarde para la cita. Me voy a duchar, a prepararme y en una hora te recojo??

No tardó ni un minuto en contestarme. Me temía que todo se quedara en agua de borrajas, por mi tardanza en contestar, pero pensé que si seguía queriendo quedar, es la forma de confirmarlo.

?Perfecto, en una hora me recoges en casa. Te espero?.

Mi corazón empezó a bombear sangre por todo el cuerpo y especialmente hacia mis partes bajas. Tuve una erección solo de pensar que iba a quedar con ese pedazo de hembra.

Me duché, me rasuré mis sexo, solo lo fundamental, dejando pelitos por la parte de arriba pero lo demás bien rasurado por si había oportunidad de enseñarlo, que tuviera buena presencia. Me excité pensando y haciéndolo que tuve que masturbarme para relajarme un poquito.

Ya dispuesto a salir mandé otro whatsapp diciendo que salía ya, que en tres cuartos de hora estaría allí. Que si quería quedar en otro sitio que me daba igual.

Esperé un ratito y me contestó.

?Yo acabo de terminar y me voy para casa. Así que mejor quedamos en mi casa. Un besito y nos vemos en un ratito?

Salí a por el coche, excitado, contento y un poco nerviosillo por la circunstancia tan extraña en que se ha realizado todo y sobre todo por la predisposición de ella.

Durante todo el camino imaginé como sería la velada, donde llevarla, como actuar ante ella, etc. Pero luego pensé que mejor sería dejar pasar la noche y que todo fuera saliendo como sea.

Llegué a su calle, busqué su número y me encontré con un bloque de pisos y en la puerta no había nadie, no estaba allí esperándome. Me acongojé un poco, pasó por mi cabeza que fuera una broma, que ya se le pasara el calentón, que… mil cosas y todas malas.

Me quedé un rato esperando sin saber que hacer hasta que por fin me atreví a mandarle un whatsapp:

?Hola Marisa, estoy en la puerta. Estoy esperándote, no tardes mucho, ok??

No recibí contestación. Mi cuerpo estaba como un flan. No sabía que hacer. Pasó un minuto, dos, tres, cinco…

?Lo siento, estaba empezando a ducharme y no había sentido el móvil. Llama al portero automático y sube?.

¡Qué alivio!, pensé que se había ido todo al carajo, pero no. Había una buena razón para todo.

Llamé al portero automático y…

¿Quién es?, dijo una voz de hombre.
No sabía si me había equivocado y dije:

¿Soy Ángel es la casa de Marisa?
Sí, sube.
¿Cómo?, ¿un hombre en su casa?, todo se me vino abajo. ¿será su hermano?, ¿estará casada?, si es así… entonces lo de la cena no será tan excitante como me había plateado en mi cabeza. ¡Qué cagada! Pensé. Bueno ya metidos en faena, vamos a ver que ocurre. A lo mejor es solo su hermano o un familiar, no tiene porqué estar casada. No hubiese aceptado la cena…. Mi cabeza era un hervidero de ideas contrapuestas, mi estómago lo tenía en la garganta, el corazón empujaba la sangre pero esta vez hacia mi cara, me estaba ruborizando.

Llegué a la puerta de la casa y después de respirar profundamente toqué le timbre.

Mi sorpresa fue mayúscula cuando me abrió un hombre, más o menos de mi edad, vestido con un mandil y con pinta de estar cocinando.

Hola soy Pedro el marido de Marisa, pasa y acomódate, que ella no tardará en salir.
Me presenté yo también y absorto por la escena me quedé mudo y me fui al salón y me senté en el sofá.

¿Quieres una cerveza o un refresco mientras sale ella?
Yo no sabía que decir, estaba un poco cortado y dije: Gracias una cervecita no me vendría mal.

Se fue a la cocina y me trajo una cerveza bien fría y unos cacahuetes para picar.

No sabía donde me había metido, mis ideas de tener una velada algo picantota de esa noche se esfumaban por momentos, pero bueno… una cena con una chica escultural como Marisa, siempre merece la pena, pensé.

Yo sigo con la cocina que tengo que preparar la comida de mañana, te dejo aquí solo. Ella saldrá pronto, está terminando de prepararse. ¿No te importa, verdad?
No, por supuesto, sin problema. Gracias.
Los cinco minutos de espera se me hicieron eternos. Miré todo, la decoración, el estilo de la casa, hasta que descubrí un marco con una foto de los dos del día de su boda. Ya no había duda era su marido con seguridad. Mi gozo en un pozo. ¡Qué se le va a hacer!, no siempre se gana. Me relajé y me lo tomé con filosofía.

En ese momento aparece Marisa por el salón…

¡Guauuu!, ¡Qué pasada!, ¡Impresionante! Venía con el pelo rizado, un top blanco que solo tapaba sus turgentes pechos, ligeramente translúcido que insinuaba sus pezones sonrosados pero sin ser descarado, la imaginación hacía lo demás. Por supuesto no se le veía sujetador. El ombligo al aire con un piercing en forma de colgante pequeñito, una super minifalda con vuelo, como las que le gusta llevar al trabajo y unos tacones de infarto. Me quedé boquiabierto viendo tanta sensualidad que desprendía ese cuerpo escultural.

Hola, perdona el retraso pero es que no calculé bien el tiempo.
No hay nada que perdonar, la espera ha merecido mucho la pena, dije yo con una sonrisa en la cara.
Nos dimos dos besos y acto seguido llamó a su marido.

Pedro, ven aquí.
Dime cariño, ¿ya estás?
Sí. Vete por la tobillera que tienes que ponérmela.
Qué raro, pensé, tanto tiempo acicalándose y no le ha dado tiempo a ponerse la tobillera y encima le manda al marido por ella. No entiendo nada.

Ella se sentó en una silla enfrente al sofá y me dijo. Tú siéntate ahí en el sofá y sigue tomándote la cerveza tranquilamente.

Me senté y la miré, ella me miró y bajó la vista hacia su falda, como diciéndome, mira que cortita es y que piernas se me ven.

En ese momento llegó Pedro con una cadena con un colgante que no pude distinguir desde yo estaba. Y sin decir nada se arrodilló delante de ella y se la puso en el tobillo izquierdo. Ella hizo un giro de la pierna dejando sus piernas abiertas enfrente a mí. No me lo podía creer, me estaba enseñando el tanga que llevaba, minúsculo, negro, se le notaba todo coñito rasurado con una tirilla de pelitos encima del tanga.

