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La inquilina y mi esposa en Relatos eroticos de Dominación

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febrero 22nd, 2014 >> Relatos Eroticos

La inquilina y mi esposa en Relatos eroticos de Dominación (relatos eroticos )

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La inquilina y mi esposa en Relatos eroticos de Dominación (relatos eroticos )

Rocío, nuestra inquilina, había descubierto que durante casi un mes la habíamos drogado para saciar nuestras sucias necesidades pero una vez con las pruebas de nuestro delito en su mano, decidió dar la vuelta a la tortilla y convertirnos en sus juguetes.

Una muestra clara de lo que nos esperaba en sus manos, fue lo que ocurrió nada mas informarnos de que conocía como noche tras noche y aprovechando que estaba inconsciente, entre mi esposa y yo nos la habíamos follado.

-Puta, desnúdate para mí- le exigió a mi esposa.

Maite, que no se había acostumbrado a ese cambio de papel, tardó en reaccionar por lo que la morena ejerciendo su nuevo poder, se levantó y le desgarró su vestido con las manos. Mi mujer intentó taparse pero nuestra inquilina se lo impidió dándole una sonora cachetada.

-Me has hecho daño- se quejó tocándose la adolorida mejilla.

Roció, soltó una carcajada al responderle:

-¡Mas te voy a hacer si no me obedeces!- tras lo cual terminó de despojar a mi esposa de su ropa.

Juro que me excitó ver la indefensión de mi pareja pero en ese momento no me atreví a decir nada y por eso mantuve un silencio cómplice mientras esa muchacha la desnudaba. Maite, completamente abochornada, se quedó quieta mientras la morena le quitaba el tanga. Casi desnuda y con un coqueto sujetador como única vestimenta esperó con el rubor cubriendo sus mejillas su siguiente paso.

Rocío al verla sin bragas, pasó uno de sus dedos por los pliegues de su sexo y mirándome, me dijo:

-Tu esposa es una zorra. Todavía no he hecho uso de ella y ya está cachonda y alborotada-.

Una tímida sonrisa fue mi respuesta. La andaluza comprendió que no iba a defender a Maite y dándole la vuelta, le quitó el sujetador. Una vez totalmente en pelotas, cogió los pechos de su víctima entre sus manos y me los enseñó diciendo:

-Menudo par de pitones tiene esta perra. Se nota que será una buena sumisa porque casi no la he tocado y ya está verraca-.

Aumentando la vergüenza de mi mujer, le pellizcó los pezones mientras le susurraba que era una guarra. Maite suspiró al notar la acción de los dedos de la morena sobre sus areolas y sin dejarme de mirar, gimió de deseo. La morena entonces se apoderó de los mismos con su lengua y recorriendo los bordes rosados de su botón, los amasó sensualmente entre sus palmas. Mi señora, incapaz de contenerse, suspiró mientras intentaba parecer fría ante ese ataque.

Si pensaba que esa actitud le serviría de algo, se equivocaba porque Rocío hizo caso omiso de ella y de un empujón, la sentó sobre la mesa del comedor.

-Abre tus piernas, puta. Quiero que el cerdo de tu marido disfrute de la visión de tu coño mientras te lo como-, ordenó bajando su cabeza a la altura del pubis de la mi mujer.

Desde mi posición, pude observar que Maite se estaba excitando por momentos. No solo tenía los pezones erectos sino que se notaba que la humedad estaba haciendo aparición en su sexo. La morena al notarlo le separó las rodillas y sacando la lengua empezó a recorrer sus pliegues.

-Ahhh- suspiró mi esposa.

Rocío, encantada con su poder, aceleró las caricias mientras torturaba los pezones con sus dedos. Pude ver que luchando contra el deseo, mi señora apretaba sus manos y con la cara desencajada, de sus ojos brotaban unas lágrimas. Sin apiadarse de su víctima, la andaluza metió dos dedos en el interior del coño de mi amada, la cual empezó a retorcerse buscando su propio placer.

-Te gusta, ¿Verdad? ¡Guarra!- gritó al comprobar que el sexo de mi mujer aceptaba con facilidad dos dedos y queriendo forzar aún mas su dominio, le preguntó: -¿Crees que te cabra mi mano?

Maité, al oír lo que se proponía, se zafó de su acoso e intentó huir pero entonces la morena, dirigiéndose a mí, me ordenó:

-Tráemela otra vez.

No pude negarme. Si esa zorra iba a la policía con el video donde me la había follado después de drogarla, hubiese ido a la cárcel por lo que cogiendo a mi mujer en mis brazos, la devolví encima de la mesa.

-Sujétala y que no se mueva- me soltó riendo.

