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Increíble!, con 18 años y 2 meses la encanta follarse tíos de más de 41, Clara LA PERFECTA LOLITA y su profe de spinning

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marzo 31st, 2014 >> Amateurs

Increíble!, con 18 años y 2 meses la encanta follarse tíos de más de 41, Clara LA PERFECTA LOLITA y su profe de spinningesto es un Club Maduras pero al revés. Os ponemos en situación: Clara es una nena de 18 añitos y 2 meses ESPECTACULAR que tiene un extraño gusto desde muy corta edad: la apasionan los tíos mayores ya que en boca de ella -los niñatos no saben follar-. Nos confiesa que perdió la virginidad muy temprano con un hombre mucho más mayor que ella y desde entonces no ha parado de follarse a hombres que, todo hay que decirlo, por edad podrían ser su padre. Hoy ha vendo a contarnos su historia y a presentarnos a su nuevo amor su profesor de spinning que con 40 años se la está calzando… ¡QUÉ JEFE!. Estamos seguros que nuestros visitantes más puretas lo van a tener claro: Marcos hoy será de los hombres más envidiados de España… no es para menos.” />#content-cams {background-color: #fff;}#content-cams {margin-top: 5px;}.thumbs_box_webcams{width: 192px;margin-left: 28px;margin-bottom: 20px;float: left;}.thumbs_box_webcams{width: 192px;margin-left: 28px;margin-bottom: 20px;float: left;}.bor_thumb{border: 1px solid #000000;}.info_n{font-weight: bold;font-family: Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif;font-size: 11px;margin-top: 7px;line-height: 1.25;}.info_n img{float: left;}.color3{color: #669900;}.text14{font-size: 14px;}.left_n{float: left;}.right_n{float: right;}.scenes2 {width: 920px;}.cell_right_last_vid{width: 220px;margin-top: 10px;}.cell_right_last_vid .thumbs_box_webcams{margin-left: 10px;}Enhorabuena! Acabas de llegar a FA Kings. Disponibles: 1182 Videos – 604 Actrices – 594 Horas del porno que manda. DARTE DE ALTA | ACCESO MIEMBROSIncreíble!, con 18 años y 2 meses la encanta follarse tíos de más de 41, Clara LA PERFECTA LOLITA y su profe de spinning (pendejas amateurs )Increíble!, con 18 años y 2 meses la encanta follarse tíos de más de 41, Clara LA PERFECTA LOLITA y su profe de spinning (pendejas amateurs )Increíble!, con 18 años y 2 meses la encanta follarse tíos de más de 41, Clara LA PERFECTA LOLITA y su profe de spinning (pendejas amateurs )Increíble!, con 18 años y 2 meses la encanta follarse tíos de más de 41, Clara LA PERFECTA LOLITA y su profe de spinning (pendejas amateurs )Increíble!, con 18 años y 2 meses la encanta follarse tíos de más de 41, Clara LA PERFECTA LOLITA y su profe de spinning (pendejas amateurs )Increíble!, con 18 años y 2 meses la encanta follarse tíos de más de 41, Clara LA PERFECTA LOLITA y su profe de spinning (pendejas amateurs )Increíble!, con 18 años y 2 meses la encanta follarse tíos de más de 41, Clara LA PERFECTA LOLITA y su profe de spinning (pendejas amateurs )Increíble!, con 18 años y 2 meses la encanta follarse tíos de más de 41, Clara LA PERFECTA LOLITA y su profe de spinning (pendejas amateurs )Increíble!, con 18 años y 2 meses la encanta follarse tíos de más de 41, Clara LA PERFECTA LOLITA y su profe de spinning (pendejas amateurs )Increíble!, con 18 años y 2 meses la encanta follarse tíos de más de 41, Clara LA PERFECTA LOLITA y su profe de spinning (pendejas amateurs ) Si te gusta +1: Increíble!, con 18 años y 2 meses la encanta follarse tíos de más de 41, Clara LA PERFECTA LOLITA y su profe de spinning (pendejas amateurs )Síguenos en Twiter: Increíble!, con 18 años y 2 meses la encanta follarse tíos de más de 41, Clara LA PERFECTA LOLITA y su profe de spinning DURACIÓN: 37:23 minPESO: 679 MB ACTRICES: Clara Naz FAKings #container { min-height:100%; 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La esposa y la hermana de un narco en Relatos eroticos de Amor filial

Video Porno de: Maduras

abril 19th, 2014 >> Relatos Eroticos

La esposa y la hermana de un narco en Relatos eroticos de Amor filial (relatos eroticos )

» Relato Erotico: La esposa y la hermana de un narco en Relatos eroticos de Amor filial

La esposa y la hermana de un narco en Relatos eroticos de Amor filial (relatos eroticos )

Estoy jodido. Mi ritmo de vida se ha visto alterado por culpa de mis vecinas. Hasta hace seis meses, siempre me había considerado un perro en lo que respecta a mujeres y aun así, con cuarenta y tres años, me he visto sorprendido por la actitud que han mostrado desde que se mudaron al ático de al lado.

Todavía recuerdo el sábado que hicieron la mudanza. Ese día tenía una resaca monumental producto de la ingesta incontrolada de Whisky a la que estoy fatalmente habituado. Me había acostado pasadas las seis de la madrugada con una borrachera de las que hacen época pero con una borracha del montón.

Todavía seguía durmiendo cuando sin previo aviso, llegó a mis oídos el escándalo de los trabajadores de la empresa de mudanza subiendo y colocando los muebles. Tardé en reconocer la razón de tamaño estrépito, el dolor de mi cabeza me hizo levantarme y sin darme cuenta que como única vestimenta llevaba unos calzoncillos, salí al rellano a ver cuál era la razón de semejante ruido. Al abrir la puerta me encontré de bruces con un enorme aparador que bloqueaba la salida de mi piso. Hecho una furia, obligué a los operarios a desbloquear el paso y cabreado volví a mi cama.

En mi cuarto, María, una asidua visitante de la casa, se estaba vistiendo.

-Marcos. Me voy. Gracias por lo de ayer.

En mis planes estaba pasarme todo el fin de semana retozando con esa mujer, pero gracias a mis ?amables vecinos? me lo iba a pasar solo. Comprendiendo a la mujer, no hice ningún intento para que cambiara de opinión. De haber sido al revés, yo hubiera tardado incluso menos tiempo en salir huyendo de ese infierno.

-Te invito a tomar un café al bar de abajo- le dije mientras me ponía una camiseta y un pantalón corto. Necesitaba inyectarme en vena cafeína.

Mi amiga aceptó mi invitación de buen grado y en menos de cinco minutos estábamos sentados en la barra desayunando. Ella quiso que me fuera a su casa a seguir con lo nuestro pero ya se había perdido la magia. Sus negras ojeras me hicieron recordar una vieja expresión: ?ayer me acosté a las tres con una chica diez, hoy me levanté a las diez con una chica tres?. Buscando una excusa, rechacé su oferta amablemente prometiéndole que el siguiente viernes iba a invitarla a cenar en compensación. Prefería quedarme solo a tener que volver a empezar con el galanteo con ese gallo desplumado que era María sin el maquillaje. Ambos sabíamos que era mentira, nuestra relación consiste solo en sexo esporádico, cuando ella o yo estábamos sin plan, nos llamábamos para echar un polvo y nada más.

Al despedirnos, decidí salir a correr por el Retiro con la sana intención de sudar todo el alcohol ingerido. Tengo la costumbre de darle cuatro vueltas a ese parque a diario, pero ese día fui incapaz de completar la segunda. Con el bofe fuera, me tuve que sentar en uno de sus bancos a intenta normalizar mi respiración. ?Joder, anoche me pasé?, pensé sin reconocer que un cuarentón no tiene el mismo aguante que un muchacho y que aunque había bebido en exceso, la realidad de mi estado tenía mucho más que ver con mi edad. Con la moral por los suelos, volví a mi piso.

Había trascurrido solo dos horas y por eso me sorprendió descubrir que habían acabado con la mudanza. Encantado con el silencio reinante en casa, me metí en la sauna que había hecho instalar en la terraza. El vapor obró maravillas, abriendo mis poros y eliminando las toxinas de poblaban mis venas. Al cabo de media hora, completamente sudado salí y sin pensar en que después de dos años volvía a tener vecinos, me tiré desnudo a la pequeña piscina que tengo en el segundo piso del dúplex donde vivo. Sé que es un lujo carísimo, pero después de quince años ejerciendo como abogado penalista es un capricho al que no estoy dispuesto a renunciar. Estuve haciendo largos un buen rato, hasta que el frio de esa mañana primaveral me obligó a salir.