Ella me miró y se rió. Ufff, delante de su marido me estaba enseñando su zona más íntima, con todo el descaro. El marido no levantaba la mirada y no se dio cuenta que yo estaba absorto mirando el coño de su esposa y ella enseñándomelo sin pudor.

En eso que ella dijo:

El as de picas hacia fuera, cariño, que se vea bien, ¿de acuerdo?
De acuerdo cariño, como digas. Dijo Pedro, mientras le terminaba de colocar la tobillera.
Cuando se levantó su marido del suelo, tras haberle puesto la gargantilla, dijo, bueno cielo, me voy a la cocina que se me quema la comida.

Bien, no te preocupes por nosotros, que ya nos vamos.
Él se metió en la cocina y Marisa me miró sonriente, se levantó de la silla me dio la mano y me llevó hacia la puerta para irnos.

Cariño, despídete de Ángel.
Hasta luego Ángel, perdóname que no salga pero es que ahora no puedo. Pasadlo bien.
Lo haremos cielo, no me esperes despierto que seguramente vendremos tarde, ok?
De acuerdo. Hasta luego.
¿Que vendremos tarde?, ¿qué tenía pensado Marisa, traerme luego a su casa cuando acabemos de la velada?, dios mío, me estoy muriendo de excitación. Espero que me explique algo cuando estemos solos, estoy un poco confundido y no quiero sacar las cosas de contexto, pero todo me parece un poco extraño.

Bajamos por el ascensor, ella me miraba y se reía. Me preguntó que qué tal el viaje y cosas sin importancia, como para romper el hielo. La verdad es que funcionó pues yo no sabía que decir después de lo que había visto.

Nos montamos en el coche y me dirigió donde quería ir a cenar. Al sentarse en el asiento del copiloto, abrió las piernas con esa minifalda, que no se veía nada pero era muy excitante, no dejaba de mirarle las piernas y cuando subía la vista, sus tetas, había mucho donde mirar…

Mira a la carretera que nos la vamos a pegar, me decía ella riéndose.
Lo siento, es que estás impresionante. Estás divina y muy sexy.
¿Te gusta como me he preparado para ti?
¿Esto lo has hecho es para mí?
Pues claro, no me invitan a una cena todos los días y hay que aprovechar para ponerse guapa de vez en cuando.
Pues sí que lo has conseguido, voy a tener que ir de guardaespaldas, pues seguro que tendrás muchos moscones alrededor.
No te creas, ya verás como no. Vamos como si fuéramos pareja y se cortarán de darme el coñazo. Tú déjame a mí.
Llegamos al restaurante en cuestión y nos dirigimos a la puerta.

Agárrame de la cintura, que eres mi pareja, hay que empezar desde el principio para que no se note que no somos pareja. Dijo ella con voz maliciosa y una sonrisa perversa, sabiendo que llevaba las riendas y se estaba divirtiendo entre su descaro y mi incredulidad.
¿Mesa para dos, tienen?, pregunté al metre.
Sí, por favor.
Nos llevaron a una zona como más reservada. El metre se pensaría que somos novios y querríamos intimidad y yo no puse objeción al sitio.

Nos acomodamos y pedimos la cena. Mientras nos la preparaban nos trajeron una botella de vino de reserva que pedí yo y ya me empecé a envalentonar.

Oye, Marisa, necesito que me expliques que ha pasado en tu casa, me he quedado de piedra y no sabía como reaccionar allí con tu marido.
Jajaja. ¿No te ha gustado la cerveza que te puso mi marido? ¿O te refieres a otra cosa?
Qué mala eres. Ya sabes a qué me refiero. Tu marido allí poniéndote la tobillera y tú enseñándome tus braguitas, cochinorra.
Eso no ser mala. Eso es ser morbosa. Me encanta hacer que mi marido me vea así vestida delante de los demás y lo de la tobillera era para darle más morbo a la situación. ¿no te gustó que estuviera allí arredilado delante de mí mientras yo jugaba contigo?
Me encantó, pero si te llega a pillar, hubiera sido un compromiso para mí.
No, en absoluto. ¿sabes que significa la tobillera que le hecho ponerme?
No, ¿es que tiene significado?
Pues claro. No hace mucho entré en el ordenador de casa y me dio por investigar en qué páginas de Internet entraba mi marido y descubrí que le gustaban la páginas guarras. Al principio lo vi lógico, pues nosotros hacemos poco el amor. No se excita como antes, debe estar con la pitopausia, pero con las páginas porno de Internet por lo visto se debe excitar.
Así que un día le espié. Me fui a la cama pronto y él dijo que se iría al ordenador. Al cabo de un rato me levanté sigilosamente y desde la puerta observé lo que hacía. Estaba pajeándose mirando páginas porno, hasta que se corrió y me fui a la cama sin que se diera cuenta.

Al día siguiente fui al ordenador a investigar que porno le excitaba para poder usarlo yo y ponerle como una moto y volver a retomar nuestra vida sexual y cual fue mi sorpresa que descubrí páginas de cornudos, corneadores, sumisos, etc.

Empecé a investigar y descubrí que una Q dentro de un as de picas, significa que tu marido es un cornudo y tú eres libre para follar con quien quieras con su consentimiento.

Pedí la tobillera por Internet y la puse a su nombre para fuera él a recogerla. Jajaja. Si llegas a ver la cara que puso cuando abrió la caja y descubrió lo había dentro… te mueres de la Risa, al menos yo me estuve riendo más de media hora.

y… ¿qué pasó?
Había dos opciones, que le gustaran esas páginas porque se ve como un macho alfa y semental o porque le escita ser sumiso y cornudo. Como le conozco, de macho semental tiene poco así que? pasço lo que has visto hoy. Que él asumió que le excita que pueda dar placer a otros hombres, pero que le daba vergüenza decírmelo por si dejaba de quererle y cosas así.
No sabíamos cómo empezar a ponerle los cuernos y al recibir tu nota, se me encendió la bombilla y tú eres el elegido para la experiencia, llamé rápidamente a Pedro y le pareció perfecto. ¿te molesta ser el conejillos de indias?

Jajajaja. Pues la verdad es que todo esto me excita mucho, eres la hostia. Jajaja.
¡Qué alivio!, pensé que te asustarías.
¿Asustarme? Nada más lejos de la realidad. Además has dado con la persona perfecta para hacer esto.
Anda no seas prepotente.
Jajaja. Ni mucho menos, ahora te explico.
Resulta que yo estoy divorciado y con mi mujer jugábamos al rol de zorra-cornudo, donde yo era el cornudo, jajaja. Así qué se muy bien de qué va todo esto y ahora estar en el papel de corneador, sabré hacerlo a la perfección, pues sé lo que le gustará a él. Y espero que a ti también.