Comportándome como un auténtico bellaco, inmovilicé a mi esposa mientras la morena la violaba metiéndole tres dedos en su interior. Los gritos de dolor lejos de cortarla, la motivaron aún más y haciendo caso omiso de los mismos, le metió un cuarto dedo.

-¡Por favor!- chilló Maite al sentir su sexo a punto del desgarro.

Disfrutando de la faceta de estricta domina, Rocío pellizcó duramente los pezones de mi mujer mientras le decía:

-¡Cállate, puta!. ¡Bien que te reías mientras tu marido me violaba!

Al recordarle el motivo por el cual nos tenía en sus manos, hizo que se quedara callada y quieta, momento que la morena aprovechó para incrustarle el quinto dedo. Con lágrimas en los ojos, chilló de dolor pero temiendo la reacción de esa muchacha, esta vez no intentó huir. Mas excitado de lo que me gustaría reconocer, observé la cara de lujuria que nuestra inquilina puso al intentar meter por completo su palma en el interior de mi amada.

Tras varios intentos fallidos, por fin, completó su objetivo y una vez conseguido ni siquiera esperó a que su víctima se acostumbrara y con autentico sadismo comenzó a golpear su vagina. Maite al sentir el puño de la andaluza en su interior, gimió completamente descompuesta.

-¡Te lo ruego, déjame! ¡Te juro ser tu fiel esclava!- chilló en busca de su compasión.

Rocío al escuchar su entrega, le soltó:

-Todavía no te enteras. ¡Eres mía!- y recalcando su dominio, me obligó a darle la vuelta.

Juro que no supe que se proponía hasta que teniéndola a cuatro patas sobre la alfombra, vi que la morena cogía un cinturón y usándolo sobre mi esposa, empezó a castigar sus nalgas.

-¡No! ? gritó al sentir la dura caricia del cinturón en su trasero.

Aterrorizado pero incapaz de defenderla, soporté el ver como nuestra inquilina azotaba una y otra vez a mi mujer. Solo cuando ya tenía el culo casi en carne viva, paró y dirigiéndose a mí, me dijo:

-¡Quiero ver cómo le das por culo!

De `plano me negué, al sentir que era demasiado el castigo que estaba sufriendo Maite. Estaba a punto de enfrentarme con esa zorra cuando escuché que mi señora desde el suelo me decía:

-Haz lo que te ordena nuestra ama-

Sin saber qué hacer, me la quedé mirando y al observar que desde la alfombra me sonreía y que sin esperar a que esa puta sádica repitiera su amenaza, con sus dos manos se separaba las nalgas, no pude hacer otra cosa que arrodillarme a su lado.

Estaba recogiendo parte de su flujo para untar su ojete cuando la maldita inquilina me gritó:

-Directamente. No lo lubriques. ¡Esa zorra no se lo merece!

Quise protestar pero Rocío uso el cinturón sobre mi espalda para obligarme a obedecer. Juro que debí responder a su agresión enfrentándome con ella pero el escozor de ese latigazo, contrariamente a lo que había supuesto, me excitó y sin mediar queja alguna, forcé la entrada trasera de mi mujer con mi pene.

Afortunadamente el ano de Maite estaba habituado a ser forzado porque de no haber sido así el modo tan bárbaro con el que la penetré le hubiese provocado un desgarro.

-¡Dios!- aulló al sentir su ojete mancillado.

La morena disfrutando de nuestra sumisión se rio al comprobar la cara de sufrimiento de sus dos nuevos juguetes y tras un minuto sin hacer otra cosa que mirar cómo le daba por culo, se acercó a mí y poniéndose a mi espalda, me separó mis propias nalgas mientras me decía:

-Luego es tu turno.

Tras lo cual introdujo uno de sus dedos en mi ojete. Nunca nadie había hollado ese agujero por lo que al descubrir que era virgen, esa zorra se descojonó de mí, avisándome de que iba a ser lo primero que ella hiciera. Contra toda lógica, el notar su yema jugueteando en su interior me calentó y reiniciando con mayor énfasis mis penetraciones, seguí machacando el trasero de mi esposa.

Maite, que era ajena a que su marido estaba siendo violado analmente por los dedos de su inquilina, recibió con gozo ese asalto y con la respiración entrecortada, nos informó que estaba a punto de correrse.

Su confesión fue un error porque al oírla, la morena tiró de su melena y prohibiéndola correrse, me obligó a sacársela.

-Límpiala.

Habiendo cortado su calentura, mi esposa tuvo que usar su boca para retirar los restos de mierda que embadurnaban mi miembro, tras lo cual, la andaluza nos obligó a seguirla hasta su cama. Una vez en su habitación, la muy zorra nos demostró nuevamente que había preparado a conciencia nuestro castigo porque abriendo un cajón sacó dos juegos de esposas, con los que nos ató al cabecero.

