Resultado de Busqueda:

Contraté a una puta para darle por detrás

Video Porno de: Maduras

marzo 14th, 2013 >> Jovencitas

Tags: , , ,

Se la lleva a su picadero para darle por detrás

Video Porno de: Maduras

marzo 23rd, 2013 >> Jovencitas

Tags: , , , ,

La madre de mi amigo en Relatos eroticos de Maduras

Video Porno de: Maduras

marzo 6th, 2014 >> Relatos Eroticos

La madre de mi amigo en Relatos eroticos de Maduras (relatos eroticos )

» Relato Erotico: La madre de mi amigo en Relatos eroticos de Maduras

La madre de mi amigo en Relatos eroticos de Maduras (relatos eroticos )

-¡Jano!- Gritó mi mamá.

-¡¿Qué?!

-¡José te busca!

-¡Dile que suba!

Se abrió la puerta y entró mi amigo.

-¿Qué haces?- Preguntó.

-Armando un cohete a escala- Respondí sardónico.- ¿Que no ves que estoy acostado?- Efectivamente estaba acostado, con un montón de revistas porno que había tomado prestadas a mi hermano. José se sentó a mi lado y comenzó a hojearlas conmigo. Estuvimos un rato en silencio admirando la maravillosa constitución biológica de las modelos.

-¿Viste esta?- Me enseñó la imagen de una morena de tetas enormes.

-Me gusta más esta-. Le mostré la foto que estaba mirando hace ya un buen rato. Al verla, frunció el ceño y me dio un puñetazo en el estómago. Me reí ante su reacción.

-No seas imbécil, no tiene nada que ver con tu mamá.- La chica que le mostré era una pelirroja pecosa, sin muchos atributos en comparación a las otras, pero era más linda de rostro que todas.

De seguro se lo tomó a pecho porque su mamá también es pelirroja y no era ninguna novedad que fuera la sensación del barrio. A casi todos los hombres les gustaba, y no era sorpresa. Era una mujer espectacular. A sus casi cuarenta años tenía un cuerpo curvilíneo. Gran culo, grandes tetas, cintura de avispa y una piel demasiado blanca, que hacía resaltar aún más su cabello anaranjado, porque no era rojo, era naranjo. Eso la había hecho ganarse el apodo de ?La Colorina? y a mi amigo el apodo de el ?Fanta?, ya que había heredado el mismo color de cabello de su madre. Podías distinguirlos a cuadras de distancia.

Muchos la deseaban, incluso mi padre, e incluso mi hermano mayor, que tenía dieciocho. Él a veces solía decirme que tenía pinta de ?depredadora sexual?, a pesar de ello, nunca dio a pie a que hablaran mal de ella, pues tenía buena relación con los vecinos hasta cierto punto. Nunca llegaba a sobrepasarse con nadie, manteniendo así la cordialidad y la intimidad con todos, además, ella poseía un carácter muy juvenil. Todos conocíamos su risa fresca y alborotadora.

Por eso, mi amigo el Fanta siempre se enojaba cuando alguien hablaba de su madre, o si insinuaban algo con respecto a ella, porque era consiente delo que su mamá provocaba en el sexo masculino. Yo antes solía pasar gran tiempo de mis días en su hogar, sobretodo porque José se sentía solo. Su viejo era camionero y pasaba tres semanas fuera y una en casa, hasta que por alguna razón comencé a sentirme incómodo allí. Había algo en la forma que ella, la Colorina, tenía al mirarme, que hacía que me intranquilizara. No lo sé, sus gestos hacia mí, sus roces casuales? algo.

-Ni te atrevas a pensarlo-. Me advirtió. Me reí con fuerza, esa señora me ganaba casi por veinticuatro años.

-Vale, buscaré a otra con quién hacerlo.- Fingí molestia.

-¿Aún no lo haces?- Me preguntó mi amigo. Lo miré como diciendo: ?No hagas preguntas idiotas?. Rió.

-¿Y tú?- Contraataqué.

-Y eh? casi.

-¿Casi?- Me mofé-. Es un sí o un no.

-Y eh?no.- Admitió al fin. Carcajeé y le pegué un revistazo porno en la cabeza.

-Deja eso niñato. Venía invitarte a mi casa.

-¿Para qué?

-Mi papá antes de irse, me compró el nuevo GTA.

-¿El GTA cinco?

Asintió con presunción.

-¿Y por qué no jugamos aquí?- No quería ir a su casa.

-Vamos, no seas mala onda. No quiero dejar a mi vieja sola, siempre se deprime cuando mi papá se va.

Lo pensé un rato, quizá después de todo, sólo era mi imaginación, así que accedí. Le pedí permiso a mi mamá y me fui con José a su casa. Subimos a su habitación, y como siempre, estaba reluciente, en comparación a la mía que era un auténtico chiquero. Cuando iba a sentarme en la alfombra, la puerta se abre y aparece su mamá. Tragué saliva instintivamente.

Sabía que no tenía que mirarla fijamente, o si no Fanta se daría cuenta y armaría un escándalo. Sin embargo, el impacto de su belleza no disminuía ni aunque la viese cien veces al día. Jamás en mi vida había visto un par de ojos más negros que los suyos, y a sabiendas de su hermosura, no tenía la necesidad de maquillarse, con suerte se encrespaba las pestañas.

Esta vez traía un vestido corto, a tiras, con un gran escote. Me obligué a mirarla a los ojos. Calzaba unas sandalias y como siempre, su cabello largo y colorín estaba libre. Al verme, me sonrió al instante.

-¡Hola!- Me saludó, acercándose. Me puso las manos en los hombros, estudiándome- ¡Cómo has crecido! Si parece que no te veo hace años, en vez de meses ?. Dijo mientras me besaba con fuerza en la mejilla. Olía a dulces.

-He crecido un poquito.- Murmuré entre dientes, aquella mujer me cohibía.

-¿Un poquito?- Se burló, alzando una ceja caoba. Sentí mis mejillas arder.

-Ya mamá, no sigas avergonzándolo.- Intervino mi amigo. Le pegué un codazo fuerte en las costillas para que se callara y no siguiera resaltando lo obvio. Ella rió desvergonzada y estrepitosa, su risa resonó por toda la habitación, como si le hubiesen contado el mejor chiste de su vida.

-Vale, vale, los dejo.- Acarició la mejilla de Fanta y volteó para irse, pero antes de cerrar la puerta, giró un tanto hacia mi dirección y me guiñó un ojo. Tragué saliva, ¿A qué iba eso? Mire a mi amigo que pareció no percatarse al estar conectando el Play.

Toda la tarde que pasé allí, no pude dejar de sentirme turbado por alguna razón. Supuse que era por el hecho de estar en un hogar ajeno. No supe qué horas eran hasta que la voz de la? Señora? nos trajo de vuelta al mundo real, sin duda el GTA te absorbe.

-¡Hijo!- Gritó desde el primer piso- ¡Ve a comprar el pan!

-¡Ya!- Respondió Fanta, sin soltar el joystick. Observé por la ventana y vi que estaba oscureciendo.

-¿Qué hora es?- Le pregunté.

-No sé- Respondió aún absorto en el juego.

-Tengo que irme, mi vieja debe estar preocupada.

-Deja pasar esta y bajamos.

Cuando lo hicimos, olisqueé un suave olor a cebollas asadas, todo mi estómago rugió de hambre. Alguien estaba preparando la cena. Nos dirigimos a la cocina y nos encontramos con la mamá de mi amigo, enfrascada en cortar unos trozos de carne, aunque no parecía estar cocinando. No sé, la imagen de mi madre cocinando es con un delantal ancho, todo roñoso y con manchas de aceite eternas que no salían ni con cien lavados, y muy, muy poco femenina. En cambio ella parecía conservar toda la delicadeza de una mujer al hacerlo. Seguía con su vestido floreado, cubierto por un delantal que se ceñía demasiado a su cuerpo. Su cabello estaba tomado y relucía aún más naranjo gracias a la luz artificial de la ampolleta.

-Mamá- Habló Fanta, llamando su atención- Voy a dejar al Jano y de vuelta compro el pan.

-¿Pero cómo? ¿No te quedarás a cenar?- Me preguntó torciéndose hacia nosotros. Su cara redonda lucía más infantil con el pelo tomado.

-No, gracias. Es que ya es tarde y mi mamá debe estar preocupada. ? Me excusé.

-No te preocupes por eso, si te dice algo, yo hablo con ella. No puedo dejar que te vayas sin comer algo, han estado todo el día encerrados, haciendo quizá qué cosas.- Dijo irónica entrecerrando los ojos. Los tres reímos.

-No seas tonta mamá. Entonces, vamos a comprar y volvemos, ¿No?- Inquirió dirigiéndose a mí.

-Vale.- Accedí.

-Ve tú a comprar pan, hijo.- Interrumpió su mamá.- Necesito que alguien ponga la mesa mientras me doy una ducha.

Dejé de respirar, no quería quedarme a solas con ella. Sí, soy un capullo, pero ella me intimidaba demasiado. Las manos me sudaron un poco de solo imaginarlo.

Fanta fue a comprar el pan y la ?Señora? fue a tomar su ducha. Un tanto más relajado sin su presencia, me dediqué a colocar el mantel en el comedor de diario de la cocina, los servicios, los vasos y de vez en cuando revolvía lo que parecía ser un guiso. Cuando estaba en ello, sentí una presencia a mis espaldas y me giro para ver quién era, y de manera instantánea sufrí una erección. La mamá de mi amigo estaba semi desnuda intentando apagar el calefón de la cocina. Una toalla violeta la envolvía, tratando de cubrir su carnoso cuerpo. Sus piernas extremadamente blancas, aparecían torneadas y fibrosas. Su culo (¡Dios mío!) su culo, su enorme culo apenas era tapado por la toalla, y su espalda lucía tersa sin nada que entorpeciera su belleza de mármol. Ella aparentaba no notar mi presencia mientras se inclinaba tratando de desconectar el aparato que daba agua caliente a la casa; y al hacerlo, pude atisbar un poco lo que parecía ser la entrada de su coño.

Abrí los ojos de forma exagerada y redirigí mi vista hacia la olla en el fuego y retomé la tarea de revolver el guiso, aunque ahora lo hacía casi de forma robótica, como si mis extremidades no respondieran al cien por ciento las órdenes de mi cerebro.

-¿Cómo va eso?- Preguntó caminando hacia mí.

-Bien, va? bien.- Respondí sin saber a qué se refería, fingiendo que no había notado su desnudez. Aún traía el cabello tomado, con algunos mechones húmedos pegados a su nuca y rostro.

-¿A ver? Déjame probar-. Se situó a mi lado y me quitó la paleta. Al hacerlo, sus dedos rozaron el dorso de mi mano. Sentí su piel fría y una corriente hizo que se me erizaran todos los pelos del cuerpo. Traté de no mirarla, sabía que si lo hacía, mis ojos se irían a ese gran par de tetas. Probó un poco de la cocción y frunció los labios.

-Le falta sal. ¿Me la pasas?- Pidió sin mirarme.

-Si señora.- Respondí nervioso, tratando de resguardar mi polla más que erecta. Busqué por encima de la alacena sin éxito.

-Está dentro del estante, a un lado del aceite.- Informó al ver que no la encontraba.

-Si señora.

-No me digas señora- Me reprochó-. Me hace sentir vieja-. Le pasé la sal y me sonrió pícara, con algo oculto dentro de sus ojos negros.

-Está bien señora, es decir?- Me interrumpí a mí mismo, ¿Puedo ser más idiota? Ambos nos miramos y reímos ante mi estupidez.

-Dime ?Tía?. Así me llaman los otros amiguitos de José.

-Está bien.- Asentí mecánico, sin saber aún cómo comportarme ante la diosa desnuda que mi amigo tenía por madre.

Añadió un poco de sal a la cacerola y volvió a degustar la comida.

-Ahora sí que sí, Janito. Mira, pruébala.- Acercó la paleta de palo hacia mi boca y esperó a que yo la probara. Crucé las manos por delante de mi entrepierna y abrí la boca tímidamente. Allegó la paleta más hacia mí y testeé la comida. Sinceramente, incluso si hubiese sabido a mierda, no me hubiera dado cuenta, ya que había cedido a la tentación.