¡¡¡No jodas!!! Y qué pasó, ¿por qué te divorciaste por que desapareció el amor?
Se nos escapó de las manos y me engañó. Cuando dejó de contarme sus hazañas, cuando se veía a escondidas con su último macho, me di cuenta que ya no había morbo, que la situación resultaba dolorosa. Se lo comenté y me dijo que me aguantara. Que todo el mundo ya sabía que era un puto cornudo y se hizo insostenible la situación. Estuvieron viviendo juntos en mi casa casi un año y yo allí con ellos. Al principio me gustaba la humillación que me hacían pasar dentro de nuestros juegos pero cuando las cosas salieron de las puertas de casa a la calle, ya no pude con ello.
Se iban de fin de semana juntos y me mandaban fotos y videos de lo que hacían y lo bien que se lo estaban pasando. Hasta que una vez me obligaron a ir con ellos. Les hacía de chofer y ellos detrás haciendo de todo. Eso no me molestaba, me excitaba, pero lo que sí me molestaba que fuera de ahí no sabían comportarse y seguían ellos como pareja y yo detrás de maletero, de pagador de sus cenas copas, pero delante de la gente ya no me gustaba tanto, así que aguanté un año más y se acabó.

Por eso te digo hasta donde llegar con esta situación y evitar los errores que yo cometí. Además, saber que soy el primero, me pone que te cagas. Le vamos a poner como una moto, aunque ya veo que tú sabes muy bien de que va esto.

Ya lo creo. Me he empapado todas las páginas de cornudos y he entrado en foros y más o menos, con eso y conociendo a mi marido, creo saber como excitarle y que nuestra vida sexual sea diferente y excitante.
Pues empecemos la fiesta. Que debe estar que se muerde las uñas.
Y ¿qué propones hacer?
Vamos poco a poco ya verás.
Te vas a ir al baño y le vas a escribir un mensaje, diciéndole algo así como… este tipo me está poniendo muy cachonda, saber que estoy casada le ha dado alas y estoy muy mojada, tendrías que estar aquí y lamerme el coñito como un perrito fiel y calmar mi sexo.

Luego te haces una foto del Chichi metiéndote un dedito y se la mandas. Después vienes y esperamos a que conteste.

Uffff, realmente no será mentira, me estás poniendo muy cachondona. Jajaja. Ahora vuelvo.
Yo me quedé esperando tranquilamente saboreando el segundo plato cuando apareció un mensaje en el móvil.

?¿Te gusta la foto?, ¿le mando está??

?Guauuuu, perfecto, mándasela.?

Se me puso la polla polla a 100, me empalmé ne décimas de segundo con la imagen que me enseñó.

Realmente estaba excitada. Que rajita tan rica tenía mi acompañante, pensé. Me lo voy a comer enterito.

Al cabo de pocos minutos regresó ella con una sonrisa de oreja a oreja. Se sentó a la mesa y me dio el teléfono para que lo viera.

Al encenderlo, estaba la conversación que había tenido con su marido.

?Madre mía, cariño, de verdad estás excitada, ya lo veo?

?Es que este hombre me pone mucho y además es muy simpático. No sé si decirle lo poco macho que eres para ver qué pasa.?

Ahí se quedó la conversación y en ese momento entró otro mensaje.

Toma, acaba de mandar un mensaje tu marido. Léelo y me cuentas.
Léelo tú y dime lo que pone.
Dice: ? No cariño, aún no le digas nada, no vaya a ser que se acojone y no quiera seguir. Sigue poniéndole cachondo y ve contándome?
Jajaja, que bueno. ¿Y qué le contesto?
Tranquila, ya le contesto yo: ?¿es que te estás echando para atrás?, ¿solo quieres que le ponga cachondo y ya está?
Muy bueno, sí señor, a ver qué dice.
Ahora, no le hagas caso en un rato. Hay que ponerle nervioso.
Efectivamente, dejamos el teléfono encima de la mesa y escuchamos que mandaba mensaje tras mensaje. Los íbamos leyendo pero sin contestar.

Decía que tenía dudas, pero que si ella quería que adelante. Que estaba nervioso por la situación, qué por qué no contestaba. Que qué estaba haciendo?.

Nosotros nos reíamos y acabamos la cena.

Ahora dile que si es cierto que quiere que te lo demuestre y que te mande una foto de su estado, pero que se ponga unas braguitas tuyas y según como le veas, actuará en consecuencia.
¿no será muy fuerte?
No tranquila ya verás como cumple como un buen calzonazos.
Efectivamente al cabo de 2 minutos sonó el nuevo mensaje del móvil y con foto.

Nos reímos mucho al ver la foto y decidimos dedicarnos a nosotros en vez de a él.

Ahora deberíamos a ir a otro sitio a tomar algo.
Por mí perfecto.
Salimos del restaurante y me llevó andando a una zona de pubs. Íbamos agarrados por la cintura. Yo, en un momento dado me atreví a darle un beso en los labios, ella se giró del todo y me respondió con un beso increíble. Estuvimos un buen rato besándonos en la calle, con gente pasando a nuestro lado. Acariciándonos la espalda, el culo, era pura lujuria. Aún no habíamos tenido sexo, pero esa sensación fue por mucho, más placentera que otras situaciones puramente sexuales. Me invadió una sensación de energía, de poder, de ser el controlador de la situación, tremenda.

Nuestros labios se despegaron, nos miramos a los ojos y sonreímos. No dijimos nada, no hacía falta.

Pasamos por delante de un bar y le dije a Marisa que me apetecía tomarme un café y que me habían aconsejado el de ese bar.

Ok, me parece bien. Así te despejarás un poco de todo el día, pues esta noche vas a dormir poco, me temo. Dijo ella entre risas.
Eres muy golfa, ¿lo sabes, verdad? No me imaginaba que fueses así y la suerte que he tenido encontrándote.
La suerte ha sido mutua,
Dijo ella, mientras se arrimó a mí, cara con cara, desafiante, a menos de 5 cm el uno del otro y su mano apretaba mi prominente bulto que tenía debajo del pantalón.

Entramos en el bar y le dije que se fuera a quitar el tanga, que iba a tocarla allí descaradamente y el tanga me molestaba. Ella con su genial sonrisa de pícara colegiala, se quiso ir al baño, pero la paré.