Una vez con nosotros dos inmovilizados, se desnudó y apagando la habitación, se durmió.

Lo que en teoría iba a ser nuestro primer día de sumisos, se convirtió en algo mucho mejor.

Como os imaginareis pude dormir más bien poco, atado, desnudo y sin saber que iba a ser de mí, me pasé la noche en vela. Ya eran más de las diez cuando la zorra de la andaluza, se levantó y olvidándose de mí, le quitó los grilletes a mi mujer tras lo cual le obligó a acompañarla al baño.

Como estaba la puerta abierta pude ver cómo se sentaba en el wáter y mientras Maite permanecía arrodillada a sus pies, se ponía a mear. Una vez liberada su vejiga, cogió a mi esposa y le obligó a limpiar los restos de orín con la boca, tras lo cual se metió a duchar.

Una vez hubo terminado, salió del baño envuelta en una toalla y cogiendo una bolsa de un rincón, salió con mi mujer de la habitación dejándome solo tirado en el suelo. No llevaba ni cinco minutos fuera cuando vi que mi inquilina volvía.

Asustado, creí que con su vuelta iba a empezar mi suplicio, cuando sentándose en la cama, me preguntó:

-¿Te gustaría llegar a un acuerdo conmigo?

-Depende- contesté aún sabiendo que tenía poco margen de maniobra. Fuera lo que fuese lo que esa morena me iba a proponer, comprendí que iba a tener que aceptarlo.

-Puedes ser compañero o por el contrario mi juguete- respondió con voz dulce mientras me quitaba las esposas.

-No te comprendo. ¿A qué te refieres?

Descojonada, ni se dignó a contestar y todavía estaba pensando en ello, cuando escuché que se abría la puerta. Al mirar quien entraba, no me costó reconocer que era Maite la que se acercaba. Mi mujer venía vestida como una sumisa de libro. Ataviada con un arnés hecho de correas de cuero, parecía una actriz de una película erótica.

Supe entonces lo que esperaba de mí cuando vi a mi señora arrodillarse a mis pies y decirme:

-Amo, vengo a presentarme. Tal y como he acordado con mi dueña, no debe considerarme su mujer sino una propiedad. A partir de ahora, cumpliré las ordenes de los dos sin quejarme.

Obligada por las circunstancias, Maite había aceptado se nuestra sumisa y aunque comprendía los motivos que le había llevado a ello, me sorprendió ver en sus ojos un brillo que bien conocía:

?¡Está cachonda! ¡Le pone bruta ser una sumisa!? exclamé mentalmente al asimilar su significado.

Todavía no me había repuesto de la sorpresa cuando escuché a Roció decir:

-¿Qué respondes? Aceptas que entre los dos adiestremos a esta puta o por el contrario, tendré que ocuparme yo sola de vosotros dos.

-Sin lugar de dudas, acepto.

Mi hasta hacía unos segundos amada esposa no pudo reprimir su satisfacción y pegando un suspiro, se agachó frente a mí diciendo:

-¿Desea mi amo que le sirva?

-No, zorra ?contesté- antes quiero que veas como me follo a una verdadera mujer.

La reacción de Rocío no se hizo esperar y despojándose de la toalla, se lanzó a mi lado. Verla desnuda y deseando mis caricias fue algo que no me esperaba y sin dudarlo la acogí entre mis brazos.

-¡No sabes cómo deseo sentir tu polla dentro mío!- me dijo la mujer que hasta hacía unos momentos pensaba que iba a ser mi torturadora.

-No tardaras en sentirlo- contesté pegándola a mí.

La muchacha me respondió con una pasión arrolladora y pegando su cuerpo al mío, dejó que la acariciara. Mis manos al recorrer su trasero descubrieron que tenía un culo duro y bien formado. No me hizo falta su permiso para pasar mi mano por su entrepierna. Mis dedos completamente empapados dieron fe de la excitación que dominaba a esa cría y llevándoselos a la boca, la obligué a probar su porpia excitación mientras le decía:

-¿Qué hacemos con nuestra esclava?

Descojonada, contestó:

-¡Qué mire!

Desde el borde de la cama, Maite nos miró con una mezcla de deseo y envidia. Sabiendo lo que esa mujer necesitaba y olvidando a mi esposa, susurré en su oído:

-Eres una putita pervertida.

-¡Habló el que viola a mujeres drogadas! ? respondió mientras con sus manos acomodaba mi pene entre sus piernas.

-Ahora va a ser mejor- contesté mientras me metía en su interior.