Al estar frente a frente a ella, mis ojos bajaron y se quedaron plantados en sus senos. La toalla los apretaba, haciendo que se abultaran y lucieran más grandes.

-¿Está rica?- Preguntó.

-Muy ricas.- Respondí distraído. Oí que rió bajito y subí mi mirada hacia ella.- Este? muy rica quise decir.

-Iré a vestirme.- Dijo de pronto, sin darle importancia a mi desubicación.

Cuando desapareció de mi vista, caí en la cuenta de que estuve conteniendo el aire. La sangre parecía haber huido de todo mi cuerpo para ubicarse en dos lugares: La cara y cómo no, mi pene, que parecía un vibrador a pilas.

Cuando llegó mi amigo cenamos tranquilamente, aunque claro, traté de sentarme lo más lejos posible de ella y rehuí de su mirada todo el tiempo. Sólo quería escapar de allí, mas, para mi desgracia, mi amigo me pidió que me quedara allí, diciendo que podríamos jugar hasta tarde. Decliné la oferta argumentando que tenía que preguntarle a mi mamá primero.

-Deja llamarla, de seguro a mí me dice que sí.- Sugirió José. Era obvio que mi mamá le diría que sí a él. Mientras Fanta llamaba, observé como su mamá recogía la mesa, sin prestar una mínima atención a nuestros planes. Era exquisita, era la MILF perfecta, que llenaba todos los requisitos, ¿Por qué quería escapar de ella? Sí eran ciertas mis conclusiones, tendría que estar haciendo todo lo contrario, debería buscar la forma de que algo pasara, ¿Por qué entonces? Porque eres un capullo, me respondió mi subconsciente. No, no era por eso, era por Fanta? Nah, era porque era un cobarde de tomo y lomo.

Al fin, mi mamá concedió su permiso para que pasara la noche allí, es más, mi mamá parecía más alegre de lo normal al darme permiso.

Antes de ir a acostarnos, ella se despidió de nosotros, esta vez sin muestras de acoso conmigo, lo que me decepcionó un poco, al parecer, sí era mi imaginación después de todo. Estuvimos jugando hasta como a las dos de la mañana, hasta que nos aburrimos. José tenía una cama nido, así que lo único que tuve que hacer fue taparme con algunas frazadas. Él se durmió al instante, era típico en él. Fuera donde fuera, si tenía sueño, dormía como un tronco, en cambio yo de por sí tenía el sueño escaso, de por sí no podía dormir bien en casas ajenas y de por sí, la presencia de la Colorina me ahuyentaba toda posibilidad de reposo.

Estaba que me meaba, pero esperé hasta no escuchar ni un ruido para ir al baño.

Bajé al primer piso, que es donde se encontraba el baño, pero cuando iba llegando a la puerta, vislumbre una luz que provenía desde dentro. ¡Mierda!

-¿Quién está allí?- Preguntó ella.

-Soy yo, tía.- Respondí acercándome. La Colorina abrió la puerta y casi me da un infarto. Tenía puesto un babydoll negro, de satén o seda, qué se yo, que resaltaba aún más el blanco enfermizo de su piel.

-Janito, eres tú. Me asusté por un momento-. Reveló mientras volvía a mirarse al espejo, al parecer estaba echándose de las mismas cremas que usa mi mamá para las arrugas, aunque parecían funcionarle mejor a la Colorina.

Las ganas de orinar se fueron a la mierda, sobretodo porque yo sólo llevaba puesto el bóxer, y ahora ambos estábamos semi desnudos. Instintivamente volví a cubrirme la entrepierna con mis manos.

-¿No vas a entrar?- Inquirió volviéndose hacia mí. Me quedé en silencio-. ¡Ay, pasa! No seas tímido- Me azuzó. Me quedé en el umbral de la puerta, sopesando la posibilidad de entrar. Rió y volvió a mirarse al espejo con mofa. El pelo cobrizo pasaba su cintura? era tan lacio, tan luminoso. Las rodillas me temblaron de sólo pensar lo que había debajo de ese camisón. ¿Qué haría otro chico en mi lugar? Más bien, ¿Qué haría mi hermano en mi lugar? Y la sola idea de imaginarme el rostro de él al contarle esto y lo que sucedió hoy en la cocina, me animó a entrar.

Carraspeé para darme ínfulas de hombre mayor y pasé por detrás de ella. Me paré junto al inodoro, pensando si debía hacer lo que tenía que hacer (mear) o simplemente fingir que quería lavarme los dientes.

-¿Cierro la puerta para que estés más cómodo?-La miré por el espejo, mientras ella seguía embadurnándose con crema el rostro. ¿Significaba algo el que ella quisiera cerrarla? El estómago se volvió bola en mi vientre- ¿La cierro?- Preguntó de nuevo, esta vez contemplándome a través del espejo, nuestras miradas se cruzaron.

Asentí.

Giró y cerró la puerta sin darle importancia al hecho, y siguió mirándose al espejo.

Bien, ahora me tocaba actuar, o sea, mear. Inspiré con fuerza. Este es el paso. Bajé un poco el bóxer y mi erección apareció igual que esos payasos que salen de una caja al darle a la manija. Un subidón de vergüenza me llego a la cabeza al ver lo excitado que estaba. ¡Se suponía que quería mear! ¿Cómo mierda iba a hacerlo si la cabeza de mi pene me apuntaba al ombligo? Mátenme, mátenme ahora. Ni siquiera quise levantar la vista por miedo de que ella pudiese estar observándome. Me relajé pensando en mi abuela y poco a poco fui forzando mi polla para que bajara y así al menos, poder apuntarle al agujero.

La miré de reojo al oír el correr del agua de la llave. Estaba lavándose las manos, sin prestarme atención. Vale, era obvio que notaba lo que me estaba pasando, pero el que me ignorara adrede ayudó bastante. Más tranquilo, pude orinar, tratando de no derramar nada, tarea heroica al tener mi falo tieso. Cuando ese placer único de vaciar la vejiga me invadió, cerré los ojos como siempre suelo hacerlo, y sin darme cuenta solté un suspiro de satisfacción.

Cuando hube terminado, abrí los ojos, y así se quedaron: Abiertos al darme cuenta de que la tía me estaba mirando por el espejo, sonriendo, deleitándose con mi espectáculo.

-Veo que te excitas fácil.- Indicó luego de un momento. Yo no fui capaz de contestarle. Quedé petrificado, sin pestañear. Sus ojos parecían más oscuros que de costumbre.

Soltó una risa burlesca, gutural. Dio media vuelta y quedando aún a mi lado, pero mirándome de frente. Apoyó su cadera contra el lavamanos y se cruzó de brazos, con ese aire jovial que la caracterizaba.

Y ahí estaba yo, mudo, inmóvil y más tieso que el pelo de la estatua de la libertad.

-¿Te gusto?- Inquirió irguiéndose.

Asentí. Dio un paso hacia mí.

-¿Me deseas?

Asentí. Avanzó nuevamente hasta situarse a mis espaldas. Me rebasaba en estatura. En mi defensa, aún me faltaba por crecer. Apoyó su cabeza en mi hombro y nuestras miradas volvieron a encontrarse en el espejo. Volví a oler su perfume. Sus manos se aferraron a mis brazos y fueron bajando por ellos. Al darme cuenta de lo que quería hacer, trate de alejar mis manos de mi entrepierna, pero ella me detuvo.

-¿Te excito?- Su aliento me acarició el cuello, y un espasmo me sacudió el cuerpo. No me perdía de vista, por el espejo seguía cada una de mis reacciones. Arrellanó aún más su cara a la mía y lentamente, como si de una gata se tratase, me mordió el lóbulo de la oreja. ¡Oh Dios! No pude seguir mirándola, era demasiado para mí. Cerré los ojos, concentrándome en no correrme delante de ella.

-¿Te excito o no?- Repitió la pregunta. Ralenticé mi respiración y abrí nuevamente los ojos. Seguía observándome.

-Sí.- Respondí al fin, tragando saliva.

Me sonrió complacida. Retomó el camino y bajó por mis antebrazos. Llegó hasta mis manos, que sujetaban mi erección. Con suavidad, hizo que las retirara. Lo hice. El espejo sólo abarcaba la imagen de ella ?abrazándome? por la cintura, pero sus manos ágiles llegaron hasta mi polla, sujetándola con fuerza. Inspiré y boté el aire despacio al sentirla tocándome, y de forma casi irreal, mi pene parecía seguir creciendo bajo su tacto.

-Al parecer te excito mucho.- Dijo al reparar en lo mismo. Le sonreí tímido.

Una de sus manos empezó a masturbarme lentamente, sin apuros. Me tensé completamente. Lo hacía con delicadeza, moviéndose de arriba abajo. Llegando al glande, me lo apretaba con firmeza y con su pulgar recorría su hendidura. Yo estaba en el paraíso, en cualquier momento mis ojos se volteaban hacia dentro.

Arriba, abajo, lo movía de un lado a otro. De repente, su mano libre bajó aún más, llegando a mis testículos, y los apretó, pero guardando reparos en su ?fragilidad?. No pude evitar quejarme de placer. Ella ya no me miraba, tenía la vista fija en lo que me estaba haciendo. Yo sí observaba su rostro y cada mueca de satisfacción en él al masturbarme. Mi hermano tenía razón, era una depredadora.

Después de unos cuantos minutos, no pude seguir aguantando. Quise quitarla para no correrme en sus manos, pero nuevamente me lo impidió.

-Vamos?- Susurró- Relájate, déjate ir-. Instó mientras movía su mano con más prisa, acuciándome al orgasmo.

Está de más decir que necesité cinco segundos luego de eso para correrme sin vergüenza. Todo mi cuerpo se sacudió como un pececillo fuera del agua. Ella rió contra mi clavícula y me plantó un beso húmedo en la mejilla, antes de separarse. Quiero besarla en los labios.

Fue al lavado y enjuagó sus manos de mi, eh? ¿esperma? Yo retrocedí unos pasos buscando apoyo en la pared. Una corrida así no debe recibirse de pie.

-Tienes manchado el bóxer-. Me advirtió.

Miré hacia abajo y claramente vi una mancha blanquecina que se notaba de lejos gracias a que mi ropa interior era oscura. Quité la mancha con mi pulgar, pero aún quedaba huella.

-Buenas noches-. Se despidió al terminar de lavarse, y antes de que siquiera tocara la perilla, me interpuse y le bloqueé el paso-. ¿Qué haces?- Preguntó risueña. Era una pregunta retórica.

-Usted no se puede ir.- Me asombré de la firmeza en mi voz. Volvió a sonreír, divertida.

-¿Y qué harás para que me quede?- Me desafió.

Y antes de que pudiera siquiera respirar, tomé su rostro entre mis manos y la besé, la besé con toda mi experiencia. Desde que había empezado en esto del ?sexo? lo único que había hecho era besar, y con suerte llegar a segunda base. Me tenía fe, sí.

La arrinconé contra la pared y le metí lengua hasta el fondo. Ella estaba sorprendida, pero al sentir mi lengua contra la suya, reaccionó, y cómo reaccionó. Pronto dejé de ser yo el que daba el beso y fue ella quién tomó la batuta. Sus labios eran carnosos. Yo olvidé que mi amigo estaba en la misma casa y comencé a hacer ruidos mientras la besaba. Envalentonado al ver que era correspondido en el sentimiento, le tomé una teta y se la masajeé con fuerza. Gimió en mis labios.

Le di un último beso en los labios y decidí bajar hasta su cuello, tal cual mi hermano me había recomendado alguna vez hacerlo. Fui dándole lametones suaves y besos sonoros en él, haciendo que ella suspirara. Iba por buen camino. Alcé una de sus piernas e hice que la sujetara en mi cadera. Pesaba, pero mi súper pene me daba las fuerzas necesarias para seguir.

Comencé a acariciarle el muslo levantado, palpando la turgencia de sus carnes. Subí, subí hasta alcanzar su culo. Toqué una de sus nalgas y ella la contrajo en acto reflejo. Reímos. Ella estiró el cuello hacia tras y posó ambos brazos por encima de mis hombros, dejándose llevar por mis caricias inexpertas. Con más confianza, descendí con mi boca, tiré como pude de su camisón hacia abajo y en cuanto vi un seno con un pezón duro y rosado me lo eché a la boca.