¿Dónde vas?, te lo quitas aquí y ahora.
¿No jodas?, ¿y yo soy la golfa?, pues tu eres el pervertido. Jajaja.
Disimuladamente se fue quitando el tanga, hasta que cayó al suelo y me agaché yo, prudentemente, sin que nadie se diera cuenta, y lo recogí. Ahora tenía el chochito libre y la vista mía y de todo aquél que se percatara y mirara a su entrepierna.

Pedimos dos cafés y seguimos a lo nuestro.

Bien, ya lo he hecho. Ahora tú tienes que mostrarme tu herramienta, que me tienes loca de la curiosidad. Quiero vértela.
Es justo lo que pides,
Me desabroché la cremallera y se la enseñé. Ella al verla, allí, con gente alrededor que podía verme en cualquier momento, la agarró para semi esconcerla, pero se hacía cada vez más evidente que mi polla creía y crecía por segundos.

En ese momento hice una foto con el móvil y me fijé bien que tenía un arito en el chochito. ¡Dios mío! Como me excita eso en una mujer.

No pude resistir más y quise penetrarla allí mismo, un poquito, para comprobar que sus jugos resbalaban por su muslos sólo de pensar que mi polla entraría en su conejito.

La operación fue rápida y efectiva. Metí mi polla en su rajita durante unos segundos. Allí sentados en unos taburetes, en la barra de una cafetería, con gente cerca de nosotros y encima haciendo fotos con el móvil. Más descarado no se puede ser.

Pensé que cuando le metiera la polla a Marisa, estaríamos desnudos, en una cama, disfrutando de nuestros cuerpos, pero? no fue así, fue morboso, erótico, especial. Ya se sabe que lo que no se planea sale siempre mucho mejor.

Por cierto? el café estaba muy bueno.

Salimos de allí y nos dirigimos a un pub con luz tenue y muy confortable.

En ese momento le dije a Marisa que mirase el móvil a ver si había algún mensaje del cornudo de su marido y nos pusimos a leer. Había muchos mensajes, pero el mejor fue el último

?Cariño, ya veo que no me contestas, supongo que te estarás dedicando en cuerpo y alma a tu macho. Bueno te dejo, no molesto más, solo decirte que me encantaría saber que estás haciendo, me conformaré con que me lo cuentes cuando regreses. Te quiero.?

¿Le decimos algo, o le hacemos esperar un poco más?
Sí, hazle esperar y le mandaremos una foto para que veas cómo te lo estás pasando, pero dentro de un rato.
Nos sentamos en unos sillones, pedimos unas cervezas y empezamos a jugar. A meternos mano, la principio discretamente, besándonos, acariciándonos?

otra cerveza. Más beso, mis manos en sus tetas, mi boca en la suya, en su cuello. Sus manos sobándome por encima del pantalón?

Otra cerveza. Ya no podía disimular mi bulto en el pantalón y, la verdad, no me importaba que se notara, que todo el que me viera supiera cómo me estaba poniendo la putita mujer casada con la que me estaba magreando.

Ya la cosa se descontroló un poco. Ella sacó mi polla del pantalón, con todo el descaro del mundo y empezó a hacerme una paja.

¡Qué manos más sabias! Mi polla empezó a tomar medida. Ella miraba fijamente a mi sexo, sin importarle que alguien pudiera vernos. Yo estaba en otro mundo, solo respiraba y la miraba. Esa cara de lujuria, de deseo, con ganas de metérsela en la boca para saborear mis jugos.

Estuvo así un ratito, jugando con ella. La guardaba, la sacaba. Cuando se acercaba alguien, ella se arrimaba mucho a mí, me besaba, me rozaba con sus tetas, notaba sus pezones duros, y así ocultaba mi polla a la vista de los que pudieran verme.

En un momento dado, cuando nadie miraba se agachaba y saboreaba la puntita de mi polla, poniéndome a mil por hora. Hacía lo justo para tenerme muy excitado. La cabrona sabía como controlar la situación y como controlarme a mí.

Me cambiaba de conversación, hablando del trabajo, cuando veía que me tenía muy duro y eso hacía que me bajase la excitación, pero nunca dejaba de agarrarme la polla mientras me miraba y hablaba.

Estuvimos así bastante rato y le dije que me mostrara algo de ella, así me tranquilizaría un poco. Quería vez esos pezones como escarpias que me rozaban cada vez que se acercaba a mí. Tenía unos pitones increíbles, además de unas tetazas de locura. Se podía observar su excitación sin que se desnudase.

A ella, por lo que pude observar, le encantaba el exhibicionismo, ese morbo especial que hay en que puedan pillarte y me aproveché de eso para pedirle que hiciese algo fuera de lo normal, a ver hasta donde llegaría ella con este juego.

Luego le propuse algo más arriesgado, algo más fuerte.

¿Qué te parece si te metes la botella de cerveza en el chochito, te hago una foto y se la mandas a tu marido, diciéndole que soy un pervertido y que crees que la iniciación de sus cuernos será mejor de lo que jamás pensamos?
¿cómo?, ¿que me meta la botella?, no me entrará y menos aquí, es complicado.
No, cielo, la botella no, solo la puntita, que note lo salida que estás y las cosas que te obligo a hacer. Eso le pondrá como una moto. Ya lo verás.
Ok. Pero espera que no haya nadie y me haces la foto con mi móvil.
Cuando hubo oportunidad hizo lo que le pedía y ella empezó a gustarle, ya que estuvo un buen rato jugueteando con la botellita en su conejito. Al principio parecía reacia pero luego… casi se masturba con la botella, la muy guarra.

Después de meterse la punta de la botella dio un trago y puso sus labios en la zona donde segundos antes tenía el coño y se recreó pasando su lengua de forma sensual por la boca de la botella.

Es una de las escenas más sexys y eróticas que he vivido nunca en primera persona.

Después de eso le mandamos la foto al cornudo y servil, que tenía mi putita por marido.

La reacción del mismo fue instantánea.

?CARIÑO, ¿qué me has mandado?, estás loca??????

?si no te gusta que me traten como a una ramera y yo goce como una verdarea hembra… dejo este juego ahora mismo?

?NOOOO, ni se te ocurra, estoy nervioso, no soy capaz de pegar ojo y me tienes excitadísimo, mira…?

y el cerdo del cornudo le mandó una foto de su miembro en erección total.

Nos reímos y decidimos pasar de él. Queríamos saber que estaba disfrutando como un enano, al igual que nosotros con la situación que estábamos provocando.

Así que desde ese momento ya no volvimos a hacerle saber nada más de nosotros.