Rocío gritó de satisfacción por la violencia de mi estocada pero no hizo ningún intento de separarse, al contrario, tras unos segundos de indecisión se empezó a mover buscando su placer. Lo estrecho de su sexo dio alas a mi pene y tomándola de sus pechos, comencé a cabalgarla. Dominada por la lujuria, la muchacha me rogó que la tomara sin compasión. Cada vez que la cabeza de mi glande chocaba con la pared de su vagina, berreaba como loca, pidiendo más. Su completa entrega elevó mi erección al máximo y cambiándola de postura, la puse a cuatro patas.

Al verla en esa posición, recordé que nunca me había atrevido a usar su culo no fuera a ser que al día siguiente se diera cuenta y por eso tras darle un sonoro azote, le pregunté:

-¿Te han follado alguna vez por detrás?

-No- contestó- pero ahora te necesito en mi coño.

Satisfecho por su respuesta, la volví a penetrar mientras de reojo veía a mi mujer masturbándose por la escena. Olvidándose de su papel de sumisa, estaba dando rienda suelta a su lujuria al verme con otra.

-Sigue, ¡que me encanta!- protestó la morena al notar que aminoraba mi ritmo.

La calentura de las dos mujeres era tal que comprendí que a partir de ese día, iba a tener que satisfacer a ambas y por eso concentrándome en ese instante, decidí pedir ayuda a la que se había conformado con ser nuestra esclava:

-Cómele los pechos a tu ama.

Ni que decir tiene que Maite, se lanzó sobre las tetas de esa muchacha sin protestar y ella al sentir que eran cuatro manos, dos bocas y un pene los que la estaban amando no pudo evitar pegar un grito de satisfacción. Buscando un punto de apoyo, me agarré a los dos enormes melones que la naturaleza le había dado.

Ese nuevo anclaje, permitió que mis penetraciones fueran más profundas y con mis huevos rebotando en su sexo, me lancé a un desenfrenado galope. Rocío, convertida en mi montura, convulsionaba cada vez que sentía a mi glande chocar contra la pared de su vagina. Fue entonces, cuando al sentir que estaba a punto de explotar, le mordí el cuello.

Es difícil de expresar su reacción, sollozando, gritó que nunca la dejara de follar así. Su absoluta entrega fue la gota que le faltaba a mi pene para reventar y esta vez, fui yo quien rugió de placer sentir que regaba con mi simiente su interior. Ella al advertir mi orgasmo, se desplomó en la cama mientras todo su cuerpo no dejaba de agitarse con los últimos estertores de su rendición.

Al quitar mi miembro de su interior, Maite tomó mi lugar y como posesa, se dedicó a beberse el semen con el que había llenado el sexo de la morena. Esa mamada inesperada, prolongó el éxtasis de Rocío hasta límites nunca sospechados y solo tras una serie de orgasmos consecutivos, separó a mi mujer y abrazándose a mí, me dijo:

-Dile a esa puta que prepare mi culo, quiero que vea como me lo desvirgas.

No tuve que decírselo, mi amada esposa al oírlo pegó un grito de alegría diciendo:

-Ahora mismo, me pongo a ello- tras lo cual separando las nalgas de su ama, sacó la lengua y empezó a relajar ese rosado esfínter.

La inquilina y mi esposa en Relatos eroticos de Dominación (relatos eroticos )

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Noche rusa 2 en Relatos eroticos de Infidelidad

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Noche rusa 2 en Relatos eroticos de Infidelidad (relatos eroticos )

Estaba mirando el móvil en la cama, observando las fotos que Karei me había enviado cuando su sonido me sobresalto, me quede mirando unos segundos hasta que al final reaccioné, era Pablo mi marido, tosí me aclare la voz y dije,

Hola cariño,

Hola Mami, que tal tus días solitarios en el paraíso, has podido arreglar los problemas de la comunidad, me pregunto mi marido con algo de coña.

Mami?, cuándo había dejado de ser Mariana, cuándo había dejado de ser una mujer para convertirme en solo una madre, estuvimos un rato hablando de tonterías y acordamos que como a él le faltaban un par de días para cerrar su trabajo y yo no había terminado mis gestiones en la comunidad, me quedaría un par de días más sola y después vendría mi marido después de recoger a mi hija, que estaba encantada con mi madre y sus primos. Un par de días que yo disfrutaría relajándome y terminando lo que había venido a hacer, después de colgar, me estiré en la cama y note como me dolía cada trocito de mi cuerpo, la noche anterior me estaba pasando factura, aparte de una resaca tremenda por mi poca tolerancia al alcohol, al levantarme de la cama me costaba andar y mi culo parecía que tenía todavía una polla dentro, de lo abierto que lo tenía.