Lamí su areola unas cuantas veces para luego succionar, mientras le corría mano en el culo. Ella trataba de reprimir sus gemidos, pero cada vez eran más audibles. Con la mano que tenía en su culo, fui adentrándome aún más, hasta que con las puntas de mis dedos logré acariciar la tela empapada que pobremente trataba de tapar su coño. Ahora gimió sin tapujo. Yo me excité aún más, quería follármela. Traté de levantarla un poco más, y con más libertad, ahora pude introducir un dedo por su vagina, que prácticamente resbaló hacia dentro.

-Espera, para.- Dijo súbitamente. Me detuve al instante.

Ambos nos quedamos quietos, a la espera de oír algo.

-Creí haber escuchado a José. ¿Estás seguro de que dormía?- Bajó su mirada hasta la mía. Estaba sudorosa.

-Sí, estoy seguro.- Afirmé.

Me sonrió. Me dio un beso caliente y apretado e hizo que nos separáramos. Dejó caer la tapa del inodoro y prácticamente me empujó para que me sentara allí. Echó llave a la puerta, giró y se quedó mirándome, mordiéndose el labio inferior, como si fuera una persona de mi edad.

-¿Es malo lo que estamos haciendo?- Preguntó, sentándose a horcajadas sobre mí.

-No lo creo.- Contesté de forma inmediata, pasándome literalmente por el culo la amistad de mi amigo-. ¿Y usted?

-¿Aún me tuteas?- Entrelazó los dedos detrás de mi nuca y volvió a besarme, esta vez sin apuro como antes. Me daba besos cortos que me dejaban con ganas de más.

-Lo siento-. Susurré distraído por su boca

-No lo sientas. Me excita-. Confesó con picardía. Le sonreí y la jalé por la cintura, atrayéndola.

Bajé mis manos a su culo. Poco a poco, gracias a sus besos, retomé la celeridad de mis movimientos. Ella tomó una de mis manos y la guió hasta uno de sus senos, y con lentitud fue enseñándome para que la tocara de la forma que ella deseaba. Le apreté esta vez con suavidad, y por encima de la tela, apreté su pezón entre mis dedos. No pudo evitar gemir, y yo tampoco al escucharla.

-¡No aguanto más!- Enunció de pronto. Se elevó un tanto, hizo a un lado su inútil ropa interior, sacó mi pene que apenas lograba esconderse y se sentó sobre él, introduciéndoselo hasta el tope.

Ella pareció olvidar que su hijo dormía en la habitación de arriba, porque gimió con todo el aire de los pulmones. Yo traté de ser más recatado y apreté la mandíbula.

-Esto es lo que quería.- Bisbiseó junto a mi rostro, buscando apoyo en mi cuerpo.

Lo único que atiné a hacer fue sujetarla firme por las nalgas con ambas manos, mientras ella se removía sobre mi regazo. Con destreza se balanceaba hacia delante y atrás, apretando con su ¿vagina? Mi polla dentro de ella. Era tan delicioso, no podía haber rezado por una mejor primera vez. Con mis manos traté ayudarla, siguiéndole el ritmo. Comenzó a gemir contra mi cuello, acallándose de alguna forma. Yo hice lo propio, cerrando los ojos y pensando en no correrme tan pronto.

Esta mujer tenía una aspiradora entre las piernas. Me succionaba literalmente. Volví a coger una de sus tetas, y con la pasión del momento, giré su pezón como si fuera la perilla de una caja fuerte. Al parecer el dolor sólo la excitó más, porque pegó un alarido, para luego besarme con todo el sentimiento del momento, sin dejar de moverse.

-Espere, espere?- Dije separándome, tratando de recobrar el aliento.

-¿Qué sucede?

-Si sigue así voy a?

-No, no te corras aún-. Adivinó.

Se retiró de mi regazo, dejándome empalmado y con frío. Su cara de loza lucía gotas de sudor, y su cabello caoba estaba húmedo cerca de las sienes. Sin dejar de mirarme, se sacó el camisón y lo tiró a un lado. Hasta ahora no tuve oportunidad de admirar sus senos con paciencia, tomando en cuenta la situación clandestina en la que nos encontrábamos. A mi parecer eran hermosos, no eran ?firmes?, pero aún guardaban redondez al caer. Quería hundirme en ellos, pero al parecer ella tenía otros planes. Se agachó un tanto y retiró sus bombachas a juego con el babydoll. Recién ahora pude percatarme de que tenía una pequeña motita anaranjada en la cúspide de su entrada. Mi pene y yo dimos un salto al verla por completo al desnudo. Se parecía demasiado a esa pintura? ¿Cómo es que se llama? ¿Venus de Nilo? No sé, pero sinceramente era una diosa con cabellos de fuego.

Yo estaba completamente abstraído en ella, contemplando su cuerpo de mármol, cuando ella hizo a un lado la cortina del baño, se inclinó hacia delante, apoyando ambas manos en el borde de la bañera, dejando todo su culo al aire, en mi dirección.

Mis ojos volvieron a desorbitarse. Su culo yacía abierto para mí, y con él, la abertura de su intimidad se divisaba sin problemas.

-¿Qué esperas?- Dijo al ver que yo no atinaba a actuar.

Me paré como un resorte.

-¿Así?- Susurré inseguro, ubicándome detrás de ella.

-Sí, venga.- Me urgió.

Tomé mi verga y con cuidado fui ubicando el glande en la entrada de su cuño. Y con mucho cuidado de no salirme fui introduciéndome en su interior, acariciando el calor de su cuerpo. Ella ronroneó satisfecha y yo casi me desmayo de placer. Retrocedí, pero me salí, y con torpeza volví a penetrarla.

-Adoro tu inexperiencia, pero no debes retroceder tanto-. Miró hacia atrás.- Sólo sácala hasta la mitad y sujétame firme por las caderas.

Asentí como buen alumno. La tomé por las caderas y hundí mis dedos con fuerza en ellas. Me salí un poco de su interior, tal cual ella lo dijo y la penetré con fuerza hacia delante. Gimió.

-Bien, ahora?- Habló con voz trémula-? cuando vayas a meterla, tira de mí hacia ti, al mismo tiempo.

Lo hice. Salí un poco, y al momento de volver a introducirme, la atraje hasta a mí, ensartándola.

-¡Sí!- Masculló.

Y poco a poco, fui tomando el ritmo, hasta que luego de unas cuantas veces lo hice a la perfección. Tiraba fuerte de ella, embistiéndola con toda mi fuerza novata, arrastrando todo lo que estaba en su interior con mi falo. Ella comenzó a gemir más alto y yo por fin pude disfrutar al completo lo que estaba pasando. ¡Esta mañana había despertado virgen!

Giré mi cabeza a un lado y vi mi reflejo en el espejo. Ella, la mamá de mi amigo, casi en cuatro, aguantando a penas mis penetraciones, con sus senos moviéndose en una armoniosa cadencia, con un halo anaranjado que envolvía su rostro gimoteante. Le sonreí a mi otro yo en el espejo. Puse cara de macho alfa como en las películas porno mientras seguía introduciéndome hasta lo infinito en su coño

-Venga, dime algo.- Manifestó de repente.

-¿Qué?- Dije sacado de mi ensueño.

-¡Qué me digas algo!- Exclamó, sin dejar de gemir.

¿Qué le diga algo? ¿Qué le digo?

-Eh? no sé qué decirle-. Le respondí asombrado por la petición.

Seguí cogiéndomela ininterrumpidamente. De nuevo se avecinaba mi clímax.

-Dime? ¡ah! Dime señora-.Volvió a insistir.

-¿Señora?- Un golpe eléctrico tocó mi nuca y se esparció por mi columna hacia todas mis extremidades, llegando a mi entrepierna.

-¡Sí! ¡Dilo!

-¡Señora! ¡Señora! ¡Señora!- Grité dejándome llevar por la inminente corrida que me sacudió hasta las rodillas. Me derramé con todo en su coño. Lamentablemente, no medí mi fuerza, y tratando de darle una última estocada, me fui con todo mi peso hacia delante. Ella no pudo soportar mi empuje y trató de agarrarse a la cortina de baño, pero fue tanto la fuerza, o el peso, que la cortina cedió, rasgándose. Ambos caímos con todo dentro de la bañera.

-¡Ay!- Oí que gritó.

Nuestros cuerpos se contorsionaron de tal forma que yo seguía dentro de ella, pero no sé cómo, ambos teníamos las piernas fuera de la tina.

Cuando el alboroto de la caída se calmó, nos quedamos un rato así, creo que ambos, esperando escuchar alguna respuesta por parte de José. Al no percibir nada, me relajé y recién ahí pude notar un líquido tibio que salía de la intimidad de ella.

-¿Está bien?- Atiné por fin a preguntarle. Me erguí como pude hasta lograr salirme de la bañera. Luego la tomé por la cintura y la ayudé a levantarse. Se sentó al borde de la tina, tratando de sacarse el pelo que tenía pegado al rostro.

Cuando terminó con su tarea, me miró fijamente a los ojos. En serio era imposible creer que ella fuera madre de alguien.

-Sí que tienes fuerza, ¿eh?- Rió y yo la seguí. Qué situación más patética.

-¿De verdad se encuentra bien?- Volví a preguntarle, tomándola de la mano mientras se ponía de pie.

-Sí, muy bien. Excelentemente cogida-. Me guiñó un ojo con desfachatez.

No pude evitar sonrojarme como un bebito, pero al menos ya no me ponía nervioso. Me sonrió con dulzura al notar mi vergüenza. Tomó mi cara y me besó con delicadeza. Pasé mis manos por su cintura, acercándola hacia mí profundizando el beso.

-Basta- Dijo, separándonos-.Tenemos que ir a dormir. Hemos estirado demasiado el elástico.

Hice un mohín infantil y ella soltó una carcajada tan característica suya, que podía espantar a todas las aves de su alrededor.

-Ya habrá tiempo para más-. Me dio un último beso, y cogiendo del suelo el camisón y sus bragas, salió del baño a hurtadillas, vigilando que su hijo no estuviera rondando por allí.

Yo me quedé en el baño, en un espacio sideral paralelo. Había follado con ella, con la mamá de mi mejor amigo. Perdóname amigo, me dije en mi interior. Me contemplé nuevamente en el espejo y me reí ante mi mentira. Nah, no lo sentía, además, al parecer se repetiría.

Me acomodé el bóxer y traté de quitarle con agua la mancha blanquecina que tenía. Me lavé las manos y subí al segundo piso. Todo estaba a oscuras, en silencio. Con gran sigilo ubiqué mi cama y me acosté tratando de no emitir ni un solo ruido.

-¿Jano? ¿Eres tú?- Habló de pronto mi amigo, con voz adormecida.

-Sí- murmuré-. Sigue durmiendo.

-¿Dónde estabas? Sentí un ruido hace rato.

Dejé de respirar.

-Yo también, por eso bajé a ver- Mentí.

-Ah, vale-. Oí cómo se volteaba en la cama, buscando una posición más cómoda para dormir-. ¿Había algo?

-No, parece que son esos gatos de mierda que andan por el techo.

-Putos gatos.- Coincidió José-. ¿Mi mamá se despertó?

-Parece que no.

-Bien. Nos vemos mañana, Jano-. Susurró durmiéndose de nuevo.

-Hasta mañana- me despedí.

Respiré más sereno. Crucé mis brazos detrás de mi cabeza y rememoré todo lo que había pasado, y no pude evitar sonreír. José era mi amigo, mi mejor amigo para ser franco, pero esto que había pasado, ¿Tenía algo que ver con nuestra lealtad? Creo que no. Yo quiero mucho a mi amigo, y ahora, al parecer deseaba a su mamá. Volví a sonreír orgulloso. Sí, había cogido con la mamá de mi mejor amigo, había cogido con la Colorina.