Estaba secándome las piernas cuando a mi espalda escuché unas risas de mujer. Al girarme, descubrí que dos mujeres, que debían rondar los treinta años, estaban mirándome al otro lado del murete que dividía nuestras terrazas. Avergonzado, me enrollé la toalla y sonriendo en plan hipócrita, me metí de nuevo en mi habitación.

?¡Mierda!, voy a tener que poner un seto si quiero seguir bañándome en pelotas?, me dije molesto por la intromisión de las dos muchachas.

Acababa de terminar de vestirme cuando escuché que alguien tocaba el timbre, y sin terminar de arreglarme salí a ver quién era. Me sorprendió toparme de frente con mis dos vecinas. Debido al corte de verme siendo observado, ni siquiera había tenido tiempo de percatarme que además de ser dos preciosidades de mujer, las conocía:

Eran Tania y Sofía, la esposa y la hermana de Dmitri Paulovich, un narco al que había defendido hacía tres meses y que aprovechando que había conseguido sacarle de la trena mediante una elevada fianza, había huido de España, o al menos eso era lo que se suponía. Sin saber que decir, les abrí la puerta de par en par y bastante más asustado de lo que me hubiese gustado reconocer les pregunté en qué podía servirles.

Tanía, la mujer de ese sanguinario, en un perfecto español pero imbuido en un fuerte acento ruso, me pidió perdón si me habían molestado sus risas pero que les había sorprendido darse cuenta que su vecino no era otro que el abogado de su marido.

-Soy yo el que les tiene que pedir perdón. Llevo demasiado tiempo sin vecinos, y me había acostumbrado a nadar desnudo. Lo siento no se volverá a repetir.

-No se preocupe por eso. En nuestra Rusia natal el desnudo no es ningún tabú. Hemos venido a invitarle a cenar como muestra de nuestro arrepentimiento.

La naturalidad con la que se refirió a mi escena nudista, me tranquilizó y sin pensármelo dos veces, acepté su invitación, tras lo cual se despidieron de mí con un ?hasta luego?. De haber visto como Sofía me miraba el culo, quizás no hubiese aceptado ir esa noche a cenar, no en vano su hermano era el responsable directo de medio centenar de muertes.

Al cerrar la puerta, me desmoroné. Había luchado duro para conseguir un estatus y ahora de un plumazo, mi paraíso se iba a convertir en un infierno. Vivir pared con pared con uno de los tipos más peligroso de toda el hampa ruso era una idea que no me agradaba nada y peor, si ese hombre me había pagado una suculenta suma para conseguir que le sacara. Nadie se iba a creer que nuestra relación solo había consistido en dos visitas a la cárcel y que no tenía nada que ver con sus sucios enjuagues y negocios. Hecho un manojo de nervios, decidí salir a comer a un restaurante para pensar qué narices iba a hacer con mi vida ahora que la mafia había llamado a mi puerta. Nada más salir, comprendí que debía de vender mi casa y mudarme por mucho que la crisis estuviera en su máximo apogeo. En el portal de mi casa dos enormes sicarios estaban haciendo guardia con caras de pocos amigos.

Durante la comida, hice un recuento de los diferentes escenarios con los que me iba a encontrar. Si seguía viviendo a su lado, era un hecho que no iba a poderme escapar de formar parte de su organización, pero si me iba de espantada, ese hijo de puta se enteraría y podía pensar que no le quería como vecino, lo que era en la práctica una condena a muerte. Hiciera lo que hiciese, estaba jodido. ?Lo mejor que puedo hacer es ser educado pero intentar reducir al mínimo el trato?, me dije prometiéndome a mí mismo que esa noche iba a ser la primera y última que cenara con ellos.

Recordando las normas de educación rusa, salí a comprar unos presentes que llevar a la cena. Según su estricto protocolo el invitado debía de llevar regalos a todos los anfitriones y como no sabía si Dmitri estaba escondido en la casa, opté por ser prudente y decidí también comprarle a él. No me resultó fácil elegir, un mafioso tiene de todo por lo que me incliné por lo caro y entrando en Loewe le compré unos gemelos de oro. Ya que estaba allí, pedí consejo a la dependienta respecto a las dos mujeres.

-A las rusas les encantan los pañuelos-, me respondió.

Al salir por la puerta, mi cuenta corriente había recibido un bajón considerable pero estaba contento, no iban a poderse quejar de mi esplendidez. No me apetecía volver a casa, por lo que para hacer tiempo, me fui al corte inglés de Serrano a comprarme un traje. De vuelta a mi piso, me dediqué a leer un rato en una tumbona de la piscina, esperando que así se me hiciera más corta la espera. Estaba totalmente enfrascado en la lectura, cuando un ruido me hizo levantar mi mirada del libro. Sofía, la hermana pequeña del mafioso, estaba dándose crema completamente desnuda en su terraza. La visión de ese pedazo de mujer en cueros mientras se extendía la protección por toda su piel, hizo que se me cayera el café, estrellándose la taza contra el suelo.

Asustado, me puse a recoger los pedazos, cuando de repente escuché que me decía si necesitaba ayuda. Tratando de parecer tranquilo, le dije que no, que lo único que pasaba era que había roto una taza.

-¿Qué es lo que ponerle nervioso?- me contestó.

Al mirarla, me quedé petrificado, la muchacha se estaba pellizcando su pezones mientras con su lengua recorría sensualmente sus labios. Sin saber qué hacer ni que responder, terminé de recoger el estropicio y sin hablar, me metí a la casa. Ya en el salón, miré hacia atrás a ver que hacía. Sofía, consciente de ser observada, se abrió de piernas y separando los labios de su sexo, empezó a masturbarse sin pudor. No tuve que ver más, si antes tenía miedo de tenerles de vecinos, tras esa demostración estaba aterrorizado. Dmitri era un hijo de perra celoso y no creí que le hiciera ninguna gracia que un picapleitos se enrollara con su hermanita.

?Para colmo de males, la niña es una calientapollas?, pensé mientras trataba de tranquilizarme metiéndome en la bañera. ?Joder, si su hermano no fuera quién es, le iba a dar a esa cría lo que se merece?, me dije al recordar lo buenísima que estaba, ?la haría berrear de placer y la pondría a besarme los pies?.

Excitado, cerré los ojos y me dediqué a relajar mi inhiesto miembro. Dejándome llevar por la fantasía, visualicé como sería ponerla en plan perrito sobre mis sabanas. Me la imaginé entrando en mi habitación y suplicando que le hiciera el amor. En mi mente, me tumbé en la cama y le ordené que se hiciera cargo de mi pene. Sofía no se hizo de rogar y acercando su boca, me empezó a dar una mamada de campeonato. Me vi penetrándola, haciéndola chillar de placer mientras me pedía más. En mi mente, su cuñada, alertada por los gritos, entraba en mi cuarto. Al vernos disfrutando, se excitó y retirando a la pelirroja de mí, hizo explotar mi sexo en el interior de su boca.

Era un imposible, aunque se metieran en mi cama desnudas nunca podría disfrutar de sus caricias, era demasiado peligroso, pero el morbo de esa situación hizo que no tardara en correrme. Ya tranquilo, observé que sobre el agua mi semen navegaba formando figuras. ?Qué desperdicio?, me dije y fijándome en el reloj, supe que ya era la hora de vestirme para la cena.

A las nueve en punto, estaba tocando el timbre de su casa. Para los rusos la puntualidad es una virtud y su ausencia una falta de educación imperdonable. Una sirvienta me abrió la puerta con una sonrisa y, cortésmente, me hizo pasar a la biblioteca. Tuve que reconocer que la empresa de mudanzas había hecho un buen trabajo, era difícil darse cuenta que esas dos mujeres llevaban escasas doce horas en ese piso. Todo estaba en su lugar y en contra de lo que me esperaba, la elección de la decoración denotaba un gusto que poco tenía que ver con la idea preconcebida de lo que me iba encontrar. Había supuesto que esa familia iba hacer uso de la típica ostentación del nuevo rico. Sobre la mesa, una botella de vodka helado y tres vasos.