Marisa, me has puesto como una moto y tengo ganas de follarte ya.
Bien, te propongo que nos terminemos la consumición y nos vayamos…
¿Y donde tienes pensado que vayamos?,
dije yo, pensando que nos iríamos con el coche a algún sitio escondido y que follaríamos en la parte trasera del coche.

A mi casa, claro. Me encantaría terminar la noche de forma que mi marido sea y sepa definitivamente que es ser un cornudo y si lo asumirá de ahora en adelante o se rajará.. ¿quieres ser nuestro macho iniciador de mi marido?
¿Hacerlo delante de él y procurar que él lo disfrute también?
Efectivamente esa s la idea. ¿qué te parece?
Que vuestra ida cambiará desde esta noche. Empezaréis a vivir vuestra relación desde otra perspectiva. Me parece bien. Empecemos.
Me plantó un besazo en la boca, me lamió los morros, me abrazó, parecía casi era de amor su actitud.

Me levantó, me cogió de la mano como a un enamorado y nos fuimos dirección a su casa.

En el camino al coche no dejó de abrazarme, de tocarme, de besarme…

En el coche siguió acaramelada a mí y esa situación me gustaba, me hacía sentirme el dominador, el dueño de la situación.

Llegamos a su casa. Estaba nervioso aunque no se me notara, tenía que ir de macho corneador, duro y en mi lugar, aunque por dentro no sabía muy bien estar seguro de hacerlo bien, pero lo vi tantas veces en mi vida anterior que seguro que sabré hacerlo, me decía a mí mismo.

Las luces apagadas, no hicimos mucho ruido. Ella me dijo si quería tomar algo. Le dije que me apetecía algo caliente.

¿Un té?
Noooo, jajaja, tu chochito. Me refiero a tu chochito.
Uyyy, que malo eres, qué tonta soy, jaja.
¿Y tu marido, donde está?
No tengo ni idea, supongo que estará espiándonos, y si está dormido no pienso despertarle, que se despierte cuando empecemos a chillar de placer. ¿no crees?
¿Y yo soy el malo?, eres una víbora.
Se desnudó del todo delante de mí y empezó a tocarse lujuriosamente, contoneándose como una zorra profesional. ¡qué cuerpazo, Dios mío!

Yo estaba algo intranquilo sin saber donde estaba su marido, me ponía nervioso no saber si nos estaría mirando o se lo estaba perdiendo por quedarse dormido como un ceporro.

Se agachó, se arrodilló ante mí y me desabrochó el pantalón, lo bajó, quedando mi polla erecta a la altura de su cara de viciosa.

Comenzó el ritual de la mamada, me encantaba lo que me estaba haciendo. Yo empecé a dejar de pensar en Pedro, solo pensaba en el placer que me estaba dando la boca de esa mujer arrodillada ante mí.

En un momento que abrí los ojos y giré la cabeza, vi de raspajillón al cornudo de la casa, mirando desde la esquina del pasillo, con la mano en su polla, machacándosela como un mono. Eso me hizo gracia, tantas veces lo había hecho que me reí sin poder remediarlo. Él no se dio cuenta que le había visto, pero sí que le daría una buena excusa para que se pajeara adecuadamente.

Coloqué a marisa de tal manera que le ofreciera una buena visión de la boca de su mujer tragándose mi rabo entero.

Ya estaba muy caliente y decidí levantar a mi amante y colocarla encima de mí y empezar a penetrarla suavemente.. entré en ella como un cuchillo corta la mantequilla. No opuso nada de resistencia su chochito. Estaba empapada. Empezó a moverse, primero despacio, besándome lentamente y poco a poco empezó a coger velocidad, estaba muy excitada. No me puse protección y creo que eso a ella le excitó más cuando se lo dije.

¿me pongo preservativo?
A buenas horas, joder, a buenas horas. Fóllame bien follada.
¿Avisamos a tu marido para que te vea?
Que se joda, tú folla a tu putita, vamos, cabrón, folláme más fuerte, quiero notarte bien dentro.
Esas palabras me excitaron muchísimo y empecé a acompañar su movimientos con los míos, mientras miraba a su marido en la esquina pajeándose y sin decir nada. Me estaba follando a su mujer sin preservativo en su puta cara de cornudo.

Cuando estaba a punto de correrme, me paré. No quería correrme tan rápido, deseaba que esto durara más tiempo y gozar de la situación todo lo que pueda.

Me acerqué a su oreja y empecé a chupársela y le dije bajito.

Tu cornudo está en el pasillo pajeándose, me encanta la visión.
¿ah, sí?, pues cambiemos de postura, quiero mirarle la cara mientras me follas.
Se sacó mi polla de su coño y se puso a cuatro patas mirando hacia el pasillo, para que la follase por detrás. Así los dos podríamos estar mirando al cornudo mientras follábamos.

Me mostró su pedazo de sexo, rico, increíble, palpitando, esperando a ser penetrado.

Aceruqé mi sexo al suyo y se lo metí de un golpe asta dentro, lo que hizo que ella diera un grito de placer que tendría que oir su marido sin lugar a dudas.

En eso, Pedro asomó la cabeza y se dejó ver. Tenía la polla dura como un mástil y no dejaba de mover su mano y sus ojos se quedaron fijos en los de ella. Era una mirada de morbo, de placer, mezclada con impotencia y un sin saber que hacer.

Te gusta lo que ves, cariño?, decía ella mientras se movía hacia delante y atrás al ritmo de mis embestidas.
Él callaba. Supongo que al ser la primera vez estaba cortado y no sabía como reaccionar.

No te gusta como goza tu hembra conmigo?, ¿dejo de follarla o sigo? Tu decides?. Dije yo para que hablara algo y no se quedara con esa cara de pánfilo y embobado que tenía en ese momento.
Seguía sin decir nada, solo movía su mano por su falo, cada vez más rápido.

¿sabes que tu mujer me ha dejado follarla sin preservativo?, lo mismo quiere que la preñe para ti.
A ver si así despertaba ya de su letargo. Pero ni por esas.

Pégame en el culo, que vea como gozo contigo, a ver si se corre pajándose mientras me haces conmigo lo que quieras.
Eso me resultó extraño, pero lo hice. Empecé a pegarle en las nalgas, y con cada palmetada, decía.

Ayyy, más, más fuerte, dame, dame todo.
Seguía metiendo mi polla todo lo más dentro que podía y sacudiéndola en su culito cada vez más fuerte. En cada embestida, ella chillaba más y más.