La madre de mi amigo en Relatos eroticos de Maduras (relatos eroticos )

La madre de mi amigo en Relatos eroticos de Maduras (relatos eroticos )

La madre de mi amigo en Relatos eroticos de Maduras (relatos eroticos )

» VER INTERPRETACION (HD): La madre de mi amigo en Relatos eroticos de Maduras

La madre de mi amigo en Relatos eroticos de Maduras (relatos eroticos )

Videos Pornos Relacionados:

Tags: , , , , , , ,

La madre de mi amigo en Relatos eroticos de Maduras

Video Porno de: Maduras

marzo 7th, 2014 >> Relatos Eroticos

La madre de mi amigo en Relatos eroticos de Maduras (relatos eroticos )

» Relato Erotico: La madre de mi amigo en Relatos eroticos de Maduras

La madre de mi amigo en Relatos eroticos de Maduras (relatos eroticos )

-¡Jano!- Gritó mi mamá.

-¡¿Qué?!

-¡José te busca!

-¡Dile que suba!

Se abrió la puerta y entró mi amigo.

-¿Qué haces?- Preguntó.

-Armando un cohete a escala- Respondí sardónico.- ¿Que no ves que estoy acostado?- Efectivamente estaba acostado, con un montón de revistas porno que había tomado prestadas a mi hermano. José se sentó a mi lado y comenzó a hojearlas conmigo. Estuvimos un rato en silencio admirando la maravillosa constitución biológica de las modelos.

-¿Viste esta?- Me enseñó la imagen de una morena de tetas enormes.

-Me gusta más esta-. Le mostré la foto que estaba mirando hace ya un buen rato. Al verla, frunció el ceño y me dio un puñetazo en el estómago. Me reí ante su reacción.

-No seas imbécil, no tiene nada que ver con tu mamá.- La chica que le mostré era una pelirroja pecosa, sin muchos atributos en comparación a las otras, pero era más linda de rostro que todas.

De seguro se lo tomó a pecho porque su mamá también es pelirroja y no era ninguna novedad que fuera la sensación del barrio. A casi todos los hombres les gustaba, y no era sorpresa. Era una mujer espectacular. A sus casi cuarenta años tenía un cuerpo curvilíneo. Gran culo, grandes tetas, cintura de avispa y una piel demasiado blanca, que hacía resaltar aún más su cabello anaranjado, porque no era rojo, era naranjo. Eso la había hecho ganarse el apodo de ?La Colorina? y a mi amigo el apodo de el ?Fanta?, ya que había heredado el mismo color de cabello de su madre. Podías distinguirlos a cuadras de distancia.

Muchos la deseaban, incluso mi padre, e incluso mi hermano mayor, que tenía dieciocho. Él a veces solía decirme que tenía pinta de ?depredadora sexual?, a pesar de ello, nunca dio a pie a que hablaran mal de ella, pues tenía buena relación con los vecinos hasta cierto punto. Nunca llegaba a sobrepasarse con nadie, manteniendo así la cordialidad y la intimidad con todos, además, ella poseía un carácter muy juvenil. Todos conocíamos su risa fresca y alborotadora.

Por eso, mi amigo el Fanta siempre se enojaba cuando alguien hablaba de su madre, o si insinuaban algo con respecto a ella, porque era consiente delo que su mamá provocaba en el sexo masculino. Yo antes solía pasar gran tiempo de mis días en su hogar, sobretodo porque José se sentía solo. Su viejo era camionero y pasaba tres semanas fuera y una en casa, hasta que por alguna razón comencé a sentirme incómodo allí. Había algo en la forma que ella, la Colorina, tenía al mirarme, que hacía que me intranquilizara. No lo sé, sus gestos hacia mí, sus roces casuales? algo.

-Ni te atrevas a pensarlo-. Me advirtió. Me reí con fuerza, esa señora me ganaba casi por veinticuatro años.

-Vale, buscaré a otra con quién hacerlo.- Fingí molestia.

-¿Aún no lo haces?- Me preguntó mi amigo. Lo miré como diciendo: ?No hagas preguntas idiotas?. Rió.

-¿Y tú?- Contraataqué.

-Y eh? casi.

-¿Casi?- Me mofé-. Es un sí o un no.

-Y eh?no.- Admitió al fin. Carcajeé y le pegué un revistazo porno en la cabeza.

-Deja eso niñato. Venía invitarte a mi casa.

-¿Para qué?

-Mi papá antes de irse, me compró el nuevo GTA.

-¿El GTA cinco?

Asintió con presunción.

-¿Y por qué no jugamos aquí?- No quería ir a su casa.

-Vamos, no seas mala onda. No quiero dejar a mi vieja sola, siempre se deprime cuando mi papá se va.

Lo pensé un rato, quizá después de todo, sólo era mi imaginación, así que accedí. Le pedí permiso a mi mamá y me fui con José a su casa. Subimos a su habitación, y como siempre, estaba reluciente, en comparación a la mía que era un auténtico chiquero. Cuando iba a sentarme en la alfombra, la puerta se abre y aparece su mamá. Tragué saliva instintivamente.

Sabía que no tenía que mirarla fijamente, o si no Fanta se daría cuenta y armaría un escándalo. Sin embargo, el impacto de su belleza no disminuía ni aunque la viese cien veces al día. Jamás en mi vida había visto un par de ojos más negros que los suyos, y a sabiendas de su hermosura, no tenía la necesidad de maquillarse, con suerte se encrespaba las pestañas.

Esta vez traía un vestido corto, a tiras, con un gran escote. Me obligué a mirarla a los ojos. Calzaba unas sandalias y como siempre, su cabello largo y colorín estaba libre. Al verme, me sonrió al instante.

-¡Hola!- Me saludó, acercándose. Me puso las manos en los hombros, estudiándome- ¡Cómo has crecido! Si parece que no te veo hace años, en vez de meses ?. Dijo mientras me besaba con fuerza en la mejilla. Olía a dulces.

-He crecido un poquito.- Murmuré entre dientes, aquella mujer me cohibía.

-¿Un poquito?- Se burló, alzando una ceja caoba. Sentí mis mejillas arder.

-Ya mamá, no sigas avergonzándolo.- Intervino mi amigo. Le pegué un codazo fuerte en las costillas para que se callara y no siguiera resaltando lo obvio. Ella rió desvergonzada y estrepitosa, su risa resonó por toda la habitación, como si le hubiesen contado el mejor chiste de su vida.

-Vale, vale, los dejo.- Acarició la mejilla de Fanta y volteó para irse, pero antes de cerrar la puerta, giró un tanto hacia mi dirección y me guiñó un ojo. Tragué saliva, ¿A qué iba eso? Mire a mi amigo que pareció no percatarse al estar conectando el Play.

Toda la tarde que pasé allí, no pude dejar de sentirme turbado por alguna razón. Supuse que era por el hecho de estar en un hogar ajeno. No supe qué horas eran hasta que la voz de la? Señora? nos trajo de vuelta al mundo real, sin duda el GTA te absorbe.

-¡Hijo!- Gritó desde el primer piso- ¡Ve a comprar el pan!

-¡Ya!- Respondió Fanta, sin soltar el joystick. Observé por la ventana y vi que estaba oscureciendo.

-¿Qué hora es?- Le pregunté.

-No sé- Respondió aún absorto en el juego.

-Tengo que irme, mi vieja debe estar preocupada.

-Deja pasar esta y bajamos.

Cuando lo hicimos, olisqueé un suave olor a cebollas asadas, todo mi estómago rugió de hambre. Alguien estaba preparando la cena. Nos dirigimos a la cocina y nos encontramos con la mamá de mi amigo, enfrascada en cortar unos trozos de carne, aunque no parecía estar cocinando. No sé, la imagen de mi madre cocinando es con un delantal ancho, todo roñoso y con manchas de aceite eternas que no salían ni con cien lavados, y muy, muy poco femenina. En cambio ella parecía conservar toda la delicadeza de una mujer al hacerlo. Seguía con su vestido floreado, cubierto por un delantal que se ceñía demasiado a su cuerpo. Su cabello estaba tomado y relucía aún más naranjo gracias a la luz artificial de la ampolleta.

-Mamá- Habló Fanta, llamando su atención- Voy a dejar al Jano y de vuelta compro el pan.

-¿Pero cómo? ¿No te quedarás a cenar?- Me preguntó torciéndose hacia nosotros. Su cara redonda lucía más infantil con el pelo tomado.

-No, gracias. Es que ya es tarde y mi mamá debe estar preocupada. ? Me excusé.

-No te preocupes por eso, si te dice algo, yo hablo con ella. No puedo dejar que te vayas sin comer algo, han estado todo el día encerrados, haciendo quizá qué cosas.- Dijo irónica entrecerrando los ojos. Los tres reímos.

-No seas tonta mamá. Entonces, vamos a comprar y volvemos, ¿No?- Inquirió dirigiéndose a mí.

-Vale.- Accedí.

-Ve tú a comprar pan, hijo.- Interrumpió su mamá.- Necesito que alguien ponga la mesa mientras me doy una ducha.

Dejé de respirar, no quería quedarme a solas con ella. Sí, soy un capullo, pero ella me intimidaba demasiado. Las manos me sudaron un poco de solo imaginarlo.

Fanta fue a comprar el pan y la ?Señora? fue a tomar su ducha. Un tanto más relajado sin su presencia, me dediqué a colocar el mantel en el comedor de diario de la cocina, los servicios, los vasos y de vez en cuando revolvía lo que parecía ser un guiso. Cuando estaba en ello, sentí una presencia a mis espaldas y me giro para ver quién era, y de manera instantánea sufrí una erección. La mamá de mi amigo estaba semi desnuda intentando apagar el calefón de la cocina. Una toalla violeta la envolvía, tratando de cubrir su carnoso cuerpo. Sus piernas extremadamente blancas, aparecían torneadas y fibrosas. Su culo (¡Dios mío!) su culo, su enorme culo apenas era tapado por la toalla, y su espalda lucía tersa sin nada que entorpeciera su belleza de mármol. Ella aparentaba no notar mi presencia mientras se inclinaba tratando de desconectar el aparato que daba agua caliente a la casa; y al hacerlo, pude atisbar un poco lo que parecía ser la entrada de su coño.

Abrí los ojos de forma exagerada y redirigí mi vista hacia la olla en el fuego y retomé la tarea de revolver el guiso, aunque ahora lo hacía casi de forma robótica, como si mis extremidades no respondieran al cien por ciento las órdenes de mi cerebro.

-¿Cómo va eso?- Preguntó caminando hacia mí.

-Bien, va? bien.- Respondí sin saber a qué se refería, fingiendo que no había notado su desnudez. Aún traía el cabello tomado, con algunos mechones húmedos pegados a su nuca y rostro.

-¿A ver? Déjame probar-. Se situó a mi lado y me quitó la paleta. Al hacerlo, sus dedos rozaron el dorso de mi mano. Sentí su piel fría y una corriente hizo que se me erizaran todos los pelos del cuerpo. Traté de no mirarla, sabía que si lo hacía, mis ojos se irían a ese gran par de tetas. Probó un poco de la cocción y frunció los labios.

-Le falta sal. ¿Me la pasas?- Pidió sin mirarme.

-Si señora.- Respondí nervioso, tratando de resguardar mi polla más que erecta. Busqué por encima de la alacena sin éxito.

-Está dentro del estante, a un lado del aceite.- Informó al ver que no la encontraba.

-Si señora.

-No me digas señora- Me reprochó-. Me hace sentir vieja-. Le pasé la sal y me sonrió pícara, con algo oculto dentro de sus ojos negros.

-Está bien señora, es decir?- Me interrumpí a mí mismo, ¿Puedo ser más idiota? Ambos nos miramos y reímos ante mi estupidez.

-Dime ?Tía?. Así me llaman los otros amiguitos de José.

-Está bien.- Asentí mecánico, sin saber aún cómo comportarme ante la diosa desnuda que mi amigo tenía por madre.

Añadió un poco de sal a la cacerola y volvió a degustar la comida.

-Ahora sí que sí, Janito. Mira, pruébala.- Acercó la paleta de palo hacia mi boca y esperó a que yo la probara. Crucé las manos por delante de mi entrepierna y abrí la boca tímidamente. Allegó la paleta más hacia mí y testeé la comida. Sinceramente, incluso si hubiese sabido a mierda, no me hubiera dado cuenta, ya que había cedido a la tentación.

Al estar frente a frente a ella, mis ojos bajaron y se quedaron plantados en sus senos. La toalla los apretaba, haciendo que se abultaran y lucieran más grandes.

-¿Está rica?- Preguntó.

-Muy ricas.- Respondí distraído. Oí que rió bajito y subí mi mirada hacia ella.- Este? muy rica quise decir.