-Bienvenido-, escuché a mi espalda. Al darme la vuelta, vi que Tanía, mi anfitriona, era la que me había saludado. Su elegancia volvió a sorprenderme. Enfundada en un traje largo sin escote parecía una diosa. Su pelo rubio y su piel blanca eran realzados por la negra tela.

-Gracias- le respondí -¿su marido?

-No va a venir, pero le ha dejado un mensaje- me contestó y con gesto serio encendió el DVD.

En la pantalla de la televisión apareció un suntuoso despacho y detrás de la mesa, Dmitri. No me costó reconocer esa cara, puesto que, ya formaba parte de mis pesadillas. Parecía contento, sin hacer caso a que estaba siendo grabado, bromeaba con uno de sus esbirros. Al cabo de dos minutos, debieron de avisarle y dirigiéndose a la cámara, empezó a dirigirse a mí.

-Marcos, ¡Querido hermano!, siento no haberme podido despedirme de ti pero, como sabes mis negocios, requerían mi presencia fuera de España. Solo nos hemos visto un par de veces pero ya te considero de mi sangre y por eso te encomiendo lo más sagrado para mí, mi esposa y mi dulce hermana. Necesito que no les falte de nada y que te ocupes de defenderlas si las autoridades buscan una posible deportación. Sé que no vas a defraudar la confianza que deposito en ti y como muestra de mi agradecimiento, permíteme darte este ejemplo de amistad- En ese momento, su esposa puso en mis manos un maletín. Dudé un instante si abrirlo o no, ese cabrón no había pedido mi opinión, me estaba ordenando no solo que me hiciera cargo de la defensa legal de ambas mujeres sino que ocupara de ellas por completo.

?No tengo más remedio que aceptar sino lo hago soy hombre muerto?, pensé mientras abría el maletín. Me quedé sin habla al contemplar su contenido, estaba repleto de fajos de billetes de cien euros. No pude evitar exclamar:

-¡Debe haber más de quinientos mil euros!

-Setecientos cincuenta mil, exactamente- Tania me rectificó -es para cubrir los gastos que le ocasionemos durante los próximos doce meses.

?¡Puta madre! Son ciento veinticinco millones de pesetas, por ese dinero vendo hasta mi madre?, me dije sin salir de mi asombro. El ruso jugaba duro, si aguantaba, sin meterme en demasiados líos, cinco años, me podía jubilar en las Islas vírgenes.

-Considéreme su abogado- dije extendiéndole la mano.

La mujer, tirando de ella, me plantó un beso en la mejilla y al hacerlo pegó su cuerpo contra el mío. Sentir sus pechos me excitó. La mujer se dio cuenta y alargando el abrazo, sonriendo, me respondió cogiendo la botella de la mesa:

-Hay que celebrarlo.

Sirvió dos copas y de un solo trago se bebió su contenido. Al imitarla, el vodka quemó dolorosamente mi garganta, haciéndome toser. Ella se percató que no estaba habituado a ese licor y aun así las rellenó nuevamente, alzando su copa, hizo un brindis en ruso que no comprendí y al interrogarla por su significado, me respondió:

- Qué no sea ésta la última vez que bebemos juntos, con ayuda de Dios-

Es de todos conocidos la importancia que dan lo eslavos a los brindis, y por eso buscando satisfacer esa costumbre, levanté mi bebida diciendo:

-Señora, juro por mi honor servirla. ¡Que nuestra amistad dure muchos años!

Satisfecha por mis palabras, vació su vodka y señalándome el mío, esperó a que yo hiciera lo mismo. No me hice de rogar, pensaba que mi estómago no iba a soportar otra agresión igual pero en contra de lo que parecía lógico, ese segundo trago me encantó. En ese momento, Sofía hizo su entrada a la habitación, preguntando que estábamos celebrando. Su cuñada acercándose a ella, le explicó:

-Marcos ha aceptado ser el hombre de confianza de Dmitri, sabes lo que significa, a partir de ahora debes obedecerle.

-Por mí, estar bien. Yo contenta- respondió en ese español chapurreado tan característico, tras lo cual me miró y poniéndose melosa, me dijo: -no dudar de colaboración mía.

Su tono me puso la piel de gallina. Era una declaración de guerra, la muchacha se me estaba insinuando sin importarle que la esposa de su hermano estuviera presente. Tratando de quitar hierro al asunto, decidí preguntarles si había algo urgente que tratar.

-Eso, ¡mañana! Te hemos invitado y la cena ya está lista-, contestó Tanía, zanjando el asunto.

-Perdone mi despiste, señora, le he traído un presente- dije dando a cada una su paquete. La dependienta de Loewe había acertado de pleno, a las dos mujeres les entusiasmó su regalo. Según ellas, se notaba que conocía al sexo femenino, Dmitri les había obsequiado muchas cosas pero ninguna tan fina.

-¿Pasamos a cenar?- preguntó Tania.

No esperó mi respuesta, abriendo una puerta corrediza me mostró el comedor. Al entrar estuve a punto de gritar al sentir la mano de Sofía magreándome descaradamente el culo. Intenté que la señora de la casa no se diera cuenta de los toqueteos que estaba siendo objeto pero dudo mucho que una mujer, tan avispada, no se percatara de lo que estaba haciendo su cuñada. Con educación les acerqué la silla para que se sentaran.

-Eres todo un caballero- galantemente me agradeció Tania. -En nuestra patria se ha perdido la buena educación. Ahora solo abundan los patanes.

Esa rubia destilaba clase por todos sus poros, su delicado modo de moverse, la finura de sus rasgos, hablaban de sus orígenes cien por cien aristocráticos. En cambio, Sofía era un volcán a punto de explotar, su enorme vitalidad iba acorde con el tamaño de sus pechos. La naturaleza la había dotado de dos enormes senos, que en ese mismo instante me mostraba en su plenitud a través del escote de su vestido.

?Tranquilo macho, esa mujer es un peligro?, tuve que repetir mentalmente varias veces para que la excitación no me dominara:?Si le pones la mano encima, su hermano te corta los huevos?

La incomodidad inicial se fue relajando durante el trascurso de la cena. Ambas jóvenes no solo eran unas modelos de belleza sino que demostraron tener una extensa cultura y un gran sentido del humor, de modo que cuando cayó la primera botella, ya habíamos entrado en confianza y fue Sofía, la que preguntó si tenía novia.

-No, ninguna mujer con un poco de sentido común me aguanta. Soy el prototipo de solterón empedernido.

-Las españolas no saber de hombres, ¿Verdad?, -.

Esperaba que Tanía, cortarse la conversación pero en vez de ello, contestó:

-Si, en Moscú no duras seis meses soltero. Alguna compatriota te echaría el lazo nada más verte.

-¿El lazo?, y ¡un polvo!- soltó la pelirroja con una sonrisa pícara.

Su cuñada, lejos de escandalizarse de la burrada que había soltado la pelirroja, se destornilló de risa, dándole la razón:

-Si nunca he comprendido porqué en España piensan que las rusas somos frías, no hay nadie más caliente que una moscovita. Sino que le pregunten a mi marido.

Las carcajadas de ambas bellezas fueron un aviso de que me estaba moviendo por arenas movedizas y tratando de salirme del pantano en el que me había metido, contesté que la próxima vez que fuera tenía que presentarme a una de sus amigas. Fue entonces cuando noté que un pie desnudo estaba subiendo por mi pantalón y se concentraba en mi entrepierna. No tenía ninguna duda sobre quien era la propietaria del pie que frotaba mi pene. Durante unos minutos tuve que soportar que la muchacha intentara hacerme una paja mientras yo seguía platicando tranquilamente con Tania. Afortunadamente cuando ya creía que no iba a poder aguantar sin correrme, la criada llegó y susurró al oído de su señora que acababan de llegar otros invitados.

Sonriendo, me explicó que habían invitado a unos amigos a tomar una copa, si no me importaba, tomaríamos el café en la terraza. Accedí encantado, ya que eso me daba la oportunidad de salir airoso del acoso de Sofía. Camino de la azotea volví a ser objeto de las caricias de la pelirroja. Con la desfachatez que da la juventud, me agarró de la cintura y me dijo que estaba cachonda desde que me vio desnudo esa mañana. Tratando de evitar un escándalo, no tuve más remedio que llevármela a un rincón y pedirle que parara que no estaba bien porque yo era un empleado de Dmitri,

La muchacha me escuchó poniendo un puchero, para acto seguido decirme:

-Yo dejarte por hoy, pero tú dame beso.