Le di bastante fuerte y se la clavé a la vez, en ese momento, empeczó a a arquear el cuerpo y metió la mano por debajo tocándose el coño y mis huevos. Agarrándomelos con fuerza, como para que no se escapara mi polla de dentro de su coñito. Sus chillidos eran bastante claros y evidentes de que se estaba corriendo como una perra.

Mira como se corre esta puta que tienes por mujer, ves?, increíble, que zorra tienes en casa amigo. Mira como goza.
Ella no podía decir nada, solo suspirara y decir, ¡Diosss! ¡Diosssss!, ¡Diosssss!

En ese momento, él aceleró su paja y empezó a eyacular como un cerdo, cayendo todo su semen en el suelo del pasillo. Del goce, se cayó al suelo de rodillas, jadeando como un perrito.

Cuando ella entró otra vez en su cuerpo y empezaba a ser persona otra vez, se dio cuenta de lo que había pasado, se empezó a reir. Sacó mi polla de su coño y fue donde estaba su marido. Él de rodillas y ella de pié, dando una imagen de superioridad ante él.

Buen perrito, buen marido, buen cornudo. Me has hecho feliz, mi cariño, pero… esto no ha acabado. Nuestro invitado no se ha corrido aún y tendré que dedicarme a él un ratito más. ¿no te importa, verdad?
Claro que no, cielo, tú sigue con lo tuyo, yo miraré.
Ahora nos vamos a la cama y tú mirarás desde la puerta, me excita que nos espíes.
Lo que tú digas mi amor.
Yo estaba allí como un objeto, nadie me pedía consejo, jajaja, y es que en estos casos, son ellos los que mandan y ponen las premisas.

Me fui con ella a la habitación, pero… como tenía la polla aún muy dura, pensé que era buena idea llevarla insertada.

Esta zorra no tiene fin. Es muy viciosa. Me cuesta creer que no le haya puesto los cuernos a su marido antes. Sabe muy bien como manejar los tiempos, las palabras, las frases, las formas…

Yo encantado de todo lo que estaba sucediendo. Me encontraba en mi salsa. No tenía que ser yo quien llevara la batuta, era ella y lo hacía de forma magistral.

Llegamos a la cama, sacó un bote de gel y me dijo.

Ahora quiero que me taladres el culo, para que vea ese pichafloja como se folla un culo, él nunca a sido capaz de metérmela en el culito.
¿Verdad, cielo que nunca has sido capaz de follarme el culito?
No, mi amor, nunca pude.
¿Ves?, este tío no sabe, pero tú sí sabes, ¿a qué sí?
Por supuesto. Si quieres le enseño como se hace.
Jajaja. Sí enséñale, seguro que se hace otra paja viéndonos.
Nos metimos en la habitación de matrimonio, para mancillar el lecho conyugal con una sesión de sexo infiel con consentimiento de ambas partes. Eso me hacía ponerme muy burro. La sensación de poder que tenía Marisa ante su marido y la sensación de ser utilizado para sus fines, me hacía sentirme enorme, ser alguien intocable y eso me gustaba.

Tumbé a mi amante en la cama boca arriba.

Primero quiero follarte el coñito un poco para ir mojando bien mi polla dentro de ti y que te vayas abriendo.
Sí, por favor, fóllame delante de mi querido esposo. Quiero que me vea disfrutar como una perra.
Comencé a follarla con agresividad delante del cornudo, empujaba con fuerza, la insultaba, le insultaba a él también, estuvimos un buen rato jadeando y sudando, hasta que en un momento ella me dijo algo que me dejó alucinado.

Pégame.
¿qué?
Que me pegues, coño. Pégame.
¿En la cara?
Sí, vamos, pégame.
Marisa estaba fuera de sí. Quería que le pegase. Nunca había pegado a nadie y no sé si sabré hacerlo, pero? todo es empezar.

La pegué con la mano abierta en la cara, no muy fuerte.

Noté como ella se convulsionaba, noté que le gustaba. Jamás había estado en una situación semejante. Volví a sacudirla, ya un poco más fuerte y ella reaccionaba con jadeos mayores y retorciéndose de gusto.

Seguí pegándola en la cara, la tenía roja. Yo pegándola delante de su marido, ella gozando y él impávido, sin inmutarse, con la polla a reventar. Les gustaba a ambos que yo maltratase a su esposa.

Le di otra bofetada, no eran muy fuertes, pero como ya llevaba unas cuantas, su cara estaba roja como un tomate, sus ojos saltones y cara de lujuria. Cuando le di la última estalló en una corrida increíble. Empezó a convulsionar, su coño parecía una fuente, no paraba de chilar ¡Diossssssssssss!, ¡me muero, me muero!

Yo seguí empujando para correrme con ella, pero no pude, apretaba tanto las piernas y se puso tan tensa que era incapaz de moverme, me tenía inmovilizado. Me araño, me mordió. Estaba como loca. Su orgasmo duró al menos un minuto largo. Fue indescriptible lo que conseguí con ella.

Cuando se relajó. Me miró, me besó como lo hizo en la calle, con dulzura, pasión y sensualidad.

Me sentí un poco raro, estando allí su marido que había sido espectador de la alucinante corrida de su esposa, pero rápidamente ella rompió esa situación diciendo:

Joder, cariño, nunca me había corrido así, no sabía que podría correrme así, casi me desmallo. ¿ves como tenía yo razón que no tienes ni puta de idea de tratar a una mujer como yo? A ver si aprendes, cornudo de mierda.
Ya lo veo, cielo, ha sido espectacular. Me ha encantado.
Pues si me dejáis que opine? jamás había visto correrse a una mujer como se acaba de correr la tuya.
Todos nos reímos y nos tumbamos en la cama. Al rato ella dijo que si tomábamos algo que estaba deshidratada. Yo dije que perfecto.

Ya en el salón los tres, desnudos?

Ha sido una velada fantástica, espero que podamos repetirlo en más ocasiones.
¿qué?, a ver si te crees que has terminado, guapito. Aún no te has corrido y queda pendiente que sodomices a mi mujer.
Jajaja, por mí encantado, pero no creo que ella esté para más sesión de sexo esta noche.
¿Pero tú que te crees?, tú no te vas de aquí hasta que se haga de día. Para una vez que pillo a un buen macho follador? tú no te vas tan pronto, dijo ella entre risas.
Joder, pero que para de viciosos sois. De acuerdo, pero en esta ocasión, quiero que Pedro me ayude.
¿qué propones?
Cuando descansemos iré a dar por el culo a Marisa, te mostraré como se debe hacer y cuando ya esté bien insertada? tú le vas a follar el coño. Quiero que tenga dos pollas dentro. Le dolerá si es la primera vez, pero como hemos descubierto esta noche, le encantará a la muy zorra.
¿Estás de acuerdo Marisa?
¿Tú crees que mi perrito estará a la altura?
Por supuesto, tu es que no has visto como tenía la polla de dura cuando te estaba follando. Seguro que no nos fallará. Yo confío en él.
Aclarado este punto, estuvimos tomando un refrigerio y unos frutos secos durante un ratito. Me levanté y me fui a su habitación sin decir nada. Yo actuaba como si fuera mía la casa.