-Iré a vestirme.- Dijo de pronto, sin darle importancia a mi desubicación.

Cuando desapareció de mi vista, caí en la cuenta de que estuve conteniendo el aire. La sangre parecía haber huido de todo mi cuerpo para ubicarse en dos lugares: La cara y cómo no, mi pene, que parecía un vibrador a pilas.

Cuando llegó mi amigo cenamos tranquilamente, aunque claro, traté de sentarme lo más lejos posible de ella y rehuí de su mirada todo el tiempo. Sólo quería escapar de allí, mas, para mi desgracia, mi amigo me pidió que me quedara allí, diciendo que podríamos jugar hasta tarde. Decliné la oferta argumentando que tenía que preguntarle a mi mamá primero.

-Deja llamarla, de seguro a mí me dice que sí.- Sugirió José. Era obvio que mi mamá le diría que sí a él. Mientras Fanta llamaba, observé como su mamá recogía la mesa, sin prestar una mínima atención a nuestros planes. Era exquisita, era la MILF perfecta, que llenaba todos los requisitos, ¿Por qué quería escapar de ella? Sí eran ciertas mis conclusiones, tendría que estar haciendo todo lo contrario, debería buscar la forma de que algo pasara, ¿Por qué entonces? Porque eres un capullo, me respondió mi subconsciente. No, no era por eso, era por Fanta? Nah, era porque era un cobarde de tomo y lomo.

Al fin, mi mamá concedió su permiso para que pasara la noche allí, es más, mi mamá parecía más alegre de lo normal al darme permiso.

Antes de ir a acostarnos, ella se despidió de nosotros, esta vez sin muestras de acoso conmigo, lo que me decepcionó un poco, al parecer, sí era mi imaginación después de todo. Estuvimos jugando hasta como a las dos de la mañana, hasta que nos aburrimos. José tenía una cama nido, así que lo único que tuve que hacer fue taparme con algunas frazadas. Él se durmió al instante, era típico en él. Fuera donde fuera, si tenía sueño, dormía como un tronco, en cambio yo de por sí tenía el sueño escaso, de por sí no podía dormir bien en casas ajenas y de por sí, la presencia de la Colorina me ahuyentaba toda posibilidad de reposo.

Estaba que me meaba, pero esperé hasta no escuchar ni un ruido para ir al baño.

Bajé al primer piso, que es donde se encontraba el baño, pero cuando iba llegando a la puerta, vislumbre una luz que provenía desde dentro. ¡Mierda!

-¿Quién está allí?- Preguntó ella.

-Soy yo, tía.- Respondí acercándome. La Colorina abrió la puerta y casi me da un infarto. Tenía puesto un babydoll negro, de satén o seda, qué se yo, que resaltaba aún más el blanco enfermizo de su piel.

-Janito, eres tú. Me asusté por un momento-. Reveló mientras volvía a mirarse al espejo, al parecer estaba echándose de las mismas cremas que usa mi mamá para las arrugas, aunque parecían funcionarle mejor a la Colorina.

Las ganas de orinar se fueron a la mierda, sobretodo porque yo sólo llevaba puesto el bóxer, y ahora ambos estábamos semi desnudos. Instintivamente volví a cubrirme la entrepierna con mis manos.

-¿No vas a entrar?- Inquirió volviéndose hacia mí. Me quedé en silencio-. ¡Ay, pasa! No seas tímido- Me azuzó. Me quedé en el umbral de la puerta, sopesando la posibilidad de entrar. Rió y volvió a mirarse al espejo con mofa. El pelo cobrizo pasaba su cintura? era tan lacio, tan luminoso. Las rodillas me temblaron de sólo pensar lo que había debajo de ese camisón. ¿Qué haría otro chico en mi lugar? Más bien, ¿Qué haría mi hermano en mi lugar? Y la sola idea de imaginarme el rostro de él al contarle esto y lo que sucedió hoy en la cocina, me animó a entrar.

Carraspeé para darme ínfulas de hombre mayor y pasé por detrás de ella. Me paré junto al inodoro, pensando si debía hacer lo que tenía que hacer (mear) o simplemente fingir que quería lavarme los dientes.

-¿Cierro la puerta para que estés más cómodo?-La miré por el espejo, mientras ella seguía embadurnándose con crema el rostro. ¿Significaba algo el que ella quisiera cerrarla? El estómago se volvió bola en mi vientre- ¿La cierro?- Preguntó de nuevo, esta vez contemplándome a través del espejo, nuestras miradas se cruzaron.

Asentí.

Giró y cerró la puerta sin darle importancia al hecho, y siguió mirándose al espejo.

Bien, ahora me tocaba actuar, o sea, mear. Inspiré con fuerza. Este es el paso. Bajé un poco el bóxer y mi erección apareció igual que esos payasos que salen de una caja al darle a la manija. Un subidón de vergüenza me llego a la cabeza al ver lo excitado que estaba. ¡Se suponía que quería mear! ¿Cómo mierda iba a hacerlo si la cabeza de mi pene me apuntaba al ombligo? Mátenme, mátenme ahora. Ni siquiera quise levantar la vista por miedo de que ella pudiese estar observándome. Me relajé pensando en mi abuela y poco a poco fui forzando mi polla para que bajara y así al menos, poder apuntarle al agujero.

La miré de reojo al oír el correr del agua de la llave. Estaba lavándose las manos, sin prestarme atención. Vale, era obvio que notaba lo que me estaba pasando, pero el que me ignorara adrede ayudó bastante. Más tranquilo, pude orinar, tratando de no derramar nada, tarea heroica al tener mi falo tieso. Cuando ese placer único de vaciar la vejiga me invadió, cerré los ojos como siempre suelo hacerlo, y sin darme cuenta solté un suspiro de satisfacción.

Cuando hube terminado, abrí los ojos, y así se quedaron: Abiertos al darme cuenta de que la tía me estaba mirando por el espejo, sonriendo, deleitándose con mi espectáculo.

-Veo que te excitas fácil.- Indicó luego de un momento. Yo no fui capaz de contestarle. Quedé petrificado, sin pestañear. Sus ojos parecían más oscuros que de costumbre.

Soltó una risa burlesca, gutural. Dio media vuelta y quedando aún a mi lado, pero mirándome de frente. Apoyó su cadera contra el lavamanos y se cruzó de brazos, con ese aire jovial que la caracterizaba.

Y ahí estaba yo, mudo, inmóvil y más tieso que el pelo de la estatua de la libertad.

-¿Te gusto?- Inquirió irguiéndose.

Asentí. Dio un paso hacia mí.

-¿Me deseas?

Asentí. Avanzó nuevamente hasta situarse a mis espaldas. Me rebasaba en estatura. En mi defensa, aún me faltaba por crecer. Apoyó su cabeza en mi hombro y nuestras miradas volvieron a encontrarse en el espejo. Volví a oler su perfume. Sus manos se aferraron a mis brazos y fueron bajando por ellos. Al darme cuenta de lo que quería hacer, trate de alejar mis manos de mi entrepierna, pero ella me detuvo.

-¿Te excito?- Su aliento me acarició el cuello, y un espasmo me sacudió el cuerpo. No me perdía de vista, por el espejo seguía cada una de mis reacciones. Arrellanó aún más su cara a la mía y lentamente, como si de una gata se tratase, me mordió el lóbulo de la oreja. ¡Oh Dios! No pude seguir mirándola, era demasiado para mí. Cerré los ojos, concentrándome en no correrme delante de ella.

-¿Te excito o no?- Repitió la pregunta. Ralenticé mi respiración y abrí nuevamente los ojos. Seguía observándome.

-Sí.- Respondí al fin, tragando saliva.

Me sonrió complacida. Retomó el camino y bajó por mis antebrazos. Llegó hasta mis manos, que sujetaban mi erección. Con suavidad, hizo que las retirara. Lo hice. El espejo sólo abarcaba la imagen de ella ?abrazándome? por la cintura, pero sus manos ágiles llegaron hasta mi polla, sujetándola con fuerza. Inspiré y boté el aire despacio al sentirla tocándome, y de forma casi irreal, mi pene parecía seguir creciendo bajo su tacto.

-Al parecer te excito mucho.- Dijo al reparar en lo mismo. Le sonreí tímido.

Una de sus manos empezó a masturbarme lentamente, sin apuros. Me tensé completamente. Lo hacía con delicadeza, moviéndose de arriba abajo. Llegando al glande, me lo apretaba con firmeza y con su pulgar recorría su hendidura. Yo estaba en el paraíso, en cualquier momento mis ojos se volteaban hacia dentro.

Arriba, abajo, lo movía de un lado a otro. De repente, su mano libre bajó aún más, llegando a mis testículos, y los apretó, pero guardando reparos en su ?fragilidad?. No pude evitar quejarme de placer. Ella ya no me miraba, tenía la vista fija en lo que me estaba haciendo. Yo sí observaba su rostro y cada mueca de satisfacción en él al masturbarme. Mi hermano tenía razón, era una depredadora.

Después de unos cuantos minutos, no pude seguir aguantando. Quise quitarla para no correrme en sus manos, pero nuevamente me lo impidió.

-Vamos?- Susurró- Relájate, déjate ir-. Instó mientras movía su mano con más prisa, acuciándome al orgasmo.

Está de más decir que necesité cinco segundos luego de eso para correrme sin vergüenza. Todo mi cuerpo se sacudió como un pececillo fuera del agua. Ella rió contra mi clavícula y me plantó un beso húmedo en la mejilla, antes de separarse. Quiero besarla en los labios.

Fue al lavado y enjuagó sus manos de mi, eh? ¿esperma? Yo retrocedí unos pasos buscando apoyo en la pared. Una corrida así no debe recibirse de pie.

-Tienes manchado el bóxer-. Me advirtió.

Miré hacia abajo y claramente vi una mancha blanquecina que se notaba de lejos gracias a que mi ropa interior era oscura. Quité la mancha con mi pulgar, pero aún quedaba huella.

-Buenas noches-. Se despidió al terminar de lavarse, y antes de que siquiera tocara la perilla, me interpuse y le bloqueé el paso-. ¿Qué haces?- Preguntó risueña. Era una pregunta retórica.

-Usted no se puede ir.- Me asombré de la firmeza en mi voz. Volvió a sonreír, divertida.

-¿Y qué harás para que me quede?- Me desafió.

Y antes de que pudiera siquiera respirar, tomé su rostro entre mis manos y la besé, la besé con toda mi experiencia. Desde que había empezado en esto del ?sexo? lo único que había hecho era besar, y con suerte llegar a segunda base. Me tenía fe, sí.

La arrinconé contra la pared y le metí lengua hasta el fondo. Ella estaba sorprendida, pero al sentir mi lengua contra la suya, reaccionó, y cómo reaccionó. Pronto dejé de ser yo el que daba el beso y fue ella quién tomó la batuta. Sus labios eran carnosos. Yo olvidé que mi amigo estaba en la misma casa y comencé a hacer ruidos mientras la besaba. Envalentonado al ver que era correspondido en el sentimiento, le tomé una teta y se la masajeé con fuerza. Gimió en mis labios.

Le di un último beso en los labios y decidí bajar hasta su cuello, tal cual mi hermano me había recomendado alguna vez hacerlo. Fui dándole lametones suaves y besos sonoros en él, haciendo que ella suspirara. Iba por buen camino. Alcé una de sus piernas e hice que la sujetara en mi cadera. Pesaba, pero mi súper pene me daba las fuerzas necesarias para seguir.

Comencé a acariciarle el muslo levantado, palpando la turgencia de sus carnes. Subí, subí hasta alcanzar su culo. Toqué una de sus nalgas y ella la contrajo en acto reflejo. Reímos. Ella estiró el cuello hacia tras y posó ambos brazos por encima de mis hombros, dejándose llevar por mis caricias inexpertas. Con más confianza, descendí con mi boca, tiré como pude de su camisón hacia abajo y en cuanto vi un seno con un pezón duro y rosado me lo eché a la boca.