No sé por qué cedí a su chantaje y cogiéndola entre mis brazos acerqué mis labios a los suyos. Si pensaba que se iba a conformar con un morreo corto, estaba equivocado, pegándose a mí, me besó sensualmente mientras rozaba sin disimulo su sexo contra mi pierna. Tenía que haberme separado en ese instante pero me dejé llevar por la lujuria y agarrando sus nalgas, profundicé en ella de tal manera que si no llega a ser porque escuchamos que los invitados se acercaban la hubiese desnudado allí mismo.

?¡Cómo me pone esta cría!?, pensé mientras disimulaba la erección.

Tania, ejerciendo de anfitriona, me introdujo a las tres parejas. Dos de ellas trabajaban en la embajada mientras que el otro matrimonio estaba de visita, lo más curioso fue el modo en que me presentó:

-Marcos es el encargado de España, cualquier tema en ausencia de mi marido tendréis que tratarlo con él.

Las caras de los asistentes se transformaron y con un respeto desmedido se fueron presentado, explicando cuáles eran sus funciones dentro de la organización. Asustado por lo súbito de mi nombramiento, me quedé callado memorizando lo que me estaban diciendo. Cuando acabaron esperé a que Tania estuviese sola y acercándome a ella, le pedí explicaciones:

-Tú no te preocupes, poca gente lo sabe pero yo soy la verdadera jefa de la familia. Cuando te lleguen con un problema, solo tendrás que preguntarme.

Creo que fue entonces cuando realmente caí en la bronca en la que me había metido. Dmitri no era más que el lacayo que su mujer usaba para sortear el machismo imperante dentro de la mafia y ella, sabiendo que su marido iba a estar inoperante durante largo tiempo, había decidido sustituirlo por mí. Estaba en las manos de esa bella y fría mujer. Sintiéndome una mierda, cogí una botella y sentado en un rincón, empecé a beber sin control. Desconozco si me pidieron opinión o si lo dieron por hecho, pero al cabo de media hora la fiesta se trasladó a mi terraza porqué la gente quería tomarse un baño. Totalmente borracho aproveché para ausentarme y sin despedirme, me fui a dormir la moña en mi cama.

Debían de ser las cinco de la madrugada cuando me desperté con la garganta reseca. Sin encender la luz, me levanté a servirme un coctel de aspirinas que me permitiera seguir durmiendo. Tras ponerme el albornoz, salí rumbo a la cocina pero al cruzar el salón, escuché que todavía quedaba alguien de la fiesta en la piscina. No queriendo molestar pero intrigado por los jadeos que llegaban a mis oídos, fui sigilosamente hasta la ventana para descubrir una escena que me dejó de piedra. Sobre una de las tumbonas, Tania estaba totalmente desnuda y Sofía le estaba comiendo con pasión su sexo. No pude retirar la vista de esas dos mujeres haciendo el amor. La rubia con la cabeza echada hacia atrás disfrutaba de las caricias de la hermana de su marido mientras con sus dedos no dejaba de pellizcarse los pechos. Era alucinante ser coparticipe involuntario de tanto placer, incapaz de dejar de mirarlas mi miembro despertó de su letargo e irguiéndose, me pidió que le hiciera caso. Nunca he sido un voyeur pero reconozco que ver a Sofía disfrutando del coño de Tania era algo que jamás iba a volver a tener la oportunidad de ver y asiéndolo con mi mano, empecé a masturbarme.

Llevaban tiempo haciéndolo porque la rubia no tardó en retorcerse gritando mientras se corría en la boca de su amante. Pensé que con su orgasmo había terminado el espectáculo, pero me llevé una grata sorpresa al ver como cambiaban de postura y Sofía se ponía a cuatro patas, para facilitar que las caricias de la otra mujer. Fue entonces cuando me percaté que Tanía estaba totalmente depilada y que encima tenía un culo de infarto. Completamente dominado por la lujuria, disfruté del modo en que le separó las nalgas. Mi recién estrenada jefa sacando su lengua se entretuvo relajando los músculos del esfínter. Sofía tuvo que morderse los labios para no gritar al sentir que su ano era violado por los dedos de la mujer.

Si aquello ya era de por sí alucinante, más aún fue ver que Tanía se levantaba y se ajustaba un arnés con un tremendo falo a su cintura. Le susurró unas dulces palabras mientras se acercaba y colocando la punta del consolador en el esfínter de su indefensa cuñada, de un solo golpe se lo introdujo por completo en su interior. Sofía gritó al sentir que se desgarraba por dentro, pero no intentó liberarse del castigo, sino que meneando sus caderas buscó amoldarse al instrumento antes de empezar a moverse como posesa. Su cuñada esperó que se acomodase antes de darle una fuerte nalgada en el culo. Fue el estímulo que ambas necesitaban para lanzarse en un galope desbocado. Para afianzarse, la rubia uso los pechos de su cuñada como agarre y mordiéndole el cuello, cambió el culo de la muchacha por su sexo y con fuerza la penetró mientras su indefensa víctima se derrumbaba sobre la tumbona. Los gemidos de placer de Sofía coincidieron con mi orgasmo y retirándome sin hacer ruido, volví a mi cama aún más sediento de lo que me levanté.

?Hay que joderse, pensaba que la fijación de Sofía por mí me iba a traer problemas con Dmitri, pero ahora resulta que también es la putita de su cuñada. Sera mejor que evite cualquier relación con ella?.

Capítulo dos:

Ese domingo se me pegaron las sábanas de manera que ya habían dado las doce cuando fui a la cocina a desayunar. Esa mañana me serví un café triple que me hiciera reaccionar. La cafeína recorriendo las venas era lo que necesitaba para poder pensar. Haciendo un repaso a las últimas veinticuatro horas me di cuenta de lo mucho que había cambiado mi vida. Hasta ayer, mi profesión era ser abogado penalista pero no sabía exactamente cuál iba a ser en el futuro. Me había vendido a la mafia, y como cuentan de la droga, se sabe cómo uno entra pero no como sale. Solo esperaba que no fuera dentro de un cajón de madera.

Por otra parte estaba el tema de Sofía. La muchacha estaba para mojar pan, pero solo hablarla era peligroso. Si me enrollaba con ella, podía causar el enfado de Dmitri y de Tania y lo más gracioso del asunto, no tenía claro cuál de los dos era más peligroso. Pensando en ello, salí taza en mano a mi terraza. De haberlo analizado antes quizás no hubiese decidido tomar el aire puesto que allí era sencillo que cualquiera de las dos mujeres me viera y eso era lo último que me apetecía. Afortunadamente no había nadie y de esa forma me tumbé tranquilamente en una hamaca sin que nadie me molestara. El sol, pegándome en la cama, me dio sueño y acomodándome, me quedé dormido.

No debía de llevar medía hora transpuesto cuando escuché el clásico ruido de alguien tirándose a la piscina. Creí que era la descarada de Sofía pero al abrir los ojos me llevé la sorpresa que quien estaba subiendo por la escalerilla no era otra que su cuñada Tania. Estaba espectacular con un bikini rojo, de esos, que en vez de ocultar la desnudez de quien lo lleva, realza las formas de su cuerpo.

-¿Todavía durmiendo?, creí que eras activo cuando te contraté. Ven al agua, está buenísima.

-Ahora voy, espera que me ponga un traje de baño- respondí.

Curiosamente creí descubrir un mohín en su rostro como si hubiese esperado que me bañara otra vez desnudo. Me di toda la prisa que pude, de manera que en menos de dos minutos ya estaba con ella en la piscina. La mujer, sin hacerme caso, se dedicó a hacer largos durante media hora, por lo que no tuve más remedio que imitarla. Era una nadadora estupenda, me costaba seguir su ritmo, se notaba que esa mujer estaba acostumbrada a hacer ejercicio. Ya estaba agotado cuando debió pensar que era suficiente y saliendo de la piscina, se acostó en la misma tumbona que la noche anterior usó para tirarse a su cuñada.

Sin saber qué hacer, la seguí afuera y me tumbé en una que había al lado. Era como si yo no existiera. Mirándola de reojo, me encandilé de la perfección de sus curvas. Sus pechos al no ser tan grandes, tenían una consistencia que sería la envidia de cualquier española y el sueño de cualquier español. Sus piernas eran largas y divinamente contorneadas. Su estómago completamente liso no tenía ni rastro de grasa.