Al ratito vino ella con una sonrisa picarona y detrás él a cuatro paras por todo el pasillo.

Venga perrito, ponte ahí y observa como es enculada tu mujercita.
Ella se puso a cuatro patas para que la sodomizara, pero?

No Marisa, no, primero tienes que estar muy caliente y excitada para que dilates bien, así que alguien tiene que comerte el coño y ese será tu marido. Vamos perrito, come el chochito de tu ama y lubrícamela bien.
Él, sin el mayor apuro, se subió al a cama y empezó a lamer el coño de su mujer. Lo hacía tan mal que le tuve que apartar.

Mira, inútil, mira como se hace.
Tomé las riendas y me agaché, empecé a pasar mi lengua por sus labios exteriores, y de vez en cuando pasaba por su clítoris aún hinchado. Notaba como respondía a mis caricias linguales.

Poco a poco me fui centrando en su clítoris, lo metí entre mis labios y succionaba despacio a la vez que empecé a meterle un dedo en su rajita, luego dos dedos y los movía acompasadamente.

Cuando lo creí oportuno metí un dedo en su agujerito trasero manteniendo los dos dedos dentro de su rajita. Ella dio un respingo. Lo tenía muy cerrado y lo apretaba al notar mi dedo hurgando en su ano.

Relájate, zorrita, no te pasará nada, relájate.
Empecé a mover los dedos en círculos, eso nunca falla, para relajar el esfínter y dilatarlo un poquito. Poco a poco empezó a dejarse llevar y relajarse.

La puse a cuatro patas y me mojé la polla con el gel lubricante y un poco en su culito. Metí dos dedos, ya en esa posición y descubrí que no hacía presión, ya la tenía lo suficientemente relajada para poder insertarla con mi polla.

Ahora acércate, cornudín. Mira como se la meto. ¿ves?, poco a poco, observa.
Así es como tiene que estar el culito. Bien preparado

Ahora se pone la punta en el agujerito, ¿ves?
y poco a poco se va metiendo la punta primero

Hasta poder meterla entera. ¿Has captado la idea? Y ella ni se ha inmutado.
Mentira, jajaja, ella si que se inmutó, se quejó un poco al principio, pero según iba entrando mi polla despacito iba abriéndose ella el culito para que la metiese entera y hasta el fondo.

Una vez bien metida comencé a moverme para ir follándola y que su agujerito se fuese dilatando y amoldándose a mi polla, cosa que conseguí en poco tiempo.

Seguí así un rato, escuchando los gemidos de ella y los sonidos que hacía él mientras se masturbaba. Marisa no podía decir nada, estaba concentrada en sentir mi polla dentro que no podía decirle a su marido lo cornudo y mierda que era, pero seguro que lo estaba pensando.

Cuando ya noté que su culo estaba bien abierto y mi polla entraba y salía perfectamente, le hice darse la vuelta, para que Pedro pudiese ver bien como tenía mi pollón bien insertado en su culo y su coño a disposición para qué posteriormente él ingresara su pollita dentro del coño de la puta que tenía por esposa.

Él casi se corre de ver a su mujer siendo sodomizada por una polla desconocida y lo fácil que me había sido doblegar el ano virgen de su mujer.

Le dije que se pusiera encima y que se la metiese en el coño.

Me voy a morir si me la mete, lo juro me muero. Dijo Marisa, ya empezando a estar fuera de sí otra vez.
No hagas caso, y fóllatela, como un buen macho, venga campeón.
Lo intentaré. Estoy muy excitado.
Pedro se montó encima y poco poco noté sobre mi polla una presión. Era la suya entrando en la vagina se su señora, estaba metiéndole su herramienta con mi polla dentro se culo.

Ella no dejaba de gritar que se moría de placer y él empezó a moverse ala compás. Yo noté como si me estuviera haciendo una paja con su polla, notaba perfectamente su polla rozar con la mía atracés de las paredes vaginales de Marisa. Estaba inmovil por el peso de los dos, pero muy excitado.

La presión de las dos pollas dentro de Marisa yla sensación de estar llana, hizo que la zorrita estallase en otro orgasmo convulsivo y más bestial, si cabe que el anterior. No dejaba de apretar con el culo, la vagina, las piernas. Haciía tanta fuerza con todo su cuepro que pensé que me rompía la polla y en ese momento estallé en un orgasmo bestial. Empecé a correrme y agitarme con ella y Pedro no pudo contenerse y se corrió con nosotros.

Hubo golpes, codazos, movimientos, pero en ese estado de euforia solo sentimos placer y como si una fuerza superior nos poseyese a los tres a la vez.

Cuando nos desenganchamos de la posición. Auqelló parecía un desembarco. Que pasada de follada, que pasada de noche, que pasada de sexo, que pasada de pareja.

Lo cierto es fue una de las mejores noches que lo he pasado con una pareja y solo espero que Marisa se quede preñada, de mí o de su marido, y hagamos cosas ?diferentes? entre los tres.

De momento lo estamos intentando. Ella quiere quedarse en cinta, espero que lo consigamos y experimentemos todos la vida de un corneador, un cornudo, y su zorra esposa que le ama con locura.

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La guarra que hay en mi en Relatos eroticos de Infidelidad

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septiembre 24th, 2013 >> Relatos Eroticos

La guarra que hay en mi en Relatos eroticos de Infidelidad (relatos eroticos )

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La guarra que hay en mi en Relatos eroticos de Infidelidad (relatos eroticos )

La relación con mi hijastro es sensacional, viviendo en la misma casa me posee cuando quiere y de la forma que quiere. Me ha hecho de todo, con tranquilidad y confianza, sobre todo con gusto y mucho placer me trago su semen, lo mismo le permito se venga en mi interior cuando me coge analmente, o en mi vagina, no me importa si me embarazo de él, pues no uso ningún método anticonceptivo, usar condón me parece extraño.