Lamí su areola unas cuantas veces para luego succionar, mientras le corría mano en el culo. Ella trataba de reprimir sus gemidos, pero cada vez eran más audibles. Con la mano que tenía en su culo, fui adentrándome aún más, hasta que con las puntas de mis dedos logré acariciar la tela empapada que pobremente trataba de tapar su coño. Ahora gimió sin tapujo. Yo me excité aún más, quería follármela. Traté de levantarla un poco más, y con más libertad, ahora pude introducir un dedo por su vagina, que prácticamente resbaló hacia dentro.

-Espera, para.- Dijo súbitamente. Me detuve al instante.

Ambos nos quedamos quietos, a la espera de oír algo.

-Creí haber escuchado a José. ¿Estás seguro de que dormía?- Bajó su mirada hasta la mía. Estaba sudorosa.

-Sí, estoy seguro.- Afirmé.

Me sonrió. Me dio un beso caliente y apretado e hizo que nos separáramos. Dejó caer la tapa del inodoro y prácticamente me empujó para que me sentara allí. Echó llave a la puerta, giró y se quedó mirándome, mordiéndose el labio inferior, como si fuera una persona de mi edad.

-¿Es malo lo que estamos haciendo?- Preguntó, sentándose a horcajadas sobre mí.

-No lo creo.- Contesté de forma inmediata, pasándome literalmente por el culo la amistad de mi amigo-. ¿Y usted?

-¿Aún me tuteas?- Entrelazó los dedos detrás de mi nuca y volvió a besarme, esta vez sin apuro como antes. Me daba besos cortos que me dejaban con ganas de más.

-Lo siento-. Susurré distraído por su boca

-No lo sientas. Me excita-. Confesó con picardía. Le sonreí y la jalé por la cintura, atrayéndola.

Bajé mis manos a su culo. Poco a poco, gracias a sus besos, retomé la celeridad de mis movimientos. Ella tomó una de mis manos y la guió hasta uno de sus senos, y con lentitud fue enseñándome para que la tocara de la forma que ella deseaba. Le apreté esta vez con suavidad, y por encima de la tela, apreté su pezón entre mis dedos. No pudo evitar gemir, y yo tampoco al escucharla.

-¡No aguanto más!- Enunció de pronto. Se elevó un tanto, hizo a un lado su inútil ropa interior, sacó mi pene que apenas lograba esconderse y se sentó sobre él, introduciéndoselo hasta el tope.

Ella pareció olvidar que su hijo dormía en la habitación de arriba, porque gimió con todo el aire de los pulmones. Yo traté de ser más recatado y apreté la mandíbula.

-Esto es lo que quería.- Bisbiseó junto a mi rostro, buscando apoyo en mi cuerpo.

Lo único que atiné a hacer fue sujetarla firme por las nalgas con ambas manos, mientras ella se removía sobre mi regazo. Con destreza se balanceaba hacia delante y atrás, apretando con su ¿vagina? Mi polla dentro de ella. Era tan delicioso, no podía haber rezado por una mejor primera vez. Con mis manos traté ayudarla, siguiéndole el ritmo. Comenzó a gemir contra mi cuello, acallándose de alguna forma. Yo hice lo propio, cerrando los ojos y pensando en no correrme tan pronto.

Esta mujer tenía una aspiradora entre las piernas. Me succionaba literalmente. Volví a coger una de sus tetas, y con la pasión del momento, giré su pezón como si fuera la perilla de una caja fuerte. Al parecer el dolor sólo la excitó más, porque pegó un alarido, para luego besarme con todo el sentimiento del momento, sin dejar de moverse.

-Espere, espere?- Dije separándome, tratando de recobrar el aliento.

-¿Qué sucede?

-Si sigue así voy a?

-No, no te corras aún-. Adivinó.

Se retiró de mi regazo, dejándome empalmado y con frío. Su cara de loza lucía gotas de sudor, y su cabello caoba estaba húmedo cerca de las sienes. Sin dejar de mirarme, se sacó el camisón y lo tiró a un lado. Hasta ahora no tuve oportunidad de admirar sus senos con paciencia, tomando en cuenta la situación clandestina en la que nos encontrábamos. A mi parecer eran hermosos, no eran ?firmes?, pero aún guardaban redondez al caer. Quería hundirme en ellos, pero al parecer ella tenía otros planes. Se agachó un tanto y retiró sus bombachas a juego con el babydoll. Recién ahora pude percatarme de que tenía una pequeña motita anaranjada en la cúspide de su entrada. Mi pene y yo dimos un salto al verla por completo al desnudo. Se parecía demasiado a esa pintura? ¿Cómo es que se llama? ¿Venus de Nilo? No sé, pero sinceramente era una diosa con cabellos de fuego.

Yo estaba completamente abstraído en ella, contemplando su cuerpo de mármol, cuando ella hizo a un lado la cortina del baño, se inclinó hacia delante, apoyando ambas manos en el borde de la bañera, dejando todo su culo al aire, en mi dirección.

Mis ojos volvieron a desorbitarse. Su culo yacía abierto para mí, y con él, la abertura de su intimidad se divisaba sin problemas.

-¿Qué esperas?- Dijo al ver que yo no atinaba a actuar.

Me paré como un resorte.

-¿Así?- Susurré inseguro, ubicándome detrás de ella.

-Sí, venga.- Me urgió.

Tomé mi verga y con cuidado fui ubicando el glande en la entrada de su cuño. Y con mucho cuidado de no salirme fui introduciéndome en su interior, acariciando el calor de su cuerpo. Ella ronroneó satisfecha y yo casi me desmayo de placer. Retrocedí, pero me salí, y con torpeza volví a penetrarla.

-Adoro tu inexperiencia, pero no debes retroceder tanto-. Miró hacia atrás.- Sólo sácala hasta la mitad y sujétame firme por las caderas.

Asentí como buen alumno. La tomé por las caderas y hundí mis dedos con fuerza en ellas. Me salí un poco de su interior, tal cual ella lo dijo y la penetré con fuerza hacia delante. Gimió.

-Bien, ahora?- Habló con voz trémula-? cuando vayas a meterla, tira de mí hacia ti, al mismo tiempo.

Lo hice. Salí un poco, y al momento de volver a introducirme, la atraje hasta a mí, ensartándola.

-¡Sí!- Masculló.

Y poco a poco, fui tomando el ritmo, hasta que luego de unas cuantas veces lo hice a la perfección. Tiraba fuerte de ella, embistiéndola con toda mi fuerza novata, arrastrando todo lo que estaba en su interior con mi falo. Ella comenzó a gemir más alto y yo por fin pude disfrutar al completo lo que estaba pasando. ¡Esta mañana había despertado virgen!

Giré mi cabeza a un lado y vi mi reflejo en el espejo. Ella, la mamá de mi amigo, casi en cuatro, aguantando a penas mis penetraciones, con sus senos moviéndose en una armoniosa cadencia, con un halo anaranjado que envolvía su rostro gimoteante. Le sonreí a mi otro yo en el espejo. Puse cara de macho alfa como en las películas porno mientras seguía introduciéndome hasta lo infinito en su coño

-Venga, dime algo.- Manifestó de repente.

-¿Qué?- Dije sacado de mi ensueño.

-¡Qué me digas algo!- Exclamó, sin dejar de gemir.

¿Qué le diga algo? ¿Qué le digo?

-Eh? no sé qué decirle-. Le respondí asombrado por la petición.

Seguí cogiéndomela ininterrumpidamente. De nuevo se avecinaba mi clímax.

-Dime? ¡ah! Dime señora-.Volvió a insistir.

-¿Señora?- Un golpe eléctrico tocó mi nuca y se esparció por mi columna hacia todas mis extremidades, llegando a mi entrepierna.

-¡Sí! ¡Dilo!

-¡Señora! ¡Señora! ¡Señora!- Grité dejándome llevar por la inminente corrida que me sacudió hasta las rodillas. Me derramé con todo en su coño. Lamentablemente, no medí mi fuerza, y tratando de darle una última estocada, me fui con todo mi peso hacia delante. Ella no pudo soportar mi empuje y trató de agarrarse a la cortina de baño, pero fue tanto la fuerza, o el peso, que la cortina cedió, rasgándose. Ambos caímos con todo dentro de la bañera.

-¡Ay!- Oí que gritó.

Nuestros cuerpos se contorsionaron de tal forma que yo seguía dentro de ella, pero no sé cómo, ambos teníamos las piernas fuera de la tina.

Cuando el alboroto de la caída se calmó, nos quedamos un rato así, creo que ambos, esperando escuchar alguna respuesta por parte de José. Al no percibir nada, me relajé y recién ahí pude notar un líquido tibio que salía de la intimidad de ella.

-¿Está bien?- Atiné por fin a preguntarle. Me erguí como pude hasta lograr salirme de la bañera. Luego la tomé por la cintura y la ayudé a levantarse. Se sentó al borde de la tina, tratando de sacarse el pelo que tenía pegado al rostro.

Cuando terminó con su tarea, me miró fijamente a los ojos. En serio era imposible creer que ella fuera madre de alguien.

-Sí que tienes fuerza, ¿eh?- Rió y yo la seguí. Qué situación más patética.

-¿De verdad se encuentra bien?- Volví a preguntarle, tomándola de la mano mientras se ponía de pie.

-Sí, muy bien. Excelentemente cogida-. Me guiñó un ojo con desfachatez.

No pude evitar sonrojarme como un bebito, pero al menos ya no me ponía nervioso. Me sonrió con dulzura al notar mi vergüenza. Tomó mi cara y me besó con delicadeza. Pasé mis manos por su cintura, acercándola hacia mí profundizando el beso.

-Basta- Dijo, separándonos-.Tenemos que ir a dormir. Hemos estirado demasiado el elástico.

Hice un mohín infantil y ella soltó una carcajada tan característica suya, que podía espantar a todas las aves de su alrededor.

-Ya habrá tiempo para más-. Me dio un último beso, y cogiendo del suelo el camisón y sus bragas, salió del baño a hurtadillas, vigilando que su hijo no estuviera rondando por allí.

Yo me quedé en el baño, en un espacio sideral paralelo. Había follado con ella, con la mamá de mi mejor amigo. Perdóname amigo, me dije en mi interior. Me contemplé nuevamente en el espejo y me reí ante mi mentira. Nah, no lo sentía, además, al parecer se repetiría.

Me acomodé el bóxer y traté de quitarle con agua la mancha blanquecina que tenía. Me lavé las manos y subí al segundo piso. Todo estaba a oscuras, en silencio. Con gran sigilo ubiqué mi cama y me acosté tratando de no emitir ni un solo ruido.

-¿Jano? ¿Eres tú?- Habló de pronto mi amigo, con voz adormecida.

-Sí- murmuré-. Sigue durmiendo.

-¿Dónde estabas? Sentí un ruido hace rato.

Dejé de respirar.

-Yo también, por eso bajé a ver- Mentí.

-Ah, vale-. Oí cómo se volteaba en la cama, buscando una posición más cómoda para dormir-. ¿Había algo?

-No, parece que son esos gatos de mierda que andan por el techo.

-Putos gatos.- Coincidió José-. ¿Mi mamá se despertó?

-Parece que no.

-Bien. Nos vemos mañana, Jano-. Susurró durmiéndose de nuevo.

-Hasta mañana- me despedí.

Respiré más sereno. Crucé mis brazos detrás de mi cabeza y rememoré todo lo que había pasado, y no pude evitar sonreír. José era mi amigo, mi mejor amigo para ser franco, pero esto que había pasado, ¿Tenía algo que ver con nuestra lealtad? Creo que no. Yo quiero mucho a mi amigo, y ahora, al parecer deseaba a su mamá. Volví a sonreír orgulloso. Sí, había cogido con la mamá de mi mejor amigo, había cogido con la Colorina.