Me dirigí al baño, al mirarme al espejo me asusto mi aspecto, tenía los ojos muy enrojecidos, el pelo sudado y pegajoso, sin más me metí bajo la ducha y el agua caliente fue despertando mis sentidos, me enjabone y mis pezones al contacto con el agua se pusieron duros, me los pellizque y sentí un calambrazo de placer, la esponja fue bajando y el jabón llegó hasta mi coño que también seguía muy abierto y sensible, el simple roce de la esponja hizo que me calentará de nuevo, mi clítoris estaba muy hinchado y mi ano me dolía con la sola presión de la esponja, al frotarlo y retirar los restos secos empecé a fantasear con lo ocurrido la noche anterior, las imágenes se sucedían en mi cabeza, Karei, la rubia espectacular y el otro tipo del que no sabia ni su nombre, vinieron a mi mente, no podía ni creer lo que había pasado, como me habían utilizado, como había disfrutado, sus pollas a mi alrededor, como les hacía una mamada sin ningún remilgo, como habían desvirgado mi culo y me había corrido como nunca, desde luego el popper era un artículo muy peligroso, me había convertido en una p?, en una puta, esa era la palabra que mi mente no quería pronunciar.

Esa noche mi cuerpo pedía más y más, cuando hasta ahora me contentaba con un misionero tradicional y cortito, ya nada iba a ser igual, después de experimentar el placer con mayúsculas, mi antigua vida sexual me iba dejar muy poco satisfecha, pero claro Pablo, mi marido, es a lo que me tenía acostumbrada y no podía de un día para otro, encontrarse con una loba sexual. Definitivamente este tenía que ser mi secreto, yo era una mujer tradicional y respetable, que simplemente había tenido una noche loca. Salí de la ducha y todavía dolorida, me vestí, mis pezones muy sensibles e irritados solo me permitieron colocarme un kaftan muy ligero de gasa casi transparente, que venía a juego y de regalo, con un bikini que me había comprado, nunca lo había utilizado para bajar a la playa, era demasiado transparente y mas que tapar enseñaba, pero estaba sola y mis pezones no podían soportar nada más, me puse unas braguitas y el simple roce del algodón con mi cuerpo, hizo que me las quitara inmediatamente.

Sólo con la prenda de gasa como indumentaria me fui a la cocina, al pasar por el pasillo, vi mi reflejo en el espejo y me sorprendió, mi cuerpo estaba totalmente expuesto a través del tejido, mis pechos, mi 110 parecía más grande aún, los tenía hinchados y erectos, se marcaban perfectamente los pezones y mi vello púbico se veía sombrear, me sentía muy atractiva, tanto que durante un rato estuve mirándome y girándome ante el espejo.

Ya en la cocina, me preparé un té y unas tostadas, al sentarme en una taburete de la barra de la cocina, note mi culo muy dolorido y añadí a mi desayuno un par ibuprofenos, que bajarían la inflamación. Terminado el desayuno, me fui al salón y me deje caer en el sofá del salón, estaba sola y no tenía mucho que hacer, eran las 12 de la mañana y el sopor hizo que me quedara de nuevo dormida.

Al rato me desperté sobresaltada, estaban llamando al timbre de la puerta, mire el reloj y eran las 5 de la tarde, un poco atontada me dirigí a la entrada y miré por la mirilla, para ver quién estaba llamando, era una chica rubia, alta que me resulto familiar, pero no acertaba a recordar quién era, entreabrí un poco la puerta y asome la cabeza.

Hola, me dijo la rubia, soy Britta te acuerdas de mi, en ese momento el recuerdo del morreo que nos habíamos dado, me hizo subir los colores, pero claro, la rubia espectacular iba de calle, con una faldita y una nadadora negra, su pelo recogido en una cola alta, parecía una chica normal, con las gafas de sol sobre la cabeza y un gran bolso bandolera colgado al hombro. Yo debía tener cara de tonta, ruborizada y solo con la cabeza asomada fuera de la puerta, entonces volví a escucharla, Mariana estás bien, ese era tu nombre no?, volví en mi, y entreabrí un poco más la puerta.

Si, perdona estoy un poco aturdida, me había dormido un rato. No importa, me dijo, lo entiendo, entro a trabajar a las ocho en el Sex Shop, pero acordándome de la fiesta de anoche, y pensando que quizás no estabas muy acostumbrada, decidí pasarme por tu casa para traerte algo que creo que te vendrá muy bien, metió la mano en su bandolera y sacó un bote rosa, es una crema calmante, tiene rosa mosqueta y aloe, creo que te refrescara y bajara la inflamación que seguro que tienes. Sin acordarme de cómo iba vestida, abrí del todo la puerta, y me acerque a coger el tarro, Britta en ese momento me miro de arriba abajo, con una sonrisa se quedó mirando mis pechos, seguía con los pezones duros y erectos, todo mi cuerpo se trasparentaba a través de mi kaftan, intentando tapar mi desnudez, me eche un poco hacia atrás para no quedar tan expuesta, y ella lo tomo como una invitación a entrar, ya que yo ya no le franqueaba la puerta.