?¡Quien se la follara!?, me dije mientras con mi vista la seguía devorando. ?no me extraña que Dmitri sea su perro faldero, yo también me dejaría poner un collar si con ello compartiera su alcoba?.

Como si además de bella, esa mujer tuviese telepatía, de pronto me pidió que le diese crema. Nervioso como un quinceañero, cogí el bote y derramando un podo en su espalda, empecé a extendérsela por su cuello. El tacto de su piel era suave. Poco a poco fui tomando confianza y mis manos empezaron a recorrer su espalda con absoluta libertad. Nunca en mi vida había tenido una hembra semejante a mi disposición para darle bronceador y por eso quizás lo hice tan sumamente lento que parecía un masaje.

Me estaba poniendo bruto mientras Tania, ajena a cuales eran mis sentimientos, permanecía con los ojos cerrados. Al terminar de extenderle la crema por la espalda no creí conveniente seguir con sus piernas y menos con el culo, por lo que cerrando el bote volví a mi tumbona. No me había tumbado cuando la escuché quejarse, pidiendo que terminara. No quería quemarse. Asustado pero a la vez ansioso de tocar sus piernas, me puse a su lado y cuidadosamente fui con mis manos llenas de crema dándole un masaje en las plantas de sus pies. Debió de gustarle por que empecé a oír unos gemidos de satisfacción, lo que me dio pie a sin ningún pudor recorrer sus piernas presionando sus músculos. Podía parecer un masaje profesional, pero yo sabía que no lo era, al ser consciente de la tremenda erección que estaba soportando.

Quedaba lo mejor y lo más difícil. Sus glúteos esperaban mis manos y no podía defraudarlos. Con mi sexo dolorosamente tieso, eché un buen montón de crema en cada nalga antes de siquiera pensar en posar mis palmas en esos monumentos.

?Qué belleza?, me dije al acariciarlos.

Como si fuera una obra de arte y yo un restaurador, fui mimando con mis manos cada centímetro de su piel sin atreverme a acercarme a ninguna de sus dos entradas. Estaba caliente pero no loco. Lentamente, fui profundizando en mis caricias, extendiendo la crema hasta donde la prudencia me dejó, sin dejar de pensar cómo sería poseer a esa mujer. Estaba a punto de cometer una idiotez cuando me habló:

-Marcos, ¡Para!

Saliendo de mi ensoñación, divisé que sus ojos se habían posado en mi pene y que lejos de indignarse, una sonrisa había hecho su aparición en su boca:

- Eres un maestro dando masajes pero yo soy tu jefa-.

No hizo falta que dijera más, avergonzado mascullé una disculpa y sin pensármelo dos veces, me lancé a la piscina esperando que se me bajara la excitación. Al salir, se había ido. Acojonado de haberla molestado, decidí salir a dar una vuelta por Madrid.

?¡Como puedo ser tan imbécil!, ¡Pero qué insensato soy!, ¿Cómo he podido ser tan animal de ponerme cachondo dándole crema??, no paré de decirme mientras me vestía. ?Esa tipa con solo chasquear los dedos podría matarme y voy yo y le meto mano, decididamente ¡Soy gilipollas!?.

Estaba sacando mi coche del garaje cuando uno de los gorilas de Tanía me hizo parar.

-Don Marcos, tenemos instrucciones precisas de protegerle, sino le importa: Yo conduzco.

Lo inesperado de su petición no me dejó reaccionar y antes que me diera cuenta, el ruso conducía y yo estaba sentado en la parte trasera del automóvil. La mafia es como un virus, en cuanto entra se extiende sin control por todos los aspectos de tu vida, dejas de ser libre para convertirte en un engranaje más de la organización. Era un hecho irrefutable que mi existencia rutinaria había cambiado y debía de amoldarme a ese nuevo ritmo de vida. Tenía mucho dinero y desconocía si tendría tiempo para gastarlo por lo que dirigiéndome al chofer le pedí que me llevara a Jockey, uno de los restaurantes más caros de Madrid. Solo había estado una vez y recordaba después de dos años su ensalada templada de cangrejos.

Al llegar a la puerta, el portero me recordó que por protocolo los clientes debían de llevar corbata y que el establecimiento ponía a mi disposición un extenso surtido para elegir. Sonreí pensando que era una pijería a la que tenía que acostumbrarme. Elegí una verde que combinaba con mi chaqueta y pasé adentro. Es una gozada el servicio, nada más entrar el maître me acompañó a una mesa y preguntó:

-Doña Tania, ¿le va a acompañar?

Me quedé pasmado. Al preguntarle como sabía que conocía a esa mujer, me respondió que lo había supuesto porqué era una de sus mejores clientas y yo había llegado con su chofer. Haciendo como si ese detalle no tuviera importancia, pedí que me trajeran un aperitivo. Nada más irse, mi mente empezó a recapacitar sobre su significado. Si un mero maître había hilado cabos que sería de la policía. Estaba seguro que en ese instante, mis datos estaban siendo revisados por la brigada central. En otras palabras; ¡estaba fichado! Cuando ya creía que nada podía ir peor, vi a Sofía entrando por la puerta y dirigiéndose a donde yo estaba. Como no tenía más remedio que aceptar su compañía, me levanté a acercarle la silla.

-Eres malo. Estaba sola y no me has invitado a comer- dijo con una de sus típicas sonrisas de niña buena.

?La verdad es que si esta monada no fuera la hermana de Dmitri, no me importaría nada tener con ella un escarceo. Realmente está buenísima?, pensé al observarla. Sabía perfectamente que no podía dejarme llevar, pero siempre es agradable sentir que una preciosidad como la que tenía enfrente se interesara por uno.

-¿Qué quieres tomar?- pregunté para romper el hielo.

-Un hombre bueno- respondió sin dejar de sonreír.

No me explico porque en vez de salir corriendo, decidí meterme con su deficiente español.

-Pues si quieres un modelo, no sé qué haces conmigo. Te llevo quince años.

Se quedó pensando, creo que tardó en comprender que le estaba tomando el pelo.

-Tu estar bueno pero yo decir corazón-, me contestó cogiendo mi mano y llevándola a su pecho.

No me esperaba que sin importarle las apariencias para explicarse me obligara a tocar esos maravillosos senos. No sé si más cortado que excitado o al revés, retiré mi mano, disimulando.

-No vuelvas a hacer eso- la reñí -estamos en un lugar público-.

-Ellos comprenden, yo con mi novio- dijo alegremente mientras volvía a llevársela a su pecho.

-Sofía, por favor, no hagas el ridículo- le susurré al oído.

La situación me estaba resultando harto incomoda, si Tanía era una asidua visitante no tardaría en enterarse que su cuñada se había comportado como una vulgar fulana.

-De acuerdo, pero tú y yo novios- me soltó como si nada.

Su insistencia hizo que saltaran todas mis alarmas y tomando aliento, le dije muy serio:

-Sofía, soy sólo tu abogado.

En ese momento vino el camarero a preguntarnos qué quería la señorita de beber. La interrupción hizo que tuviera que esperar a que la muchacha pidiera, para oír una contestación que me heló hasta el tuétano.

-No, tú mi novio. Yo ver en el juicio y Tania prometer tú eres mío.

Casi me caigo de la silla al oírlo. La zorra de su cuñada había comprado el piso de al lado y me había contratado, sólo con el propósito de regalarle, a su querida niña, un novio. Tratando de buscar una salida, se me ocurrió preguntarle qué era lo que opinaba Dmitri de eso y al oír su respuesta supe que estaba jodido:

-Gustar, con marido español no deportación.

No me quedaron fuerzas de seguir discutiendo, ese par de hijos de puta vieron, en el capricho de Sofía, una salida perfecta. Dmitri se aseguraba que no deportaran a su hermana y Tanía conseguía una fachada que le permitiera seguir tirándose a la hermanita de su esposo. Durante el resto de la comida, me mantuve en silencio rumiando las noticias que acababan de darme. Tras el sofocón inicial después de analizarlo, no me pareció tan mala idea y no solo porque estaba buenísima sino porque me daba una razón que hiciera dudar a la policía de mi verdadera relación con esa organización.

?Seré el marido de pega de esta niña y así ellos creerán que soy un pelele?.

Habiendo tomado ya la decisión, era necesario que hacerla pública y que mejor que fueran los propios camareros los que les fueran a la pasma con el chisme. Llamé al camarero y le pedí que nos trajera una botella de Moët.