La madre de mi amigo en Relatos eroticos de Maduras (relatos eroticos )

La madre de mi amigo en Relatos eroticos de Maduras (relatos eroticos )

La madre de mi amigo en Relatos eroticos de Maduras (relatos eroticos )

» VER INTERPRETACION (HD): La madre de mi amigo en Relatos eroticos de Maduras

La madre de mi amigo en Relatos eroticos de Maduras (relatos eroticos )

Videos Pornos Relacionados:

Tags: , , , , , , ,

Eva la guarra en Relatos eroticos de Orgías

Video Porno de: Maduras

octubre 31st, 2013 >> Relatos Eroticos

Eva la guarra en Relatos eroticos de Orgías (relatos eroticos )

» Relato Erotico: Eva la guarra en Relatos eroticos de Orgías

Eva la guarra en Relatos eroticos de Orgías (relatos eroticos )

Eva viaja con su novio impuesto, Juan, ese que eligió el capitán para evitar que siguiese creciendo la fama de puta que tenía en la universidad y con el que no había mantenido relaciones sexuales. Por propuesta del capitán han decidido pasar el fin de semana en la sierra. A Eva le hubiese apetecido pasar el fin de semana sola con el capitán pero tenía que cargar con su ?novio?, pero lo que cabreó realmente a Eva fue que el capi aparaceció con una pelirroja de pelo largo y tetas gordas y que la presentó como una amiga muy especial Eva se moría de celos, ella iba con su novio sí, pero era un novio impuesto por el capi y además para mantener su honor no follaba con él. No podía disimular su cabreo? iban a pasar el fin de semana en parejitas y ella tenía que ver como se morreaba su capi con esa guarra pelirroja. Para cabrearla más capi fue en moto con la guarra peliroja, así que ella tendría que viajar sola con su novio Juan en el coche de éste. Eva no podía quitarse de la cabeza la imagen de la pelirroja en la parte de atrás de la moto, apoyando las tetas sobre la espalda del capi. .

El capi que conocía la zona era el que iba por delante con su moto, de vez en cuando aceleraba y le esperaba en algún cruce? las carreteras era de montaña estrechas y llenas de curvas y para más desesperación de Eva Juan era tan lento y no dejaba de repetir ?cariño mejor voy despacito que menuda carreterita?. Eva no dejaba de imaginarse al capi parado en alguna curva follándose a la pelirroja? cada vez estaba más cabreada. Hay estaba otra vez el capi esperándoles en una curva. Todos bajaron.

El capi comentó que al final había decido volverse a Barcelona con la pelirroja, mientras lo dijo le guiñó un ojo a su amigo Juan.

El camino es muy fácil- dijo capi- vamos a subir a esa loma y os lo explico. Eva ven con nosotros que no me fio de que Junito me entienda.

Mientras los tres se alejan andando para explicarles el camino, la pelirroja se queda cuidando el coche y la moto. Lo que ni Eva ni Juan podían imaginar es que la pelirroja siguiendo instrucciones del capitán iba a soltar unos cables del motor del coche de Juan.

A su regreso capi y la pelirroja montan en la moto y se van, cuando Juan trata de arrancar el coche este no funciona. Se quedan aislados en una carretera Eva y su novio.Estaban en medio de la nada

- ¿Qué pasa? dijo Eva con tono enfadado

- No sé, no arranca, no arranca- dijo su novio con tono desesperado

- Joder Juan? estamos en el culo del mundo

- Necesitaremos una grúa? voy a buscar los papeles del seguro.

- Pero si no sabemos dónde estamos y ni a cuánto está el pueblo más cercano para telefonear (recuerdo que estamos en los principios de los 90 y no existían los móviles)

- OHH, nooo los papeles se los ha llevado capi? en que hora los sacó es que ese tio es un desastre, un desastre? iré andando hasta el pueblo más cercano? que supongo que será por allí.

- ¿pero cómo vas a irte? ¿Y dejarme sola? ¿en medio del bosque? ¿Y si añochece?

Claro que allí perdidos en medio del puerto de montaña no pasa mucha gente a esas horas de la noche.

Pero parece que la suerte les acompaña, cuando Eva y Juan estaban discutiendo sobre qué hacer, al cuarto de hora, pasa un coche. Eva y su novio salen del vehículo en el que seguían discutiendo y le hacen señas para que se pare. El coche lo conducen dos chicos jóvenes de aspecto tosco y rudo, parecen dos leñadores del bosque, pero al menos paran, la pareja les cuenta lo sucedido

- Anda la puta? pues lo tenéis jodido porque el pueblo más cercano es el nuestro? pero es una aldea que viven 30 personas y no hay ni bar? así que mucho menos taller. y se encuentra a cuarenta kilómetros.

- Pero al menos tendrán teléfono y podremos llamar a una grúa

- Buahh una grúa, solamente hay una en la zona en castranjillo del campo y en la radio han dicho que en la comarcal ha habido un accidente múltiple y la carretera están cortadas? hemos oído que es posible que tengamos cortadas las carreteras principales para unas seis horas.

- Por la comarcal se puede llegar, no es buena carretera pero bueno. Si queréis podemos acercaros a uno al pueblo .

- Pero eso sí, el más cercano está a unos 90 km? tiene un taller pero claro a estas horas.

- En cualquier caso es un pueblo pequeño, y nosotros sabemos donde vive el dueño del taller pero no sabemos si estará abierto el taller todavía.

- El Eustaquio seguro que está abierto, y sino a nosotros nos abre. Venga que uno suba al coche.

Eva y Juan se miraron, no tenían muy claro quién ir? pero uno de los chavales del coche acabó por decidir por ellos

- Es mejor que uno se quede en el coche, pero mejor te quedas tú- dijo señalando a Juan- porque la señorita no puede quedarse sola en medio de la carretera

Eva acepta y se monta con los chicos; parten hacia el pueblo. El viaje al menos es ameno, como la carretera no es muy buena los 90 km les costará al menos un par de horas. Van dialogando y bebiendo cervezas que los chicos llevan en el coche. Eva ya se ha bebido tres y está un poco chispa y habladora. Sigue muy cabreada por culpa del capitán y no puede quitarse la imagen de los dos follando. Los chicos le informan que en la aldea se vive bien pero que es una zona muy despoblada, con pocas mujeres en los pueblos de alrededores, que pasan pocas mujeres por allí y menos tan guapas como ella.

Eva se siente muy alagada, aunque los chicos parecen muy rudos, tienen una ganadería de vacas, los halagos son muy amables, sutiles y nada vulgares? con la labia y cuerpazo que tienen estos en una discoteca de Barcelona tendrían tías con las bragas en la mano haciéndoles fila? Eva se descojona ella sola de la imagen de un montón de tías con las bragas en la mano y estos dos en plan castigados rechazándolas.

- ¿De qué te ríes?

- De nada de una tontería

- ¿Pues ?dequie? se va reír la moceta? De nosotros? no ves que la señorita tie clase? eso se nota seguro que tie estudios

- Lógico que se ría de un par de paletos como nosotros.

- No, no de verdad que no era de vosotros? os lo prometo

- Que si tía que te comprendemos que se ve que eres una tía de la cuidad con clase y nosotros tenemos que parecerte unos niadentarles

- Neandertales- corrigió Eva

- ¿Cómo?

- Neandertales? que se dice neandertales

- Lo ves tío? otra vez riéndose de nosotros

- No, no de verdad. No me rio de vosotros? sois encantadores de verdad

- Guau? encantadores? nunca una chica tan guapa nos había piropeado

- Sí tía me voy a poner colorado

La conversación continúa divertida a Eva le empiezan a caer muy bien los chicos, pero tanta cerveza y tanto bache empieza a hacerles efecto así que de camino paran a mear.

Tíos- dice el conductor- no sé vosotros pero yo tengo que hacer un pis.

La verdad es que se meaban todos y aún quedaba un rato para llegar al pueblo. Eva se aleja unos metros y detrás de unos matojos se pone de cunclillas para mear.

Los dos chicos se ponen a observarla, y claro como estaban meando tienen sus miembros, de un tamaño considerable, en la mano. Eva se da cuenta ?Joder si están empalmados? se sorprende y se levanta rápidamente subiéndose la braga y se baja la faldita, mientras empieza a gritarles.

- Pero GUARROS no me miréis

Ellos que siguen con las pollas en la mano se avergüenzan y bajan la cabeza, el conductor que además era el que más gorda la tenía de los dos balbucea una disculpa sin mirar a Eva, pero con la polla bien tiesa y sacada del pantalón.

- Disculpa tía? sabemos que lo que hemos hecho está mal.

- Sí disculpanos- dice el compañero que tenía una polla más normal pero un matojo de pelo que le tapaba casi la mitad de la polla.

Eva no puede dejar de mirarles, tiene su encanto ver a esos dos tiarrones con la cabeza gacha, avergonzados y con los cipotes bien tiesitos. Seguía con el cabreo y las cervezas tomadas no habían ayudado. Se sintió poderosa y claro una de las claves del poder es la magnanimidad, hay empezó la perdición de Eva.

- Bueno chicos? veo que estáis arrepentidos? al fin y al cabo es normal que os toquéis si no veis a una mujer desde hace tiempo.

- Gracias tía, la verdad es que sí.

- Joder gracias a lo que he visto voy a pasarme todo el invierno recordándolo

- ¿Sólo el invierno? ? dijo el conductor- yo años, recordaré esto durante años. Pero de verdad disculpa por haberte visto desnuda.

- Sí tía lo siento yo también.

- Bueno tranquilo que no me importa en absoluto, estoy acostumbrado a que me miren ya que soy nudista.

- ¿Nudista?

- Sí practico el nudismo? ¿no sabéis lo qué es?

- Claro ir con todo? con todo? con el potorro al aire, vamos.

- Jajaja- bueno es algo más que salir con el potorro al aire? es una filosofía de vida, es algo más que ponerse en pelotas.

- Yo nunca he visto una nudista

- Yo tampoco, por favor practica el nudismo para nosotros.

- Hombre no sé? ¿aquí?

- Sí por favor, por favor

- Nosotros, si nos dices cómo podemos también hacer nudismo.

La verdad es que ya lo estáis haciendo, pensó Eva, ya que los dos seguían con la polla sacada. Eva decide complacerles, después de todo ya la han visto desnuda así que se quita la ropa quedando completamente desnuda delante de los dos? pero Eva no contaba con que ellos comiencen a darle a la manivela.

- Bueno chicos? la idea del nudismo no es para masturbarse? vosotros debéis desnudaros también- no se atrevió a decirles que no se pajearán pensó que lo entenderían

Como no le hacen ni caso y no dejan de pajearse Eva se enfada un poco y acercándose al conductor empieza a soltarle los botones de la camisa y a bajarle el pantalón para desnudarlo, cuando le está bajando el pantalón la cara de Eva roza con la polla de él? la verdad que la tenía larga así que Eva no calculó bien. Cuando ya lo tenía desnudo comenzó con el otro con tan mala suerte que cuando estaba de cunclillas bajándole el pantalón la lefa salió dispara dándole en todo el pelo, el tío se disculpa.

- Joder, perdona perdona? estaba apuntito de reventar lo siento.

- No, no te preocupes no pasa nada ha sido un accidente ? comenta Eva mientras con la mano trata de quitarse el lefazo del pelo- pero es que el nudismo es una filosofía de vida no es para pajearse.

- Joder tía que enrollada eres ? dijo el otro que seguía cascándosela.

En ese momento el otro tío se corre también lanzando gran cantidad de lefa contra la hierba. Eva observándolo comenta

- Joder si que estabas cargadito

- Sí la verdad que llevaba el carguero lleno

Los tres se tumban en la hierba desnudos, empezaba a refrescar pero la temperatura era agradable,y más con las cervecitas que se estaban tomando. Eva aprovechó para dar su clase magistral sobre nudismo ahora que ya sus dos compañeros estaban relajados y con el pene flacido.

- Esto se parece más al nudismo que lo de antes? la gente se tumba y se relaja? pero no pajeándose claro.

- Jo, tiene que ser fantástico vivir en la ciudad con la gente en pelotas

- Sí? esto es fantástico que sensación de libertad.

Eva se sentía complacida había conseguido que los chavales comprendiesen lo que es el nudismo? estaba eufórica la verdad.

- Eres fantástica tía, en la comarca son unas estrechas.. que suerte en la ciudad? un primo mío que vive en Madrid me ha dicho que su novia le deja que se la meta por el culo.

- ¡Exagerado!- dice el compañero- tu primo te ha vacilado? ni las de ciudad se dejan meter la cola por el culo. Además por ahí no se puede meter

- Pues mi primo no me ha mentido nunca

- Pues es un mentiroso, a que sí Eva. ¿A qué no se puede meter por el culo?

- Bueno la verdad es que sí se puede

- ¿Qué se puede? ¿en serio?

- Sí, es una práctica más o menos habitual

- ¿En serio?? ¿tú lo has hecho?