Una vez ella estaba dentro, y para que ningún vecino me pudiera ver desnuda cerré la puerta, ella volvió a coger el tarro de mis manos y se dirigió al salón, empezó a contarme, que la crema no me provocaría ninguna reacción alérgica, que era una producto que se vendía mucho en la tienda y que no solamente era buena para después de una buena sesión de sexo, sus propiedades calmantes me vendrían de perlas para después de tomar el sol por ejemplo, Britta hablaba de sus productos, como si de una promotora de la perfumería del Corte Inglés se tratara, para ella hablar de sus propiedades era lo más natural, yo la seguí al salón y al sentarme a su lado, note de nuevo el dolor en mi culo y mi coño, mi cara tuvo que cambiar y el gesto de dolor tuvo que ser claro, ya que ella dejo de hablar y con una sonrisa me dijo, que no me preocupara, tumbate te hará mejorará en un momento.

Yo como si estuviera hablando con mi médico, hice lo que me decía, era tal la confianza que me inspiraba y el dolor que sentía, que no me lo pensé dos veces, lentamente me eche hacía atrás, quedando recostada en los cojines de cara a ella. Britta, me abrió un poco las piernas y se sentó en medio, lentamente me fue subiendo el Kaftan hasta dejar mis pechos al descubierto, era una locura, estaba completamente expuesta a una total desconocida y no sentía ningún pudor, es más notaba como un calorcito muy agradable me subía desde la entrepierna.

Ella sin dejar de sonreír, abrió el bote, metió tres dedos y con ellos embadurnados en un gel rosa se acerco a uno de mis pechos, lentamente, con mimo fue rodeando mi aureola y mi pezón, que aunque duro y sensible después del maltrato del día anterior, agradeció la sensación de frescor que me produjo de forma inmediata, Britta no dejaba de mirarme a los ojos y yo me sentía prisionera en esos ojos azules, fue ampliando sus refrescantes caricias, hasta masajear por completo esa teta, ya no empleaba sus tres dedos sino la mano entera, el masaje era muy agradable, en un momento note que paraba y mire de nuevo su mano, simplemente volvía al tarro rosa para recoger más gel y emplearse con el mismo mimo en mi otro pecho, ansiaba su contacto y al recibirlo deje de mirarla a los ojos y entrecerré los míos, era increíble como me estaba dejando tocar por una mujer, una desconocida que sabía perfectamente lo que necesitaba.

Yo una mujer normal, madre y esposa que hasta el día anterior jamás había tenido más contacto sexual que con mi marido y nunca, nunca, nunca había pensado en una mujer, ahora me estaba dejando masajear por una rubia espectacular llamada Britta, que el día anterior me había penetrado con su lengua, con sus dedos y con un aparato enorme atado a su cintura, era una locura. Cuando terminó de masajear mi otra teta, abrí los ojos, la quemazón había desaparecido, mis pezones aunque erectos por el contacto y el frescor, ya no me dolían, la vi levantarse y arrodillarse junto al sofá, al mirarla me di cuenta que no llevaba sujetador, sus pezones también estaban duros y se transparentaban a través de la camiseta, en ese momento sonó su móvil, se puso de pie y me pidió disculpas por contestar, de su conversación pude deducir que alguien le estaba anulando una cita.

Perdona, esta tarde tenía una reunión de Tuppers sex, concertada desde el sex shop y me la acaban de anular, parece ser que no han podido reunir al suficiente número de chicas, y lo han aplazado para la semana próxima, yo me quede mirándola sin saber que decir. No sabía que era una reunión de Tuppers sex, ella entendió perfectamente mi cara y acercó su bandolera, arrodillándose de nuevo junto a mí, metió la mano y saco una cajita blanca, que parecía un estuche de joyería, al abrirlo sobre un terciopelo rosa aparecieron dos canicas metálicas, del tamaño de nueces.

Una reunión de Tuppers Sex, es una reunión de amigas, a la que invitan a una experta en productos eróticos, en este caso yo, de forma amena y con un café les voy enseñando las últimas novedades en productos de nuestro sex shop, aconsejándolas como utilizarlos y recomendándoles los productos que más salida tienen según sus gustos, esto primero que te he enseñado son una bolas chinas, sirven para darte placer con sus movimientos y para fortalecer las paredes de tu vagina, sobre todo si has tenido niños, yo cogí la cajita y las saque, pesaban un poco y al chocar entre ellas, producían un sonido metálico. Britta me miró y dijo, quizás quieras probarlas, tengo tiempo, ya que me han anulado mi cita y como veo que no conoces mucho estás cosas, ya que estoy en tu casa, puedo hacerte una reunión privada y así justifico mi tiempo fuera de la tienda.