Al venir con el carísimo champán, cogí el alambre del tapón e hice con él un rústico anillo. Sofía no entendía que narices estaba haciendo. Solo lo comprendió cuando poniéndome de rodillas, le pedí que se casara conmigo. El grito de alegría de la muchacha retumbó en el local, haciendo que todos los comensales se voltearan a ver como un cuarentón estaba postrado frente a una bella joven.

-Sí, ¡me caso contigo!- respondió chillando y sin parar de dar saltos de felicidad.

Aunque parezca increíble, los cincuenta ricachones que había en el restaurante se pusieron de pie y empezaron a aplaudir. Abochornado por el rotundo éxito de mi idea, tuve que agradecer a la audiencia. Con Sofía a mi lado, me di cuenta que todos esperaban el beso de rigor, por lo que no me quedó más remedio que agarrarla por la cintura y dárselo. La exagerada pasión que imprimió Sofía al beso terminó de convencer a todos que era real nuestra unión, creo que incluso debieron darse cuenta que cuando la muchacha dejó de restregarse contra mí, mi pene ya estaba en lo más álgido de la erección.

Decidí que ya era suficiente, y pidiendo la cuenta salimos del lugar, con el convencimiento que en ese momento todo el mundo comentaría en las mesas que otro pobre tonto que se había enamorado de su secretaria. No tenía sentido ir en dos coches, por lo que me subí al enorme mercedes 600 que había traído a mi futura esposa. Nada más sentarme junto a ella, me cogió la mano y me dijo:

-No creas que soy tonta. De imbécil, no tengo un pelo. Me gustas desde que te vi en el estrado pero sé que no me amas. Eso es cuestión de tiempo, estoy segura que vas a terminar enamorado de mí. Esto es un negocio, tú me das lo que yo quiero y yo lo que tú necesitas. Por cierto, como ves, ¡Tu mujercita habla perfectamente español y sin acento!

No supe que decir, me había engañado totalmente con su pose de niña boba. La mujer que tenía a mi lado era una actriz maravillosa, escondiéndose detrás de una supuesta estupidez pasaba inadvertida para los enemigos de su hermano y evitaba ser objeto de los celos de Tania.

-Tu llevarme a por anillo, no poder llegar con éste a casa- acurrucándose como una enamorada, me susurró mientras pasaba su mano por mi entrepierna.

Comprar un anillo un domingo en la tarde en Madrid es imposible, excepto si eres un mafioso ruso. Solo tuve que preguntarle al chofer y tras un par de llamadas, nos abrieron una lujosa joyería del barrio de Salamanca. Afortunadamente, Tanía me había dado ese enorme anticipo, porque si no los cien mil euros que me gasté en la puñetera piedra me hubieran quebrado. Mientras Sofía elegía el que más le gustaba, yo no podía dejar de pensar que diría su cuñada de todo esto, sabía a la perfección que formaba parte de su plan pero aún me venía continuamente a la mente la escena lésbica que había presenciado, por eso en cuanto tuve oportunidad le pregunté discretamente, para que no se enterara nuestro guardaespaldas, cómo íbamos a plantearlo.

-Tú, déjame a mí. Para Tania, soy una tonta que se ha encaprichado del primer hombre inteligente con el que se ha topado. Ella sabe que ayer nos besamos y creerá que no ha hecho falta que ella te obligara tal y como tenía planeado, sino que, como hombre, nos has podido resistirte a mis encantos.

Tomándome mi tiempo, fui al grano. Le conté lo que había visto y le expliqué mis temores. Ella al oírme, se echó a reír:

-Ya te dijimos que las moscovitas somos unas calentorras. Ni ella ni yo somos lesbianas pero, cuando no hay un hombre disponible, nos consolamos mutuamente. Por eso no te inquietes, mejor harías en preocuparte por el día que te pille con ella en la cama.

Más tranquilo y siguiéndole la corriente le dije:

-¿Qué harías?, ¿cortarme los huevos?

-No, bobo- respondió con una carcajada -la ayudaría a dejarte seco, ¡mi amor!

Solo piensa con esas dos bellezas en la misma cama, me excitó y fue entonces cuando tomé la decisión de hacerlo realidad y por vez primera, la besé sin que me diese miedo que alguien nos viera.

No me da vergüenza reconocer que, mientras volvíamos a casa, estaba acojonado. Aún después de las explicaciones de Sofía, seguía teniendo miedo a la reacción de la gran Jefa. Tania debía de cargar sobre sus espaldas con la autoría intelectual de un buen número de ejecuciones y de ajustes de cuentas, no me cabía duda que no debía de ser extraño que ella se hubiese despachado en persona a algún competidor pero era un hecho cierto que, siguiendo sus órdenes, sus sicarios se habían desembarazado de una buena cifra. Por eso me alegró que ella no estuviera cuando llegamos a su apartamento.

-¿Qué te apetece hacer?- ronroneó Sofía, pegando su cuerpo al mío.

Estábamos solos y en teoría, esa maravilla de mujer era mi novia. No me costó decidir, agarrándola de la cintura la besé mientras iba desabrochando su falda. Mi querida rusa suspiró al sentir que caía al suelo y como si llevara años sin ser acariciada se lanzó contra mí, desgarrando mi camisa. Sus dientes se apoderaron de mi pecho mientras su dueña intentaba desabrochar mi pantalón. Increíblemente excitada, gimió al ver mi sexo totalmente inhiesto saliendo de su encierro.

-Te deseo, ¡mi querido picapleitos!

Quería que nuestra primera vez fuera tranquila pero su ardor se me contagió y apoyando mi cuerpo contra la pared, le rompí las bragas y poniendo sus piernas alrededor de mi cintura, coloqué la punta de mi glande en su sexo. Sofía no pudo esperar y forzando sus labios, se empaló lentamente, sintiendo como se introducía centímetro a centímetro mi extensión en su cueva. Nada más sentir que la cabeza chocaba contra la pared de su vagina, empezó a cabalgar usándome de montura. Mi pene erecto era un puñal con el que quería matar su necesidad de ser tomada. Moviendo sus caderas se echó hacia atrás para darme sus pechos como ofrenda. La visión de sus pezones, contraídos por la excitación, fueron el acicate que necesitaba el tranquilo abogado para convertirse en Mr. Hade. Completamente dominado por la lujuria, usé una de mis manos para poner su pecho en mi boca.

Sofía gritó al notar que mis dientes se cerraban cruelmente sobre su pezón y agarrando mi cabeza, me pidió que no parara. La humedad que manaba de ella me informó de la cercanía de su orgasmo. Su respiración agitada no le permitía seguir alzándose sobre mi pene, por lo que tuve que ser yo quien, asiéndola de su culo, la ayudara a sacar y meter mi sexo dentro del suyo. Al percatarse que ya no le era tan cansada esa postura, se puso como loca y acelerando sus maniobras, explotó derramando su flujo sobre mis piernas. Los gemidos de placer de la muchacha me espolearon y como un joven garañón, galopé en busca de mi orgasmo. Ya no importaba que esa mujer fuera la hermana de un mafioso, en mi mente era mi hembra y yo, su semental. Siguiendo el dictado de mi instinto busqué esparcir mi simiente en su campo. Con el coño completamente mojado, Sofía gozaba cada vez que mi verga, al entrar y salir, presionaba sobre sus labios y rellenaba su vagina. Su clímax estaba siendo sensualmente prolongado por mis maniobras, llevándola del placer al éxtasis y vuelta a empezar. Clavando sus uñas en mi espalda, me rogó que me corriera, que necesitaba sentir mi eyaculación en su interior.

La entrega de la muchacha era total. Berreando en mis brazos, se estaba corriendo por segunda ocasión cuando al levantar mi cabeza, vi a su cuñada mirándonos desde la terraza. Su gesto no era de enfado sino de satisfacción, dándome a entender que aprobaba lo que estábamos haciendo. El morbo de ser observado, hizo que mi pene estallara dentro de Sofía mientras veía a la rusa volviendo a su piso.

-Vamos a tu cama, esto es solo un aperitivo de lo que vas a disfrutar conmigo- susurró mi recién estrenada novia.

Sus palabras me hicieron soñar en tenerlas a las dos entre mis brazos y llevándola en volandas, me dirigía a mi cuarto.