En casa me visto más atrevida, incluso aunque esté mi esposo, que me ha dicho sea más recatada porque en casa está su hijo y ya es un hombre. Jajajaja, ni cuenta se da que su hijo usa mi cuerpo como quiere y conoce mis agujeros más que él.

Me toma cuando estoy en la cocina, solo levanta mi vestido o falda, coloca mi tanga a un lado y me penetra, si no hay mucho tiempo me coge como loco viniéndose en mi. Me ha cogido aún con mi marido en la cama cuando este está bien borracho, o mientras se baña mi esposo por las mañanas. Creo que esto nos provoca más placer.

Como les decía, últimamente visto más provocativa , y creo le estoy gustando otra vez a mi maridito pues de repente ya en las madrugadas me toca y me coge como loco, creo que es porque yo misma me muestro más activa, más complaciente.

Hace unas semanas pasó algo que no esperaba, mi marido me llamó para decirme que me quería ver sexi al llegar pues tenía ganas de sexo. Así que ese día complací a mi hijastro con una real mamada hasta hacerlo venir y tragarme su leche para que durmiera a gusto. Pero mi marido no llegó temprano y me quedé esperando ansiosa de ser penetrada.

Eran como las dos de la mañana cuando oí el coche de mi esposo, me asomé por la ventana y efectivamente era mi marido. Fui a la puerta para abrirle, solo traía un baby doll de seda, y cuando abrí la puerta me sorprendió ver a mi esposo caerse de borracho sostenido por uno de sus empleados, ya no tuve tiempo de cubrirme pues yo misma abrí la puerta de par en par para que mi esposo me viera como me había pedido.

Le dije al empleado que yo misma lo llevaba, cuando vio que no podía con mi esposo que estaba sin sentido, volvió a tomarlo pasando sus brazos por mi espalda. Entre los dos lo recostamos en la sala. Le agradecí y le señalé la salida mientras no dejaba de mirarme de arriba abajo.

Trataba de cubrir mis senos, cuando llegamos a la puerta me empujó para sacarme de la casa, cerró y se puso contra la pared frente a frente, tapaba mi boca, me acariciaba con la otra mano levantando mi baby doll, cuando quitaba su mano de mi boca le pedía que no me hiciera daño, su respiración era agitada y decía;–?¡ningún daño mamacita, solo te voy a coger, eres la esposa del patrón y estás bien rica mamita, tengo que cogerte aunque me corran del trabajo!–¡No por favor, mi marido o su hijo pueden despertar y habrá problemas!–¡para cuando despierten ya te eché mi leche mamita!, la cogida que te dé nadie me la va a quitar!?

Empujaba tratando de meter su cosa al mismo tiempo que besaba con fuerza mis senos, hubo un momento en que ya no me oponía, solo tenía mis manos alzadas y pegadas a la pared dejando que me hiciera lo que quisiera. Se dio cuenta de eso y con sus dos manos empezó a manosearme como loco, me tomó de la tanga y la arrancó con fuerza, ésta quedó sostenida por la otra entrada de mi pierna dejando expuesta mi vagina por la que el hombre con facilidad colocó su verga en la entrada de mi vagina y me penetró con tanta fuerza que grité pero de placer, él me tapó la boca: –¡no grites zorra ya ves que te encanta la verga, estás bien mojada y ese grito es de gusto zorrita!?mis sentidos en un instante se perdieron y empecé a gozar la cogida de en ese entonces extraño. Yo no hablaba solo gemía de placer mientras mi cogedor embestía brutalmente mis entrañas?su verga lograba rozar mi clítoris en cada embestida, lográndome un placer como nunca?no me importaba que fuera un extraño, un empleado de mi esposo, estaba deseosa de ser cogida de esa manera.

Siguió penetrándome con fuerza, mientras su boca llenaba mis tetas, las chupaba y mordía con hambre, a veces me lastimaba?me gustaba lo que me decía al oído:-?¡ya me habían dicho que la esposa del patrón esta bien rica?es cierto, estás bien sabrosa y lo mejor..eres bien puta, te gusta la verga..te encanta la verga?mamiiii ese qué cogidas te ha de dar el patrón?pinche patrón de mierda como me gustaría que supuieras que to mujercita esta siendo en estos momentos mi puta?¿verdad que eres una puta?, ¡verdad zorra que te encanta la vergaaaa!?

Yo no decía nada, solo asumía con gemidos, me estaba viniendo cuando los jadeos del hombre aumentaron y su boca apretó mis tetas?segundos después decía..¡aaaahhhh, aaahhh, me vengo zorra, te los voy a echar adentro puta mía?.aaaahhhhh yaaaaa!!?

Llegó la calma, nuestros cuerpos sudaban la gota gorda, el baby doll estaba mojado y en mi cintura?en la oscuridad mis tetas brillaban de sudor?nuestra respiración se tranquilizaba. Sacó su verga de mí, sentí su semen recorrer el interior de mis muslos. Me besó en la boca diciendo; –?¡no te laves mamita rica?quiero que dejes mi leche en ti!?..no respondí?solo gemía cansada, quería dejar de respirar agitada?se fue, no dijo adió, solo se fue dejándome desnuda, pues lo que quedaba de mi tanga y el baby doll estaban en mis tobillos.

Se fue llevándose el coche de mi marido?mi mente volvió a la claridad cuando el coche se perdió en la oscuridad.

Tomé el baby doll y me fui a la cama, quería dormir?me iba a lavar pero recordé las palabras del hombre?y no me lavé, quedé profundamente dormida. Al despertar mi marido está mirándome fijamente con los restos de mi tanga en la mano. La mujer es muy inteligente así que le dije que cuando llegó, me cogió él mismo en la puerta de la casa. Le platiqué lo que ?me hizo??se lo conté a detalle como si él mismo me hubiera hecho lo que su empleado, creo que esto lo estimuló y me poseyó como pocas veces lo hace, mezclando su semen con el de la persona que lo llevó a casa.

Mi s tetas tenían marcas de ?chupetones??mi esposo cree que él me los hizo, y mi hijastro cree que su papá me los hizo?ni como reclamarme.

Días después el empleado de mi marido me enviaba mensajes, luego me llamaba, quería que nos viéramos, no le respondía?pero insistió y una noche en la que sabía estaba sola, me llamó, y lo dejé entrar a mi casa, la pasamos toda la noche juntos, conocí mejor esa verga rica?muy diferente a las de mi marido y ala de mi hijastro, una verga de un hombre experto en la cama y perverso que logra sacar con facilidad lo puta que soy pues con él grito como loca mientras soy penetrada, mientras me trata como su puta.

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