Mariana, verás como te gusta, además como tenemos la crema aquí, puede ser una forma estupenda de refrescar tu irritada vagina, tumbate de nuevo, yo que me había sentado para ver que sacaba del bolso, me volví a recostar en mi sofá de piel y la gasa de mi vestido se quedo pegada por el gel a mis pechos, dejándolos más marcados si cabe. Tomó las bolas, las embadurno en el gel y de rodillas, me abrió un poco las piernas, cogiendo una bola entre sus dedos y acercándola a mi coño, la pasó suavemente por mis labios vaginales, de arriba a abajo, hasta que note una pequeña presión que enseguida dio como resultado que la bola estaba en mi interior, la sensación fue muy extraña y refrescante, inmediatamente cogió la otra bola y realizó la misma operación, la paso por toda mi raja y después de una leve presión, también mi vagina la engulló sin ningún problema, al entrar la segunda, note como un leve choque en mi interior, que volvió a producir una oleada cálida en mi.

Levántate un momento Mariana, verás el movimiento que vas a notar en un interior, se levantó y dándome la mano me ayudó a incorporarme, al ponerme de pie, mi vestido siguió arriba ya que estaba pegado por el gel a mis pechos, y mi culo y mi coño quedo expuesto, las bolas en mi interior, pesaban y tiraban de mi vagina hacia abajo, yo tenía que contraerla para evitar que se salieran y eso hacía que rebotaran en mi interior, produciendo un cosquilleo que iba calentándome.

Vuelve a tumbarte, me dijo.

Volvió a meter su mano en la bandolera y saco otra cajita, esta vez metálica, al abrirla, vi en su interior una especie de punta con un brillante, esto es un Plug Mariana, es mini, sirve para dilatar y estimular el ano, pero en tu caso como veo que todavía lo tienes dilatado, supongo que, la penetración de anoche fue tu primera vez, lo podemos embadurnar también con gel y te calmara por dentro, para que no te duela al introducirlo si quieres te puedo dar a oler un poco de popper.

Popper, era la palabra mágica para una mujer que como yo, se había dejado llevar hasta la locura la noche anterior, me había gustado y quería volver a experimentar la misma sensación, me sentía segura con Britta, estaba en mi casa, en mi sofá, le dije que si, abrió de nuevo su bandolera de los deseos y saco un frasquito de cristal, lo destapo y me lo dio a oler, de nuevo el olor a acetona, de nuevo el calor, la sensación de euforia, aspira dos veces por cada orificio y recuéstate.

Me deje hacer, me sentía tan bien, relajada, eufórica, desinhibida, esta vez Britta, mojo el plug en el gel, pero no me lo metió, lo paseo por toda mi raja, subiendo y bajando, hacía presión en mi clítoris, me lo metía en la vagina, volvía a acariciar mi clítoris, yo abrí más las piernas, el placer me estaba embargando, junto con el plug también sus dedos me acariciaban, sus dedos resbaladizos por el gel iban abriéndose paso por mis labios mayores, menores, mi ano, estaba en el cielo, me acerco de nuevo el frasquito y lo volví a oler dos veces más, seguía acariciándome, volvió a mojar el plug y esta vez lo poso en mi y con una leve presión me lo introdujo, al mismo tiempo lo iba girando y las sensaciones en mi interior se iban multiplicando, lo dejo allí, te gusta Mariana, si, si, SI,?, me encantaba, esa presión me estaba volviendo loca y al mismo tiempo las bolas se hacían más presentes, chocando entre si y con el plug.

Subió una mano a mis pechos y pellizco un pezón, arquee la espalda, al mismo tiempo seguía acariciando mi coño con la otra mano, mi clítoris, me metía un dedo, dos, empujaba las bolas más dentro de mi, acariciaba el plug desde dentro. Entonces me llegó un orgasmo, que me dejo toda desmadejada y temblorosa en el sofá, había tenido un orgasmo con una mujer, una mujer me había acariciado hasta hacerme perder el control y había conseguido que me corriera. Era una locura, a mi no me gustan las mujeres. Sin dejarme respirar y de improviso Britta metió su cara entre mis piernas y empezó a comerme, a devorarme el coño, parecía querer beberme entera, y yo todavía con las piernas temblando del orgasmo anterior, no solo la deje hacer sino que las abrí más para que me tomara toda, gemía, resoplaba, me restregaba con su boca, me agarre yo misma los pezones y los pellizque, tire de ellos y tuve otro orgasmo que me hizo cerrar las piernas, pero ella se hacía fuerte entre ellas y seguía chupando, mordiendo, metiendo los dedos,?, de repente escuche caer algo sobre el parquet, el sonido me sobresalto, al mirar al suelo, vi rodar una de las bolas, había conseguido sacármela con los dedos, al momento la otra también caía, me dejaron un vacío en mi interior, Britta empezó a hurgar en su bandolera y con dificultad, saco un consolador de él.