- Ehhh? sí

- Pero si no cabe ? dijo el conductor mientras se ponía detrás de Eva y le apartaba los cachetes del culo y le observaba el ano y claro ya que tenía a Eva a cuatro patas no perdía ocasión de observarle el coñito- es imposible es muy estrecho.

El chaval no debía de haber visto muchos ojetes pensó Eva porque el suyo estaba tan usado que estaba enormemente dilatado. El otro chaval, que no era tonto también se puso detrás de Eva. El primero que seguía separándole los glúteos dijo a su compañero.

- Si aquí solamente cabe un dedo- y le introdujo el índice por el ano lo que sobresaltó a la pobre Eva que no se lo esperaba- bueno igual tu primo tiene la polla como mi dedo, claro- y empezó a reírse sin sacar el dedo del culo de Eva que se decidió a hablar.

- Bueno la verdad es que cabe un dedo y algo más te lo garantizo- aseguró Eva

- Pues yo no me lo creo? te estás riendo de nosotros- dijo el que tenía todavía el dedo metido en el culo de Eva- joder como os gusta a los de ciudad reíros de los de pueblo.

- Que es verdad te lo juro- dijo una Eva ya molesta porque dudasen de su palabra.

- Pues aquí en la comarca deben ser muy estrechas porque nunca hemos practicado el sexo culal? ¿nos dejas hacerlo Eva?

- Sí Eva por favor- dijo su emocionado compañero.

- Pero no, no creo que sea una buena idea- dijo Eva que empezaba a lamentar haber hecho nudismo para los chicos y estaba un poco mareada por el efecto de la cerveza- además se llama sexo anal no culal

- Lo ves, tio es mentira? nos está vacilando? ya te lo dije.

- Sí Eva, eres una mentirosa.

- Que no os miento de verdad? pero no es buena idea? ¿Y te importa sacarme el dedo del culo?

- Ehhh? Ahhhh Claro tía, no me he dado cuenta- y se lo sacó.

- Mejor nos vestimos y nos vamos? que mi novio me espera.. ¿vale?

Todos empezaron a vestirse, pero ahora la miraban con odio, entre ellos no dejaban de comentar que Eva era una mentirosa, que se había reído de ellos? Eva no pudo soportarlo y dijo cuando ya estaban montándose en el coche.

- Bueno si tengo que demostraros que es verdad? lo hacemos? pero rápido por favor ? además pensó así se vengaba del capitán? le restregaré que mientras él se fue con su putita a mi me encularon dos tiarrones.

Los chavales no esperaron mucho enseguida se bajaron los pantalones y desnudaron a Eva que la colocaron con las manos sobre el capó con el culo en pompa y empezaron a darle por culo los dos, eso sí, al estilo campero (osea burro burro burro). A Eva le pareció una eternidad lo que tardaron los dos, iba a decir que solamente le diesen por culo uno de ellos y preferiblemente el de la polla pequeña? pero sabía que eso solamente traería complicaciones y discusiones así que decidió recibir los dos pollazos y poder ir pronto al taller. Así que puso el culo en pompa y se dejó penetrar, primero por el de la polla pequeña? por suerte ni lo notó. Pero joder cuando llegó el del pollón, que dolor? es que no entraba además el chaval no mostraba ninguna delicadeza. La estaba desgarrando, notaba que su ano no podía dilatarse tanto y eso que en teoría tenía dentro la lefa del otro chaval y eso debía ayudar a lubricar. El culo le ardía y el otro no dejaba de embestir? la pobre Eva solamente deseaba que terminase. Cuando el chaval, por fin se corrió y sacó la polla y pudo notar nuevamente el airecito fresco en su culo sintió algo de alivio.

- Bueno ? dijo una dolorida Eva

La verdad que el haberse dejado dar por culo fue mano de santo porque los dos chavales recuperaron su buen humor? al fin y al cabo no los iba a volver a ver y nadie se enteraría de la enculada se sentía contenta por el buen humor que reinaba en el coche, por hacer felices a los chavales que durante meses se pajearían recordándola y por la cara que pondría el capitán al contárselo..

Cuando arribaron al taller aunque ya era muy tarde estaba abierto, mientras los chicos le explican lo de la avería y donde estaba el novio de Eva, está entró al lavabo del taller a limpiarse los restos de lefa que tenía sequito en el culo. En cuanto pueda debo cambiarme de bragas porque estas están muy manchadas de lefa y un poco de sangre- pensó ya que el polla gorda le ha reventado, más, el culo. No puede llevar puestas esas bragas, así que no le queda más remedio que quitárselas e ir sin bragas, eso es mejor que el riesgo de que su novio las vea el estado en que se encuentran.

Mientras está en el baño los chicos ponen al día a los dos del taller de la golfa que han traído y de como se la pueden camelar. Los dueños del taller son un par de viejos, uno gordo calvo bajito, con barba, el otro con canas, desmelenado con unas patillas, y flaco pero con barriga cervecera y por si fuera poco los dos casi totalmente desdentados.

Cuando Eva sale del baño lleva la braguita en la mano, escondida para que no la vean y aunque todos se dan cuenta ella cree que no, le dice muy bajito al chico de la polla gorda.

- Por favor deshazte de mi braguita, mi novio no puede verla ? y Eva se la entrega.

El chaval ante el morbo de saber que va sin bragas tiene una erección tremenda y gustosamente la ayuda a subirse a la grúa, que es bastante alta para lo que tiene que empujarla del culo y claro como el chaval no es tonto lo hace desde debajo de la falda y aprovecha para subírsela y que los dos del taller y su compañero puedan admirar su maravilloso culo? la pobre e inocente Eva ni se da cuenta, además tiene el culo tan dolorido que apenas lo siente.

En la grúa los dos viejos van piropeando a Eva que les agradece sus halagos, pese a los bruscos que son.

- Pero qué guapa eres? tienes los mejores melones que se han visto en este pueblo.

- Pues el culo.. que culazo si es para partir nueces.

- Y esa boquita? la cantidad de sables que han limpiado, seguro.

- Tienes unos ojos tan bonitos que te comería todo el potorro.

- Por favor me voy a ruborizar

- No hombre niña, no. Si nosotros no tenemos pelos en la lengua? pero porque tú no quieres. jejeje

Los dos se descojonaban ellos solos.

- Por favor chicos esos piropos son muy obscenos.. hay que piropear la sonrisa, los ojos?

- Tienes los ojos como sartenes que cuando me miras se me fríen los huevos.

- Jajaja, ese es de los ojos ese vale, ¿no?

- Muchas gracias- decía una sonriente Eva que pensaba que los piropos de los de las gentes de pueblo eran un poco bruscos, por lo que no le extrañaba que apenas quedasen chicas.

Cuando por fin llegan, Juan la recibió con una maravillosa sonrisa y un abrazo, los dos viejos echan un vistazo al coche y les comentan dirigiéndose al novio de Eva.

- ¿Usted entiende de mecánica?

- Debo confesar que no? si ni estoy seguro de saber si sé cambiar la rueda? ¿tiene mucho?

- Se lo explicaré de forma sencilla? la trocala de la ruela? jodida? muerta? caput? una pieza complicada y más en estos deportivos

- Sí no la tenemos en el taller? en otro pueblo más grande y lejano seguro que la tienen, pero nosotros no.

- Entonces quizás lo mejor es que nos lleven a Barcelona? lo siento cariño te prometí un fin de semana romántico en la sierra pero no puede ser.

- ¿A Barcelona con la grúa? ¿A estas horas? Y con un accidente en la nacional. No, no nosotros hemos venido por hacer un favor? pero hasta Barcelona tenemos tres horas? por lo menos y luego volver. Miré en el pueblo hay una fonda que usan los que vienen de caza? llevamos el coche al pueblo, mañana vamos a buscar la pieza, se lo reparamos y usted no incumple la promesa con su novia? que nuestro pueblo es muy bonito.

- ¿Hacemos eso, no Eva?

- Claro cariño no hay otra opción.

- Bueno pues apártense que subimos el coche a la grúa.

- No caben los dos en la grúa así uno tendrá que ir en la cabina con nosotros, y otro en el coche. Lo más peligroso es ir en coche así que es mejor que vaya en el coche usted y la señorita en la cabina.

Ellos aceptan y cuando Eva se sube a la cabina cae en la cuenta que con la enculada ha estado casi una hora más de viaje y que su novio se dará cuenta de que el trayecto no es tan largo así que les dice a los viejecitos.

- Necesito que tardemos una hora más en llegar, no sé si podrán ir por otro camino. Por favor hacedme ese favor es muy importante

- ¿Una hora más? Dijo uno de los grueros.

- Sí por favor

- No hay problema ? dijo uno de los grueros mientras mete una de sus esqueléticas manazas entre las piernas de Eva y mete los dedos en su sexo

Eva trata de zafarse, pero se para al escuchar.

- Si no te portas bien con nosotros le contamos al cornudo de tu novio, que los chavales de antes te han dado por el culo uno detrás de otro

Y claro entre los picores de Eva por la mano en su sexo, el remordimiento, la vergüenza y el miedo de que se entere su Juanito, a la pobre no le queda más remedio que acceder a sus peticiones

- Joder putita, si estas como una cerda en celo- dijo el que tenía sus dedos en el coño- y no llevas ni bragas

Eva se folla primero al copiloto el gordo calvo, tenía prohibido por los del equipo de baloncesto follar por el coño pero la cabina no era tan ancha y el cabrón de las manos como garras la había puesto cachonda, además de que seguía chispa por las cervezas.

El gordo no folla mal, quizás un poco rápido para Eva, pero da envestidas fuertes y profundas?Eva tiene la falda y la camiseta por la cintura y mantiene puesto el sujetador. Enseguida Eva se corre y a los pocos segundos el gordo también.

- Puta, ves como te gusta? Si ya decía yo que eres una calentorra! Te están violando y disfrutas, zorra! Vaya puta que estás hecha! Y que tía buena! Eres mejor de lo que me imaginaba, guarra! Tu culo es el mejor del mundoEl gordo no dejaba de resoplar y sudar mientras el conductor no perdía detalle. Eva pensó que debía ser un buen conductor ya que seguía condiciendo y sin duda el bulto del pantalón indicaba que no.

Eva, le bajo delicadamente la bragueta y tras sacarla empieza a mamar la polla al que conduce, el flacucho canoso, este para la grúa en la carretera. El que ya se la había follado se baja a comprobar el estado del novio.

- ¿Qué pasa? ¿por qué paramos?

- Mi compañero va a mear, todavía quedan 50 minutos hasta el pueblo. Tu novia esta dormida en la grúa? le aconsejo que trate usted de hacer lo mismo.

Nada más terminar de hablar con el novio, el canoso se dirige hacia la pareja y ve como el calvo le da sin compasión por el doloroso culo de Eva. El se acerca y le da un morreo asqueroso, Eva recorre con su lengua las encías del abuelo.Tras el beso él saca su miembro y se lo acerca a ella para que se lo limpie y lo pone firme en poco tiempo, entonces, antes de que se corra el canoso, el calvo le dice que el también quiere darle por el culo a la cerda, y este le da permiso y le cede amablemente en fantástico culo de Eva. .

El canoso se acerca a Eva y le da un beso de tornillo en el que ella tampoco se corta le repasa las encías como al anterior y luego este le pone su polla llena de restos de sangre seca y un poco de mierda de la pobre Eva, ella la limpia y saca brillo y el termina echando chorros de semen en su garganta cara y pelo.

Mientras el gordo vuelve a llenar de lefa el recto de la chica. Parece que los dos han quedado satisfechos. Eva se recompone como puede y se acicala un poco, aunque dentro de la grúa es difícil ya que se encuentra goteando(amor) por todos sus poros y sobre todo agujeros. .

Al rato llegan al pueblo y se deciden alojarse en el motel? pero eso es otra historia.

Eva la guarra en Relatos eroticos de Orgías (relatos eroticos )

Eva la guarra en Relatos eroticos de Orgías (relatos eroticos )

Eva la guarra en Relatos eroticos de Orgías (relatos eroticos )

» VER INTERPRETACION (HD): Eva la guarra en Relatos eroticos de Orgías

Eva la guarra en Relatos eroticos de Orgías (relatos eroticos )

Videos Pornos Relacionados:

Tags: , , , , , , ,