-¡Qué impetuoso!- me dijo al tirarla encima de mi cama y tumbarme a su lado,-pareces que tienes ganas de seguir dándole placer a tu mujercita-.

-Los españoles también somos unos calentorros- contesté mientras le abría las piernas y sin ningún tipo de delicadeza la volvía a penetrar.

Me recibió totalmente mojada y abrazándome con sus piernas, buscó que mi penetración fuera total.

-Cabrón, ¡Me estás poniendo a mil! Me gustaría que la boba de Tania nos viera. Se moriría de envidia al saber que tenía razón cuando, el día que te vi con el juez, le dije que eras un perfecto semental.

Solté una carcajada al oírla. Moviendo mis caderas, la atraje hacia mí y le expliqué que sus deseos se habían convertido en realidad.

-No te entiendo.

-Tania nos ha estado espiando mientras lo hacíamos en el salón, y te puedo prometer que no se le notaba enfadada-.

-¡Mierda!-, exclamó soltándose de mi abrazo -tengo que ir a hablar con ella. No quiero que se enoje-.

-Ahora soy yo el que no comprende, no me has dicho que estaba todo hablado-.

-Sí, pero la jefa es la jefa y querrá novedades-, me contestó mientras salía completamente desnuda de mi habitación y dando un portazo me dejó compuesto y sin novia.

?Quien entienda algo que me lo aclare?, pensé mientras me vestía. En teoría, las dos mujeres habían maniobrado para que Sofía me llevara a la cama, por lo que no comprendía cual era la urgencia. Con el paso de los minutos me fui poniendo cada vez más nervioso, al imaginarme que la muchacha me había mentido sobre la verdadera relación que le unía con su cuñada. Si en un principio estaba intrigado al cabo de la media hora estaba histérico:

?¡Joder!, la he cagado. ¡Me he tirado a su putita!?.

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noviembre 29th, 2013 >> Relatos Eroticos

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Hola mi nombre es Javi y tengo 25 años, mi novia con la cual llevo 4 años se llama María y tiene 23, esta historia nos pasó este pasado verano en la isla de Mallorca, en donde yo me vine por motivos de trabajo y ella decidió acompañarme.

Ella es una chica preciosa y muy morbosa, de cara angelical, su cuerpo es muy esbelto y tonificado gracias a las buenas sesiones de gimnasio que se mete todos los días. Tiene unos pechos normales y un culito digno de admirar, con dos glúteos perfectos que hacen que resalten a la vista de cualquier hombre. Aunque decir que lo mejor de todo es su increíble coñito, es la típica hamburguesita grande y suculenta, siempre mojadita por sus interminables flujos.

Pues bien, como contaba, por esa época llevábamos un par de meses en Mallorca, yo me había venido por trabajo y ella me dijo que me acompañaba, que estaba muy enamorada de mi y que me quería seguir a donde yo fuese. El problema de estar aquí es que no conocíamos a nadie y los compañeros de trabajo eran algo raros, así que pasábamos muchas horas juntos sin poder hacer gran cosa. Tampoco teníamos mucho dinero por lo que pasábamos bastantes días aburridos. Eso sí, siempre hemos sido muy atléticos y ya viviendo en Barcelona íbamos regularmente al gimnasio.

Este fue el motivo por lo que empezó todo. Más o menos a los 2 meses de ir al gym, al cual casi siempre íbamos juntos, aunque ella mas que yo, entró a trabajar para la temporada veraniega un monitor nuevo, era un chico más alto que yo, mediría 1,80, bastante fuerte y de cara muy guapete. Yo desde el primer momento me fijé en como miraba a mi novia mientras entrenaba, ella siempre iba con unos short ajustadísimos y camiseta de tirantes que resaltaban sus pechos. El caso es que este monitor, Luis se llamaba, era muy buen tio, de las típicas personas que tienen don de gente y pronto hacen amigos, muy parecido a mi novia que es también así. Pronto los dos hicieron buenas migas y se cayeron muy bien.

Mientras los dos íbamos al gimnasio yo siempre tenía controlada la situación, el chico no era el típico baboso y respetaba la relación que los dos teníamos, pero siempre me intrigaban los momentos en los que yo no estaba. Aunque confío mucho en mi novia nunca se sabe, ella nunca me había sido infiel, pero si me contó que en el pasado con anteriores ex novios no había sido una santa. Siempre me decía que conmigo quería ser diferente y hasta el momento siempre lo había sido. El gran ?problema? o como yo lo veía es que era una persona altamente sexual, ami me encantaba, pero siempre me dejaba rallado el hecho de que en un calentón hiciese algo con otras personas.

Un día de esos de verano tirando en el gimnasio me lesione los hombros, fui al médico y me dijeron que si no quería que fuese a mas estuviese parado una buena temporada. Este fue el momento en que no fui al gimnasio por varios meses, pero si María, la cual un día me dijo que iban a quedar unos cuantos chicos y chicas del gimnasio a tomar algo por la noche. Yo no podía decirle que no fuese, ya que aquí estábamos aburridisimos y ella se había venido para estar conmigo.

Llego el día en cuestión y yo tenía libre, a mi no me habían dicho nada así que no fui, pero estando en casa comiéndome la cabeza decidí pasarme por los típicos sitios de la zona por ver que pasaba.

En un primer momento vi que el grupo en el que iba mi novia (3 chicas y 4 chicos) salía de un restaurante de comida rapida, se les veía muy jubilosos y risueños, pude observar como en la mesa en la que habían estado había varios tercios vacíos de cerveza, seguro que iban ya muy chiposillos.

Del restaurante al coche me fijé en que Luis, el monitor, no paraba de hablar con María, la cual reía y hacía bromas con él. Cuando se dispusieron a meterse en el coche se dieron cuenta de que otro chaval que también les había traído se había ido, con lo cual eran 7 para uno solo. Sin pensárselo un momento dijeron que daba igual, que tenían amigos policías y no les iban a multar si les pillaban,además el local al que iban a ir estaba cerca. Propusieron ir dos chicos delante y otros dos atrás, con una de las chicas en el medio y las otras dos restantes encima de los chicos que ocupaban el lado de las ventanillas. Estando los dos chicos en la parte de atrás escuché a María decir ?yo voy en el medio? , pero rápidamente Luis dijo ?no, mejor deja a Clara que es muy delgada en el centro y tu te pones encima mía?. Yo sabía que mi novia lo había hecho por no crear situaciones raras, siempre me dice: ?no hagas lo que no te gustaría que te hiciesen?, pero el monitor fue mas listo.

Yo me fui corriendo a mi coche para seguirlos pero les perdí de vista. Supuse que iban a la zona del puerto y así fue, tras un rato mirando por varios locales me di cuenta de que ahí estaban los 7, con copas y mojitos en la mano, bailando al principio entre ellos cortadamente, ya que era la primera vez que salían. Me quedé mirando un buen tiempo y estuve a punto de abortar, me parecía absurdo estar ahí mirando lo que hacían. Pero justo cuando ya decidí irme me di cuenta de que Luis intentaba bailar una canción de salsa con mi novia, cada vez acercándose mas y moviendo la cintura como solo los que saben bailarla saben hacerlo. A María siempre le ha encantado el baile y más los bailes latinos, siempre me decía que un chico que supiese bailar salsa le ponía muchísimo.

Yo veía como María al principio desistía y no le hacía mucho caso, se reía y bebía cada vez más rapido, debería llevar ya tres o cuatro copas. Que decir que ella no era mucho de beber, así que se le veía que se deshinibia cada vez mas.

En un momento vi como sacaba el móvil y escribía algo, justo en ese momento me sonó el mio y vi un wassap suyo que ponía TQM amor. Yo sabía que mi novia me quería a morir y nunca me habría hecho nada malo, así que vi la estupidez que estaba haciendo y me fui de camino al coche para volver a casa. Con este ya en marcha solo había una dirección por la que pudiese ir, y esa era la zona de locales, con lo que tuve que volver a pasar, cuando fue mi sorpresa que vi que en el local que estaba el grupo de mi novia estaban todos empapados, por lo visto era la fiesta mojada y les habían mojado con una manguera. Eso era ya un desmadre, había chicas que se quitaban la camiseta y otras que se quedaban en tetas, provocando el jubilo de los asistentes.

Muchos chicos hicieron lo mismo, entre ellos el querido monitor, el cual dejó ver un cuerpo perfecto y fuerte. Pude ver la mirada de mi novia y como hablaba por lo bajo con las amigas, seguro que comentando lo bueno que estaba.