Pero no era un consolador normal, era como dos vergas unidas por la base, el tamaño era enorme, cada una tenía un tamaño de unos 20 centímetros y un grosor de más de tres dedos, con él en la mano, se acerco a mi, me acarició la cara y beso mis labios, al principio solo fue un leve roce, pero cada vez se fue haciendo más exigente, yo notaba el sabor salado de mis flujos en sus labios y su lengua recorriendo mis labios, abrí mi boca y la recibí con mi lengua, nunca hasta ayer había besado a una mujer, era un beso suave, húmedo, cálido, nuestras lenguas jugaban, nos acariciábamos, se separó un momento para sacarse la nadadora y unos pechos más pequeños que los míos aparecieron, tenían un tono tostado, igual que el resto de su cuerpo, con unas aureolas oscuras por el sol y unos pezones pequeños y duros. Los acaricie con los dedos, nunca antes había tocado los pechos de otra mujer, con un movimiento ágil, se bajo la falda, no llevaba ropa interior, estaba totalmente depilada y su coño al igual que sus tetas era de color tostado, seguramente hacía nudismo o se bronceaba en alguna cabina, la noche anterior no me había fijado, volvió a besarme y yo acaricie sus tetas, las pellizque, no sabía que hacer, sólo hice lo que sabía que me gustaba a mí.

Se incorporo y con su mano llevo mi mano a su entrepierna, note su humedad, su suavidad, su calor, me agrado el contacto, empecé a recorrer su rajita con mis dedos, haciendo presión en los lugares que a mi me gustaban y con la otra mano seguía acariciando sus pechos, se inclinó y volvió a besarme, primero en el cuello, luego las orejas, acercándose cada vez más a mi boca, yo a esas alturas ya no sólo le acariciaba el clítoris, le metí un dedo, al no estar muy acostumbrada a masturbarme, el calor de su cuerpo me sorprendió. Dejamos de besarnos y mirándonos, lentamente fue introduciendo parte del consolador en mi vagina, notaba como me abría a ella, estaba tan lubricada, que a pesar del tamaño, no me produjo ningún daño, cuando ya llevaba más de la mitad, se colocó, y fue introduciendo la otra parte en su vagina, la última parte, la hicimos juntas, nos penetramos la una a la otra, cada movimiento de una suponía una penetración en la otra, nos seguimos besando y entre embestida y embestida, me volví a correr, mis espasmos junto a sus movimientos hicieron que Britta también se corriera.

No se cuántos orgasmos me dio Britta esa tarde, perdí la cuenta, perdí la cabeza y hasta la conciencia, me desperté sobre las doce de la noche, estaba en el sofá de mi casa, con una colcha por encima, al incorporarme, tenía todavía el vestido de gasa por encima de mis pechos, pegado, estaba toda embadurnada de gel y con el plug puesto, no me dolía nada, me sentía bien, junto al sofá, estaba la crema, la caja de las bolas, la caja del plug y una nota de Britta que decía:

Mañana reunión de Tuppers sex en Moncloa, 33. Anímate.

Continuará?

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mayo 25th, 2013 >> Amateurs, Porno

Una foto muy excitante de 2 amigas bebotas jugando en ropa interior… 2 pendejas en bombacha de 18 años, jugando al caballito, mientras una de estas nenas está con un chupete en la boca… 2 chicas con sus colas en bombachita que calientan mucho con esta foto que compartimos con ustedes!

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febrero 12th, 2014 >> Amateurs, Porno

2 hermosas pendejas asiaticas en tanga en esta foto que compartimos con ustedes!
Una foto de dos chicas japonesas y asiaticas en ropa interior (una en ropa interior roja y la otra japonesita en ropa interior negra) posando sexy con sus grandes y bellos culos japoneses!
2 amigas chavitas japonesas en una foto realmente hot y sexy, una foto made in Japón, una imagen made in Asia, para disfrutar y compartir!
De las pocas fotos de chicas asiaticas del blog En-Tanga… Si gustan, traeremos más fotos de chicas asiaticas chinas, japonesas y asiaticas entangadas!

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Joven mexicana morocha en tanga (Galería de Fotos)

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abril 6th, 2013 >> Amateurs, Porno

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Esta joven mexicana es una morocha de rulos de 19 años, estudia en la universidad y le encanta conocer chavos nuevos un poco mayores que ella… Aquí les dejamos estas pocas fotos que nos envió en tanga para que puntuemos ese trasero del 1 al 10… Cuanto le dan a ese culo del 1 al 10?? Cuanto se merece esa cola de Mexico??

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