Decidí aparcar de nuevo, ahora mas cerca y vi como el local se desmadraba, todos bailando con todos. Ahora si pude ver como María se dejo llevar y bailaba con Luis, el cual cada vez acercaba mas su cebolleta por el cuerpo de mi amada novia. No sabía que hacer, la situación me superaba, estaba viendo como otro tío se arrimaba de esa forma a mi novia pero no me atrevía a hacer nada.

De repente Luis desapareció y volvió al rato con otra copa para ella, madre mía, debería llevar 5 o 6 ya!, ella le dio las gracias y vi como le daba un beso en la mejilla izquierda, momento en el que Luis hizo una broma diciéndola que le diese otro también en el derecho. María accedió y justo en el momento de acercarse a Luis cambió la posición de la cara recibiendo un beso de mi novia en sus labios. En ese momento María se quedó paralizada, sin saber que hacer, cogió y se dio la vuelta para hablar con las otras chicas que comentaban la jugada, pero Luis la cogió del brazo y tirando violentamente de ella hacia él le dio otro en sus morros aún mas fuerte.

Era increíble, estaba viendo como un tío besaba a mi novia en mis narices. Ella al principio opuso resistencia pero no pudo resistir el movimiento que este hacía con el cuerpo mientras que la besaba. Se le notaba que iba muy borracha y que estaba muy cachonda, sino no se abría dejado por mucho que hubiese bebido. Con casi ganas de llorar, seguí contemplando el espectáculo. Él por fin la dejó y vi que ella seguía bailando con las amigas que sonreían a mi novia. Ya eran las 5 de la mañana y decidieron irse de allí. Les seguí en coche y vi como iban acercando a cada uno a casa, menos mal! me dije yo, solo ha sido un beso. Sorpresa mía cuando solo quedaban tres, Luis, mi novia y otro chaval, el cual salió del coche que había conducido todo el camino y se fue a casa, dejandole el puesto del conductor a Luis. Vi como seguían la marcha ahora los dos solos pensando que la llevaría a casa, cuando en el momento de coger la rotonda que se desviaba a donde vivíamos, Luis tiro de frente. ¿A dónde la llevaría ese hijo de puta?

Nos topamos con el cartel de ?Playa Las Américas?, era una calita en la que María y yo habíamos estado infinidad de veces, Luís aparcó el coche y yo hice lo mismo bastantes metros atrás. Vi como se bajaban y pude observar como María iba bastante borracha. En un momento ella le dijo a él ?oye donde estamos, me tengo que ir a casa?, y el respondió ?todas las buenas marchas acaban con un buen amanecer?. Se sentaron cerca de la orilla, en unas toallas, pero escondidos de donde pudiesen verles, la verdad que el amanecer era espectacular. Luis sin pensarlo se abalanzó sobre María y le comió la boca de nuevo, ella le tiró para atrás de un empujón y le dijo ?deja de aprovecharte de mi y llévame a casa, todo esto lo va a saber mi novio porque se lo voy a contar y te vas a enterar?. Luis se quedó mirándola fijamente y hechó a reír diciéndole ?ese pipa? Ese marica no se merece una chica como tu, a ti hoy te voy a enseñar lo que es una buena follada de un tío con cojones, no el gay de tu novio?. María cogió el móvil para llamar y de un golpe Luis lo tiro a la arena,

LUIS: pero que haces palomita? Antes te has puesto cachondisima con el beso que me has dado y ahora ¿no quieres nada?…

MARÍA: yo no te he dado ningún beso imbécil…

LUIS: pues entonces me lo vas a dar ahora…

Luis se abalanzó y cogiendo de la cabeza a mi novia la comió la boca a la vez que su mano derecha empezó a masajearle los pechos, cada vez más rápido.

MARÍA: Luis para tengo novio…

LUIS: hoy te va a follar otro por lo puta que eres…

MARÍA: para en serio te lo pido…

LUIS: mira toca esto y dime si es igual que el de tu novio…

Luis llevó la mano de María a su paquete, el cual por el bulto del pantalón se veía que era voluminoso.

LUIS: esto es lo que te va a follar hoy, digas lo que digas…

MARÍA: mm para, en serio mm…

Esto era el colmo, estaba viendo como María le frotaba obligada el falo a Luis y estaba empezando a gemir, ese era el momento que siempre me había dado miedo.

LUIS: enséñame esos pechitos tan bonitos que tienes putilla..

Acto seguido le bajó ligeramente el vestido y le quitó el sujetador, quedando esos pechos tan bien puestos a su merced. Luis cogió uno y empezó a chuparlo, dándole mordisquitos por la zona de los pezones. Yo veía atónito como mi novia empezaba como a vibrar de placer, contoneándose como nunca lo había hecho conmigo. Luis cogió el otro pecho y realizó la misma operación, pero esta vez dejando caer su otra mano lentamente sobre el sexo de María, la cual estaba medio abierta de pierrnas, ya sin preocuparse de enseñar lo mojada que estaba su tanguita rosa. Desde mi posición observaba como un tio le chupaba las tetas a mi novia y le rozaba el chochito produciéndola un enorme placer. Ella de vez en cuando cerraba las piernas e intentaba escapar, pero la situación le estaba ganando terreno, yo no podía hacer nada, sino mirar como otro hacia con ella lo que le parecía. Luis la obligó a levantarse y le quitó toda la ropa, escepto el tanguita rosa. Le ordenó que se agachase, ahora a cuatro patas enseñándome todo su culito…era increíble lo hinchado y mojado que tenía su sexo…podía ver como caían gotas por sus piernas mientras que esperaba las ordenes de su nuevo dueño. Luis se puso de pie y se bajó los pantalones y calzoncillos, dejando ver un gran pene erecto el cual tras acercar a la boca de mi novia ella empezó a lamer sin vacilar. Pasaron unos momentos interminables hasta que él tembló y se corrió dentro de su boquita.

LUIS: eso te lo tragas puta…

Ella obedeció sin rechistar, no decía nada, solo estaba sumida en el placer y la lujuria, yo nunca había conseguido ponerla así.

Luis ordenó a mi novia que se pusiese a cuatro patas mirando al mar y el se puso detrás, pude ver como echaba a un lado el empapado tanguita rosa de mi novia y de una embestida le metió su gran polla hasta dentro. María dio un grito de entre placer y dolor y bajó la cabeza como mordiéndose los labios. Luis entonces empezó a embestirla, al principio muy despacito, siguiendo con embestidas intermitentes que hacían jadear cada vez mas a María, hasta terminar dándole bien fuerte. Mi novia no pudo contenerse mas y empezó a gemir como una auténtica puta, soltando a los 5 o 6 minutos un gemido tremendo y temblando de igual forma.

LUIS: te has corrido ya eee puta?? y decía que no querías…a mi me queda para rato…

Luis siguió perforándola y pude observar como ella se vino dos o tres veces mas. El cabrón tenía una guante impresionante, se estaba follando un auténtico pivón y no se corría.

LUIS: ya me cansa esta postura, ponte encima mio..

María obedeció y dejó caer su cuerpo hasta que su chochito tocó otra vez el falo que tanto placer le deba. Luis la forzó a bajar y se hundió su verga hasta bien dentro de ella.

LUIS: ahora te toca a ti zorra, demuéstrame de lo que sabes…

María a esas alturas ya no era persona y sin dilación empezó a cabalgar encima de él. Luis mientras le comía las tetas y ella gemía de placer, incrementando esos gemidos a medida que se corría. Luis estaba empapado de los flujos de mi novia, ella no paraba de gritar y votar. Ya pasado un rato Luis la incorporó la volvió a poner a cuatro patas, él aún no se había corrido. María sintió algo que se acercaba al agujero de su culo y de un gito dijo:

MARÍA: nooo, por ahí no, me vas a destrozar…

Yo en otras ocasiones lo había hecho con ella por el culo pero no era lo normal. Luis no hizo caso y empezó a clavársela lentamente hasta el fondo, ella dio un grito de dolor y agarró la arena con fuerza. Luis volvió a darle fuertes embestidas.

Yo podía ver como estaban los de espaladas a mi, a Luis detrás embistiendola el culo y ella a cuatro patas con el chocho correando de placer.

No me lo podía creer, estaba viendo como el monitor del gimnasio se follaba a cuatro patas a mi novia…y lo peor es que a ella le encantaba.

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